Respondiendo Reviews.

Darkillion: ¡Hola! Awww, gracias.

¡Saludos y espero que disfrutes leyendo este capítulo nuevo!

StarPolaris05: ¡Hola! ¡Sí, muerte a la rata traidora! :)

Gracias por tu review jejeje

¡Saludos!

W.M King: ¡Hola! Tus reviews siempre me sacan una gran sonrisa. Me puso muy contenta que te gustara tanto el cap pasado. Espero que también disfrutes de este nuevo cap.

¡Saludos!

Ospite2918: ¡Hola!, aquí lo tienes.

¡Saludos!

dsaois: ¡Hola! Espero que disfrutes leyendo este largo capítulo y te agradezco el review :)

¡Saludos!

Guest: Gracias por dejar Review.

¡Saludos!

Babywinchester-morningstar: ¡Hola! Aquí está el nuevo capítulo. Gracias por comentar. :)

¡Saludos!

Disclaimer: la franquicia de Harry Potter, al igual que la de Nanatsu no Taizai no me pertenecen, todo crédito es para sus respectivos y verdaderos creadores, yo solo los tomo prestados como forma de entretenimiento..

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Capítulo 6: Visita a Gringotts y un Día de Compras.

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La habitación de Willow en el Caldero Chorreante se encontraba bastante silenciosa. La bella lechuza nival de la joven bruja ya llevaba un buen rato durmiendo tranquilamente en su percha, a diferencia de Willow, Dobby y los siete Mandamientos, que aún permanecían totalmente despiertos pensando en los acontecimientos ocurridos la tarde del día anterior, pues la hora ya pasaba más de la media noche.

Otro que también se hallaba dormido como la lechuza, era el convicto Sirius Black (cortesía de Dobby, debido a que dicho elfo se negaba a permitir que el hombre estuviese despierto mientras que su adorada Willow Potter se encontrara durmiendo, Dándole una posible oportunidad al hombre de romper sus ataduras y escapar con una gran probabilidad de causarle daño a Willow en el proceso antes de marcharse. Sin rodeos, el elfo le había dicho firmemente a Willow que él estaría en guardia toda la noche vigilando a black por si las dudas.

La ojiesmeralda se sentía bastante agradecida con el entusiasta elfo, y aliviada de no tener que preocuparse por el animago canino por esa noche, había permitido que éste se hiciese cargo de Black. Todavía tenía sus dudas sobre el hombre, no podía confiar simplemente en su palabra y en ese recorte sin tener una prueba más contundente que respaldara todo lo revelado por su supuesto padrino.

Ella había hablado esto seriamente con sus siete gatitos, después de que Dobby le lanzó un hechizo al hombre que lo dejó profundamente dormido, tras lo que recibió algunas miradas curiosas del pequeño elfo, el cual se preguntaba por qué la gran Willow Potter hablaba con sus gatos como si estuviese hablando con personas. El elfo meditaba si existía la posibilidad de que hubiese un vínculo familiar entre la gran Willow Potter y los siete mininos. Dobby había escuchado entre sus demás compañeros elfos que algunos magos habían llegado a desarrollar tal unión con algunos animales, en su mayoría mágicos, sin embargo, esta era la primera vez que varios animales creaban un vínculo de familiar con un solo mago, que él supiera... Pero bueno, ¡ella era la gran Willow Potter, siempre lograba lo imposible!, se dijo muy convencido y admirado el pequeño elfo.

Ignorando por el momento las miradas del elfo doméstico, la joven bruja continuó su conversación con los felinos, concluyendo ésta en que a primera hora de la mañana la chica iría a Gringotts y ahí trataría de averiguar más sobre Sirius Black y su afiliación con sus padres y con ella, ya que se imaginaba que habría algún documento en dicho banco, que corroborara su apadrinamiento y con suerte, igual revelara la verdad de lo que sucedió la noche en la que asesinaron a sus padres. Así fue como terminaron en su actual situación, sin poder conciliar el sueño a pesar de ser tan tarde.

Distraídamente, Willow acarició suavemente una de las orejitas de Melascula, la cual estaba recostada a un costado de la chica junto con Derieri y Monspeet, y dicha acción la relajó al escuchar con los ojos cerrados los adorables ronronéos de la minina.

Finalmente, sin darse cuenta, todos se fueron quedando dormidos, con Willow siendo la primera, arrullada por los suaves ronroneos de la gatita rosa.

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A las seis de la mañana, la joven Potter se despertó con algo de renuencia, pues le hubiese gustado continuar durmiendo un ratito más. Entre bostezos, se incorporó de la cama y se fue a duchar para quitarse completamente toda la somnolencia de encima y, al salir del baño ya vestida y lista para ese largo día, bajó a pedirle a Tom el desayuno, entre tanto, Dobby escondía a Black en el baño bajo las atentas miradas de los mininos los cuales esperaban pacientemente recostados sobre la cama a Willow.

En solo quince minutos, el tabernero llegó con la ojiesmeralda y colocaron todo sobre la mesa, y en cuanto Tom se marchó, la chica repartió toda la deliciosa comida al igual que ayer, y guardó un poco para cuando despertara Black, ya que a pesar de sus dudas hacia el hombre, ella no quería dejarlo pasar hambre al conocer de primera mano gracias a los Dursley, lo horrible que se sentía aquello.

Al terminar de desayunar, se acercó a su baúl y sacó la lista de suministros del colegio y la libreta en donde había hecho su lista de pendientes el día anterior. Añadiendo algunas cosas más en ella, asintió satisfecha y se dirigió a la puerta para irse dejándole instrucciones a Dobby de seguir vigilando a Black, así como mantenerla informada por cualquier cosa que llegase a suceder mientras ella estuviese fuera.

"¡Espera Willow!" La llamó Zeldris antes de que esta saliera de la habitación.

Extrañada, la chica se detuvo y posó su mirada en los gatitos que se habían bajado de la cama donde habían estado jugando con una bola de estambre conjurada por Dobby cuando estos terminaron de desayunar. Los siete se encaminaron hacia ella hasta quedar de pie a su alrededor.

"¿Qué sucede, Zeldris?" Le preguntó ésta al gatito negro que encabezaba el grupo de mininos.

"¿Podemos ir contigo?" Le preguntó éste con su cabecita tiernamente ladeada, al igual que los demás, mirando expectante a la ojiesmeralda.

"Hmm... No veo por que no". Le dijo la azabache al Mandamiento. "Déjame ver si puedo encontrar algo en donde llevarlos".

Willow miró por la habitación, y pronto su mirada se posó en la caja donde había transportado a los felinos y con una idea en mente ésta llamó a Dobby.

"Dobby, ¿podrías venir un momento por favor?"

"¿Sí, Willow Potter?" Dijo el pequeño elfo caminando hacia la chica.

"Dobby, ¿puedes transfigurar esta caja en una canasta para gatos añadiéndole un hechizo expansible y otro de peso pluma?" Le preguntó la azabache colocando la caja frente al elfo doméstico.

"¡Por supuesto, Willow Potter! ¡Dobby con gusto lo hará, es muy fácil!" Dijo el entuciasta elfo, culminando en un parpadeo la tarea pedida por la chica.

"¡Muchas gracias, Dobby!" Le dijo Willow con una sonrisa al ver la bonita canasta para gatos.

"¡Es un placer para Dobby, servir a la gran Willow Potter!" Le dijo el pequeño elfo alegremente sacándole una sonrisa un poco incómoda a la azabache.

Uno por uno, los mininos subieron a la canasta, y con una que otra queja de por medio , en pocos segundos todos se acomodaron en su mullido interior asomando levemente sus cabecitas en una especie de ventanita que tenía la peculiar canasta.

Con eso resuelto, Willow tomó la canasta con los felinos, y le dijo a Dobby que lo vería más tarde.

Sin problemas bajó el primer piso del Caldero Chorreante, y le informó a Tom que saldría a realizar unas compras. El viejo hombre asintió con una pequeña sonrisa y continuó atendiendo a la poca gente que había en el lugar a esa hora.

La joven Potter salió al patio de atrás, sacó la varita mágica, golpeó el tercer ladrillo de la izquierda por encima del cubo de la basura, y esperó unos segundos hasta que se abrió en la pared el arco que daba al callejón Diagon.

Los Mandamientos observaban todo esto con curiosidad, aumentando esta al entrar al distrito mágico del callejón Diagon y cada una de las peculiares tiendas de la zona.

"Vaya, aquí hay artículos mágicos muy interesantes". Dijo Melascula viendo una tienda que tenía varios objetos de plata que giraban lentamente y emitían un sonido tintineante, para lo que suponía era la Astrología, en el escaparate de una tienda.

"Yo estoy interesado en la librería". Dijo Monspeet con su mirada fija en Flourish y Blotts.

"¿Te gusta mucho la lectura, Monspeet?" Le preguntó Willow al Mandamiento de la Reticencia en voz baja para solo ser escuchada por los felinos tras haberse dado cuenta desde ayer junto con los siete Mandamientos, que solamente ella podía escucharlos hablar. El resto de las personas solo escuchaban simples maullidos.

"Sí, además tengo una ligera curiosidad por saber que tipos de magia utilizan en este mundo, entre otras cosas". Explicó éste.

"Ya veo... Cuando concluya con los asuntos pendientes que tengo en Gringotts iremos a varias de esas tiendas, para comprar mis útiles escolares. Si quieres, podemos tomarnos unos minutos para ver algunos libros que llamen tu atención, y comprarlos para que tengas algo con que entretenerte. Esta propuesta también va para el resto de ustedes, si quieren algo ( dentro de lo razonable) en alguna de las tiendas, pueden decirme y yo lo conseguiré para ustedes". Les dijo Willow amablemente.

Todos los Mandamientos se miraron sorprendidos ante la propuesta de la chica, realmente no se esperaban que ella les ofreciera tal cosa. No podían evitar el sentirse algo tocados por todo lo que había y seguía haciendo la joven adolescente por ellos de forma desinteresada, a pesar de que ella no ganaba nada al cuidar de ellos. Los siete demonios se preguntaban si Willow los seguiría tratando de la misma manera si ésta llegase a enterarse de quienes eran realmente, las cosas terribles que habían hecho y del clan al que pertenecían, y en los casos de Drole y Gloxinia, servían.

Con tan solo pensar en la muy probable posibilidad de ser rechazados por Willow, les provocaba a todos un desagradable malestar en el estómago. Ya le habían tomado bastante cariño a la azabache, y sin duda dolería de sobremanera que ella los mirara algún día con traición y disgusto.

"Muchas gracias, Willow. Es un gesto muy amable de tu parte". Respondió con una suave sonrisa Monspeet por todos, después de unos breves segundos.

La joven bruja les sonrió a todos, y cariñosamente rascó a cada uno detrás de las orejas, sacando felices ronroneos de cada uno.

"No hay de que ". Contestó con voz sincera la chica.

El resto del camino hacia Gringotts, lo pasaron en un agradable silencio. Afortunadamente, el callejón diagon no estaba tan transitado ese día y su flequillo cubría la característica cicatriz de rayo en la frente, por lo tanto, logró llegar con sus gatitos al banco sin ningún percance que retrasara su avanzar.

Devolvió el saludo de los dos goblins que resguardaban la entrada, con un cortés asentimiento de cabeza, e ingresó al banco el cual se hallaba casi vacío y se acercó a uno de los mostradores ocupados por un goblin de aspecto severo.

"Buen día". Le dijo la ojiesmeralda educadamente al goblin. "¿Podría indicarme con quién debo de hablar para verificar los estados de cuenta de mi familia?"

"Por supuesto". Dijo el goblin. "¿Su nombre?"

"Willow Liliane Potter". Le respondió esta en voz baja para no atraer miradas indiscretas en su dirección.

"Bien, necesitaré que me entregue la llave de su bóveda para confirmar su identidad".

"Claro". Willow sacó la llave de uno de los bolsillos de su chaqueta y se la entregó al goblin.

Éste la examinó por unos segundos y asintió devolviéndosela a la chica. "Señorita Potter, sígame por favor".

La joven bruja hizo lo indicado, caminando detrás del goblin quien la llevó por una serie de pasillos con algunos retratos de lo que suponía eran antiguas batallas goblin.

Al cabo de unos minutos, llegaron delante de unas enormes puertas de roble con un majestuoso escudo de armas.

"Espere aquí un momento". Le dijo éste, entrando a dicho lugar tras señalarle un asiento.

En tanto que esperaba, la adolescente repasaba en su mente todo lo que quería consultar con el Gerente de Cuentas goblin, a fin de no olvidar nada. Un par de minutos después, el goblin que la atendió salió y le indicó a Willow que entrara a la elegante oficina .

Dicho goblin seguidamente se marchó cerrando las puertas detrás suyo, quedando la chica con los Mandamientos y un segundo goblin finamente vestido.

"Buenos días heredera Potter, mi nombre es Sharktooth, gerente de cuentas de la familia Potter. Es bueno verla al fin en mi oficina. Por favor, tome asiento, tenemos mucho de que hablar". Le dijo el goblin señalando un asiento de cuero ubicado delante de su escritorio.

La chica le devolvió los buenos días a Sharktooth, y nuevamente hizo lo indicado y tomó asiento, luego acomodó la canasta con los gatitos a un lado suyo.

"Heredera Potter". Comenzó la reunión Sharktooth. "Desde el día que cumplió sus once años de edad, he tratado de ponerme en contacto con usted. Le envié varias cartas, pero estas siempre regresaban sin indicios de haber sido abiertas".

"¿Qué?" Dijo Willow sorprendida. "Disculpe, Gerente de Cuentas Sharktooth, pero yo nunca recibí ninguna carta, si lo hubiera hecho hubiese venido antes".

El goblin asintió pensativo. "Veo la verdad en sus palabras, joven Willow; tengo la fuerte sospecha de que hay un poderoso hechizo colocado en su lugar de residencia que impide que llegue a usted cierto tipo de correo mágico". "También es muy probable que esté colocado en usted".

Esto alarmó a Willow. ¿Quién estaría controlando su correo mágico? y ¿ con qué propósito? Eran las preguntas que se hacía la ojiesmeralda.

"Sharktooth, ¿habrá alguna forma de eliminar esos hechizos e identificar quién los colocó?"

"Por supuesto, joven Willow. Aquí en Gringotts podemos encargarnos de ello, sin embargo, tendría que pagar por dicho servicio". Le explicó el goblin.

"No hay problema, aunque no se si aquello haría mucha mella en la pequeña herencia que mis padres me dejaron". Dijo Willow preocupada.

"Para nada señorita Potter, además, yo no le diría pequeña a la fortuna que se guarda en las bóvedas asignadas a la más Noble y Ancestral Casa de Potter". Le comunicó Sharktooth a la última Potter desconcertando a la chica y despertando el interés de los gatitos.

"¿Cómo? Disculpe, pero no comprendo . ¿No se supone que mi herencia solo consiste en el dinero que hay en mi bóveda de fideicomiso?" Cuestionó la ojiesmeralda absolutamente confundida.

"Sus suposiciones son totalmente incorrectas, heredera Potter. Los Potter cuentan con tres bóvedas aquí en Gringotts: su bóveda de fideicomiso, una segunda bóveda en donde se almacenan muebles, retratos, joyas, y otros objetos valiosos que han sido adquiridos por su familia a lo largo de los siglos y por último, pero aún más importante, está la bóveda principal de la Casa Potter la cual está repleta de la riqueza acumulada desde el primer Potter registrado. He de añadir, que existen dos bóvedas más que le corresponden solo a usted. En la primera están guardados los muchos presentes y cartas que una gran cantidad de personas del mundo mágico le enviaron como agradecimiento a usted y a su familia por acabar con el mago oscuro Voldemort. La segunda bóveda y todo su contenido le fue heredada por su madrina, Marlene McKinnon la cual perdió la vida junto con la de toda su familia en una noche, en un ataque mortífago liderado por el mismísimo Voldemort, tres semanas antes de que usted cumpliese un año de edad, joven". Explicó pacientemente Sharktooth a una shockeada Willow.

"Por Circe y Morgana... Y... yo de verdad no tenía el menor conocimiento de esto. Nunca se me dijo nada al respecto en los dos años que he estado en el mundo mágico..."". Dijo Willow acunando su cabeza entre sus manos en gesto de incredulidad.

Con la intención de darle unos minutos a la ojiesmeralda para asimilar la nueva información, Sharktooth se puso a examinar unos papeles que tenía guardados en el cajón ubicado debajo de su escritorio.

"Joven Willow". Tomó la palabra nuevamente el goblin. "Se supone que después del encarcelamiento de su padrino Sirius Black, Albus Dumbledore fue nombrado su guardián Mágico por el Wizengamot, a solicitud de éste último. Entre sus deberes como su guardián mágico estaba el velar por su bienestar y sus intereses y, del mismo modo, instruirla en su papel como heredera y futura Lady Potter, aunque por lo que puedo ver, Dumbledore no a cumplido con ninguno de esos deberes". Musitó con molestia el goblin quien empezaba a tener más sospechas acerca de las verdaderas intenciones del viejo mago con respecto al bienestar de los intereses de Willow Potter.

"Gerente de Cuentas Sharktooth, en todo el tiempo que estuve viviendo con mis parientes muggles, nunca fui visitada por nadie del mundo mágico, mucho menos por el director Dumbledore. Yo tampoco tenía conocimiento de que él era mi guardián mágico, hasta ahora". Dijo Willow sintiéndose traicionada por el viejo director al que tanto había admirado y respetado.

"Entiendo". Dijo el goblin bastante serio. "Si tan solo su padrino Sirius Black no hubiese sido injustamente encarcelado hace doce años por la administración anterior del Ministerio de Magia, estoy absolutamente seguro que él la habría educado en todo lo que necesita saber como heredera de una casa noble. Es verdaderamente indignante lo negligente que a sido Albus Dumbledore con su educación como heredera y otros aspectos". Dijo con el seño fruncido Sharktooth. "El anciano ni siquiera se a debido tomar la molestia de llevarla a San Mungo para que se le pongan las vacunas que a todo niño del mundo mágico se le aplican a partir de los cinco años de edad, como el Spattergroit, la Viruela de dragón, entre otras enfermedades que pueden poner en riesgo su vida, ¿cierto?"

"No que yo sepa". Dijo la ojiesmeralda con sus manos en puños sobre su regazo. "Por cierto señor Sharktooth, ¿ese hombre al cual busca el Ministerio Mágico, es realmente mi padrino?" Preguntó la chica ansiosa por la respuesta.

"Efectivamente, joven Willow; Sirius Black es su padrino mágico". Le aclaró el goblin.

"¿Y cómo puede estar tan seguro de que él es un hombre inocente?" Indagó Willow apretando más los puños en su regazo, escuchando como su corazón latía a mil por hora.

"Porque un padrino mágico jamás podría causarle ningún daño a su ahijado o ahijada, directa o indirectamente. Esto se debe a los poderosos juramentos hechos por el padrino o la madrina en cuestión. Ellos juran por su vida y magia proteger a toda costa a su ahijado o ahijada. Si llegaran a incumplir este juramento, instantáneamente perderían su magia y con ello, muy posiblemente la vida. En el caso del joven Sirius Black, cabe destacar que su inocencia es aún más reforzada, a causa de que la magia lo reconoció como el nuevo Lord Black, cosa que no hubiese sido posible, al perder su magia y haber traicionado los juramentos como su padrino. La magia se toma muy enserio dichos juramentos, heredera Potter. Parece ser que en el Ministerio de Magia Olvidaron ese dato tan importante, sin embargo, esto no es excusa. Si Albus Dumbledore no hubiese pedido sellar el testamento de sus padres, el cual obviamente revelaba quien era su verdadero guardián secreto, se le habría dado un juicio justo a Lord Black cuando las cosas hubiesen estado más calmadas, lo cual habría culminado en su pronta exoneración".

"Señor Sharktooth, ¿habrá alguna copia del testamento de mis padres disponible aquí en Gringotts?" Cuestionó Willow con voz esperanzada.

"No sabría decirle, lo que sé, es que el testamento original se encuentra en la bóveda principal de su familia. No obstante, puede que sí la haya..." Sharktooth se pinchó la punta del dedo índice de la mano izquierda con una daga de plata ornamentada que guardaba en su ropa, y pasó dicho dedo sobre la cerradura de un segundo cajón más pequeño en su escritorio que fácilmente pasaba desapercibido. Con un leve click el seguro del cajón se retiró, y a continuación, de éste el goblin sacó un pequeño baúl de madera con lo que Willow y los Mandamientos podían alcanzar a dislumbrar, como el mismo escudo de armas que estaba en las puertas de la entrada de la oficina, dibujado alrededor de la cerradura de dicho objeto.

"Este pequeño baúl le pertenece, joven Willow. Le fue dejado por sus padres bajo mi cuidado en caso de que les ocurriera lo peor. Lo único que se de él es que es un baúl mágico de múltiples compartimentos,: cinco en total. Solo usted puede abrirlo y ver su contenido. Es muy probable que sus padres dejaran una copia de su testamento ahí dentro". Explicó Sharktooth.

Con sus manos ligeramente temblorosas, Willow tomó el pequeño baúl que Sharktooth le tendía. Con un nudo el la garganta, observó por unos segundos el curioso objeto de aspecto fino pudiendo notar la pequeña ranura del tamaño de un centímetro y medio que éste poseía en la cerradura y algo nerviosa, colocó su dedo índice en aquella pequeña ranura, y sintió un leve piquetito en aquel dedo, seguidamente, con un click el seguro cedió, y a su vez, el baúl se agrandó obligando a Willow a ponerlo sobre el suelo de la oficina.

Ésta abrió la tapa del baúl y vio lo que había dentro. Efectivamente, éste contaba con cinco compartimentos. El primero era una gran biblioteca bien surtida con varios libros que se notaban interesantes. El segundo compartimento estaba lleno de estanterías repletas de ingredientes para pociones que seguían en perfecto estado, deducía que era gracias a hechizos de preservación. El tercer compartimento tenía un modesto laboratorio de pociones bien proporcionado, con siete estanterías abarrotadas de pociones de todo tipo. El cuarto compartimento era una agradable habitación semejante a una suite bien amueblada con baño y cocina incluidos. Por último, el quinto compartimento era un espacioso estudio con unas cuantas estanterías, un escritorio en el fondo, ubicado justo al centro del lugar y un par de sillones de aspecto cómodo a cada lado de éste.

Para asombro y sobresalto de los felinos, sin dudar, Willow entró al quinto compartimento y se puso a buscar en el escritorio del estudio con la esperanza de hallar una copia del testamento de sus padres, que para su fortuna, encontró en un pequeño cajón junto con un par de cartas y otros documentos que tenía planeado leer más tarde.

Triunfante, salió del compartimento con la copia del testamento en mano, y luego de regresar a su asiento, se puso a leer el documento antes mencionado minuciosamente en voz alta.

En éste, ambos Potter decían al principio cuanto amaban a Willow, hecho que le sacó varias lágrimas a la chica la cual luego de tomar unos minutos para calmarse reanudó la lectura del testamento de sus padres.

El matrimonio declaraba claramente que Peter Pettigrew era el verdadero guardián secreto, y que Sirius Black había sido el señuelo para desviar la atención de un tal Remus Lupin y del mismísimo Pettigrew, y también declaraban que si lo peor ocurría y ellos no llegaban a sobrevivir o a estar en condiciones de cuidar de Willow, a Sirius Black como su padrino mágico, se le encomendaba la total custodia de la ojiesmeralda. Así mismo, pedían que a Pettigrew se le condenara con todo el peso de la ley por su evidente traición. Igualmente, en caso de que Sirius no pudiese hacerse cargo de Willow, estos habían dejado una pequeña lista de candidatos a los que se les encomendaba como al animago canino, el cuidado de su amada hija. En aquella lista la ojiesmeralda únicamente había reconocido a la profesora McGonagall, y se preguntaba si la tal Alice Longbottom era la madre o alguna familiar de Neville Longbottom, su compañero de la casa Gryffindor.

Willow no pudo reprimir proferir en voz alta una maldición hacia Albus Dumbledore cuando ésta leyó la parte del testamento en la cual sus padres enfatizaban vehementemente que por nada del mundo ella debía ser dejada bajo la custodia de su tía Petunia, ya que era sabido por todos los allegados al matrimonio Potter que la mujer y su esposo odiaban todo lo que tenía que ver con la magia.

Seguidamente, sus padres habían hecho una segunda lista en la cual nombraban a unas cuantas personas a los cuales les habían dejado una buena suma de dinero y una que otra cosa de valor, como libros antiguos, plantas raras, y hasta una casa en Escocia para Remus Lupin.

Por último, el matrimonio la nombraba a ella como la heredera universal del resto de la enorme fortuna de la familia Potter.

Con un tembloroso suspiro, la joven bruja colocó suavemente el testamento de sus padres sobre el escritorio de Sharktooth. En un futuro cercano tenía pensado el cumplir con los últimos deseos de ambos y entregarles a todos los beneficiarios en el testamento la parte que les correspondía. Cerró los ojos y respiró profundamente para calmar sus nervios al caer en cuenta de que efectivamente, tenía un padrino, un padrino que realmente la quería a tal grado que escapó de Azcaban, el infierno en la tierra para protegerla del traidor por el cual perdió a sus padres, y del mismo modo, él su libertad hace doce años.

Al fin, la esperanza se despertaba en su corazón. Si lograba conseguir un juicio para su padrino, y con ello su muy probable libertad, cabía la gran posibilidad de que pudiese librarse de volver con los Dursley para siempre, tal y como lo había deseado desde hace años en la oscuridad del armario que fue su habitación durante los primeros diez años de su corta y miserable vida.

Investigaría la forma de liberarlo, costase lo que costase. No permitiría que se le fuera de las manos esta gran oportunidad de tener una familia y un verdadero lugar al cual llamar hogar.

"Joven Willow, veo que todas estas revelaciones han sido muy agobiantes para usted. El día de hoy esperaba explicarle muchas cosas que aún nos quedan por ver, pero opino que sería mejor programar otra visita para mañana". Le dijo el goblin. "¿Está usted de acuerdo?"

"Sí, muchas gracias, Gerente de Cuentas Sharktooth". Dijo la ojiesmeralda con una pequeña sonrisa.

"Perfecto". Le dijo Sharktooth tranquilamente. "¿Le gustaría visitar las bóvedas a las que tiene axceso por el momento antes de irse?"

"Sí, por favor". Le respondió la chica.

Sharktooth asintió y apretó un pequeño botón que había en su escritorio.

Un par de minutos después, alguien golpeó educadamente a la puerta de la oficina. Con el permiso de Sharktooth, la puerta de la oficina del goblin se abrió, y otro goblin más joven entró por ésta.

"Joven heredera Potter, Bogrod aquí la llevará a sus bóvedas". Le informó Sharktooth a una confusa Willow.

"Muy bien, se lo agradezco Gerente de Cuentas Sharktooth". Así, la ojiesmeralda se fue con el goblin, dejando a Sharktooth examinando el testamento y otros documentos de la familia Potter.

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Luego de un divertido y vertiginoso viaje sobre uno de los carritos de Gringotts para bajar a su bóveda de fideicomiso y tomar una razonable suma de galeones, realizaron un segundo viaje a petición de la joven bruja que los llevó hacia la bóveda mil ciento dos que tenía almacenados todos los presentes y cartas destinadas para Willow por la gente agradecida del mundo mágico por la derrota de Voldemort.

Tras abrirla el goblin, la susodicha y los mininos se sorprendieron por la cantidad de cosas dentro, que iban desde cientos de cartas, juguetes para bebé y para niñas más grandes, altas pilas de galeones, sickles y knuts, paquetes de dulces mágicos y caseros que estaban todavía en perfecto estado por los fuertes hechizos de preservación en la bóveda, libros, ropa y escobas voladoras que iban desde una Cometa 280, hasta una Nimbus 2.001.

La joven Potter se sentía algo abrumada por todos los presentes, después de todo, los únicos regalos agradables que había recibido en toda su vida, habían sido por parte de sus amigos y la familia Weasley. Obviamente hablar de los disque regalos de los Dursley estaba demás, pensó con breve amargura.

"Veamos... Ranas de Chocolate, Plumas de Azúcar, Varitas de Chocolate, Grageas Bertie Bott de todos los sabores, Babosas de gelatina, Ratones de azúcar chillones... Vaya, realmente hay muchísimos dulces aquí... ¿Gustan algunos, chicos?" Les preguntó la azabache en cuanto terminó de examinar las altas pilas, a lo que estos asintieron con curiosidad por toda la gran variedad de golosinas.

Ella tomó algunas de las cajas de dulces caseros y dulces mágicos y los repartió entre los mininos los cuales inspeccionaban los dulces que les habían tocado a cada uno, por su parte, Willow también se quedó con unos cuantos, agradeciendo mentalmente a las personas que se los enviaron y jurando leer las cartas que venían con éstos para agradecerles personalmente como se debía por el lindo gesto.

Guardando en una bolsa con hechizos expansibles algunos de los presentes más acordes a su edad, y varias de las cartas para empezar a responderlas, concluyó con sus asuntos en aquella bóveda y unos minutos más tarde, ella y los Mandamientos estaban de vuelta en la oficina de Sharktooth.

"Gerente de Cuentas Sharktooth, no quisiera que todos esos regalos se mantuviesen ahí guardados sin uso alguno, me gustaría que donara los juguetes y la ropa a instituciones benéficas aquí en el mundo mágico.

"Bien, joven Willow; así se hará". Le dijo Sharktooth con un firme asentimiento de cabeza. "Hay dos que están en servicio, pero reciben muy poco apoyo, sin embargo, tengo la certeza de que su generosa contribución será muy bienvenida".

"Excelente, muchas gracias por todo Sharktooth, lo veré mañana". Dijo la chica con una sonrisa.

"Muy bien, joven Willow. Hasta mañana". Se despidió el goblin.

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Saliendo del banco Gringotts con los siete Mandamientos a cuestas, Willow reflexionaba seria y cuidadosamente toda la información nueva que Sharktooth le había proporcionado.

A fin de aclarar un poco su mente paseó con los mininos por el callejón diagon, descubriendo varias tiendas fascinantes que no había visto antes, tras limitarse a frecuentar solo las tiendas en las que solía conseguir sus suministros escolares.

Pasó por la tienda de Animales Mágicos y rápidamente compró los artículos para gatos que había anotado en su lista y unas golosinas para lechuzas pensando en Hedwig. Era bueno que los dependientes de cada tienda a la que iba visitando, fueran tan amables de hacerle el favor de encoger las bolsas con sus compras para no llevar las manos tan ocupadas.

Media hora después, a paso tranquilo, a la vez que acomodaba las bolsas con frascos de tinta y royos de pergamino que había comprado en la pasada tienda que visitó, se dirigió a la botica para aprovisionarse de ingredientes para pociones, y como la túnica del colegio le quedaba ya demasiado corta tanto por las piernas como por los brazos, visitó la tienda de Túnicas para Cualquier Ocasión de la señora Malkin y compró tres nuevos conjuntos, una capa de invierno, así como un pequeño y nuevo guardarropas con tela de buena calidad, que consistía de blusas, pantalones, camisas manga larga, debido a que el invierno era muy duro en escocia, y dos juegos de botas de piel de dragón, al igual que dos juegos de guantes del mismo material. Daba gracias a que ya no tenía necesidad de usar la horrible ropa vieja de Dudley, como tampoco la desgastada y fea ropa de medio uso que la tía Petunia le solía comprar para cuidar más o menos las apariencias frente a los vecinos.

Con ayuda de Dobby, pasado mañana, tenía planeado ir al mundo muggle. Ella quería conseguir un tinte de cabello para Sirius y otros artículos personales para que el hombre pudiese alterar su imagen y no ser reconocido, ni en el mundo muggle, ni tampoco en el mundo mágico británico. Así mismo, deseaba ir a algunas cuantas tiendas de ropa para completar su nuevo guardarropa, pues había más variedad que en el mundo mágico, al igual que con los zapatos, dulces, y demás cosas. Dudaba mucho el extraviarse por el mundo muggle, ya que si bien no había ido mucho a Londres, creía que con comprar un mapa de la ciudad podría deambular por ésta sin mucha dificultad.

Ahora... ¿Qué le faltaba...? ¡Ah sí! Aún tenía que comprar los libros de texto para sus dos nuevas asignaturas: Cuidado de Criaturas Mágicas y Adivinación.

La joven Potter y los Mandamientos se sorprendieron al mirar el escaparate de la librería. En lugar de la acostumbrada exhibición de libros de hechizos, repujados en oro y del tamaño de losas de pavimentar había una gran jaula de hierro que contenía cien ejemplares de El monstruoso libro de los monstruos. Por todas partes caían páginas de los ejemplares que se peleaban entre sí, mordiéndose violentamente, enzarzados en furiosos combates de lucha libre.

"Vaya, nunca me imaginé ver algo así en toda mi vida". Dijo Estarossa atónito por el bizarro espectáculo.

"Ni yo, hermano". Concordó Zeldris atónito.

"Ja, a esto le llamo yo verdadero entretenimiento en vivo". Dijo Derieri comiendo una varita de chocolate.

"Huff, que caos". dijo Monspeet viendo el montón de páginas desgarradas volando por la librería.

Bajo las atentas miradas de los felinos, Willow sacó del bolsillo la lista de libros y la consultó por primera vez. El monstruoso libro de los monstruos aparecía mencionado como uno de los textos programados para la asignatura de Cuidado de Criaturas Mágicas. En ese momento la azabache comprendió por qué Hagrid le había dicho que podía serle útil. Sintió alivio. Se había preguntado si Hagrid tendría problemas con algún nuevo y terrorífico animal de compañía.

"Ese libro viene agregado en mi lista de útiles del colegio para éste año, pero como bien recordarán, yo ya lo tengo, así que no será necesario comprarlo". Le informó Willow a los gatitos.

Estos asintieron regresando sus miradas al escaparate de la tienda.

Cuando Willow entró con los mininos a Flourish y Blotts, el dependiente se acercó a ella.

"¿Hogwarts?" Preguntó de golpe. "¿Vienes por los nuevos libros?"

"Sí". Respondió Willow. Necesito..."

"Quítate de en medio". Dijo el dependiente con impaciencia, haciendo a Willow a un lado sin notar las miradas fulminantes que le lanzaron los Mandamientos por tratar de esa forma tan grosera a su humana. El hombre se puso un par de guantes muy gruesos, cogió un bastón grande, con nudos, y se dirigió a la jaula de los libros monstruosos.

"Espere". Dijo la ojiesmeralda con prontitud. "Ése ya lo tengo".

"¿Sí?" El rostro del dependiente brilló de alivio. "¡Cuánto me alegro! Ya me han mordido cinco veces en lo que va de día.

Los siete mininos sonrieron de forma sádica al escuchar lo dicho por el dependiente. Que no se diga que no saben guardar rencor.

Desgarró el aire un estruendoso rasguido. Dos libros monstruosos acababan de atrapar a un tercero y lo estaban desgarrando, luego esos mismos libros comenzaron una feroz pelea entre sí.

"Melascula, te doy dos ratones de hielo, un trozo de tarta de manzana y una de mis plumas de azúcar si el libro de la izquierda le gana al de la derecha". Le apostó Gloxinia a la gatita rosa.

"¡Trato hecho!" Acordó ésta divertida colocando por su parte, un paquetito de babosas de gelatina, dos cubitos de coco cubiertos de helado y un bollo relleno de jalea de fresa.

"Hey, yo también le entro a la apuesta". Dijo Derieri poniendo en el centro de la pila de dulces dos ranas de chocolate, un ratón de azúcar y una barra de chocolate.

"Y yo". La secundó Drole añadiendo dos calderos de chocolate, una pluma de azúcar y un ratón de azúcar.

Por su parte, Zeldris solo los miraba rodando los ojos ante sus travesuras, al lado suyo, Estarossa se encontraba recostado ligeramente interesado, Monspeet estaba sentado muy tranquilo observando a sus compañeros y Willow reprimía una risita.

"¡Basta ya! ¡Basta ya!" Gritó el dependiente, metiendo el bastón entre los barrotes para separarlos, arruinándoles la diversión a Gloxinia, Drole, Melascula y Derieri quienes hicieron adorables pucheros. "¡No pienso volver a pedirlos, nunca más! ¡Ha sido una locura! Pensé que no podía haber nada peor que cuando trajeron los doscientos ejemplares del Libro invisible de la invisibilidad. Costaron una fortuna y nunca los encontramos... Bueno, ¿en qué puedo servirte?"

La joven Potter logró mantener una cara de poker, mas no se podía decir lo mismo de los Mandamientos que miraban al hombre incrédulos y con un claro insulto en sus mentes: Grandísimo idiota...

"Necesito Disipar las nieblas del futuro, de Cassandra Vablatsky". Dijo Willow, consultando la lista de libros.

"Ah, vas a comenzar Adivinación, ¿verdad?". Dijo el dependiente quitándose los guantes y conduciendo a Willow a la parte trasera de la tienda, donde había una sección dedicada a la predicción del futuro. Había una pequeña mesa rebosante de volúmenes con títulos como Predecir lo impredecible, Protégete de los fallos y accidentes, Cuando el destino es adverso.

"Aquí tienes". Le dijo el dependiente, que había subido unos peldaños para bajar un grueso libro de pasta negra: "Disipar las nieblas del futuro, una guía excelente de métodos básicos de adivinación: quiromancia, bolas de cristal, entrañas de animales".

"Se lo agradezco". Dijo la chica tomando el libro.

"¿Necesita algo más, señorita?" Le preguntó el dependiente a Willow.

"No, gracias; solo echaré un vistazo por las estanterías para ver si encuentro algunos otros libros que llamen mi interés". .

"Bien, estaré en el mostrador de la tienda por cualquier cosa que necesite". Le dijo el dependiente.

"Está bien, gracias". Le respondió la chica.

El hombre asintió y se marchó. En cuanto Willow y los siete Mandamientos estuvieron solos sin nadie a su alrededor, Zeldris le inquirió escéptico a la azabache. "¿Estudias Adivinación?"

"Eh, todavía no... Fue la asignatura optativa que elegí, junto con Cuidado de Criaturas Mágicas este año". Le respondió la joven bruja.

"Mmm... Ya veo... ¿Y tienes alguna actitud para esa materia, Willow?" Le preguntó nuevamente el Mandamiento de la Piedad con un tono algo serio.

"Um, pues... no..." Le contestó entre nerviosa e incómoda ésta, debido a la severa mirada que le estaba dirigiendo el gatito. Por las barbas de Merlin, le recordaba tanto a las miradas que a veces recibía de Hermione y de McGonagall cuando hacía algo que éstas desaprobaban.

"Mmm... ¿Y qué otras asignaturas optativas habían disponibles para que tomaras?" Cuestionó éste con su mirada aún fija en la nerviosa ojiesmeralda.

"B... bueno, también estaban Runas Antiguas, Aritmancia y Estudios Muggles". Le dijo la aludida sin saber bien a que quería llegar Zeldris.

"Ajá. Solo una pregunta más". Le dijo el felino con un tono más serio recibiendo un asentimiento de Willow. "¿No hubiese sido mejor que eligieras Runas Antiguas o Aritmancia en lugar de una rama de la magia tan impredesible como la Adivinación?"

Silencio Incómodo...

"Eh... verás Zeldris, admito que seleccioné esas asignaturas, porque no sabía por cual optar, y como uno de mis mejores amigos igual las seleccionó por ser las menos complicadas..." Le dijo la avergonzada ojiesmeralda.

"Tú decidiste hacer lo mismo". Completó Zeldris lo último que iba a decir la joven Potter.

"Sí". Simplemente respondió ésta algo cavizbaja.

"Willow, ¿te puedo dar un consejo?" Le dijo Zeldris con un tono de voz más suave.

La azabache asintió como toda respuesta.

"Por qué no consigues algunos libros de Aritmancia y Runas Antiguas que te puedan servir como introducción a dichas asignaturas. Así tras inspeccionar su información más a fondo, podrías saber en que consisten éstas y tendrías una mejor perspectiva de cada una, de esa forma, esto te ayudaría a tomar una decisión que sea más beneficiosa para ti".

"Sabes, esa en realidad suena como una excelente idea... Lo haré". Dijo Willow con una sonrisa. "Ahora, vamos por esos libros".

"¡Sí!" Dijeron todos al unísono con una sonrisa.

Willow y los mininos se la pasaron más de una hora y media examinando libro tras libro , agregando en la pila que llevaba la azabache dentro de una canasta que tomó por el mostrador, diversos temas como dos libros de pociones, cuatro de hechizos y dos de encantamientos, uno de Runas y de Aritmancia, dos de hiervas mágicas, uno de alquimia, etc.

Al final salieron de la tienda con quince libros extra, aparte del que estaba en la lista del colegio.

"Okey chicos. A juzgar por la posición del sol, ya son casi las tres de la tarde. Es hora de volver al Caldero Chorreante". Anunció la adolescente.

Los Mandamientos compartieron una mirada seria.

"¿Estás segura, Willow?" Le preguntó Monspeet.

"Sí, completamente segura". Respondió ésta decidida, pensando en cierto animago canino.

"Muy bien, Willow. Recuerda que todos estaremos contigo". Le dijo Zeldris con voz solemne siendo secundado por sus compañeros.

"S... sí, se los agradezco chicos". Les dijo ésta enternecida por el gesto de apoyo.

Sin más preámbulos, la chica emprendió el camino hacia el viejo bar con los siete Mandamientos.

NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP NANATSU X HP

Fin del Capítulo.

N-A: Usé algunas partes del Libro Harry Potter y el Prisionero de Azcaban en este capítulo. Créditos a su autora original J.K. Rouling.

Fin de N-A.