Aviso: Animatrónicos humanizados.

Los personajes y la historia de Five Nights at Freddy's pertenecen a Scott Cawthon. Los personajes y la trama de esta historia son de mi autoría.


Elegido

Tras bambalinas y cuando el show estaba en pausa, se suponía que los animatrónicos debían estar en modo de descanso sin hacer mucho más. Era cierto que ya fuera en el backstage o tras la enorme cortina nadie del público podría verlos, pero aun así era preferible que mantuvieran el perfil bajo si querían seguir aparentando ser sólo robots.

Sus identidades peligraban cuando una chica parecía saltarse esa norma no escrita y encarar al conejo que descansaba tras el escenario sin importarle quién más estuviera presente. Bonnie intentó callarla y hacer que bajara el tono de voz, pero no parecía servir de mucho.

Ella reclamaba tantas cosas que él se perdía en sus palabras y ni siquiera le entendía, sólo le lograba aturdir. Algo decía sobre haberla engañado e ilusionado, pero él se desentendía completamente de aquello.

—Luz, ya te dije que esa no fue mi intención, eres una buena amiga para mí —puso sus manos al frente a manera de defensa, prediciendo la reacción histérica de la humana.

—¡¿Por qué sólo una amiga?! —Lloró, dando manotazos descontrolados al aire—. ¡Yo haría todo por ti, Bonnie, y así es como me lo pagas!

Él sólo intentó balbucear una respuesta que no consiguió formular una. ¿Qué podría decirle? Era cierto que ella había sido comprensiva y amable con los muñecos, desde que había ocupado el puesto de guardia de seguridad nocturno había confiado en ellos y en su juramento de que no mataban por gustos, y eso para un grupo de almas en pena que eran constantemente mal juzgadas por rumores mal contados era valioso.

Sin embargo ella había distorsionado toda la evolución y el desarrollo de su relación, llevándola a creer que lo suyo era un enamoramiento recíproco. Bonnie la quería, como se quiere a cualquier amiga, pero su relación con Chica era seria y la verdad no sentía ese tipo de interés hacia la guardia.

Reclamó un poco más y corrió hacia la salida tapándose el rostro, inundada en lágrimas, decepcionada, derrotada. Bonnie salió tras ella y no le importó que la gente le viera moverse libremente por la pizzería, sin duda solucionar las cosas con Luz era más importante que eso.

La chica no escuchó a ningún llamado y sólo continuó su carrera sin mirar atrás, atravesando las puertas del local y cayendo directamente a la calle.

El conejo le gritó que tuviera cuidado, pero ya era demasiado tarde.

Viendo su cadáver ensangrentado ser atendido en vano por los peatones que se acercaron a socorrerla luego de ver el arrollamiento, él sólo permaneció paralizado, con gesto serio, procesando lo que acababa de pasar.

Sabía que no era culpable, pero no podía evitar sentirse mal. ¿Por qué esa chica alegre y buena tenía que acabar así? Seguramente ni siquiera habría tenido tiempo de pensar en su madre por última vez, en despedirse de sus seres queridos, en decir algo que siempre se estuvo guardando.

A veces la muerte sólo llegaba, de las maneras más crueles e injustas que se pudiera imaginar. Bonnie conocía mucho del tema.

Aun así, la escena era impactante. Hasta hacía unos minutos estaba desbordando emociones por montón y ahora su cuerpo inerte ni siquiera reaccionaba ante estímulos básicos.

Se dio media vuelta y volvió a su sitio como si nada hubiera ocurrido, ordenando a su cuerpo funcionar en piloto automático para poder dedicarse enteramente a reprimir el revoltijo de sentimientos dentro de él, pensando en un millón de cosas aunque su rostro fuera inexpresivo.

Tal vez era el final que el destino había elegido para ella.

¿Desalentador? Por supuesto. Pero no podía hacer demasiado.