El incesante sonido del despertador la obligó a abrir los ojos, adormilada se levantó y lo apagó, fruncio el ceño al ver la hora y se regaño así misma por no apagarlo la noche anterior.

Sabiendo que no podría volver a dormir se levantó, y comenzó su día.

Aún faltaban unas cuantas horas para que la tienda abriera, después de todo apenas eran las seis de la mañana.

Agradeció a todo lo sagrado del mundo que la señora Heung tuviera una pequeña lavadora ahí.

Quitó los cobertores, sábanas, almohadas y la cortina, con todo aquello hecho bolas se encaminó a la azotea donde rápidamente hecho todo.

Mientras eso se lavaba, regreso sobre sus pasos y comenzó a levantar todo lo que encontraba a su paso en el pasillo, aprovecharía ese día para terminar de levantar todo lo tirado de la señora Heung.

Unas horas después sonrió satisfecha consigo misma al ver todo ya arreglado, rápidamente se ducho y bajo a abrir la tienda.

Puntualmente la señora Heung estaba parada esperándola con las llaves en mano, ella las tomó y quito los candados para abrir.

Todo fue rápidamente acomodado, los eternos letreros de ofertas colgados, las cajas de verdura y fruta alineadas en la entrada frente a la mesa llena de especies y más cosas.

Jalando la mecedora de la anciana al frente la insto a sentarse, mientras ella comenzaba ahora a arreglar la tienda.

–Shin...– Susurro esa vocecita en su cabeza y ella apretó los labios mientras agitaba el viejo plumero azúl sobre los estantes con más ímpetu.–Espero que estés bien.

Sus manos apretaron con fuerza plumero, cerró los ojos y se obligó a respirar profundamente.

Debía dejar de pensar enél,no necesitaba otro ataque de ansiedad.

Aunque ella sabía que siempre pensaba en él.


Lo miró con una ceja enarcada a través del escritorio.

– ¿Entonces...?

Él dejó sobre los expedientes que revisaba una vieja mochila negra y una bolsa de papel rojiza.

Fruncio el ceño ante esto, pero al reconocer aquello sólo lo miró curioso.

–La gente de Jun Pyo trajo sus cosas del centro comercial y ella dejó sus viejas zapatillas con Jan Di.

–¿Y porqué me las das a mi?

Woo Bin miró al joven médico con exasperación.

–Llevaselas.– Exclamó él.

–Pudiste dárselas cuando saliste tras ella.

Esta vez su mirada cambio a una de sorpresa, realmente pensó que nadie se había dado cuenta.

Sí no conociera a Ji Hoo juraría que ese sonsonete habían sonado a celos.

Hora de sacar de quicio a su hermano jurado.

–Bueno después de tu acto del príncipe azul de hace una semana, creí que serías el indicado para regresarle a Cenicienta sus cosas.

Ji Hoo lo miró con los ojos entrecerrados, esas palabras no le gustaban.

–Woo Bin. ¿Qué estas...?

–Como sea.–Lo interrumpió agitando la mano restándole importancia al asunto, aunque por dentro su mente máquinaba.

–Te enviaré su dirección, cuando puedas regresale eso. Yo tengo cosas que hacer.

Y así tan rápido como había llegado se fue, sin darle siquiera tiempo a negarse.

Suspiró resignado y tomando las bolsas las colgó en el perchero junto a su chamarra de piel.

Su celular vibró una vez y la pantalla se iluminó con la notificación de un mensaje del heredero Song.

Tomando el aparato y revisando, notó que era la dirección de la joven latina.

Sus ojos se clavaron en el reloj junto a la ventana, once y media de la mañana.

Quizás era un buen momento para un desayuno tardío.

Se quitó las gafas y la bata, para tomar en su lugar las llaves de su moto y las bolsas de la chica.

–Abuelo. Saldré a almorzar.– Anunció al anciano que terminaba de charlar con una joven madre embarazada.

–Anda, y no tardes.

Él asintió y se pregunto si la chica no había ido ya a buscar sus cosas.


Su estómago rugió y ella decidió ignorar aquella necesidad básica.

Trepó a la silla de madera y tras alcanzar un viejo bote de dulces lo arrojó al suelo sobre la demás basura, de un brinco sus pies tocaron de nuevo el suelo y rápidamente tomó la escoba.

La basura fue apilada y lanzada a un cesto, así rápidamente sus manos comenzaron a dar mejor aspecto a la tienda.

Los estantes fueron limpiados, los letreros de ofertas cambiados por nuevos, la comida reorganizada y el viejo local desprendia suavemente un aroma a limón.

–Verónica.– Llamó una voz y ella con escoba en mano se giró.

Sólo había pasado una semana desde que lo vio, y aun así sin saber porque su corazón dio un latido, pues ahí con aire despreocupado estaba Joon Ji Hoo, el cual llevaba una conocida mochila en una mano y una bolsa roja en la otra.

Este la miraba ligeramente curioso, ante su imagen empolvada, ella de inmediato se sonrojó.

–Joven Ji Hoo.– Exclamó ella sorprendida y tímida al recordar su huida de la mansión sin despedirse de nadie.

Sus ojos oscuros barrieron el lugar notando al instante el motivo de su aspecto.

Ambos se miraron fijamente y nuevamente sin saber porque se sonrieron.

El sonido de la vieja mecedora moviéndose suavemente los sacó a ambos de ese juego de miradas.

–Tus cosas.

Verónica rápidamente dejó la escoba y sacudió sus manos, ella recibió aquello y lo colocó tras el mostrador.

–Le agradezco mucho él que se halla tomado la molestia de traermelos.– Exclamó ella con una reverencia.

Él asintió y sabiamente se abstuvo de mencionar que técnicamente había sido obligado a ello.

Su estómago entonces eligió ese instante para rugir sonoramente, ella se irguio de golpe con el rostro completamente rojo, muerta de pena clavó los ojos en el piso.

Él chico la miró con una ceja enarcada, y decidió apiadarse de ella.

–Tampoco he tenido oportunidad de comer yo, vamos yo invito.

Ella lo miró ligeramente sorprendida, pero rápidamente se recompuso.

–Es una buena idea, pero yo invito. Será mi manera de agradecerle el que se tomará la molestia de venir.

Él abrió la boca para contradecirla, pero ella le sonrió tímidamente y sacudiendo el polvo de su ropa tomo su pequeña cartera.

–Señora Heung.– Llamóella a la anciana que se mecía suavemente en la mecedora.– Saldré un momento, no tardó.

La anciana la miró fijamente y asintió.

–Anda Yun, ve y diviértete que buena falta te hace muchacha. No te preocupes yo cierro.

–Pero no tardó...

–Tú vete, ahora shuu.

La joven latina fue empujada suavemente de la espalda hacia la calle, dudosa asintió y salió seguida del coreano.

Ninguna palabra fue dicha en el camino hasta el pequeño restaurante de la esquina.

A su paso Verónica se encontró de nuevo con miradas de odio, incómoda no dijo nada.

Por su parte Ji Hoo era perfectamente consciente de ello, pero tampoco mencionó nada.

Una radiante mesera los observó a través del cristal y rápidamente comenzó a pasar sus dedos por su cabello alisandolo, aplicó labial rosa y se irguio.

Sus ojos se entrecerraron al ver a la joven latina, pero al ver los ojos oscuros del heredero Joon en ella rápidamente sonrió.

Por su parte Ji Hoo miró esto con una mueca de exasperación, suavemente desvío la mirada a su derecha y notó a Verónica ligeramente intimidada.

Sus ojos se desviaron de nuevo a la mesera notando el instante en que lanzó una mirada de rabia a la latina, pero está cambio a deleite al verlo a él de nuevo.

Se detuvo abruptamente y Verónica lo miró curiosa, sin decir palabra alguna tomó su mano derecha y la jaló en sentido contrario al restaurante obligándola a caminar hasta su moto estacionada.

– ¿Jóven Ji Hoo...?

–Quiero comer langosta.– Exclamó él y ella sólo lo miró.– Conozco un lugar.

–Pero...

Su protesta murió cuando él le extendió un casco oscuro, ella dudosa lo tomó y notó como de un compartimiento del asiento de la moto saco otro blanco que él se puso de inmediato, subió a su motocicleta y la miró pacientemente.

Ella compréndio y dudosa lentamente se colocó el casco y subió.

Sus manos rodearon suavemente su cintura, mientras evitaba recargarse en él directamente y por un fugaz momento ella se sintió en paz.

Dentro del pequeño restaurante la misma camarera miraba con una sonrisa burlona la fotografía captada con su celular.

Alzó el rostro y alcanzó a ver la motocicleta dar vuelta en la esquina, todo mientras ella enviaba la fotografía a un foro de fans del F4.


Nerviosamente aliso sus cabellos mientras daba miradas furtivas a su alrededor, ella notaba leves susurros y discretas miradas a ella.

Sus ojos se clavaron en el chico frente a ella al otro lado de la mesa, él miraba distraídamente la carta del menú en sus manos mientras le recitaba su orden al mesero parado pacientemente a su lado.

– ¿Verónica?

Ella dió un respingo sorprendida y lo miró quizás demasiado ansiosa.

– ¿Sí?

– ¿Qué vas a querer?

Ella dudo un segundo, abrió la boca pero rápidamente la cerró antes de decir algo, él interpretó esto de inmediato y se giró al mesero que veía con desaprobación la vestimenta de la chica.

–Lo mismo.- Dijo Ji Hoo con hielo en su voz ante las miradas a ella.

Él mesero se estremeció ante esto y rápidamente asintió y dió una reverencia tras lanzarle una mirada de disculpa a la chica.

Los ojos oscuros de Ji Hoo se clavaron en la latina y ella lo miró.

–Joven Ji Hoo, yo...

–No te preocupes, yo pagare.– La interrumpio él sabiendo de antemano el porque de su incomodidad.– No me gustan los lugares públicos y este sitio es famosos por la privacidad que suele ofrecer a sus comensales. Relájate Verónica.

Ella asintió, normalmente a los ricos no les gustaba llamar la atención a menos que esto les trajeran algo de buena publicidad.

¿Aún así era necesario que la trajera hasta Gangman?

Suspiró ya estaba ahí, no podía hacer ya nada.

Agradeció al cielo que el coreano no fuera del tipo del que le gustaba hablar durante la comida.

Pero al ver sus ojos clavarse en ella mientras ambos esperaban el postre, lo vio por primera vez.

No al chico guapo, o al joven millonario.

Vió a la persona, vió al Ji Hoo real, alguien que sin intentarlo la cautivó.

Ella le sonrio tentativamente mientras su corazón lentamente se aceleraba, y él enarco una ceja.

–Gracias por traerme.

Él miró la sonrisa en sus labios y la suavidad en sus ojos, y por un fugaz momento la encontró hermosa.

Con sus cabellos enredados, su ropa polvosa, su cuerpo fuera de forma, todo lo que era imperfecto a ojos del mundo para él no lo fue.

Entonces lo supo.

Ella era única.

En ese mismo momento y sin que Verónica o él supieran aún, el Internet era un caos.

Varios foros habían sido creados ante tal cosa, y ahora muchos y muchas especulaban al respecto.

Tres fotos eran la razón.

La primera mostraba a un Ji Hoo colocando un zapato muy bonito a una latina.

La segunda mostraba a la misma chica del brazo del heredero de la familia Song mientras ambos caminaban tranquilamente por una calle cualquiera, ella con la mirada gacha y él con una sonrisa coqueta.

Y finalmente la última que había sido tomada por una camarera, mostraba de nueva cuenta a esa chica y a Ji Hoo.

Ambos montando la motocicleta del heredero Joon.

Claro que eso Verónica no lo sabía, ya que en ese instante no tenía su celular ya que este la mayoria del tiempo se encontraba empeñado.

Todo esto permanecería en secreto hasta que las conocidas sasaeng's, decidieran que no querian un triángulo amoroso con sus F4 restantes y una sucia latina.

Sería entonces cuando el F4 entrará en acción.

Y sería entonces cuando Verónica aceptara sus sentimientos por Ji Hoo