Un ligero sonrojo adornó sus mejillas al sentir la mirada fija de aquel par de jóvenes veinteañeras en sus pies.

No.

Ellas miraban sus zapatillas, las cuales estaban rayadas, incluso en el tacón de una de ellas faltaba un pedazo de charol, pero era normal después de todo cuatro noches atrás las había lanzado contra unos arbustos que resultaron ser rosales con demasiadas espinas para su gusto.

La cuestión fue que ella no tenía otros zapatos y aún faltaba más de una semana para recibir su pago.

La chica de cabellos rojos le dio un codazo a la de cabellos miel, bueno al menos tenían la consideración de no avergonzarla más, ojalá todos los clientes fueran así.

Vió alejarse a ambas con sus compras y sin evitarlo suspiro de cansancio.

–Si hubiera aceptado el dinero que le iba a prestar no anduviera pasando vergüenzas.–Exclamó en voz alta Hee Sook a Hyun para que Verónica junto con los clientes de tres metros a la redonda la escucharan.

Sintió la sangre subir con fuerza a su rostro y asentarse en sus mejillas produciéndole un sonrojo más intenso que el anterior.

Giró rápidamente sobre sus talones y fulminó con la mirada a sus compañeros, siendo recibida por el par de miradas fulminantes de sus compañeros/amigos.

Ella sabía que Hee Sook no lo hacía con mala intención, ella y Hyun eran lo más cercano a amigos que tenía, pero no quería que le prestaran más dinero del que ya le habían dado. Y más cuando ella sabía que no podría devolverselos y que ellos jamás le cobrarían un centavo al saber perfectamente su situación.

Eran muy amables, y por eso no podía seguir aceptando la generosidad de ambos.

Eso iba en contra de todo lo que su madre le había inculcado durante toda su vida.

–Si quieres algo trabaja por ello, lucha hasta que puedas decir que lo diste todo. Hazlo, porque los príncipes azules no existen hija, hoy en día no puedes depender de nadie.

Fueron las palabras exactas de su madre, palabras que la habían convertido en quien era.

Los ignoro escuetamente y se dedicó a arreglar las sudaderas caídas.

Un ligero zumbido comenzó en el primer piso, para cuando llegó al segundo este se convirtió en susurrós emocionados y cuando estuvo en el tercero notó que eran gritos cada vez más emocionados y agudos para su gusto.

Rodó los ojos, seguramente alguna celebridad estaba en el lugar.

Se pregunto quién sería esta vez, e hizo una mueca al recordar el dolor de cabeza con el que quedó semanas antes cuando dos de los integrantes de Shinee fueron ahí.

Se agachó a recoger un gancho y de repente una sombra tapó las luces blancas del lugar sobre ella.

Un ligero escalofrío la atravesó y los chillidos de Hee Sook y Hyun la obligaron a levantar la mirada, sus ojos se abrieron como platos para terminar levantándose de golpe

–Eh..

– ¡Lo sabía!– Exclamó un apuesto joven en un claro berrinche, a su lado otro joven de inexpresivo rostro solo rodó los ojos.

–Yo...

–Deberías estar descansando latin girl, fueron las órdenes del médico.– Le reprochó e inmediatamente clavó sus ojos en las zapatillas que usaba.

Gimió internamente y rogó a todas los dioses existentes que la tierra se abrirá y se la tragara, algo tonto considerando que estaba en el tercer piso.

– ¡Y encima estás usando tacones!– Volvió a exclamar.– ¡Sabía que no te quedarías quieta! ¡Debí haberte amarrado a la cama!

Multitud de jadeos incrédulos y chillidos de molestia le siguieron a esta frase.

La joven extranjera miró aprensivamente a todos lados encontrando miradas de odio dirigidas a ella, haciéndola pensar que quizás aquellos chicos eran más importantes de lo que en un principio creyó.

–Fue lo mismo que yo le dije.– Hablo Hee Sook al acercarse para rápidamente comenzar a comerse a ambos con la mirada.– Excepto aquello de amarrarla a la cama.

–Pero no quiso quedarse a descansar, y todo porque el infeliz del jefe no le dio incapacidad.– Exclamó esta vez Hyun.

–Sólo ella puede caerse dentro de un rosal y salir así de lastimada.– Se lamento Hee Sook y Verónica clavó la mirada en el suelo.

Woo Bin y Ji Hoo intercambiaron discretas miradas sorprendidas, al parecer la chica no había hablado de lo que en verdad ocurrió.

Eso era un punto a su favor.

–O al menos eso es lo que nos dijo, pero ahora comienzo a dudar.– Dijo Hyun mirando a ambos de arriba abajo.

–Es que...

–Olvídalo vienes con nosotros.

La interrumpio Woo Bin mientras la tomaba de la mano para proceder a arrastrarla a través del pasillo ganándose miradas incrédulas de toda la población femenina a su paso.

Ji Hoo miró a su alrededor hastiado, odiaba que las mujeres los trataran como un pedazo de carne, agudizó la mirada y por el rabillo del ojo vio a una curvilínea rubia intentar meterle el pie a la extranjera que Woo Bin arrastraba.

La chica se encogió al verse descubierta y rápidamente se camuflajeo con las demás al sentir la mirada fulminante del músico.

Sin evitarlo sus ojos se clavaron en la silueta de la chica y en su caminar errático al estar aún lástimada, su cabello al igual que la primera vez que la vio estaba amarrado de manera improvisada, él mismo sacó y pantalón enormes.

Ladeo la cabeza confundido, normalmente las chicas eran más cuidadosas de su arreglo personal aún si no eran adineradas, ni Jan Di ni Ga Eul se vieron así jamás.

A lo lejos vislumbró a un hombre alto de mirada afilada, el cual se notaba se preparaba para regañar fuertemente a la chica.

Seguramente era su jefe, notó como ella se tensó de inmediato y de un rápido movimiento se zafaba del agarre de Woo Bin dejando al chico perplejo y a las chicas a su alrededor completamente indignadas.

Con pasos firmes y rápidos se alejó de ellos para detenerse frente al hombre y realizar una reverencia siendo fulminada al instante.

– ¿Qué significa esto?– Exclamó el y ella se puso pálida.

–Lo siento señor, fue una situación que se salió un poco de control.

– ¿Qué clase de situación es para que usted sea arrastrada por el pasillo molestando a nuestros apreciables clientes?

–Lo lamento mucho.– Se excusó de inmediato mientras se incorporaba y realizaba múltiples reverencias, y por algún extraño motivo esto le molestó al joven músico.

–Señorita Estrada, creo haberle dicho cuando se le contrató que debía de tener una actitud e imagen impecable, pero al parecer no se lo ha tomado en serio. Debería estar agradecida por haber sido contratada, una persona de su calibre ni siquiera debería estar aquí, pero aún así se le dio la oportunidad; la cual usted está desperdiciando brillantemente.

Verónica sintió sus ojos aguarse, no por la llamada de atención, sino por las palabras elegidas y al haber sido dichas frente a una multitud, se sentía tan humillada, pero no lloraría.

Ambos F4 vieron esto y fruncieron el ceño, notaron el instante exacto en que ella estuvo a punto de llorar.

Woo Bin miró a su alrededor y notó las miras de burla de las espectadoras.

Cuadro los hombros y se irguió cuan alto era dispuesto a intervenir, pero para su enorme sorpresa Ji Hoo se le adelantó.

–Quizás lo mejor sería que sea despe...

Ninguno supo que decir cuándo Verónica nuevamente era tomada de la mano y llevada a través del pasillo, ella parpadeó confundida, pero al ser sorprendida sólo se dejó guiar.

– ¡Verónica!– Exclamó furioso aquel hombre y cuando se disponía a seguirlos el príncipe de la mafia se atravesó en su camino.

–La señorita.– Comenzó él con una voz mortalmente fría helando la sangre del hombre al ver quien estaba frente a él.– Es una amiga muy íntima del señor Goo Jun Pyo, él nos pidió que de favor viniéramos por ella, además de cómo debe saber esta herida y ella necesita descansar. Así que la lleváremos con nosotros para asegurarnos de ello, si nos disculpa tenemos cosas importantes que hacer.

Y sin que aquel hombre dijera una palabra los tres se alejaron.


–Creí que Woo Bin te dijo que vendrías con nosotros.– Dijo Ji Hoo interrumpiéndola al ver que estaba por replicar y jalándola mas fuerte de la mano ocasionando un tropiezo de parte de ella al romperse uno de sus tacones.

Se detuvo y lentamente se giró a verla, ella estaba completamente sonrojada de la vergüenza, Ji Hoo la soltó y ella se agachó para quitarse las zapatillas y sostenerlas con una mano, miró a todos lados buscando hallar una solución que la sacara de esto, pero para su desgracia sólo se encontró con miradas de odio de las féminas del lugar.

A lo lejos Woo Bin noto esto y una sonrisa pícara adornó su rostro, se acercó al área de calzado y después de intercambiar palabras con una extasiada vendedora este recibió una bolsa.

Tras una última sonrisa a la chica se alejó de ella, y al estar con ellos se encontró a una Verónica muerta de la pena y a un Ji Hoo confundido mirándola fijamente aumentando la vergüenza en ella.

Bufo, su amigo era un nulo conocedor de las mujeres, era una fortuna para el que estuviera ahí para apoyarlo.

–Creo que necesitarás esto latin girl.– Exclamó él logrando que ella lo mirara y al ver que está estaba por protestar le dio la bolsa a su amigo el cual lo recibió curioso.– Yo iré por el auto.

Ji Hoo enarcó una ceja y Woo Bin se encogió de hombros y se dio la vuelta alejándose de ahí, el músico abrió la misma encontrando una caja la cual sacó y al abrirla por un milésimo de segundo recordó a una bella chica de cabellos cortos.

Miró aquellos zapatos durante un largo instante, hace tiempo aquello le hubiera dolido pero ahora no.

Todo era distinto, hace mucho el dolor se había convertido en una constante punzada a la cual se había acostumbrado por completo y la mayor parte del tiempo ignoraba.

Bajo la mirada y clavó los ojos en la chica la cual hacía todo lo posible para no verlo y el tono rojizo en sus mejillas que contrastaba fuertemente con su piel apiñonada, le causó gracia.

Lentamente sacó uno de los zapatos y ante la avergonzada mirada de la chica, la estupefacta de todos quienes miraban y la curiosa de Woo Bin, el cual por un segundo miró a ambos por encima de su hombro, él chico se agachó y lo extendió a ella.

Pero al ver que ella no hacía movimiento alguno la miró, ella muerta de la pena levantó primero el pie derecho y el chico suavemente le colocó el zapato, sacó el otro de la caja y se lo colocó en el izquierdo.

Agachó la mirada y mientras Ji Hoo se levantaba de nuevo miró los zapatos, estos eran unas simples balerinas de color plata con suaves destellos y con un listón negro enfrente formando un intrincado moño.

–Quizás así se sintió cenicienta.– Pensó ella con duda.

Verónica alzó el rostro y lo miró fijamente, sus miradas se cruzaron y se analizaron intensamente.

Él vio un gran sentimiento de soledad y un claro complejo de inferioridad, aunque una pequeña chispa de ansia de amor brillo en esos orbes cafés.

Ella viyo un vacío en esos ojos oscuros, y una profunda tristeza que había marcado su alma. Pero por un instante vio una gran anhelo.

Fue solo un segundo, el cual fue más que suficiente para que ambos pudieran ver más allá de lo que ninguna otra persona había hecho.

Sin evitarlo se sonrieron dulcemente, ambos a su manera comprendían al otro.

Las féminas que los rodeaban se sintieron terriblemente incómodas, sin saber si debían o no interrumpír aquello, lo que sea que estuviera ocurriendo.

Una nueva idea cruzo la mente de Woo Bin, y regresando sobre sus pasos se detuvo frente a ambos y alternando la mirada entre uno y otro sonrió mentalmente.

–Es hora de irnos.– Dibo él mientras se acercaba a la chica y la sujetaba de la mano y procedía a arrastrarla, miró por encima de su hombro y le guiñó un ojo al joven músico.

–No vienes Ji Hoo.

Él chico solo asintió mientras le quitaba las zapatillas a Verónica y las guardaba en la caja.


Todo pasó muy rápido, se vio así misma saliendo del centro comercial y entrando a un bellísimo convertible amarillo, después cómo bajaba y cruzaba unas inmensas puertas de roble oscuro detrás de ambos chicos.

Parpadeo confundida y se vió sentada en un cómodo sofá color beige con una taza de té de jazmín en las manos bajo la mirada de cuatro pares de ojos.

Nerviosa bebió un poco sintiendo un cálido sabor recorrer su garganta, una joven sirvienta le entregó un pequeño plato con un croissant de chocolate el cual tomó.

–Jan Di dijo que lo más probable es que no estarías descansando.– Exclamó de repente el príncipe de la mafia rompiendo el incómodo silencio.

–Tenía razón.– Exclamó orgullosa la joven coreana.

–No podía faltar.

–Eso es más que obvio, pero debiste por lo menos tener un día de reposo.– Dijo esta vez Jun Pyo con el ceño fruncido y la chica clavó la vista en su regazo.

–No puedo, ese trabajo es muy importante para mi, es lo único que tengo.– Respondió en un suave susurro hundiéndose cada vez más en su lugar.

Los jóvenes herederos y Jan Di intercambiaron miradas, la esposa del heredero Shinhwa dejó la taza de té que tenía en sus manos sobre la mesilla y se acercó a ella tomando una de sus manos en las de ella.

–Te entiendo, es difícil dejar de lado algo que es tu único sustento, aún si el hacerlo es por uno mismo.

Sus mirada se volvió lejana, con su mente perdida en aquellas memorias en que ella se mataba trabajando para ayudar a su familia.

Clavó los ojos en la chica y entonces fue que notó la profunda soledad en ella, La joven latina por el contrario la miró curiosa, y ladeó la cabeza confundida.

–Si ese es el problema, yo me encargaré.– Exclamó un petulante Jun Pyo con aquel tono de"yo me encargo de todo",que tanto sacaba de quicio a su esposa.

Sacó su celular y tras un par de minutos, se volvió con una sonrisa brillante hacia ambas chicas con la seguridad de que todo estaba perfecto.

–Listo, no tendrás que preocuparte por el trabajo por un mes, tendrás incapacidad.

La chica palideció de pronto y sintió un hueco en el estómago, algo que todos notaron excepto Jun Pyo.

Ella sabía que lo que pagaban en una incapacidad era poco, pero para alguien con muchas deudas como ella eso era nada.

¿Cómo sobreviviría el mes completo?

Aún así no dijo nada y sólo le sonrió de manera forzada en agradecimiento al chico, pues sabía que lo había hecho con la mejor de las intenciones.

Rápidamente su mente comenzó a calcular la cantidad de dinero que se acumularía a sus deudas por los intereses al retrasarse, pero se detuvo al sentir que de un momento a otro se echaría a llorar de frustración.

Suspiro resignada, alguien allá arriba debía odiarla profundamente, o alguien allá abajo la quería demasiado.

El resto de la tarde se pasó en una apacible tranquilidad para los chicos pero incómoda para ella, pues todo ese mundo de lujo, marcas, y dinero no lo soportaba demasiado, todo eso era demasiado superficial a su parecer, la hacían sentirse menos sin ellos siquiera intentarlo o notarlo.

Gente que con sólo un chasquido podía tener lo que quisiera a su alcance, sin embargo percibió algo diferente en todos ellos, quizás sólo quizás ellos fueran la excepción.

Negó mentalmente, todas las personas de dinero eran iguales, todo para ellos era status y apariencias, lo mejor sería que se mantuviera alejada de todos ellos, al final no le traería nada bueno.

Dios sabe que no estaba en sus planes pasar por lo mismo dos veces.

Miró a su alrededor, todos los chicos tiempo atrás se habían marchado con la excusa de tener negocios pendientes, dejándola sola con la chica de cabellos oscuros la cual se veía que al igual que ella era pésima para entablar conversaciones, pero apreciaba el gesto de intentarlo o el haberlo hecho.

De improvisto se levantó y la chica la cual sostenia un tazón de palomitas a su lado mientras ambas veían sin ver realmente una tonta película de comedia, la miró.

–Muchas gracias.– Dijo ella con voz clara tras hacer una reverencia, –agradezco el que me haya invitado a su casa.

Una perpleja Jan Di se levantó dejando el tazón en la mesa centro y agitando las manos en el aire, negó efusivamente.

–No tienes que darlas, es poco comparado con lo que tú has hecho por nosotros.

Verónica sonrió falsamente a la coreana, el estar con personas de dinero comenzaba a traerle recuerdos que ella realmente quería que permanecieran enterrados y eso sólo significaba una cosa.

Tenía que salir de ahí.

–Hice lo que cualquier persona haría, era mi deber.

Jan Di la miró fijamente y notó como las manos de la chica temblaban ligeramente y su respiración poco a poco se agitaba cada vez más, la vió parpadear fuertemente como ella solía hacerlo cuando las ganas de llorar eran demasiado.

– ¿Estás bien?– Pregunto ella ligeramente preocupada.

Verónica retrocedió un paso como si la hubieran golpeado.

Esas mismas palabras las había oído anteriormente de otra persona, el nudo en su garganta se hizo más grande y aquella sensación de sentirse asfixiada la inundó.

Entonces Jan Di ya no estaba parada frente a ella, sino una joven igualmente coreana pero de ojos color miel y cabellos chocolates, sacudió la cabeza y se obligó a recordar que la coreana frente a ella era otra.

–Debo irme.– Exclamó ella con un ligero tono histérico mientras hacía otra reverencia.– Eh... Mi turno en mi otro trabajo comenzará dentro de poco y debo prepararme.

Sin esperar respuesta de la chica ella le sonrió torpemente y se dio vuelta en busca de la salida.

Una perpleja Jan Di la vio marchar como si el mismísimo diablo la siguiera, confundida se sentó de nuevo en el sofá y distraídamente puso de nuevo play a la película mientras tomaba otro puño de palomitas.