Consecuencias de aquella noche.

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Había transcurrido casi un día de los sucesos...

Demasiado tarde. Había tardado demasiado tiempo.

El señor Hughes sabía que así había sido, que por su culpa todos en la casa estarían demasiado preocupados, pero ahora su principal meta era mantenerlos a todos a salvo.

Por esa razón, esa vez, en lugar de retirarse a toda prisa y volver a casa sin importarle si era descubierto o no, como siempre lo hacía, había esperado hasta el anochecer y había ocupado los medios más discretos.

Él cerró los ojos un momento, era agotador pensar en lo más difícil del día: Todas aquellas celebraciones que habían tenido que evitar (muchas de ellas casi imposibles de evadir debido a lo exageradas que eran). Celebraban una muerte. Sintió un escalofrío ante aquel pensamiento.

Suspiró, tratando de calmarse. A partir de ese momento tenía que tomar medidas y una de ellas era no presentarse con esa expresión.

Cuando abrió la puerta doble de la enorme mansión su rostro se mostraba totalmente sereno.

"¡Maes! ¡Maes, por Merlín! ¡¿Dónde...?¡" La joven esposa de cabello corto, tenía puesto un vestido de maternidad a pesar de que aún no se notaba su embarazo, lo pensó mejor y cambió la pregunta. "Cariño, estaba muy preocupada, ¿estás bien?"

El alivio que él sintió al confirmar que todo parecía estar bien en su hogar le permitió sonreír, pero antes de contestar el ruido de tres elfos domésticos desesperados por recibir órdenes de su amo distrajo a la pareja un momento.

Luego de quitarse su capa azul y de dar un montón de instrucciones absurdas destinadas a mantener en la cocina a aquellas criaturas, él volvió a dirigirse a su esposa. "¿La niña? ¿Está durmiendo?"

Ella asintió. "Sí, logré que se quedara dormida después de media noche, cuando las lechuzas se retiraron."

El señor Hughes se detuvo un momento en la escalera. Luego continuó seguido de su esposa. "¿Ah, sí? ¿Llegaron muchas cartas?"

"Las suficientes como para preocuparme. Creo que hasta el pequeño Malfoy te ha escrito." La broma, sin embargo no tuvo efecto. "Entonces, es cierto, ¿no?... Todo lo que dicen."

El señor Hughes acababa de entrar a la habitación donde habían estado centrados sus pensamientos. Una habitación amplia con constelaciones y planetas en movimiento en el techo, un hechizo que él mismo había realizado, y una cuna lujosa. "Sí." Eso fue todo lo que dijo, mientras apoyaba una mano en el borde del mueble y la otra acariciaba la cabecita de su pequeña bebé de un poco más de un año y medio de edad.

La esposa no supo cómo recibir tal noticia, ¿estaba alegre o asustada?

"Por ahora todos están demasiado ocupados para preocuparse por los otros, pero cuando la euforia pase todo será diferente." Su tono era el necesario como para que ella lo escuchara, sin que su hija se despertara.

"¿Diferente cómo?" Ella se acercó y puso una mano en su hombro. "¿Crees que vayan a...?"

Él negó con la cabeza. "No lo sé." Se giró para encararla con una sonrisa melancólica. "Creo que mañana deberías ir a casa de tu madre con la bebé, al menos hasta estar seguros de que todo va a estar bien."

"¿Y qué harás tú?" Su voz desesperada hizo quejarse a la pequeña, aunque no se despertó.

"No lo sé. No puedo ir a ver a Lucius a su mansión, pero creo que trataré de comunicarme con él o con Nott, tratar de averiguar qué información manejan. No lo sé."

Otra vez el hombre de cabello negro y ojos oliva desvió toda su atención en la pequeña niña que seguía durmiendo.

Esa misma noche, en el portal de una casa común y corriente, un bebé también seguía durmiendo, en su frente una cicatriz que marcaba el destino del mundo mágico.