Casi ángel

Disclaimer: Happy Tree Friends y sus personajes no me pertenece, sino a Mondo Media y sus autores. Sólo escribo por diversión y sin fines de lucro.

Pareja: Flippy/Fliqpy x Flaky (AU Humano)

Nota de autor: Pues, iniciamos el 2020 con un nuevo fanfic que espero les agrade. Hace tiempo que no escribo en este fandom (y la única historia que tenía, la saqué por varios motivos), así que me perdonarán si tengo algo de óxido. Planeo que sea en dos o tres partes que ojalá termine entre este mes y el otro. Gracias de antemano por leer, poner en favoritos y comentar. Hasta la próxima.


[Primera parte]

1

Dejar de pensar en Flippy era como detener su respiración por completo: imposible de lograr. Su atracción y posterior afecto hacia aquel chico popular de su clase creció de una manera que ni ella misma se imaginó: ocupaba sus pensamientos día y noche, cada cosa que hacía le recordaba a él y ahora la escuela era su lugar favorito ya que tenía oportunidad de sentarse un puesto más atrás y poder observar cada movimiento que hacía, como cuando escribía en su libreta de notas de forma meticulosa, prestaba atención a cada profesor con esmero y asintiendo, comía su colación en su puesto, jugaba sudoku para pasar el tiempo, repasaba sus apuntes o bien conversaba con alguno de sus compañeros —los que se atrevían a acercarse, claro está.

Sí, lo estudiaba. Era uno de sus pasatiempos favoritos. A veces imaginaba que un día llegaría a clases para correr a la estúpida de Giggles —la compañera que se había instalado a su lado desde principios de año y que se reía con todos sus comentarios, además de abrazarlo de una manera que ella calificaba más que amigable—, se quedaría a su lado y luego vería lo divertida que era, quizás le pediría noviazgo. Sólo debía mostrarle a Flippy que era la indicada, pero ¿a quién engañaba? Era tímida, no sabía articular palabra, saltaba con cualquier ruido o broma pesada que sus camaradas hiciesen y no se atrevía a hacer ningún movimiento más que observarlo porque así él no rompería su corazón por algún rechazo. Era cobarde. Se protegía a sí misma porque nadie más lo haría por ella, pero qué daría por una caricia de Flippy o incluso sólo una sonrisa de agradecimiento.

Algo. Cualquier señal.

Suspiró bajito y se quedó ahí, ensimismada en sus pensamientos. No se había dado cuenta que estaba en una banca mirando las palomas que se habían aglomerado bajo sus pies porque se le había caído de las manos el paquete de galletas dulces. ¿Cuándo había salido de la sala de clases? Las aves volaron alocadas cuando una sombra se posó encima del pavimento, captando su atención. Sus ojos oscuros se posaron en los zapatos negros y luego en el uniforme escolar, para luego encontrarse con la mirada tranquila de Flippy, quien se encontraba de pie con una mano en el bolsillo y en la otra descansaba un paquete nuevo de galletas, de esas que tanto le encantaban. Se sonrojó.

—Hola, Flaky —la llamó aunque no prestó atención a su voz por estar muy embobada de estar frente a frente con él—. Oye.

—¿Ah? —sacudió la cabeza al escuchar su nombre en sus labios y abrió mucho aquellos expresivos ojos. Sus hombros se tensaron y apretó los puños, agachando la cabeza para esconder el intenso rubor de sus mejillas—. Lo siento. Soy torpe. No te preocupes —dijo refiriéndose a la comida que había dejado caer sin querer y que ahora había desaparecido casi por completo gracias a los hambrientos pájaros.

—Toma —dijo escueto entregándole lo que había comprado en la cafetería de la escuela—. Es para ti.

—¿Qué? —soltó un tanto boba con el obsequio entre sus manos. Sonrió dulce y cariñosa, ¡no podía creerlo! Flippy sabía de sus gustos, ¿acaso también la miraba cuando ella no se daba cuenta? Quiso abrir el paquete, pero no tuvo la suficiente fuerza por lo que sacó de su bolso un cutter para hacer un agujero y así sacar una deliciosa galleta con chispas de chocolate.

Alzó la vista para agradecer el gesto y ofrecerle también, pero cuando cruzó miradas nuevamente, él lucía diferente: sus ojos habían cambiado a un tono ambarino, podía jurarlo. Eran fríos como el hielo y penetrantes como una daga. Lo acompañaba una sonrisa torcida que deformaba sus facciones, había maldad en ella. Flaky quedó petrificada, parecía que la juzgaba en silencio y se burlaba de ella al mismo tiempo. Había cambiado completamente de personalidad en un pestañeo.

Susurró algo que apenas entendió y luego se alejó para perderse entre los alumnos de la escuela que estaban en recreo.

2

Tuvo pesadillas toda la noche. No sabía por qué, pero ese cambio tan brusco que había visto en Flippy la dejó completamente aterrada. De sólo recordarlo, tuvo que cubrirse con al almohada y tapar su rostro por el miedo. Sonó la alarma para ir a clases, pero no le apetecía ni siquiera levantarse. La pelirroja se hundió entre las sábanas y se quedó ahí ignorando el insistente ruido del reloj. Pronto vino su madre para abrir la puerta y regañarla por estar atrasada. No tuvo más remedio que enfrentar su nuevo miedo, uno de los millones que ya poseía.

Sin embargo, todo transcurrió de lo más normal. Flippy parecía ser el mismo de siempre y ningún compañero comentó algo inusual acerca de él. Es más, era el cumpleaños de Giggles, por lo que el de cabello verde le llevó un regalo especial que la dejó tan contenta al punto de abrazarlo y llenarlo de besos por toda la cara. Aquello se sintió como un puñetazo en la boca del estómago, pero por otro lado estaba fuera de peligro, ¿no? ¿Era su miedo al rechazo el que había distorsionado su imagen el día de ayer y había inducido alguna especie de alucinación?

Tuvo que excusarse frente al profesor e ir al baño a encerrarse en el último cubículo para poder llorar con todas sus fuerzas, luego de cerciorarse que estaría sola para que nadie la interrumpiera. Estuvo así por lo que se sintió una eternidad, pero un ruido repentino la sobresaltó. Temió lo peor. ¿Estaba siendo paranoica?, ¿por qué su mente la atormentaba con esas torcidas fantasías desde la noche anterior donde Flippy cambiaba y la mataba sin piedad alguna?, ¿por qué su ángel había cambiado a un terrible demonio en un chasquido de dedos?

Cerró los ojos y llevó sus manos a la cabellera roja desordenada, cubriéndose por si algo o alguien la atacaba. Entonces sintió una voz femenina, por lo que bajó la guardia y prestó atención.

—¿Flaky?, ¿estás bien? —preguntó Giggles desde el otro lado de la puerta metálica—. Estamos preocupadas.

—¿Te duele el estómago? —cuestionó la otra persona, cuya voz apenas reconoció. Parecía que era Petunia.

—N-no pasa nada —contestó avergonzada, aunque tragándose el enojo que se alojaba en sus vísceras. La chica de pelo rosa era tan perfecta y buena que sintió rabia—. Sólo necesitaba estar a solas.

—¿Estás llorando? —insistió Giggles, acercándose hasta quedar a pocos centímetros del cubículo.

—Te podemos ayudar, Flaky —agregó Petunia, con el mismo tono de preocupación.

—Por favor... —apretó los ojos y subió las piernas a la tapa del inodoro para esconder su rostro—. Necesito un momento. Déjenme aquí.

Las otras dos chicas se miraron, pero no insistieron. Cuando salieron se reunieron con Flippy, quien las había acompañado porque también se preocupó por la pelirroja. Negaron con la cabeza cuando les preguntó si sabían qué había ocurrido y pronto se fueron, dejándolo solo. Él, en cambio, no pudo mover sus pies. Era como si estuviera clavado en el piso. Tragó saliva y se aventuró a dar un par de pasos hacia adelante sin llegar a entrar, pero sí para que pudiera escuchar.

—Lo siento, Flaky —su voz retumbó entre las paredes e hizo eco, muriendo en los oídos de la aludida—. Lo siento si ese monstruo te asustó. No era mi intención. Es difícil de explicar...

Suspiró e iba a dar la media vuelta cuando sintió que una de las puertas se entreabría. La observó de soslayo y luego de frente. Ella todavía se refugiaba en el último baño como si fuese una fortaleza, pero se asomó mostrando uno de sus tristes ojos oscuros. Cruzaron miradas sin que ninguno de los dos parpadeara; parecían que estaban en un trance. El silencio inundó el lugar pero pronto fue roto por la débil y tímida voz de la pelirroja.

—¿Entonces no lo aluciné? —preguntó bajito.

—No —dijo Flippy al grano—. Es real.

—¿Me va a atacar? —se aventuró a indagar. Flippy negó con la cabeza.

—Jamás dejaría que él te hiciera daño —aseguró su compañero—. Primero me corto una mano antes que tocara siquiera un cabello...

Su corazón dio un vuelco.

Todavía no sabe qué la llevó a salir de su escondite, pero apresuró el paso para poder abrazarlo con todas sus fuerzas, abrazo que fue correspondido con la misma intensidad, cariño y entendimiento. Cada uno peleaba con sus propios demonios, eso ella lo sabía y por eso quería asegurarle que todo estaría bien.

¿Cierto?

3

Las cosas mejoraron a partir de aquel día: ahora Flippy se daba vuelta para conversarle, se juntaban durante los recreos para compartir el tiempo juntos, también para estudiar y hacer tareas, entre otras actividades. Es más, llegaron al punto de reunirse incluso los fines de semana para ir a ver alguna película y tomar helado. Flaky estaba segura que si todo continuaba de ese modo, pronto serían pareja. La sola idea hacía que se ruborizara en medio de sus ensoñaciones. Cada noche pedía a las estrellas que su sueño se hiciese realidad, pero más que eso esperaba que Flippy estuviese a salvo de aquel monstruo.

Sin previo aviso y de forma repentina, él dejó de ir a clases. Pasó un día, luego dos, hasta que se convirtió en una semana completa. Su angustia acrecentó y apenas podía concentrarse en el estudio, imaginando miles de fatídicos escenarios donde él dejaba de existir. Hizo todo lo posible para ubicarlo; por fortuna, días antes le había entregado su número de celular, aunque de poco y nada sirvió ya que estaba apagado y los mensajes no los había leído.

—Por favor, contesta —susurró con el móvil en mano, encerrada en su habitación aquel día sábado. Nada. Ninguna señal. ¿Cómo podía ser tan egoísta?

Insistió un par de veces más y justo cuando iba a cortar, contestó. Su corazón se encogió y su primer instinto fue regañarlo por desaparecer de ese modo, pero pronto susurró su nombre, aliviada. Sin embargo, la voz del otro lado de la línea se escuchaba diferente.

—Flaky, Flaky, Flaky~ —canturreó la voz masculina más rasposa y baja—, ¿quieres hablar con Flippy?

—S-sí... —tartamudeó no muy segura de lo que estaba ocurriendo.

—Él está enfermo. Ya sabes: mucha tos, estornudos, fiebre, oh, y tal vez sangre saliendo de su boca mientras convulsiona —rió, macabro y burlesco. Flaky se tensó. Sabía quién era.

—¡No mientas! —ordenó la pelirroja sacando valor de vayan a saber dónde—, ¡ni te escondas tampoco...! —añadió, sin saber cómo referirse a él.

—Fliqpy, niña valiente —respondió, divertido—. Vaya, vaya, no sabía que la temblorosa chica que no para de mirarnos en clases podía atreverse a alzar la voz de esa manera. Me intriga —agregó ahora más interesado—. Bien, la verdad es que sólo ha tenido un episodio más largo de lo usual y ahora soy yo quien está afuera. Estoy aburrido porque no me dejan ir a la escuela. Temen que pueda cortarle la garganta a alguien —susurró, tétrico.

—Si eso es verdad, entonces hacen bien —dijo Flaky sin bajar la guardia. Debía mostrarse fuerte para que la otra personalidad la tomase en serio. Cuando escuchó un suspiro fastidiado, cambió el tema—, ¿puedo ir a verlos?

—Te refieres a Flippy —acotó, serio.

—No, a los dos —perseveró la muchacha.

—¿Segura que quieres hablar conmigo, pequeña? —esperó su respuesta, la cual fue afirmativa. Sonrió de medio lado—. Bien. No puedes venir a mi casa, pero podemos juntarnos en un punto neutral —dijo dando una dirección y un horario inusual.

—¿De noche?

—¿Acaso tienes miedo?

—No —espetó, cortante. La verdad es que estaba muerta de terror y a punto de entrar en pánico, pero si quería ver a Flippy, debía ajustarse a las peticiones de Fliqpy. Y así fue.

El lugar era un club. Flaky se había arreglado para la ocasión a pesar que todos sus miedos se habían convertido en perros bravos que devoraban sus entrañas; tuvo que hacer muchos malabares para poder escapar de casa y tomar un bus hasta ese punto. Sabía que si estuviese inserta en la trama de una película de terror, ese iba a ser su fin por acceder a algo tan peligroso. Sentía que tendría un ataque de pánico en cualquier minuto, pero luego de quince minutos de espera, él llegó también. Estaba irreconocible: desde la forma de peinarse hasta la vestimenta, daba la impresión que había salido de una revista de modas. Flaky se sonrojó y clavó la vista al suelo, tanto para ocultar su rostro como para evitar los ojos ambarinos de Fliqpy.

—Me disculpo por el ligero retraso —dijo una vez a su lado y ofreciendo el brazo. Ella lo aceptó—. Prometo que no te dejaré sola hasta que llegues sana y salva a casa —aseguró con un guiño de su ojo.

Entraron si problema alguno, ya que Fliqpy supo cómo tratar al guardia. Ni siquiera les exigieron documentación. Una vez adentro, luego de bajar varias escaleras entre luces rojas y azules, se dirigieron a una de las pistas de baile. En un comienzo, Flaky no sabía cómo moverse y estaba tiesa como una tabla, pero pronto su acompañante la hizo sentir mejor cuando la tomó por la cintura y la acercó para que siguiera su ritmo. A pesar de todo, la pelirroja estaba divirtiéndose mucho y había olvidado que el chico que tenía frente suyo tenía su mente dividida en dos.

—No soy tan malo después de todo —comentó luego de un rato, ya cuando estuvieron descansando en las escaleras del recinto—, incluso me atrevo a decir que ya no me temes como cuando me viste la primera vez... —arqueó una ceja y medio sonrió.

—Es porque te aprecio mucho —musitó Flaky, ruborizada—. Bueno, a los dos.

—Querrás decir a Flippy —soltó con un poco de desagrado—. Suspiras por él. Te gusta.

Aquello fue una punzada a su pecho. ¿Tan obvia era? Escondió su cara con sus dos manos, sin atreverse a mirarle. Las mariposas golpeteaban fuertes en su estómago y las palabras no salían de su garganta. Sin embargo, fue él quien reaccionó antes que ella pudiera decir algo para defenderse.

Tomó su mentón y le dio un beso suave en sus labios. Si antes estaba aturdida, ahora estaba a pocos segundos de perder la consciencia. ¿Era todo eso real? Si todavía estaba en su cama soñando, no quería despertar jamás.

—Lamentablemente él no recordará nada de esto —prosiguió Fliqpy, rompiendo el hechizo de manera abrupta.

Esas palabras quebraron toda su ilusión.