¡He vuelto! Hice esta historia (mini-historia) tomando mucho café y para unas queridisimas amigas de twitter. Espero les guste y, pues nada más, a leer.

DISCLAIMER: Nada me pertenece. Todo es de George R.R. Martín y rezó a los viejos y nuevos porque pronto terminé los libros.

MOMENTOS.

"Por si no lo saben, de eso está hecha la vida,

sólo de momentos;

no te pierdas el ahora."

[Instantes – Jorge Luis Borges]

1- De preguntas incómodas y posibilidades infinitas.

-Eres virgen. - las palabras quedaron flotando en el aire, que de pronto se sentía demasiado bochornoso como para respirar apropiadamente. La sonrisa se disipó de la cara de Brienne en un segundo. Podrick fingió una indiferencia que no sentía y bebió, centrándose en el juego.

Jaime miró rápidamente a su hermano, tratando de mantener la sonrisa para ablandar un poco el ambiente. -Eso es una declaración del presente…-comenzó a contradecir, pero fue interrumpido por un Tyrion cuya mirada no se había despegado de la de Brienne.

-En ningún momento del pasado, o hasta este punto, te has acostado con un hombre,-continuo el menor de los Lannister.-o mujer.-culminó, encogiéndose de hombros como quien señala el clima.

Brienne sintió esa incomoda sensación de ser el centro de atención. No es que alguna vez le hubiera importado demasiado, pero saber que la opinión de los tres hombres con los que estaba tomando copas en realidad sí le importaban, la hacían sentir vulnerable.

Se levantó calmadamente, tratando de no mirar a los intensos ojos verdes de Jaime, que por alguna maldita razón no se apartaban de ella. Y no lo habían hecho en lo que llevaba de avanzada la noche. No es como si se estuviera quejando, pero esa clase de atención combinada con el exceso de licor en su sangre comenzaba a alterarla. Posiblemente, la pregunta cruel e incómoda de la que había sido víctima había llegado en buen momento.

-Tengo que orinar. -se excusó mirando fijamente a Tyrion, sin ocultar el resquemor en su voz.

-¡Lo hicimos! Nos enfrentamos a esos cabrones de hielo-antes de que nadie pudiera intervenir, Tormund Giantsbane se encontraba de pie frente a la mesa, sosteniendo su cuerno repleto de líquido.-Los miramos a los ojos azules…-miró directamente a Brienne, efusivo.-Y aquí estamos.-Volteó a la mesa, frunciendo el ceño y agachándose un poco para hablar con los acompañantes de la caballero.- ¿Y quién fue el cobarde que se cagó en mis pantalones?-su risa estridente fue lo único que hizo reaccionar a Brienne, quien en realidad ya no sabía por qué sentirse más incómoda: la pregunta de Tryrion durante el juego, la intensa mirada de Jaime o la presencia del salvaje.

-Por favor, discúlpenme un momento. -fue lo único que dijo antes de abandonar el lugar.

Fue solamente un momento, casi un parpadeo.

La vio excusarse, claramente incómoda, y caminar en dirección a la salida del gran comedor. La mirada lujuriosa de Tormund la siguió y, viéndolo tomar un respiro, por su mente comenzaron a desfilar varias posibilidades.

Tal vez el salvaje la alcanzaba, tocaba a su puerta y, ¿por qué no? Brienne lo dejaba entrar. Cualquier persona, con un estado frágil emocionalmente, necesitaría de mucho apoyo emocional. No, Jaime lo sabía. Ella no haría eso.

Tal vez, en su lugar, la doncella de Tarth le podría dar su merecido al bastardo que aún no apartaba la vista de la mujer que ocupaba sus pensamientos incesantemente. No, ella era demasiado cortés, incluso tratándose de un salvaje acosador.

Tal vez sólo se iría a su alcoba y se acostaría, pensando en cuantas veces hombres a los que ella estimaba de alguna manera le habían fallado. Cuantas veces las personas habían sido crueles con ella.

Malditas posibilidades.

Se levantó. Sonriendo cínicamente, se detuvo frente a Tromund, ofreciéndole una última mirada y palpando su hombro, siguiendo a la moza que ya se había adelantado varios metros.

Lo había visto.

Era una tontería fingir que no lo había hecho. Cuando estaba girando en dirección a las recámaras, Brienne pudo sentir una presencia siguiéndola. Increíble como en medio del bullicio su ser era lo único que ella lograba percibir.

Maldito Lannister.