9. Unsteady

Después de aquel grito lleno de confusión por el develamiento del parentesco de Eli y Umi, la casa permaneció en silencio, al igual que la incertidumbre de atravesar un campo minado, por varios segundos.

Y nadie podía estar más impactada por esa revelación que la misma Minami Kotori.

Después de levantarse del sofá de cuero, a paso lento se dirigió a una de las paredes y recostó su cabeza contra la dura superficie.

—So-son hermanastras…, hermanastras… —musitó desconcertada—. Menos mal me equivoque, menos mal…

A su costado, Honoka y Tsubasa estaban con las caras rojas, tapándose la boca y aguantándose la risa para no hacer sentir mal a su amiga de cabello cenizo. Mientras tanto, Nozomi simplemente se alegró por la noticia.

Por otro lado, ajenas a todo eso, Eli y Umi intercambiaban unas cuantas palabras luego de la incomodidad del ambiente. No obstante, Umi estaba molesta y confundida.

—Eli, ¿Por qué esta toda esta gente aquí? ¿Por qué está Kotori aquí?

—Hey, no tan rápido —contratacó la mayor—. Te pedí que cuidaras a Alisa, ¿Por qué demonios te fuiste a comprar pan?

—Tuve que ir a comprarlo para el desayuno de mañana. El que tenemos ya se echó a perder —aclaró—. Iba a ir con Alisa, pero ella estaba viendo su programa, así que tuve que ir yo sola.

—Es verdad, Onee-chan —afirmó Alisa acercándose a las dos—. Umi-nee me pidió que la acompañara, pero me negué por estar viendo Gam-, mi programa… No fue su culpa, fui yo la que se negó. No te enojes con ella, por favor.

—¿Qué estabas viendo, jovencita? —preguntó Eli cruzándose de brazos.

—G-GoT…

Diablos. Eli se arrepentía de haber dejado que Alisa las acompañara ese día a ver la serie en el departamento de Nozomi. Aun recordaba la multitud de veces que tuvo que taparle los ojos.

—¡Te dije que no lo vieras! ¡Todavía eres muy pequeña!

—¡Este año cumplo 16, Onee-chan!

—¡Ni hablar! Déjame recordarte que papá y Yuu-san me dejaron a cargo por estos días que no estarán.

—Lo sé, pero…

—¡No puedo creer que me desobedecieras! ¡Listo! Estás castigada. Nada de celular, laptop, internet, nada.

—¡E-Eso es injusto!

—¡La vida no es justa!

—Si-sí haces eso… ¡Le diré a mamá y papá qué estás haciendo una fiesta!

Eli enmudeció.

—Espera, ¡¿Qué?! ¡¿Eli estás haciendo una fiesta?! —exclamó Umi— ¡No me digas que lo de Maki…!

—¡Traicionada por mi propia hermana…! Me lo esperaba de Umi, pero nunca de ti Alisa…

—No me dejas opción, Onee-chan…

—¡No me ignores, Eli! ¡¿Una fiesta, estás loca?! ¡Tú papá es policía! ¿Qué pasará con Alisa?

—Él no se va a enterar, no hay manera. Y la idea era que Alisa se quedará a dormir donde su amiga por el día de mañana.

—¡No iré donde Yukiho-chan si sigo castigada!

—Tranquila, de igual forma irás, pero cuando vuelvas tú castigo empieza.

—¡Le diré a mamá y papá a menos que me revoques el castigo!

Ante el grito de Alisa, Nozomi y Kotori, que ya había salido del shock emocional y se había recuperado, se acercaron hasta las hermanas.

—¿Sucede algo? —preguntó Nozomi.

—No, no sucede nada…

—¡Claro que sí, Eli! —contradijo Umi— ¡Estás planeando una fiesta mientras mi madre y tu padre no están! Los voy a llamar ahora mismo —anunció y empezó a sacar su celular.

—¡Umi-chan, no! —Kotori se acercó a la peliazul y le tomó de la mano, evitando que sacará su celular.

—Kotori…

—¡Por favor, no lo hagas!

—Pero…

—¡Por favor! ¡Es la fiesta que le estamos organizando a Maki-chan! ¡Es el único momento que podremos celebrarlo porque sus padres siempre la acaparan en su cumpleaños!

—Lo sé, pero-

—Además, seguramente a Maki-chan también le gustaría celebrarlo contigo… —añadió y se separó un poco—. ¿Sabes? La idea de la fiesta me había emocionado mucho…, porque quería pasar más tiempo contigo, pero me desilusione al saber que no querías venir… Y después de nuestra discusión en la cafetería, no quiero que las cosas se queden así…

Las demás solo se limitaron a observar en silencio, como si de un capítulo de su show favorito se tratará. Atentas frente a cualquier palabra y acción proveniente de ese par. Pues el ambiente que envolvía a esas dos, las apartaba del resto.

Umi se acercó más a Kotori, agarró con gentileza su mano y con voz suave y comprensiva le dijo:

—Sabes que no fue una discusión…

—Lo sé… Pero se sintió como una… Tú también lo sentiste así, ¿Verdad?

Ella asintió, apenada por su comportamiento.

—Umi-chan, por favor…

—Kotori, a mí…

—Sé que no te gustan las fiestas, pero no estarás ahí sola, yo estaré contigo. A mí tampoco me gustaban, yo solía ser de las chicas calladas que se sientan en la fila de atrás y actúan como fantasmas durante todo el año; pero eso cambió cuando conocí a Nozomi-chan y Honoka-chan. Al igual que ellas me enseñaron a cómo divertirme ahí, en compañía; yo también quiero hacer eso para ti.

—¿Por qué…? ¿Por qué lo haces? —murmuró.

—Porque quiero que seas especial para mí, y yo quiero ser alguien especial para ti. Umi-chan…, he estado intentando reducir la distancia entre nosotras, pero tú no me lo permites… Dime Umi-chan, ¿Cómo puedo acercarme a ti?

—Y-yo…

—Umi-chan, onegai

Lo había dicho con ojos de cachorrito indefenso, un poco desesperada. Esa mirada impacto en lo más profundo de su consciencia y corazón de Umi. Ahora, ella estaba dudando y no sabía qué responder. Su boca no podía concretar ninguna palabra, solo un torpe tartamudeo escapaba de sus labios y cuando creyó que podía darle la negativa a Kotori, la puerta se abrió de repente. Otra vez.

Al otro lado del umbral se podía ver a un hombre y una mujer. El hombre era fornido y alto. Vestía una camisa blanca holgada, shorts de mezclilla azules, zapatos blancos. La mujer le seguía por detrás, ella era delgada y tenía el cabello color azulado. Usaba un vestido blanco de tela y sandalias.

Primero ingresó el hombre, no miraba al frente pues seguía hablando con la mujer mientras cargaba dos maletas con sus brazos. Cuando devolvió hacia el interior de la casa, lo primero que vio con sus ojos azules fueron Umi y Eli. Él dejó sus maletas en el suelo y se sacó el gorro revelando su cabello marrón.

—Chicas… —pronunció hasta que se dio cuenta que tenían compañía. La mujer se puso a su costado y observó a las jóvenes con una mirada curiosa—. Eli, ¿Aun ni nos hemos ido y ya estás haciendo una reunión?

—¿Papá? ¿Yuu-san? ¿Qué hacen aquí? —preguntó Eli.

—Tu padre olvidó llevar un poco de ropa para abrigarse, querida —comentó la mujer.

—Con esta llovizna había empezado a correr un poco más de viento, me estaba congelando. Sabes que no tolero mucho el frío —admitió su padre—. Por suerte, nos sobraba tiempo para volver aquí y llevar unas cuantas cosas. Pero, parece que lo hicimos en vano, porque la llovizna ya se está deteniendo…

El hombre examinó con la mirada a las personas que estaban dentro de su casa. Había muchos rostros que no conocía. Eli se apresuró en decir:

—Solo hice una pequeña reunión con unas amigas de la universidad…

Su padre levantó una ceja ante eso.

—La verdad no sé si creerte, Eli. Tú reciente historial no habla muy bien de ti que digamos.

La rubia miró de reojo a su pareja y ella solo sonrió de manera avergonzada. El señor Ayase se acercó hasta donde estaban Umi y Kotori. La menor, de manera instintiva, dejó de sujetar la mano de Kotori.

—¿Me lo podrías confirmar, Umi? ¿Sucede algo? —preguntó su padrastro. Siempre podía confiar en ella. Era la más responsable. Nunca mentiría.

—Eh…

Por primera vez en su vida, Sonoda Umi no sabía si decir la verdad. Volteaba a su costado, y veía a Kotori, mirándola con ojos esperanzados de que no revelara la mentira de su hermanastra. Kotori volvió a musitar "Onegai". Su boca se abría y cerraba, pronunciando cada sílaba, pero ningún sonido era emitido. A pesar de eso, Umi le entendió a la perfección. Su corazón se estremeció y accedió en compasión, señal de debilidad habría dicho su padre biológico si hubiera sido testigo de sus acciones.

—No… No sucede nada —finalmente respondió.

El hombre se quedó observándola. Nadie podía saber en qué estaba pensando, su rostro permanecía inexpresivo. Aquel gesto lo compartía con su hija Eli, pensó Nozomi. En el caso de la rubia, ella lo ponía en práctica cuando le tocaba iniciar una conversación con alguien que no le agradaba.

Luego de unos segundos, el señor Ayase contestó:

—Si tú lo dices, debe ser verdad —sonrió y levantó sus maletas. El saber que no ocurría nada fuera de lo normal le hacía sentir más aliviado. Luego dirigiéndose a las visitas de sus hijas, dijo—: Mucho gusto chicas, soy Ayase Tora, el papá de Eli y Alisa, aunque no lo parezca —soltó una carcajada—. Siéntanse como en su casa.

En el transcurso de su camino al segundo piso, Eli le interrumpió. Era el momento perfecto para presentarle a su novia.

—Papá, quiero presentarte a mi novia. Toujo Nozomi.

—Mucho gusto, señor Ayase —saludó Nozomi con un poco de timidez. Estaba nerviosa.

—Oh, así que tú eres la razón por la cual Eli estuvo tan feliz en los últimos meses. —Eli se sonrojó y le dijo a su padre que no dijera eso enfrente de ella —. De todas formas, mucho gusto, Nozomi-chan. Por favor, cuida de Eli. Ella es un poco cabezota, pero es una buena chica.

—¡O-Oye! ¡Papá!

—Jajaja, lo sé muy bien señor Ayase.

—Me gustaría conversar y conocerte un poco más, pero me temo que el tiempo nos gana. Qué buen momento elegiste para presentarla, ¿No, Eli?

—Admito que no tenía planeado que fuera hoy…

—Bueno, eso ya no importa. Ya tendremos tiempo de sobra para cuando volvamos de Kusatsu. Las dejo chicas, Yuu-san y yo tenemos el viaje planeado por lo cual no debemos demorarnos mucho. Otra vez, mucho gusto, Nozomi-chan y bienvenida a la familia.

Ambas se ruborizaron un poco por el comentario final. Y cuando el señor de la casa, ya se había alejado, subiendo al segundo piso, Nozomi le susurró a Eli.

—Estaba un poco nerviosa.

—Sí, yo también. No esperaba que vinieran. Tampoco esperaba que Umi mintiera…

—Lo hizo por Kotori-chan…

—¿También lo notaste? Esa chica tiene cierta influencia en Umi… Quizá pueda ser de ayuda cuando necesite obligar a Umi para que haga algo por mí.

—Elicchi, suenas como un villano.

Por otra parte, la madre de Umi se acercó hasta a ella y Kotori. Le había llamado la atención la tomada de manos de las dos de hace unos momentos. No era algo tan frecuente en su hija ser tan apegada a las personas.

—Umi, ¿Ella es tu amiga?

—Sí, madre. Ella también estudia en Otonokizaka.

—Mu-mucho gusto, señora. Mi nombre es Minami Kotori —farfulló nerviosa mientras hacía una reverencia, nunca pensó que conocería a la madre de Umi tan temprano. Ella era casi una versión de Umi de adulta—. Su hija me ha ayudado bastante durante las clases, y-y aprecio mucho su amistad.

—El placer es mío, Kotori-chan. Umi no suele traer amigas a la casa. Creo que la única amiga que había traído desde que nos mudamos fue Maki-chan. Ya me estaba preocupando. Por favor, cuida de Umi.

—¡Sí! ¡Por supuesto que lo haré!

—Bueno chicas, no las interrumpo más. Kotori-chan, ha sido un placer conocerte —sonrió.

—¡El placer ha sido mío! ¡Muchas gracias!

La madre de la Sonoda se fue, subiendo las escaleras para acompañar a su esposo al segundo piso.

Kotori soltó un suspiro de alivio.

—No entiendo porque te pones tan nerviosa, Kotori —admitió Umi.

—Es que… no me esperaba para nada conocer a tu mamá hoy…

Ambas se quedaron en silencio. La situación de las dos había tomado un rumbo inesperado. Kotori tenía la gran mayoría de sus dudas e inseguridades despejadas, pero no sabía qué pensar respecto a Umi. ¿Le había mentido? ¿Por qué?

—Umi-chan —llamó la Minami—, ¿Podemos hablar respecto a esto?

—Está bien… Creo que te lo debo —respondió en voz baja y luego, observó todas las personas que había a su alrededor—. Pero aquí no. Vamos a mi habitación.

El corazón de Kotori se agitó. ¿Las cosas no estaban yendo demasiado rápido? ¿Estaba teniendo demasiada suerte? No sabía qué opinar al respecto.

Lo único que sabía era que Sonoda Umi le ponía muy nerviosa, en el buen sentido.

Siguió a la peliazul por las escaleras, cada escalón se le hacía una eternidad, parecía que, por momentos, no tenía límite y nunca llegaría al segundo piso. Esa eternidad producto de su nerviosismo desapareció en menos de un parpadeo. Frente a sus ojos, estaba la puerta a la habitación de Umi, ubicada al final del pasillo.

La peliazul movió la manija de la puerta y entraron.

Aquel cuarto no era tan diferente a como se lo imaginaba. Era una habitación pulcra y ordenada, proyectaba la imagen de la Sonoda Umi que ella conocía.

Una cama de madera con un edredón azul junto a la pared blanca con una ventana, a su costado un pequeño escritorio de madera oscura y una silla negra. Una estantería de caoba llena de libros coloridos al otro extremo, una pequeña mesita en el centro y un armario al costado de la puerta. A pesar del tamaño de la habitación, esta no se sentía sobrecargada, más bien, todo parecía puesto de forma compacta y sin ser superfluo.

Kotori estaba impresionada. No se parecía mucho a su habitación. La suya solía estar un poco más desordenada, con trabajos, bocetos y muestras de telas tiradas alrededor; a excepción de los fines de semana, esos eran los únicos momentos en los cuales podía limpiar su habitación.

—Por favor, cierra la boca —le dijo Umi con un poco de rubor en las mejillas. Era embarazoso para ella que Kotori observará con asombro cada rincón de su habitación.

Al instante, se tapó la boca.

—Lo siento, Umi-chan… Es muy bonita tú habitación.

—G-gracias… Por favor, toma asiento —señaló la mesita de centro.

Kotori fue hasta allí y se sentó encima de un cojín de había en el suelo. Umi hizo lo mismo.

Permanecieron observándose por unos segundos. Ninguna sabía muy bien que decir o cómo iniciar la conversación. Cuando sus miradas se encontraban, desviaban un poco la mirada. El ambiente se había puesto un poco vergonzoso entre ambas.

Por la ventana, se podía observar el frondoso césped bañado del rocío de la lluvia. El cielo estaba abandonando sus tonos grisáceos por unos más rojizos, cambiados por un sol radiante al costado de un mar de nubes. No faltaba mucho para el ocaso.

Al final, fue Kotori quien decidió hablar.

—Así que…, Umi-chan…, ¿Por qué mentiste?

La susodicha se mantuvo observando la mesa. Ocultar la verdad no era algo que iba mucho con sus principios y carácter. Le disgustaba.

—En realidad, no mentí… Mi padre si tiene un dojo. Simplemente no te conté esta parte de mí…

De pronto, Umi se dio cuenta de lo que dijo. Aquello no le hacía sentir mejor.

—¿Por qué? ¿No tienes confianza en mí como para contármelo? ¿Es eso, Umi-chan? —preguntó con voz calmada. Intentando que no se notara mucho el malestar que eso le causaba.

—Yo… No sé… Es decir, quiero tener esa confianza contigo… Eres mi amiga y una maravillosa persona. Cielos, eres la primera amiga que hago en mucho tiempo desde que empecé la universidad, pero creo que no me encontraba lista. Esta es una parte de mi vida que no creí y no quería contar a nadie. Porque, la verdad, me avergüenza un poco…

—¿Te avergüenza que los Ayase sean tu familia?

Ella negó moviendo la cabeza.

—No, no es eso. Ellos son buenas personas. Más bien me avergüenza mi propia familia.

—¿Los Sonoda?

Asintió.

—Ya te conté que mi padre es dueño de un dojo donde enseña artes marciales. Mi madre también enseñaba danza tradicional ahí. Éramos una familia tradicional, respetados y admirados dentro de nuestra comunidad. Aquella casa que solía llamar hogar, tenía prestigio… Pero todo eso se acabó, cuando mis padres se divorciaron… La imagen ejemplar que teníamos se esfumó. A los ojos de los demás, esos ojos que nos veían como ejemplo de perfección, nos miraron con desprecio. Nos dijeron que éramos una familia disfuncional más del montón… Mi familia ya no volvió a ser la misma y hasta ahora, sigo pensando que fue mi culpa que se separaran…

—Ninguna familia es perfecta, Umi-chan. Y seguramente tú no tienes la culpa de eso. Los hijos nunca tienen la culpa de que sus padres se separen —Kotori se acercó a ella y colocó su mano sobre la suya—. A veces las cosas suceden así, el amor entre ellos se extingue, pero lo importante es que te siguen amando. Yo entiendo por lo que estás pasando. Mis padres también se separaron.

—Eso no lo sabía…

—A mí tampoco me gusta estar contándolo —hizo una leve sonrisa.

—Entonces, debes entender que me siento a la deriva, Kotori. Mi vida era ese dojo. Todos los días me levantaba, entrenaba y estudiaba, intentaba ser una mejor versión de mí con la intención de algún día heredar ese lugar. Eso fue lo que siempre quise… Pero la verdad, ¡Es que eso nunca me correspondió a mí!

—¿A qué te refieres, Umi-chan?

—Soy la menor de la familia… La heredera es mi hermana, aunque ella no quiera serlo... —tomó un respiro, su voz estaba flaqueando y empezó a fruncir el ceño—. Intente hablar con mi padre, pero él se niega rotundamente. La única respuesta que tuve fue que me prohibiera los entrenamientos en el dojo, que me dijera que me mudaría con mi madre y que me preparará para ingresar a la universidad. Diciéndome que me estaba dando alguna clase de libre albedrío. ¡No sé qué tanto le costaba entender que yo no quería ir a la universidad! ¡Todo lo que siempre quise fue heredar ese mald-… lugar! —luego de ese sobresalto, se tomó un tiempo para tranquilizarse y soltó suspiro—. Pero…, estoy aquí… En una casa que supuestamente es mi hogar, pero que no lo siento como uno. Y lejos de la casa donde crecí, y donde no puedo volver. Es frustrante, me siento fuera de lugar… Como si no perteneciera a ninguna parte…

—Umi-chan… Es normal sentirse un poco perdida… Yo también pasé por eso. Inclusive hay veces en las que todavía me siento un poco perdida y no sé qué rumbo va a tomar mi vida…, pero no nos queda de otra que continuar… Y tener la esperanza de encontrarnos a nosotros mismos en el camino.

—Yo… no sé… —empezó a sonar más afligida, quebradiza y sus ojos derramaban una u otra lágrima—. Se supone que las familias deben estar más unidas cuando cosas como la muerte o la enfermedad les acechan, pero la mía no hizo nada más que separarse… Y-yo… si-si tan solo…

En ese momento, Umi se volteo rápidamente. Intentaba limpiarse las lágrimas a la par que temblaba.

—Lo-lo siento, Kotori… Yo no-no quiero que me veas llorar…

—Umi-chan…

A través de la ventana se observaba como el cielo se fundía entre tonos anaranjados y azules, las nubes adoptaban un color dorado, el sol descendía ocultándose detrás de las siluetas oscuras de las casas y árboles que había más allá del jardín, la temperatura se normalizaba más acorde con la del verano que vivían y la luz del ocaso iluminaba la mitad de la habitación, dividiéndolas.

Fue la primera vez que Kotori vio a su querida Umi-chan lucir tan vulnerable. Dándole la espalda y temblando mientras escuchaba sus sollozos. El corazón de Kotori volvió a agitarse y un nudo se formó en su estómago.

No lo dudo. Dejó la luz del sol veraniego para unirse a ella en la oscuridad. La abrazó por detrás, descansando su cabeza en la espalda de la peliazul. No iba a verle el rostro, porque así Umi lo prefería.

—Sabes que puedes contarme todo, Umi-chan. Porque yo nunca te voy a juzgar y siempre voy a estar ahí para apoyarte.

Su cuerpo se tensó frente al inesperado contacto, pero luego de unos segundos, se relajó.

Ella asintió, moviendo su cabeza despacio.

—Yo no creo estar lista para contarte todo… No es que no quiera, solo no estoy preparada… Es difícil, es doloroso para mí…

Kotori no contestó. Ya había escuchado esa respuesta antes, solo que ahora ya comprendía un poco mejor que no era un tema sencillo de tratar.

—Prometo contártelo, cuando esté lista… —murmuró Umi.

—Estaré esperando…

Luego de unos segundos, comprendió que había actuado de forma impulsiva. No sabía si a la Sonoda le molestaba el abrazo, probablemente no porque no había dicho queja alguna, pero no estaba de más preguntárselo.

—Umi-chan… ¿quieres qué…?

—¡No! —evitó con su mano que los brazos de Kotori se separaran de ella—. Por favor… quedémonos un rato así, si no te molesta…

—¿Quieres que veamos cómo se oculta el sol?

—Sí, por favor…

Umi había pedido y Kotori cumplía con gusto. Dejó de recostar su cabeza contra la espalda de Umi y la colocó en su hombro. Observaron juntas el paisaje a través de la ventana. Hubo momentos en que ambas voltearon a verse en simultáneo. Sus rostros se encontraron muy cerca, pero desviaban la mirada por vergüenza. A pesar de la hinchazón en los ojos de Umi por las lágrimas derramadas, a Kotori seguía pareciéndole que su rostro era muy bello.

El sol bajaba con lentitud, poco a poco descendió hasta ser ocultado por completo por los edificios y casas que había más allá… y con ello, el cielo dejó de sus tonos azulados y dorados para adoptar a la oscuridad. Las luces de las farolas y casas de afuera se encendieron, el escenario nocturno había empezado.

—Se fue… —pronunció Kotori mientras observaba la habitación a oscuras.

—Sí…

La peliazul todavía observaba las luces nocturnas de la ciudad que había al otro lado de la ventana.

De pronto, la luz de la habitación se encendió, un poco después de que la puerta se abriera. Era la mamá de Umi. Pareció un poco sorprendida al verlas abrazadas, pero luego sonrió y comunicó a su hija:

—Umi, ya nos vamos.

Ambas se sonrojaron un poco por la situación en la que fueron encontradas. No se dijeron nada entre ellas. Fue como un acuerdo mutuo entre las dos actuar como si nada hubiera pasado frente a la madre de la Sonoda.

—Creo que también es hora de que yo también me vaya… —anunció Kotori—. No quiero llegar tarde al trabajo…

La estudiante de literatura asintió. Su madre se les adelantó en salir de la habitación mientras ellas todavía se estaban separando. Se levantaron y salieron de ahí.

Afuera estaba la madre de Umi al lado de la puerta de la habitación. Le pidió a Umi que bajará a despedirse de su padrastro y le pidió a Kotori un poco de su tiempo, porque le gustaría conversar rápidamente con ella.

"¡¿Me va a pedir que me aleje de su hija?! ¡¿Sus padres no eran algo estrictos y tradicionales?!" pensó aterrada mientras veía a su amiga bajar por las escaleras con cara de incomodidad. ¿Qué podría querer la mamá de Umi con ella?

—¿Su-sucede algo, señora Sonod-?, digo…, señora Ayase… disculpe…

—Está bien, no te preocupes. Eso solía sucederme hace unos años, ahora ya no tanto. Quería hablar contigo acerca de Umi.

—¿Qué-qué sucede con Umi-chan?

—Nada en realidad… Solo, me sorprendió ver que se llevara tan bien contigo. Ella no suele abrirse mucho a las personas —Kotori asintió, recordó su primer contacto con Umi que no había sido el más idóneo—. La mudanza ha sido algo complicado para ella… nosotras, en realidad. Habíamos pasado por una situación difícil en la familia… Y me temo que ella ha sido la más afectada… —hizo una breve pausa—. Me estaba preocupando de que no tuviera amigas, pero ver que te ha traído a la casa me ha alegrado bastante.

No había sucedido así exactamente, pero no podía romperle la ilusión a la madre de Umi. Pero lo más importante era que sí, eran amigas.

—No-no tiene que preocuparse por eso Señora Ayase…

—Por favor, llámame Yuu. Lo sé, pero me preocupo bastante por mi hija. Yo solo quería agradecerte por ser su amiga. Umi puede llegar a ser un poco insegura e inestable, pero a pesar de eso espero que permanezcas a su lado. Kotori-chan, cuida de Umi, por favor.

—¡Sí! —respondió con un poco de rubor en las mejillas—. Yuu-san, tenga por seguro que no me apartare del lado de Umi-chan.

—Muchas gracias, Kotori-chan. Dejo a Umi en tus manos.

Después de esa breve conversación, ambas mujeres bajaron al primer piso donde todos estaban alistándose y despidiéndose. Eli y Alisa se despedían de su padre mientras Umi, Honoka, Tsubasa y Nozomi hablaban entre ellas en otra parte. Umi al ver a su madre bajar, se acercó a ella, le abrazó y se dijeron unas cuantas palabras de despedida.

Con todas reunidas, aprovecharon la ocasión para despedir al matrimonio Ayase. Salieron al patio y se despidieron de la pareja que abordó el vehículo para dirigirse a su viaje hacia Kusatsu.

Luego de unos segundos, las chicas dejaron de mover la mano en señal de despedida. Lo último que había dicho el señor Ayase había sido: "No causen problemas".

Mientras tanto, las chicas se ponían de acuerdo en cómo se iban a ir a sus casas. Honoka y Tsubasa se iban a ir por su cuenta en autobús. Pasarían la noche en el departamento de la chica de ojos esmeraldas. "Una noche de amigas" le habían dicho a Alisa. Una noche de amigas que no tenía nada de amigas, a excepción de reforzar la supuesta amistad. Obvio, Alisa no se tragó esa mentira de que eran amigas. Por su parte, Eli llevaría a Kotori a su trabajo y a Nozomi a su casa.

La peliazul se acercó a su amiga, antes de que subiera al vehículo, para despedirse.

—Kotori… ¿Mi madre no dijo nada raro? ¿verdad?

—Por supuesto que no, Umi-chan. Ella es bastante simpática. Se ve que te quiere mucho y se preocupa por ti —contestó. El recordar su encuentro con la madre de su amiga le hacía sonreír. Le había ido bastante bien, al contrario de como esperaba en un principio.

Umi se le quedó observando con el ceño fruncido y un lindo puchero.

—Sí tú lo dices…

Aquello enterneció el corazón de Kotori.

—Vamos, vamos, Umi-chan… No te pongas así —canturreó mientras le daba unas palmaditas en la cabeza—. Mmm… Nos vemos mañana, ¿Sí?

—En la fiesta…

—Bueno, un poquito antes. Estaré desde temprano para ayudar con los preparativos.

Su amiga permaneció pensativa.

—No te preocupes, estaré ahí, contigo —anunció Kotori. Quería tomar su mano, pero creyó que no era el momento. Quizá hubiera sido muy vergonzoso para Umi frente a las demás.

—Sí… —respondió curvando sus labios con una pequeña sonrisa, y con las mejillas un poco sonrojadas.

No se dijeron más, solo hubo unas cuantas torpes sonrisas. Kotori no quiso hacer esperar más a Nozomi y a Eli, así que subió al vehículo. Se despidió de la peliazul moviendo la mano a través de la ventanilla y se alejaron de su casa.

Las chicas mantenían un ambiente silencioso en el vehículo, a pesar de la música de la radio. Kotori miraba por la ventanilla las calles y parques por los cuales recorrían mientras que Eli y Nozomi se miraban entre sí con sonrisas bobas y una chispa de picardía en los ojos. No sabían quién de las dos debía tocar el tema, pero finalmente fue Eli quién lo hizo.

—Así que… Tú y Umi… —le dijo mirándola por el espejo retrovisor. Todavía mantenía esa torpe sonrisa al igual que Nozomi—. No me lo esperaba…

Por supuesto que no, ella también era una densa. A su manera.

—¡Eso fue genial, Kotori-chan! ¡Fue casi como una confesión! —exclamó Nozomi volteándose, recordando las palabras que había dicho en la sala, y tomándole las manos—. Por cierto, lo siento mucho. Todo hubiera sido más sencillo si hubiera sabido que la chica que te gusta es hermana de Elicchi —esto último lo dijo mirando con cierta molestia a su pareja.

—Nozomi, yo tampoco sabía que Umi era amiga de Kotori.

—Ya chicas, está bien… —tranquilizó Kotori—. ¿Quién hubiera sabido que las cosas terminarían de esa manera? jajaja…

—Tienes razón —apuntó Nozomi—. ¡Pero es algo maravilloso! ¡Es casi como el destino! ¡Imagínate! Sí tú te casas con Umi-chan… y yo con Elicchi, ¡entonces tú y yo nos volveríamos familia!

La idea de Umi y Kotori casándose pasó por la cabeza de las dos. Un escenario de ensueño, fantasioso, con la futura modista en un vestido blanco de novia y Umi en un terno gris. Las dos estaban a punto de cortar el pastel de boda con una katana hasta que apareció Honoka de la nada, interrumpiéndolas, con un tenedor en la mano y una expresión que parecía no haber comido en semanas. Finalmente, se lanzó encima del pastel para tragárselo, allí acabó la fantasía.

Quitando lo último, la idea del matrimonio sonrojó bastante a Kotori. No había imaginado algo así hasta ahora, pero debía admitir que no le desagradaba. Mientras que por el lado de Nozomi, cada vez se reafirmaba más su determinación por juntar a Kotori y a Umi. Un nuevo fan del KotoUmi había nacido.

—To-todavía es muy temprano para pensar en algo así, Nozomi-chan… —tartamudeo Kotori con la cabeza humeándole.

—¡Lo sé, pero sería genial! Por cierto, quiero dos sobrinas. La FIV es un poco cara hoy en día, pero si comienzan a ahorrar desde ahora, de seguro podrán pagarla para cuando llegue el momento. ¡Espera! Creo que el hospital de la familia de Maki-chan también hacen eso. ¡Qué suerte tienes! ¡Siendo Umi-chan la mejor amiga de Maki-chan es bastante probable que les hagan un descuento!

Y el viaje en el carro de la Ayase continuó así, con esa dinámica de molestar a Kotori de vez en cuando, durante todo el trayecto. A pesar de eso, tanto Nozomi como Eli, no dudaron en mostrarle su apoyo a la futura modista.

—No sabía muy bien el por qué…, pero Umi había estado menos irritable y más contenta desde el último mes. Veo que tú has sido razón de ese cambio en ella. No me sorprende, ella luce más relajada cuando está contigo. Solo quiero que sepas que las apoyare —le había dicho Eli.

Era extraño. Kotori sentía como si hubiera obtenido un aliado. Qué giro tan inesperado de los acontecimientos… El enemigo se había convertido en aliado.

—Gra-gracias, Eli-chan…

La rubia no lo creía. Volteo a ver a Kotori y ella le sonrió. Giró hacia su novia que luego de tener una expresión sorprendida al igual que ella, sonrió. Pero, al instante, le ordenó que mantuviera la vista frente al volante.

Lágrimas de felicidad caían del rostro de Ayase Eli. Lo había logrado. Había logrado agradarles a todas las amigas de su novia.

Hicieron una breve parada para que Eli se tranquilizara. Luego de eso, Nozomi se ofreció a conducir. Ya había conducido el carro antes, Eli le había estado enseñando. Y con ella de copiloto no habría ningún problema.

Luego de quince minutos de viaje, llegaron al trabajo de Kotori. Por supuesto, ella agradeció el gesto de llevarla hasta ahí.

—No te preocupes. Nos vemos mañana —dijo Eli.

—Kotori-chan —con las manos, le indicó que se acercara a su lado de la ventanilla—. Tranquila, trataré de sacarle toda la información que pueda a Elicchi acerca de tu Umi-chan —le susurró.

—Nozomi-chan…

—Ya entra rápido o llegaras tarde —le guiño el ojo.

Se despidieron y luego de que Kotori observara como el carro blanco se alejaba con lentitud de ella, ingresó a la librería. En medio de su camino a los vestidores, se encontró con Ayumu, vistiendo la camisa amarilla característica de la tienda, camino a empezar su turno en la caja registradora. Se saludaron de manera habitual, pero la chica de cabello cobrizo la notó un poco perdida. Cosa que no le resultó muy rara, pues era algo frecuente en Kotori. Solo que en esta ocasión se notaba más que de costumbre.

Ayumu se lo comentó a su amiga de la infancia Yuu, que había ido a verla al trabajo como de costumbre, mientras observaban a Kotori ordenando los libros en las estanterías con la mente en otra galaxia, lejos del planeta tierra.

Ella aún tenía muy vívido el recuerdo de su encuentro con Umi el día de hoy.

Como el cuerpo de la peliazul se tensó frente al primer contacto de sus brazos, para después relajarse y aceptar el cálido abrazo. El corazón de Kotori, latiendo a gran velocidad, preocupándose de que Umi pudiera sentirlo; preocupación que no importo porque Umi se encontraba igual de nerviosa. El suave y cómodo hombro de Umi. Y el silencio que se generó cuando sus ojos se encontraron con los marrones de la Sonoda, cerca, demasiado cerca…

No había pasado demasiado tiempo, pero esos recuerdos no abandonaron su cabeza hasta que cayó en lo más profundo del sueño esa noche.

Kotori había atravesado una importante barrera que la peliazul le había puesto. Estaba más que feliz.

Pensamientos y sensaciones alegres facilitaron su sueño. Había sido una jornada nocturna exhaustiva con la mente perdida. Cuando llegó a su casa, se tomó una ducha y no tardó mucho en ponerse su pijama y meterse en la cama.

No pasó mucho tiempo hasta que cayó dormida, de manera suave y sutil como deslizarse por un tobogán que la llevaba al mundo de los sueños.

Lo último que murmuró antes de dormirse mientras abrazaba su esponjosa almohada amarilla fue:

—Mañana va a ser un gran día.

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Canción: X Ambassadors - Unsteady

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NA: The classic turn! the enemy becomes the ally! XD

Todos veían a Eli como rival para Kotori, pero terminó convirtiéndose en aliada ewe

La verdad esperaba terminar este capítulo mucho más temprano, pero tuve como un bloqueo que duró como dos semanas, pero bueno… los planetas se alinean para que siempre actualice a comienzos de mes jajaja… Por lo general me gusta actualizar los domingos.

Me alegra bastante que no esperaran lo del parentesco de Eli y Umi, eso significa que es probable que varias cosas de las que tengo planeadas no se las esperen.

El siguiente capítulo vendría abarcar toda la fiesta de Maki, o esa es la idea. Muchas cosas pasarán uwu

Eso sería todo. Muchas gracias por leer. Nos vemos en el siguiente capítulo n.n/