Capítulo 4 Yo en el futuro.

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Seguimos siendo los mismos no importa qué.

El sol era cálido.

A Jinyoung le gustaba eso.

Sus ojos estaban cerrados y el sol le hacía sentirse cálido y bien.

Estaba en el jardín trasero de su casa, sentado en el marco de la puerta. Su viejo cuaderno en sus rodillas y una sonrisa en sus labios.

Sus ojos se abrieron cuando cayó sobre su nariz. Un pequeño pétalo rosa del árbol de sus vecinos.

Sonrió.

Era domingo y había dicho que quería escribir una nueva canción, pero al final no hizo nada excepto relajarse.

"¡Oh! ¡No! ¡Por favor!" De repente una voz se escuchó. Él rió por lo bajo.

Jinyoung la reconoció. Así que se levantó y caminó hacia la pared que era el límite.

Tenía dieciocho años y era lo suficientemente alto como para ser capaz de echar un vistazo a la casa de al lado sin problemas, pero no pudo encontrarla.

Finalmente, decidió hablar. "Lindo día, ¿no es así?" Por alguna razón pensó que eso no sonó lo suficientemente cool.

Escuchó algo golpeando el suelo. Por supuesto que no podía verla, estaba en algún lugar junto al muro.

"¿Oppa?"

Sonrió otra vez. Ella se oía particularmente linda hoy. "Sí, es oppa. ¿Estás sola? ¿Peleaste con tu hermana?" Eso es estúpido, su cerebro le criticó... Pero también le recordó que él ya había presenciado una pelea entre ellas antes. "Deberías saber que ustedes dos no deben molestar a tu madre otra vez."

"¡¿Qué?!" Ella preguntó como si estuviera loco. En verdad era algo estúpido para preguntar. "¿A qué viene eso?"

Él hizo un puchero, era bueno que ella no podía verlo en ese momento. "No sé." Trató de hacerse el interesante. "¿Qué estás haciendo sola entonces?"

"Cosas." Fue la simple respuesta. Pero después de un momento añadió. "Tarea. Para mi clase de arte. Tengo que dibujar lo que veo y mostrar algunas perspectivas... Eonnie está comiendo pasteles con Eunjung-eonnie."

Tenía curiosidad. Quería ver.

"En otras palabras, te dejaron atrás." Se rió.

"Sip." Ella no le dió importancia.

"¿Qué estás dibujando?" Preguntó apoyando su espalda en la pared.

"El árbol."

Tenía curiosidad.

"Mmmm." Observó las ramas llenas de rosado sobre su cabeza. "¿Es bueno?"

"¡¿Cómo voy a saber?!" Ella se quejó. "¿Espero que sí?"

Quería ver.

"Déjame ver. Yo te digo."

"¡¿Qué?! ¡No!"

"¿Por qué no?" Miró arriba al muro, no era tan alto.

"¡Porque te vas a burlar!" Estaba adorablemente preocupada. "¡Mi mamá no te dejará entrar!" Dijo riendo en el instante en que él aterrizaba a su lado. Sus ojos se abrieron con sorpresa.

"Encontré mi puerta." Jinyoung declaró limpiando sus manos en sus jeans.

Ella hizo un puchero.

Keri estaba usando sus pantalones deportivos más cómodos y un lindo suéter, estaba sentada en una posición graciosa con su espalda en el árbol. Se veía tan adorable como se oía unos minutos atrás.

"Déjame ver." Insistió con una sonrisa burlona.

Ella puso sus ojos en blanco. "¡Oppa, eres imposible!" Dijo pasándole su trabajo.

¡Era hermoso!

"No está mal." Decidió, sentándose a su lado.

"¿Qué estás haciendo?" Demandó preocupada.

"Asegurandome que no lo arruines." Explicó y tomó un pétalo rosado de su largo cabello.

Observó el pétalo en su mano.

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Era lindo.

Pero no tan lindo como solían serlo en el pasado.

Dejó ir el pétalo.

Miró arriba, al árbol de sus vecinos. No era tan hermoso como cuando ella vivía allí.

Su teléfono sonó.

Él sonrió al ver el nombre en la pantalla.

Así fue cómo terminó allí.

"¿Oppa? ¿De verdad podemos conseguir lo que Jieun-eonnie pidió aquí?" Keri lo miraba con un puchero en sus labios.

Estaban en el mercado tradicional de Daegu. Y él no estaba tan seguro.

Esa chica Jieun era bastante exigente y él no había pensado bien las cosas. Ahora que estaba viendo la lista tenía muchas dudas.

"No debí escucharte cuando te ofreciste a acompañarme, ¡No tienes ni idea!" Se quejó ella. Estaba usando unos tacones altos. Se veía madura.

"¡Hyung! ¡Encontré el kimchi que ella quiere! Ésta es la marca, ¿verdad?" El chico alto y nada feo (incluso Jinyoung tenía que admitirlo) lo llamó desde el otro lado del pasillo lleno de personas.

Él no contestó en seguida. Miró con aire de superioridad a Keri primero. "¡Te lo dije!" Presumió antes de caminar a donde estaba Cha Eunwoo, el dongsaeng de Keri, amigo de Jieun y (por supuesto) EL modelo.

Le molestaba, por alguna razón. Pero, en verdad el chico era muy amable, incluso cuando daba la impresión de ser algún tipo de estirado presumido debido a la forma en que las personas se le quedaban mirando en la calle. Ahora Jinyoung se había vuelto su hyung. Grandioso.

"Sí. Ésta es." Confirmó. "Buen trabajo, niño." Jinyoung tal vez intentó fastidiarlo llamándolo de esa forma, pero el chico solo sonrió satisfecho con el cumplido.

"Noona dijo que si compramos todo rápido podremos ir al centro de la ciudad." Eunwoo recordó mirando a Keri.

Ella estaba a su lado con su mirada centrada en el teléfono en sus manos. "Eso haremos. Pero Jieun-eonnie acaba de enviarme otra lista. Una más larga. ¿Deberíamos separarnos?"

"¡No!" Ambos hombres respondieron al mismo tiempo y eso molestó un poco a Jinyoung.

"Me perderé." Explicó el más joven con una dulce sonrisa.

"Scooby Doo le enseñó al mundo que es una mala idea explorar por tu cuenta." Sugirió Jinyoung. Eso la hizo reír. "Vamos." Le sonrió y puso brevemente su mano sobre su espalda para hacerla caminar en frente de él como siempre.

Pero ahora, Cha Eunwoo estaba junto a ella.

'Es su exnovio.' Le recordó su cerebro.

Ella se lo contó cuando él le había preguntado con quién iba a almorzar ese día. Ahora eran amigos. Solo amigos.

Pero al verlos...

Se veían bien juntos.

...

El silencio entre nosotros.

Taeni estaba frunciendo el ceño.

Él trató de sonreír, pero Gongchan no era un buen actor.

Ella dió un paso atrás para dejarlo entrar.

La casa era hermosa. Más grande de lo que se imaginaba. La sala de estar tenía un gran ventanal y mucha gente... MUCHA.

"Hola." Se sentía tímido.

"Hola, Chanie-hyung." Moonbin estaba en un sofá y habló con una gran sonrisa. Alzaba a un niño en el aire con sus largas manos.

"Ten cuidado, Binnie." Eunjung le pidió con dulzura. "Buenas tardes, Chanshik-ssi."

Él hizo una pequeña reverencia, incluso cuando ya lo había hecho antes.

"Siéntate un momento." Taeni señaló otro sillón. Y le entregó un vaso con hielo y un líquido colorido. "Ella está arriba."

Gongchan hizo lo que le pidieron. Por alguna razón estaba muy nervioso. "Pensé que estaría en casa de sus padres." Dijo en voz baja después de unos minutos.

"El apartamento de su madre." Le corrigió Taeni. Ella le sonrió a Mino y Moonbin le dejó jugar con el niño, sentándolo sobre sus rodillas. "Se está quedando allí. Solo que hoy no."

Él tragó saliva.

"Estaba muy emocionada sobre hoy, así que se quedó con nosotros." Eunjung aclaró. "Chanshik-ssi, ¿lo entiendes? Hoy es importante."

"¡Yo... Lo sé! Yo..."

"Solo ten cuidado." Taeni lo interrumpió con una mirada seria.

Él quiso explicar que esto era importante para él también, pero...

"¿Vamos a salir ahora?" Una risa lo distrajo desde las escaleras. "¿O estás demasiado entretenido con mis eonnies?" Preguntó Suji.

¡Y, Dios!

Ella era tan hermosa.

Estaba usando un lindo suéter rosado que era demasiado grande para ella y unos pantalones blancos que contrastaban con esas botas militares. Su cabello tenía un color diferente.

"Hola." Dijo sintiéndose en las nubes.

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"Hola." Contestó su profesora de matemáticas con cualquier cosa menos una sonrisa en su rostro. No estaba para nada feliz. Él tragó con díficultad. "Gong Chanshik, ¿no es así?"

Él asintió. Ella suspiró.

Él estaba en el salón de profesores. Solo habían unas pocas personas allí, pero aún así se sentía como si le faltará el aire. El hombre que les daba química lo miraba como si fuese un criminal.

"Lo siento." Decidió decir.

"Deberías sentirlo." Dijo la mujer con largo cabello negro mientras fruncía el ceño. "Tú no eres así normalmente." ¿Cómo podía saberlo? Acababa de preguntar por su nombre. Él hizo un puchero. Si Jinyoung-hyung se enteraba que él estaba allí porque se quedó dormido a causa de que se quedaron jugando toda la noche, se sentiría culpable.

"¡... Y lo peor es que tenías que ser ruidoso! ¡Al menos sé inteligente y deja tu cabeza sobre el escritorio!" ¡Oh! La mujer seguía hablando.

"Lo siento." Repitió.

"Ya no eres un niño. Estás en tercer año, necesitamos que des el ejemplo." Y la mujer seguía hablando.

Gongchan se estaba aburriendo, así que le permitió a sus ojos viajar por la habitación.

No había nada interesante. Solo el cabello negro de ese extraño hombre al que todos llamaban el bigote de Dumbledore. Creyó recordar que enseñaba matemáticas a los de primero.

"Puedes dejarlos ahí." Otro profesor sin gracia estaba entrando al lugar. El hombre alto abrió las puertas y...

La luna intentó alcanzar el sol.

Ahí estaba ella. La chica. Su chica.

Hermosa como siempre. Su corazón se detuvo.

Con una gran sonrisa y cargando todos los cuadernos ¿de qué?... ¿Tres? ¿Cuatro clases?

¿Cómo esa basura de hombre la dejó cargar todo eso?

Sus manos se volvieron puños.

"¡Gong! ¿Me estás prestando atención?" Su profesora le preguntó cerca de su oído. Ella se levantó y lo miró furiosa.

"Sí. Estoy oyendo." Dijo, pero su mirada nunca se alejó de la hermosa chica. Ella estaba dejando su carga sobre unas de las mesas.

"Te dije que los pudieras aquí." El hombre dijo señalando una mesa al otro lado de la sala.

"¡Estudiante Gong!" Le reclamó su profesora otra vez.

"Dije que lo sentía." Repitió muy calmado a pesar de que no se sentía de esa forma. Era más alto que la mujer, por lo que pudo ve la escena de la entrada sin problemas.

La chica dejó salir una carcajada. "Deberías estar agradecida de que los traje hasta aquí, hombre."

Gongchan estaba impresionado. Incluso su profesora la volteó a ver con sorpresa.

"¿Qué está diciendo, estudiante?" Preguntó el alto profesor.

"Lo que escuchaste." Ella aclaró apuntando a sus propias orejas. "Te ayudé porque pretendías que esa pequeña niña llevara todo esto sola. La próxima vez pídele ayuda a más personas o llévalo tú mismo." Sonó muy firme.

"Te estás ganando una detención por esto."

"Escríbela de una vez, viejo." Él no era viejo. Eso hizo reír por lo bajo a Gongchan. "Tengo muchos amigos ahí." Dijo alzándose de hombros.

Y con eso se fue...

"¡Estudiante! ¡Regresa aquí!" El hombre la llamó mientras salía del salón.

Su profesora de matemáticas suspiró una vez más. "Al menos tú sí respetas." Él sonrió. En realidad estaba pensando en golpear a ese hombre. Él no era respetuoso. "Te dejaré ir sin castigo hoy."

"Gracias." Dijo queriendo salir corriendo y ver qué pasó con la chica que hacía que su corazón corriera como loco.

Cuando cerró la puerta del salón de profesores a su espalda, dejó salir una risa silenciosa. Ella era más cool de lo que había pensado. Sin saberlo, acababa de salvarlo.

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"¿Qué es tan gracioso?" Preguntó Suji con una sonrisa en su rostro hermoso mientras se sentaba.

"Nunca imaginé que vendríamos a un lugar como este." Confesó cerrando la puerta corrediza. Estaban en un restaurante tradicional y eligieron sentarse en una habitación privada con una gran mesa con parrilla en el centro y muchos cojines en el suelo. "Me imaginaba algo más... Fuera de lo común."

Ella río y Gongchan supo que lo que había dicho estuvo bien.

"Cierto." Aceptó Suji con una sonrisa. Mientras recogía su largo cabello ondulado en una cola alta. "En nuestra segunda cita, cuando regresemos a Seúl, te llevaré a mi restaurante urbano favorito. Podemos escalar una pared y luego cenar... o tal vez haremos arquería en ese café al que fuí con..."

"¿Vamos a tener una segunda cita?" Gongchan sintió que su corazón estaba a punto de explotar. "¿Nuestra primera cita ya es así de buena?" Tenía ganas de jugar. Una sensación burbujeante en su piel.

Se rió en alto. "Bueno..." Dijo alzándose de hombros. "Necesitamos llegar a conocernos, oppa. Nos lo merecemos después de tanto tiempo, ¿No lo crees?"

Él rió. Era un hombre adulto. Tenía veintisiete años, y aún así, la mujer que estaba en frente de él lo hacía sentir como un adolescente. Podría haber jurado que sus mejillas estaban rojas.

"Sip. Nos merecemos eso." Dijo leyendo el menú. "¡Oppa va a pagar, así que vamos a ordenar solo lo mejor!"

"¡Ooooooh!" Aplaudió Suji. "¡Esta podría ser la mejor cita del siglo."

...

AHORA: Somos tan diferentes de nuestros yo pasados.

Era amargo.

Tan amargo.

Ese café era la bebida más amarga que él había probado en su vida.

Y era extraño, porque siempre había amado el café y siempre había amado esa cafetería.

CNU alzó la mirada a la silla vacía que estaba al otro lado de la mesa. Estaba esperando verla a ella.

Suspiró.

Era un perdedor.

"¡Oppa!" Alguien lo llamó y sí, era Taeni con la sonrisa más grande en su adorable rostro. Estaba usando un largo suéter que la hacía ver más pequeña. "¡Qué sorpresa!" Estaba de pie tan cerca de él que lo estaba viendo desde arriba.

Él no quería, pero sí... Por supuesto que le sonrió.

"Es raro verte aquí." Dijo. Y por un momento temió que lo malinterpretara. Un sentimiento incómodo se abrió paso en lo profundo de su pecho.

Su sonrisa no desapareció. "¿Lo es?" Ella dejó que su mirada recorriera todo el lugar hasta detenerse en la pared de vidrio que daba al jardín y al pequeño lago. "Puede que éste sea el único lugar que extraño de Daegu. Ellos hacen mi café favorito, así que siempre vengo cuando visito a mis padre." Explicó como si esa fuera la primera vez que estaban allí juntos.

Él hizo un sonido de aprobación. "¿Vas a sentarte conmigo o estás esperando a alguien más?"

Ella se echó a reír. "¿No estoy esperando a nadie?" Taeni le mostró una larga factura. "Estoy esperando que mi orden esté lista. Voy a llevar café a todos en tu casa, ¿sí sabes que estamos decorando tu lugar para la cena de compromiso?"

CNU hizo una mueca. "Lo sé. Pero no soy bueno con esas cosas, créeme, no me van a extrañar allí." Entonces hizo una seña a la mesera. "Siéntate, por lo que puedo ver, van a tener que hornear la mitad de las cosas que pediste, así que déjame invitarte una taza."

Ella miró al mostrador y luego a la mesa. Era una de SUS mesas, cerca de la esquina y con buena vista a todo el lugar para que nadie pudiera molestarlos.

Él notó perfectamente el momento en que se decidió.

"Bien. Pero si mis cosas están listas antes de que pueda tomarla, tú vas a beber toda esa cafeína."

Ella era tan encantadora. CNU asintió con la cabeza contento. Incluso decidió pedirle a la mesera que retrasara aquella orden.

Taeni lo miró sonriente mientras apoyaba su codo en la mesa y dejaba descansar su mejilla en su mano. Estaba viendo hacia el gran ventanal, al lago.

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"¿Qué sucede?" CNU preguntó siguiendo su mirada. Estaba lloviendo. Hacía frío. Noviembre estaba llegando a su fin. Se suponía que debía hacer frío. Ella estaba molesta.

Taeni levantó la vista para verle. Mejillas sonrojadas y un puchero en sus labios. "¿Oppa, qué pasará…?" Se detuvo allí. Sus ojos centrados en sus manos.

Parpadeó curioso. CNU estudió su rostro tratando de averiguar qué estaba mal. Pero no pudo ver nada más allá de ella siendo bella. Decidió preguntar. "¿Qué está mal, cariño?"

Ella sonrió un poco al escuchar el apodo, pero no levantó la vista. "Es solo que… ¿Lo notaste?" No estaba molesta. Estaba triste. Y él golpearía a cualquiera que la hizo sentir así. "El próximo año vas a presentar tus exámenes y luego..." Tragó saliva con dificultad y él lo supo. Él era el único que la estaba entristeciendo. "Vas a ser aceptado en una Universidad importante lejos de la ciudad y nosotros…" CNU cerró los ojos por un momento cuando pensó que sus labios estaban temblando. Pero de inmediato volvió a abrirlos para verla. Estaba sonriendo. Una sonrisa llena de tristeza. "Estaba pensando… Me hubiera gustado mucho que nos conociéramos un poco antes."

Dios. Él lo sabía. A él le hubiera gustado eso también.

Ambos devolvieron la vista al lago. Las gotas de lluvia hacían hermosos diseños en el agua.

A CNU le hubiera gustado decirlo. Eso no arreglaría nada, pero a él le hubiera gustado decirlo.

"¿Quieres que salgamos?" Mierda. Eso no era lo que tenía que decir. "¿Este fin de semana?" Sus hermosos ojos lo estaban viendo llenos de curiosidad. Él sonrió encantado. "¡Hagamos algo divertido! Podemos ir al acuario y luego almorzar en un buen lugar, ¿te gustaría?"

Taeni se sonrojó. Y asintió. Su mirada no volverá a él por un rato.

Sonrió. Sí. Quería verla sin el uniforme escolar tanto como pudiera.

"Con permiso." La mesera regresó con dos trozos de pastel y dos tazas de café.

CNU le agradeció y luego tomó el azúcar para ofrecerlo a Taeni. Ella rió.

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"Gracias." Respondió mirándolo directamente. "Pero no la necesito." Taeni lavantó una mano. Y…

¿Qué mierda? CNU no podía creerlo. "¡A ti te gusta con kilos de azúcar!" Reclamó.

Ella volvió a reír. "Me gustaba." Su taza sobre sus labios SIN UN GRAMO DE AZÚCAR. "Pero creo que mis largas noches sin dormir durante la universidad arruinaron mi vida."

Eso debería ser gracioso. Pero no lo era.

Seguramente aquel tipo Moonbin sabía eso.

"Entonces… ¿A quién le estabas gritando?" Preguntó Taeni apuntando a su teléfono.

"A nadie." Dijo cruzando los brazos sobre el pecho. Pero al notar que ella empezaba a fruncir el ceño añadió. "Era alguien del trabajo. Un estúpido autor pidiéndome cambiar la fecha de entrega."

"Mmmm…" Ella desvió su mirada. "Dijiste que eres editor, ¿cierto?"

"Más bien un niñero de viejos que escriben." Eso la hizo reír y él sintió su pecho cálido.

"Bueno, siempre te gustaron los libros, no debe ser tan malo. ¿O sí?" Ella ladeó la cabeza y se veía tan adorable...

"Me gusta la poesía…" Aclaró. "Edito terribles historias de amor llenas de vampiros y zombies. Es muy malo."

"¡Ah!" Dijo ella entusiasmada. "Creo que amo ese tipo de historias más que otra cosa, así que tú trabajo es muy importante, oppa."

CNU sonrió de medio lado. "Pensé que a ti también te gustaba la poesía." Murmuró mirando a otro lado. No estaba seguro si eso le enojaba o no.

"Me gustaba… O algo así. Durante el Instituto Superior…" Ella tomó de nuevo de su oscura bebida. "No leo poesía ahora. No la entiendo."

¿Estaba mintiendo?

Sus ojos se encontraron por un momento. Estaban en silencio.

"Las cosas cambian." Dijo.

"Mucho." Ella no sonreía más.

De repente ella se levantó. "Supongo que tengo que hablar con alguien. Necesito nuestros cafés, ellos han estado esperando." Revisó su teléfono. "Están esperando."

"¿Quieres que te lleve?" Ofreció CNU.

Eso hizo que se detuviera y presionara sus labios en una línea recta.

"Sí. Es tu casa, así que no te haré perder tiempo." Respondió antes de alejarse.

Él suspiró.

CNU llevó la taza a sus labios.

Hizo una mueca.

Era amargo.

Tan amargo.