Hola de nuevo! Antes de nada, los personajes de esta historia no me pertenecen.

Quería aclarar un pequeño punto. Ya dije que no sabía los apellidos de los protagonistas y que en algún momento debería inventármelos. Bien, pues ese momento ha llegado. A Yona le puse el apellido "Kai" . No se, me sonaba bien, y tampoco me he roto mucho la cabeza en buscarlo. Una vez dicho esto, qué disfrutéis del nuevo capítulo. Espero que os guste, y si es así, por favor dejadme algún pequeño review. Gracias!

Capítulo 2: Destino oculto

Yona miraba con ojos vacíos el agua en la taza de té que tenía en la mesa. Sus pensamientos vagaban por sus recuerdos. Recuerdos no tan lejanos de situaciones cotidianas en las que su padre la recibía al llegar del colegio con una amplia sonrisa y le preguntaba "¿qué tal te ha ido el día?". Recuerdos en los que no tenía nada más de que preocuparse aparte de sus estudios, el aspecto de su pelo o sus sentimientos hacia Soo-Won. Todo eso le parecía ahora tan banal… Pero Soo-Won… él había desaparecido misteriosamente desde el día en que la trágica y repentina muerte de su padre la asoló. Lo único que sabía de él es que avisó por teléfono al instituto ese mismo día de que tenía que salir de viaje de regreso a su pueblo natal para arreglar unos asuntos familiares. Sin embargo él no les había dicho nada ni a Hak ni a ella de su inminente partida. Es más, su buzón de voz saltaba cada vez que Hak o ella lo llamaban al móvil. Parecía haber desaparecido de la faz de la tierra, ahora que era cuando más consuelo necesitaba ella. Lo necesitaba a él, sus dulces palabras, su amable sonrisa. Ella alzó sus ojos para encontrarse con los de Hak.

-"Princesa, es la primera vez que sales desde que… ya sabes." – dijo con pesar. –"Ha pasado una semana y no has abierto la boca en todo este tiempo. No has hablado conmigo, ni con nadie. Quizás aún no estás preparada para regresar." –Hak frunció el ceño ante su silencio.

Ella solo bajó la cabeza suspirando mientras contenía lágrimas en sus ojos. Se sentía tan desamparada. Su padre era la única familia que tenía, y aunque el abuelo Mundock la acogió en su casa como una nieta más, ella sentía que su mundo se había desmoronado. La policía había investigado los hechos y habían recuperado el teléfono móvil y el portátil de su padre. Sospechaban que su agresor podría ser alguien conocido y querían analizar las llamadas enviadas y recibidas del día del crimen así como sus correos electrónicos. La policía había contactado a Yona el día anterior para preguntarle si ya había pasado por su casa para hacer inventario. Según le dijeron, era un punto importante en la investigación saber si el agresor se había llevado algo o no. Sin embargo, ella aún no había tenido el valor para volver a entrar en lo que antes había sido su hogar y comprobar si realmente faltaba algo. No quería entrar en su casa y que los recuerdos de su padre la asaltaran, no quería imaginar lo que esa mañana había pasado allí dentro, pero sabía que tarde o temprano debería de hacerlo, así que ese día le pidió a Hak que la acompañara. Pero al llegar a la entrada del jardín, ella entró en pánico y se quedó paralizada. Hak la llevó a una cafetería para tomar un té en un intento de calmarla.

-"Sé que la policía te presiona para que lo hagas, pero quizá deberías esperar un poco más. Aún es todo muy reciente".

-"Lo sé, pero necesito saber quién lo hizo, quién asesinó a mi padre." – ella apretó sus manos en su pantalón, de pronto se sentía tan furiosa. Había pasado de la pena a la cólera en un segundo.-"¿Quién podría haber hecho algo así?" – miró a Hak con ojos desesperados y sus lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas –"¡Él era un buen hombre!".

Inevitablemente empezaron a llamar la atención de la gente sentada en las mesas contiguas. Hak miró alrededor con expresión de enfado y habló bajando la voz.

-"Salgamos de aquí…" –dijo él ayudándola a levantarse de la silla.

Salieron a la calle y caminaron un buen rato en silencio por un arbolado parque no muy lejos de su casa. Hacía un agradable día de sol de primavera, se oían los cánticos de los alegres pájaros en los ahora frondosos árboles. Pero la tristeza y la angustia se respiraban en el aire.

-"Necesito saberlo Hak…" – sus sollozos ahogaron su voz – "tengo que saber quién lo hizo, y por qué…".

Aprovechando la privacidad que el parque les brindaba, Hak la agarró con sus fuertes brazos y acunó su cabeza en su pecho acariciándole el pelo.

-"SShhhh… lo sé. Yo estaré contigo."-dijo suavemente.- "No tienes por qué enfrentarte a esto tú sola. Siempre me tendrás aquí para ti." – la consoló dulcemente rompiendo con su habitual actitud ruda y burlona.

El dolor de Yona había derribado parte de la barrera que Hak se había autoimpuesto. Verla llorar de esa manera lo despojaba de toda coraza y la verdadera naturaleza de sus sentimientos asomaba. Él no podía soportar verla sufrir así. "Si tan solo Soo-Won estuviese aquí" pensó enojado. Él no entendía cómo había podido marcharse tan de repente y sin avisar a nadie. Soo-Won se mudó con su padre a Tokyo a la edad de 3 años, y habían estado viviendo en el mismo barrio que Yona y él hasta que cumplió los 16 años. En ese momento, su padre se marchó alegando motivos laborales y Soo-Won se quedó solo viviendo en la casa. De vez en cuando él desaparecía por algunas semanas para ir a visitarle a su pueblo natal llamado "Yoo-khaan", a unos 300 km de Tokyo. Pero siempre les avisaba a Yona y a él con un par de días de antelación y generalmente coincidía con las vacaciones escolares. Algo muy grave tuvo que haber pasado para que él se marchara tan de repente, pero no podía negar que era demasiada casualidad que justo coincidiera con la muerte del padre de Yona. Pero pensar que él tuvo algo que ver en eso era descabellado. Soo-Won definitivamente no era ese tipo de persona. Él siempre era amable y respetuoso, y para el señor Kai, Soo-Won era casi como un hijo.

Pasó algún tiempo en el que los dos permanecieron abrazados, Yona ahogando sus sollozos en el pecho de Hak. Ella se sorprendió de su ternura y comprensión, jamás hubiera pensado que Hak pudiera consolarla de esa manera y que se sentiría tan reconfortada al recibir su abrazo y sus palabras. Era una parte de él que ella rara vez había visto, pero se sentía enormemente agradecida. Cuando estuvo más calmada, se apartó un poco de él y lo miró.

-"Gracias Hak,… yo…" – contuvo lágrimas que amenazaban en derramarse de nuevo – "…yo no sé qué haría sin ti. No sabes lo importante que es para mí que estés a mi lado". – ella bajó la cabeza un poco avergonzada.

Él no dijo nada, solo la volvió a abrazar tan fuerte que ella apenas podía respirar. Pero no le importaba. Estando así se sentía protegida y el resto del mundo le daba igual. Sentía que estando en su abrazo nada más podría lastimarla. De pronto sintió una ola de coraje que la invadió, como si él le hubiese prestado su fuerza a través de sus brazos.

-"Vamos, Hak. Vayamos a mi casa y terminemos con esto de una vez."-le dijo apartándose de él muy a su pesar. Ella sabía que no podía escudarse en su amigo para siempre. Ella debía afrontar este episodio si quería pasar página y superarlo. De lo contrario, nunca podría deshacerse del fantasma de lo que pasó aquel día. Necesitaba entender, y para eso debía seguir adelante y averiguar qué pasó.

-"¿Estás segura?" – Hak preguntó por si acaso, aunque inmediatamente pudo ver la respuesta en sus ojos llenos de determinación. Era la primera vez que veía a Yona tan decidida y con tanta fortaleza.

Ambos se dirigieron una vez más hacia la casa de la familia Kai. Cuando llegaron a la puerta, Hak la miró para asegurarse una vez más de que estaba preparada para enfrentarlo. Ella solo miraba al frente y con fuerte determinación dio un paso adelante y abrió la puerta, su mano temblando ligeramente.

La casa estaba tal y como la habían dejado aquel día. Ella caminó dubitativa mientras recordaba escenas de su padre hablándola por cada rincón que miraba. Cerró fuerte los ojos, sacudió ligeramente su cabeza y se deshizo de todo pensamiento. Echó un rápido vistazo al amplio salón y a la mesa que se encontraba cerca de la ventana. Ahí fue donde se había producido el trágico incidente, donde su padre y su agresor habían discutido y forcejeado, causándole la muerte. "Céntrate Yona, debes hacer esto sin dejarte llevar por tus emociones" – se dijo a sí misma. Después se asomaron a la cocina, todo parecía estar en su sitio. Subieron las escaleras hasta el primer piso, entrando primero en la habitación de su padre. Todo estaba revuelto, el colchón de la cama fuera de su sitio y los armarios y cajones abiertos. Pero Yona no echaba nada en falta. Posteriormente, entraron a su cuarto. También había sido revuelto violentamente. Ella se acercó al joyero que antaño perteneció a su madre. Ella respiró aliviada, gracias a dios, seguía allí. Lo abrió muy despacio e inmediatamente se dio cuenta que faltaba un medallón en oro blanco que su padre le había regalado por su dieciséis cumpleaños. Se lo había dado esa misma mañana, nada más despertar y antes de marcharse al instituto. Ella comenzó a llorar mientras cogía el joyero y se lo llevaba al pecho.

-"Se lo han llevado,…" – dijo ella en medio de su llanto.

-"¿Qué? ¿Algo valioso?" – preguntó él tomando el joyero para inspeccionarlo.

-"Muy valioso,… ¡el último recuerdo que tengo de él!" – sus rodillas se aflojaron y se desplomó en el suelo, apoyando sus manos contra él.

Hak no sabía qué decir, aunque sus pensamientos se centraban más en preguntarse por qué una persona entraría en una casa poniéndola patas arriba para llevarse finalmente solo un medallón. Por muy precioso que fuera, el Señor Kai tenía objetos mucho más valiosos que seguían intactos.

-"Está bien" – dijo él suavemente mientras la ayudaba a levantarse – "Iremos a comisaría a denunciar el robo de tu medallón. Con suerte, lo encontrarán en alguna casa de empeños".

Ella asintió y salieron hacia el pasillo.

-"Espera un minuto" – se giró ella para darse la vuelta y entrar de nuevo en su habitación. –"Será mejor que coja algo de ropa. No me llevé demasiada la última vez…"

Hak pensó en que ella seguía siendo una presumida y sonrió sin que lo viera. En una situación diferente él hubiese hecho un comentario sobre ello para burlarse de la presuntuosa chica, pero ahora definitivamente no era el momento. Mientras esperaba, se puso a mirar las fotos enmarcadas que colgaban del hall del pasillo del primer piso. Había una de pequeño tamaño en la que aparecía ella con su padre y su madre antes de que ésta falleciera. Recordó aquellos tiempos, en los que Yona se quedó muda por varios meses. Ella tendría unos 5 años. Su padre también sufrió un duro golpe y por algún tiempo estuvo desaparecido. Il Kai no aceptó que la policía cerrara el caso como un simple accidente de tráfico y se obsesionó intentando buscar un culpable, dejando de lado a su pequeña hija. Hak se puso serio al recordarlo mientras seguía contemplando la foto. El abuelo Mundock había estado cuidando de Yona durante la ausencia de su padre. Soo-Won y él iban todos los días a su casa e intentaban animarla. Se quedaban por la noche y dormían los 3 juntos. Hak era el que la hacía reír, y Soo-Won el que la consolaba y la tranquilizaba con sus suaves y tiernas palabras. Tras algún tiempo, el señor Kai recapacitó y volvió a hacerse cargo de su hija, dándole todo el amor que pudo y mimándola para que la falta de su madre no pesara tanto a su preciosa niña.

Hak miró la expresión alegre de la pequeña. Aunque él también tenía fotos de ellos juntos en su niñez, nunca se cansaba de mirarlas. Definitivamente, ella no había perdido su expresión aniñada, pero los acontecimientos de los últimos días habían cambiado la luz de sus ojos, haciendo que su expresión se tornara más madura.

Ella salió de la habitación con una enorme y pesada maleta. Él la cogió por ella liberando así sus frágiles brazos. Miró la foto una vez más.

-"¿No quieres llevarte esto también?" – le dijo señalando la foto enmarcada que había estado mirando mientras la esperaba.

-"¡Oh, sí!" – dijo ella acercando sus manos al cuadro. – "La foto de papá y mamá" – ella acarició sus rostros en la imagen con triste expresión.

La descolgó lentamente notando que el marco era más grueso y pesado de lo normal.

-"¿Qué es esto?" – murmuró inspeccionando el cuadro por detrás.

Yona abrió el marco con cuidado para ver qué es lo que podría haber dentro del cuadro. Un cuadro que había estado colgado en el mismo lugar desde hacía años. Se sorprendió al encontrar un pequeño libro con tapas de cuero que parecía ser bastante antiguo. Unos cordeles también en cuero lo rodeaban atados con un nudo para que éste permaneciera cerrado.

-"¿Qué es ese libro?" –preguntó curioso Hak.

-"No lo sé. Es la primera vez que lo veo." – dijo ella mientras miraba el misterioso libro por delante y por detrás.

Ella desató el nudo y lo abrió cuidadosamente cuando una foto se deslizó cayendo al suelo. Hak la recogió y se la enseñó. En la imagen aparecía la madre de Yona con un bebé con cabello rojo. Por detrás había escrito una fecha. El día en que ella había nacido.

-"Debo de ser yo cuando nací" – dijo ella volviendo a meter la foto en papel dentro de la cubierta del libro. En ese instante pudo ver asomar un pequeño sobre que inmediatamente sacó dejando ver algo escrito.

-"Para mi querida hija Yona" – leyó en voz alta.

Rápidamente abrió el sobre donde había una pequeña carta escrita a mano dirigida a ella.

"Querida hija mía,

Si estás leyendo esta carta, querrá decir que ya no estoy a tu lado. Hubiera preferido ser yo la que te contara el misterio de tu destino, pero me consuelo pensando que hice todo lo que estuvo en mi mano para protegerte. Tu padre y yo te queremos muchísimo y haremos todo lo necesario para que estés a salvo. Por ello, si alguna cosa nos pasara a tu padre o a mí, este libro podrá ayudarte a encontrar tu destino y a afrontarlo con valentía.

Tu mamá que siempre te querrá."

Yona no entendía nada. Su madre le había dejado esa carta antes de su muerte, pero su padre jamás le había hablado de nada parecido. ¿Qué secretos se escondían en su familia? Ella hojeó el antiguo libro en el que alguien había apuntado a mano algunas notas en varias de las páginas.

-"El dios Hiryu" – leyó en voz alta el título en la primera hoja.

Hak abrió los ojos de par en par y le arrancó el libro de sus manos para verlo mejor.

-"¡Ehh oye!" – se molestó ella. – "¡Lo estaba leyendo!"

-"Princesa, esto podría ser peligroso…" – le dijo mientras hojeaba él también el libro con expresión desencajada.

-"¿Peligroso?" – preguntó ella aún más molesta –"¿de qué hablas Hak?"

Hak cogió su maleta y se adelantó bajando las escaleras ante la mirada atónita de Yona. Ella no entendía ese cambio de humor en su amigo. ¿Acaso él sabía algo sobre su familia que ella ignoraba? Y de ser así, ¿Por qué todo el mundo se lo ocultaba a ella? Decidida, siguió tras los pasos de Hak para averiguar qué estaba pasando.

CONTINUARÁ...

Bueno, una última cosa, me he inventado un pueblo de Japón. No conozco la geografía ni el país, así que creo que lo mejor era inventárselo. Así que, el pueblo Yoo-khaan realmente no existe en realidad. Por aclarar...

Hasta pronto!