Hace muchos años, los habitantes de la tierra contaban que había tres razas diferentes de personas. Uno de ellos fueron los seres humanos que trabajaron duro en la tierra, el ganado y la extracción de metales y otros minerales de las minas más escondidas de sus tierras. Los otros dos tipos de personas fueron llamados "los habitantes del cielo", cualesquiera que sean distinguir una causa de un par de alas que brotaron de sus espaldas viviendo por encima de las nubes.

Esos "habitantes del cielo" son mucho más fuertes que los humanos, y sanaban con sorprendente rapidez. Esos habitantes se dividieron en dos grupos; uno con alas blancas, además de tener ojos azules, eran por naturaleza muy amigables y sociales. El otro grupo tenía las alas negras, y por lo general eran muy mal humorados, agresivos y protectores, además de tener sus ojos rojos que los ayudaban un verso más intimidante.

Todos vivían en paz, ya que los humanos tenían un trato con los habitantes del cielo en donde les daban todo tipo de metales y herramientas obtenidas de sus minas para formar sus armas a cambio de su protección. Pero un día, la maldad de los humanos comenzó a crecer, y los habitantes mágicos del cielo, dejaron de descender a la tierra siendo olvidados cada vez más por las nuevas generaciones de humanos. Dejando todas las historias que quedaron con ellos como una leyenda a la que nombraron: icarus. O al menos… .. eso pensaron que era una leyenda, hasta ahora.

Cientos de años después, dos familias convivían un domingo por la tarde. Una de ellas estaba en un campamento algo alejado de la ciudad mientras que la otra, no tan lejos, simplemente estaba perdida en un automóvil.

La familia del campamento, ya estaban recogiendo sus cosas, listas para retirarse hacia su hogar cuando escucharon ruidos de ramas quebrándose detrás de los arbustos no muy lejos de ellos seguidos de gemidos y el llanto de un bebé. La familia guardó silencio, se miraron unos a otros y llenos de curiosidad por lo que pasó, fueron a ver qué había sido eso. Mientras cruzaban los arbustos, encontramos una mujer con alas negras vestidas con una túnica del mismo color.

La mujer se encontró boca abajo, protegiendo con sus brazos a lo que parecía ser un bebé llorando. Toda la familia se sorprendió al ver las enormes alas negras que se movían de vez en cuando con pequeños espasmos que indicaban dolor.

- ¿Estás bien? - planteó el padre de familia algo temeroso. La mujer alzo su cabeza y los miró a los ojos haciendo que los dos niños que venían con el hombre, corrieran detrás de su madre por el miedo que les causaba debido al color rojo de sus ojos.

- Necesito distraerlos para lo dejen en paz - dijo la mujer, levantándose con su hijo en brazos que no dejaba de llorar.

- ¿A quiénes? - preocupado el hombre algo nervioso. La mujer alada miró a la esposa del hombre y se vio a ella con unos pocos pasos.

- De madre a madre te lo pido. - Extendió los brazos para mostrar a su hijo. - Sácalo de aquí, iré tras ellos. Si la gente del inframundo lo encuentra, yo lo quito. - La esposa del hombre sufrió al niño envuelto en una manta mirando los ojos suplicantes de la mujer alada.

- ¿Qué te ha pasado? - planteó la esposa del hombre.

- Solo ponlo fuera de peligro. - Miro a su hijo por última vez. - Pronto te veré Dark pit - Y con eso, la mujer vestida con la túnica negra, extendió sus alas y salió volando gravemente herida. La familia se quedó sin moverse por unos pocos segundos asimilando lo que paso, hasta que el bebé que lloraba los hizo reaccionar. Toda la familia miró la cara del bebé y los instintos de los padres reaccionaron al ver un ser tan indefenso.

- Vámonos desde aquí, tenemos que ponerlo a salvo - dijo la esposa. Sin decir una cosa más, subieron a su auto y se dirigieron a casa.

- ¿Qué vamos a estar con él, a dónde lo llevaremos? - planteó el hombre asustado.

- Se quedará con nosotros hasta que la madre venga por él - Ya era tarde para el hombre. Su esposa, se había encariñado con el niño. Lo que notaba en la forma de que tenían que tranquilizar al bebe.

- También tiene alas mamá? - Pregunté a un niño que estaba detrás del asiento con otra niña. La madre no había pensado en eso ya que el niño no dejó de llorar. Debió suponer que era lo más obvio ya que era el hijo de esa extraña mujer. Sentó al bebé para revisar su espalda.

Y cuando le quitó la manta, reveló un par de pequeñas alas negras que tenían pequeñas plumas como de algodón. En eso el bebé dejó de llorar. Y toda la familia lo estaba mirando. El hombre de la familia incluso detuvo el auto para mirarlo mejor.

- No te gusta tener alas escondidas, ¿eh? ¿Campeón? - dijo el Hombre tocando una de las pequeñas alas del bebé, haciendo que mirar con ojos café claro. - Al menos sus ojos no son rojos, eso nos da una ventaja.

- ¿Eso significa que lo ayudaremos? - pidió su esposa muy emocionada. El bebé sonrió por un momento y fue lo más tierno que vio en varios días.

- ¿Por qué no ?, Solo es hasta que su madre venga por él. - Volvió a prender su auto y se dirigieron a casa.

- Entonces, ¿tendré otro hermano pequeño? ¿Puedo tocar tus alas? - Pregunté a la chica detrás del asiento estirando una mano tratando de alcanzar las plumas de algodón.

- Solo será por un tiempo. - Miro al bebé y le dédico una tierna sonrisa. - No te preocupes Dark Pit. Te cuidaremos.

Mientras tanto en otro lugar, con la otra familia ...

- Te lo dije cariño, ese era el camino correcto para ir a la ciudad - dijo la esposa del hombre que conducía.

- Lo admito, tenías razón -

- Papi, quiero ir al baño - Dijo un niño pequeño detrás del asiento. El hombre detuvo su auto y cambió a su hijo a unos arbustos cercanos. La desesperación del niño que no aguantaría mucho más. Cuando terminó, el niño corrió para subir al auto con una sonrisa satisfecha dejó atrás a su padre, cuando la esposa se bajó del auto algo preocupada.

- Cariño, mira, es un hombre, ¿crees que este herido? - Señalo detrás de él. Efectivamente, a pocos metros de distancia había un hombre sentado debajo de un árbol protegido por una manta blanca. La pareja se acercó para ayudarlo.

- ¿Estás bien? - La pareja se sorprendió al ver lo que estaba cubriendo al hombre no era una manta blanca, sino una enorme ala blanca.

- Esperan por favor, no teman. No les hare daño. - dijo el hombre alado tratando de levantarse para luego caer en la misma posición. - Necesito su ayuda. - La pareja no corrió al ver que no representaba ningún peligro para ellos, se quedaron para escuchar al hombre alado aun asombrados.

- ¿Qué te ha pasado? - La mujer sufrió la distancia por si acaso.

- El inframundo quiere llevarse a nuestros hijos. Tómenlo mientras los distraigo. Por favor, llévenlo a un lugar seguro, por favor. - Suplico con una mueca en su rostro.

- ¿What? Pero a quien. - preguntó el hombre

- A Pit, mi hijo. - El hombre alado señaló hacia otra dirección cerca de unos arbustos. - Sácalo de aquí, te lo ruego. - La mujer se acercó al lugar que le identificó y encontró un bebé que la miraba con los ojos grises. El esposo de la mujer se unió a ella con asombro para encontrar un bebé en medio de la nada, se miraron confundidos y luego miraron al hombre alado, pero para su sorpresa, ya se había ido.

- Salgamos de aquí - dijo el hombre empujando a su esposa con el niño en brazos.

- ¿Qué aremos con él? No podemos llamar a la policía y contarle lo que pasó. - En eso el bebé comenzó a llorar. - tranquilo Pit no pasa nada. - Intento calmarlo pero no dejó de llorar. Llegaron a su auto y entraron.

- ¿Quién es mamá? - Le permitieron el niño en el asiento trasero.

- Se llama Pit y necesita nuestra ayuda. - El bebé seguía llorando.

- Quítate la manta, tal vez un animal entró. - Su esposa obedeció, descubrieron sus alas mientras el bebé dejaba de llorar. - Debí suponerlo - encendió el auto y se fueron a la ciudad lo antes posible.

- wow ¿son reales mamá? - preguntó el niño asombrado con los ojos bien abiertos mirando las pequeñas alas.

- Será mejor que no le digamos nada a nadie hasta que sepamos qué hacer. -