UNINSTALL_01:/Daichi Homura.

Debían ser cerca de la cuarta hora, pero realmente no le importaba. Daichi reprimió un bostezo, -ocultándolo con el dorso de la manga-, mientras escuchaba las últimas partes del discurso de Ushimaru-sensei, su profesor de estudios sociales; a quien honestamente no le estaba prestando atención.

En su lugar Daichi volteo a ver por la ventana y admiro el clima de ese día. Hubo una tremenda cantidad de nubes en el cielo. No recordó escuchar nada en el pronóstico del tiempo sobre lluvias torrenciales, así que deseo que las nubes estuvieran solo de paso. En casa le esperaban un montón de cajas aun por desempacar, no deseaba estar obligo a regresar temprano por unas cuantas gotas de agua que caigan del cielo. Daichi suspiro retornando su atención a Ushimaru sensei, quien seguía absorto en su propio mundo, explicando la importancia de ser útiles a la sociedad o algo por el estilo.

«…Aburrido» Daichi no se sentía de humor para fingir escuchar al hombre, en cambio decidió hacer algo más interesante.

Aunque cualquier cosa fue más interesante que Ushimaru.

Con cuidado de no lucir sospechoso Daichi llevo la mano a su bolsillo y saco su teléfono. Colocándolo en el pequeño espacio entre su asiento y su pupitre, Daichi desbloqueo la pantalla, sin perder el tiempo abrió la carpeta de juegos e inicio su aplicación favorita.

«Digimon World»

Pocas cosas le agradaban realmente de su nueva escuela. La secundaria Inoden es más grande que la secundaria Kosei de vuelta en Tokio, y el uniforme Gakuran negro es comparativamente más agradable que el saco y camisa gris que estaba obligado a usar. Podía llegar caminando, o tomar un bus, nada de los molestos trenes a la hora pico; también fue conveniente que las clases estuvieran un poco atrasadas en comparación a Kosei por lo que no tuvo que ponerse al día con nada y pudo disfrutar del tiempo para aclimatarse. Los profesores no fueron demasiado huraños, y aunque aún no llegaba a conocer bien a sus nuevos compañeros de clases al menos le dejaron tranquilo. Por sobre todas estas cosas, la mejor parte fue que la red wifi de la escuela le permitía ejecutar «Digimon World», algo que no pudo conseguir en su vieja escuela.

No es que el juego fuese ilegal, más bien se trataba de que era un juego: un elemento distractor para los inquietos adolescentes. O algo así. Sin importar como lo llamaras Daichi estuvo agradecido por este pequeño favor. Ser capaz de jugar en la escuela hizo maravillas con su puntación en el ranking, ¡Subió cuatro posiciones en una semana! Oficialmente entro entre los 100 mejores jugadores de «Digimon World» en Japón, un logro digno de celebrarse.

Cuando hubo terminado de cargarse la pantalla, Daichi observo con sorpresa como su número en el ranking bajo una posición desde el día de ayer. Frunció el ceño, pero no estaba molesto o sorprendido, esto fue bastante normal. Debías estar al menos entre los cincuenta mejores para que tú numero en el ranking no bajara después de un par de desafíos a tu compañero virtual. Daichi movió el pulgar por la pantalla para buscar cual fue su ultimo compañero, quien seguramente necesitaba ser reemplazado si esperaba ganar los puntos suficientes para subir de lugar otra vez.

«Honestamente todo sería más sencillo su tuviese un digimon de mayor rareza» En efecto, Daichi encontró que su "Partner" necesitaba ser reemplazo pronto.

En la pantalla de su teléfono se mostraba una figura blindaba, llevaba grandes guanteletes con cuchillas afiladas y un gran escudo en su espalda. Estaba identificado como "WarGreymon", y hasta ahora sirvió como el "Partner" de Daichi dentro del juego, lo que estaba por cambiar viendo como su barra de vida estaba peligrosamente baja. Sin darle mucho pensamiento Daichi presiono encima de WarGreymon y abrió las listas donde varios otros digimons esperaban para tomar su lugar. Luego de una simple ojeada se decidió por un "MagnaAngemon" quien debía tener una defensa lo bastante alta como para poder resistir hasta que Daichi trajera a WarGreymon de regreso al combate.

«Soy el número 98 en el ranking nacional» pensó Daichi «Pronto necesitare un digimon más raro si quiero seguir subiendo de nivel. Creo que tendré que poner dinero en los «Gatcha»

Daichi realizo un conteo mental para determinar cuánto de su dinero podía gastar antes de que entrara en números rojos. Escucho que este mes los «Dealers» ofrecían digimons de nivel de alto que tenían algún tipo poder extra o algo parecido ¿Valdría la pena arriesgarse? Como cualquier juego con Gatchas obtener un digimon especial se reducía a dos factores: suerte o la cantidad de dinero que estés dispuesto a perder.

Daichi gimió internamente. Esto requeriría mucho…

—Señor Homura, ¿Está prestando atención?

Daichi salto con alarma saliendo de su silla rápidamente e inclinando la cabeza.

¡Gah!... ¡L-lo siento señor Ushimaru! —soltó las palabras a velocidad que casi las hizo difícil de entender. — ¡No volverá a suceder!

A su alrededor pequeñas risas se escucharon de sus compañeros. Todos parecían creer que fue divertido, pero el dolor que sintió en su cabeza en el área donde Ushimaru lo golpeo con su libro fue todo menos divertido. Supo que pronto tendría un chichón ahí.

—Honestamente señor Homura, es la segunda vez que lo atrapo soñando despierto en mis clases.

—No volverá…

—No quiero sus excusas.

Las risas continuaron mientras Ushimaru-sensei lanzaba una fuerte mirada reprobadora sobre Daichi. Cuanto más y más estudiantes se unían, Daichi se volvió bastante consiente de cómo no hubo simpatía en ninguno de ellos. Lo cual, claro no fue demasiado sorprendente cuando apenas se conocían, pero un pensamiento amargo se filtró en medio de todas esas risas en su mente: «Esto no hubiese ocurrido en su vieja escuela».

En Kosei, sus compañeros se hubiesen reído con él, no de él. Yoshida o Watanabe hubiesen sido rápidos en alertarle que el maestro se acercaba. Fumi hubiera sido una buena representante de la clase y los hubiera callado a todos. Incluso el propio Daichi hubiese lanzado alguna frase tonta al aire, y podría no haber sido mucho, pero estaba seguro que sus amigos tendrían su espalda.

Pero aquí no tuvo amigos.

— ¡Que sea una lección para todos! No tolerare que pierdan el tiempo en mi clase. —Grito Ushimaru.

Daichi se encogió ante el tono de la reprimenda. Las risas a su alrededor murieron cuando Ushimaru los silencio a todos con solo una mirada. Daichi trato como pudo de desterrar esos pensamientos hasta el fondo de su mente, los de su vieja escuela, no servirían de nada en ese momento. Mientras Ushimaru despotricaba en voz alta las razones por las que estaba en problemas, Daichi no pudo evitar explorar con la mirada las reacciones de sus compañeros, que variaban desde diversión, o francamente desinterés hasta que una capto su atención.

Cerca de la puerta, en la primera fila de la clase, detrás de un par de gafas la mirada de una chica estaba centrada en él. Ikenami… Algo, sino le fallaba la memoria. Tuvo sus ojos puestos intensamente sobre él, por razones que no supo discernir y francamente parecía ser algo más que verle ser reprimido por Ushimaru. Finalmente Ikenami pareció que notar que era de mala educación quedarse viendo y quito el rostro por unos segundos, antes de regresar otra vez y comenzar a deletrear algo con sus labios. Confuso, Daichi hizo lo posible por descifrar lo que decía: U-SHI-MARU.

—… Que sea la última vez —la voz del anciano maestro lo trajo de vuelta. — ¡¿Me está escuchando?!

¡Ultima vez! Si, Ushimaru-sensei.

Si Ikenami no se lo recordaba, no hubiese retomado el discurso del maestro, lo que seguro traería más problemas. Mentalmente tomo nota para agradárselo después, extraña mirada o no. Ushimaru, rojo como un nabo luego de hablar tanto sin respirar, lo dejo ir y para entonces la campana del almuerzo sonó.

Daichi respiro un poco más tranquilo gracias a eso.

….

Para la hora del almuerzo Daichi aún estaba jugando «Digimon World».

Honestamente no tuvo nada mejor que hacer. No es como si no hubiese nadie con quien hablar, es solo que después de ser el hazme reír de la clase durante la hora de Ushimaru y el mal sabor en la boca, prefirió estar solo. Sospeso sus opciones y decidió que lo mejor sería comer su almuerzo en la azotea, donde esperaba nadie lo molestase. Lo cual, por alguna extraña razón, se sentía inmensamente cliché.

Ahí estaba él. Estudiante de intercambio, sin amigos, que pasaba mucho más tiempo jugando solo en su móvil de lo que lo hacía tratando de entablar una conversación con alguien más. Casi se siente como el protagonista de "AbsoZero", solo que dudaba mucho que una damphnir rusa saliera de la nada y le dijera que él era especial por una razón u otra… Aunque tal vez esa era la razón por la que ese anime era tan popular ¿Quién no quiere sentirse especial? Lo único que necesitaba era una excusa para que una chica linda saliera de la nada y le propusiera salir en una aventura.

—Me gustaría que algo así me ocurriese. —Daichi resoplo, luego esbozo una sonrisa soñadora mientras pensaba en voz alta. —Si apareciera y me dijera algo por el estilo no lo dudaría.

A parte de algunos videos de AbsoZero, su anime favorito, su teléfono solo tuvo otros tipos de videos, todos de su Vtuber favorita: Ao-chan. Daichi no pudo evitar sonreír tontamente mientras pensaba en ella, no una idol per se; aunque si una Vtuber bastante popular entre los gamers de Tokio ¡Esa chica era una maquina! Conocía su camino a través de casi todos los juegos que Daichi podía nombrar, sus consejos lo habían sacado de problemas en varias ocasiones, tanto así que Daichi se convirtió en un fan desde hace tiempo.

Sino mal recordaba, habría un streaming suyo jugando «Taddle Quest» esta noche, debía asegurarse de recordarlo. Pero primero debía terminar una partida antes de marcarlo en su agenda, aunque llamarlo partida fue demasiado halagador para lo que esto era.

—Me pregunto si ella jugara «Digimon World». —dijo llevando un pedazo de pan a su boca.

Sentado a la sombra cerca de las escaleras Daichi mordió despreocupado su pan de yakisoba mientras presionaba varios combos en su móvil ordenándole a su digimon atacar. Extendió su mano libre hasta su cartón de yogurt de fresa y continuo el combate. Se enfrentaba a un Agumon compañero del antiguo numero 98 (el sujeto que le robo su lugar antes), quien dio un combate competente, pero no fue rival para un Daichi molesto. No hubo razón real para volver a retar al sujeto después de recuperar su lugar, pero se sentía bien barrer el suelo con quien quiera que sea "S3-G". El combate termino sin fanfarreas y Daichi acepto los puntos que gano del combate antes de bajar su móvil.

Una victoria vacía, pero una victoria no menos.

Bebió de su yogurt, y luego igual que antes miro hacia el cielo para admirar las nubes grises. El sol había salido, pero el clima distaba mucho de cambiar pues aun hubo cientos de nubes que amozaban con dejar caer su frio regaderazo sobre la ciudad.

« ¿Cómo estarán las cosas de vuelta en Tokio?» Ahí estaba él otra vez.

Un mes. Un mes que transcurrió en lo que parecía ser ambos, un parpadeo y una eternidad. Un mes en el que Daichi, tal vez, aun no digirió bien la situación de haberse mudado del barrio en el que había crecido. De haber dejado atrás a los amigos con los que creció, la escuela con la que estaba tan familiarizado, rayos podría quizás admitir que extraña a Morioka (su antiguo profesor de aula). Quizás también era la razón por la que aún seguía posponiendo desempacar esas últimas cajas en su armario, esperando que por algún milagro o circunstancia sus padres entraran en razón y todos regresaran a Tokio.

Su madre hizo lo que pudo. Solo Dios sabe cuántas veces habían comido puntas de lomo en el último mes, se sentía como soborno barato, pero Daichi recibía sin quejarse porque bueno: era su comida favorita. Todo porque su padre recibió una promoción. Su padre escogió el peor momento para buscar una promoción, las cosas estaban bien de vuelta en casa, perfectas aun si lo dijera el mismo ¿Por qué debían mudarse lejos de todo lo que le importaba solo porque su papa quería? ¿Por qué no aceptaron su idea de dejarle vivir solo en Tokio?

Daichi rumio las mismas preguntas por todo un mes, fue solo en los últimos días que empezó a calmarse y dejar el trato frio con sus padre. No porque estuviera aceptando la situación. Sino, fue una cansada resignación lo que termino desgastando la ira de Daichi.

—Esto es basura.

Termino el cartón de yogurt y lo arrojo contra la cerca de malla de la azotea. Estaba a punto de marcharse cuando el vibrar de su teléfono llamo su atención. Daichi lo tomo y noto que tenía dos nuevos mensajes.

Nuevo Mensaje (2):

[Watanabe] (12:10 p.m): (-_-;) Lo siento amigo, este fin de semana estoy ocupado.

[Watanabe] (12:10 p.m): (/ヮ◕)/ (/ヮ◕)/ Quizás el próximo.

El corazón de Daichi dio un vuelco, sus ojos no se apartaron de la pantalla del móvil mientras apretaba los labios y su rostro tomo una expresión amarga. Watanabe fue su amigo, su mejor amigo, de vuelta en casa y hace tres día le había escrito un mensaje para que hicieran planes juntos este fin de semana. Si, Subaru estaba a una hora en tren, ¡Pero fue solo una hora! Y ni siquiera le estaba pidiendo a él que viniese hasta acá, sino que Daichi se estaba ofreciendo para ir directo a Tokio en lo que esperaba era un cambio de aires a todo este animo lúgubre del último mes.

Tres días.

Tres días sin recibir una respuesta.

Daichi arrojaría su teléfono lejos, de no ser porque es nuevo e invaluable, y se iría de la azotea a quien sabe dónde. El chico suspiro resignado recostándose de la pared, y luego golpeando su cabeza contra ella. Estaba molesto, muy molesto.

Fue una suerte que una conveniente distracción llegase de improviso.

La puerta de las escaleras se abrió, su rechinido alerto a Daichi de que alguien se acercaba, y de ella salió la última persona que esperaba ver.

Ella era lo que llamarías una chica simple, con cabello castaño desalineado que enmarcaba un rostro de pocos amigos, el cual Daichi jamás vio con maquillaje. Tuvo la misma altura que Daichi, y lo supo porque se había topado con ella varias veces al entrar en clases. Pero fueron sus gafas grises cuadradas lo que le permitió reconocerla de inmediato.

—Ah… Homura, te estaba buscando. —dijo la chica mientras se le acercaba.

Ikenami se irguió frente a él con una expresión indescifrable, sus ojos eran como grandes lámparas enfocadas directamente sombre Daichi negándose a apartar su mirada. Se le notaba rígida, como si estuviera ansiosa por algo, pero al mismo tiempo como si acabase de reunir el coraje para hacerlo.

Daichi no quiso admitirlo, pero esa mirada lo incómodo.

Muchísimo.

—H-Hola —tartamudeo un saludo—Ikenami… ¿Verdad?

La chica asintió.

¿Dijiste que me estabas buscando?

Cuando soltó la pregunta, algo extraño sucedió.

Fue como ver a un globo desinflarse.

Ikenami, quien antes llego con rostro hecho de acero, su espalda recta y una actitud decidida, se derritió bajo el escrutinio de la mirada de Daichi. Como si tratara de encogerse fuera de su vista. La chica ahora perdió todo el impulso que traía consigo, procediendo a abrir y cerrar la boca en un intento banal de responder su pregunta. Daichi no pudo, aunque quisiese, evitar notar como lenta, pero seguramente, un leve sonrojo florecía en las mejillas de su compañera de clases.

Un viento frio corrió por la azotea levantando un poco de polvo en el camino, su suave zumbido lleno el espacio dejado por el incómodo silencio entre ambos adolescentes.

« ¿Podría ser que…?» Ahora, hay muchas que Daichi había aprendido en su vida. Un gran, exorbitante, numero de ellas provino de la fuente más copiosa de información de la cultura japonesa que el mundo ha visto jamás: Anime.

No importa el género, a veces tampoco importaba la era, todos los animes tenían convenciones similares respecto a ciertos eventos. Los rivales chocan sus puños en contra del otro al final de una pelea, el poder de la amistad se vuelve una batería que impulsa al héroe en sus peores momentos y todos saben que el niño más flaco, tonto y simple crece para convertirse en el más grande lo que sea del mundo. Pero existe quizás un evento incluso más icónico que cualquiera de esos tres. Tan icónico que se ha vuelto una leyenda en si misma dentro de las vidas de todos los fans de animes: Una confesión amorosa.

«Nah, no puede ser…»

Ambos Daichi e Ikenami solos en la azotea sin ninguna otra alma para ser vista. Un clima que casi igualaba al de AbsoZero el día que la princesa Valista Dragomiro, heroína de AbsoZero, se presentó a Hiro para hablarse de su inevitable destino. Una escena que había visto, y revisto un millar de veces, la misma que le hizo sudar balas por el increíble parecido con este momento en su vida.

«Calma» hablo la parte sensible de su cerebro «Es una coincidencia solamente»

«Y si no lo es» refuto la excitable de su cerebro, la misma que dictaba casi todas las acciones de un adolescente «Ella nos estaba mirando muy detenidamente en clases, casi parecía que lo hacía desde antes de Ushimaru… ¿Y si es una confesión amorosa?»

« ¿A solo un mes de haber llegado a Inoden?» refuto la otra voz «Con una chica con la que nunca hemos hablado»

« ¡Pero está aquí ahora!»

Mientras Daichi escuchaba los argumentos convincentes que daban las voces en su cabeza, Ikenami pareció recobrar el aliento y regresar con su actitud decidida.

—Homura, y-yo necesito u-u-un favor.

«Te lo dije»

Tartamudeo ella, aun con una mirada decidida. Daichi ignoro el resto de la tormenta en su cerebro cuando escucho lo que dijo. Si, un favor, eso tuvo más sentido. Su mente hiperactiva le traerá problemas un día de estos, fue una suerte que hoy no fuese ese día y soltase algo estúpido de su boca.

Tosiendo sobre su puño para aclarar su voz, Daichi se levantó y sacudió sus pantalones. Un favor. Por supuesto que era eso, ¿Qué más podría ser? Empezó a rascar su cabellera negra mientras trataba de recordar si Ikenami era la encargaba de la limpieza ese día, porque no podía pensar en cualquier otra cosa que le pidiese. Claro, ella estaba siendo rara, convirtiendo lo que debía ser un rápido intercambio de palabras en algo mucho más incómodo de lo que debía ser, sin embargo ella nunca fue muy sociable que digamos (ciertamente no recuerda haberla visto hablando con nadie en clases) y por eso era un mar de nervios.

Si, debía ser eso.

La pregunta era, ¿Quería el cambiar turnos con ella? Regresar a casa no era algo que le entusiasmaba y no formaba parte de ningún club. Claro, antes en clases considero la idea de ir con un «Dealer» para conseguir nuevos digimons, pero no tiene el dinero aquí. Y en esa nota, tal vez conseguiría que Ikenami le diese algo de dinero por hacer sus tareas.

Bueno, todo tiene su lado positivo.

— Un favor, ¿Qué es lo que necesitas? —Sonrió, tratando de fingir que no sabía lo que quería—Claro, debes apresurarte, las clases están por comenzar. —añadió haciendo un conteo mental sobre cuánto podría sacarla a la chica de gafas.

Ella se quedó ahí por un minuto más antes que el rubor en su rostro creciese. Por un segundo Daichi pensó que le daría un paro cardiaco, no es sano que el rostro de una persona tenga tanta sangre. La tensión de su parte ahora era palpable, y francamente eso fue molesto, cuanto más perduraba el silencio, cuantas más consideraba cobrarle por su favor. Entonces, ella hablo.

—Y-Y-Yo necesito… No, eso ya lo dije, v-v-veras hay a-alguien que me gusta y-y-y-y… —Ikenami se dio cuenta de lo que dijo y luego negó— ¡No! Rayos, ¿Por qué empezaría por ahí?... Mira yo…

Y las voces en su cabeza gritaron despavoridas porque luego del "…alguien que me gusta" su cerebro se desconectó del mundo real.

« ¿Si es una confesión amorosa…?»/« ¡Si es una confesión amorosa…!»

Lo cual fue ridículo.

¿Verdad?

He aquí que la mente de un adolescente es demasiado para sí mismo. Cuando la chica frente a él dijo eso, desencadeno una reacción emotiva más allá de la compresión de Daichi ¿Se sentía alagado? ¿Se sentía feliz? ¿Qué debía responder si le pedía salir con él? ¿Si? ¿No? Y fue entonces que la chica simple frente a sus ojos fue iluminada por los reflectores imaginarios de su cerebro, convirtiéndola en el centro indisputable de su atención. Ahora se veía adorable, su cancaneo era ella tratando de expresar su amor por alguien y no estar segura de cómo hacerlo. En cierto sentido, ella era igual que él ¡¿Cuántas veces no lucho para confesarse a la chica que le gustaba de vuelta en Tokio?! Fue entrañable reconocer que él no fue único con este problema, que en esta chica delante de él late un corazón con un alma igual a la suya…

Y si Daichi se hubiese detenido, y hubiese esperado que ella terminara, hubiese descubierto que no fue exactamente así.

Pero, ¿Desde cuándo la boca de un adolescente tiene buena comunicación con su cerebro?

Daichi trago el nudo que se formó en su garganta, y luego hablo.

—Y-Yo te gusto —Dijo señalándose a sí mismo.

Y el silencio volvió a anidar entre ellos.

El mundo se detuvo. O al menos el mundo de Ikenami, porque el corazón de Daichi seguía latiendo rápidamente. El color se fue del rostro de la chica. A decir verdad, ella palideció y todo el brillante sonrojo palideció hasta que su piel podía ser considerada papel. Esto no duro demasiado como un nuevo tipo de rojo inundo su rostro, Ikenami cerro su boca (que permaneció abierta en shock segundos antes) hasta que sus dientes rechinaron sonoramente y cerrando la distancia entre los dos ella hizo algo que el Daichi no esperaba.

Ella lo tomo por el cuello de su camisa acercando sus rostros lo más posible, y después: Un grito.

¡NO! —Un gran grito salido desde lo profundo de sus pulmones propulsando palabras dirigidas como misiles balísticos hacia Daichi— ¡DIABLOS NO! ¡¿QUÉ RAYOS ESTA MAL CONTIGO?! ¡¿CÓMO LLEGASTE A ESA CONCLUSION?! ESTO NO ES UN MALDITO DORAMA.

Con cada palaba ella sacudió a Daichi por su cuello, agitando su cuerpo con fuerza que contradecía su delgada apariencia. Daichi había escuchados de golpes que te regresaban a la realidad, pero no de gritos e Ikenami contaba con un par de buenos pulmones para desatar su furia.

Mentalmente, hizo una nota para no hacerla enojar.

Nunca.

Cuando por fin se calmó y le arrojo lejos, obligándolo a apartarse de ella, parecía que por fin cualquier duda que antes tuvo desapareció en el calor del momento. Ikenami respiro hondo, comenzando a caminar de un lado a otro y murmurando cuan feliz estaba de que no hubiese nadie a su alrededor para malinterpretar lo que acababa de ocurrir. Nadie, excepto Daichi claro está, cuyo corazón aun latía rápido lleno del mejor combustible habido: miedo por una mujer.

Daichi permaneció en un pequeño shock silencioso mientras observaba a Ikenami recuperar la compostura. Pero nuevamente, su boca le traiciono.

—Me diste unas señales muy confusas ¿Cómo esperas que entienda lo que estaba pasando?

Ella volteo a verlo con enojo, entrecerrando los ojos y dejando en claro con su postura que estaba dispuesta a repetir lo que hizo si hacía falta. Fue un milagro que no hiciera falta. En su lugar ella tomo un largo y profundo respiro, otra vez adopto la mirada llena de decisión con la que llego a la azotea.

—Escucha Homura —Ikenami comenzó, la molestia aun presente en su voz—No me conoces, no te conozco y no somos amigos.

«Bueno, Duh! Y aquí estaba yo considerando una cursi confesión»

Aunque estuvo en su derecho de sentirse insultado, guardo silencio y con admiración continúo observando a la chica frente a él.

—Pero… —Ella se detuvo y de repente parecía que toda la bravuconería se escapaba de su cuerpo— Necesito tu ayuda con algo.

Extrañamente, luego de la excitación inicial, Nagi lucía una expresión miserable al momento que las palabras salieron de su boca. Ella pareció encorvarse ligeramente sus ojos volviéndose grandes y tristes, luego bajo la mirada negándose a que viese la nueva forma de su rostro.

Fuese lo que fuese, si ella pudiese evitar pedir por su ayuda seguramente no se encontrarían ahí. Lo hizo sentir un poco de culpa por lo que fuese que estaba pasando, pero no se engañó con eso, sus oídos aun zumbaban. Pero, tal vez, Daichi sentía pena por ella, solo un poquito.

Un suspiro cansado escapo de sus labios.

— ¿Cuál es el problema?—Dijo.

«Yo de seguro me voy a arrepentir luego.» añadió mentalmente.

Ella alzo la mirada que aun parecía mal, pero reflejaba más pena que otra cosa. Ella llevo una mano al bolsillo derecho de su falda y saco su teléfono, pero eso no fue lo que llamó su atención, lo que llamó la atención de Daichi era la aplicación que estaba ejecutándose en el, que reconocería en cualquier parte, y la exactamente la misma en la que estuvo tan centrado todo el día.

—Yo quiero que me enseñes a jugar esto.