The Walking Dead es plena propiedad de Robert Kirkman. Solo utilizó sus personajes para pleno entretenimiento literario.

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Capítulo 3

Sus ojos tan claros como los recordaban, eran cubiertos por un oscuro rímel que resaltaba esas enormes pestañas, que eran protegidas de la luz solar por ese elegante sombrero blanco que se colocaba sobre su cabeza. Sus hebras grises caían sobre sus hombros en elegantes bucles que resaltaban sobre su vestimenta, como suaves listones brillosos. Su piel, tan tersa y pálida, no tenía ni una sola arruga a excepción de aquella marca que se le hacía cerca de su labio al sonreír o aquellas pequeñas líneas casi invisibles que se le formaban a los bordes de sus ojos al achinar sus ojos al reír. Se encontraba tan igual a como se fue hace años, pero a la vez tan diferente.

Su mirada era diferente. Y donde una vez hubo una mirada tan vivaz, como fría. En esos momentos no había más que una mirada rota que ella inútilmente trataba de disimular con una máscara de felicidad que no alcanzaba a llegar del todo a sus ojos. O por lo menos, desde su punto de vista.

—Judith, está hermosa— La escucho decir mientras le entregaba un plato repleto de comida solamente para él. Sentándose a su lado, ella dedicó una mirada dulce sobre todos los invitados que se encontraban en esa reunión— Todavía no puedo creer que me encuentre aquí nuevamente, después de tanto…—Daryl, masticó despacio el trozo de carne que disgustaba en su paladar, con la salsa especial de Morgan y el hambre que tenía, ese pequeño bocadillo casi lo hace gruñir de gusto.

Viéndola de reojo, él trago bruscamente para mordisquearse su labio por un momento.

—¿Por qué no nos dijiste que vendrías?— Se resistió a soltar ese: ¿Por qué nunca me llamaste?¿Por qué nunca volviste ni siquiera para hacer una leve visita?¿Por qué te fuiste?. Jamás tendría las pelotas suficientes como para decirle eso.

Porque la conocía, sabría que esas preguntas la harían sentir culpable, la harían sentir mal viniendo de él. No podría hacerle eso, no con la mirada que tenía en esos momentos. Pacientemente espero en silencio, no la forzaría a hablar. Sabía que ella tarde o temprano le diría todo, pero no ahora rodeada de personas que se creían esa mirada de bienestar y alegría que ella se colocaba como mascara.

—Fue una decisión de último momento— Susurró ella con completa sinceridad, pinchando con su tenedor un pequeño trozo de pepino proveniente de la hamburguesa sobre su plato. Mirándolo por debajo de ese veraniego sombrero que la cubría de los fuertes rayos del sol y de las miradas curiosas de algunos invitados cercanos a Rick y los demás, que solo habían escuchado historias de la misteriosa mujer. Ella sonrió con esa sonrisa que hacía resaltar aún más esas bonitas gemas color zafiros que se cargaba como ojos— Si Morgan no hubiese aparecido y me hubiese sugerido la idea de volver, estoy segura que en estos momentos me hubiese ido hacia otro lado— Aquello le dolió, no podía negarlo. Ella prefería muchas veces largarse hacia otro lugar, lejos de ellos, lejos de él, que volver a su lado. "Nunca eres lo suficientemente bueno, hermanito. ¿Por qué alguien querría dar siquiera un minuto de su tiempo por ti? Un campesino sureño ignorante…". Las palabras de Merle, taladrando su cabeza desde la más cruda infancia, lo acosaban. Sin embargo, la sonrisa sincera que se mantenía en su rostro lo hizo guardar silencio, obligando a ese fantasma de boca sucia de su psiquis a callarse de una buena vez— Pero…Me alegra que me haya convencido…—Tras verlo por un par de momentos, ella le dio un juguetón codazo a sus costillas— Si no me hubiese convencido no me hubiese dado cuenta cuanto te extrañaba, cariño— Rió al verlo murmurar una risa entre dientes.

—Basta—Divertida, ella pasó sus delgados dedos sobre su cabello corriéndolo de su cara para verlo con atención.

—¿Te has portado bien en mi ausencia?— Cuestiono con el tono de voz de una hermana mayor. Carol siempre le hacía notar esos pequeños tres años de diferencia que los separaban, siempre. Incluso ahora, que la diferencia de edad física entre ambos no era notable, ella lo seguía tratando de esa manera como si tratara a un niño. "Un niño rebelde, que se había convertido en un hombre", le había dicho una vez en una de sus charlas antes de que se fuera. Ella siempre había sido la más madura de los tres, controlándolos y regañándolos si hacía falta tanto a él como a Rick. Pese a que con el Sheriff, tenían prácticamente la misma edad, ella no tenía tapujo para hacerle la contra y tratarlo cómo un mocoso cuando veía que sus decisiones eran erradas.

—Mph—Dijo nada más, dándole una leve mirada a la delgada chica del otro lado del patio que se abrazaba a si misma mientras observaba a su alrededor con curiosidad. A su lado, Carl se sentaba junto con Glenn y Noah ofreciéndole a cada momento comida o intentando conversar con ella. Captando donde iba su mirada, Carol lo observó de reojo con una sonrisa leve.

—Podrás hacerlo…—Le dio animo capturando su robusta mano callosa con una suya, tan delgada y pálida, dándole un fuerte apretón.

—Estoy intentándolo…—Posando su mirada sobre sus manos entrelazadas, él se giró un poco para ver su delineado perfil.— Al igual que tú— Susurró solo para ella, abriendo sus ojos con brusquedad, ella se giró hacia él, haciendo una pregunta silenciosa que supo contestar con éxito, cerrando sus ojos por un momento en un pestañeo. –No hace falta que me cuentes ahora. –Aseguró notando la mirada de alivio que le regalo— Pero…debes saber que lo importante para mí; Es que estás aquí, intentándolo.— Las lágrimas que se acumularon en sus ojos mientras lo observaba y que ella rápidamente elimino, mirando al cielo y apretando sus labios, fue suficiente para él.

Escuchándola suspirar, la vio pararse con su comida por la mitad.

—Iré por un poco de jugo…¿Quieres una cerveza, cariño?— De nuevo ese apodo que le hacía agitarse. Carol siempre lo había llamado de esa manera, el hecho de que en esos momentos su pecho pareciera retumbar ahora, lo justifico plenamente con la ausencia. Su ausencia dentro de su vida detrás de todos esos años, había causado mucho impacto sobre su persona. En simples palabras, la había extrañado.

Extrañaba escucharla, extrañaba verla.

De pronto la idea lo golpeó fuerte, viendo a su alrededor volvió a clavar su azulada mirada sobre esos ojos claros que esperaban una respuesta a su pregunta. Atenta, con su mirada puesta sobre su persona, dándole la espalda al abrazador sol que atrevidamente se escapaba de la sombra de ese enorme roble donde ellos se refugiaban sobre la silla de madera. A unos metros, tanto Rosita como Sasha y Maggie, descansaban sobre una enorme alfombra donde el pequeño Hershel jugaba con sus juguetes de bebé. Lo suficientemente alejadas para no escucharlos, en su propio mundo de charlas de mujeres.

—¿Dónde te quedaras?—La pregunta ocasionó que ella se volviera a sentar sobre el asiento alzando un poco su sombrero claro, para mirarlo con atención.

—Bueno…Morgan me ofreció quedarme en su hogar con su esposa y su hijo, al igual que Rick y Michonne, no tienen ningún problema con que me quede con ellos y los niños. Incluso Tyreese me invitó a quedarme con él y Sasha, sin problemas. Pero pensaba quedarme por unos días con alguno de ellos, antes de poder conseguir una casa decente para mudarme…—Tras unos segundos, ella no se resistió a confesarle en un murmullo— No quiero volver a esa casa. No quiero y no lo necesito— Él sabía a cuál casa se estaba refiriendo. La entendía., por eso la sugerencia salió de sus labios tal como la había pensado, involuntariamente.

—Quédate conmigo. Tengo otra habitación de invitado aparte de la que le di a Lydia.— Si ella notó su desesperación al decirlo, no lo demostró. Tener a Carol cerca de él, en esa situación en la que ella se encontraba, era lo mejor. Además, la conocía y estaba consciente del amor que poseía hacia los niños, ella lo podría ayudar mucho con Lydia.

—Lo pensare, luego de traerte tu cerveza y mi jugo— Contestó simplemente sonriéndole, alzándose nuevamente para encaminarse hacia la mesa donde un pequeña heladera cerca de la mesa custodiada plenamente por Abraham, mantenía frescas las bebidas.

Como si fuese un espejismo irreal, él la observó hablar con el enorme tipo que rápidamente le acercó las bebidas sonriendo tontamente por debajo de su ordenado bigote rojizo. De inmediato, Rick se había acercado hacia ellos rodeándola con uno de sus brazos sobre su hombro, en un abrazo cálido, fraternal. Desde su posición él no pudo escuchar de lo que hablaban, pero la risa divertida de los integrantes de esa mesa y su sonrisa dulce, le hizo darse cuenta que no solamente había sido él el único idiota que la había extrañado.

—La tía Carol tiene su pelo muy lindo y largo— Una pequeña voz a su lado, lo sobresalto. Observándolo, Judith se sentó en el lugar de Carol, balanceando sus pies una y otra vez en el aire. Sacándole un pequeño pedazo de zanahoria de su plato, la niña se acercó más hacia él masticando el vegetal en silencio.— La extrañaste mucho. ¿Verdad, tío?— Ella le sonrió con una sabiduría no muy propia para su edad, pero así era Judith. Era una niña tan inteligente y dulce, que no dudaba en decir lo que pensaba a quien sea. Tan fuerte y decidida, como su adorado hermano mayor.

Y pensar que ellos, todos ellos, habían visto crecer a estos dos niños desde pequeños. Los habían adorados y criados, como si fuesen suyos. Convirtiéndolos indirectamente en dos mentes tan brillantes, con un juicio mejor que los adultos. Pellizcando su pequeña nariz de botón con fuerza, la vio reír divertida.

—Cállate de una buena vez, pequeña patea traseros— Le enseño la lengua, divertido.

—¡La boca!— Lo regaño berrinchuda, tirando con sus pequeños dedos su oreja. Enseñándole su pequeño dedo medio, ella se volvió a sentar sobre el banco con su mirada aún puesta sobre la mesa principal— Todos la extrañaban. Papá y mamá, se pusieron muy contentos cuando al vieron llegar junto con el tío Morgan. Y Carl, casi se cae por las escaleras cuando escucho su voz decir que había traído galletas.

—Ese mocoso, le conviene haberme dejado alguna— Refunfuño ganándose una risita infantil.

—Yo te guarde una, antes de que Jesús la encontrara y se la comiera— Bien, otro más para agregar a la lista de palizas que tendría que repartir esta semana. Tendría una semana muy agitada, sumándole a la paliza que tendría que darle a Negan, sin ninguna razón aparente. Porque ese desgraciado, con solo respirar ya se merecía una buena paliza.

—Hijo de p…

—Tendrás todas las galletas que quieras de ahora en más. No hace falta que golpees a nadie— Mirándola con una ceja en alto, la vio sonreír con dulzura— La tía Carol te cocinara todas las que quieras, a ti y a Lydia, cuando se vaya a vivir con ustedes…—Maldita pequeña astuta que tenía el descaro de escuchar conversaciones ajenas.

—¿Cómo…

—La tía Carol te necesita, tío.—Dijo con firmeza observándolo por debajo de ese sombrero marrón que una vez había decorado la cabeza de Carl.— Lydia te necesita— con seriedad, ella le dedicó una pesada mirada a la chica del otro lado del patio conversando con su hermano— Pero sobre todo…Tú las necesitas, tío…—Con un suave beso sobre su mejilla, ella se bajó de su asiento para caminar dentro de su hogar donde el pequeño R.J la esperaba para jugar.

Ahora entendía porque el idiota de Negan, tenía una debilidad por esos niños. Al igual que Carl, Judith parecía tener las palabras justas para decir en los momentos justos, dejándote tan desarmado como sorprendido. Cierto escalofrió recorrió su espalda al imaginar lo que serían ambos niños al crecer.

Daryl nunca lo había pensado, pero la fuerte personalidad de Michonne había influenciado mucho en su crianza y con los rasgos ya heredados de su padre. Ambos niños, el adolescente y la niña, tenían ese instinto poderoso de proteger a los suyos, de cuidar y de entender. Pero sobre todo, de reconocer perfectamente el bien y el mal en las personas. La intuición de su madre adoptiva Michonne y la nobleza de su padre, Rick.

Y la pequeña, aquella mocosa de mirada inteligente, con corazón noble. Había notado mucho más que él en esos aspectos: Necesitaba a Carol a su lado para cuidar a Lydia.

Negando con la cabeza se dispuso a levantarse para ir al baño. Con su plato ya vació colocado a un lado. Se abrió paso por entre las personas para llegar hasta el pequeño porche trasero de la casa, subiendo las escaleras con su mirada puesta sobre sus gastadas botas, no notó la presencia que se encontraba a un lado sentado sobre las sillas de caña de bambú que decoraban la casa, hasta ya estar justo a unos metros de ese par de astutos ojos que lo observaron divertido.

—Mierda, hombre…Esa cara de estúpido enamorado, en verdad te queda bien, pequeño Daryl—¡Mierda! Lo que le faltaba…

Frunciendo su ceño se giró levemente para observar como Negan, lo miraba divertido. Su perfecta sonrisa, fue delineada por una lengua rosada que jugueteo un poco, acompañando a esa mirada prepotente y burlesca que empapaba sus rasgos. Con una cerveza en su mano, el alto sujeto se apoyó contra su asiento cómodamente para observarlo por un momento.

Negan, con sus largos miembros y esa actitud astuta, le hacía recordar mucho a un felino. Una peligrosa pantera de pelaje azabache, que no dudaría en darte un buen golpe si te encontrabas lo suficientemente distraído. Con una clara camisa blanca, él estiro sus brazos por detrás de su cabeza haciéndose de una cómoda almohada, analizándolo. Ante su silencio y su mirada de querer patearle el culo, él prosiguió a decir con su mirada puesta sobre las personas en el patio.

—Sabes…Siempre tuve mucha curiosidad por esta tan famosa Carol, que tanto mencionaban Carl y Judith.— Riendo con una risa ronca, rasposa de burla. Él lo observó divertido y con una picardía no disimulada— Ahora que por fin la veo, puedo darme cuenta porqué…

—¿Qué mierda quieres decir?—No quería discutir con ese hijo de puta en la fiesta de la niña, pero carajo. El desgraciado se lo buscaba.

—Fuerte, independiente, inteligente…Pero sobre todo, una mujer muy linda— Tras ver cómo Daryl apretaba sus puños con fuerza, predispuesto a romperle la cabeza, él amplio su felina sonrisa mucho más— Y yo que pensaba que tarde o temprano aparecerías con un hombre de la mano. Ya sabes, con tu eterna soltería y la influencia de tus amiguitos gays, uno puede malinterpretarte muchos las cosas— Aplaudiendo burlonamente, Negan no vacilo en reír con fuerza al verlo apretar sus labios molesto al tocar el tema de sus amigos. El malnacido, sabía muy bien por todo lo que Aaron y Eric, habían pasado a lo largo de toda su relación. Ser homosexuales en un pueblo tan pequeño como ese, era un imán para ser criticados y observados de mala manera por todos esos imbéciles. Sin embargo, estaba consciente de que Negan no se estaba burlando de la homosexualidad de sus amigos, no era su estilo para molestar. Sinceramente, al hombre que tendía a vestir una chaqueta de cuero, poco y nada le importaba la sexualidad de las personas. Sino que él estaba tocándole los cojones, a nadie más que a él y su permanente instinto de proteger a los suyos— De la nada…¡Boom! Una linda hija salida de las pelotas de tu hermano y una hermosa mujer divorciada, que casualmente es lo suficientemente amable como para dejarte permanecer cerca sin llamar a la policía o quejarte de tus pulgas y tu mugre…¡Yo que ti, no lo desperdiciaría!

—¡Cierra la maldita boca, sino quieres que…

—¿Daryl?—La voz suave de Lydia lo interrumpió de pronto. Mirando hacia debajo de las escaleras del porche, la vio abrazarse a sí misma temerosa. Dándole leves miradas tanto a él como al gilipollas a su lado, notando casi en el acto la tensión que los abrumaba.—¿Puedes…¿Puedes mostrarme donde está el baño?— Vacilante, ella le dio una última mirada a Negan antes de dar otro paso hacia él.

—Sígueme—Gruño, adentrándose a la casa. Ese hijo de perra luego se lo pagaría, pero no frente a Lydia.

—Adiós, señorita— Escuchó que Negan le dijo con voz dulzona a Lydia al pasar por su lado. Todo un maldito caballero.

Un maldito caballero cordial con todas las mujeres, niñas o niños que se cruzaran por su camino, sin embargo, un maldito desgraciado sarcástico e hiriente con cuanto hombre se cruzara. Daryl sinceramente, le tenía cierto respeto por el mero hecho de respetar completamente sus propias reglas básicas, incluso cuando era el desgraciado más hijo de puta que se pudieron cruzar en su camino: Nunca tocar ni herir a ninguna mujer, ni a ningún niño. Eso incluía completamente golpear, abusar o tratar de mala manera a cualquiera de los anteriores mencionados. Un código moral, que respetaba al pie de la letra.

Y si alguno de sus hombres era tan imbécil como para no respetar sus propias reglas. Daryl mismo había sido testigo del precio que esos estúpidos tuvieron que pagar por semejante falta de respeto a la autoridad de su líder, cuando en esa disputa años atrás justo en el momento en el que le habían dado una paliza a Abraham y Glenn, uno de los hombres de Negan había aprovechado el disturbio para atrapar desprevenida a Sasha e intentar abusar de ella a la fuerza. Nunca habían hablado del tema, pero estaba segura de que tanto él como los demás, recordaban como Negan personalmente había dejado de reírse de ellos, para prestar atención a lo que sucedía a un lado de ese sucio callejón. Lanzado lejos a ese pesado hombre de arriba de Sasha, de un buen golpe con su bate de beisbol que cargaba en ese entonces, Negan no vacilo ni un momento en romperle tanto las piernas como los brazos a ese tipo que lloraba por piedad. Y como si eso fuera poco, tampoco dudo ni por un momento en ordenar a dos de sus hombres bajarle el pantalón a ese lloroso gordo para que él personalmente arrancara tanto su pene como sus testículos con un cuchillo que ese tipo cargaba en su cinturón. Con su propio cuchillo, Negan lo había torturado hasta hacerlo llorar como un bebé, hasta casi desmayarse.

—¿Te gusta reclamar cosas que no son tuyas, gordito?¿Te gusta aprovecharte de una inofensiva señorita, para poder enterrar tu sucia verga?¿Tan desesperado estás por sexo que obligas a una mujer?...¡Bueno, felicitaciones!¡Mis muchachos te podrán dar mucho sexo, si tan desesperado estás!—Y con eso, Negan en aquella ocasión prácticamente había lanzado a ese tipo de más de noventa kilos sobre una de sus camionetas. Ordenando a dos de sus hombres a divertirse con él como les plazca.—Tienen una nueva putita, muchachos. Disfruten mi generosidad—Daryl todavía recordaba cómo les había dicho a sus hombres, entregando a ese violador a esa manada de tipos que los rodeaban. Al mismo tiempo que ayudaba a Sasha a sentarse correctamente en el suelo, con cuidado. Notando su estado lamentable.

Negan nunca dañaba a mujeres, ni a niños. Quizás su olvidada carrera docente, tenía algo que ver con ello. No lo sabía.

Pensar que ese salvaje tipo que anteriormente se encargaba de la distribución de drogas y armas en la zona, torturando e incluso matando sin dudar a cualquiera que se metiera en su camino, en esos momentos parecía un domesticado gatito de boca sucia que incluso aceptaba a jugar a la fiesta del té con Judith o ayudaba a Carl con la tarea. Era algo irreal.

Sin embargo, ahí lo tenían. Compartiendo una tranquila barbacoa, rodeados de amigos y familia, niños que corrían por sus lados y ciertas miradas amables por parte de aquel que no lo conocía. ¡Un jodido circo! Desde su punto de vista, pero era la casa de Rick y él dejaba entrar a quien quisiera. No era su problema.

Encaminándose por los pasillos atestados de personas que entraban y salían, algunas con fuentes vacías o repletas de comidas, miró a Lydia por un momento antes de mostrarle con la cabeza una puerta cerrada. Parecía estarla pasando bien, o eso detonaba su apariencia serena.

—¿Estás bien?—Le pregunto por un momento, al verla masticarse su labio con nerviosismo. Si ella no se sentía bien de alguna manera, no dudaría en tomar sus cosas y largarse a casa. Lo que menos quería hacer era hacerla sentir incomoda.

Balanceándose de un pie a otro ella se llevo una mano a su oído, masajeándolo una y otra vez. Parecía ser un gesto que le causaba tranquilidad, aunque Daryl estaba seguro que era más un gesto reflejo producto de tener tantos años esa infección en su oído sin tratamiento, que una mueca para calmarse. En el expediente médico que ahora yacía bien guardado en los cajones de su mesa de noche, se relataba concretamente el poco cuidado que había tenido la madre con la salud de la chica, dejando por ejemplo que una pequeña infección como esa se agrandara durante años sin tratamiento. Con suerte, Lydia podía escuchar perfectamente después de todo el pus que los médicos tuvieron sacarle y los antibióticos que le obligaron a tomar una vez hospitalizada. Un descuido total, que generalmente se tendían a dar en esa clase de precarias condiciones en las que anteriormente vivía.

Daryl, aquello no lo sorprendía. Bastaba con recordar las múltiples veces que tanto él como su hermano tuvieron que reacomodar sus huesos sin asistencia médica, después de cada paliza de su viejo o la manera en la cual las heridas en su espalda tardaron en sanar producto de la infección que lo había azotado al no tener una limpieza decente de ellas, agravando aun más las secas cicatrices que dejaron, como para saber que en ese ambiente conflictivo pedir ayuda de los médicos no estaba en la vista de nadie. ¿Cómo podrías explicar los golpes?¿Cómo podrías explicar los huesos hechos mierdas?¿Cómo podías describir cómo llegaron las marcas de hebillas de cinturón en tu espalda?. Los niños en ese tipo de ambientes, no podían hacer eso. No si después querían volver a casa y seguir con vida. Él lo sabía muy bien.

—¿Qué sucede?—Preguntó nuevamente, dedicándole una suave caricia sobre su hombro que por lo visto la tranquilizo un poco.

—Yo…—Con las palabras atoradas en su garganta, ella levantó su mirada afligida hacia él, incapaz de continuar.—Lo siento…Yo…Hace poco que me pasa esto, mi madre no me dijo nada sobre esto...Yo...No sabía que hoy tendría que usarlas…Yo…—Estaba a punto de llorar, y eso lo destrozó por dentro. Odiaba verla de esa manera.

—¿Usarlas?¿Qué tendrías que usar?¿Alguna medicación?— Estaba más que confundido. No comprendía del todo a que se estaba refiriendo, lo cual lo puso nervioso casi en el acto. Se daría un puñetazo a sí mismo, si por algunos azares del destino él se hubiese olvidado o no estuviera enterado de que ella necesitaba usar alguna especie de medicamento. ¿Acaso eso estaba escrito en el expediente médico?¿Por qué no había leído eso?. Además de un par de pastillas que debía tomar cada doce horas, para controlar cualquier infección en los cortes con puntos en sus muñecas y prevenir que una infección urinaria, producto de las pocas condiciones higiénicas y el frió de su anterior hogar, vuelva. Lydia no debía tomar ningún otro medicamento. Pero ahora, al verla mirarlo nerviosamente, lo ponía en duda.

—Toallas higiénicas…Yo dejé en casa, las que esa señora me guardo en la maleta. No pensé que podría necesitarlas…Yo…Lo lamento tanto…—Oh…Con que era eso…

Daryl, se mordisqueo la piel de su pulgar con fuerza. ¡Mierda, era eso!.¿Cómo mierda iba a saber él sobre esos temas?. La única mujer que había vivido en casa cuando era niño, era su mamá y las prostitutas que su viejo llevaba cada tanto para coger. Aunque a esa edad, ni siquiera estaba informado de que las mujeres sangraban por la vagina cada tanto. E incluso Merle una vez, casi se orina de la risa cuando una vez llegó a su habitación un pequeño Daryl de ocho años exaltado, para informarle que la puta que su padre había llevado es noche, había dejado todo su baño ensangrentado y posiblemente estaba herida. Con los años y la brusca explicación de su hermano con respecto a eso, él en su más turbia infancia entendió todo lo que acarreaba el sexo, los cambios que sufrían tanto el cuerpo de las mujeres como de los hombres al crecer. Sin embargo, ni la experiencia sexual que había tenido a lo largo de su vida, ni la convivencia compartida por múltiples mujeres provenientes de su grupo de amigos, lo habían llevado a estar preparado para ese privado tema femenino que las mujeres tendían a tener como algo intimo.

Sintiendo el gusto a sangre en su paladar, apartó su dedo de entre sus dientes para mirar a la pequeña adolescente frente a él observarlo de manera nerviosa. ¡Carajo! Si sabía que esto iba a pasar, echaría a la mierda a esa trabajadora social de su casa, tirándole por la cabeza esos papeles de porquería.

¿Qué mierda iba a hacer?

Por primera vez, desde que ella cruzó su puerta se sintió inseguro. Completamente desarmado para tenerla a su lado y pensar en hacerse cargo de ella. Él no tenía ni una puta idea de crianza, pero de lo único que estaba seguro era que primero se cortaría la polla, antes de dejar que esa chica vuelva a ese nido de enfermos de donde había salido.

Intranquilo, notó como su propio nerviosismo estaba haciendo que ella se sintiera peor. Las lagrimas, ya habían comenzado a acumularse sobre esos enorme ojos tristes que lo miraban con una pena y culpa enorme e inclusive, temerosos y atentos a que el golpe llegara sobre su mejilla. No lo estaban ayudando.

Justo cuando estaba a punto de destrozarse su otro dedo producto del nerviosismo, fue que sintió como una pequeña mano se apretaba contra su brazo con cuidado. Mirando a su espalda, sintió ese perfume dulzón calarse contra sus fosas nasales justo antes de que ella le sonriera para hacerlo a un lado y quedarse frente a la temblorosa muchacha frente a ellos.

—¿Quieres entrar primero?—Tras verla vacilar, Carol no se resistió a llevar esa misma mano hacia su rostro para dedicarle una caricia dulce— Revisa si te has manchado. ¿Si, linda?. Cuando vuelva te ayudare si ese es el caso. Te conseguiré lo que necesitas— Viéndola asentir en silencio, ella miro por un momento la puerta cerradas antes de girarse hacia él y sonreírle ladeadamente.

—Parece que me necesitas mucho por aquí…¿Eh, Cariño?—Ronroneó con dulzura, dándole un juguetón codazo contra sus costillas. Sin borrar su sonrisa, ella se perdió en la sala por un momento, antes de volver con un gran bolso de cuero marrón claro. Rebuscando en su interior, sacó una pequeña barra de chocolate entregándosela contra sus manos— Ve afuera con lo demás muchachos. Yo me encargare de ella.

—¿Segura?—Pregunto no estando muy convencido. Está bien, el no sabía ni una mierda de esos temas, pero Carol no tenia porque hacerse cargo de sus problemas, teniendo en cuenta que ni siquiera conocía a la chica. Pero así era ella, preocupándose siempre por los suyos.

Asintiendo ella le sonrió suavemente. ¡Cuánto había extrañado esas sonrisas!. Carol, siempre se veía hermosa cuando sonreír, e incluso sus ojos parecían brillar más cuando esas sonrisas iban dirigidas a algún ser querido. Y esta vez, no fue la excepción, él tuvo que regañarse internamente por quedarse allí parado mirando como estúpido esa sonrisa completamente dirigida para su persona.

—Daryl…—Escucho que le dijo, justo antes de que él se retirara por completo. Girándose para verla de frente, ella lo observó fijamente a los ojos antes de decirle claramente— Espero que esa habitación en tu casa, todavía esté disponible…¿Me dejas estar a tu lado?—Murmuró ella, con un tono entintado de una risita amable. Pero él notó la manera insegura con la cual le pregunto. ¿Cómo si él fuera capaz a decirle que "no"?

—Siempre— Seguras y firmes, sus palabras salieron con un tono ronco que enmarcaban aún más su acento sureño.

Y ella sonrió nuevamente. Haciéndole creer que definitivamente todo estaba bien, o bien iba a estarlo, siempre y cuando ella se quedara a su lado.

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En mi trabajo, me ha tocado una infinita de veces ver e intervenir en esa clase de negligencia por parte de los padres en algunos de mis alumnos, con respecto a la salud de sus hijos. Estos hechos por supuesto, suelen presentarse por lo general en mayor medida en hogares disfuncionales, como estoy plasmando que era dónde venia Lydia. Un hogar lleno de abusos, poco cuidado hacia los niños, pero sobre todo hostil. Por lo general, esos niños tienden a vivir cosas muy fuertes debido a que se encuentran expuestos a tales condiciones diarias, en donde temas como la violencia, el sexo o el abuso, se encuentran muy presentes.

Pero sobre todo, estoy muy consientes que la información y educación sexual que reciben los chicos en este tipo de condiciones, suelen ser muy poca y errónea. Cuando me tocó dictar unas clases de educación sexual para adolescentes en las condiciones similares a estas, en un barrio de mi ciudad, pude ser testigo de que esto es algo verídico. El hecho de que Lydia se pusiera nerviosa por su periodo, lo quise retratar como la manera en la cual una chica de su edad y en su condición, reaccionaria ante ese hecho. Desinformada, asustada pero sobre todo nerviosa. No me imagino a Alpha, hablando con ella sobre los cambios en su cuerpo y demás temas, como lo haría una madre con su hija. Lo veo normal que ella pareciera tan asustada.

Pero por supuesto, papá Daryl, necesitaba estar presente para sufrir su primera crisis parental XD (?

¡Muchas gracias por leer! :)