Aviso: "Esta historia participa en el reto n. 98 del foro Alas Negras, Palabras Negras".

N/A: Hola :) Es la primera vez que publico en este fandom, por favor, no sean tan duros conmigo. Leí sólo el primer libro de Canción así que es posible que haya incongruencias, de todas maneras, investigué lo necesario para que no las hubiera. En todo caso, disculpen por los posibles fallos que puedan encontrar.

Se trata de una simple viñeta sobre la muerte de Viserys. Creo que hice una lectura por demás espiritual/mística de los hechos, pero es que GRRM me da pie a ello. De todas maneras, es un relato sencillo para aportar mi granito de arena al fandom :)

Sin más que agregar, les agradezco de antemano la lectura y espero sus comentarios. ¡Un beso!

Disclaimer: Canción de hielo y fuego es propiedad de George R. R. Martin y sus editores.


Con el fuego y la sangre

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Fuego y sangre era el lema de su casa. Debía de haberlo sabido. La simiente de los Targaryen engendraba reyes coronados con poder y encadenados a una maldición. No se podía huir de la Maldición de Valyria, y a Daenerys Targaryen le llevaría tiempo comprenderlo.

Daenerys lo supo tiempo después de que Viserys hubiera muerto. Digno hijo de su padre lo había llamado sir Barristan, y no lo podía contradecir: allí donde su hermano careció de grandeza, desbordó de locura, y había algo en la locura de un Targaryen que inspiraba en los demás reverencia y temor.

De no ser por el acero de su espada apuntando contra el vientre de su hermana, Viserys hubiera vivido, el oro de Kahl Drogo no se hubiera fundido en la caldera para terminar cruelmente con él.

Fuego y sangre le habían dicho. Viserys... Targaryen por sangre y muerto por fuego. La condenación los había perseguido hasta el Vaes Dothrak.

El error había sido de ambos. De él, por desenfundar el acero, y de ella, por permitir la venganza. Habían profanado un lugar sagrado, porque ninguna sangre había de derramarse bajo la Madre de las Montañas, y la muerte se había producido en aquel lugar, a ojos de todo el khalasar.

Y los dothrakis tenían sus dioses, y los dioses se enfurecían ante la imprudencia de su pueblo. El Khal había tomado una vida en el lugar sagrado, y tal herejía no habría de quedar impune.

Daenerys lo entendió tiempo después de sepultar a su hermano y mucho más tiempo después de sepultar los restos de su esposo difunto.

De no ser por el fuego, no habría sido capaz de gobernar. De no ser por la sangre, no habría conquistado pueblos y naciones.

Viserys le había dejado un legado importante: el ansia por el poder. Mal que le pesase, ella era tan Targaryen como su hermano y tanto la locura como la ambición eran un legado ancestral compartido.

Fuego y sangre le habían dicho. Y recordando el momento de la muerte de su hermano, Daenerys entendió.

Ella era de la sangre del dragón. El dragón no suplica. Al dragón no se le roba. El dragón no perdona, el dragón recuerda.

El dragón reclama su trono y lo hace con fuego y sangre, porque no hay peor cosa que despertar la ira del dragón.

Tal como Viserys le hubiera enseñado.