Capítulo 6: El Inframundo

Una figura con nobles ropajes caminaba rápido y firme por los pasillos del castillo Hyriu en la ciudad de Kouka. Se detuvo ante una gran puerta doble, de madera maciza, custodiada por dos guardias vestidos de uniforme azul marino y botas altas. A la altura del pecho, una banda blanca cruzaba elegantemente el uniforme de los soldados, decorado a un lado con una insignia en forma de estrella de plata que lucían orgullosos. Las insignias revelaban la categoría de cada soldado: hierro para los soldados de más bajo nivel, bronce, plata, y por último oro, éstas últimas reservadas exclusivamente para el personal de confianza del Rey. Los guardias hicieron un saludo e inmediatamente abrieron las puertas, dando paso a la gran sala del trono. La decoración era ostentosa, con sus paredes llenas de cuadros con retratos pintados de antiguos reyes, y numerosas obras de arte. No faltaban detalles en oro que adornaban el trono y los demás muebles de una época ya antigua, pero que se conservaban a modo de reliquias. La lámpara tipo araña que colgaba del techo había sido hecha a mano hacía cientos de años, con miles de cristales preciosos y brillantes. Aquella sala era como un museo. De espaldas y admirando toda aquella belleza, Su Majestad esperaba pacientemente la reunión con su fiel consejero.

-"Su Majestad" - dijo tras hacer una breve reverencia.

-"Dime Kye Sook, ¿hay alguna novedad sobre Hyriu?"- dijo girándose hacia él.

-"Sí, Su Majestad. La chica y el medio demonio han estado husmeando en el barrio de Rijozh".

-"¿Cómo han llegado hasta allí?- preguntó el Rey ladeando ligeramente su cabeza sin mostrar su inquietud.

-"Según nuestros infiltrados en la policía, el inspector del caso les dió la información".

El rey lanzó un suspiro.

-"Está bien. Puedes retirarte".

-"Su Majestad. Si me permite darle mi opinión, esa chica solo nos causará problemas. Ya hay demonios de ambos bandos que la buscan para traerla o directamente para matarla. Sobre todo ahora que los rumores de que el rey Hyriu se ha reencarnado en un humano, corren como la pólvora por el Inframundo."

-"¿Insinúas que debemos matarla?- preguntó frunciendo el ceño.

-"Sé que quería mantenerla al margen pero ella está buscando respuestas sobre la muerte de su padre..."- Kye Sook hizo una breve pausa. "No parece que ella quiera mantenerse al margen, Su Majestad."

-"Yo me encargaré personalmente de arreglar esto."- dijo haciendo un gesto a su consejero para invitarle a marcharse.

Una vez estuvo solo de nuevo, el Rey contempló el retrato de su predecesor, su padre. Una repentina enfermedad se había cobrado prematuramente su vida y él, como hijo único tuvo que asumir el trono. Sabía que ese día llegaría. Estaba preparado para ello, pero no pensó que sería tan pronto. Aquellos demonios que reinaron antes que su padre, solamente les importaba el poder y se enriquecieron a costa del pueblo para vivir una vida llena de lujos. Esto provocó aún más el deseo del regreso del dios Hyriu por parte de la población, sobre todo en aquellos más desfavorecidos, puesto que siempre se recordó al dios dragón como un rey justo y bondadoso. La adoración al dios Hyriu terminó convirtiéndose en una religión, y muchos se radicalizaron, poniendo al gobierno en serios aprietos provocando enfrentamientos entre facciones que desencadenaron una guerra, y después continuaron con saqueos a carruajes y asesinatos de nobles durante el reinado de su padre. Pero mientras él fue rey, puso en marcha muchos proyectos para mejorar la situación del inframundo. Su reinado fue breve, pero jamás se interesó por el lujo, sino más bien por la unión del pueblo. Tan convencido estaba de su política e ideología que casi podría haber sido una dictadura. Había sido un demonio fuerte y poderoso, que no dudó en reinar con puño de hierro, silenciando a todo aquel que se opusiera a su régimen, la mayoría demonios a favor del regreso del dios Hiryu. Él siempre le decía:"Hijo, si estás convencido de algo, solo hazlo. Deshazte de las piedras que dificultan tu camino y sigue adelante." A pesar de que el actual rey no comulgaba con sus métodos, la intención de su padre era honorable. Por eso dejó a su único hijo de 16 años en el mundo humano. Para encontrar a aquel que albergara el alma del dragón rojo y asegurarse de que el dios Hiryu no volviera. Esa había sido su misión desde que su padre se convirtió en rey. Pero no contó con que ese humano había estado tan cerca de él todo este tiempo, que cuando supo la verdad, no fue capaz de acabar con aquella muchacha de pelo rojizo que había sido su mejor amiga desde que tenía uso de razón. Había crecido con ella, así que decidió vigilarla y evitar que nadie supiera sobre ella para protegerla. Pero las cosas no salieron como él esperaba, y ahora ella se había convertido en el blanco de muchos demonios, tanto de los que querían matarla, como de los que la querían de vuelta en el inframundo, poniendo en peligro su forma de gobierno e incluso su propia vida.

Su majestad Soo-Won salió de la sala del trono y se dirigió hacia su despacho. El castillo del antiguo rey Hiryu tenía varias estancias. En la parte inferior había una cocina y junto a ella, separado por una gran puerta, se encontraba un inmenso comedor, dotado de una gran mesa de madera con sillas señoriales. Desde allí se accedía a un enorme salón para tomar té o café con confortables sofás y con acceso directo a los jardines del patio. En el lado este, se alojaban los sirvientes y el personal dedicado al mantenimiento del castillo y de sus jardines; en el segundo piso se encontraba la sala del trono y los despachos del rey y de sus consejeros y escoltas personales; y por último, en la planta más alta, se encontraban los aposentos. En todas las habitaciones, incluso en aquellas donde se alojaban los sirvientes, los techos eran altos y la decoración ostentosa. Una vez dentro de su despacho, el rey se asomó a la balconada y observó la ciudad de Kouka. El castillo se encontraba en lo alto de una colina sobre la ciudad, así que la vista era despejada. El inframundo no había perdido nada de su esencia. La gente vivía humildemente, sin grandes lujos, pero aún quedaban regiones muy pobres. Los que eran débiles y no tenían poderes destacados, eran los que terminaban siendo más pobres, y al final ellos mismos se juntaban en pueblos o barriadas de grandes ciudades, ya que no podían permitirse pagar otra cosa mejor. Solamente los demonios con grandes poderes triunfaban en el inframundo. Esta era una de las razones por la que muchos demonios, atraídos por la oportunidad de vivir mejor, optaban por escapar al mundo humano. Aunque muchos otros demonios sacaron partido de su poder para vivir una vida de lujo en el mundo humano. A pesar de que oficialmente el paso entre mundos no se permitía, se hacía la vista gorda en muchas ocasiones a cambio de grandes sumas de dinero, convirtiéndose esta práctica finalmente en una fuente de ingresos importante para el gobierno. Sin embargo, importar objetos del otro mundo estaba estrictamente prohibido y muy castigado por la ley, por lo que el inframundo no estaba tan modernizado como el mundo humano.


En el hall del castillo, el general Joo-Do, de la tribu del cielo, inesperadamente acababa de llegar. Kye-Sook le recibió.

-"No le esperaba hoy, general Joo-Do. ¿Ha pasado algo?

-"Esta mañana hemos tenido disturbios de nuevo en el pueblo de Kuu-Ja".

Kuu-Ja era un pueblo situado en la región de la tribu del cielo, no muy lejos del castillo, en la que cada vez habían más seguidores del dios dragón. Teniendo en cuenta el aumento de las divisiones entre la población y las dificultades para controlar todas las zonas y aplacar las protestas, el actual rey, nada más llegar al poder, decidió dividir el inframundo en cuatro autonomías según las costumbres y cultura de cada región. La tribu del cielo, en el centro, donde se encontraba el castillo Hyriu, la tribu del fuego, al sur; la tribu del agua, que abarcaba la región de costa, en el norte y el oeste; y finalmente la tribu del viento, al este. De este modo, el rey podía delegar a cada general las competencias de su región, siempre bajo el acuerdo previo y supervisión del gobierno central. Había sido un decisión muy reciente, y cada mes los cuatro generales se reunían con el rey para discutir las políticas a seguir y la situación de cada región.

-"Cada vez se suceden más a menudo."- dijo Kye-Sook preocupado.

-"Es por el rumor de que el rey Hiyriu ya se ha rencarnado en un humano. Cada vez tienen más repercusión por las acciones de propaganda que están llevando a cabo."- explicó Joo-Do.

-"Su majestad Soo-Won comenzará su gira la semana que viene. Hasta entonces procure estar muy vigilante, general Joo-Do. Debemos asegurar el bienestar de nuestro rey en su viaje, así que castigue severamente a todo aquel que realice este tipo de acciones" - le ordenó Kye-Sook.

El general Joo-Do se marchó poco después y Kye Sook se encerró en su despacho. La situación en el inframundo era muy inestable ahora que el rey Hyriu estaba tan presente en toda clase de rumores. El actual rey había conseguido en apenas dos semanas unificar el inframundo instaurando las autonomías bajo un interés común: conseguir un equilibrio y un orden en todas las regiones para poder vivir en armonía. Sin embargo, la leyenda de la rencarnación del dios Hyriu se había convertido en realidad y muchos se cuestionaban el actual gobierno, haciendo que la facción a favor de Hyriu adquiriera mayor poder. Pero lo que muchos no sabían era que este humano era una simple muchacha, sin ningún poder y que no estaba a la altura para gobernar en un mundo lleno de demonios. Su coronación solo podría significar más caos y separación entre el pueblo. Por ello, su Majestad Soo-Won había planeado reuniones con cada general realizando un itinerario por las ciudades y pueblos más importantes y estratégicos de cada región (hay que aclarar que el que una ciudad o un pueblo sea estratégico, no significa necesariamente que sea grande) para dar a conocer su política a la ciudadanía y transmitir su voluntad de mejorar la calidad de vida en el inframundo y reformar todo el sistema judicial para conseguir que los habitantes vivan en seguridad. Sin embargo, Kye-Sook sabía que el rey debía ser firme, y en ocasiones se vería obligado a transgredir las leyes y su ética para lograr su objetivo. Pero Soo-Won no era como su padre. Kye-Sook le había servido a él también mientras estuvo en el trono, y estaba seguro de que a Yu-Hon no le hubiera temblado el pulso a la hora de acabar con la chica que albergaba el alma del dios Hiryu en su interior.


Al día siguiente, los generales de las cuatro tribus estaban convocados en el castillo Hyriu, en Kouka. Todos estaban ya sentados en la gran mesa de la sala del trono, donde habitualmente el rey celebraba sus reuniones . Allí era donde habitualmente se reunían. Soo-Won y Kye-Sook no tardaron en aparecer y enseguida se unieron a los demás. Su majestad traía algunos papeles en la mano, con notas y el orden del día.

-"Bien..."- comenzó hablando Soo-Won. -"Se preguntarán por qué les he reunido excepcionalmente hoy aquí" - dijo mirando a todos y cada uno de los generales.

-"Cierto, Su Majestad" - dijo Tae-Woo, el general más joven de la tribu del viento. -"Hoy no tocaba reunión de generales"

-"Así es general Tae-Woo. Como bien saben, mi intención es comenzar un itinerario por todo el inframundo la semana que viene. Para ello necesitaré su apoyo y quería celebrar esta reunión para repasar los puntos más importantes que quiero hacer llegar al pueblo durante mis visitas a las ciudades."

Todos asintieron y el rey ordenó sus papeles con ambas manos.

-"Bien, lo primero de todo, mi consejero Kye Sook me acompañará en mi viaje. También quisiera que el general en cuestión esté presente en todos y cada uno de los eventos.

-"¿¡En todos?!" - protestó Geun-Tae, el general de la tribu de la tierra. A pesar de tener dificultades para acatar órdenes, Geun-Tae había sido un soldado de alto rango en años pasados, y era muy popular en su región por su gran fuerza y valentía. Por ello Soo-Won lo eligió como general de la tribu de la tierra.

-"Es importante que el pueblo sienta que tenemos un interés común y que hay una unión entre cada tribu y el gobierno central."- el rey se dirigió al general Geun-Tae con severidad. Geun-Tae resopló con resignación. - "Aquí podrán encontrar el planning con las fechas y ciudades a las que visitaré."- Kye Sook repartió a cada general un cuadernillo con todos los detalles de los eventos en cada región. -"Por favor, toménse su tiempo para revisarlo y si tienen alguna sugerencia no duden en hacérmela saber." - dijo Su Majestad sonriente.


Después de discutir varios temas, la reunión se dió por finalizada y cada general se marchó por su lado emprendiendo el camino de vuelta a sus casas. Una vez fuera, el general Geun-Tae echó un último vistazo al castillo. Él era un demonio de carácter fuerte, que había luchado en las guerras que se sucedieron en el inframundo algunos años atrás. Unas guerras provocadas por la ambición de algunos, que se coronaron a sí mismos como reyes, simplemente por considerarse descendientes del dragón Hiryu, o eso pretendían, puesto que nunca se pudo comprobar su auténtico linaje. Contaba la leyenda, que el Rey Hiryu había tenido una aventura con una plebeya, y fruto de aquello nació un bebé varón. Desde entonces el linaje continuó, naciendo un único varón cada vez, y cuando el dios Hyriu murió, sus supuestos descendientes reinaron sucesivamente a lo largo de los años. Sin embargo, fueron reyes egoístas y caprichosos, rodeados de todo tipo de lujos, pero a costa de los ciudadanos, que cada vez eran más pobres. Así pues, tras siglos de austeridad y pobreza, el pueblo se rebeló y sumado a las divisiones que ya existían, se desataron varias guerras civiles en las que no habían únicamente dos bandos. Existía el bando de aquellos que no creían en el linaje de los reyes y ansíaban el regreso del auténtico dios Hiryu, rencarnado en humano; por otro lado, otro bando que abarcaba aquellos que apoyaban al rey incondicionalmente, compuesto en su mayoría por nobles y personas cercanas al monarca; y finalmente los que querían derrocar al rey y elegir un gobierno democráticamente. El padre de Soo-Won y el general Geun-Tae pertencían a este último bando, y lucharon juntos codo con codo sin piedad pero con valentía y honor en las sangrientas batallas, saliendo victoriosos y ganándose el respeto y la admiración de su pueblo. Tras varios años de batallas, las guerras terminaron, y el pueblo en su mayoría eligió al padre de Soo-Won, Yu-Hon, como rey gobernante del inframundo.

Tras la guerra y la posterior coronación de Yu-Hon, el antiguo rey y algunos de sus allegados, se retiraron justo antes de terminar la guerra, y huyeron exiliándose al mundo humano. Aún hoy en día su paradero seguía desconocido. Y los que apoyaban el regreso del rey Hiryu se rindieron, siendo muchos de ellos aniquilados por orden del nuevo rey. Aquellos que consiguieron esconderse, siguieron predicando con su ideal desde las sombras. Así pues, su ideología no pudo ser erradicada, y había estado ganando militantes poco a poco hasta la fecha actual, haciendo cada vez más ruido y convirtiéndose en una especie de resistencia. Cuando detenían a algún seguidor del rey Hiryu, Yu-Hon no pestañeaba a la hora de aplicar la pena de muerte. Para él suponían el cáncer del inframundo. Geun Tae y Yu-Hon se convirtieron en grandes amigos, y aunque él creía que Soo-Won era débil, le tenía respeto y lo apoyaba en sus decisiones solo por ser el hijo de su mejor amigo.


En la planta baja de un viejo edificio a las afueras de la ciudad de Tokyo, un hombre con flequillo largo se sobresaltó al escuchar la alarma de su móvil.

-"¡Yoon! ¡Yoon!"- gritó tropezando con la esquina de su cama y cayendo al suelo.

-"¿Qué pasa?"- murmuró el joven entrando a la habitación de Ik-Soo frotándose los ojos. -"¡Son las 2 de la mañana! ¿Ya te has vuelto a caer de la cama?"- le dijo mirando al hombre tendido en el suelo.

-"Ya viene..."

CONTINUARÁ...