¡Hola! Soy yo de nuevo. Aquí les traigo una nueva historia que tenía muchas ganas de escribir...

Por cierto, aquí está la descripción completa porque fanfiction no me deja poner más palabras.

"Varios años tras graduarse de la universidad, Minami Kotori vuelve decidida a Tokio. En ello, se dirige a la casa de su vieja amiga, Nishikino Maki, con la esperanza de que ella conteste todas sus preguntas e inseguridades, sin esperar que el precio a pagar por las respuestas que busca, sería rememorar aquellos años llenos de nostalgia en la universidad. Años donde experimentó el verdadero amor, donde sus acciones tocaron fondo y las consecuencias de tales decisiones acabaron con ella y la persona que más le importaba".

No tengo más que decir, disfruten la lectura n.n


1. Roots

Habían pasado cinco segundos desde que tocaron el timbre de la modesta mansión Nishikino y seis desde el segundo timbrazo que fue mucho más largo que el anterior. La mansión era algo pequeña para la de su clase, pero muy bonita y elegante. Se ubicaba en un barrio lujoso y de buena reputación de Tokio, con sus paredes color rojo vivo bajo la luz del radiante sol mañanero, sus grandes ventanas cristalinas y su puerta de caoba que se abrió segundos después que los murmullos se hicieran presentes.

La dueña de la vivienda salió, manipulando un celular con sus manos mientras contestaba una llamada con otro que tenía entre su hombro y su oreja izquierda. Ni se molestó en mirar al frente, pues se veía muy ajetreada.

—¡Sea lo que sea que vendas, no lo queremos! —exclamó en medio de su frustración, dirigiéndose a la persona que había tocado la puerta—. ¡Ya le dijimos a tu jefe por teléfono que no le compramos a tiendas de segunda...!

Segundos después de encarar al supuesto vendedor, su voz y palabras se fueron apagando a la par que sus ojos lilas lograban reconocer con gran perplejidad a la persona que tenía en frente. Su cara de cansancio y molestia había cambiado a una de confusión en estado puro. Una confusión que no se manifestaba en ella desde sus años en la universidad.

—¿Kotori...? —pronunció sin poder creerlo, mientras el celular se resbalaba de sus manos terminando en el suelo.

—¡Hola, Maki-chan! —respondió la susodicha, luego de recoger el celular por ella y enseguida abrazó a su vieja amiga.

Maki Nishikino no lo creía, y a la vez, se sentía avergonzada después de decir todas esas palabras delante de su amiga. Su rostro se tornaba igual de rojo que su cabellera, algo que ya no sucedía con tanta frecuencia en ella.

—Ha-hace mucho tiempo que no te veo... Nozomi me había comentado, hace como un año, que todavía estabas en el extranjero... —de pronto, recordó que todavía estaba en medio de una llamada y le dijo a su amiga "Espera un momento" mientras le decía a un tal Michael que hablaría con él más tarde. Agradeció a Kotori por recoger el celular, lo tomó y guardó junto al otro en el bolsillo de la bata blanca que llevaba.

Las dos mujeres permanecieron mirándose un momento. Maki analizaba a Kotori. Ella había cambiado mucho desde la universidad. Llevaba prendas elegantes y un poco extravagantes que coincidían con la carrera de la que se había graduado y un lindo bolso negro. El color grisáceo de su cabello se había acentuado más; su rostro se veía más maduro, correspondiendo con la edad que aparentaba y había dejado el aire rebelde que la caracterizaba en aquella época. Sin embargo, sus ojos ambarinos se veían igual de sombríos que el día en que se graduaron.

Y aunque Kotori también se le quedó mirando, era por otra razón. Estaba esperando a que la invitara a entrar. Maki tardo un poco en entenderlo.

—¡Oh, claro! Pasa por favor...

—Gracias —respondió mientras atravesaba el umbral y era guiada por su amiga hacia la sala—, ¿Dónde está Nico-chan? Me gustaría saludarla.

—Está de viaje con las niñas en Kyoto... debería estar volviendo mañana...

—¿En serio? ¿Y qué pasó contigo? ¿No deberías estar viajando con ellas?

—Oh, no. Estuve algo ocupada y no pude viajar... Esta semana he estado de aquí a allá en el hospital, más de lo normal. Así que me tomé un fin de semana libre para variar, y poder recibirlas... Pero, aun así, parece que el trabajo me persigue hasta en la casa jaja... Toma asiento, voy a traer algo de beber, ¿Té o café?

Kotori respondió té, y la Nishikino salió a la cocina a prepararlo mientras también preparaba el café que tanto la tranquilizaba en las horas de trabajo. Lo iba a necesitar. Tener a Kotori en su casa la tenía un poco nerviosa. No solo por la imprevista visita, sino también porque con ella, volvían recuerdos de su pasado que no quería recordar, y no estaba segura si quería traer de vuelta.

—Es una bonita casa, Maki-chan —comentó sentada desde el sofá marrón. Se mantenía distraída observando las paredes color beige, las pinturas de arte abstracto y fotos familiares que estaban colgadas.

—Gracias —volvió con las dos bebidas y le entregó la suya en manos. Estaba caliente, pero no lo suficiente para quemar y se podía observar el aló de vapor que emanaba de este. Después, trajo una azucarera de la cocina y la dejó en la mesita frente al sofá—. Ya le puse un poco de azúcar, pero por si quieres más... —dijo y se sentó junto a Kotori—. Ehh, por cierto... ¿Cómo sabías dónde vivo? —pregunto tartamudeando, para una respuesta que muy probablemente ya conocía.

—Fue fácil —le dijo y luego dio un sorbo a su té—. Está muy dulce, perfecto diría yo, veo que aún recuerdas que me gustan las cosas dulces, Maki-chan —sonrió y continuó respondiendo a la pregunta—. Solo le pregunte a Nozomi-chan. Ella me dio la dirección.

—Ella... es tan típico de ella... —dio un sorbo a su café, queriendo quitarse la breve amargura que le había dado, pero por obvias razones no pudo—. ¿Cómo has estado?

Y así, las dos se sumergieron en una conversación que duraría unas buenas horas. Era algo muy fácil que sucediera, en especial con alguien como Kotori, pues tenía un don para crear y mantener conversaciones de la nada. La plática iría desde unas pocas anécdotas graciosas que sucedieron entre las dos en la universidad, logros personales, trabajo, que ocurría en sus vidas en estos años y ahora en la actualidad. Maki finalmente había logrado heredar el hospital de su familia, se había casado con el amor de su vida, Nico Yazawa y tenían dos hijas. En cuanto a Kotori, después de la graduación, obtuvo una oferta de trabajo de una empresa diseñadora de moda en París. No tuvo más opción que aceptar y vivió ahí siete años, de los cuales solo necesito uno para dominar el idioma por completo. Su carrera había despegado a un ritmo inesperado, y en poco tiempo, ya se había hecho un nombre en la industria. Sin embargo, volvió a Japón hace dos meses porque necesitaba un cambio de aire, extrañaba a su madre y el vacío que tenía desde hace casi una década no pudo ser llenado por el éxito que tuvo en Francia. Todavía seguía trabajando para la empresa francesa, pero ahora solo bastaba con enviar sus diseños por internet. Aunque era probable que volviera a Francia en el futuro.

—París debe ser una ciudad muy bonita, de seguro no tiene comparación con Tokio —comentó Maki.

—Ambas tienen su encanto... Pero, creo que, extrañaba mucho a Tokio... Me alegra mucho haber vuelto.

—Eso es bueno, Kotori —hizo una breve pausa. Había una duda que la mantenía intranquila—. Oye, no quiero sonar grosera, estoy feliz de volver a verte —confesó—. Pero me preguntaba, ¿Por qué has vuelto ahora? Es decir, después de tanto tiempo, pudiste haber vuelto antes.

—En realidad... tengo otra razón por la cual he regresado a Japón. Es cierto, había vuelto hace dos meses, pero no le mencione a nadie porque quería volver a adaptarme a este ambiente que es muy diferente al que tenía en París, además debía arreglar unas pequeñas cosas que había dejado atrás. El clima, las calles, las personas, todo es muy diferente a París y… no sé, quería rememorar lo que era vivir aquí. Y también... tenía miedo... Desde antes de volver, tenía miedo. No estaba segura de si debía actuar, no sabía si debía atreverme a dar ese paso. Pero al final, lo hice, lo decidí, volví, y no voy a retroceder. Ya estoy aquí y no me iré hasta cumplir con lo que me propuse —Kotori hizo una breve pausa mientras tomaba un respiro, luego miró directo a su amiga—. Maki-chan, quiero que me digas donde esta Umi-chan.

Había tocado un punto delicado. Maki sabía que ese era el motivo del regreso de Kotori, pero quería negarlo pensando que tal vez ya lo había superado y que solo pasaba por aquí en una amigable visita, después de todo, las dos ya eran unas treintañeras.

—¿Por qué crees que yo sé dónde está? De seguro, hay otras personas que lo saben. —La Nishikino se había puesto más seria.

—Nadie lo sabe. Además, tú eras su mejor amiga.

—Tú también lo fuiste.

—Sí... y espero volver a serlo.

—Escucha Kotori, ha pasado mucho tiempo... casi todas nos hemos distanciado por nuestras nuevas vidas y oportunidades que se presentaron en el camino, y no estoy segura de sí crees que todavía hablo con Umi-

—Pero es así, entre las dos, sabemos que nunca te apartarías de ella, incluso ahora.

Era verdad, pero eso no significaba que Maki le daría la respuesta que ella buscaba. Recordando el pasado y todo lo que había sucedido, la doctora ya tenía una respuesta preparada.

—Lo siento, pero no creo que deba decírtelo. Ha pasado mucho tiempo y siendo sincera, creí que ya la habrías superado —soltó un suspiro—. Las dos terminaron muy mal y... no me gustaría ver a Umi, ni a ti, a las dos, de esa forma otra vez. Kotori... Umi nunca entró en detalles conmigo, pero la chica estaba destrozada, mencionó algo de que rompiste su confianza y... cielos, de solo recordar su rostro me hace sentir mal... Además, cuando te vi el día de la fiesta en la playa... lucías devastada. No quiero verlas así otra vez.

—Era una situación diferente y ahora nos encontramos en otra totalmente diferente. Aunque sea quiero hablar con ella.

—Kotori-

—No intentes persuadirme —le cortó—, tampoco intentes mentirme... Maki-chan, sé que ella está en Estados Unidos.

La sorpresa no tardó en manifestarse en ella, pero luego volvió en sí, y encaró a Kotori.

—¿Que te hace creer eso?

—En primer lugar, tu rostro. Siempre te fue difícil ocultar las cosas, como a Umi-chan, al menos cuando estaba conmigo. Y segundo, hace unos meses, cuando aún estaba en Francia, encontré algo muy interesante en una pequeña librería de mi barrio.

Maki asintió frunciendo el ceño. Ya estaba imaginando por dónde iría el asunto.

—Nunca dejé de pensar en Umi-chan y aun después de nuestro rompimiento seguí buscándola —confesó Kotori—. No la forma aterradora de un Stalker, como tú te lo imaginas, sino de una como solo yo podía hacerlo, buscando en la sección de best sellers más recientes de los libreros. Tú y yo sabemos muy bien como es Umi-chan, una mujer muy brillante y con una capacidad para escribir sin comparación. Siempre supe que se convertiría en escritora, ya sea a mi lado o no. Es algo de lo cual nunca tuve duda. Yo solo debía buscar de esta forma, sabía que en algún momento la encontraría. Con los años, fui perdiendo las esperanzas y en años más recientes estuve a punto de darme por vencida, hasta que la encontré —tomó otro sorbo de su té y lo colocó en la mesa—. Aún tengo los antiguos manuscritos que ella me regalaba y me dejaba leer muy bien guardados en mi memoria, y en físico —los sacó de su bolso y los colocó con cuidado sobre la mesa, agarró uno de ellos y continuó su explicación—, aun los leo, y siguen pareciéndome muy bellos. Solo bastaba con buscar en la sección de best sellers algún parecido en la forma de escritura, la creación de la trama, los personajes; sabía que así podía encontrarla y así fue. Encontré esto —Kotori sacó un libro de su bolso. Era de color negro, tapa dura y algo grueso por la cantidad de páginas que tenía. En la portada mostraba a una persona atrapada en una grieta solitaria, oscura y rocosa, mientras un grupo de personas arriba intentan ayudarla a salir de ahí. Se lo entregó a Maki y pronunció el nombre de la obra—: "Rock Bottom" de Skyler Gunn. Se publicó el año pasado, por lo cual es reciente. Todo en sí de este libro había llamado mi atención y a la vez se me hacía muy sospechoso. Cuando le di un vistazo a la solapa, no había foto alguna de la autora, la biografía solo contaba la trayectoria que había tenido su carrera literaria como autora de bestsellers desde su primera publicación en 2027, y que vivía en Estados Unidos. Además —agregó—, el nombre de la autora parece ser un seudónimo.

Maki palideció ante todo el descubrimiento de Kotori. Ella, al notar eso, en un gracioso gesto, levantó una ceja.

—Cuando encontré el libro, este no se encontraba sellado —continuó Kotori—. Lo que significa que tuve total libertad de leerlo. Bueno, hasta que llegó un empleado de la librería diciéndome que no podía leer de esa forma en el lugar. Me había sentado en el suelo mientras tenía todos los manuscritos esparcidos por ahí —soltó una pequeña carcajada mientras recordaba—. Fue algo inevitable, cuando terminé de leer el primer párrafo, me fue imposible parar. La escritura de Umi-chan ya era muy buena de por sí, pero no creí que pudiera evolucionar tanto... A medida que leía, los ojos se me ponían llorosos y empezaba a sonreír. Las palabras que leía cobraban forma en mi cabeza y recuerdos, hermosos recuerdos, volvían a mí. Pues varias de las cosas escritas aquí, están basadas en cosas que nos sucedieron a Umi-chan y a mí. No estoy enojada con ella por hacer eso, muchos escritores lo hacen; más bien estoy aliviada —abrazó el libro—. Recuerdo que cuando lo leí pensé "Parece una locura", pues por fin había encontrado lo que estuve buscando por tanto tiempo. Maki-chan, he encontrado a Umi-chan. Estoy convencida de ello —aseguró Kotori mientras las tinieblas que se ocultaban en sus ojos desaparecían por atisbos de esperanza—. Por favor, dime que no me equivoco... Dime que lo que hice no fue en vano, y que... al fin puedo ir a buscarla...

Quizá si hubiera sido la Maki Nishikino de hace ocho años no hubiera dicho ni una palabra y la hubiera ignorado. Pero ella ya no era la misma persona. El tiempo y su familia la habían vuelto más empática. Viendo ahí a su vieja amiga, con los brazos temblorosos aferrándose a un oscuro libro, el rostro preocupado y los ojos brillosos desesperados porque su incertidumbre desaparezca; no podía dejarla así. Quizá no habían sido las mejores amigas, pero Kotori había hecho mucho por ella en el pasado. Le presentó al amor de su vida y le ayudó con su problema, quizá no de la mejor manera, pero lo intento. Y sus ojos no le engañaban, la persona que estaba enfrente de ella había cambiado, al igual que ella.

Maki soltó un cansado suspiró, uno que guardaba desde hace muchos años, y sonrío.

—Está bien. Tienes razón, ella está en Estados Unidos. Te diré dónde está ella —de manera inmediata, la preocupación desapareció de Kotori, una sonrisa apareció en su rostro y lágrimas de alivio se asomaron por sus ojos—, con una condición. Tienes que contarme todo lo que sucedió. Sin mentiras. Absolutamente todo lo que les pasó desde que se conocieron en la universidad hasta ahora.

Tal vez era la oportunidad perfecta de Maki para saber lo que había sucedido. Después de todo, Umi nunca se lo había contado, y era muy probable que nunca lo hiciera. Dependiendo de lo que escuchara, ella decidiría si decirle a Kotori el paradero de Umi o no. Aunque ella presentía que terminaría diciéndoselo de todos modos, debía tener parcialidad para asegurarse que no estaba trayendo los problemas que caracterizaban a Kotori hacia Umi.

—Esperaba que dijeras eso —confesó Kotori secándose las lágrimas—. Solo te diré que la historia no será bonita la mayoría del tiempo.

—Eso es más que obvio por como terminaron.

—Es una historia un poco larga...

—Tenemos todo el día.

No había de otra. Kotori aceptó. Pero le dijo que debían ir a otro lugar, uno donde su memoria esté tranquila y donde sus recuerdos fluyeran con naturalidad. Las dos se pusieron en marcha, llevando comida en una canasta y una manta como si de un picnic se tratara, subieron en el auto de la Nishikino, un Ford Mustang del 2019 color rojo. Un auto viejo para estos tiempos. Y con Kotori al mando, salieron de la mansión.

Fue un camino largo, pero tranquilo y sin complicaciones. Breves conversaciones surgían, acompañadas de la música de radio, un cielo claro y un sol resplandeciente. De fondo sonaba 'Georgia' de Vance Joy, y el ritmo de la canción no salió de la cabeza de Kotori hasta que logró llegar a su destino. Mientras tanto, debía mantenerse entretenida.

—He visto que tienes muchos libros en esas estanterías de la sala —comentó Kotori sin despejar la mirada del frente.

—Sí, no son todos. La mayoría están en mi cuarto de estudio, aunque la mayoría son de medicina.

—¿También tienes los libros que escribió Umi-chan?

—Sí, son los que están en la sala. Cada vez que publica uno se toma la molestia de enviármelo. Le digo que quiero apoyarla comprándole uno, pero ella me responde que ni me moleste si dinero ya es lo que le sobra.

—Entiendo. Por cierto, ¿No te habías percatado que algunas partes de lo que escribió en sus libros están basadas en sus experiencias, mayormente de cuando convivimos en la universidad?

—En realidad no. No tengo tanto tiempo. De hecho, sus primeros libros si me los leí. Estábamos muy felices porque consiguió su primera publicación y fue todo un éxito. Luego sacó el segundo, que también lo leí. Después llegó el tercero que en ese tiempo lo deje a la mitad. Luego el cuarto, el quinto, el sexto... No dejo de sacar libros. Con el hospital ya estaba muy ocupada y no tenía tanto tiempo para leerlos. Se lo comenté, pero aun así seguía mandándomelos jaja...

Kotori sonrió.

—Así es ella. Muy considerada.

—Sí...

—En realidad —comentó Kotori—, Rock Bottom, su último libro, está muy basado en toda nuestra relación. Si lo leíste sería como que ya conoces dos tercios de los hechos que sucedieron...

—Para tu fortuna, no pude leerme su último libro.

La pelirroja sonrió triunfante y la Minami no tuvo más opción que seguir conduciendo.

El trayecto llegaba a su fin. El lugar se le hacía conocido a Maki, a pesar de que estaba muy lejos de su mansión. Entrecerraba los ojos intentando buscar entre sus recuerdos las tiendas y parques por los que pasaba y en los cuales alguna vez estuvo. En un momento, el camino se desvío. Kotori dijo que era un atajo y luego, se abrieron paso hacia un sendero que las llevaba subiendo a una colina.

La doctora no entendía como nunca antes había visto aquel atajo y tal lugar. Sus ojos observaban de fondo a la ciudad con sus edificaciones haciéndose más pequeñas debido a la elevación. El camino seguía y a sus alrededores todo estaba cubierto de verde césped y árboles de diferentes clases y tamaños. El final del trayecto vino cuando llegaron a la cima. Había una parte que era un estacionamiento, un rectángulo de tierra donde se podían dejar los autos. Todo lo demás era césped fresco, árboles y una vista a la ciudad en toda su inmensidad. Corría aire fresco y había un olor que por alguna razón causaba nostalgia a Maki, pero no tanto como a Kotori.

Se instalaron en el césped, bajo la sombra de un árbol de cerezo robusto y con raíces muy pronunciadas, muy cerca del barandal que las separaba de la altura y en primera fila para una vista panorámica de la ciudad. Colocaron la manta en el césped y la canasta a un costado luego de sentarse.

Maki observó la ciudad. Se concentró en escuchar todo el ruido que provenía de ella, pero no pudo. El lugar era muy silencioso y no se alcanzaba a escuchar más que el balanceo de las hojas de los árboles y el viento. Volteó hacia Kotori. Ella tenía la vista perdida en el cielo. Observaba con ojos nostálgicos a un grupo de nubes pasar.

Maki carraspeó.

—Lo siento, debe ser un poco difícil para ti. No era mi intención ponerte en esta clase de situación.

Kotori negó.

—Está bien. No te preocupes. Tarde o temprano iba a terminar volviendo aquí. Ha pasado mucho tiempo, y a pesar de los años... sigue siendo hermoso.

Pero no tan hermoso como la persona que le había enseñado ese lugar, la que le había demostrado que si podía volver a amar y la que le había enseñado lo que era el verdadero amor. Estar ahí, llenaba de melancolía a Kotori. Muchos recuerdos y buenos momentos regresaban a ella en ese mismo instante, haciendo que sus ambarinos ojos se pongan llorosos.

—Ella y yo solíamos quedarnos en este lugar, observando la ciudad. Solamente nos quedábamos aquí y hablábamos. Podía ser acerca de cualquier cosa y con total naturalidad. Desde porque la pizza era mejor con piña o sin ella, hasta lo genial que era que hayan encontrado agua en Marte.

—La pizza es mejor sin piña —comentó Maki.

—Sí, tienes razón —respondió con una leve sonrisa.

Los rayos del sol se filtraban a través de las flores del cerezo y acariciaban la piel de Kotori, no obstante, no podían calentar su entumecido y arrepentido corazón. Ella cree que llamarlo una herida no era lo correcto, y ciertamente no lo era. Pero de ser así, esa fue una herida que el tiempo no logró sanar. Pero quizá, esta era la oportunidad de aliviar un poco de ese dolor que la aquejaba desde hace años.

—Mi intención no es ser una metiche —confesó Maki—. Está bien, si prefieres no decir nada.

—Maki-chan, ya estamos aquí. Y está bien, yo también quiero contarte lo que sucedió; de algún modo, siento que esto me hará mejor y creo que tú eres la persona correcta. Veamos, por dónde debería empezar...

—¿Que tal desde el comienzo?

—Muy bien —se recostó contra el árbol y sus raíces—. Todo empezó cuando nací...

—¡No tanto, Kotori!

—Cierto... —divago entre sus pensamientos, escarbando y liberando aquellos recuerdos que eran tan dolorosos y profundos que jamás pensó que tendría que contar a alguien. Debía ir a... la raíz, la raíz de los hechos, el momento exacto en que su vida no volvería a ser la misma—. Esta es mi versión de Rock Bottom. Mi perspectiva de lo ocurrido. La historia de cómo llegue a ese lugar y toque fondo... —Inhaló y exhaló. Luego, con una mirada nostálgica y una voz que pareció retroceder el tiempo, continuó su relato—: Todo empezó en mi segundo año de la universidad, a mis 19 años. Era un nuevo semestre, y yo todavía era joven, bueno aun lo soy, algo; pero todavía me faltaba seriedad. Iba a llegar tarde..., no, había llegado tarde a mi primera clase. Y lo gracioso es que, en la clase que creí que sería la más aburrida del semestre, terminó siendo el lugar donde conocí a la persona que me cambiaría la forma ver la vida. Lo recuerdo bien, me había quedado nerviosa mirando la puerta del salón de clases. Observaba el número inscrito en la entrada, 107, confirmando que esa era mi clase y que, en efecto, estaba tarde por treinta minutos. La profesora con la que me había inscrito era un demonio. No tenía opción. Era la única clase con cupos en ese horario. Si hubiera sido otra clase, probablemente hubiera faltado, pero no podía. Le había prometido a mi madre que ya no faltaría más comenzado ese año. Así que, resignada y con mano firme, abrí la puerta...

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Canción: Imagine dragons - Roots

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NA: Lo siento por esas personitas que les gusta la pizza con piña :'c