Capítulo 4.

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No te quiero olvidar.

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La vida de un animal es tan efímera, pensar que existen algunas especies de moscas que todo lo largo de su vida dura escasas veinticuatro horas y que durante ese tiempo llegan a la adultez para reproducirse hasta morir al finalizar el día. No quería seguir siendo un ave, me sentía insignificante al ser tan pequeño y estar tan expuesto, pero al mismo tiempo privilegiado. Podía volar por los cielos y mirar todo lo que no es común al día día de los seres humamos. Lo peor es que estar tan frustrado solo hizo que me mantuviera callado y poco animado. Yamada me miraba constantemente respetando mi silencio…pero, llego un momento en el cual ha no aguanto más.

- Debemos acumular karma del bueno, ya llevamos muchos días perdidos sin que me digas nada de querer regresar a tu vida de antes. No puedes rendirte después de todo lo que has pasado -

Tiene razón, desde que vi a Morinaga sonreír y seguir con su vida a gusto sin mí; me sentí sin ánimos, sentí que no valía la pena seguir esforzándome si no estaba él dispuesto a esperar por mí. ¡Pero es suficiente! La vida se resume en más cosas que eso, a mí me apasiona la investigación y con todo lo que he descubierto ahora que hemos podido comunicarnos con otros animales, porque de alguna manera nos entendemos; puedo poner en práctica todo este conocimiento recién adquirido. ¡A la mierda con Morinaga! ¡Que haga lo que quiera!

- Tienes razón Yamada, ya basta de autocompadecerme, veamos que podemos hacer para escalar de especie y volver a la vida de humanos que llevábamos antes -

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Tiempo después éramos un par de zorros y estábamos en una pequeña pradera de una zona rural. Conseguimos dejar de ser aves salvando varios nidos de los ataques de varios depredadores.

Yamada arrancó a correr para empujar a una coneja y sus pequeñas crías para apartarlos del camino, se habían detenido en medio de la carretera. De manera positiva pensé que mi amigo lo conseguiría al fin y al cabo éramos un par de pequeños zorros, agiles y veloces, pero resulta que,.no lo consiguió.

Yamada logró apartar a todos los conejos, pero no tuvo tiempo de quitarse el mismo y el Honda roja lo embistió. Vi como el cuerpo del zorro voló por los aires y se estrelló en el pasto, justo a mi lado.

Yamada estaba muerto y yo totalmente paralizado. Eso fue espantoso y no había notado que por el otro lado venía un BMW. Se acercaba a toda velocidad directamente hacia mí y el cuerpo inmóvil de mi amigo, no me daría tiempo, venia demasiado deprisa para esquivarlo. En los últimos segundos que me quedaban rogué porque como siempre, nos volviéramos a encontrar y juntos seguir acumulando buen karma hasta regresar a nuestra vida de humanos.

Debo agregar que nunca me acostumbraré a esta mierda de morir. Duele como el infierno.

Y una vez más vi la luz brillante y lo que hasta ahora hemos hecho juntos Yamada y yo. Lo que siempre sucedía. Pero que nunca duraba mucho.

En el momento en que la luz volvió a rechazarme, me pregunté en qué nos despertaríamos esta vez.

Despertar y sentir que tienes algo parecido al algodón en el cuerpo, les aseguro que no es la mejor manera de despertar. Y menos cuando todo apesta a establo, hay ruidos de gallinas y de marranos, además de todo este terror, también te cercioras de que ya no estás en Nagoya, te pones de muy mal humor. Bueno, añadido con el que además ya tengo.

Busque por todos lados tratando de encontrar a Yamada. Vi un enorme toro encerrado en una especie de corral, me dijo "hola" con esa voz que ya me era fácil de reconocer, era Yamada en un cuerpo impresionante y unos cuernos que embestirían y matarían al que se le pusiera en frente y yo... ¡Buda! Él es el culpable de todo.

- Budaaaaaa! -

¡Grite histérico, pero solo se escuchaba un veeeeeee! Largo ¿Porque siempre me toca ser la especie más pequeña? Yamada era un magnifico ejemplar de toro, era claro que lo usaban para exhibiciones por que un sujeto bajo y rechoncho le revisaba las pesuñas y limaba cuidadosamente y ¿Que era yo? Un simple y esponjoso borrego.

- ¡Buda! -

Grité una vez más, el tipo gordo con sombrero de palma ridículo se giró sonriente.

- ¡Hola, Souichi! -

- ¿Dónde demonios estoy? -

- En una granja de Edmonton -

- ¿Edmonton? -

- Si, una Provincia de Alberta -

- ¿Alberta? -

- Canadá -

- ¡¿Canadá?! -

- Norteamérica -

- ¡Ya sé dónde está Canadá! -

- ¿Entonces por qué preguntas? -

Dijo Buda sonriendo. Como si su sentido del humor hiciera reír a alguien.

- Porque no debería estar en otro país! -

- Pero es muy bonito aquí, todo es verde y tendrás alimento de sobra -

Eso no me tranquilizo nada ¿Cómo podía irme a casa desde este país lleno de gays? Siendo una oveja y Yamada un toro, lo teníamos complicado. Además, tenía que parar eso de experimentar la muerte.

- Por qué dejaste que nos atropellaran? ¿Sabes que eso es muy doloroso? -

- Yo no decido eso, tú y tu amigo son los responsables y no tuvieron ninguna precaución -

¿Quiere decir que nosotros tenemos la culpa de que nos atropellaran?

- ¿Y por qué ahora soy una oveja y Yamada un toro? -

- Consiguieron buen karma -

- Por salvar a unos conejos? -

- No actuaste por motivos egoístas, te quedaste inmóvil, porque tu intención era mover el cuerpo de tu amigo y no quedara embarrado en la carretera y lo hiciste de todo corazón -

En eso tenía razón, pude haber corrido y salvar mi vida.

- No eres tan mala persona -

Dijo sonriente Buda y me crispe ante eso.

- Te lo he repetido varias veces, ¡maldita sea! ¡No he hecho nada malo! ? …al menos no tan malo -

- Pues sigue así, que de tu amigo estoy seguro de que él se sacrificaría con tal de que tu estés a salvo y recuperes tu vida -

Y con eso, como siempre se desapareció dejándome confundido por sus palabras. Se lo que Yamada siente por mí, pero sería simplemente imposible corresponderle ¡No soy gay, maldición! Solo lo hago con Morinaga.

Yamada me llamo, dude un poco en acercarme al final de cuentas era un animal enorme y yo una simple oveja. Cauteloso lo mire entre las maderas que se suponían deberían retenerlo. Me miro y me hablo:

- Sabes Souichi? Mientras más lo pienso, más creo que podremos conseguirlo. Me refiero a conseguir buen karma y dejar este ciclo interminable de experimentar prácticamente morir -

- Si, esta vez somos animales mucho más grandes…aunque no entiendo porque jodidos siempre soy uno más pequeño que tu -

Hizo un sonido extraño que con dificultad reconocí como su risa. Vio mi cara molesta y dijo:

- Eres muy lindo en persona, pude verlo de inmediato cuando te vi en el hospital. Por eso pienso que siempre regresas en un lindo animal -

- No me llames lindo imbécil! -

No pude evitar recordar a Morinaga y las repetidas ocasiones que me llamo así. Yamada es sin duda una buena compañía, desgraciadamente alguien que siente algo parecido a lo que Morinaga siente por mí. Pero si me dieran a elegir, aun elegiría estar al lado de el idiota de Morinaga, a pesar de que a él le guste más la compañía de Kuze san.

Pasamos por una amplia gama de experiencias en Alberta Canadá, llego un momento en que llegamos a pensar que nunca más veríamos de nuevo Japón y nuestra ciudad natal Nagoya. Porque Yamada me platico que el había nacido en Nagoya cuando aún era considerada una provincia. Era hijo de un terrateniente dueño de varias tierras y plantaciones, en pocas palabras un riquillo que se la pasaba de fiesta en fiesta con los de su misma clase y parecía asombrarse poco de las cosas que veía ahora.

Fuimos oveja, toro, asno, caballo y ratones. Fue algo durísimo pasar de una especie a otra. (Y que a mí me tocara ser el asno, siempre mi jodida suerte)

Pero lo que más me pesaba, era saber lo lejos que estaba de casa y me preguntaba con frecuencia si algún día volvería a ver a mi familia y a Morinaga. Yamada no se preocupaba por nada de eso, el decía que estando conmigo todo estaba bien, además que no tenía interés de encontrar a los descendientes de sus hermanas, porque según me conto su familia se componía de sus padres, él como el mayor y dos hermanas menores.

La preocupación de regresar a Nagoya no era nuestro único problema. El granjero, un sujeto enorme y delgado era un viejo iracundo, siempre estaba de mal humor y si no obedecías pronto, te sonaba con unos buenos palos. Pero una noche, nos encerró a todas las ovejas en un corral al lado de donde tenía a Yamada, todo dentro del mismo establo. En un principio no entendí por qué hacía eso, pero el alboroto de las demás ovejas me hizo comprender que no se trataba de nada bueno.

Efectivamente, cuando saco de un cajón varios tipos de navajas y una rasuradora, me temí que nos quitarían toda la lana del cuerpo y por lo que sabía, esa no era una experiencia nada agradable y si muy estresante y hasta dolorosa para las ovejas. Yamada se comenzó a poner nervioso, vi que su enorme cuerpo se balanceaba de un lado a otro.

Yamada me miraba preocupado, el granjero ya había terminado con varias ovejas y únicamente quedábamos dos. Se escucho su fuerte bufido. Yamada raspaba la tierra con su pata delantera derecha, como preparándose para embestir.

Y entonces ocurrió, el granjero me sujeto con fuerzas dejando su puro que siempre solía llevar por las noches antes de cerrar el granero y apagar todo. El muy estúpido lo había dejado sobre una cuña, pero muy cerca de las pacas de paja. Yamada había logrado estirar tanto el lazo que sujetaba su pata trasera izquierda, que estaba seguro de que en cualquier momento se reventaría.

Cuando sentí que la rasuradora estaba a centímetros de mi estómago, escuché el crujir de maderas, era Yamada. Había logrado soltarse y con sus enormes músculos trozo el frente del corral. Vi volar por encima de mi al granjero, pero también vi cómo se comenzaban a encender las pacas de paja.

Los animales que estaban todavía sueltos despavoridos querían salir. Yamada y yo no sabíamos que hacer, escapar? ¿Sacar al granjero? El fuego hacia crepitar todo. Yamada decidió destrozar ambas puertas de madera del establo. Vimos que el granjero comenzaba a erguirse y quejándose salió maldiciendo al toro.

La mayoría de los animales se salvaron, pero a Yamada el granjero lo sacrifico al día siguiente y ante mi intento de ayudarlo, me toco la misma suerte. Fue entonces que experimentamos retroceder en especies y ser ratones. No habíamos ayudado a nadie y si causamos una gran pérdida para ese sujeto. Todo su trabajo había quedado reducido a cenizas.

Al despertar, finalmente éramos de la misma especie, aunque Yamada continuaba siendo más grande. Aun así, éramos dos pequeños ratones de campo y se nos hacía difícil saber que hacer para tener buen karma. Estábamos rodeados de más ratones, probablemente éramos parte de esa enorme familia. Veíamos que estaban preocupados y ocupados consiguiendo vivieres. No es lo mismo la vida de los ratones de campo que la abundancia que tienen los de ciudad y lo estábamos comprendiendo claramente cada día, y cada día se acercaba más el invierno.

Por lo que decían los ratones más viejos, comprendimos que si no había suficiente alimento acumulado para el invierno; todos moriríamos de hambre y congelados.

Fue entonces que Yamada me dijo:

- ¿Recuerdas aquella colina donde te he ganado siempre a llegar primero? -

¡Como iba a olvidarla! Si en esa colina vez tras vez el imbécil se me quería echar encima.

- Claro que la recuerdo ¿Que hay con ella? -

Se puso rojo hasta de las orejas antes de continuar.

- Bueno una vez que te tire allí jejeje…. vi a lo lejos un pueblo pequeño. En realidad, no muy lejos de aquí -

- Y ¿Cuál es el punto? Además de recordar tus perversiones idiota -

Lo averigüe ese mismo día, Yamada nos dirigió a ese pueblo. Logramos entrar a una pequeña tienda y robamos cada día todo lo que veíamos suelto. Desde papas fritas, pedazos de jamón, queso y hasta trocitos de chocolates. Todo eso, era lo que el tendero al despachar dejaba caer, nunca abrimos paquetes nuevos. Habíamos logrado acarrear bastantes suministros para todo ese gran colectivo de ratones saltarines.

No tenía idea de que ese último acto de salvar a los roedores de una inminente muerte en el invierno nos llevaría a comenzar a Yamada y a mí la última prueba como animales. En nuestro último viaje por más suministros a la tienda, en dueño del negocio nos vio y nos arrió con la escoba. No hace falta decir que alcanzo a darme un golpe que me dejo con medio cuerpo inmóvil. Yamada como bien dijo Buda, regreso para tratar de ayudarme y fue cuando ambos fuimos masacrados por el individuo.

Desperté y escuché una especie de aullido, y luego guaaaah guahhhh a mi alrededor. Sentí lengüetazos sobre mi rostro y vi a un enorme perro Tosu inu, de más de setenta kilos sobre de mí.

- ¿Como te sientes Souichi? -

Se trataba de Yamada, se veía muy activo y demasiado juguetón ¿Sera que también soy un perro? Escuchamos una voz y capto nuestra atención.

- ¿Qué tal les va? -

Nos preguntó Buda que era un enorme San bernardo y se zampó frente a nosotros un trago de ese licor que contenía el barrilillo atado alrededor de su cuello. Creo que andaba entonado.

Yo era un collie, de aquellos de cabello liso, dorado con blanco, demasiado delicado en comparación al Tosu Inu. Y aunque sabía que era uno de los últimos eslabones que atravesar para volver a mi cuerpo humano, mi entusiasmo estaba muy limitado. No sabía exactamente donde estábamos.

Buda nuevamente hablo.

- Si lo hacen todo bien, ésta será la última vez que vivan como animales -

Buda era enorme y gordo, pero lo que más llamo mi atención fue lo último que dijo.

- ¿La última vez…? -

Debimos parecerle muy incrédulos, por lo que explico:

- Han acumulado suficiente buen karma como animales, salvaron varias vidas y a pesar de que algunas veces perdieron karma y retrocedieron, ahora tienen mucho acumulado. Consiguieron más que en su vida humana, por lo que deben estar felices -

Sentirme feliz, por un momento pensé que así debería de ser. Pero la realidad es que echaba de menos a muchas personas, mi familia y Morinaga. Por supuesto que también estaba preocupado por mi situación en la Universidad.

¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Cuánto hacía que no los veía? ¿cinco meses? ¿seis meses? Con tantas vidas y experiencias, se pierde el sentido del tiempo.

- Casi un año -

Pronuncio Buda.

- ¿Un año? ¡No puede ser! -

Casi se me detiene el corazón, ya deben haberme olvidado y abandonado en ese hospital. Supongo que no me han desahuciado o enterrado, si no, no seguiría aquí.

Estaba triste, pero también terriblemente disgustado con Buda, me había quitado un valioso año y había estado separado de mi familia.

- Tú eres el único responsable de lo que te ha sucedido -

Dijo sonriendo Buda.

Hubiera disfrutado tanto dándole un derechazo, pero como perro eso era imposible y el ya había desaparecido. Conforme caminábamos Yamada y yo, fui reconociendo algunas calles. ¡Estábamos cerca de la Universidad! Canadá volvía a ser un lugar muy lejano y alejado de nosotros.

Quería ir a casa, aunque no estaba seguro si Morinaga seguía viviendo en ese lugar. Ya había oscurecido cuando finalmente estábamos en ese complejo donde estaba nuestro departamento. Yamada me miraba algo tenso. Alcance para ver que había luz.

Subí corriendo los dos pisos y al asomarme por la ventana, vi que Kuze miraba a Morinaga a los ojos. Demasiado cerca de su rostro.

¿Qué demonios hacía todavía ese tipo aquí? ¿Qué le decía a Morinaga al oído? ¿Por qué sacaba un anillo de un estuche?

No podía creerlo, mi corazón se aceleró de solo pensarlo ¡le estaba pidiendo matrimonio a Morinaga! Eso… Es… no pueden hacerlo dos hombres, no en Japón. Dolía demasiado, debía impedirlo. Sin embargo, vi como Morinaga se sonrojaba y sonreía tímido.

Cuando vi que Kuze se acercaba más y sus labios parecían preguntar algo, empujé con mis patas delanteras la puerta y la rasguñaba. Morinaga se levantó de un salto, camino de prisa y abrió la puerta. Kuze estaba estupefacto y en voz alta pregunto al verme:

- ¿De dónde diablos ha salido ese perro? -

- No tengo ni la más remota idea, pero se ve bastante cansado -

Morinaga me miraba confundido, pero parecía ¿Aliviado?

- ¿No pensaras dejarlo que entre?

Preguntó Kuze sin la más mínima compasión. Por su parte, Morinaga me acaricio sobre la cabeza.

- No puedo dejarlo fuera, el cielo esta tronando y seguro lloverá -

- Debe saber cuidarse solo -

Menciono Kuze molesto y caminando para cerrar la puerta y dejarme afuera.

Me apresuré a entrar y me dejé caer a los pies de Morinaga.

- Me parece que es muy lindo, lo dejare quedarse hoy. Mañana averiguare quienes son sus dueños, debe tener, es un perro de raza -

- Eso! Si tiene dueños deben andar buscándolo, pensaran que querías quedártelo -

- No tengo corazón para dejarlo ahí fuera -

Replicó Morinaga imponiéndose y Kuze se dio por vencido moviendo la cabeza con escepticismo.

Mi mirada busco aquel estuche que supuse contenía el anillo, no lo dude el anillo estaba sobre la mesa. En un segundo ya lo tenía en mi hocico.

- Oye! Tetsuhiro, ese perro se comerá el anillo! -

Muchísimas cosas saben mejor que un anillo de oro, pero ninguna comida me ha proporcionado nunca tanta satisfacción, que ver la cara estúpida y horrorizada de Kuze.

Morinaga me miraba con asombro. Siempre tenía esa tonta expresión tan dulce en la cara cuando una situación lo confundía. También agradecí tener este gran olfato, comprobé que olía increíblemente bien. Y no me refiero a su colonia, no, su olor natural era de los que quitan el aliento. Recordé tantas cosas vergonzosas.

Kuze aun atónito y la cara enrojecida, pregunto:

- ¿Cómo recuperaremos el anillo? -

Para mi sorpresa, Morinaga soltó una risa y con tranquilidad dijo:

- Saldrá de manera natural, no hay de qué preocuparse -

- Eso ya no será nada romántico, ni siquiera podría…olvídalo -

- ¿Y qué haremos ahora contigo pequeño granuja?

Me preguntó Morinaga, yo ladré queriendo decir: "Cuidarme como siempre lo hiciste idiota, pero primero echa a ese sujeto"

- No puedo dejarte quedar mucho tiempo, pero por hoy acuéstate en ese tapete-

Dijo Morinaga sonriendo y acariciándome la cabeza. Quería arrojarme a él, pero hice lo que me pidió.

Con el calor de ese pedazo de alfombra, me adormecí lentamente. Era agradable volver a estar en casa, bueno lo era hasta que me despertó un gemido.

- ¡Dame más, Tetsuhiro...hazlo duro -

Escuche gritar a Kuze. Estaba molesto, molesto es poco. Quería tumbar la puerta y arrancarles el trasero a mordidas a ese tipo. Estaban teniendo sexo ¿En nuestra casa?

Kuze gemía cada vez más fuerte. Y yo estaba deprimido porque Morinaga no había optado por el celibato tras mi accidente. Vaya, su amor no duro tanto.

- Ah, ah sí en ese sitio, hazlo rápido mmmm

No quería escucharlos, pero era imposible con este oído de perro, oía hasta sus suspiros.

Sentía tanta rabia: ¿cómo podía Morinaga engañarme tan pronto? Sólo hacía casi un año que estaba inconsciente. Bien, conozco al idiota y sé que no puede estar sin sexo, ¡es demasiado…demasiado caliente! Esa es la palabra, pero que este en una relación seria era demasiado aun para mí.

- Dejaaa, ah, quiero que me des por atrás -

Kuze gritaba cada vez más. No pude soportarlo ni un segundo más, por eso, empuje la puerta del dormitorio con el hocico y ladré, ladre y ladre.

Morinaga y Kuze se levantaron de inmediato y se miraron estupefactos. La mirada de odio de aquel que estaba a cuatro, no me hizo dejar de ladrar.

- ¿Qué le pasa a ese maldito perro -

Preguntó Kuze, y levantó completamente desnudo el degenerado.

- Lo sacare de aquí -

Morinaga lo había dicho decidido y frustrado de no terminar.

¡Quería morderlo! De verdad quería hacerlo, no hacía falta que me sacara de la habitación. Di vuelta en mis cuatro patas y me dirigí a la puerta principal, los rasguños y ladridos hicieron que Morinaga pensara distinto.

- Sera que quieres hacer tus necesidades amigo? ¿Por eso ladrabas? Estas muy bien entrenado -

Abrió la puerta y salí corriendo, decepcionado y furioso.

Yamada estaba al parecer igual que yo, no dijo nada, pero su mirada me lo transmitía todo. Alcanzamos a escuchar los gritos de Kuze.

- Porque dejaste que se fuera? ¿Que pasara con el anillo? -

- Ni siquiera he respondido tu propuesta y ya estas gritando, deja al perro en paz. No lo culpes a el -

Yamada y yo nos echamos a dormir en el parque cercano al departamento, recibí una buena regañina por parte de él.

- Regresamos por que debes recuperar tu vida y tu cuerpo, pero creí que era claro que te olvidarías de ese sujeto -

- Ese departamento también era mi casa, es normal que quisiera regresar allí, nunca imagine encontrarme con eso -

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Yamada alcanzo a ver a alguien que tocaba la puerta del departamento, eso me hizo mirar. Parecía aquel chico raro que conocí hace varios años cuando Morinaga cayó enfermo y fui a lo que fue su departamento. Ya más cerca lo confirme, traía el mismo tono de color en el cabello, un rojo encendido llamativo.

Morinaga salió, dijo algo a Kuze y camino hacia donde estábamos Yamada y yo. El grandulón me empujo con la intención de seguir por otro camino, pero yo me quede inmóvil. Cuando llegaron a donde estaba yo, me acariciaron la cabeza y se sentaron en la banca donde habíamos dormido a noche.

Morinaga le dijo a su amigo:

- No lo creerás Hiroto kun, este perro se presentó a noche en el departamento en el momento más oportuno -

- Es muy bonito, debe tener dueño -

Ambos hablaron un largo rato de porque Morinaga ya no iba con frecuencia al bar.

- Lo siento Ángel kun, odio tener que admitirlo, pero con todo y el carácter que se cargaba tu senpai jamás te prohibió ir a verme al bar -

- No me gusta que hables de él en pasado Hiroto, me haces ...

- Lo siento, perdóname. No quise hacerte llorar, no otra vez -

Yo solo estaba recostado escuchando su plática, tenía tiempo que no veía llorar a Morinaga, tal vez estaba siendo demasiado egoísta.

En cuestión de minutos Kuze estaba ya en el parque, miro al rededor y al vernos se acercó corriendo. Morinaga se levantó incomodo aun limpiando las lágrimas de su rostro. Hiroto y Kuze se saludaron y Morinaga se disculpó, diciendo que iría a lavarse el rostro.

Pensé en seguirlo, pero decidí aguardar y mejor escuchar lo que dirían aquellos dos.

Kuze me miro y me dijo.

- Ya harás tus cosas perro, necesito con urgencia ese anillo -

- Anillo? -

Pregunto confundido Hiroto.

- Si. Quiero hacerle una propuesta a Morinaga, bueno ya se la hice, pero está incompleta si no tengo el anillo -

- ¿No vas a esperar a que él sea quien tome la iniciativa? Me refiero…no parece listo para comprometerse -

- No, ya he esperado un año entero. Odio verlo aferrándose a algo que no será, aquel hombre sigue inconsciente -

- Bueno, supongo que está bien. Él nunca dará ese paso, no si no es...

- Si no es Souichi, lo sé, lo sé. No necesito que me lo recuerdes, de hecho, pienso en eso todo el tiempo -

Morinaga regreso y me miro, les dijo a Hiroto y Kuze que necesitaba caminar un poco, pero Kuze no era tan torpe.

- Iras a visitarlo? -

Era obvio que lo haría, así que siguió caminando sin responder y yo le seguí. Hubo un momento de silencio, pero de pronto Morinaga comenzó a hablarme reflexivo.

- Yo lo amo tanto, no creo poder seguir sin él. Pero poco antes del accidente, él se veía fastidiado, como harto de estar junto a mí. Siempre supe que no me amaba, tal vez me apreciaba como amigo, pero eso me destrozaba. Era doloroso y al mismo tiempo el paraíso estar viviendo con él -

¿Qué? ladre. queriendo preguntar ¿Por qué nunca me dijiste nada? Morinaga me miro sorprendido

- ¿Te pasa algo? Quizás necesitas sacar ese molesto anillo -

Me acerque a un árbol y orine con eso el quedo conforme. No haría mis necesidades, aunque se me trabara el intestino.

- Tendría que haber insistido esa noche para que no saliera -

Dijo y yo quería decirle que no pensara en eso. Yo siempre he sido un terco.

- Lo echo de menos. Muchísimo, daría cualquier cosa porque despertara -

Yo también he hecho lo inimaginable por volver.

- Siempre tuve la sensación de que yo no era lo bastante bueno para él. Siempre le echaba en cara que se ocupaba demasiado en el trabajo y nada en mí. En él fondo, nunca dejaba de pensar que él podía tener a quien quisiera cuando lo quisiera, al final de cuentas es hermoso y tiene a varias chicas en la universidad enamoradas de él. Y yo…yo no era nadie. Me sentía tan inferior, tan inseguro. Siempre inseguro -

No lo podía creer, nunca pensé que se sintiera así. Siempre mostrándose tan completo y seguro ante los demás.

- Con Kuze es diferente, me anima, me apoya. Sin su ayuda, ya habría dejado el trabajo y me hubiera tendido en el vicio de la bebida, porque a medida que Souichi permanecía así, yo me ahogaba en alcohol -

¿Por eso estaba con Kuze? ¿Porque así se sentía más seguro de sí mismo? ¿Por qué lo ayudo a salir de la bebida? Y me ha esperado mucho tiempo, aunque no el suficiente.

- No acepte que se me acercara y me besara hasta después de un año, hace una semana. Yo no sé qué es lo que estoy haciendo -

No podía aceptarlo, para mí ni diez años hubieran sido suficientes. Se detuvo de golpe y se arrodillo frente a mí.

- Por eso fue increíble que aparecieras anoche perrito. Iba a decirle NO a la propuesta de Kuze, siento que estoy traicionando a Souichi...que mal que no puedas entenderme perrito, lo que más deseo es que el amor de mi vida despierte. Sin embargo, entro en la habitación donde esta y no puedo evitar llorar y pensar en morir yo mismo. Es por eso por lo que acepto la ayuda de Kuze, porque francamente, yo me habría dado por vencido desde hace mucho tiempo -

Morinaga me agito la cabeza y entro al hospital, no podía seguirlo, me echarían enseguida. Regresé al parque esperando encontrar a Yamada, pero con sorpresa descubrí que Hiroto y Kuze seguían sentados en aquella banca conversando. Me acerque a hurtadillas para que ese tipo no me fastidiara con que evacuara para entregarle su ofensivo anillo.

- Lo ama demasiado ¿Crees que no lo sé? -

Hiroto froto su hombro, pero aun así dijo con franqueza:

- Siempre lo ha amado desde que tengo memoria, cuando Ángel kun llego a Nagoya, poco hablo de Masaki, ya no se sentía herido, y creo que lo supero relativamente pronto. Después de eso, lo único que parecía interesarle era ver quien se iría a la cama con él cada noche. Pero en cuanto vio a Tatsumi san el comenzó a cambiar. Me hablaba de él tan emocionado al descubrir cada pequeña cosa, por muy insignificante que esta fuera. Al cabo de unos meses dejo de buscar con quien jugar, yo hasta le decía bromeando que ese hombre lo tenía bien controlado.

Y a pesar de que no conseguía hacer que su sempai recordara su nombre, el parecía vivir en una nube de felicidad. Dejo de tener ojos para los demás. Creo que sabía que él sería el amor de su vida -

- Y ahora yo tengo que vivir bajo su sombra, sin la posibilidad de que algún día me ame -

- Tu lo has dicho, por eso, piénsalo bien antes de apresurarte con eso de comprometerse. Ángel kun está muy confundido, sé que tú lo has apoyado y eso sin duda él lo agradece, pero permanecer con una persona que no amas solo por agradecimiento...eso no lo haría feliz y a ti tampoco Kuze san -

Al menos el tal Hiroto kun era alguien bastante razonable, logro dejar pensando a Kuze y yo me sentí mejor de que alguien le hiciera ver las cosas.

- Él no quiere olvidarlo no?

Hiroto lo miro con tristeza, obviando la respuesta.

- No quiere, ni puede olvidarlo. Como dijiste, lo ama demasiado -

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Como siempre, pueden comentar que les pareció.

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¡Saludos!

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