Prólogo

.

Nuestra historia no ha terminado aún.

.

Baro caminó a través del pasillo solitario. La tarde avanzaba y el cielo rojizo pintaba cada centímetro de las altas paredes del tercer piso.

Era Chuseok.

Él se sentía nostálgico.

Era Chuseok y cómo era su costumbre, regresó a su cuidad natal para pasar las fiestas con su familia. Su madre cocinó sus platos favoritos y su padre no dejó de contarle todo sobre su tienda. Cómo era su costumbre, en esos momentos él solo pensaba en su familia. Hasta la cena...

La noche anterior, durante la cena, su hermana menor invitó a una amiga y ambas chicas pasaron la velada hablando sobre el instituto, sus amigos, sus profesores y, por supuesto, sobre el chico que les gustaba.

Baro no había pensado en el tiempo en el que él iba al instituto desde hace mucho tiempo. Él tiene veintiocho años ahora. Él es un hombre independiente, dueño de uno de los más populares bares en Seúl. Él no tiene tiempo de fantasear sobre sus años de adolescencia.

Pero ese día no pudo evitarlo. Baro buscó sus viejos anuarios casi olvidados y los volvió a revisar con una sonrisa. Él mantuvo buenas amistades de ese tiempo, pensó contemplando una foto en la que él y sus cuatro mejores amigos estaban de pie en frente del salón donde tenían las actividades de su viejo club. ¿Música? ¡No había tratado de hacer música desde su graduación!

Entonces su sonrisa desapareció al toparse con un espacio vacío. Alguien había cortado esa foto. Él lo había hecho.

Baro dejó su cama y volvió su atención a la pequeña biblioteca otra vez. En ese entonces no quería que su madre la viera. Así que la escondió en un lugar donde nunca la encontraría, su viejo libro de aritmética. Gracias a Dios, los profesores de Sunah pensaban que los libros con los que él había estudiado no valían la pena ahora. Eran demasiado viejos.

Viajó entre las amarillentas páginas hasta que consiguió los coloridos orogamis y la foto. Una preciosa niña con una sonrisa hermosa lo estaba viendo, su largo cabello negro estaba atado en una cola de caballo que dejaba algunos mechones de suave cabello libres aquí y allá. Él volvió a sonreír.

Así fue como terminó en su viejo instituto superior.

Cuánta suerte que Sunah no haya entrado en él.

Llevó a las niñas a su escuela donde parecía que todos estaban trabajando en algún proyecto para sus clubes como si no estuvieran en época de festividades, y luego condujo al lugar donde sus recuerdos podrían ser libres otra vez.

Estaba vacío. Silencioso. Como invitándole a perderse en él.

El guardia en la entrada no quería dejarlo pasar, pero después de comprobar que se trataba de un ex estudiante abrió esas pesadas puertas donde él y sus amigos eran castigados por llegar tarde.

Baro no tenía demasiado tiempo, así que fue directamente a su viejo salón de segundo año. La luz que se filtraba de las ventanas llenaba cada parte del lugar.

Incluso el olor era el mismo. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese edificio. Entró y su mirada voló hasta donde su escritorio solía estar. Casi en el centro del salón. Él sospechaba que la mesa y la silla no eran las mismas ahora, pero se veían idénticas. No sé acercó para comprobarlo.

Se detuvo ante la vista de la pizarra verde. ¿Nunca la cambiarán por una de esas pizarras de marcadores?

'¡Feliz Chuseok!'

Estaba escrito sobre ella con grandes letras de múltiples colores. Un montón de dibujos infantiles en toda la superficie a su alrededor.

Se detuvo en la mitad para admirarla.

Un avión de papel golpeó la pizarra junto a él y aterrizó en el suelo.

.

Baro lo observó.

Su mano se detuvo en el aire, levantada hacia la gran pizarra verde que el acababa de empezar a limpiar.

Giró para comprobar quién seguía allí.

Era ella.

Ella se rió suavemente, sentada en su escritorio. Su hermoso cabello negro caía sobre sus hombros como una cascada maravillosa. "No puedo creerlo, Cha Sunwoo-Oppa." Dijo mientras se levantaba de la mesa y acomodaba su falda azul marino.

Baro sabía que se trataba solo de la falda del uniforme escolar, pero él siempre pensó que se veía bien únicamente cuando ella la usaba.

Tragó saliva. Se dio cuenta de que estaba solo con ella.

Su corazón estaba corriendo.

"No eres el único que se queda para limpiar hasta tan tarde cuando todos los demás ya empezaron a disfrutar de las fiestas y los días libres." Ella se acercó hasta tenerlo a poca distancia. Ella era pequeña. Sus ojos leyendo la pizarra.

'Feliz Chuseok'

Estaba escrito en blanco. Un montón de pequeños mensajes escritos por sus compañeros en toda la superficie a su alrededor.

Ella sonrió dulcemente al tomar el borrador de pizarras de su mano. "También eres de los que limpian sin leer lo que los demás te escriben." Dijo mientras hacía que las palabras desaparecieran con algo de apuro.

Él la observó con la mente en blanco, hasta que entendió. Sus ojos pasaban de ella a la pizarra y de regreso a ella.

"¡¿Qué?!" Preguntó. "¡¿Qué estás diciendo?!" Su mano trató de detener la de ella, pero cuando sus dedos tocaron su suave piel, él la dejó ir.

Ella se detuvo. La mitad de la pizarra era verde otra vez.

Ambos abrieron sus ojos en sorpresa.

"Jieun-ah." Baro dejó salir el aire de sus pulmones. En este punto, su corazón estaba golpeando su pecho con tanta fuerza que pensó que moriría. "¿Qué... Qué estaba escrito allí?" Preguntó y una sonrisa traviesa iluminó el hermoso rostro de ella.

"Nada." Jieun respondió golpeando dos de esos borradores en su cara. El blanco polvo volando en el espacio entre ellos.

El quería toser. Su mano trataba de dispersarlo.

Ella dejó su lado y regresó al escritorio de Baro para recoger su bolso. "Creo que nos volveremos a ver cuando las clases empiecen. Ten unas felices fiestas, Oppa."

Con eso ella se dirigió a la puerta que estaba en la parte trasera del salón. Baro pudo decir que ella usó esa misma entrada más temprano.

Él observó la pizarra una vez más y luego su delicada espalda, su precioso cabello negro. "¡Jieun!"

Ella se detuvo.

"¿Qué habías escrito en la pizarra? ¿Qué querías decirme?" Preguntó con firmeza. Su corazón se detuvo.

Ella dudó. Dió un paso más en dirección a la salida antes de girar para encararlo nuevamente.

"Sunwoo-Oppa..." Su rostro estaba rojo y Baro pensó que ella nunca había sido más hermosa que en ese momento. "Tengamos una cita durante Chuseok."

.

Baro miró el espacio vacío.

Ella estuvo absolutamente hermosa en ese momento. Ella aún era hermosa. Al menos en sus recuerdos ella siempre sería así de hermosa.

Baro suspiró.

Qué tonto de su parte.

Después de diez años él se estaba preguntando dónde estará ella.

Seguramente está casada.

Su sonrisa desapareció. Eso no sonaba nada bien.

No. Ella seguramente seguía soltera.

Eso estaba mejor.

Ella estaba feliz y soltera.

Su mirada cayó en el escritorio del profesor. En verdad había un avión de papel sobre él.

Sonrió con dulzura.

¿Eh? Algún niño estuvo travieso el último día.

Lo tomó en su mano y lo dejó volar sobre el salón de clases.

Él se sintió nostálgico hoy.

La luz roja que entraba por las ventanas se estaba volviendo púrpura cuando él salió al pasillo con sus manos en los bolsillos.

Contempló el campo de fútbol desde la amplia ventana. Él había pasado lo mejor de su tiempo libre con sus amigos allí. Tal vez debería tomar una foto y enviarla a ellos.

También debería tomar una foto de su salón. Pero esa sería solo para él.

Giró sobre sus talones con su teléfono en la mano cuando la escuchó.

"¿Sunwoo-Oppa?"

Su corazón se detuvo. ¿Acaso era posible? ¿Se estaba volviendo loco?

Sus ojos se dirigieron al final del pasillo.

Ella era hermosa.

La niña. No. La mujer que estaba en frente de él era hermosa. Te quitaba el aliento.

Ella aún era pequeña, pero ahora usaba un par de zapatos de tacón glamurosos, su falda escolar azul fue reemplazada por jeans ajustados y una larga chaqueta, su piel se veía suave y su maquillaje lo resaltaba, su largo cabello ya no era negro, ahora caía sobre sus hombros en una maravillosa cascada rosada... Se veía más hermosa que antes.

"Jieun-ah."