Esa noche estaba feliz, porque era uno de los mejores arquitectos de la empresa, claro que la destitución de Sirius como presidente de la constructora me preocupaba pues esa noche estábamos en un coctel para recibir al nuevo presidente quien se haría cargo de la empresa de ahora en adelante.

—No va a pasar nada— decía Sirius bebiendo una copa de champaña, —Mi querido sobrino estará tan ocupado que ni siquiera los notará.

—Tú eres un irresponsable, Sirius— dijo Remus con un ligero nerviosismo que se notó en el temblor de su mano al beber de su propia copa.

—Créeme, Rem. Además, él no es preci...— su réplica se interrumpió cuando el nuevo presidente hizo por fin acto de presencia.

Era muy joven, Harry esperaba que al menos tuviera la misma edad que Sirius, pero al parecer tenía su misma edad, alto, rubio y tan atractivo que debía ser un crimen. Harry sintió un ligero estremecimiento al ver a ese chico de ojos grises.

—Lamento mucho la tardana— dijo con voz fría, Harry estaba más que seguro que no lamentaba absolutamente nada.

—Querido sobrino— dijo Sirius arrastrando a Harry frente al rubio.

—Sirius— aunque parecía ser un saludo por la ligera inclinación de cabeza que hizo el nuevo jefe, Harry se dio cuenta de que alguien con menos caradura que Sirius se hubiera amilanado.

—Estas aquí...

—Lo cual no hubiera ocurrido si tú cumplieras con tus obligaciones.

—Vamos Draco, no querrás asustar a toda la empresa con esa cara, ¿verdad?— dijo con su sonrisa marca Black que le servía para salir airoso de muchas situaciones, pero Harry dudaba que le funcionara esta vez. —Te presento a Harry Potter, uno de nuestros más prometedores arquitectos.— Sirius debió intuir lo mismo que pensó Harry, así que lo arrojo a él al ruedo.

Los fríos y duros ojos se posaron en él y por un momento esa dureza menguo, Harry contuvo un suspiro al ver la mano que le tendió el rubio, la tomo de inmediato si dejar los ojos de ese chico.

—Es un placer, señor Potter, mi nombre es Draco Malfoy. He tenido la oportunidad de apreciar algunos de sus planos y me agrada saber que al menos Black ha hecho un buen trabajo en su contratación.

Harry asintió de manera solemne, realmente se sintió orgulloso de ser notado de esa manera. Sirius le entrego una copa al nuevo presidente, que sin darse cuenta había estado sosteniendo la mano de Potter, eso desde descoloco a ambos muchachos, Draco tomó la copa y bebió un sorbo para no hacer énfasis en el momento extraño que había compartido con el joven de ojos verdes.

Fue entonces que Harry lo notó y casi se atraganta, aquel delgado hilo que siempre fue largo e infinito, estaba allí, rojo vibrante colgando lánguidamente entre la mano del rubio y la suya. Era lo suficientemente largo como para balancearse entre los dos. Su nuevo jefe, el dueño de toda la maldita empresa, de medio país, era nada más y nada menos que la persona destinada para él.

No, no, no, no, eso en definitiva era un no. No había una sola posibilidad de que ellos...

—¿Harry? ¿Te sientes bien?

La voz de Sirius lo saco de su bruma mental, no podía ser, amaba a Ginny, no podía hacerle eso, no quería hacerle eso. Ellos eran caras opuestas del mundo, Draco Malfoy lo tuvo todo, él vivió en la miseria, Draco era, rico, atractivo y podía tener a la mujer u hombre que le antojara con solo parpadear, nada ni nadie se le negaría, no solo por la conveniencia de su apellido, que incluso era noble, él en sí era atractivo como el demonio.

—No, si me disculpan debo ir con mi novia, ya es tarde...

Harry quería salir corriendo, huir de ese hilo maldito que de nuevo venía a hacer estragos en su pobre corazón, pero si esa hebra miserable quería guerra, él estaba dispuesto a darla.