Antes que nada, quisiera darles las gracias por tomarse su tiempo para leer mi fic.

La premisa de éste es ver mi punto de vista de qué hubiera pasado si Shinji era enviado al pasado luego del Tercer Impacto. Un argumento un tanto, por no decir muy gastado; no solo en fics de Neon Genesis Evangelion, sino también en muchos más animes, series o películas; uno de los más gastados sin duda es Naruto y Naruto Shippuden.

El prólogo es narrado en primera persona por Shinji, ya que me pareció lo más adecuado dado el contexto que le di. Los demás capítulos serán narrados en tercera persona.

No daré fechas aproximadas para la salida de los capítulos, ya que el tiempo libre que tengo varía demasiado debido a mis deberes de la universidad. Publicaré cuando tenga la oportunidad y cuando quede satisfecho con el trabajo.

Sin más que decir, que disfruten la lectura.


Formas de comunicación:

"Diálogos."

"Pensamientos."

*Comunicación vía telefónica, radio, videollamada, o altoparlantes.*

—Comunicación vía mensaje de texto.


Neon Genesis Evangelion: Redención

— Prólogo —

Me hallaba vagando por un mundo destruido. El dia no era más que un recuerdo, puesto que ahora la tierra estaba sumida en una noche perpetua; una noche muy hermosa pese a todo. Era plenamente visible la vía láctea. Todas esas miles de millones de estrellas, que se encontraban a miles de millones de años luz me hacían sentir realmente pequeño e insignificante. También se podía apreciar que la tierra ahora contaba con un sistema de anillos de color escarlata, semejante al de Saturno.

Vagaba sin rumbo fijo, ya que no importaba a donde fuera, no encontraría nada ni a nadie.

En ese momento me encontraba caminando por la orilla de un mar de sangre, o al menos eso parecía. Oía a las olas romper y sentía una cálida brisa que no era para nada placentera; era muy caliente, casi sofocante y muy húmeda. A mis zapatos se les gastaron las suelas de tanto caminar, puesto que sentía la arena entre los dedos de mis pies; esta sensación tampoco era agradable dado que la arena era demasiado áspera y seca. Mi boca estaba tan seca como la arena bajo mis pies; no recordaba la última vez que bebí algo.

Mis sentidos registraban la incomodidad, pero mi mente la ignoraba. Había pasado tanto tiempo en esa situación que ya no me importaba, simplemente había dejado de sentir.

Seguí caminando por la playa durante días, semanas o meses; que más daba, el paisaje y mi situación no cambiarían.

Tras algún tiempo más, vi algo que rompió la monotonía de mi amargo recorrido. Tendida sobre la playa, había una persona. Aunque era la primera persona que veía en mucho tiempo, no aceleré mi caminar para acercarme a ella.

Cuando estuve a su lado, me di cuenta de que se trataba de una chica pelirroja. La conocía, sentía que la conocía, pero no era capaz de recordar su nombre... espera... no podía recordar mi propio nombre.

Traté de recordar, sin embargo, mi mente estaba vacía. Me forcé a recordar y sufrí de un fuerte dolor de cabeza, uno tan fuerte que me hizo arrodillarme. Comencé a escuchar un zumbido que se hacía cada vez más fuerte entre más trataba de recordar quién era. Quería detenerme, el dolor era demasiado, pero quería saber cuál era mi nombre y cómo fue que llegué hasta ese lugar.

Tras algunos agónicos segundos, a mi mente llegaron unas imágenes borrosas y confusas. Vi a un niño llorar junto a una maleta, a lo lejos se veía a un auto alejándose.

"¿Ese niño soy yo? No consigo recordar."

Aquella imagen se desmoronó y fue reemplazada por la del mismo niño pero un poco mayor, quien se hallaba sentado en un pupitre mientras que un viejo profesor trataba de explicarle algo, pero éste se molestó debido a que el niño no lograba entender, así que procedió a golpearlo con una regla de madera.

Pude sentir el dolor de los golpes, o más bien recordarlo, lo que me dio a entender que efectivamente estaba viendo mis recuerdos.

La siguiente imagen que vino a mi mente fue una en la que me hallaba sentado en clase. Estaba rodeado de personas, sin embargo, me sentía invadido por un profundo sentimiento de soledad.

El próximo recuerdo que tuve no fue una visión, sino un conjunto de melodías melancólicas que llegaban a mis oídos. Eso desató otro recuerdo, o más bien una visión, puesto que era una abstracción; yo estaba huyendo de varias figuras espectrales, no eran personas, si no mis problemas y mis temores. Escuchaba esa canción para escapar de ellos, y funcionaba, pero solo hacía que se añadiera uno cada vez que me refugiaba en la música. Algún día serían demasiados y me alcanzarían, no obstante, me resultaba indiferente mientras existiera aquel confort temporal.

Un recuerdo más vino. Estaba sentado sobre mi cama. Mi tutor, aquel profesor que solía golpearme con una regla, me entregó una carta de mi padre.

Quedé confundido, puesto que no recordaba a mi padre... espera... lo recuerdo, fue él quien me abandonó junto a ese profesor. Si, ahora lo recuerdo, recuerdo la cara inexpresiva con la que me miraba mientras subía de regreso a su auto; yo no le importaba. Entonces, ¿por qué me veía feliz al recibir una carta suya?

Luego me pregunté: ¿Y mi madre? Me esforcé por recordarla, pero no había ningún recuerdo de ella en mi mente, ni siquiera su nombre. Seguí tratando de forzarme a recordarlo, pero aquel zumbido regresó, y con más fuerza que antes. Mis demás sentidos se habían ido, ahora sólo sentía que flotaba en un líquido viscoso.

Llegó una nueva oleada de recuerdos que no tenían nada que ver con lo que deseaba saber. Seguía sin conocer siquiera cuál era mi nombre. Traté de desechar esos recuerdos para poder encontrar uno que me ayudara a recordar.

Me vi a mí mismo escribiendo mi nombre en un examen. Shinji Ikari, ese era mi nombre. Me sentí feliz al recordar mi nombre, ya tenía una identidad, sin embargo, seguía sin saber qué estaba pasando a mi alrededor.

Mi mente regresó a aquel momento en el que mi tutor me entregó la carta de mi padre. Rasgué el sobre con mis manos temblorosas y leí lo que decía la carta mientras mi corazón subía hasta mi garganta. Lo que decía la carta era:


Shinji, deseo que vivamos juntos a partir de ahora. Si aceptas mi propuesta, toma un camión hacia Tokyo-3 mañana por la mañana; te adjunto un boleto. Alguien pasará para recogerte y llevarte conmigo, su número telefónico está escrito en el reverso de una foto suya que viene junto con la carta.

Tu padre, Gendo Ikari.


No supe porque me veía tan emocionado. Tan solo recordaba haber visto un par de veces a mi padre durante todo el tiempo que estuve al cuidado de aquel viejo profesor, y él no parecía muy animado al verme. Supongo que estaba más feliz por largarme de ese lugar que por reencontrarme con mi padre.

El recuerdo se desvaneció de repente y fue sustituido por otro. Me encontraba contemplando aterrorizado a una gigantesca criatura humanoide de más de 60 metros de altura, la cual estaba destruyendo todo a su paso. Luego vi a muchas otras criaturas igualmente enormes, que aunque no eran iguales o tan siquiera parecidas, si recordaba que por alguna razón las llamábamos Ángeles.

"Si... lo recuerdo... yo era un piloto... un piloto que luchaba contra estos Ángeles y... ¡Oh! ¡Dios¡"

Pude ver cómo esas criaturas atacaban sin piedad a lo que parecía ser un robot gigante de color morado, el cual yo utilizaba para pelear contra ellos. Cada golpe, corte, fractura y en general cualquier daño que el robot sufriera yo lo sentía como si me lo estuvieran haciendo a mí. Sentí que mi cráneo era atravesado de lado a lado, que mi brazo era retorcido de una forma imposible hasta que se rompió en múltiples pedazos, que mis palmas se quemaban. que mi pecho era atravesado por lo que parecía ser un rayo de energía, que sobre mi piel era derramado ácido.

"¡Paren!" Grité, y mi plegaria fue escuchada, los recuerdos se detuvieron.

Me pregunté por qué me había vuelto un piloto de EVA, esos eran los nombres de los robots que pilotábamos. Era algo que jamás haría. Luego recordé que mi padre era el comandante de NERV; fue él quien me chantajeó para hacerlo, y para ello usó a una chica, quien era otra piloto, la cual se encontraba gravemente herida.

Mientras observaba a aquella chica, quien se hallaba tendida sobre una camilla, ocurrió una explosión que hizo que las lámparas del techo se desprendieran y se precipitaran sobre mí. Cerré los ojos y escuché un fuerte sonido metálico. Al abrir los ojos, vi que el EVA había movido su brazo para cubrirme de los escombros que caían. Todos parecían extrañados, incluyéndome, pero también me sentía extrañamente a salvo.

Yo no quería que aquella chica sufriera, así que accedí a pilotar el EVA.

Verla sufriendo en mis brazos fue muy doloroso, pero para mi alivio llegó una seguidilla de lo que parecían ser buenas memorias. Me hallaba comiendo con una mujer de unos 30 años, se veía muy animada. Misato... su nombre era Misato Katsuragi. Ella se convirtió en mi nueva tutora cuando llegué a Tokyo-3. Era alguien muy alegre, me sentía bien a su lado, aunque logré recordar que me hizo pasar algunos momentos bastante bochornosos.

Luego vi a un par de chicos. Uno parecía ser un deportista por su complexión y manera de vestir; el otro era algo escuálido y usaba anteojos. Touji y Kensuke, esos eran sus nombres. Recordé que pasamos unos momentos muy divertidos. Perdí la cuenta de cuantas veces me vi esperándolos fuera de la oficina del director a causa de que ellos intentaron espiar en los vestidores de las chicas.

Vi otro recuerdo donde me encontraba junto a ambos en el patio de deportes. Touji y Kensuke estaban hablando entre sí, mientras que yo me encontraba viendo a una chica de cabello corto de color azul y ojos rojos; ella me estaba mirando también. No la estaba viendo por interés, no era que me gustara, sino que la veía con curiosidad, quería saber por qué era así, tan callada y sin emociones.

"La recuerdo... cómo no iba a recordarla... su nombre era Rei, Rei Ayanami, ella era aquella chica que mi padre usó para chantajearme."

Recordé que apenas y habíamos tenido un par de interacciones, pero recuerdo que se veía linda mientras sonreía. Sentí una conexión con ella, no una romántica, sino una que es muy difícil de expresar con palabras, supongo que lo que más se le asemeja es el sentimiento de hermandad.

Luego vi a otra chica, quien, al contrario de Rei, tenía una fuerte personalidad y era muy expresiva. Era pelirroja y tenía un marcado acento extranjero, alemán, si no lo recuerdo mal.

"La recuerdo... la recuerdo muy bien. Su nombre era Asuka, Asuka Langley Soryu. Ella... ella me gustaba." Tras tener aquel pensamiento, sentí algo de calor en mis mejillas.

Tuve varios momentos agradables con ella, otros no tanto. Solía insultarme por ser cobarde. Me dolía, me dolía de verdad, más que cualquier daño físico, aunque sabía que no podía negarlo. Analizando bien aquellos recuerdos noté algo. Asuka parecía tener cierta atracción por mí.

"Cómo no pude darme cuenta, era tan obvio. Aquella vez en la piscina, la vez que dijo que nos besáramos por diversión, la vez que quiso dormir junto a mí. Soy un tonto."

Mi cerebro hizo clic en ese momento. La persona que estaba tendida sobre la arena era Asuka.

Mi vista se aclaró y regresé a la realidad. Más consciente que nunca, me vi horrorizado cuando aprecié detenidamente el lugar en el que me encontraba.

A lo lejos se veían ruinas de lo que otrora fue una gran ciudad. Era Tokyo-3, si no estaba equivocado. Los edificios estaban hechos añicos, tanto que apenas eran reconocibles. Casi todo lo que quedaba de ellos estaba sumergido en aquel mar de sangre.

Lo que parecían ser unas grotescas estatuas que estaban en posición de crucifixión se encontraban a algunas decenas de metros de la playa; parecían estar burlándose de Dios, tal vez lo desafiaban a venir o quizá era una señal de que el mismo había abandonado este mundo.

Pero eso no fue lo que más me impactó. A muchos kilómetros a la distancia se podía ver una cabeza gigante, completamente blanca que miraba hacia el firmamento. La reconocía... era el rostro de Rei.

No sabía que estaba pasando, aun así eso no era importante en este momento; debía ver cómo se encontraba Asuka.

Regresé la mirada hacia ella. Podía ver con claridad como inhalaba y exhalaba, señal de que respiraba. Sentí que un gran peso fue removido de mis hombros.

"Asuka." La llamé, pero no contestó.

"Vamos, Asuka, larguémonos de este lugar." La tomé por el brazo y tiré con fuerza, sin embargo, ella no reaccionaba en lo más mínimo.

Pronto sentí mucho cansancio; había pasado tanto tiempo desde que me sentí así. Caí sobre mi trasero y jadeé en busca de recuperar el aliento.

"¿Qué te pasa, Asuka? Vámonos ya." Seguí tratando de hacer que reaccionara, pero todos mis esfuerzos eran infructíferos.

Tomé su pulso. Estaba viva, clínicamente hablando, pero al ver sus ojos me di cuenta de que no tenían brillo, carecían de alma; aquello solo era una cáscara vacía.

Me arrodillé, acaricié con suavidad y ternura su mejilla y cerré sus párpados. Seguí sollozando, mis lágrimas caían sobre su hermoso rostro.

Todo se volvió oscuridad, a penas podía sentir mis extremidades, pero sentía claramente como las lágrimas rodaban por mis mejillas y el contacto de mi mano con la piel de Asuka.

Luego vino la seguidilla de recuerdos más desgarradora de todas.

Tokyo-3 se hallaba bajo ataque otra vez. Yo me encontraba en mi EVA, pero seguía en el lugar donde los guardaban. Le estaba suplicando a mi padre que me dejara ir a ayudar a Asuka, quien estaba gritando de agonía por el canal de comunicación. Mi padre se negó rotundamente y me vi obligado a quedarme sin hacer nada para ayudarla. Quedé petrificado, sin poder cortar la comunicación. Tuvieron que pasar varios minutos para que el Ángel fuera destruido por Rei, quien para ello usó una extraña lanza de color rojo a la que mi padre se refirió como Lanza de Longinus.

Los gritos de Asuka se detuvieron. Me sentí aliviado, pero eso duró poco, ya que apartir de ese momento su mente quedó muy deteriorada. Con el paso del tiempo cayó en coma.

Fui todos los días a verla al hospital. Hablaba con ella de cosas triviales, aunque sabía que no podría oírme; le hablaba de las tonterías que hacían Kensuke y Touji. Algunas veces me reía, pero jamás obtenía respuesta. Llegué a pensar que me estaba comenzando a volver loco, pero eso me ayudaba a sentirme un poco mejor; la música ya no tenía el mismo efecto que antes, comenzaba a ser alcanzado por mis miedos y problemas.

El siguiente recuerdo que tuve fue de cuando otro Ángel atacó. Rei se estaba enfrentando a él por cuenta propia. Nuevamente mi padre me había ordenado permanecer en espera hasta que diera la orden de salir.

Rei luchó valientemente, pero el Ángel la superó con facilidad. Fue entonces que mi padre me dio la autorización para ir en su ayuda. Traté de separar al Ángel de Rei, pero éste comenzó a contaminar mi EVA. Vi algunos recuerdos de Rei, recuerdos que me hicieron comprender quién era en realidad. Estaba horrorizado por lo que vi. Rei era un clon de mi madre que mi padre creó para un fin que desconozco.

Mientras eso me ocurría, Rei decidió sacrificarse para eliminar al Ángel. Lo contuvo dentro del cuerpo del EVA y luego activó la secuencia de autodestrucción. El EVA de Rei explotó creando un gran cráter que eventualmente se llenó de agua, convirtiéndose así en un nuevo lago. La explosión dañó tanto a la ciudad que prácticamente toda la población civil fue evacuada.

Que Asuka estuviera en coma, que Rei hubiera muerto para salvarme y que Kensuke y Touji se fueran de la ciudad junto a sus familias me destruyó emocionalmente. Otra vez me sentía tan solo.

Días después, un nuevo piloto de EVA fue enviado a lo que quedaba de las instalaciones de NERV. Su nombre era Kaworu Nagisa. Su cabello era plateado y sus ojos eran rojos, muy parecidos a los de Rei. Era alguien bastante extraño, por la forma en que me hablaba me hizo pensar que era homosexual, pero aparentemente no, solo no sabía como expresarse; algo que lo hacía ser aún más parecido a Rei. A pesar que me ponía un tanto incómodo, su presencia me reconfortó hasta cierto punto.

Luego me enteré de que Rei estaba viva. Nuevamente vi que mi oscuro sendero era iluminado. Rei estaba bien, Asuka tenía altas probabilidades de salir del coma y había hecho un nuevo amigo.

Sin embargo, mi felicidad fue efímera. Un nuevo Ángel apareció, y esta vez se encontraba dentro del cuartel de NERV. Llegó a las jaulas de los EVA y se hizo con el control de la Unidad 02.

Fui enviado para interceptarlo antes de que llegara hasta el nivel más bajo de NERV, el Dogma Terminal. La lucha final contra los Ángeles se libraría justo frente a las puertas de titanio que los separaban de lo que tanto habían estado buscando.

Al llegar al nivel más bajo y ver a mi enemigo, mi corazón se detuvo. Flotando sobre el hombro del EVA se hallaba Kaworu, quien en realidad era un Ángel.

Le exigí respuestas, a lo cual respondió enviando a la Unidad 02 a detenerme mientras él iba a por lo que sea que estaba buscando.

Derroté a la Unidad 02 luego de algunos minutos, entonces me dirigí hacia Kaworu, quien estaba contemplando a un gigantesco ser humanoide blanco sin piernas, cuya cara estaba cubierta por una máscara púrpura de forma ovalada.

Podía ver a través de las pantallas que la cara de Kaworu reflejaba decepción.

Atrapé a Kaworu en la mano de la Unidad 01. Al principio opuso resistencia con su Campo AT, pero luego cedió por deseo suyo. Entonces me miró a los ojos y me pidió que lo matara.

Yo me negué, puesto que sentía que pese a todo seguía siendo mi amigo. Sin embargo, en el fondo quería venganza contra los Ángeles por el daño que le hicieron a Asuka. Con mucho remordimiento en mi corazón, oprimí el gatillo y aplasté a Kaworu. La mancha de sangre que dejó sobre la Unidad 01 no se comparaba con la que había dejado en mi alma; había asesinado a un amigo.

Luego de eso, mi mente quedó hecha un caos. Apenas comía, bebía o dormía. Pasaba todo el tiempo encerrado en mi cuarto tratando de escapar de mis problemas por medio de la música, pero ya no funcionaba; eran demasiados mis problemas y mis temores, finalmente me habían alcanzado.

Así pasaron unos cuantos días hasta que llegó el acontecimiento que devino en la situación actual del planeta.

SEELE, la organización que estaba detrás de NERV, atacó para hacerse con el control de Adan y Lilith con el fin de iniciar lo que ellos y mi padre llamaban Complementación Humana. No sé realmente qué era eso, pero sé que la batalla fue más que sangrienta.

Todo empezó temprano por la mañana cuando todas las naciones del mundo que contaban con una copia de MAGI, las cuales eran un conjunto de tres supercomputadoras, intentaron hackear la MAGI original para obtener el control de toda la base. Sin embargo, sus planes fueron frustrados y tuvieron que recurrir a la fuerza.

Se envió a prácticamente todos los miembros del JSSDF para asegurar el cuartel general de NERV. Sus órdenes eran no tomar prisioneros, todo el personal de NERV debía ser ejecutado en el acto sin importar si era el conserje o el comandante de la base.

Me quedé bajo unas escaleras en una sala muy oscura. Escuché disparos y gritos, los cuales solo aumentaban mi dolor. Tras algunos minutos, unos soldados del JSSDF me encontraron y me apuntaron con sus armas. No me importaba, de hecho, estaba deseoso de morir. Sin embargo, alguien quería que permaneciera vivo.

Misato apareció y asesinó a los tres soldados que me apuntaban. Me arrastró en dirección a las jaulas de los EVA, quería que saliera a matar al resto de soldados que había fuera.

Durante el trayecto, nos topamos con más soldados. Misato eliminó a varios, pero recibió un disparo mortal en su espalda. Con sus últimas fuerzas me llevó hasta un elevador que me llevaría directo a mi EVA. Antes de presionar el botón, Misato me besó en los labios y me dijo algo que no puedo recordar.

Me quedé petrificado viendo la Unidad 01. Seguía habiendo explosiones por todos lados. Una de ellas hizo que algunos escombros cayeran sobre mí. Pero como aquella vez, el EVA 01 movió su mano para impedirlo.

Ahí fue cuando lo comprendí y pude recordar qué fue de mi madre. Ella, al igual que mi padre, trabajaban para la organización que precedió a NERV. Mi madre estaba llevando acabo una prueba con la Unidad 01. Algo salió terriblemente mal y mi madre desapareció dentro del EVA como me ocurrió a mí en la pelea contra el doceavo Ángel. Sus gritos... Dios, sus gritos. Los EVA no eran robots, eran seres biomecánicos que necesitaban de un alma para funcionar.

Aquella sensación de calidez y seguridad que sentía al estar dentro del EVA era por que el alma de mi madre se encontraba dentro, protegiéndome. Ahora lo sabía.

Me llené de determinación y subí al EVA, solo para encontrarme con la escena que terminó de destruir mi psique.

El EVA de Asuka había sido dañado a tal punto que no era más que una masa de vísceras regadas por el suelo. Mi corazón se retorció al recordar que todo lo que el EVA sufriera también lo sufría el piloto. Estúpidamente abrí un canal de comunicación con la Unidad 02 con la esperanza de que los técnicos hubieran roto la conexión con el EVA antes de que fuera muy tarde. Lo que vi me horrorizó más que cualquier otra cosa. Grité con tal fuerza que mis cuerdas vocales se desgarraron.

Luego solo pude ver un muy confuso desfile de memorias que apenas duraban un parpadeo, muchas de las cuales no eran mías.

Los recuerdos pararon y todo lo que vi fue oscuridad, la cual se fue unos segundos después, y pude ver de nuevo aquel paisaje desolador. Me desplomé y comencé a llorar.

Estuve así por algunos minutos hasta que oí una voz familiar a mis espaldas, se trataba de la voz de Rei.

"¿Te arrepientes de algo?" Preguntó Rei con su habitual tono sin emociones.

"Me arrepiento de ser débil, de ser un cobarde, de no poder proteger a los que me importan." Respondí con total sinceridad.

Tan sumido me hallaba en mi dolor que no le tomé importancia a haber escuchado la voz de alguien más, puesto que estaba convencido de que solo se trataba de un producto de mi imaginación.

Me sentía sin fuerzas, quería morir. Hubiera preferido vagar por la eternidad sin consciencia que recuperar mis recuerdos.

"¿Estarías dispuesto a remediarlo?" Me preguntó una voz masculina, la cual identifiqué como perteneciente a Kaworu.

"Lo haría, pero nadie puede cambiar el pasado."

Rei y Kaworu se miraron entre sí y sonrieron.

"Si tuvieras la oportunidad de cambiar el pasado, ¿lo harías?" Me preguntó la voz de Rei.

"Lo haría sin dudarlo." Respondí sin titubear.

"Qué hay de todo el sufrimiento que pasaste al enfrentar a los Ángeles, ¿pasarías por eso otra vez?" Me preguntó la voz de Kaworu.

"Eso no es nada comparado con el dolor que he sentido al darme cuenta que todo esto ha sido por mi culpa, al dolor que he sentido al estar completamente solo. Ahora me doy cuenta de que mi situación jamás cambiaría si me quedaba sentado esperando que alguien cambiara las cosas por mí."

Rei y Kaworu parecían satisfechos con mis respuestas. Una vez más cruzaron miradas y se sonrieron antes de acercarseme más.

"Tenemos una buena noticia para ti, Shinji." Me dijo Rei con una voz inusualmente feliz, para sus estándares.

"¿De que se trata?" Pregunté por reflejo únicamente. Ya había perdido todo deseo de seguir adelante, pero mis palabras anteriores eran del todo sinceras, si se me daba la oportunidad de cambiar el pasado, daría todo de mí para asegurarme de que no ocurriera el Tercer Impacto y que yo pudiera estar junto a Asuka y a las demás personas a las que consideraba importantes.

"Hemos decidido enviar tu alma al pasado junto a tus recuerdos para que puedas cambiar la historia." Dijo Kaworu. También se le oía bastante animado, aunque en él no resultaba ser tan raro como lo era con Rei.

"Que más desearía, pero eso solo está al alcance de un dios."

Poco sabía Shinji que a su espalda había justamente un par de dioses.

Ambos colocaron una de sus manos sobre uno de mis hombros, lo que me hizo darme cuenta de que no estaba alucinando. Me giré y ahí estaban, Rei y Kaworu sonriendome.

"Confiamos en que cambiarás el curso de la historia para mejor." Dijo Rei.

"Tienes la capacidad para hacerlo, solo debes confiar en ti, Shinji. Dijo Kaworu.

"Solo recuerda esto: Se es frío o caliente, a los tibios los vomita Dios." Dijeron al unísono.

Tras que me dijeran eso, mi vista se nubló y tuve la sensación de estar cayendo. Traté de gritar, pero me fue imposible. Traté de aferrarme a algo, pero no había nada, absolutamente nada.

Pasados unos segundos, por fin sentí algo. Me encontraba acostado en una cama, cubierto por una sábana. Me levanté de golpe y jadeé con fuerza.

Cuando recuperé un poco la compostura, analicé mi entorno. Me hallaba en la habitación que ocupaba cuando vivía con aquel viejo profesor.

"¿Fue todo aquello un sueño?" Me pregunté mientras me frotaba la cara, que estaba bañada de sudor. "No. Tengo todo grabado a fuego, no se trata de un sueño muy largo." Pensé mientras me arrastraba sobre la cama para alcanzar el reloj digital sobre mi cómoda, el cual también daba la fecha.

Era primero de julio del año 2015, exactamente un mes antes de que mi padre me enviara la carta donde me pidió mudarme a Tokyo-3.

"Supongo que me enviaron un poco más atrás para que mi mente pudiera recuperarse de todo lo que pasó." Pensé mientras salía de la cama.

"Sin embargo, no comprendí qué quisieron decirme con esa frase." Pensé y las voces de Rei y Kaworu reververaron en mi cabeza. "Se es frío o caliente, a los tibios los vomita Dios."

Me sonaba vagamente haber oído esa frase en alguna parte, pero no sabía dónde. Fuí a refrescarme al lavabo del baño, y mientras pasaba por el pasillo, vi a mi viejo tutor leyendo la biblia, como cada mañana. Al hacerlo recordé que fue a él quien le escuché decir esa frase en alguna ocasión. Me armé de valor por unos segundos antes de preguntarle sobre el tema.

"Profesor Yagami." Le llamé, parándome bajo el marco de la puerta.

El viejo profesor se quitó sus anteojos de lectura y me miró con un deje de molestia.

"¿Qué quieres, Ikari?" Preguntó el profesor Yagami con voz áspera y ronca.

"Quisiera que me dijera qué significa la frase: Se es frío o caliente, a los tibios los vomita Dios."

El profesor Yagami parecía algo sorprendido. Solía hablar extremadamente poco con él, y cuando lo hacía hablaba con timidez y jamás lo miraba a los ojos. Esto debía ser algo nuevo para él.

Aunque seguía pareciendo disgustado con mi presencia, suspiró y se aclaró la garganta para responder.

"La Biblia dice que los tibios son un problema porque nunca se deciden en lo que quieren. El tibio tiene dos personalidades, mitad de Dios y mitad del mundo. Santiago 1:8 - 8 El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos. En palabras que puedas entender, uno debe escoger un solo camino y seguirlo hasta el final sin importar lo que pase y jamás dudar que ese camino es el que deseas seguir." El profesor Yagami le dio un sorbo a la taza de café que tenía a su lado.

"Gracias, profesor." Sonreí un poco y seguí mi trayecto hacia el lavado.

"¿Qué mosco le picó?" Oí decir al profesor Yagami mientras me alejaba.

Sonreí al escucharlo, puesto que significaba que había cambiado aunque fuera un poco.

Llegué al cuarto de baño, abrí la llave del lavabo y mojé mi cabeza y mi cara con agua fría.

"Con que elegir un camino y seguirlo hasta el final. Comprendo. Sé por dónde empezar." Pensé mientras veía mi reflejo en el espejo.

Salí del baño y me dirigí de regreso a mi habitación. Sobre mi escritorio estaba mi reproductor SDAT. Me acerqué a el, lo tome y extraje la cinta, la cual contenía todas aquellas canciones tristes en las que me refugiaba de mis problemas.

"Fue suficiente autocompasión para una vida. Es tiempo de ser valiente." Apreté el cassette con mi poca fuerza hasta que logré romperlo.

Arrojé los restos del cassette en mi papelera. Este era el albor de un nuevo Shinji.