Capítulo 6: Ódiame.

Las pesadillas continuaron. Integra se estremecía mucho mientras dormía; es hipócrita de mi parte decirlo ya que soy el creador de sus tormentos, pero ver que no logra descansar ni en sus sueños me hace sentir mal… ¿Acaso ya he quebrado la cordura de mi amada y solo me queda el despojo de una muñeca rota?Pasan los días y ella sigue sin hacer mucho. Es como si su existencia se hubiera reducido a dormir y mirar el vacío; cuando mucho cambia de habitación en habitación, aunque a veces su subconsciente la traiciona y se sigue aferrando a mí como si fuera su única salvación. ¿Cómo lograré sacarte de ese estado? Solo lloras en silencio o te estremeces presa de las pesadillas, esto no era lo que deseaba, créeme; solo quería que estuvieras a mi lado por siempre, solo quería que me amaras como yo lo hago… A la mierda todo. Si es necesario que me odies aún más para que recobres ese brillo en tu mirada y dejes de ser solo una muñeca rota lo haré, después de todo del odio al amor hay solo un paso, y aún si consigo tu odio por el momento será suficiente, porque tengo todo el tiempo del mundo para esperarte, para esperar que me ames…no deseo ver tu mirada vacía de nuevo.

Alucard salió a cazar y consiguió un humano sospechoso que intentaba deshacerse de un cuerpo. Integra no diferenciaba aún la vida de las personas de las que se había visto obligada a beber, así que para ella todos eran almas inocentes arrancadas a la fuerza por el vampiro.

Esta vez decidió dejar al humano vivo, encerrado en una de las habitaciones del sótano mientras traía a la mujer a la habitación. Necesitaba sacar una reacción fuera de su estado depresivo.

El hombre no sabía dónde se encontraba, pero al notar la presencia de las otras dos personas comenzó a pedirles ayuda. Alucard sonrió maliciosamente. Colocó a Integra cerca del sujeto, y éste pensó que ella era otra prisionera del extraño tipo del abrigo negro que los había secuestrado. Se acercó a la mujer para moverla.

—Hey, chica, reacciona —comenzó a sacudirla levemente—. ¿Sabes dónde estamos y quién es este sujeto?

Integra comenzó a reaccionar lentamente. El vampiro, al notarlo, se acercó al hombre y le rasguñó la mejilla, lo suficientemente profundo como para conseguir que la sangre corriera libre.

—¿Alu…card?

Sonrió. Al fin su amada había dicho su nombre, no importaba si era el de criado, por lo menos era una reacción luego de tantos días en silencio.

—Vamos, Integra. Come —dijo en un tono demasiado alegre.

El hombre miró sospechoso a Integra también.

—¿Comer? ¿de qué estás…?

La chica le daba una mirada angustiada, notó que sus ojos pasaron del color azul que habían tenido a uno rojizo, igual a su secuestrador; había colmillos sobresaliendo por sus labios delgados también. Retrocedió.

—¡No, por favor! ¡No me hagan daño! —gritó asustado tratando de alejarse lo más posible de la extraña pareja.

Integra también se alejó lo más que pudo al darse cuenta de lo que estaba sucediendo en la habitación. Se giró para mirar al vampiro.

—Alu..

La interrumpió antes de que acabara de decir su nombre.

—Lamento interrumpirte después de pasar los últimos días sin escucharte, pero solo quiero recordarte, Integra, que me debes llamar por mi nombre real.

Ella se estremeció al recordar la manera en la que él le exigió que utilizara ese nombre y no el que le había dado su ancestro.

—Bien. Vlad —había apenas un tinte de ironía en su tono.

Alucard sonrió de nuevo, logrando que el sujeto se estremeciera ante la vista de los colmillos.

—Mucho mejor, Integra. Ahora, como buen proveedor que soy traje tu cena. Vamos, bebe.

Integra se encogió al sentir el tono de voz del vampiro, eso había sonado como una orden y eso era exactamente lo que era. Su cuerpo se veía obligado a moverse en contra de su voluntad y cumplir los mandatos de su maestro. Por lo menos en sus pesadillas no era real el hecho de tener que matar para alimentarse…

Comenzó a moverse en dirección al aterrado hombre, que tembló visiblemente al ver a la linda chica rubia gateando en su dirección. Sus profundos ojos rojizos eran hipnóticos y se encontró paralizado, incapaz de apartar la mirada. Lo entendió entonces: ese era su fin, era imposible salir vivo de allí.

Integra llegó muy cerca de su presa. Quería detenerse, pero su cuerpo continuaba moviéndose ajeno a su voluntad, siguiendo las órdenes de su amo. Solo le quedaba suplicarle para acabar con aquello antes de que hiciera algo horrible.

—¡Vlad, basta! A Seras no la obligaste a beber así —rogó, tragándose el poco orgullo roto que quedaba en sus venas.

Vlad se cruzó de brazos, pensando.

—Eso se debe a que tú y Walter irrumpieron mi método de educación con la chica policía. Pero ella era solo una distracción, a mí me importas mucho más y es necesario que te alimentes. Así que ahora, ¡bebe!

Sintió un estremecimiento cruzar su columna vertebral, necesitaba cumplir con la orden, por mucho que quisiera negarse rotunda. El pobre desafortunado que había atrapado el vampiro parecía estar temblado y la miraba horrorizado desde su posición acorralada, sin poder moverse. Llegó frente a él y notó la herida infligida por el vampiro. El olor de la sangre fresca era tentador, como si la llamara, pero necesitaba ser más fuerte que eso; no podía simplemente encajarle los dientes. Acercó la mano derecha hacia el pecho contrario y lo sintió temblar bajo su toque. Poco a poco, luchando contra sus propios instintos, acortó la distancia entre ambos y lamió la sangre que rezumaba de la mejilla. El sabor cobrizo bailó en su lengua con deleite y casi se perdió el gemido mezcla de placer y terror que su presa dejó escapar a través de los labios apretados. De pronto la mano del vampiro estaba en su visión, tirando con brusquedad de la cabeza del hombre hacia un costado, enseñándole así el cuello bronceado.

—Aquí. De esta manera —gruñó. No se oía demasiado feliz con los hechos.

Los colmillos de Integra se enterraron en sus propios labios mientras luchaba por desafiar la orden directa. Al notarlo, Vlad acabó por cortar el mismo un tajo en la piel del tipo. El hombre gritó y se retorció, sin poder soltarse mientras su cuello ardía por la herida recién hecha.

Integra perdió la lucha. El aroma de la sangre y el ardor interno de cumplir las órdenes ganaron la batalla y ella terminó por encajar los dientes en esa pobre alma en desgracia. Levantó sus brazos para abrazar al hombre mientras acababa con su vida, disculpándose con él en algún lugar de su mente. El cuerpo robusto se agitó un poco, los ojos rodaron hacia la parte posterior de la cabeza y su mano pesada cayó flácida a un costado de la rubia. Vlad hizo una mueca de disgusto ante la escena, ese abrazo había sido totalmente innecesario.

A lo largo de algunos minutos, Integra dejó caer el cadáver. Miró aterrorizada sus manos.

—No…

Brazos fuertes la rodearon por detrás.

—Lo hiciste muy bien, Integra. ¿Cómo te sientes?

—¿Por qué me obligaste a hacerlo?

—Me pregunto si así dejarás de auto despreciarte. Tú no tienes la culpa de que yo te controle, no puedes hacer nada. Si necesitas odiar a alguien y enojarte, hazlo conmigo. Yo fui quien te arrastró a este mundo.

Integra no quitó la vista de sus manos pálidas.

—Es verdad. Pero no fui lo suficientemente fuerte para controlarte…

La voz melosa del vampiro le hizo cosquillas en la oreja.

—En vez de estar llorando y quejándote, deberías enfrentarte a mí. Lucha contra mí, vuélvete fuerte, derrótame. Vuelve a recuperar tu honor si eso es lo que deseas —tentó.

Integra bajó sus manos y se movió para separarse de él. Lo miró con las cejas alzadas ante el inesperado discurso, peor no parecía que él estuviera mintiendo o burlándose.

—Pero eso no significa que te lo dejaré fácil, querida. Voy a ser rudo contigo —sonrió.

—Y yo no seré un simple cordero al que puedas sacrificar de nuevo, Alu...Vlad.

Ante sus palabras, un brillo de interés asomó en los orbes rojizos antes de que el vampiro la tomara con fuerza del rostro y la acercara a él para lamer las comisuras de sus labios, saboreando los restos de sangre en ellos. Integra trató de apartarlo, interponiendo sus manos.

—No, Vlad, ¡detente!

—No puedo. Una vez que te probé no me pidas que me detenga porque no puedo.

La lengua fría corrió por su mandíbula. Ella gruñó en desacuerdo.

—Te odiaré por siempre si te atreves a tocarme de nuevo.

—Ódiame si así lo deseas. Pero sabes muy bien que al final lo disfrutaste tanto como yo.

—¡No, basta!

Su grito fue cortado por el beso abrupto, lleno de colmillos y restos de sangre.

feliz año nuevo.

gracias a las personas que aun continúan leyendo esta historia.