Dice se está rascando la panza en mitad de la sala de los Yamada. A su izquierda, Jiro se emociona con algún anime de idols.

Aburrido, Dice se saca el dedo del ombligo. —Oye, bro.

Jiro no despega la mirada de la televisión. —¿Qué pasa, bro?

—Pásame un plátano, bro. —¿Qué? Ya hacía hambre.

Jiro se estira sin parpadear para agarrar un plátano del frutero y se lo avienta a Dice. Dice lo atrapa en el aire y empieza a comérselo, embutiéndose la fruta en el hocico como el perro que es. A Jiro no le importa particularmente mientras no haga un desastre que luego él tenga que limpiar.

Dice mastica, haciendo ruidos con la boca. Jiro chilla por lo bajo en cuanto su chica favorita empieza a rapear en la tele. Dice resoplaría si pudiera.

De pronto, tiene una idea. No, tiene la idea. —Oye, bro. —Jiro no da señal de estarlo escuchando, pero Dice igualmente sigue—. Cinco a que no puedes darle una mamada a un plátano.

La chica favorita de Jiro termina su parte del rap y Jiro sonríe ampliamente. Luego, procesa las palabras de Dice y su sonrisa se transforma en un gesto de duda porque, honestamente, ¿qué mierda, Dice?

Eso responde, en realidad. —¿Qué mierda, Dice? No voy a darle una mamada a un plátano.

—Bro, pero eres gay.

—Tú igual, y no por eso me estás dando una mamada.

—¿Ah, sí? Pues te reto a hacerlo.

Jiro entrecierra los ojos y se ajusta la gorra en la cabeza. Su enorme frente reluce con determinación. —Sabes que si me retas no puedo decir que no.

Dice se encoge de hombros y avienta la cáscara de un plátano que ya no existe más. Se estiraría para agarrar otro de no ser porque le da demasiada flojera moverse. —¿Eres gallina, McFly?

Jiro no lo piensa mucho antes de volver a hablar. —Si así van a ser las cosas… Yo también te reto, cinco a que no puedes meterte más de tres plátanos en la boca a la vez.

Dice casi se enternece. Cosita. —Bro, no me la pongas tan fácil.

Jiro sonríe y Dice sabe que está jodido. —Diez, entonces.

El cortocircuito en su cerebro es inevitable, pero aun así no piensa retroceder. —Va. El primero en rendirse le invita la comida al otro por un mes. —Nunca desaprovechar una oportunidad, eso es Dead or Alive.

Jiro agarra el frutero, ese que recién había llenado Niichan hace unos días. Cuando llegue a casa, cansado de otro buen día en el negocio, y se pregunte dónde está su ración de fruta de todo un mes para sobrevivir los maratones nocturnos de anime Jiro podrá preocuparse. Mientras, sólo debe pensar en vencer a Dice.

Cada uno toma un plátano del frutero y lo pela casi hasta la base. El duelo se huele en el aire, cada uno siente la victoria en el bolsillo. Jiro es quien empieza a contar. —Tres…

—Dos…

—¡Uno!


Saburo llega a casa, sólo para arrepentirse de cruzar la puerta del frente en cuanto ve a Dice y a Jiro muertos en el piso de la sala, con cientos de cáscaras de plátano alrededor y espuma saliéndoles de la boca. Suspira por lo alto y avanza sin vacilar hasta su habitación, evitando pisar el desastre o los cadáveres. Prefiere no saber qué es lo que sucedió ahí.

Una semana después, todo lo que sabe es que Jiro sigue invitando a diario al vago ese de Fling Posse a comer en casa. Honestamente, está harto.