Este fanfic esta ubicado en el anime realizado por Gonzo, después del capítulo 13.

este capitulo a sido beteado por la maravillosa Lechuga loca, gracias lechu, no me hubiera animado a escribir esto sin ti en primer lugar.

este fanfic también sera posteado en wattpad.

sin mas por decir disfrute de la lectura.


Prólogo

Habían pasado ya tres meses desde el incidente de Incógnito, desde que fue capturada y puesta en prisión como presunta traidora a la Corona. Qué equivocados estaban. Ella, que había dado todo por defender a su país, ¿y así era como le pagaban? Aún cuando la reina le había hablado personalmente para decirle que el encarcelamiento era temporal hasta que encontraran al verdadero culpable, el tiempo pasaba inescrutable y cada vez era más tentador caer ante las sugerencias de su sirviente, que no cesaba en sus intentos de convencerla. Pero eso era algo imposible, ella era una Hellsing orgullosa y él solo un buitre al acecho.

La atmósfera se enfrió de un segundo al otro, y el escalofrío característico que le provocaba la cercanía de su vampiro se hizo presente. Integra rodó los ojos «Hablando del rey de Roma».

Alucard se materializó en una esquina. Sus pupilas rojas se posaron en ella antes de escanear la habitación.

—Maestra —ronroneó—, veo que no ha probado bocado de nuevo —sus ojos volvieron a ella junto a una sonrisa sardónica extendiéndose por su rostro—. Si continúa así, no le daré los puros que me pidió. No puede continuar fumando como chimenea sin darle el mantenimiento adecuado a la casa —avanzó despreocupado, aún con la semisonrisa colgando de los labios—. A menos que dejaras de ser humana —ofreció para rematar su reproche.

Integra frunció el ceño.

—De nuevo con tu propuesta. Ya te dije que no, Alucard, ¿por qué esa manía tuya?

—Porque para ellos solo eres una oveja más para sacrificar. Pero para mí, eres única.

Los ojos azules de la mujer lo observaron con precaución cuando ella tiró la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared.

—Y la agente Victoria, ¿qué es para ti?

La sonrisa creció.

—Mi draculina solamente, y un orgullo. Ha mejorado mucho últimamente. Incluso rescató a Walter del hospital donde pretendían eutanasiarlo —soltó, como quien habla del clima.

—¿Eutanasia? —todo el cuerpo de la rubia se removió, impactada ante la noticia— ¿Por qué no me dijiste que seguía con vida, y que casi lo asesinan de nuevo? —reclamó, enojada y preocupada a la vez.

—Porque no lo sabía. Así como yo vengo a visitarte para ver si necesitas algo, Seras, al darse cuenta que él seguía con vida, ha ido a verlo diariamente.

Integra dejó escapar un suspiro cansado.

—Esto no puede continuar así. No logran dar con el traidor aún y yo estoy aquí sin poder hacer nada.

El vampiro tomó asiento a su lado. Podía ver la impotencia en su rostro y eso le molestaba. Esa mujer tan maravillosa se vería marchitada solo por la incompetencia y corrupción de sus supuestos aliados y supuesta reina. La sola idea le atormentaba.

—Alucard, ¿podrías darme un consejo? Y no hablo de tu oferta… ¿qué debería hacer? ¿crees que debería solicitar hablar con la reina nuevamente? —su voz sonaba cansada. Las ojeras y su palidez solo aumentaron la preocupación de su compañero.

—No creo que sirva de algo hablar con su majestad —admitió—. Así que si no quieres que te convierta, al menos déjame sacarte de aquí.

Integra lo miró sorprendida, pero apreció meditarlo antes de responder.

—Si huyo, automáticamente seré culpable. Y disolverán la Organización. Mi vida ya no tendría sentido.

—Deja de vivir para ellos —se acercó más. Ella se veía débil, tal vez si seguía presionando finalmente accedería, por lo menos a huir.

—Me siento cansada de todo, Alucard, ¿puedo pedirte un favor?

—Por supuesto, Ama.

Ella dudó un poco, mientras el vampiro observaba con mucha atención. Eso era interesante, tal vez aceptaría la propuesta, tal vez…

—¿Podrías abrazarme y dejar que duerma un poco? El catre no es cómodo y me está matando la espalda.

Eso lo tomó por sorpresa un segundo, pero sonrió y abrió los brazos.

—Claro, Ama. Mi cuerpo está a tu disposición para que hagas lo que quieras con él.

A pesar de las dudas iniciales que siguieron a su solicitud, Integra se acercó. Recordaba que cuando era más pequeña Alucard la arrullaba para dormir cuando la acosaban las pesadillas. Tomó valor y se subió a su regazo, el vampiro estrechó os brazos a su alrededor.

—Esto me trae recuerdos —dijo, abrazándola con fuerza mientras recargaba el mentón sobre su cabeza.

—No intentes hacer nada raro mientras duermo.

—Seré un monstruo, pero tengo principios —se rió.

Integra bostezó mientras se le cerraban los ojos: Eso espero.

Pasaron los minutos y la respiración de la rubia era tranquila. Alucard no pudo evitarlo y comenzó a acariciar su cara; pobre de su ama, era infravalorada por esos viejos bastardos, inclusive la reina parecía apoyar la opinión de ellos; Integra era una mujer fuerte, pero tenía sus límites; las ojeras, la piel pálida, la pérdida de peso y el cabello opaco eran signos evidentes de que si seguía así iba a morir pronto. La única muerte que aceptaría de su parte era una en la cual renaciera como su igual, no había otra opción.

Estaba tan concentrado en esos pensamientos que no notó que la puerta se abría y por ella entraba un guardia. El hombre se sorprendió al ver la escena: Sir Integra acurrucada en los brazos de un hombre ¿no se suponía que estaba en prisión solitaria? Carraspeó. Alucard volvió su atención a él.

—¿Podría despertar a la Sir? Es de suma importancia que le entregue un mensaje.

El vampiro gruñó, su ama apenas había dormido unos minutos hasta que ese desgraciado venía a despertarla. De todas formas, movió su hombro con cuidado.

—Ama, despierta. Tienes un mensaje —Integra se quejó en su sueño, malhumorada—. Hay un guardia aquí que necesita decirte algo.

Los ojos azules se abrieron con rapidez, girando hacia la puerta y enfocándose en la figura del hombre. Trató de levantarse con prontitud, pero el cambio repentino le causó mareos. Alucard la sujetó y la ayudó a sentarse en la cama.

—Sir Integra, es mi deber informarle que se ha encontrado al verdadero culpable de la traición a la Corona. En cuestión de horas se le liberará y podrá volver a su hogar nuevamente. La reina lamenta que haya tenido que pasar por esta situación. Queda claro su lealtad a su Majestad y al país. Que pase una buena noche.

Integra quedó sorprendida, sin saber cómo reaccionar, ¿debía gritar, festejar, quejarse porque demoraron demasiado? El hombre ya daba media vuelta y lo único que atinó a murmurar fue un "gracias".

Por el contrario, Alucard estaba enojado y feliz a la vez. Su ama era libre, pero ¿dónde estaban las disculpas, las vidas de soldados perdidas? Hasta se había puesto en riesgo su propia vida, ¿Integra solo lo aceptaría así y ya? Había estado allí durante tres meses, su salud estaba siendo gravemente perjudicada.

—Muy bien, ¿nos vamos, Maestra? —Alucard le ofreció el brazo.

—Solo dentro de unas horas me liberarán.

—Es solo papeleo. No quiero que pases ni una noche más aquí.

El vampiro se acercó y la abrazó. Integra se sorprendió, él se estaba tomando demasiadas libertades; de pronto, todo se volvió negro y sintió frío durante un instante. Ya no estaban en la prisión, parecía que ahora era su propia habitación. Integra jadeó ante el cambio.

—¡¿Qué demonios?!

—Disculpa el desorden, no hemos podido limpiar apropiadamente, Ama. Pero por lo menos puedes tomar un baño y dormir por fin en tu cama.

No serviría de nada discutir con él, y además estaba cansada, así que siguió el consejo y se fue directo al baño por una ducha. Al verla alejarse, Alucard regresó a sus pensamientos. Tal vez Integra accedería a su propuesta con el paso del tiempo, había algo ahí; tal vez ella llegaría a cambiar de idea y lo aceptaría. No se dio cuenta que había pasado casi media hora de pie en el mismo lugar socavando sus ideas, hasta que ella salió de la ducha. La rubia lo miró suspicaz.

—¿Has estado ahí desde que entré al baño?

Alucard sonrió para compensar su desliz.

—Estaba pensando —se disculpó.

—Pues podrías pensar en otra parte. Necesito cambiarme.

El vampiro se giró, dándole la espalda.

—Listo Ama. Eso es todo lo que puedo hacer, no me apartaré de tu lado por ahora.

Un rictus de cansancio e ira cruzó los rasgos de la mujer ante el desafío, cuestionándolo.

—Solo quiero estar a tu lado, Maestra. Es mi deber protegerte.

Integra resopló. Estaba cansada y de verdad necesitaba dormir, discutir con su vampiro no servía de nada. Accedió de mala gana.

—Pero no me espíes —añadió, antes de cambiarse con rapidez. Solo una bata y ropa interior antes de comenzar a cepillar su cabello. La cabeza oscura giró a mirarla antes de que él preguntara en voz alta.

—Maestra, ¿puedo?

Integra sostuvo el cepillo contra su cabeza antes de ceder. Los movimientos ondulantes del cepillado la relajaron al nivel de comenzar a dormitar. Ahogó un bostezo.

—Será mejor que vaya a la cama —Alucard le ofreció una mano, conduciéndola hasta la cama. Alisó el cobertor una vez que ella estuvo bajo las sábanas y se dispuso a abandonar la habitación. La voz adormilada de su Ama lo detuvo.

—Quédate conmigo hasta que duerma.

Sonrió, dándose media vuelta para volver y sentarse en una esquina de la cama. Cuando la respiración de la rubia era estable, decidió acostarse a su lado y abrazarla. No hubo resistencia.

Viéndola dormir, Alucard solo podía pensar en lo mucho que deseaba que esa mujer fuese suya. La protegería para siempre, la haría feliz a su lado, así como él disfrutaba esos raros momentos sin resistencia entre ambos. Estrechó su abrazo pensando hasta cuándo ese simple intercambio sería suficiente para contener sus deseos por su Ama…