CAPÍTULO 2:

En una pequeña pero cómoda casa, un joven de 16 años y largos cabellos recitaba las lecciones mientras estaba sentado estilo indio sobre su cama.

"Callado, reservado..." murmuró mientras tomaba unos granos de arroz del tazón frente a él con sus palillos, "gracioso... educado..." continuó, metiendo el gran bocado de arroz en su boca, "delicado..." farfullaba con la boca llena antes de tragar finalmente y tomando un pincel que posaba detrás de su oreja, mojó la punta en el bote de tinta frente a él, "refinado, equilibrado..." murmuró con más confianza mientras continuaba agregando caracteres a los que ya estaban adornando su antebrazo derecho, "¡puntual!" exclamó felizmente con una sonrisa al haber terminado su trabajo.

En ese momento el gallo de la familia decidió intervenir y con su cacareo anunció la hora.

"¡Es tarde!" el muchacho exclamó jadeante y se tiró de la cama, lanzándose a correr mientras llamaba y soplaba sobre su antebrazo intentando acelerar el proceso de secado de la tinta, "¡Hermanito! ¡Hermanito!"

Estaba a punto de salir a buscar al susodicho cuando vio al pequeño perro durmiendo cerca de la entrada. "Ahí estás." Arrulló, haciendo que el cachorro se pusiera de pie inmediatamente, ladrando alegremente mirando hacia el lado contrario. "¿Quién es el perro más listo del mundo?" Dijo con una risita levantando a Hermanito para que volteara hacia él. "¿Qué dices, amigo? ¿Me ayudarás con las labores de hoy?" Preguntó mientras tomaba una bolsa de tela de una pila y la arrojó al suelo detrás del can. Sin detenerse, ató una cuerda al collar y una vara sosteniendo un hueso en el aire al cuál el cachorro inmediatamente tuvo una reacción y se lanzó para intentar agarrarlo con un gruñido, comenzando a correr por toda la sala dejando un rastro de semillas detrás de sí.

El joven sostuvo la puerta abierta pero el cachorro le esquivó y se dio de hocico contra la pared.

Dando un gesto de dolor y sorpresa ante el golpe, él iba a revisar que el cachorro estuviera bien cuando éste se levantó de golpe sacudiendo la cabeza y salió por la puerta como si nada.

Moviendo la cabeza a las ocurrencias de su perro no pudo evitar sonreír antes de dirigirse a prepararse.

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En el templo de los ancestros de la familia Hua, un hombre ya mayor se encontraba rezando.

"Honorables ancestros," dijo mientras se incorporaba de su posición de reverencia aún arrodillado, "ayuden por favor a Mulan a impresionar a la casamentera." Murmuró inclinando su cabeza en su rezo, esperando que sus ancestros pudieran vigilar y cuidar de su hijo.

Preocupado desde el primer momento en que sostuvo a su pequeño hijo, él supo que no sería fácil. Ya considerado en la edad de casarse, Mulan debía de esposar a un Alfa para así brindar honor a la familia. Amaba a su hijo con todo lo que tenía, pero su estado de Omega era considerado una carga en muchas familias. Si no conseguía un buen partido con la casamentera… temía por el futuro de su hijo…

La tranquilidad del lugar pronto se vio interrumpida de repente por los fuertes ladridos del perro de la familia entrando en el templo, sin detenerse en sus movimientos y sus ladridos, correteó rodeando al hombre aún arrodillado con un aro de semillas antes de salir corriendo de igual manera a como entró y las gallinas rápidamente aparecieron comenzando a devorar las semillas.

"¡Por favor! ¡Ayúdenlo!" Rogó.

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Llevando una bandeja con una tetera y una pequeña taza, Mulan ya vestido casualmente y con su cabello recogido en una coleta suelta, se dirigía hacia el templo donde sabía con seguridad que su padre se encontraba rezando. Encontrando al cachorro sobre sus patas traseras intentando alcanzar el hueso que aún posaba por unos centímetros sobre su cabeza, Mulan se detuvo y agachándose movió el hueso cerca del alcance del can pare que éste lo tomara. Sonriendo, se incorporó y siguió su camino hacia el templo, "Padre, te traje tu-" comenzó pero se detuvo al chocar con su padre sin notar que él se acercaba y su bandeja cayó, "Mulan!" exclamó su padre, moviendo su bastón y logrando sostener la tetera y así evitar que cayera sufriendo el mismo destino que la taza de cerámica.

"Traigo repuesto." El joven dijo simplemente, sacando la nueva taza de entre sus ropas. "Mulan..." su padre intentó pero fue interrumpido por su hijo que inclinaba suavemente la tetera aún sostenida por su bastón y vertía el té. "Los doctores dijeron tres tazas de té en la mañana y tres en la noche." Finalizó, colocando la taza sobre la mano de su padre.

"Mulan. Ya deberías estar en la ciudad, contamos contigo para-" Comenzó su padre, intentando ser directo, "-para mantener el honor de la familia," Interrumpió Mulan, conociendo bien de que se trataba, "no te preocupes, padre, no los defraudaré." Anunció, cubriendo ligeramente las escrituras que marcaban su antebrazo con su manga.

"¡Deséame suerte!" exclamó mientras bajaba las escaleras a toda prisa.

"¡Ten cuidado!" Llamó su padre, mirando cómo su hijo se alejaba. "Iré a orar. Sólo poco más…" murmuró, volviendo a entrar al templo. Los ancestros sabrán cuánto necesitaban de la ayuda.

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"Hua Li!" Exclamó una de las asistentes que ayudaban a preparar a los omegas para su debut, dirigiéndose a una mujer que no paraba de mirar ansiosamente hacia la calle. "¿Tu hijo aún no ha llegado? La casamentera no es una mujer paciente."

"¿Tenía que llegar tarde hoy? Debí haberles pedido suerte a los ancestros." Se lamentó ella dando la vista al cielo como pidiendo ayuda. "¿Y ellos cómo han de darte suerte? ¡Están muertos!" Exclamó la anciana a su lado, sosteniendo una pequeña jaula de madera. "Además yo tengo toda la suerte que necesitamos." Anunció y tapándose los ojos, comenzó a caminar por la calle ajetreada llena de carruajes tirados por bueyes, burros y caballos, sin darse cuenta del desastre que causaba al hacer que intentaran detenerse de inmediato.

"¡Sí!" Exclamó ella desde el otro lado de la amplia calle. "¡Éste grillo es el de la suerte!"

Suspirando por las ocurrencias de la abuela Hua, mamá Hua levantó la mirada al escuchar los cascos de Khan acercarse.

"¡Ya estoy aquí!" Anunció el joven Mulan con el cabello enmarañado y lleno de heno, mientras bajaba del caballo con un salto. "¿Qué…?" preguntó al notar la expresión de su madre. "¡Pero mamá tenía que-!"

"Ya basta de escusas," reclamó su madre, tomando su brazo y llevándolo dentro donde varias estilistas estaban ya preparadas. "ahora vamos a prepararte."