Respondiendo Reviews.

Eileen Granger Snape: ¡MUCHAS GRACIAS!

Son 7 gatitos porque recuerda que Grairoad fue vencida por Merlin, Galand fue hecho piedra a causa de su mandamiento y Fraudrin fue asesinado por Meliodas.

Sip, lo son. Estoy emocionada por escribir lo que tengo planeado para esta historia XD

¡SALUDOS!

StarPolaris05: ¡Aww, gracias!

CAD270895: :D

¡AQUÍ TIENES OTRO CAPÍTULO! ¡ESPERO QUE LO DISFRUTES!

¡SALUDOS!

UzumakiNaru: ¡OH, QUE LINDO!

Disculpa la tardanza, aquí tienes un nuevo capítulo.

¡SALUDOS!

N-A: disculpen la tardanza en mis actualizaciones. La escuela, las fallas en mi computadora y demás cosas han acortado mi tiempo de edición y escritura, pero sepan una cosa, nunca abandonaré mis historias. Espero que disfruten este capítulo.

¡NOS LEEMOS!

Fin de N-A.

Disclaimer: la franquicia de Harry Potter, al igual que la de Nanatsu no Taizai no me pertenecen, todo crédito es para sus respectivos y verdaderos creadores, yo solo los tomo prestados como forma de entretenimiento..

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Capítulo 3: Sirius Black.

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Aún muy molesta y cansada, Willow se dejó caer sobre un muro bajo de la calle Magnolia después de alejarse una gran distancia de casa de los Dursley.

Observando por unos cuantos minutos las calles vacías y en su mayoría oscuras a su alrededor se sintió más sola que nunca e invadida por el pánico se preguntaba mentalmente, ¿qué voy a hacer ahora?, no tengo lugar a donde ir. Ron y Hermione se encuentran de viaje fuera de Gran Bretaña y Hedwig salió a cazar hace unos días y no tengo como comunicarme con nadie. Ahora si estoy en un verdadero apuro. Y lo peor de todo es que acabo de utilizar la magia de forma seria, lo que implica, con toda seguridad, que seré expulsada de Hogwarts.

Su angustia aumentaba. Había infringido tan gravemente el Decreto para la moderada limitación de la brujería en menores de edad que estaba sorprendida de que los representantes del Ministerio de Magia no se hubieran presentado ya para llevársela. Le dio un escalofrío. Miró a ambos lados de la calle Magnolia. ¿Qué le sucedería? ¿La detendrían o la expulsarían del mundo mágico?

Antes de que sus pensamientos se volviesen más deprimentes y agobiantes de lo que ya eran, Willow escuchó una serie de maullidos. Centrando su mirada delante de ella justo alado de su baúl vio siete pares de ojos que la observaban con curiosidad y preocupación.

Eran sus siete gatitos a los cuales no les había prestado mucha atención a causa de todo lo que estaba ocurriendo. Willow se encaminó frente a ellos y comenzó a acariciar a cada uno, escuchando sus tiernos ronroneos. Lentamente se fue tranquilizando al ya no sentirse tan sola en ese oscuro lugar, sabiéndo que sus gatitos se encontraban ahí con ella.

"Me alegro que estén aquí conmigo, me hacen sentir más segura y menos sola". Le dijo a sus gatitos con una cariñosa sonrisa sin dejar de mimarlos.

Estos ronronearon más fuerte en respuesta haciendo que Willow ampliase su sonrisa.

Con la mente más centrada, la ojiverde comenzó a pensar lo que haría, ya que no era buena idea que ella se quedase allí toda la noche con sus gatitos y todas sus cosas mágicas como su escoba voladora, la capa de invisibilidad y sus libros de magia, puesto que si llegaba la policía y la encontraban con todo aquello, las preguntas serían muy difíciles e incómodas de responder. Para colmo, tampoco tenía dinero muggle, cosa que rectificaría en cuanto pudiese llegar al banco Gringotts para que esta situación no le volviese a ocurrir y aunque sea, ella tuviese alguna forma de movilizarse en el mundo no mágico.

Pero... ¿cómo llegar hasta allá...? a menos que...

Miró la varita mágica, que todavía tenía en la mano. Si ya la habían expulsado (el corazón le latía con dolorosa rapidez), un poco más de magia no empeoraría las cosas. Tenía la capa invisible que había heredado de su padre. ¿Qué pasaría si hechizaba el baúl para hacerlo ligero como una pluma, lo ataba a la escoba, se cubría con la capa y se iba a Londres volando? Podría averiguar si Tom, el dueño del Caldero Chorriante, tenía alguna lechuza que pudiese enviarle al director Albus Dumbledore para que éste, con suerte, pudiese ayudarla con el problema en el que de seguro se había metido por inflar a la tía Marge.

Ella sabía que no era el mejor plan, pero era el único que tenía en ese momento.

Bajo las miradas curiosas de los gatitos, empezó a buscar dentro de su baúl la capa de invisibilidad pero detuvo todo movimiento abrúptamente. Sentía que alguien aparte de sus gatitos, la observaba, también, por el rabillo de su ojo derecho, pudo notar como estos se tensaban mirando fijamente algo tras ella.

Tomando con fuerza su varita, se giró rápidamente pensando en todos los hechizos que podría usar en caso de que alguien la quisiese atacar.

En el estrecho hueco que se abría entre el garaje y la valla de la casa frente a ella, podía ver algo enorme escondiéndose. Willow entornó los ojos mientras miraba el oscuro callejón. Si se moviera, sabría si se trataba de un simple gato callejero o de otra cosa.

"¡Lumos!" Susurró Willow. Una luz apareció en el extremo de la varita, casi deslumbrándole. La mantuvo en alto, por encima de la cabeza, y las paredes del nº 2, recubiertas de guijarros, brillaron de repente. La puerta del garaje se iluminó y la azabache vio allí, nítidamente, la silueta de lo que parecía un enorme perro negro.

Ella dio un par de pasos hacia atrás por si el perro era agresivo. Por unos segundos se miraron fijamente y perciviendo que el perro no tenía intenciones de causarle daño, Willow lo llamó suavemente y éste se fue acercando lentamente a ella. Cuando se encontraba a unos centímetros de ella, Willow estiró su mano y acarició el hocico del canino y éste feliz, recibió las atenciones de la chica.

"Pobrecillo. Debes estar solo en las calles ¿verdad?" Dijo la azabache mirando al perro con simpatía al ver el estado desnutrido y descuidado que tenía. "Me recuerdas a mis gatitos antes de que los adoptara".

Dichos gatitos le lanzaron una mirada ofendida a Willow como diciendo, ¡no nos veíamos tan mal como él!, pero la joven bruja no las pudo ver porque estaba dándole la espalda a los mininos.

Ella amaba a los animales, por eso no pudo evitar preguntarle al perro. "Te gustaría venir conmigo?" Ignorando los maullidos de descontento de sus gatos.

El perro ladró en aceptación moviendo la cola contento.

Sonriendo, la ojiesmeralda caminó con el perro devuelta a donde se hallaba su baúl y sus siete gatitos mirándola descontentos, aún usando su varita para iluminar su camino.

Repentinamente, sonó un estruendo y Willow sobresaltada por el fuerte ruido, se echó hacia atrás. Tropezó con el baúl. Alargó el brazo para impedir su caída, la varita salió despedida de su mano y ella aterrizó junto al bordillo de la acera. Willow se tapó los ojos con las manos, para protegerlos de una repentina luz cegadora.

Dando un grito, se apartó rodando de la calzada justo a tiempo. Un segundo más tarde, un vehículo de ruedas enormes y grandes faros delanteros frenó con un chirrido exacta mente en el lugar en que había caído Willow. Era un autobús de dos plantas, pintado de rojo vivo, que había salido de la nada. En el parabrisas llevaba la siguiente inscripción con letras doradas: AUTOBÚS NOCTÁMBULO.

Durante una fracción de segundo, Willow pensó si no la habría aturdido la caída. El cobrador, de uniforme rojo, saltó del autobús y dijo en voz alta sin mirar a nadie:

"Bienvenido al autobús noctámbulo, transporte de emergencia para el brujo abandonado a su suerte. Alargue la varita, suba a bordo y lo llevaremos a donde quiera. Me llamo Stan Shunpike. Estaré a su disposición esta no..."

El cobrador se interrumpió. Acababa de ver a Willow que seguía sentada en el suelo. La Ojiverde cogió de nuevo la varita y se levantó de un brinco. Al verlo de cerca, se dio cuenta de que Stan Shunpike era tan sólo unos años mayor que ella: no tendría más de dieciocho o diecinueve. Tenía las orejas grandes y salidas, y un montón de granos.

"¿Qué hacías ahí?" Dijo Stan, abandonando los bue nos modales.

"Me caí". Contestó Willow algo irritada por la mirada burlona de Stan. "Así que este autobús..." Dijo con más calma dándo gracias al cielo de que su flequillo estuviese cubriendo con éxito su cicatriz. "¿Has dicho que va a donde yo quiera?"

"Sí". dijo Stan con orgullo. "A donde quieras, siempre y cuando haya un camino por tierra. No podemos ir por de bajo del agua. Nos has dado el alto, ¿verdad?" Interrogó éste poniéndose suspicaz.

"Sí". Respondió la ojiesmeralda con prontitud, y con una idea en mente dijo. "Escucha, ¿cuánto costaría ir a Londres?"

"Once sickles". Dijo Stan. "Pero por trece te damos además una taza de chocolate y por quince una bolsa de agua caliente y un cepillo de dientes del color que elijas".

"Bien". Dijo Willow yendo a su baúl y sacando de este las monedas de plata, entregándoselas a Stan.

Entre Willow y Stan subieron el baúl, la jaula de Hedwig y la caja con los gatitos al autobús, con estos últimos viéndose renuentes de viajar en el. Luego Willow acarreó al gran perro negro para que este subiera al transporte mágico.

"Te gustan mucho los animales ¿cierto?" Le preguntó éste a Willow viendo al perro, los siete gatitos y a la jaula de la lechuza blanca que la chica poseía mientras que ésta movía sus cosas para buscar un asiento.

"Sí, desde que yo era muy pequeña me encantan los animales. Al perro lo acabo de encontrar hoy". Respondió la azabache con una pequeña sonrisa mirando a todas sus mascotas.

Stan asintió. "Te recomiendo que sujetes la caja de los gatos con fuerza o que lleves a tus gatos en los brazos, ya que vamos a ir muy rápido y bueno..., no es la primera vez que algún animal sale volando para casi estamparse en una de las ventanas ante la velocidad del autobús noctámbulo".

Extrañada, pero recordando el como apareció el colorido transporte mágico, Willow asintió.

La chica notó que no había asientos, en su lugar, al lado de las ventanas con cortinas, había media docena de camas de hierro. A los lados de cada una había velas encendidas que iluminaban las paredes revestidas de madera.

Un brujo pequeño con gorro de dormir murmuró en la parte trasera:

"Ahora no, gracias: estoy escabechando babosas". Y se dio la vuelta, sin dejar de dormir.

"La tuya es ésta". Susurró Stan, metiendo el baúl de Willow bajo la cama que había detrás del conductor, que estaba sentado ante el volante. "Éste es nuestro conductor; Ernie Prang. Ésta es..." Stan miró a Willow interrogante y ésta pensando rápido dijo.

"Mi nombre es Lavender Brown".

Ernie Prang, un brujo anciano que llevaba unas gafas muy gruesas, le hizo un ademán con la cabeza. Suspirando mentalmente de alivio porque se creyeron la mentira, Willow tomó asiento en la cama, abrazando a sus gatitos, viendo que el perro que encontró se recostaba al lado de sus piernas.

"Vámonos, Ernie". Dijo Stan, sentándose en su asiento, al lado del conductor.

Se oyó otro estruendo y al momento Willow se encontró estirada en la cama, impelida hacia atrás por la aceleración del autobús noctámbulo. Sus gatitos maullaban fuertemente en protesta tanto por el abrazo casi asfixiante de la azabache, como también por el repentino y brusco movimiento del autobús. Al incorporarse la ojiesmeralda se disculpó con sus gatitos, quienes le daban miradas resignadas y ésta para confortarlos, empezó a acariciarlos teniendo cuidado de no soltarlos de su agarre por si el autobús noctámbulo fuera a frenar. Así mismo, le lanzó una mirada a su amigo canino para verificar que estuviese bien, sonriendo al ver que efectivamente el perro continuaba recostado en el mismo lugar y que parecía disfrutar el viaje a diferencia de sus gatitos que se encontraban rígidos entre sus brazos.

Mirando por la ventana vio, en medio de la oscuridad, que pasaban a velocidad tremenda por una calle irreconocible. Stan observaba con gozo la cara de sorpresa de Willow.

"Aquí estábamos antes de que nos dieras el alto". Explicó. "¿Dónde estamos, Ernie? ¿En Gales?"

"Sí". Respondió Ernie.

"¿Cómo es que los muggles no oyen el autobús?" Preguntó la joven bruja.

"¿Ésos?" Respondió Stan con desdén. "No saben escuchar, ¿a que no? Tampoco saben mirar. Nunca ven nada".

Después de aquella corta conversación Willow volvió a mirar por la ventana escuchando distraídamente que Ernie le decía a Stan que despertara a una tal señora Marsh porque ya estaban cerca del lugar donde ella bajaría. La ojiesmeralda miró nuevamente a sus gatitos sintiendo que estos se encontraban más tranquilos que hace rato. Vio que todos miraban curiosos hacia la ventana al igual que ella. No sabía si su comportamiento era normal, puesto que nunca había visto actuar tan conscientes de su entorno a los gatos de la señora figg. Tal vez estaba exagerando, ya que Hedwig, su lechuza, tampoco se comportaba como las demás.

Nuevamente la ojiesmeralda abrazó algo fuerte a sus gatitos cuando el autobús noctámbulo frenó de golpe y inició su andar luego de que la señora Marsh bajara en su parada.

Willow observó nerviosa por unos segundos al conductor. Ernie no parecía dominar el volante. El autobús noctámbulo invadía continuamente la acera, pero no chocaba contra nada. Cuando se aproximaba a ellos, los buzones, las farolas y las papeleras se apartaban y volvían a su sitio en cuanto pasaba.

La azabache posó su mirada de nuevo en la ventana y vio que ahora viajaban a la velocidad del rayo por un camino rural, entre árboles que se apartaban. Mientras observaba el paisaje pasar, se preguntaba vagamente si los Dursley habían podido bajar a la tía Marge.

Stan había abierto un ejemplar de El Profeta y lo leía con la lengua entre los dientes. En la primera página, una gran fotografía de un hombre con rostro triste y pelo largo y enmarañado le guiñaba a Willow un ojo, lentamente.

A ella le resultaba extrañamente familiar.

"¡Ese hombre!" Dijo Willow, olvidando por unos momentos sus problemas. "¡Salió en el telediario de los muggles!"

Stan volvió a la primera página y rió entre dientes.

"Es Sirius Black". Asintió. "Por supuesto que ha salido en el telediario muggle, Lavender. ¿Dónde has estado este tiempo?"

Volvió a sonreír con aire de superioridad al ver la perplejidad de Willow. Desprendió la primera página del diario y se la entregó a la chica.

"Deberías leer más el periódico, Lavender".

La ojiesmeralda acercó la página a la vela y leyó:

BLACK SIGUE SUELTO

El Ministerio de Magia confirmó ayer que Sirius Black, tal vez el más malvado recluso que haya al bergado la fortaleza de Azkaban, aún no ha sido capturado.

«Estamos haciendo todo lo que está en nuestra mano para volver a apresarlo, y rogamos a la comunidad mágica que mantenga la calma», ha declarado esta misma mañana el ministro de Magia Cornelius Fudge. Fudge ha sido criticado por miembros de la Federación Internacional de Brujos por haber informado del problema al Primer Ministro muggle. «No he tenido más remedio que hacerlo», ha replicado Fudge, visiblemente enojado. «Black está loco, y supone un serio peligro para cualquiera que se tropiece con él, ya sea mago o muggle. He obtenido del Primer Ministro la promesa de que no revelará a nadie la verdadera identidad de Black. Y seamos realistas, ¿quién lo creería si lo hiciera?»

Mientras que a los muggles se les ha dicho que Black va armado con un revólver (una especie de varita de metal que los muggles utilizan para matarse entre ellos), la comunidad mágica vive con miedo de que se repita la matanza que se produjo hace doce años, cuando Black mató a trece personas con un solo hechizo.

Willow observó los ojos ensombrecidos de Black, la única parte de su cara demacrada que parecía poseer algo de vida. La joven preadolescente no había visto nunca a un vampiro, pero había visto fotos en sus clases de Defensa Contra las Artes Oscuras, y Black, con su piel blanca como la cera, parecía uno.

"Da miedo mirarlo, ¿verdad?" Dijo Stan, que mientras leía el artículo se había estado fijando en ella.

"¿Mató a trece personas?" Preguntó Willow, devolviéndole a Stan la página. "¿Y con un hechizo?"

"Sí". Respondió Stan. "Delante de testigos y a plena luz del día. Causó conmoción, ¿no es verdad, Ernie?"

"Sí". Confirmó Ernie sombríamente.

Para ver mejor a Willow, Stan se volvió en el asiento, con las manos en el respaldo.

"Black era un gran partidario de Quien Tú Sabes". Dijo.

"¿Quién? ¿Voldemort?" Dijo ésta sin pensar.

Stan palideció hasta los granos. Ernie dio un giro tan brusco con el volante que tuvo que quitarse del camino una granja entera para esquivar el autobús.

"¿Te has vuelto loca?" Gritó Stan sofocando los maullidos enojados de los siete mininos. "¿Por qué has mencionado su nombre?"

"Lo siento". Dijo Willow con prontitud. "Lo siento, se... se me olvidó".

"¡Que se te olvidó!" Exclamó Stan con voz exánime. "¡Caramba, el corazón me late a cien por hora!"

"¿Entonces, Black era seguidor de Quien Tú Sabes?" Preguntó tratando de apaciguar a Stan y a Ernie la ojiesmeralda.

"Sí". Confirmó Stan, frotándose todavía el pecho. "Sí, exactamente. Muy próximo a Quien Tú Sabes, según dicen... De cualquier manera, cuando la pequeña Willow Potter acabó con Quien Tú Sabes, todos los seguidores de Quien Tú Sabes fueron descubiertos, ¿verdad, Ernie? Casi todos sabían que la historia había terminado una vez vencido Quien Tú Sabes, y se volvieron muy prudentes. Pero no Sirius Black. Según he oído, pensaba ser el lugarteniente de Quien Tú Sabes cuando llegara al poder. El caso es que arrinconaron a Black en una calle llena de muggles, Black sacó la varita y de esa manera hizo saltar por los aires la mitad de la calle. Pilló a un mago y a doce muggles que pasaban por allí. Horrible, ¿no? ¿Y sabes lo que hizo Black entonces?" Prosiguió Stan con un susurro teatral.

"¿Qué?" Preguntó Willow.

"Reírse. Explicó Stan. Se quedó allí riéndose. Y cuando llegaron los refuerzos del Ministerio de Magia, dejó que se lo llevaran como si tal cosa, sin parar de reír a mandíbula batiente. Porque está loco, ¿verdad, Ernie? ¿Verdad que está loco?"

"Si no lo estaba cuando lo llevaron a Azkaban, lo estará ahora". Dijo Ernie con voz pausada. "Yo me maldeciría a mí mismo si tuviera que pisar ese lugar, pero después de lo que hizo le estuvo bien empleado".

"Les dio mucho trabajo encubrirlo todo, ¿verdad, Ernie?" Dijo Stan. "Toda la calle destruida y todos aquellos muggles muertos. ¿Cuál fue la versión oficial, Ernie?"

"Una explosión de gas". Gruñó Ernie.

"Y ahora está libre". Dijo Stan volviendo a examinar la cara demacrada de Black, en la fotografía del periódico. "Es la primera vez que alguien se fuga de Azkaban, ¿verdad, Ernie? No entiendo cómo lo ha hecho. Da miedo, ¿no? No creo que los guardias de Azkaban se lo pusieran fácil, ¿verdad, Ernie?"

Ernie se estremeció de repente.

"Sé buen chico y cambia de conversación. Los guardias de Azkaban me ponen los pelos de punta".

Stan retiró el periódico a regañadientes, y Willow se reclinó contra la ventana del autobús noctámbulo sumida en sus pensamientos centrados en todo lo dicho con anterioridad. Todavía podía recordar la cara que puso Hagrid al ser enviado a Azcaban el año pasado tras el fiasco de la cámara de los Secretos,. Azcaban debía ser un lugar realmente horrible para causar tal miedo en él, pues Hagrid no solía temerle a nada, aunque Ernie también se había asustado con la mención de los guardias que custodiaban ese lugar, esperaba nunca toparse con ellos, ni con el tal Sirius Black...

Por su lado los gatitos empezaron a escuchar toda la charla entre Willow, Stan y Ernie en cuanto el nombre de la joven bruja fue mencionado preguntándose quien era ese tal Voldemort, por qué ese estúpido humano había reaccionado tan exageradamente cuando su humana mencionó su nombre, y por qué atacó a Willow y a sus padres cuando ésta era más pequeña. A ninguno de ellos le pasó por alto el como el gran saco de pulgas que su humana había adoptado, se encogía mortificado con cada cosa que se decía sobre Sirius Black. Que extraño comportamiento el de ese perro. Lo mejor sería mantener los ojos bien abiertos a su alrededor y los oídos muy atentos en todo momento, sobretodo cuando ese tal Voldemort fuera mencionado como también el famoso Sirius Black.

Zeldris miró sus mullidas patitas. Odiaba verse tan vulnerable, las únicas cosas algo peligrosas en su nueva forma eran sus largas garritas y sus afilados dientes. Desde que habían llegado a ese mundo, las cosas habían ido mal para ellos, más en sus cuerpos actuales. ¡Esas malditas carrosas de metal que los humanos usaban para moverse de un lado a otro estuvieron apunto de aplastarlos en varias ocasiones!, así que habían decidido refugiarse en ese parque, lejos de esas amenazas de metal, pero ese mismo día, había comenzado a llover y no habían encontrado sitio en donde cubrirse de la fuerte lluvia. Todos se sentían de mal humor al estar hambrientos, faltos de sueño, mojados y temblando de frío , pero su mala suerte cambió cuando Willow los encontró y empezó a cuidar de ellos.

Al principio ninguno de ellos quería admitir que se estaban encariñando con la humana, viéndola solo como una proveedora de refugio y alimento, sin embargo, pese a su orgullo como ex-demonios, debían aceptar que con cada acción desinteresada de Willow como el darles su almuerzo a sabiendas que eso sería lo único que sus parientes le darían de comer en todo el día y el como la niña soportaba sin molestarse, sus ocasionales agresivos rasguños y mordidas cuando ella trataba de acariciarlos al no estar ellos acostumbrados a ese tipo de contacto, se ganó su afecto provocando que empezaran a verla como su humana, y ellos no permitirían que alguien tocara lo que era suyo.

De pronto los collares brillaron tenuemente, pero nadie se dio cuenta de aquel suceso.

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A medida que el viaje continuaba, brujos y brujas en camisón y zapatillas descendieron uno por uno del piso superior para abandonar el autobús. Todos parecían encantados de bajarse.

Al final sólo quedaron Willow y sus silenciosas mascotas.

"Bien, Willow". Dijo Stan, dando palmadas. "¿A que parte de Londres?"

"Al callejón Diagon". Respondió la ojiesmeralda.

"De acuerdo". Dijo Stan. "Agárrate fuerte..."

Circularon por Charing Cross como un rayo. Después de unos meros segundos, Ernie pisó el freno, y el autobús noctámbulo derrapó hasta detenerse delante de una taberna vieja y algo sucia, el Caldero Chorreante.

"Gracias". Le dijo a Ernie. Bajó con cuidado con la caja con sus gatitos en brazos. Su perro ya había bajado, y estaba esperándola frente al autobús. Con la ayuda de Stan, Willow dejó en la acera el resto de sus cosas.

"Bueno. Dijo la joven bruja. Entonces, ¡adiós!"

Pero Stan no le prestaba atención. Todavía en la puerta del autobús, miraba con los ojos abiertos de par en par la entrada enigmática del Caldero Chorreante.

"Conque estás aquí, Willow". Dijo una voz.

Antes de que Willow se pudiera dar la vuelta, notó una mano en el hombro. Al mismo tiempo, Stan gritó:

"¡Caray! ¡Ernie, ven aquí! ¡Ven aquí!"

Willow miró hacia arriba para ver quién le había puesto la mano en el hombro y sintió como si le echaran un caldero de agua helada en el estómago. Estaba delante del mismísimo Cornelius Fudge, el ministro de Magia.

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Realmente Fue para la chica un incómodo momento cuando stan y Ernie se enteraron de que ella era la aclamada salvadora del mundo mágico, que para el alivio de la azabache, Fudge interrumpió al guiar a Willow dentro del Caldero Chorriante llevándola a un área más privada para hablar, con ambos caminando por un estrecho pasadizo, tras el farol de Tom, hasta que llegaron a una pequeña estancia. Tom chascó los dedos, y se encendió un fuego en la chimenea. Tras hacer una reverencia, se fue.

"Siéntate, Willow". Dijo Fudge, señalando una silla que había al lado del fuego.

Willow se sentó. Se le había puesto carne de gallina en los brazos, a pesar del fuego. Fudge se quitó la capa de rayas y la dejó a un lado. Luego se subió un poco los pantalones del traje verde botella y se sentó enfrente de la joven bruja.

Toda la conversación transcurrió con calma, Fudge le informó a Willow que la tía Marge había regresado a la normalidad y que los muggles que habían visto el incidente habían sido desmemorisados para que no recordaran nada de lo sucedido, también le dijo que no recibiría ningún castigo y que podía regresar a Hogwarts sin problema alguno .

Lo que más le alegró a la joven bruja fue cuando el ministro le dijo que no tenía que regresar con los Dursley ese verano. Ella solo le dio una sonrisa al hombre pensando en como hacer para nunca más volver con sus parientes permanentemente. Tendría que ir a Gringotts para ver si no se podía hacer algo al respecto, aprovechando toda la libertad que se le estaba dando durante estas semanas, no obstante, se sintió algo frustrada cuando el ministro se negó a firmarle su permiso para ir a Hogsmeade. Tendría que ideárselas para poder asistir sin que nadie se enterara.

Al terminar de hablar con ella, el ministro se marchó, y seguidamente Tom se acercó a Willow y le dijo.

"Si quiere seguirme, señorita Potter... Ya he subido sus cosas y a sus mascotas..."

Willow asintió y siguió a Tom por una escalera de madera muy elegante hasta una puerta con un número 11 de metal colgado en ella. Tom la abrió con la llave para que Willow pasara.

Dentro había una cama de aspecto muy cómodo, algunos muebles de roble con mucho barniz, un fuego que crepitaba alegremente y, encaramada sobre el armario...

"¡Hedwig!" Exclamó la chica.

La blanca lechuza dio un picotazo al aire y se fue volando hasta el brazo de Willow.

"Tiene una lechuza muy lista". Dijo Tom con una risita. "Ha llegado unos cinco minutos después de usted. Si necesita algo, señorita Potter, no dude en pedirlo".

Volvió a hacer una inclinación, y abandonó la habitación.

Willow se quedó de pie por unos segundos acariciando a Hedwig perdida en sus pensamientos. Al encaminarse hacia la cama, vio que el perro negro se encontraba dormitando sobre una mullida alfombra al lado de la cama. También, al mirar en la cama, se dio cuenta que sus gatitos se habían recostado sobre esta.

La ojiesmeralda bostezó cansada y se encaminó hacia la cómoda cama acomodándose a un costado de los mininos después de que Hedwig se fuera a dormir sobre la percha de su jaula. El cielo que veía por la ventana cambió rápidamente del azul intenso y aterciopelado a un gris frío y metálico, y luego, lentamente, a un rosa con franjas doradas. Apenas podía creer que acabara de abandonar Privet Drive hacía sólo unas horas, que no hubiera sido expulsada y que tuviera por delante la perspectiva de pasar dos semanas sin los Dursley. Miró a todas sus mascotas con cariño .

"Ha sido una noche muy rara". dijo ésta bostezando. "Buenas noches chicos".

Escuchó un tenue ladrido y un ulular como respuesta y seguidamente... "Buenas noches Willow". Le desearon sus gatitos. Esperen...

"¡POR CIRCE!" Exclamó la chica enderezándose en la cama y mirando a los siete gatitos anonadada.

Estos, también le devolvían la mirada igual o más sorprendidos que ella.

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Fin del Capítulo.

N-A: Algunas frases de este capítulo fueron tomadas del libro Harry Potter y el Prisionero de Azcaban, créditos a su autora J.K. Rowling.

En los capítulos venideros, la historia se comenzará a separar cada vez más del canon. Me molesta usar partes de la historia original de Harry Potter y el Prisionero de Azcabann, pero por el momento es necesario.

Fin de N-A.

¿Review?