Capítulo 3: La verdad oculta

"El mundo humano acogerá las almas del rey Hyriu y los cuatro dragones, mas solo aquellos fuertes de espíritu serán capaces de albergar semejante carga en su corazón. El destino obrará en su favor y volverán a ser reunidos para devolver la paz y el equilibrio entre mundos."

Yona leyó las últimas líneas del pequeño libro en voz alta tumbada en su cama. Había leído el manuscrito una y otra vez, pero seguía sin entender qué relación podría tener con ella o su familia. Simplemente se trataba de un cuento místico que hablaba de un dios dragón rojo que gobernaba en un mundo de demonios con la ayuda de otros cuatro dragones. Sin embargo, no sabía explicarlo, pero algo se encendía en su corazón cada vez que leía la historia.

Yona pasó la última página y cerró el libro echando un vistazo hacia la ventana. Era por la tarde, ya estaba oscureciendo. Llevaba dos días encerrada en la habitación. Apenas había comido a pesar de que Hak solía dejarle comida en una bandeja al otro lado de la puerta, pero no tenía apetito y generalmente ni siquiera la tocaba. Miró el libro una vez más, pasando su mano por la tapa de cuero rugosa. Parecía muy antiguo. Pasó las hojas rápidamente con el pulgar. El papel estaba amarillento por el paso del tiempo. Alguien lo había escrito a mano, pero su escritura era ordenada y firme, las líneas rectas y los párrafos bien definidos. También había dibujos ilustrando cada una de las escenas. Aunque no tenía muchas páginas, la persona que lo escribió debió de dedicarle muchísimo tiempo. De pronto se sobresaltó al escuchar a alguien tocando a su puerta.

-"Princesa" – la voz de Hak sonó al otro lado de la habitación. –"¿Cuánto tiempo vas a estar encerrada ahí?"

Yona dirigió su mirada hacia la puerta pero no contestó. Se incorporó y se sentó en el borde de la cama con el manuscrito entre sus manos.

-"El abuelo y yo estamos preocupados" – insistió Hak. Ella siguió sin abrir la boca. Se dirigió sigilosamente hacia la puerta mientras lidiaba con una batalla interior entre querer abrir y gritarle que la dejara en paz, o el deseo de enterrar su rostro en su pecho y que sus brazos la arroparan, para sentirse de nuevo protegida y a salvo de todo. Sin embargo ninguna de las dos opciones le pareció adecuada, así que se quedó en silencio mientras se apoyaba en el marco de la puerta.

-"Esta bien, te dejaré la comida en el pasillo como siempre. Por favor, come algo o te enfermarás".-dijo él tras un largo suspiro.

Oyó como sus pasos se alejaban y de repente se detenían.

-"Oye…," – añadió él. –"Siento mucho lo que pasó. Solo me asusté, ¿vale?" – Hak hizo una pausa.-"Pensé que con todo lo que estabas pasando, ese libro solo te confundiría y te traería problemas. Ya sabes lo que le ocurrió a tu padre cuando tu madre murió, de qué manera se obsesionó… No quería que te pasara lo mismo a ti. Nada más." – Sus pasos continuaron alejándose por el pasillo hasta desvanecerse.

Yona recordó aquel momento en el que encontró el libro en casa de su padre hace dos días. Hak se había comportado de manera muy extraña. Aunque en general él era brusco, aquella vez fue completamente diferente.

FLASHBACK

-"¡Hak devuélvemelo! ¡Ese libro lo dejó mi madre para mí!" – Yona cruzó la puerta siguiendo los pasos rápidos de Hak, llegando finalmente hasta el jardín.

-"Princesa, déjalo estar, ¡esto solo te traerá problemas!"- él se detuvo y se giró para enfrentarla.

-"¿Qué es lo que me escondes Hak?" – ella lo miró suplicante a los ojos. – "¿Por qué todo el mundo me oculta cosas sobre mi familia? ¡Yo confiaba en ti! Entre nosotros nunca ha habido secretos, ¡cuéntame qué es lo que está pasando!" – su voz sonó desesperada al tiempo que Hak la esquivaba una y otra vez para evitar que se hiciera con el pequeño libro.

-"¡Estás delirando!" – Hak terminó levantando tan ansiado objeto con la mano por encima de su cabeza, donde ella no pudiera alcanzarlo. Él era muy alto, y a ella le sacaba un par de cabezas. –"¡Solo olvídate de esto, no hay ningún secreto en tu familia!"

-"¿Y qué hay de la carta que mi madre dejó escondida en el libro para mí?" – ella se colgó del brazo de Hak tirando de él para bajar el pequeño manuscrito de su mano, sin éxito alguno.

-"¡Tu madre estaba loca!" – Hak movió bruscamente su brazo y ella se descolgó, cayendo al suelo.

Ambos se quedaron mirándose el uno al otro sin decir nada. Hak seguía sosteniendo el libro en la mano y Yona permanecía en el suelo. Sus lágrimas brotaron en silencio derramándose por sus mejillas. Él finalmente se inclinó para ayudarla.

-"Lo siento Yona, yo,…no quise decir eso…" – él acercó su mano pero ella la apartó dándole un golpe con su palma.

Ella se levantó arrancándole el libro de su otra mano y se marchó corriendo. Cuando llegó a casa del abuelo Mundock, subió directa las escaleras y se encerró en su habitación dando un portazo.

FIN FLASHBACK

Yona volvió a tumbarse en la cama y cerró los ojos mientras pensaba en lo que ocurrió. Hak había sido tan comprensivo con ella en los últimos días, y después actuó así de raro. Definitivamente él le ocultaba algo, estaba segura. Pero no le gustaba estar enfadada con él. Él era su mejor amigo, solo él sabía cómo se sentía ella en realidad. El abuelo Mundock y él eran la única familia que le quedaba. Ellos y Soo-Won, claro. Pero Soo-Won no estaba. "¿Dónde estás? Te necesito, por favor" ella pensó casi rezándole. El cansancio se apoderó de su cuerpo y su mente, y sus ojos se cerraron, dejando caer el libro de su mano sumiéndose así en un profundo sueño.


El sonido de un murmullo despertó a Yona. Ella se había quedado dormida en la cama de cualquier manera. Giró la cabeza hacia la mesilla de noche donde había un reloj despertador digital que marcaba las 12h05AM. "¿Ya es media noche?" Pensó. Había estado durmiendo parte de la tarde. Su estómago gruñó. Se acordó de la bandeja con la cena que Hak le había dejado en el pasillo. Se levantó y con los pies descalzos se acercó hasta la puerta y la abrió muy despacito para que nadie la oyera. Miró a ambos lados asegurándose de que no había nadie, y aunque el pasillo estaba bañado por la oscuridad, se podía ver una tenue luz al fondo en lo alto de las escaleras que provenía de la planta baja. El abuelo Mundock probablemente se habría quedado dormido en el sofá viendo la televisión. Yona volvió a mirar al suelo. Afortunadamente la bandeja aún seguía ahí. Ella cogió el sándwich y hambrienta le dio un bocado sin esperar a meterse dentro de la habitación de nuevo. De pronto escuchó el murmullo de unas voces, pero no era la televisión, ella reconoció las voces de Hak y del abuelo.

Con la boca llena se acercó hasta lo alto de las escaleras, sin hacer ruido.

-"Abuelo, ¿qué vamos a hacer con Yona?" – Hak hablaba en voz baja, pero Yona podía oir perfectamente lo que decía ahora que ella estaba más cerca, escondida desde lo alto de las escaleras. – "Ella encontró el libro y ya lo habrá leído".

Una pequeña lámpara de mesa iluminaba débilmente el salón dándole un aire acogedor. En la mesita del centro, una pequeña taza de café humeaba mientras el abuelo Mundock aspiraba su pipa con aire relajado.

-"No te preocupes. Ese libro no contiene nada" –dijo el anciano despreocupado expulsando el humo de su boca.

Hak se sentó en una de las butacas que se encontraban enfrente del sofá.

-"Te veo muy tranquilo, teniendo en cuenta la situación." – la voz de Hak sonaba grave. Se estaba esforzando en mantener baja la voz, pero su inquietud se hacía notar.

-"Ese libro no significa nada" – dijo el abuelo mientras dejaba su pipa a un lado y sorbía el café de su taza.

-"Había una carta de su madre dentro del libro" – dijo Hak inclinándose hacia adelante. - "Ella sospecha algo".

Yona frunció el ceño. Efectivamente Hak y el abuelo sabían más de lo que le habían contado.

-"Hak, no le des más vueltas." – el abuelo Mundock volvió a aspirar su pipa recostándose en el sofá. –"Ella se olvidará de todo esto enseguida".

-"Ya sabes de qué manera se obsesionó su padre con el libro cuando su esposa murió" – Hak se recostó igualmente en la butaca. – "A ella podría pasarle lo mismo. Creo que deberíamos decirle la verdad."

Yona irrumpió bajando las escaleras hecha una furia. Hak y el abuelo se sobresaltaron al verla con esos ojos rebosantes de fuerza e ira.

-"¡¿Cuál es esa verdad?!" – Ella gritó enfada con sus brazos tensos a ambos lados de su cuerpo y los puños cerrados. –"¡Decidme qué es lo que pasa o me iré de esta casa!"

-"¿Y a dónde irías?" – le dijo Mundock con actitud desafiante.

-"¡Eso no importa!" – dijo ella con determinación. –"¡Ya no me importa nada, lo he perdido todo!".

Yona clavó sus ojos en Hak. Él pudo ver la decepción en su rostro. Él le había estado ocultando cosas cuando ella siempre había confiado plenamente en él. Ella siempre había sido una niña caprichosa y dependiente de su padre, pero esta vez iba en serio. Si no le contaban la verdad, ella se iría y quién sabe lo que le sucedería vagando sola por ahí. Y más aún, él nunca podría volver a verla. Necesitaba recuperar su confianza urgentemente. Sin embargo, él no dejó ver sentimiento alguno en su expresión, ahora no podía flaquear y bajar la guardia.

-"Abuelo, debemos contárselo". – le dijo Hak sintiendo el peso de la mirada de Yona.

El abuelo volvió a aspirar su pipa cerrando sus ojos y expulsó el humo con aire tranquilo. Yona lo miró expectante.

-"Si decides conocer la verdad sobre tu destino, te pondrás en serio peligro, Yona. Es por eso que el deseo de tu padre ha sido siempre ocultártelo. Y yo hice la promesa de llevarme ese secreto a la tumba." – dijo el anciano con serenidad.

Yona estaba ansiosa y atemorizada al mismo tiempo. ¿Qué clase de secreto podría esconder su destino que incluso su propio padre decidió no revelarle? ¿A qué tipo de peligro estaría ella expuesta al conocerlo?

-"Como ya le dije, no me importa nada. Solo quiero saber la verdad" – dijo ella decidida.

-"Está bien" – el abuelo jugueteó con su pipa y la dejó en la mesita. Se incorporó sentándose en el borde del sofá. – "Será mejor que te sientes querida"- el anciano le hizo un gesto con la mano en el sofá invitándola a sentarse.

Yona obedeció y se acomodó al lado del abuelo. Hubo un silencio en el que las miradas se clavaron en el anciano. La luz los envolvía tiñendo la estancia en un tono misterioso.

-"En mi opinión, creo que aún no estás preparada para enfrentar la verdad, pero no me dejáis más opción".- Mundock cerró los ojos suspirando, sabía que lo que iba a contar a la chica cambiaría por completo todo su mundo. –"El libro que encontraste cuenta una historia real. El dios dragón Hyriu existió hace aproximadamente 400 años." – Yona tragó saliva y un escalofrío la recorrió desde su espalda hasta la cabeza. No pudo evitar abrir sus ojos en incredulidad. –"Él gobernó de forma justa el inframundo, evitando que demonios cruzaran la frontera hasta nuestro mundo, permitiendo así un equilibrio entre ambas dimensiones. Sin embargo el dios dragón murió a causa de una terrible enfermedad, y los demonios han campado a sus anchas, yendo y viniendo al mundo humano, provocando catástrofes, matanzas y guerras." – El anciano volvió a hacer una pausa.

Hak pasó sus manos por su cara, en un intento de esconder su inquietud. Después volvió a su habitual inexpresividad.

-"El dios Hyriu tenía muchos apoyos en el inframundo." –prosiguió Mundock. – "No necesariamente todos los demonios son malvados, pero muchos no estaban de acuerdo con su política. Al igual que en nuestro mundo, había demonios con ansias de poder y de conquistar la otra dimensión. Cuando él y sus cuatro dragones protectores desaparecieron, empezó una guerra entre los que querían el regreso del dios Hyriu para restablecer la paz y los que no. Numerosos demonios cruzaron al mundo humano y viven entre nosotros sin que tengamos conocimiento de ello. Muchos de ellos están en el poder: presidentes, dictadores, magnates…, pero también algunos honrados, decidieron abandonar el caos del inframundo para vivir una vida más pacífica aquí, entre los humanos."

-"¿Y qué tiene que ver eso conmigo o mi familia?" – preguntó Yona ansiosa. Aún estaba un poco escéptica sobre la surrealista historia que estaba escuchando.

-"Tiene mucho que ver, querida." – el abuelo la miró atisbando una leve sonrisa. – "Es bien sabido en el inframundo, que el dios Hyriu se reencarnará en un humano tarde o temprano, al igual que sus cuatro dragones protectores."

Yona posó sus ojos en su amigo esperando recibir una señal o un guiño de que todo aquello era una broma, pero él solo escuchaba al anciano con el ceño fruncido y en silencio.

-"Sigo sin entender qué relación tiene todo esto conmigo." – Yona volvió a insistir mirando de nuevo al abuelo.

-"Los demonios que están en contra del regreso del dios dragón, llevan todo este tiempo buscando al humano que albergará su alma para acabar con él. Otros, lo buscan para devolverlo al inframundo y restablecer así la paz y el equilibrio entre mundos. Ahora, después de tantos años, Hyriu al fin se ha reencarnado aquí, en nuestro mundo." – Mundock hizo otra pausa confiriendo a la historia un toque dramático. –"Eres tú, Yona. Tú eres la reencarnación del dios dragón Hyriu". – El abuelo Mundock volvió a coger su pipa y la volvió a encender, aspirando el humo como si nada.

-"¿Quéeeeee?" – Yona se levantó de un salto del sofá. –"Pero abuelo, ¡¿qué es lo que estás diciendo? ¿Crees que ahora es momento de hacer bromas?!" – ella gritaba enfadada.

-"Es cierto princesa" – Hak habló por fin. Yona sintió una punzada en su pecho cuando se giró para mirarlo. Su pulso se aceleró. Hak hablaba con la cabeza baja para no enfrentar su mirada con la de ella. –"Mi padre era un demonio descendiente de la familia que servía al rey Hiryu. En un intento de encontrar al dios dragón reencarnado, cruzó hasta este mundo para poder traerlo de vuelta y que volviese a gobernar, pero finalmente se casó con una humana y tuvieron un hijo. Yo soy un medio demonio."- Hak levantó la cabeza y la miró temiendo su reacción, sus labios se apretaron dibujando una línea recta.

Yona retrocedió asustada. No podía creer lo que el abuelo y Hak le estaban contando. Nada tenía ni pies ni cabeza para ella. Ella no podía creerlo.

-"Así es, querida." – añadió el abuelo. – "Yo conocí a los padres de Hak hace mucho tiempo. Ellos murieron a manos de demonios detractores del rey Hyriu cuando él aún era un bebé, entonces yo lo adopté y lo crié como a mi propio hijo."

-"¿Y qué se supone que debo hacer yo ahora?" – ella lanzó una risita sarcástica. –"¿Ir al inframundo y coronarme como reina y vivir entre demonios?"-dijo gesticulando dramáticamente.

-"No es tan sencillo." – dijo el abuelo con absoluta calma. –"Como te dije, eres perseguida por demonios malvados para acabar con tu vida. Eso lo sabían tus padres muy bien y por eso te ocultaron de ellos."

-"No, no puedo creer todo lo que me estáis diciendo. ¡No!" – Yona les gritó a ambos y salió de la sala de estar, subiendo corriendo las escaleras y encerrándose de nuevo en su habitación.

El abuelo y Hak permanecieron en silencio por un rato. Ambos miraban las escaleras esperando que ella regresara. Pero no fue así.

-"Ya te dije que no era buena idea." – El abuelo se recostó de nuevo en el sofá con su pipa en la boca.

-"¡Mierda! Todo está empeorando por momentos." – maldijo Hak inclinando su cabeza y poniendo sus manos sobre ella. Le estaba resultando imposible esconder su ansiedad.

-"Ella no está preparada para enfrentar su destino. Su padre lo sabía e hizo bien en ocultarle la verdad."

-"Si Il Kai fue asesinado por demonios, Yona podría estar en peligro. Es mejor que ella sea consciente de ello."- replicó el joven.

-"De momento aquí está a salvo con nosotros." – el abuelo pasó su mano por su frente revelando finalmente un atisbo de preocupación. A pesar de que había fingido calma todo el tiempo, él estaba realmente inquieto por la situación. – "Vayamos a descansar. Mañana seguiremos pensando qué hacer".

El abuelo se levantó del sofá y se marchó a su habitación, que se encontraba en la planta baja. Hak se quedó sentado por un momento pensativo. Se preguntaba cómo afrontar esta nueva etapa en la que Yona era ahora parte de su secreto, y en lo que ella pensaría sobre él ahora que conocía la verdad. Decidido se levantó de la butaca y subió las escaleras en dirección a su habitación.


Yona se tumbó en la cama y hundió su cara contra la almohada para acallar sus sollozos. Todo lo que estaba ocurriendo la sobrepasaba. Hak era mitad demonio. Ella jamás lo hubiera imaginado. Él no tenía aspecto de demonio, pero… ¿qué aspecto tenían los demonios? Ella no lo sabía. Además, tal y como dijo el abuelo, muchos demonios vivían en este mundo pretendiendo ser personas normales, así que tal vez ellos tengan rasgos humanos. Absolutamente todo era tan difícil de creer, pero esa no era el tipo de bromas que gastaría Hak. Ella no pudo adivinar lo que sentía él en su interior, raramente Hak dejaba ver sus sentimientos, pero pensó que no debió de resultarle fácil conocer la verdad de su naturaleza, al igual que admitirlo delante de ella. Al fin y al cabo, él era Hak, su Hak, su amigo de la infancia. Daba igual si era un medio demonio o uno completo. Él era él y punto.

Mientras intentaba asimilar toda la información, un golpeteo en la puerta la sobresaltó. Levantó la cabeza de la almohada y se limpió la cara con las mangas de su camiseta. Miró su reloj que marcaba la una y media de la madrugada. Aún ni siquiera se había puesto su pijama. No importaba, al día siguiente no tenía que ir al instituto. Ella había faltado por tres días, pero después las vacaciones de primavera habían dado comienzo y afortunadamente no se había perdido demasiadas clases.

-"Adelante" – dijo ella sin pensarlo demasiado.

Hak se asomó por la puerta tímidamente.

-"¿Puedo pasar, princesa?" – ella asintió en silencio.

Hak se acercó hasta la cama, donde ella lo miraba con ojos asustadizos sentada sobre sus rodillas.

-"¿Puedo?" – le dijo él pidiendo permiso para sentarse. Ella asintió de nuevo sin decir nada.

Hak se sentó en el borde del colchón, y entrelazó sus manos entre sus piernas abiertas. Se inclinó ligeramente hacia adelante y el silencio los invadió a ambos, rompiéndose únicamente por un suspiro de él.

-"Yona yo,… lo siento, no te dije nada por miedo a tu reacción. Yo sigo siendo yo…"-le dijo él muy serio clavando sus ojos en ella.

-"Lo sé" – le interrumpió ella evitando su mirada. – "Es solo que…" – ella no sabía cómo explicarle cómo se sentía. – "Todo esto me ha tomado por sorpresa, y es muy difícil de creer y de asimilar…" – ella finalmente se movió y se sentó a su lado.

-"Lo entiendo" – dijo Hak mirando al frente. – "Cuando el abuelo Mundock me reveló mi verdadera condición, yo tenía tan solo 5 años." – el joven levantó su mirada en un intento de recordar el pasado. – "Yo preguntaba siempre por mis padres, quería saber qué les había ocurrido, por qué habían muerto tan prematuramente. Y entonces el abuelo me lo contó todo. También me contó sobre el dios Hyriu y sobre ti…" –se giró para encontrar sus ojos humedecidos.

-"¿Por qué no me dijiste la verdad?" – preguntó ella con voz suave. –"¿Acaso no confiabas en mí?"

-"Pensé que tendrías miedo de mí… y contártelo hubiese puesto en peligro tu vida. En realidad nunca se lo he contado a nadie, ni siquiera a Soo-Won"– Hak apretó sus manos. – "El abuelo me contó que tus padres querían decirte la verdad sobre tu destino, pero querían esperar a que estuvieses preparada. Cuando tu madre murió, tu padre creyó que los demonios tuvieron algo que ver, y por eso finalmente decidió ocultar el libro y la carta de tu madre de ti. Pensó que si ignorabas la verdad, estarías a salvo."

Yona lo escuchó en silencio. Ya no se sentía enfadada con él, ni con el abuelo Mundock. Entendía perfectamente los motivos por los que ellos habían evitado que ella descubriera la verdad. En realidad, ahora que lo sabía, preferiría ignorarlo. Esta verdad era demasiado para ella.

-"Hak… tengo miedo…" – admitió cabizbaja.

Hak pasó su mano por su hombro y acercó su pequeño y delicado cuerpo hacia él. Nunca pudo entender por qué el alma del dios Hyriu había escogido el cuerpo menudo y debilucho de la muchacha de pelo rojizo, pero él siempre había visto algo especial en ella. No sabía explicarlo pero su espíritu poseía una fuerza poderosa que se había manifestado en muy pocas ocasiones a través de sus ojos. Él había sido testigo de ello, y precisamente por eso él se enamoró de ella.

-"No pasa nada. Es normal tener miedo. El abuelo Mundock y yo estamos aquí contigo. Jamás te dejaremos sola." – Él frotaba el brazo de Yona suavemente con su mano, intentando consolarla. La cabeza de ella descansaba sobre su hombro. – "Ahora vamos a dormir. Mañana será otro día."

-"No quiero estar sola… por favor Hak" – suplicó ella. "Quédate conmigo,… como antes." – ella levantó la cabeza de su hombro para mirarlo.

Hak le devolvió la mirada, aún con expresión seria. Recordó esos momentos de su infancia, en los que los tres amigos dormían juntos. Yona, Soo-Won y él. En aquellos tiempos, eran solo unos niños, pero ahora ellos habían crecido, y él estaba perdidamente enamorado de esa niña que ahora estaba en camino de ser mujer. Dormir con ella era demasiado para él en este momento.

-"Está bien" – dijo él haciendo caso omiso a su cabeza. Eso no era lo que él debería haber dicho. ¿Cómo podría pasar la noche con ella?

Yona se tumbó en la cama haciéndose una bola y apoyó su cabeza en la almohada, mientras, Hak la miraba sentado aún en la misma posición.

-"¿No vas a dormir?" – preguntó ella palmeando el colchón invitándolo a tumbarse junto a ella.

-"¿De verdad no te importa que me acueste a tu lado?" – dijo él sorprendido.

-"Hemos dormido juntos un millón de veces. ¿Por qué debería molestarme?" – dijo ella ingenuamente.

Hak se acostó a su lado boca arriba, dejando un ligero espacio de seguridad entre ambos. Afortunadamente, la cama de Yona era doble, y había sitio de sobra para que dos personas durmieran sin arrimarse demasiado. De pronto notó el cuerpo de ella más cerca. Sus músculos se tensaron.

-"Buenas noches, Hak" – susurró ella poniendo su cabeza en el hueco de su hombro. –"No me importa si eres mitad demonio." – admitió ante el asombro del joven de pelo negro. – "Sigues siendo mi Hak." –y ella cerró los ojos, volviéndose su respiración mucho más profunda.

Hak continuaba rígido y no osaba mover ni una sola parte de su cuerpo. No sabía si era afortunado o un auténtico desgraciado. El hecho de que a Yona no le importara lo más mínimo esta cercanía tan íntima, confirmaba que ella no tenía ningún sentimiento amoroso hacia él. Aun así, él finalmente se relajó y disfrutó de tenerla a su lado y recordó que una vez decidió conformarse únicamente con su amistad y que eso le bastaría para ser feliz. Con ese sentimiento, cerró los ojos y el sueño se apoderó también de él.

CONTINUARÁ...