—¿Trunks? —preguntó Goku, totalmente sorprendido—. Vaya… ¡Es Trunks! ¡Son Trunks y Mai! Pero… ¿Cómo?

Los dos viajeros del tiempo descendieron de la nave y se acercaron a donde estaban todos, saludándolos uno por uno.

—No me preguntes a mí. Wiss pidió permiso. O no sé qué maniobra hizo, no me lo dijo —respondió Bills, sin moverse de su reposera. Wiss rio.

—Soy un ángel. Creo que la presencia del joven Trunks y la señorita Mai no alterará nada, si es por un momento.

—¿Cómo han estado, muchachos? —preguntó Goku.

—¿Ya han encontrado la felicidad? —inquirió Bulma. Trunks y Mai se ruborizaron.

—Madre… No-no sé qué decir. Si, hemos estado bien.

—Hablando de eso, creo que ya puedes ir yendo por tu nuevo amigo, Goku —dijo el dios de la destrucción.

—¿Se refiere a Freezer, señor Bills?

—¿A quién más? De tantas veces que se vieron las caras todavía no sé por qué no se abrazaron.

—Cierto. Debo ir por Freezer. Se alegrará mucho cuando se entere.

Goku usó la teletransportación para desaparecer.

—Me pregunto qué mentira usará para traerlo —opinó Bulma—. Pero cuéntenme, muchachos. ¿Qué fue de ustedes?

—Bueno, mamá. Es una historia larga, pero para resumir hemos estado viviendo…

—…felices —finalizó Mai.

Bulma bajó la vista. Los dos jóvenes estaban tomados de la mano, ambos ostentando un anillo cada uno. Ahogó un grito de alegría.

—¡Lo hicieron! ¡No puedo creerlo! ¡Felicidades!

En medio de las felicitaciones de Bulma, y el frio saludo de Vegeta a distancia, con dos dedos, llegaron Krilin y su familia.

—¡Trunks! ¡Cuánto tiempo sin verte! ¿Cómo estas, amigo? —saludó descendiendo a tierra.

—¡Krilin! ¡Número 18! ¿Cómo han estado?

—Vi de lejos el detalle en sus dedos. Al fin lo hiciste, tigre —sugirió 18, dándole un golpe en el pecho.

—¿Eh? —Krilin vio los anillos y pegó un grito de sorpresa—. Ustedes se… se…

—Hace casi un año —respondió Mai, con una sonrisa.

—¿Y para cuando el niño? —se burló Krilin, echando a reír con Bulma. Trunks y Mai se miraron apenados.

—Bien, niño del futuro —interrumpió el dios, con las manos detrás de la espalda—. Supongo que ya sabrás por qué te hemos traído de vuelta rompiendo un montón de leyes universales.

—Eh… Si, señor Bills. Tengo una idea…

—Pero, señor Bills. El soccer se juega con once jugadores —dijo Krilin—. Si faltaba uno, ¿por qué no llamaron a Yamcha?

—¿Quién es Yamcha? —preguntó Bills.

Fueron llegando Gohan, el maestro Roshi, Piccolo, Ten Shin Han. Incluso Yamcha se había sumado. Solo faltaba Número 17.

—¿Qué hay, niños? ¿Y bien? ¿Los del Universo 6 quieren perder de nuevo en el béisbol? ¿O en otro deporte? —sugirió Yamcha. Puar se hallaba a un lado de él, levitando como siempre.

—Ahh…. Ya me acorde —dijo Bills—. Genial, Yamcha. Vas de aguatero.

Aprovechando la distracción de todo mundo, el trío de Pilaf invadió la cocina, que estaba atestada de empleados corriendo por todos lados. El banquete era inmenso. El poder del dinero y de un dios no conocía limite, pensó el pequeño emperador mientras se deleitaba con el jugo que corría sobre un pollo rotante.

—Adoro cuando el señor Bills obliga a los demás a hacer un banquete. Los dioses generosos si existen —dijo mientras se robaba una alita de pollo.

—Majestad, no haga eso. Deme uno a mí. Estará más seguro conmigo —reprendió la Mai chica, quitándoselo de la mano para comerlo ella.

—Oye, no seas salvaje —se quejó Pilaf—. Diablos. Ahora sé quién de los dos es el gloton. Zhu, alcánzame otro. Es una orden.

—Si, majestad.

Los tres recogieron las alitas suficientes para saciarse y huyeron furtivamente de la cocina. En el jardín todos se encontraban saludándose y hablando sobre la pareja del futuro. Aparentemente Trunks y Mai se habían casado. La Mai pequeña no podía dejar de admirar conmovida a la pareja.

—¿No es lo mas hermoso de la vida? Me casé con un chico guapo… Es decir, mi yo del futuro lo hizo. Desearía conocer un chico así para mí.

—¿Y el mini Trunks? —preguntó Pilaf.

—Pues… es muy pequeño para mí.

—Ah, es verdad. Cierto que eres hasta mayor que el Trunks grande.

—Tampoco diga tonterías, no soy tan grande.

—No, claro —se burló Pilaf—. A ver. ¿Cuántos años tienes?

—Es de mala educación preguntar la edad a una chica. Pero para tu información, voy apenas por los treinta.

—Si, del segundo tiempo. —Mai golpeó a Pilaf en la cabeza mientras Zhu echaba a reír—. Oye, eso dolió.

—No te doy otra no mas porque…

Goku y Freezer aparecieron en frente de ellos. Los tres salieron corriendo y gritando.

—Muy bien maldito saiyajin. Dime de una vez donde están las esferas del dragón ¿Eh? ¿Qué hacemos en este asqueroso lugar?

Inmediatamente todos los que estaban ahí miraron con recelo al recién llegado Freezer. Chaos se ocultó detrás de Ten. Vegeta se interpuso delante de Bulma. Gohan delante de Videl. Piccolo no cambio su posición, pero se preparó para cualquier cosa.

—Goku, Freezer, justo a tiempo. Ya están por llegar —anunció Wiss.

—¿Eh? ¿Quienes? ¿Y qué hacen esos aquí? —preguntó Freezer.

—¿Dijiste esos? —dijo Bills, avanzando hacia él—. ¿Me faltaste el respeto?

—Perdone, señor Bills, no fue mi intención. Solo fue el momento —rogó Freezer, arrodillándose ante él.

—Ya, levántate, que das vergüenza ajena. ¿El zoquete de Goku te ha dicho que es lo que haremos hoy?

—¿Concederme un deseo de las esferas?

—¡Goku! —gritaron todos. Vegeta fue a golpearlo en la cabeza.

—¿Qué? Fue lo único que se me ocurrió. Freezer ni debe saber que es el fútbol soccer. Oigan, ¿y qué es?

—¿Fútbol soccer? Yo, el emperador del mal prestándome para un juego tonto —refunfuñó Freezer—. Yo sabía que los terrícolas eran ridículos, pero nunca imagine que tanto. Acabaría con este planeta en un abrir y cerrar de ojos.

—Inténtalo y te usaré como pelota antiestrés por el resto de la eternidad —advirtió Bills.

No resultaba muy difícil suponer que casi no había esperanza de ganar. Ni siquiera conocían el juego.

—Yamcha, sé que no jugaras, pero es momento de que hagas algo —sugirió Bulma.

—¿Ah? Si. A diferencia de todos estos geniecillos, yo si he jugado este juego. —El susodicho se posicionó en medio de todos—. ¡Muy bien, muchachos! ¡Presten atención! ¿Alguno de ustedes ha jugado fútbol soccer una vez en su vida?

Krilin, Trunks y Freezer fueron los únicos que levantaron la mano.

—Creo que dependemos en parte de que ellos tampoco sepan jugar, señor Bills —opino Wiss. El dios se puso frente a sus once jugadores y les grito.

—¡A ver, zoquetes! ¡El universo 6 llegara en cualquier momento y ustedes aún no saben ni en donde están parados! ¡No les estoy pidiendo que derroten a ocho universos como en el torneo del poder, ni siquiera que peleen! ¡Solo ganen un tonto juego! ¿Qué tan difícil puede ser?

—Relájese, señor Bills —sugirió Wiss—. No será el fin del multiverso si perdemos.

—No para ti, Wiss. Pero la simple idea de perder en algo contra Champa es algo que no aceptaré. —Se dirigió a todos de nuevo—. Bien, escuchen. Solo tenemos unos minutos para…

Un resplandor fugaz apareció detrás del dios de la destrucción. Todos se sorprendieron.

—¿Interrumpimos algo, hermano? —dijo Champa.


Si, ya se que la parte del regreso de Trunks salio inconclusa y medio forzada, pero vamos, Ladriyama no es el escritor mas coherente que digamos.