7- De nombres y más momentos.

-Promete decirme si te lastimo.- Jaime tenía nula experiencia (además de su hermana) sobre cómo las mujeres reaccionaban a la primera vez en la intimidad. Con Cersei fue diferente, los dos eran adolescentes y el deseo les hizo olvidar rápidamente las molestias.

-He sobrevivido a peores cosas.- contestó, frunciendo el ceño. Pero no podía negarse a sí misma que la incertidumbre la estaba matando. Eso y la excitación, claro.

Jaime se posicionó entre sus piernas, esas enormes piernas. Podría morir entre ellas y estaría agradecido. La sintió tensarse, los muslos apretando sus caderas. Bajó la cabeza para besarla. Con su mano izquierda levando su pierna, tomándola por la rodilla.

Fue solo en un momento y ya estaba dentro de ella.

Brienne dejó escapar un suspiro de sorpresa. Abrió los ojos y lo miró.

-¿Estás bien?- preguntó, tragando fuerte para no comenzar a moverse. ¡Dioses! Se sentía tan bien. Brienne lo llenaba en sentidos que llegaban a espantarlo.

-Me siento…- llena. Sintió demasiada vergüenza como para culminar la frase, aunque era realmente tonto pensar en el pudor en esos momentos.- ¿Puedes…moverte? Muévete- pidió. Jaime sonrió de manera radiante y atacó su cuello, comenzando a moverse poco a poco.

Lo sentía. Se sentía llena, complementada por él. Sentía la excitación que le daba una buena pelea, pero combinada con un placer muy nuevo. Enterró las uñas en la espalda torneada, segura de que iba a dejar marcas. Quería dejar marcas. Era una necesidad casi animal. Cerró los ojos y echo la cabeza hacía atrás, sintiendo los labios de Jaime sobre su cuello, besando de nuevo la cicatriz provocada por las garras de un animal salvaje.

En un impulso que Brienne no pudo controlar, invirtió los cuerpos. Jaime quedó sobre su espalda, y la vista lo maravillo. Podía observar los músculos torneados de la pelvis y los brazos musculosos que por alguna razón no dejaban de ser delicados. Las manos sobre su pecho, Brienne meciéndose sobre él.

Sentía chispas emanando de ellos dos, entre gemidos y respiraciones entrecortadas.

Enfrente, atrás, arriba, abajo, rápido, rápido, rápido…

Era real, ella era real. ¿Cómo es que alguna vez la había llamado bestia? Era un imbécil.

-Eres hermosa…- dijo, tomándola de la cintura con la mano y el muñón. Ella bajo la velocidad de sus movimientos y lo miro asombrada. Tomó sus mejillas y se acercó a su cara, sólo unas pulgadas entre ellos.

- Ser…- no la dejó terminar, levando la cabeza para besarla, invirtiendo las posiciones de sus cuerpos nuevamente, quedando sobre ella.

- Jaime, mi nombre es Jaime.

Estocada, estocada, estocada…rápido, rápido, rápido…

-Jaime...- La voz de Brienne temblaba, sus gemidos eran lo único que rodeaba el lugar. Sus muslos abrazando sus caderas.

Amor, debe ser amor.

Fue solo un momento, y ahora era el turno de Jaime para ver el cielo estrellado.

-Quédate…

La veía a través de unos ojos ajenos, llorando. Brienne no lloraba, ¿qué estaba viendo? ¿Dónde estaban? Las formas se difuminaban a su alrededor, no reconocía nada.

Brienne estaba de pie, en medio de la oscuridad, con lo ojos llenos de lágrimas y un rictus de dolor tal que Jaime quiso gritar. Mataría a quien se atreviera a oscurecer los ojos azules de esa manera.

-Por favor, quédate conmigo…- ¿a quién le hablaba? Tal vez a su padre, a su madre. ¿Podrick?

Su corazón cayó a sus pies al darse cuenta que los ojos llenos de lágrimas lo veían a él. Él era a quien Brienne le hablaba, pero no entendía…

¡Jaime!

Despertó abruptamente. Inmediatamente buscó a la caballero, ubicándola junto a él, dándole la espalda. Dejó salir un suspiro de alivio, el mismo que sintió cuando la vio viva al terminar la batalla. Sintió los vellos en su cuerpo erizarse al recordar el sueño. La observó dormir, ¿qué había significado? Él no sería capaz de hacer nada que la dañara de esa manera. No ahora.

No cuando había descubierto sus propias emociones; por primera vez en su vida tenía la oportunidad de hacer las cosas bien, de vivir como un hombre de honor. Y era a su lado, con Ser Brienne de Tarth. Lo haría con ella; ese sueño no significaba nada, era sólo producto de todas sus inseguridades.

Brienne se movió, sintiendo la mirada de Jaime sobre ella. Se volteó, quedando de costado, mirándolo.

-Se- se detuvo.- Jaime, ¿estás bien?- levantó un poco la cabeza, claramente consternada ante la mirada asustada que la observaba.- ¿Algún mal sueño?

Soñé contigo.

-Todo está bien.- se recostó de nuevo, abrazándola por la cintura y dejando que ella colocara su cabeza sobre su pecho.

Se sentía bien, teniéndola a ella entre sus brazos, en medio de una cama. Podría vivir allí siempre. Lo quería.

Su corazón la quería. Amor. Debe ser amor.

Cerró los ojos, respirando el aroma de Brienne, inhalando su esencia.

Fue sólo en un momento, y su vida reiniciaba de nuevo.


Y bueno, espero les haya gustado. Sus comentarios alimentan mi auto-construcción. ¡Les mando amor!