"Piedad."

Por B.B. Asmodeus.

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Fandom: Game of Thrones.

Parejas principales: Jon Snow/Tyrion Lannister; Jaime Lannister/Brienne of Tarth. Implicaciones de Jon Snow/Daenerys Targaryen; menciones de un pasado Jaime Lannister/Cersei Lannister.

Rating: Explicit.

Categorías: FIX-IT FIC. Omega verse. Realidad Alterna de 8x04/8x06. Saltos en el tiempo. Romance, Humor, Drama, Suspenso. La Guerra Apenas Empieza.

Spoilers: Libros, Temporadas 1-8.

Linea del tiempo: Este capítulo estará centrado en acontecimientos posteriores del episodio 8x04 "The last of the Starks". Acontecimientos serán alargados después del festín.

Sinopsis: Daenerys se mostró intrigada con su petición. Actuó como si Jon hubiera tartamudeado, ladeando su rostro con la curiosidad de un ser irreal. "Perdona a Tyrion." Jon masculló. "Muestra piedad." "¿Por qué? ¿Porque lo amas?"

ADVERTENCIAS:

#1. De ninguna manera, me considero experta en estrategias militares. Pero oigan, hice mi mejor esfuerzo. Además, he estudiado los mapas de King's Landing, pero lo que D&D nos dio no tiene sentido. Terminé con una mezcla rara de los dos canons.

#2. Mi versión de Dorne no se basará en el Show 'verse, excepto por la muerte de Myrcella y Ellaria Sand dominando Dorne. Estoy tomando elementos de los libros, pero la historia tampoco se basará por entero en ese canon. Una vez más, me estoy tomando libertades. Disfruten el viaje de crack.

#3. Estaremos en el Pasado Pre-The Bells un poco más en este capítulo y en el siguiente, por una sencilla razón: CHARACTER DEVELOPMENT.


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iii.

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"No lo vi venir.

Nunca tuve mucha fe

en la magia del universo

hasta que nos empujó

a esta hora y lugar."

-Bring Me The Horizon, "Mother tongue."

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Antes.

Winterfell.

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JAIME I

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Jaime esperaba que fuera temporal.

Este apretón entre sus costillas. Esta irritación en su pecho. Este duelo entre sus entrañas y la suavidad en su garganta, un nudo que le prohibía dejar salir lo que en verdad quería decir.

Jaime esperaba que fuera temporal, porque esta ansiedad no le dejaba despejar su cabeza lo suficiente para completar las tareas que el mismo se había asignado para no morirse del aburrimiento.

Tener una rutina ayudaba a no perder su cordura. Por las mañanas se encargaba de vaciar las vasijas de orines de su habitación. Llevaba sus ropas sucias a las doncellas y se movilizaba a la cocina para ayudar a cargar costales de semillas provenientes del Valle.

No era un planeador como su hermano, no tenía la confianza de Lady Sansa para ofrecer consejo en las juntas del Consejo, y no podía ayudar en las reconstrucciones con sólo una maldita mano. Así que, por lo menos, podía arrastrar costales de arroz, trigo, y frijol desde las carrozas de carga al maldito castillo de manera exitosa.

Las mañanas en Winterfell eran largas, aparte de heladas.

Practicar con Podrick ayudaba.

Hablar con Tyrion ayudaba.

Decir cosas irreverentes frente a Lady Sansa para sacarla de su perpetuo aire de grandeza, ciertamente le brindaba un singular tipo de placer.

Nada pudo brindar el mismo sosiego, sin embargo, que por fin divisar al caballo de Ser Brienne cruzar las Puertas del Norte del castillo, justo al ras del atardecer del tercer día de ausencia. Verla montando al animal le brindó resolución clara a su incertidumbre, a ese hormigueo incómodo debajo de su piel.

Jaime se apresuró a los estables para recibirla; le sorprendió la urgencia de su trote.

En cuanto arribó a la boca del establo, ya tenía un cáustico recibimiento en la punta de su lengua.

"¿Encontraste algún duende al menos? ¿Te concedió tus tres deseos, como lo cuentan las viejas Septas en sus cuentos de cuna?"

Ser Brienne, ahora desmontando a su caballo, volteó hacia la entrada del estable con ojos engrandecidos al reconocer su voz. "Si así fuera, tu boca imitaría sonidos más armoniosos."

-Sí. Jaime sonrió en placer. Esto era lo que había estado esperando. "Pensé que te encantaba los sonidos que salían de mi boca."

Con rostro abochornado, la mujer sacudió su cabeza para sí, ocupándose de retirar sus guantes de cuero. Al contrario de las de Jaime, estas se sintieron sudadas y calientes. Jaime lo averiguó al sentirlas alrededor de su rostro, presionando su barba conforme Brienne encontraba otra forma para silenciarlo.

Se besaron en el centro del establo; al descubierto de testigos, rodeados de la peste de estiércol de cabello.

La armadura fue un obstáculo en su deseo de apretar a Brienne con todas sus fuerzas. Su mano de oro golpeó torpemente el acero, al querer abrazarla. Tlink-tlink. Gimió frustrado, luego gimió de nuevo con renovada energía, al ser acogido por la misma hambre que ahora le hervía. Los labios de Brienne fueron salados sobre los suyos, y Jaime quiso endulzarlos con su propio aliento.

"Tengo que dar mi reporte al Comandante Snow." Brienne murmuró, separando su rostro del suyo y sumiendo su mentón hacia abajo. Jaime se levantó de puntas y se abalanzó para atraerla de nuevo. Brienne pudo haberlo frenarlo con facilidad, pero su renuencia habló más de lo que pudo haber expresado en palabras. Se besaron con menos arrebate. Con una suavidad a la que Jaime apenas estaba comenzando a acostumbrarse.

Finalmente, Jaime fue empujado del pecho. Jaló de él, un suspiro resignado. Tres días sin tocarla. Tres días de soportar las órdenes absurdas de Lady Sansa de mandar a Ser Brienne a patrullar el perímetro sur, sin incluirlo en el grupo. "¿Tomará mucho tiempo?"

Brienne comenzó a caminar fuera del establo, colocándose de nuevo sus guantes. Jaime no perdió de vista el gesto. Otra rareza que se volvía rutinaria一La necesidad de contacto de la mujer piel a piel. Como si hiciera de sus reencuentros algo más real, al poder tocarlo sin barreras. "Lo más probable. No deberías esperarme en el Gran Salón para la cena."

Jaime rodó sus ojos, siguiéndola hasta cruzar el patio. A la distancia, Podrick continuó entrenando a los más jóvenes escuderos, en vez de distraerse con una saludo absurdo que le haría perder concentración.

"¿Ahora resulta que reportar acres y acres de nieve necesita una sesión con el Alto Consejo?"

El freno súbito del cuerpo de la mujer le cortó la voz y el paso.

"Encontré cadáveres congelados." Brienne soltó en un sólo respiro. "Hileras de cuerpos cerca de Highpoint."

Jaime tragó saliva. "¿Cuantos?"

"Entre cuatrocientos o más, en dirección al norte. Necesitaremos quemarlos. No encontré rastros de vida en las aldeas cercanas a la Casa Whitehill. Lo cual significa一"

"También fueron arrasados por los Muertos."

"El resto de los patrulladores vienen en camino. Me adelanté para notificarle al Consejo."

En opinión de Jaime, deberían dejar a los cuervos hacerse cargo del asunto, pero claro que Jon Snow querría brindarles honor a sus Casas vecinas.

"Deberías tomar un baño y llenar tu estómago con algo de estofado." Jaime alzó su mentón, desafiante. "Dudo que Lady Sansa aprecie tu peste de tres días de andar a caballo."

Brienne se sentía tan exhausta, que el insulto pareció volar por encima de su cabeza. Deliberadamente continuó con su caminata hacia el Gran Salón, gruñendo una respuesta. "Puedo tomar un baño después."

Jaime suspiró. "Serías más fácil para todos usar los dragones para incinerar los cuerpos. Cargar los cuerpos y quemarlos por nuestra cuenta tomará tiempo. Tiempo que dudo que los Norteños tengan en estos momentos cuando se están preparando para marchar al Sur."

Brienne lo sabía, al igual que Jaime. Lució pensativa. "¿Crees que la Reina ayudaría a la causa de Lady Sansa?"

"Quizás. Si Jon Snow fuera el que lo pidiera."

Ambos compartieron una mirada, entonces, el tono dudoso del mismo Jaime implicando que había espacio para duda respecto al tema. Brienne no se entrometía en asuntos que no tuvieran que ver con sus propios deberes, pero Jaime difícilmente había podido guardar para sí su desaprobación por las continuas elecciones desastrosas de Tyrion respecto a amantes. Así que conocía la raíz de la consternación de Jaime.

"No has estado presentes en las últimas tres sesiones. Su relación con la Reina es tensa."

"Entonces me siento afortunado por no tener que estar ahí para presenciarlo." Jaime murmuró, mientras entraban al Gran Salón. "Prepararé mi caballo, de todas maneras."

Eso causó que su caminata juntos llegara a una pausa, en media trayectoria a la torre perteneciente a Lady Sansa. "Jaime." Brienne lució sorprendida. Luego, tímida. "No tienes que venir."

"No me importa lo que dicten. Si vas a regresar allá afuera, iré contigo. Puedo reclutar gente para construir las piras mientras tu finges que no quieres caer del cansancio frente a tu preciada loba."

Brienne asintió. Ambos se miraron mutuamente. Habían dos manchas grisáceas bajo los ojos de la mujer. Con las sombras de las paredes de piedra, sus facciones recalcaban lo peor de ella. Lo grande de su nariz. La anchura de sus hombros, exagerada por su armadura.

Jaime encontró atracción, sin embargo, en cada diferencia que la separaba de Cersei. No quería nada más que tenerla de nuevo. Contra la piedra, o en la suavidad de su cama de plumas. Ni siquiera tenían que desnudarse, Jaime sólo anheló estar dentro de ella; sentir su calor rodeandolo.

No supieron cómo despedirse exactamente. Jaime la dejó ir, observándola desaparecer en los pasillos del castillo.

La incertidumbre regresó, zumbando bajo su piel.

Se ocupó haciendo justo lo que había prometido. Reclutó a los mismos hombres que habían ayudado con la construcción de las piras después de la Batalla contra los Muertos. Algunos le siguieron, otros no. Mayormente los mismos que todavía le escupían a su apellido a sus espaldas y en su cara. Eventualmente, el recién nombrado Lord Gendry fue un fuerte aliado al escucharlo hablar con los granjeros, apoyando sus esfuerzos para armar un fuerte grupo de ayudantes y coordinar la recolección de paja.

Fue en plena organización, que Tyrion se apareció a sus espaldas, cerca de las calderas de los herreros.

"Mirate. La iniciativa te sienta, hermano."

Jaime no supo cómo responder sin oírse venenoso. Siendo honesto, odiaba lidiar con los prejuiciosos lobos del Norte. Aunque no pudo negar la satisfacción de tenerlos sumisos a su comando, por más insignificante que la tarea pudiera considerarse. "Pensé que estarías en sesión."

Tyrion se mostró confundido, sin dificultad acomodándose sobre una carreta vacía para quedar a un nivel más alto de la normal. "La Reina se encuentra en sus aposentos sin deseos de ser molestaba, según recuerdo. ¿Sesión de qué exactamente?"

Jaime le compartió el reporte que Brienne había traído de Highpoint. Tyrion lució inmediatamente en conflicto, en cuanto la sugerencia de su hermano de usar los dragones, fue traída a la conversación.

"Me temo que Drogon y Rhaegal aún no se recuperan de sus heridas por completo. Daenerys ha preferido dejarlos reunir todas sus fuerzas en preparación de la Guerra que se avecina."

Jaime suspiró. "Sospecho que Lady Stark preferiría cargar los cadáveres ella misma, que pedir la ayuda de la Reina Dragón, de todas maneras."

"No digas tales barbaridades en voz alta." Tyrion siseó entre dientes, mirando a su alrededor con aprehensión. "Por supuesto que Daenerys auxiliará a sus aliados en lo que sea posible. Siempre y cuando sea una ayuda razonable. Sus dragones pueden no ser una opción, pero estoy seguro que Greyworm les prestaría un escuadrón de soldados para la causa."

Jaime rodó sus ojos. "¿El mismo hombre que preferiría ver mi cabeza en una lanza?"

"Para ser justos, mira así a todas las personas. Es parte de su encanto." Tyrion sobó su barba. Jaime podía escuchar las tuercas dentro de su cabeza girando con ideas. "Dime cuántos hombres necesitas y se lo consultaré a la Reina."

"No soy la persona adecuada para llevar la cuenta. No le menciones nada del asunto a la chiquilla sin antes tener la aprobación de Lady Sansa. Lo último que necesito es terminar entremedio de sus riñas de poder." Lo que contribuía en beneficio de los Starks sólo tenían un propósito, y ese propósito involucraba a Brienne de Tarth. Jaime deseaba aligerar algo del peso que la mujer solía carga todo el tiempo. Jaime sólo sabía hacer esto, entrometerse entre lobos, cuando miraba que estaban llevando ciertas tareas a la mierda.

Sólo para que Brienne no tuviera que preocuparse. Sólo para ahorrarle quejas de Lady Sansa sobre su supuesta holgazanes一un león en reposo, mientras todos se rompían la espalda trabajando en las reconstrucciones.

Nada odiaba Jaime más, que ser considerado una carga.

"Quizás puedas abrir el tema con Jon Snow." Jaime reiteró con voz ligera. Se dejó caer a lado de su hermano sobre la carreta. Golpeó su hombro izquierda contra el derecho del Omega. "Podrías mover tus pestañas de manera dulce. Le debe gustar ese tipo de tonterías."

"Estarías sorprendido." Tyrion levantó su cabeza para conectar sus miradas. No aparentó estar cagado del terror como Jaime había imaginado. "Snow es atraído por personalidades… Poco convencionales."

Jaime alzó una ceja. "Debería tener cuidado con delatarse de más."

Tyrion bajó su cabeza. Una rafaga de viento frío movió sus rizos cobrizos. "...Hasta ahora, está haciendo un trabajo decente."

Oh. Jaime ahora comprendía. "Así que no haz hablado con él."

"No hay nada de qué hablar."

"Por supuesto. Por eso me sigues alrededor del patio como cuando éramos pequeños en la Roca. Luces algo patético el día hoy, pero no podía distinguir la razón exacta." Jaime se levantó de la carroza para posicionarse frente a su hermano. "Tyrion. En cuatro noches estarán marchando al sur. Necesitas decidir el lado en el que estás para ese entonces."

Una fea risa escapó del hocico del pequeño león. "Mira quien habla."

Jaime achicó sus ojos. "Yo no lo debo nada a nadie."

"Excepto a tí mismo…. Olvídalo." Tyrion sacudió su cabeza de manera brusca. "Es algo muy noble lo que estás haciendo. Los escuderos más jóvenes están encariñándose contigo, así que por lo menos, estás dejando una buena impresión con una parte de la población. Sus risas se pueden escuchar hasta mi torre cada vez que mueres dramáticamente bajo la espada de Ser Brienne."

Algo confundido con el cambio de la conversación, Jaime dejó que Tyrion brincara de la carroza para quedar de pie de nuevo. "¿Qué demonios quieres decir?"

Tyrion suspiró, ahora rodeando a Jaime para caminar en dirección de la Torre de los Maesters. Probablemente a la biblioteca. "No sufras, Jaime. Fui yo, sintiéndome acorralado. Nada más."

"Estoy aquí porque..."

Tyrion giró hacia él, ambos parados en medio del patio, atrayendo la atención de varios ojos curiosos. Ojos sospechosos.

Jaime, odiando sentirse expuesto, apresuró el paso hacia la Torre. Tyrion no tardó a pegarse a sus talones.

No fue hasta que subieron al segundo piso del castillo, que Jaime se tornó hacia el Omega. "Vine al Norte para cumplir mi juramento. Para pelear contra la Larga Noche."

Tyrion lució suave. Su voz, trató de ser piadosa, pero el golpe aún fue percibido. "Viniste a Winterfell para verla por última vez."

Jaime no pudo encontrar su voz, puesto que pensar en Brienne causaba una densa niebla en sus pensamientos. Tyrion aprovechó la oportunidad.

"Te lo dije antes. Todos creíamos que moriríamos en este miserable lugar. No te culpo, Jaime. Nunca te culparía por desear morir de manera honorable a lado de Lady Brienne."

"Ciertamente se siente que me estás culpando de algo. Habla claro."

"De acuerdo." Su hermano no se tocó el corazón. "Entonces no finjamos que no creíste que al morir no tendrías que enfrentar a Cersei en esta guerra."

Jaime se sostuvo del barandal de madera con la mano que le quedaba, desviando su atención hacia el horizonte. Hacia el maldito sur.

"Tu comportamiento ambiguo deja mucho que desear frente al Consejo. Temo por ti para cuando no esté aquí para apaciguar las aguas con Lady Sansa. Te necesitamos. Tu punto de vista podría ayudar a la estrategia del asedio de King's Landing一"

"Tu Reina no me quiere presente."

"Pero Jon sí. Lo sé por un hecho. Él podría respaldar tu presencia en el Consejo."

"No les serviría de mucho. Cersei no confía en mí. Me echaría primero a las celdas que a escuchar cualquier intento de negociación que saliera de mi boca."

"¡Conoces la cantidad de Escorpiones que ha estado construyendo!"

"¡A estas alturas, debe de haber construido el doble en cantidad desde que dejé la Capital! No puedo conocer lo que no he visto por mis propios ojos."

"Sabes qué fue lo que sucedió con el Templo de Baelor."

Jaime apretó sus párpados cerrados. "No estaba en King's Landing en ese momento."

Tyrion resopló incrédulo. "Por los Siete. Sigues defendiéndola. Incluso cuando hizo lo que el Rey Loco hubiera hecho con la entera población de la ciudad, sino lo hubieras detenido."

Resultó ser demasiado. Jaime juró que el coraje transpiró fuera de sus poros en forma de sudor. De golpe, el frío de Winterfell perdió todo efecto. "No los compares. Cersei no es Aerys."

"Se acostaba con Lancel."

Un gruñido se averió en su garganta. Atónito, Jaime se giró ante Tyrion en completa incomprensión.

En vez de encontrar satisfacción, su hermano aparentó estar dejando salir un secreto que no le correspondía. Para ser alguien quien estaba acusándolo de tener demasiada lealtad hacia su querida hermana, Tyrion ciertamente lució adolorido con lo que estaba declarando con el vapor de su aliento y las fuerza de sus puños cerrados.

"Lo hacía para manipularlo y conseguir que el chiquillo hiciera cosas por ella. Y no sólo se acostaba con él, pero con quien pudiera concederle favores, a cambio de su coño."

"¿Lancel?"

Tyrion sólo lo observó. Casi con lástima.

"¿Cuando? ¿Por cuánto tiempo?"

"No importa." Tyrion respingó. "Sólo quiero que comprendas… que lo que sea que creas que has dejado sin resolver en King's Landing, querido hermano… Cersei no lo vale."

Jaime quiso golpearlo. Quiso causarle el mismo tipo de dolor que brotó por su esternón. "¿Esperas que me haga a un lado, mientras tu Reina hace trizas a nuestra hermana y no sentirme horrorizado?"

"Es el mismo destino que ella escogió para nosotros al no mandar a su ejército al Norte. Sabes que haré lo que pueda para razonar con ella. Cersei también es mi hermana."

"No hablaste de esta forma cuando llegué a Winterfell. ¿Por qué te esperaste a delatarla?"

"No pensé que fuéramos a sobrevivir." Tyrion dio un paso hacia él, pero Jaime retrocedió. Su hermano suspiró. "Pero aquí estamos. Y te ves feliz, hermano. Feliz, e indeciso. Una mala combinación.

-"Sólo tú y yo importamos." Cersei le había repetido en sinnúmero de veces. Jaime le había creído. Desde haber, prácticamente, salido del vientre junto a ella.

La sonrisa de Eon Greyjoy apareció en su mente de manera inevitable, sonriendo con completa seguridad frente al trono. El endemoniado hombre había sabido que el coño de Cersei sería eventualmente suyo. El Ejército Dorado había sido prácticamente su garantía.

¿Desde cuando? ¿Desde cuando Cersei se había dejado ser tocada por otros amantes, mientras Jaime había permanecido firme en su fidelidad?

"Abro mi boca ahora, para que por lo menos cuando decidas qué harás en el momento final, lo hagas con todos los hechos a tu alcance."

Sus botas se movilizaron antes de que el comando terminara de formarse en su cabeza. Al pasar de largo a Tyrion, siseó entre dientes: "Hazme un favor, y líbrame de tu vasta sabiduría, porque ni así me arrodillaría ante la chiquilla dragón."

Bajó las escaleras, ignorando los llamados de su hermano. Regresó al piso firme del patio y se dirigió directo a los establos. Las emociones cegaron su juicio a tal grado que no pudo soportar estar rodeado de aquella gente que lo aborrecía.

Estaban riéndose a sus espaldas, los Dioses y Cersei por igual.

Lo peor es que lo merecía. Por ser un maldito idiota.


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JON IV

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Los reportes de Ser Brienne sólo sirvieron para dejar a Jon más inquieto que antes.

"¿Estás segura? ¿Ninguna señal de vida en absoluta?"

"No, Comandante."

Difícilmente podía acusársele a Ser Brienne de mentirosa, ni mucho menos de inexacta. Usualmente, la mujer tenía buenos instintos. Jon suspiró, compartiendo una mirada con Sansa antes de tomar una decisión. "Viajaré a Highpoint para verificar el estado de la Casa Whitehill yo mismo."

"Podrías mandar a alguien más. No ocupas ponerte en riesgo en un simple patrullaje."

"Tú misma lo dijiste. Es un simple patrullaje. ¿Qué hay qué temer al respecto?"

Sansa no apreció la lección. Nada nuevo. Jon mordió su mejilla por dentro para disimular la sonrisa de satisfacción que quiso alargar su boca.

Sansa continuó con la revisión de pergaminos que Jon había interrumpido una hora anterior. Cuando volvió a hablar, el tono fue más distraído, la mitad de su cabeza ya concentrada en otros asuntos más imperativos. "Supongo que volar sobre el castillo será más eficaz."

Jon frunció el ceño desde su lugar en la ventana de la biblioteca. A la distancia, distinguió a Lord Tyrion caminar junto a su hermano en su justa dirección. Verlo, incluso a lo lejos, dio nacimiento a un efímero sabor dulce en el paladar de Jon. No disimilar a la primera mordida a una manzana en su mejor punto.

"Iré a caballo." Masculló, voz grave con el aumento de feromonas corriendo por su sistema. Desvió su mirada de vuelta a Sansa.

Quien torció las cejas pelirrojas con sorpresa.

"Necesitaremos un grupo pequeño de exploradores." Jon se dirigió hacia Ser Brienne. "Sé que han sido tres días cansados para usted, pero honestamente, me sentiría seguro contar con sus instintos y su espada cuidándome las espaldas, Ser Brienne."

"Jon, estarás marchando al Sur en cuatro días."

"Regresaremos en dos." La terquedad de Sansa siempre era algo que esperar cada vez que Jon hacía un decisión. Acostumbrado, el Alfa no se permitió que el desafío le calara, siendo las objeciones de su hermana, flechas que ya conocía como esquivar. "Pueden haber sobrevivientes en el castillo. Y si no los hay, tendremos que ocuparnos de los cuerpos de igual forma."

Sansa suspiró, no exactamente vencida.

"¿Qué dice, Ser Brienne?"

La mujer fue atrapada con obvia indecisión. Ser Brienne mandó una mirada furtiva en la dirección de Sansa, mordiendo su labio inferior. No fue claro si para pedir de su intervención, o para esperar su permiso.

Jon ablandó su tono, sintiéndose que estaba lidiando con un caballo a la defensiva. "Creo que mi hermana no se encontrará en escasez de guardaespaldas en estos momentos."

"Jon tiene razón." La pelirroja apaciguó a su guardiana con una sencilla sonrisa que apenas lució honesta. "Me sentiría mejor, sabiendo que lo acompañas. Tengo a Arya de mi lado."

El deseo de Jon fue concebido con una forzada inclinación de la cabeza de la mujer. Su cuerpo entero pareció tambalearse junto con el movimiento, exhausta. Jon levantó la sesión entonces, sabiendo que necesitaba prepararse para el viaje lo más veloz posible. "No hay nada más que decir. Retírese a descansar, Ser Brienne. Partimos antes del amanecer."

"Aye, Comandante." Ser Brienne no sonrió, pero fue firme.

La trayectoria fuera de la biblioteca fue tan abrupta, que cuando Jon se vio cara a cara con Lord Tyrion en el pasillo de piedra, su mente bloqueó todo pensamiento.

"Oh. Lady Brienne, Comandante." Lord Tyrion dio la impresión de que había intentado retroceder en los escalones, pero el tiempo le había ganado a sus cortas piernas. "Esperaba utilizar la biblioteca, pero si Lady Sansa desea privacidad, puedo volver en otra oportunidad."

Jon miró entre la puerta de madera que acaba de cerrar y Lord Tyrion. "Estoy seguro que mi hermana no tendría objeción a su compañía, Milord."

"No, no." Tyrion batió una mano al aire. "No es un asunto urgente."

"Si usted insiste一"

"Insisto."

"Me retiro." Ser Brienne se atravesó entre Alfa y Omega con un tono de voz ligeramente más alto de lo usual. "Tengo preparativos que atender."

Tyrion se aplanó contra la pared de piedra para darle el paso necesario a la mujer. Si Jon no estuviera sintiéndose tan nervioso, encontraría la imagen entretenida.

Lord Tyrion observó las espaldas de Ser Brienne desaparecer. "Debí mantener mi boca cerrada."

Jon parpadeó.

Cuando el Consejero le encaró finalmente, sus ojos engrandecieron con lo que fuera que estuviera presenciando en la cara del Alfa. "No, no, no. Me refiero..."

Jon frunció el ceño.

El omega terminó suspirando. "Bueno. En retrospectiva, debí de haber mantenido más que mi boca inaccesible."

El cuerpo del Alfa endureció de inmediato. Hubo una pausa incómoda, donde el silencio dejó en claro que el comentario no había sido apreciado.

Una mueca inevitablemente, encontró su camino en el rostro del Lannister. "Mala broma. Me disculpo."

"Tengo preparativos que atender también." Jon gruñó a lo bajo. Su Alfa refunfuñó con la noción de marcharse. Jon le ignoró, comenzando a rodear a Lord Tyrion de igual manera que Lady Brienne. Divisó las múltiples veces que el mentón del Omega intentó producir sonidos coherentes一tal vez para frenarlo, tal vez para agregar más bromas de mal gusto.

La mano sujetando su antebrazo, fue una sorpresa.

"Una pésima broma, enfatizo."

Jon gruñó en repetido impulso malhumorado. Percibió la presión de los dedos sobre su piel, insistentes en cautivar su atención. Al bajar su mirada, la profundidad de la miseria en los ojos de Tyrion le obligó a mostrar más humildad. Jon respiró hondo para relajar sus músculos.

Asintió, aceptado la disculpa.

Jon lamió sus labios. Lo que estaba escapando de ellos, le resultaba aterrador. "Considerando que la biblioteca se encuentra ocupada, puedo ofrecerle otro lugar tranquilo para leer o para escribir si así lo desea, Mi Lord. No queda lejos de la Fortaleza principal. Significa otra caminata en dirección opuesta, sin embargo."

La mano enguantada de Jon se curveó en acto recíproco, sosteniendo el antebrazo de Tyrion con el mismo apego. Fue un golpe directo a la pared de piedra. Por lo menos, la esencia del Omega penetrando sus nariz, así se sintió. Dolor y placer. Sorpresa súbita y mareos.

Cuando Tyrion murmuró, "Sería un placer", Jon se limitó a asentir. Soltó al Medio-Hombre sin más consideración. Se adelantó a salir de la Torre de la Biblioteca, con paso firme. Con objetivo.

La Fortaleza principal, aparte de hospedar a la familia Stark por generaciones, poseía ciertos espacios que Jon le había cedido a Sam para seguir con sus estudios residuales de la Citadela. Guiar a Tyrion hacia uno de aquellos puntos ciegos fue facil y rapido. Tocó a la puerta primero, para cerciorarse de que Sam no estuviera presente, y fue el primero en entrar, al no recibir respuesta. La alcoba, a diferencia del resto del castillo, estaba construía mayormente por madera y adobe, lo cual ayudaba a que el calor se resguardara en el interior de la choza.

Sam había dejado velas encendidas por todo el lugar.

"Sam trajó volúmenes de la Citadela que pueden interesarte." Jon revisó los títulos antes de cederlos a los ojos analiticos del Omega, sin mebargo. "Libros de historia, mayormente. Algunos de medicina."

"Así como viejos cuentos." Tyrion ya tenía un libro entre sus manos, para cuando Jon se tornó en su dirección. "Las Hazañas de Ser Duncan El Alto."

Jon analizó el tomo en las manos del hombre con más detalle. Tyrion Lannister no ocupada saber sobre la investigación rigurosa que Sam estaba realizando, rastreando líneas de sangre de viejas Casas para encontrar linajes de Targaryens olvidados. Hasta ahora los frutos eran escasos, pero Sam está determinado a encontrar a algo一alguien一significativo.

Viendo al León ponerse cómodo en el escritorio que Sam solía utilizar, Jon comenzó a retirarse.

"Deberias tener mas cautela con este tipo de obsequios, Jon Snow. Podrías incitar rumores."

Jon alzó una ceja. "Pensaría que hemos cometido actos más dignos de rumores, que compartir una biblioteca."

Todavía con los ojos clavados en las hojas del libro a su disposición, el Omega sonrió con una suavidad rara para alguien como él.

Jon carraspeó su garganta. "No estaré en Winterfell por un par de días. Viajaré a Highpoint para buscar por sobrevivientes. ¿Podrías hacérselo saber a la Reina?"

La sonrisa se desvaneció así de fácil. "¿Aún se niega en recibirte en su alcoba?"

Jon se encogió de hombros. "Su furia es resistente."

"Tan infalible como tu testarudez, sin duda."

Un resoplido incrédulo salió de Jon. "Por lo menos mis tácticas de guerra no están siendo basadas en desesperación."

"¿En serio? Parezco recordar una época no muy lejana donde el Rey del Norte acudió a mi llamado en contra de todo consejo de sus compatriotas, para rogar por minar vidrio dragón. Desde mi punto de vista, lucías tremendamente desesperado en aquel entonces."

"Las circunstancias eran distintas."

"¿Cómo exactamente?"

"La Guerra contra los Muertos ponía nuestra supervivencia en riesgo. Mi urgencia era totalmente justificada. Esta riña es sobre política y artimañas."

Tyrion rodó sus ojos. "De eso se trata el juego de tronos, Jon."

"Del cual yo no soy parte." Frustrado, el Alfa suspiró. "Si lo que quieres es pelear一"

"No. Absolutamente no." Tyrion cerró el libro con un estruendo. "Sin embargo, parece ser mi destino el día de hoy. Iniciar pleitos cuando lo que quiero es sólo un lugar tranquilo, un buen libro, y embriagarme."

"Buscas confirmación de algo. Sólo dilo." Jon regresó a la cercanía del Omega con pasos cautelosos.

Tyrion levantó sus ojos. "Supongo que a lo que quiero llegar es… a una confirmación de que le sigues siendo fiel a nuestra Reina."

"Lo soy."

Los ojos del León brillaron. "Entonces, ¿por qué te negaste a los términos de Oberyn Martell?"

Jon cerró sus ojos, tragando una bocanada de aire para frenar el gemido de impaciencia naciendo en su garganta.

"Has abierto una brecha entre Daenerys y tu persona con esta decisión, debes comprender mi preocupación."

"He hecho suficiente ya." Jon gruñó. Se impulsó en dirección del Omega hasta colocar sus manos alrededor del escritorio y agachar su cuerpo sobre el otro hombre. "Me he arrodillado ante ella. Estoy mandando a mi gente a morir por ella, en un guerra que no les incumbe. No puede pedir más de mi."

La gravedad de la clemencia que presenció en el rostro del Lannister le dejó brevemente confundido. Aquí se encontraban de nuevo. A pesar de sus intentos de lo contrario, aquí se encontraba Jon de nuevo, respirando un aroma que no debía disfrutar, y sintiendo un fuego en sus entrañas que sólo lo había llevado a cometer errores.

"Creo en Daenerys. No lo vuelvas a poner en duda." Murmuró.

"¿Qué tal si es ella, la que lo duda?" Tyrion giró su cuerpo a un costado para acomodar el libro sobre el escritorio. En el proceso, le dio a Jon las espaldas. "Fue una prueba; debiste saberlo. Y deliberadamente decidiste fallarla. Pudiste aceptar los términos de Dorne y esperar a que la guerra decidiera el resto."

Poco sabía Tyrion, que la prueba que Jon había fallado había sido otra, al tener sangre de Rhaegar Targaryen corriendo por sus venas. "Se le pasará. Sabemos que Dany es emocional, pero suele recapacitar cuando se le da su espacio."

"Tal vez, antes. Pero ahora… Las cosas han cambiado."

Jon suspiró. La ausencia de Ser Jorah Mormont ciertamente había quebrado algo dentro de Dany. Aun así, Jon dudaba que eso lograría doblegar su voluntad de hierro. "Hablaré con ella cuando regrese."

"O mejor no. Tu cara pueda desatar su furia de nuevo. Espera hasta llegar a Dragonstone; volar hasta allá mejorará su espíritu."

"¿Qué tiene de malo mi cara?"

Cuando el Enano retornó hacia él, lo hizo con una sonrisa picara. "Absolutamente nada. Ése es el problema. Cualquier mujer querría arrancarte tus ojos de tu cara sólo para sentirse seguras en su propia belleza."

Había poco que Jon pudiera decir al respecto. Aclaró su garganta, dejando que la broma viviera su curso.

Tyrion Lannister tenía otra ideas, levantando su mano derecha para frenar su retroceder. Se plantó justo en el centro de su pecho, sujetándose de las agujetas de sus cueros. "Eso fue mi pobre intento en coqueteo." Su nariz se retorció con autocrítica. "Otro desatine, aparentemente. Hoy ha sido el mejor día para ellos."

Ah.

Ciertamente su apariencia había sido una constante fuente de cruel broma entre sus hermanos de la Guardia. Su apariencia nunca había simbolizado algo positivo en los ojos del Alfa, sólo otra armadura con la que protegerse ante los insultos de otros. Ser receptor de lo contrario一de estar siendo apreciado, en vez de estar siendo rechazado, le llenó de una sensación singular.

No dio tiempo para reaccionar. Levantó el mentón de Tyrion con sus dedos enguantados, acariciando la barba y luego presionando la mandíbula del Medio hombre para exigir acceso de su boca. Se besaron como si hubieran esperado a romper un ayuno de cinco mañanas. El Omega se colgó de su cuello, aprovechando su posición en la silla para igualar sus alturas. Jon perduró agazapado, rodeando al Enano con sus brazos. Gimieron y gruñeron al unísono.

Jon inhaló la fragancia de mar salado y se preguntó si algún amante anterior le había confesado al Omega que su centro albergaba el mismo sabor.

"Asegura la puerta." Tyrion mordió el cartílago de su oído, dejando un rastro de besos mojados por su pómulo para alcanzarle. "Quiero sentirte en mi boca."

Jon perdió la estabilidad de sus rodillas por un instante. Su cuerpo reaccionó sucesivamente a la descaradez, su miembro endureciendose tan fácil como un lobo salivaba, ante el olor a carne cruda.

No sólo cerró la puerta de la choza, la aseguró con un barrote de madera.

Después de eso, no se involucraron en actividades complejas como el pensar. Sus cuerpos repitieron el mismo baile de la última ocasión, sus manos luchando por dominar los pantalones del otro一medidos de tiempo y medidos de oportunidades一Tyrion tragó de vuelta sus gemidos al ver a Jon arrodillarse frente a él, hundiendo su rostro en su regazo, explorando su centro con la punta de su nariz.

A través de las túnicas, Jon detectó todo. El sabor. El olor. El pulso de sus corazones.

"Jon." Las palmas peinaron los cabellos de sus sienes. Para hacerlo retroceder. "Jon. Sube acá, por los Siete Infiernos."

Le gustó el tono ronco del comando. Jon pudo sentir su pasión avivar.

Se besaron de nuevo. Con menos urgencia.

Sus lenguas se reencontraron con familiaridad. Sus rostros se retorcieron en aquellos arqueos imperfecto que solía involucrar cualquiera conexión boca a boca. Jon apreciaba la crudeza del acto. Le gustaba la honestidad con la que se sus cuerpos se siguieron deseando. Lo fácil que fue su mutua rendición.

Regido por su convicción de no concebir hijos bastardos, Jon había hecho su mejor esfuerzo por mantener sus impulsos biológicos bajo control一Algo poco común en Alfas. Podía contar con una sola mano las ocasiones en las que sus brotes de deseo habían podido más que sus principios, y sólo porque sus emociones habían estado mezcladas, haciendo de su deseo una fuerza mayor.

Con Tyrion Lannister, sin embargo…

Romper reglas estaba siendo demasiado fácil. Jon no hallaba forma de excusarse.

Con su regazo destapado en la quietud de la choza, el Alfa se apoyó sobre el escritorio mientras todo pensamiento voló de su cabeza. Los dedos de Tyrion sabían qué hacer, masajeando su miembro en preparación, desde la base hasta la punta, ante de rodear la punta con su propia boca. Jon peleó contra el impulso natural de cerrar sus ojos. No quiso perderse de ningún momento.

El primer contacto de su boca fue un ataque de calor一de fricción y placer.

Tyrion comenzó lentamente. O esa fue su intención. Pronto ambos fueron arrastrados a un ritmo acelerado, principalmente por la noción de ser interrumpidos en cualquier momento. Jon acarició los cabellos de la nuca del Omega suavemente, una y otra vez, sintiendo su cuerpo entero derretir como nieve ante el sol. Sus caderas se ondularon con tempo natural, y Tyrion se aferró a la cintura de Jon con su mano restante.

Jon emitió un gemido ahogado, sin salida. Sin manera de pretender que esto no estaba sucediendo.

En poco tiempo, el placer escaló en magnitud, ciego ante cautelas externas, y los mejores deseos de Jon, de hacer este momento robado uno más extenso.

Tyrion pareció poseído por una fuerza más mortal que la usual de León, besando la piel de la cadera de Jon, cuando necesitó recuperar su aliento. Sus dedos siguieron estimulando, obstinados, y Jon terminó ayudándolo, reemplazando su mano con la propia. Sin delicadeza alguna, empujó al Enano de regreso al respaldo de su silla, obligándolo a conectar su mirada con la suya, mientras se apresuraba a llegar a su culminación.

El rostro enrojecido del Lannister se alzó al reto. Jon miró los labios hinchados, la humedad de la transpiración haciendo al Omega brillar con las mechas de las velas. Sus ojos negros, nublados por las feromonas. Jon recordó ese mismo rostro torcerse en maullidos la noche del festín. Recordó las coloridas maldiciones.

Más importante aún, Jon recordó la sensación de follarlo hasta la última pulgada de su ser.

Con un gruñido, su semilla fue expuesta ante ambos, cayendo al piso de manera vulgar.

"Mierda." Jon jadeó, justo en el desenlace. Su cuerpo fue invadido por la usual fiebre de placer. Le sorprendió darse cuenta, que necesitaba más.

"Ven aquí." Tyrion le jaló del torso, de un brazo, de los cordones de su jubón. Lo besó al obtener su capricho, rodeando el rostro de Jon con sus manos. Después, lo acogió contra sí, acomodando la cabeza del Alfa sobre su hombro. Permaneció jadeando de igual forma junto a él.

"Sietes Dioses no son suficientes."

Jon respiró directo del cuello dándole asilo. Sus rodillas comenzaron a resentir la posición, pero no se sintió listo para dejarlo ir. "¿A qué te refieres?" Su voz vibró contra el cuero del jubón del Enano. Al no responder una respuesta rápida, levantó su cabeza en búsqueda de la fuente.

Encontró al Omega con la mirada perdida en algo que Jon no podía ver con la misma claridad. "Podían ser cien de ellos, y aun así… No temería su furia."

"Mm." Jon frunció su ceño.

Una sonrisa onduló el rostro del Enano. "Elocuente como siempre." Antes de que Jon intentara levantarse, una mano lo tomó del mentón. "Si quieres follarme de nuevo, sólo tienes que decirlo, muchacho. No te tortures en vano, pensando que te abofetearé en la mitad de la cara si lo pides."

Jon tragó saliva. El Alfa interior estaba definitivamente interesado. Aun así, fue difícil producir una respuesta verbal.

Tyrion ya tenía su mano derecha deslizándose por su estómago, tocando el nudo del Alfa que nunca había disminuido en tamaño. Su miembro tampoco había decaído por completo, a pesar de su clímax. Algo de esperarse en Alfas.

"¿Cómo me quieres? ¿De rodillas? ¿O quieres que te monte otra vez?"

Mierda.

Jon gruñó. "No hables así."

Se despegó del Omega de golpe, desenredándose de sus extremidades para volver a atar sus pantalones, por más incómodo que su erección se quejó del maltrato.

"¿Así como? ¿Como dos personas en busca de una placentera distracción, antes de marchar a peores lugares?"

"Es… No lo sé." Jon odió a su lengua por entorpecerse. Pasó una mano por su rostro, limpiando sudor. "Tu tono. Esto no es un juego. Deja de hacer bromas sobre asuntos que no lo ameritan."

"No estoy bromeando." Tyrion cambió su semblante a algo más severo, al parecer contagiado por el mismo desasosiego del Alfa. "Estamos follando, ¿no es así? ¿O prefieres que lo llamenos otra cosa?"

"Dime a qué te referiste." Jon se volteó en su eje para encararlo. "Antes."

La boca del Enano se transformó en un mohín de desagrado.

Jon exhaló, paciencia al límite. Caminó por el mismo sendero que ya lo había llevado directamente al Omega. Se acomodó a sus pies; por segunda vez consecutiva hincándose frente a un amante. "No tienes que tener miedo. Ni de los Dioses, ni de mi."

"Sentir miedo es lo más inteligente que puedes hacer, Jon. Así te das cuenta que eres sólo un hombre. Y los hombres mueren."

Jon no lo pudo evitar. Su sonrisa fue espontánea. "No en mi caso."

Ayudó.

Lord Tyrion produjo otro conjuntos de emociones en sus facciones que hablaron de exasperación, al unísono de humor. "Acordemos no ponerlo a prueba de nuevo tan rápido." Tallando su sien, fue el turno del Medio-Hombre de suspirar. "No lo sé. Es bastante inusual."

"¿Que cosa?"

"Todo." Tyrion enunció con lentitud. "Jon, debes sentirla."

Jon supo exactamente a qué se estaba refiriendo. "Siempre ha estado allí. Compatibilidades no se desvanecen sólo porque no supimos reconocer la nuestra, cuando nos conocimos."

"Puede ser. Pero usualmente maduran con tiempo. Algunas pierden efecto."

Ciertamente, Jon podía clarificar que tan poco el efecto de atracción había disminuido entre los dos con el pasar de los años. Así de cerca al Omega, respiró todo residuo de deseo que aún latía por el cuerpo del León. "¿Quién lo dice? Según lo que he leído, Compatibilidades entre Alfa y Omega son escasas. No tan fáciles de descifrar."

Tyrion debió percibir su intensidad. Su muslos se deslizaron por la silla de manera incómoda. "¿Cuál solución ofreces, entonces? Este escenario es lejos de lo conveniente…"

Jon relamió sus labios. Levantó su rostro, titubeante a la reacción que recibiría si mostraba algo de esperanza ante la situación. Todavía no tenía claro qué exactamente motivaba a Lord Tyrion一si deseaba este lazo entre los dos tanto como Jon estaba descubriendo desear一o si el Omega sólo buscaba llenar su soledad.

"No hay mucho que podamos hacer en estos momentos. No hasta que la Guerra termine."

"Si sobrevivimos."

Jon hizo una mueca. "No estarás presente en el campo de batalla. No hay razón para que esperes morir."

Tyrion resopló por sus narices, extendiendo sus brazos en los soportes de la silla. "Hay otras maneras de morir dentro de una guerra. Con mi hermana involucrada, uno puede esperar lo que sea. Su odio por mi no tiene límites. Ahora debe ser peor, considerando que Jaime decidió unirse a nuestro lado. En sus ojos, se lo he hurtado. Nunca me lo perdonará. Sin olvidar a la Reina. Daenerys ya ha puesto mi lealtad en duda de manera pública. Averiguar que estoy compartiendo más que saliva con su antiguo amante no me hará ningún favor."

"Y me llamas a mi el ingenuo." Jon siseó, reincorporándose del piso para optar por sentarse en la orilla del escritorio. "Cualquier tipo de sentimientos que Danny pudo estar albergando por mi, ya no presentan ningún tipo de prioridad, considerando su flexibilidad para ofrecerme ante Oberyn Martell. Sino ha sido informada ya por la Araña de dónde pasaste la noche del festín, por lo menos sospecha. ¿En verdad dudas que su insistencia a aceptar los términos de Dorne, no fue un movimiento calculado? A lo más, buscaba castigarme. A lo menos, quería saber cómo reaccionaríamos."

El pánico en los ojos engrandecidos del Consejero fue algo en lo que Jon no pudo ayudar. "Estaba poniéndome a prueba por igual."

Jon dejó que el silencio que prosiguió fuera confirmación necesaria.

"Detenernos es el mejor curso de acción, entonces."

A pesar de que Jon lo había esperado, la conclusión extrajo un gruñido de su pecho. "No estamos traicionándola si ambos queremos que gane esta Guerra."

"Estamos traicionándola si Daenerys así lo considera. Es obvio que resguarda sentimientos residuales por ti, y una mujer despechada es más peligrosa de lo que puedas creer."

-"Nunca lo pude amar como él quiso. No como te amo a ti." Jon cerró brevemente sus ojos con el recuerdo. "Daenerys no me ama."

Jon sabía muy bien que la devoción de Dany por el Trono de Hierro no daba lugar para otro tipo de rivales, sentimentales, ni de cualquier otro tipo. Se lo había mostrado en las Criptas.

La confusión de Tyrion se sintió como un continuo empuje a decir la verdad. Aun así, una parte de Jon se resistió. -No lo involucres. Será mejor para él.

El hecho de que una parte de Jon quiso doblegarse y contar todo a la última persona que debería saberlo, le causó pánico. Y fue el mismo pánico lo que sirvió para hacerlo recapacitar.

Era un riesgo. Dejar a Lord Tyrion acercársele.

Más allá de Compatibilidades poco convencionales, existía su sentido del deber, algo tan intrínseco en Jon como sus impulsos biológicos más letales.

Así que se impulsó lejos del escritorio. "Mantendré mi distancia como lo ha pedido, Milord. Tiene razón, debemos ser más cautelosos."

Al ser su idea, poca objeción podía salir de la boca del León al respecto. Aun así, el Omega lució con la guardia baja ante su cambio de parecer. Se recuperó rápidamente, sin embargo. "Le deseo un viaje sin incidentes, Comandante Snow. Le informaré a la Reina sobre su regreso justo como me lo ha indicado."

Jon retiró el barrote de madera que había colocado a lo ancho de la puerta para atascarla. Dio un último vistazo sobre su hombro.

Lord Tyrion indicó no saber qué hacer con sus manos sin tener un libro para ocuparlas. Jon las miró torcerse entre sí, pequeñas pero elegantes. Ambos compartieron una última mirada.

Justo como había sucedido con Dany, Jon sintió una intangible distancia empujarlos en lados opuestos.

Frío le invadió, sin todavía salir al exterior.

Jon asintió en despedida y salió de la choza.


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Fin de Parte iii.

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