¡Hola! Perdón la demora, pero los capítulos que vienen no estaban escritos de antemano y me costó volver a escribir. La pandemia ha sido bastante abrumadora. Yo estoy bien, ¡espero que ustedes también! Ojalá sirva de distracción esta actualización (L).

Creo que no lo dije antes, pero este fic no hablará de momentos que tuvieron ellos dos en el canon, son momentos perdidos por ahí~. Entonces este capítulo relata lo que pasa después de Naraku.


Estúpido hermano menor | Capítulo 15


Luego de medio siglo sin la presencia de Inuyasha, de súbito su nombre había escapado de sus labios. Su hermano volvía a la vida, aunque no lo volvería a ver de inmediato; pasarían un par de semanas hasta que hubiera decidido encontrárselo, ahora acompañado de una chica humana. ¿Otra?, pensó con desinterés al verla, recordando la lejana conversación con aquella sacerdotisa que lo había acusado de preocuparse de Inuyasha.

Inuyasha continuó siendo la molestia de siempre. Los meses pasaron y el destino lo obligó a tragarse sus propias palabras cuando le fue inevitable salvar a una humana y viajar con ella, a lo cual Jaken no se mostró particularmente afable, pero a quién le importaba ese renacuajo de todos modos. Se vio envuelto en la desagradable pelea con Naraku, el cual parecía estirar sus garras hasta envolver a todos los seres posibles. Habían sido los meses más agitados de su vida, lo cual era mucho decir para un daiyōkai como él que constantemente era buscado para probar fuerzas, pero el final había sido bastante diferente a lo que hubiera esperado. La vida siempre buscaba cómo reírse de personas como él, y con Inuyasha terminaron como habían empezado: como hermanos cercanos —o de eso se reía Kaede en la cara de Inuyasha.

Aunque hubiera dicho que eran idioteces de humanos, comprendió que era imposible decir aquello en voz alta cuando se encontraba justamente al lado de su pequeño hermano menor en esos momentos. Inuyasha tenía las cejas curvadas y miraba con ahínco el fondo del pozo, como llevaba haciendo religiosamente por un año.

—Lloverá —dijo Sesshōmaru, conociendo bien aquel aroma que traía el viento y esas nubes negruzcas que iban camino a ellos.

—¿Y eso qué? —espetó. Todos comprendían que la desaparición de Kagome luego de la pelea con Naraku era un punto delicado para Inuyasha, pero Sesshōmaru no tenía ninguna intención de suavizar sus palabras por una estupidez—. Kagome puede llegar en cualquier momento.

Sesshōmaru había dejado de preguntarse por qué hacía las cosas hacía mucho tiempo. Por lo mismo, cuando había ido a visitar a Rin y captó el aroma de su hermano en el mismo lugar donde parecía estar siempre, y sus pies comenzaron a caminar allí, ni se lo cuestionó. Inuyasha tampoco preguntó qué estaba haciendo allí. Luego de todo lo vivido con Naraku, había surgido un entendimiento tácito entre ambos.

—Podrás verla en su época —respondió Sesshōmaru—. Eres un hanyō, después de todo.

—¿Estás… estás intentando animarme? —inquirió con incredulidad, despegando la vista del pozo por primera vez desde que había llegado. Como siempre, el rostro del mayor permanecía estoico.

—Qué imbecilidad.

Y, volteándose, dio por terminado aquel encuentro ridículo con Inuyasha hasta que su voz lo llamó.

—Oye, idiota… Quédate un poco más. —Sesshōmaru lo vio con un poco de sorpresa colándose en sus ojos ante aquella petición. Inuyasha se sonrojó y maldijo internamente—. ¡No es en absoluto que yo quiera eso, porque qué asco! Es Rin.

Sesshōmaru sabía que era mentira. Kaede, la niña que le había prometido que cuidaría de Inuyasha y había crecido para convertirse en una sabia anciana, le había dicho que Rin necesitaba vivir con humanos antes de escoger su camino. Había estado con ella apenas un par de minutos atrás y se veía muy feliz. Era otra persona la que deseaba que se quedara un poco más.

No era como si tuviera asuntos urgentes que atender…

—¿Por qué insistes tanto en esperarla? —preguntó, sinceramente incapaz de entender la tozuda conducta de su hermano.

—Porque la amo, Sesshōmaru. Es mi compañera de vida. —Vio el parpadeo de su hermano, quien no se esperaba palabras tan directas respecto a sus sentimientos. Inuyasha sonrió, él tampoco esperaba decir eso en voz alta y menos frente a él, pero luego miró hacia los lados, un poco inseguro de lo que le pediría a su hermano mayor, pese a llevar bastante tiempo pensándolo. Con cada día que pasaba, perdía una pequeña porción de fe y se le rompía un poco más el corazón por Kagome—. Sesshōmaru… mi vida probablemente no alcance, incluso si soy un hanyō. Tú eres un yōkai. En quinientos años más, aquí mismo donde se encuentra el pozo… aquí está la casa de Kagome. Por favor, cuídala bien y dile que la quiero.

—Qué idiotez. —Inuyasha cerró la mandíbula, porque sabía que Sesshōmaru respondería algo como eso, pero se sorprendió al ver que no eran ésas las únicas palabras que tenía para él—. Inuyasha, sigue esperándola. Es tu compañera de vida, ¿no es eso lo que me has dicho? Entonces espérala, cuídala tú mismo y con tu propia boca dile aquellas palabras. Este Sesshōmaru no se involucrará con estúpidos sentimentalismos.

Y con la boca abierta, Inuyasha vio la espalda de Sesshōmaru alejarse en medio del vaho que anunciaba lo fría que estaría la noche. Por un segundo, recordó sus tiempos de cachorro observando por detrás la elegante espalda de tan poderoso yōkai, siempre queriendo alcanzarlo, y el odio que había tenido por él durante muchos años. Ahora, ambos conversaban lado a lado, e incluso atesoraría el significado de las palabras de Sesshōmaru: volverá, así que no te rindas.

¿Quién hubiera esperado que sería Sesshōmaru quien lo animaría mientras esperaba por Kagome? Probablemente ninguno de los dos, pero la vida daba vueltas curiosas y los había vuelto a unir.

—Gracias, imbécil… —susurró Inuyasha con una gran sonrisa, aunque su hermano ya había desaparecido.

Y, sinceramente, ninguno de los dos tenía la intención de volver a alejarse.