Disclaimer: Sword Art Online pertenece a Reki Kawahara.


"Abuela… por favor… quédate conmigo…"

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Capítulo 1. Cuentos para dormir

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Era muy joven cuando ese fatídico accidente, que le arrebató la vida a la persona más importante en su vida, le provocó amnesia postraumática y posteriormente amnesia retrógrada. No importó lo mucho que se esforzó y toda la ayuda especializada que le buscaron sus padres, era incapaz de recordar sus primeros once años de vida.

Fue un proceso muy largo y duro para ella.

Tal vez no podía recordar más de la mitad de su vida, pero podía recordar con excesivo detalle lo que ocurrió desde el momento en que despertó en aquella blanca habitación de hospital.

La cabeza le latía dolorosamente en las sienes, un dolor tan fuerte como si le estuvieran golpeando el cerebro con un mazo de una tonelada. Al abrir los ojos, el malestar solo incrementó. La deslumbrante luz de la habitación no solo casi la deja ciega, también le provocó un terrible mareo como si se encontrara en medio de un terremoto de magnitud nueve. En ese momento no sabía que le pasaba, donde estaba y mucho menos quien era.

Una pésima combinación.

Decir que estaba desorientada era poco, el pánico y la histeria se manifestaron tan rápido en ella en cuanto las enfermeras y doctores entraron a su habitación. Sin importarle las heridas – que hasta ese momento se había dado cuenta que tenía –, saltó de la cama en un movimiento felino, y al igual que dicho animal, se escabulló de entre las manos de las personas que querían detenerla y salió por la puerta.

La luz del pasillo, el ruido y el frenético movimiento de las personas solo empeoró su ya frágil condición mental.

Se necesitaron tres guardias y dos enfermeros para poder inmovilizarla.

Después de que le inyectaran un relajante muscular para que no huyera de nuevo, la llevaron a su habitación y un médico procedió a explicarle cómo había terminado en el hospital. Fue difícil para ella asimilar que, por culpa de un alcohólico, su vida había cambiado radicalmente y sus memorias se habían perdido para siempre.

Aquellas personas que decían ser sus padres eran completos extraños. A diferencia de su hermano, que había logrado evocar ciertos sentimientos de confianza en ella, sus padres no lo hicieron. Uno pensaría que el vínculo existente entre una madre y sus hijos era irrompible, que sin importar la pérdida de memoria uno reconocería de inmediato a la persona que lo trajo al mundo. Ese no fue su caso.

Aun con una parte de su ser perdida, ella sabía que la mujer de fríos ojos marrones, cabello marrón claro a la altura de la barbilla, semblante serio, mirada calculadora y porte elegante; nunca había fungido su papel de madre.

Tiempo después, y gracias a las conversaciones ocasionales con su ama de llaves, confirmó sus sospechas.

Su madre, Yuuki Kyouko, nunca se había dedicado a cuidarlo. Su trabajo como profesora era mucho más importante que la crianza de su hija, delegando ese papel a su madre. Pese a que la mujer era de edad avanzada y recientemente viuda, aceptó con gusto la responsabilidad, dejando la casa en donde había vivido prácticamente toda su vida para mudarse a la ciudad y estar junto a su adorada nieta.

Una opresión en su pecho se instaló después de conocer la verdad, había llorado toda una noche al descubrir que había sido su abuela la que murió en el accidente, pero sobretodo, derramó una lágrima por cada momento que había pasado junto a ella y que no podría recordar.

O al menos eso creía.

En algún momento, cuando los doctores le dieron el alta médica – algo absurdo puesto que la habían trasladado y convertido su habitación en su hogar en un cuarto médico una semana después de que despertó –, su ausente madre decidió tomar el control de todo lo relacionado a ella: escuela, amigos, actividades académicas como deportivas, incluso su comida estaba establecida por ella. Había ocasiones en las que creía que el día y hora de su muerte ya estaban determinadas por su controladora madre.

En un principio no le importó, estaba tan conmocionada que era tan manipulable como la arcilla.

Sin embargo, mientras crecía y tomaba conciencia de su terrible situación, la rebeldía dentro de ella se hacía más fuerte, hasta el punto en que se rebeló contra su madre cuando cumplió los dieciocho años y ella quería imponerle la inscripción a una universidad privada para que estudiara lo mismo que ella.

Fue la gota que derramó el vaso.

Debía darse crédito por haber soportado durante años su estresante vida y también por haber cumplido las altas expectativas de sus padres. Realmente ya se encontraba harta de eso y mostrando una fuerza de voluntad que nadie había visto, confrontó a sus progenitores diciendo todo lo que se había guardado durante ese tiempo.

Era de esperarse que su madre no estuviera de acuerdo.

Lo que había empezado como una tranquila conversación durante la cena familiar, terminó en una batalla campal verbal, la vajilla destruida y una fuerte declaración de su parte:

—¡Entonces me voy de esta casa!

Había dicho con voz firme, la mirada determinada en su rostro provocó que su padre se pusiera más pálido que una hoja de papel, pero ella no le prestó atención, sus ojos estaban clavados en la fría mirada café de su madre.

Ella no mostró ninguna reacción ante sus palabras.

Con porte altivo salió del comedor, dirigiéndose rápidamente a su habitación en el segundo piso, obviando la expresión de angustia de su ama de llaves. Tan pronto como las luces automáticas registraron su entrada al cuarto, le proporcionaron la luz que necesitaba para ir guardando la ropa y zapatos que pudieran entrar en la mochila que utilizaba cuando tenía práctica de tenis. No era muy grande, apenas y podría guardar tres pares de zapatos y unas dos mudas completas de ropa, pero era suficiente.

Con movimientos que solo había visto en las películas de acción que tanto le gustaban a su hermano, se escapó de su casa. Corrió tan rápido como sus pies se lo permitieron, dirigiéndose al único lugar donde sus padres no la buscarían.

—Estas muy pensativa, ¿se trata de un chico? — escuchó una voz pícara detrás de ella.

Ella soltó un suspiro cansado.

—Nada de eso, Ashley — respondió.

No se había dado cuenta que se había sumergido en sus pensamientos mientras contemplaba la caída de nieve de pie frente a la ventana.

Sacudiendo suavemente la cabeza para retirar esos recuerdos, se dio la vuelta para enfrentar a su amiga. Ella se encontraba del otro lado de la habitación, recargando su cuerpo contra el marco de la puerta. Los brazos cruzados frente a su pecho y la ceja izquierda enarcada le decían claramente que quería una respuesta a su pregunta no formulada de: ¿En qué estás pensando?

—Han pasado nueve días, y aunque agradezco enormemente que me permitieras quedarme aquí, siento que es hora de irme.

—¿Y a dónde se supone que vas a ir? — preguntó con burla en la voz —. Asuna, hay carteles de 'se busca' por toda la ciudad, antes de llegar a la parada de autobús alguien te va a reconocer.

—Ya lo sé — dijo con una mueca de disgusto en los labios —, por eso voy a requerir un poco de tu ayuda — los ojos de Ashley brillaron de emoción, anticipando lo que ella le pediría —. Necesito un cambio de imagen.

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—En serio abuela… ¡¿Cómo guardaste todo esto en una casa tan pequeña?! — gimió para sí misma exasperada.

Ese día, temprano en la mañana, después de haber adquirido la falsa identidad de Reynolds Mayumi – una chica de larga y rizada cabellera rubia –, había tomado un tren que la llevaría a la casa de su abuela. Un lugar que su madre consideraba como basura y desperdicio de espacio. Esa mujer no tenía corazón.

Por el contrario, ella tenía invaluables recuerdos los cuales quería conservar. Todos los fragmentos de recuerdos que había recuperado durante esos siete años, tenían algo en común: su abuela. En un principio le parecía curioso, pero después de un tiempo y conforme más fragmentos recuperaba, empezó a atesorarlos. Ella había sido su verdadera madre. Tan amable y servicial, cada vez que veía sus ojos podía notar el brillo de orgullo y amor en ellos.

Por eso había decidido regresar a la casa que otrora les había pertenecido a sus abuelos. Era el único lugar que aún conservaba algo de ellos y en un momento tan difícil como el que estaba pasando necesitaba sentirse, de alguna manera, cerca de su amada abuela.

Sus abuelos eran granjeros en las colinas de la prefectura de Miyagi. Su casa se hallaba en una villa más allá de las colinas, que tenía escalones tallados en la ladera. Su vieja casa estaba construida al pie de una de las colinas, siempre que uno se sentaba en el borde del corredor exterior, se podía ver el pequeño jardín y un poco más allá, el río que cruzaba su terreno. Era una casa salida de los cuentos de hadas.

Su madre había intentado destruirla y vender el terreno, pero se encontró con la desagradable sorpresa de que su progenitora había dejado un testamento donde declaraba que, en caso de muerte, su casa en Miyagi junto con sus terrenos sería heredada a su nieta Yuuki Asuna. Afortunadamente, los jueces habían negado sus solicitudes de cambiar el nombre de la propiedad al suyo.

Y como ella acababa de cumplir la mayoría de edad, esa casa era legalmente suya.

Sacudiendo la cabeza para alejar esos pensamientos, se concentró de nuevo en la tarea que había estado haciendo desde hace más de tres horas: encontrar aquel libro que su abuela siempre le leía antes de dormir, uno que hablaba sobre el mágico reino de Alfheim y las hadas que vivían en él.

Cogió otro libro, lo hojeó brevemente para comprobar en qué condición se encontraba y luego procedió a colocarlo en la caja apropiada mientras buscaba el siguiente. El proceso repetitivo se estaba volviendo tedioso para ella, dejó de contar el número de cajas después de la sexta. No tenía idea de por qué había tantos libros en aquella casa que había sido abandonada poco después de su nacimiento. Solo podía pensar en dos razones que explicarían esa montaña de libros; su madre había usado esa casa como un almacén donde guardar los viejos libros de la biblioteca de su casa para adquirir nuevos o, su abuela se había refugiado en el mundo de fantasía que le brindaban aquellas páginas para poder soportar el dolor de la pérdida de su esposo.

Cualquiera que fuese la razón detrás de esa extensa colección, era su deber catalogar los libros de acuerdo a su condición para posteriormente donarlos a alguna biblioteca pública o de lo contrario tendría que dormir en el sillón por falta de espacio.

Terminó de sellar la caja de donaciones a su lado derecho y la arrastró al extremo de la habitación donde se encontraba las demás. Había tenido que mover los muebles de la sala para poder tener un espacio en el cual trabajar. Armó otra caja y volvió a su posición anterior para repetir el proceso. Tomó un libro sin prestarle demasiada atención hasta que se dio cuenta que le resultaba vagamente familiar, después de verlo de cerca y quitarle el polvo de encima, una sonrisa se extendió en su rostro. No había duda, era el libro que había estado buscando.

Como si se tratara de un flashback, la imagen borrosa de una mujer sosteniendo el libro entre sus delicadas y suaves manos – pese a las notorias arrugas de su piel –, se formó ante sus ojos. Su visión se volvió borrosa al instante debido a las lágrimas, y con una sonrisa nostálgica en su rostro, empezó a examinar el libro.

Tenía un aspecto bastante viejo. Las cubiertas parecían ser de madera forrada por cuero negro, en el lomo se había cocido con hilo de plata la silueta de un hada con la cabeza inclinada hacia arriba, como si estuviera contemplando el cielo. Con mucho cuidado lo abrió, sus ojos se agrandaron con sorpresa al notar que había sido escrito y dibujado a mano en papel pergamino.

Una cristalina lágrima resbaló por su mejilla.

Recordaba que cuando era niña le encantaban las hadas, creyendo firmemente en su existencia. Incluso había prometido seguir creyendo en ellas cuando fuera grande y, por laguna razón, su abuela se había sentido sumamente orgullosa de eso.

Pasó la siguiente hoja, viendo la imagen de un enorme árbol en el centro de una brillante ciudad, era tan alto que sus ramas más bajas estaban por encima de las nubes. Soltó una pequeña risita al recordar lo emocionaba que estaba al decir que algún día llegaría a la cima del árbol.

Por supuesto, esos solo eran sueños y deseos ingenuos de una niña que ya no existía. Y aunque la parte racional de su cerebro le decía que solo era un cuento, aquella parte que siempre se había sentido vacía, como si le faltara algo y no sabía que era, se emocionó por la idea de aventurarse en ese maravilloso y utópico mundo de hadas.

Volteó la hoja, sorprendiéndose al ver caer un trozo de papel. Estirándose un poco para tomar el papel que cayó al piso, lo miró con curiosidad. Era un plano donde se podía ver el dibujo de la casa, el jardín y la parte del bosque que incluía el río. Lo que más la confundió fue ver una línea punteada que salía de la casa y terminaba en algún lugar en lo profundo del bosque. No tenía una escala como tal, pero a juzgar por la relativa cercanía que tenía con el río, debía encontrarse a unos cuantos minutos de distancia.

—Lugar extraño para poner esto, abuela — murmuró para sí misma, antes de notar que, en la esquina inferior derecha, con letras casi ilegibles, se encontraba escrito:

"La magia aún es evidente"

Esas palabras solo hicieron que arrugara el entrecejo sin comprender.

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Después de encontrar el extraño papel en el libro, continuó con su tarea de catalogar libros, acción que le llevó otras dos horas en terminar. Hizo un poco de comida y siguió con la limpieza de la casa. Sin embargo, cuando el sol estaba a punto de ocultarse en el horizonte, decidió que su curiosidad era demasiado grande como para ser ignorada.

Rápidamente se cambió de ropa colocándose un pantalón negro, gruesas botas que la ayudarían a caminar en la nieve y no resbalarse con el hielo, así como una playera gruesa de manga larga color rojo, prendas que fueron un regalo por parte de Ashley cuando vio la poca ropa que llevaba consigo y, como buena amiga además de costurera, no iba a permitir que vistiera con "esos trapos", por lo que le llenó una maleta mediana de ropa que ella misma había diseñado y que, sospechosamente, era de su talla.

No iba a sumergirse en detalles.

Guardó una linterna y un botiquín de primeros auxilios en una mochila bolsa, haciendo que el asa cruzara sobre su pecho y se recogió su largo cabello en una coleta alta, dejando que algunos mechones enmarcaran su rostro. Pero antes de salir, decidió prepararse unos emparedados en caso de que le diera hambre en medio de esa pequeña aventura.

En serio le debía un enorme favor a la costurera, no solo por permitir que se quedara en su casa durante más de una semana o por la ropa que le había regalado, también por haberle dado un 'trabajo' durante esos días con una generosa paga para que ella tuviera dinero, puesto que contaba con poco dinero en efectivo. Todos sus ahorros estaban en una cuenta bancaría y si lo retiraba, solo les indicaría a sus padres donde se encontraba, además que quería independizarse y ese dinero, aunque estuviera a su nombre, no se lo había ganado con su esfuerzo. Gracias a la ayuda de Ashley, contaba con el dinero suficiente para sobrevivir por algunos días hasta que encontrara un trabajo.

En algún lugar en la parte posterior de su cerebro, una pequeña voz le advertía lo estúpido y arriesgado que era salir en una caminata nocturna por el bosque, pero era demasiado obstinada como para escucharla.

Siguiendo las vagas referencias, caminó hacia el rio y luego se dirigió corriente arriba hasta encontrar una pequeña cascada de metro y medio de altura. De acuerdo al plano, tenía que cruzarlo y caminar en línea recta hasta encontrar una roca con la forma de la cabeza de un lobo. Asintiendo con la cabeza, guardó el papel en su mochila para evitar perderlo por accidente y observó el rio, buscando una forma segura para cruzarlo.

El rio estaba comenzando a congelarse en la superficie, acercándose con cuidado se dio cuenta que la corriente no era muy rápida y el ancho debía de ser de unos cuatro metros, el problema era que no sabía su profundidad o si había algún remolino en el fondo. No quería arriesgarse a romper el hielo y hundirse y posiblemente ahogarse.

Después de unos segundos de contemplación, vio una serie de rocas que sobresalían en la superficie del agua. Haciendo unos rápidos cálculos mentales, se dio cuenta que podía saltar sobre ellas y cruzar el rio exitosamente, solo debía tener cuidado en no resbalar.

Con una mirada de determinación, procedió a saltar sobre las rocas. Casi cae a medio camino, pero logró estabilizarse a tiempo y continuar. Una vez que sus pies tocaron la tierra firme, soltó un suspiro que no sabía que estaba reteniendo y caminó en línea recta para encontrar la roca. Cuando la visualizó, volvió a sacar el papel. Tenía que dirigirse a la derecha y caminar hasta toparse con un árbol de tronco muy grueso.

Caminó por unos cinco minutos adentrándose más en el bosque, apenas notando el blanco paisaje que la rodeaba hasta que vio a lo lejos lo que estaba buscando, o al menos, una parte de ello. El plano mostraba un gran árbol que se alzaba por encima de todos con un grueso tronco. Sin embargo, lo que encontró fue una pequeña parte de este. Parecía que lo habían talado hace un tiempo tejando lo que podría considerarse como una excelente mesa natural si alguien quería hacer un picnic en ese lugar. Se preguntó cuánto tiempo les había tomado derribarlo puesto que el diámetro parecía ser de unos ocho metros.

Volviendo al plano, notó que solo quedaban dos líneas punteadas desde el árbol hacia la izquierda, lo que indicaba que estaba cerca. Guardó el papel de nuevo y se dirigió a esa dirección. Después de unos cuantos metros, por fin lo encontró.

Miró la extraña estructura que tenía delante. Era inquietantemente hermosa y no parecía algo hecho por manos humanas. Uno podía decir que era antiguo, pero estaba en excelentes condiciones. Había una plataforma rectangular hecha aparentemente de mármol blanco completamente liso, de unos tres metros de ancho y cinco de largo. Desde el centro se alzaba un hermoso arco de unos tres metros de altura, tan grueso como el largo de la palma de su mano. Se maravilló con la vista de una enredadera subiendo por los lados del arco, dejando caer un pequeño ramo de flores violetas justo en la cima de la estructura.

Era como si el frío no le afectara. Las ramas de las enredaderas se veían tan verdes como si estuvieran en plena primavera. Las flores parecían tener un brillo propio, haciéndolas más llamativas a la vista. Incluso el aire tenía el olor característico de la primavera.

Pese a que su mente se quedó en blanco por un momento al ver tal obra, una inquietante pregunta se formó en su mente cuando recuperó la capacidad de pensar correctamente de nuevo:

'¿Qué hace esto en medio de la nada?'

Bueno, tal vez no tan correctamente.

Con la boca ligeramente abierta de la impresión, subió a la plataforma dirigiéndose al lado derecho del arco, la confusión y curiosidad inundando su ser. Este lugar estaba dentro de la propiedad de sus abuelos, pero no lograba recordar si su abuela había mencionado algo acerca de lo que se encontraba frente a sus ojos.

Apartando ligeramente una parte de la enredadera, descubrió una extraña runa tallada en la superficie blanca. Con la punta de los dedos delineo lo que parecía una 'R' del alfabeto latino, los bordes eran completamente lisos, no se sentía alguna protuberancia o evidencia de que hubiera sido tallado con alguna herramienta. Sus ojos se abrieron ligeramente, la ansiedad producida por saber qué era y cómo lo habían plasmado en la superficie llenó su mente con miles de pensamientos y suposiciones. Hizo a un lado otra parte, encontrando la forma de "", en el momento en que tocó la runa le pareció ver un débil resplandor naranja en los contornos internos del arco. Se inclinó un poco hacia adelante para ver mejor, sin embargo, un repentino temblor le hizo perder el equilibrio y caer hacia adelante, directamente a través del arco.

Fue cegada por una luz blanca antes de darse cuenta que, de alguna manera, estaba cayendo en caída libre.

Miró hacia abajo y gritó.

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Continuará…

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Nota de autor (editado): Los primeros dos capítulos de esta historia serán breves introducciones de los personajes principales. Como se habrán dado cuenta, este pertenece a Asuna mientras que el siguiente le corresponderá a Kirito.

Por si tienen curiosidad, las runas descritas en este capítulo son reales. La 'R' es la runa Raido, simboliza la ruta de un viaje, cambios que se avecinan, la lucha y la búsqueda propias del viaje evolutivo de cada individuo, y el esfuerzo interno que hay en el proceso de maduración desde la adolescencia hasta la adultez. Mientas que '' es la runa Kano, se vincula con el conocimiento y la inteligencia.

Cambiando a otro tema, si han leído el fanfiction "Fairies are real" de SoExtra se habrán dado cuenta del parecido que tiene este capítulo con su historia. No podría decir que he adoptado su historia (que está descontinuada desde el 2015) puesto que le he hecho grandes modificaciones a la historia original y que podrán verlo en los siguientes capítulos. La idea base, de que Asuna siendo humana vaya al mundo de las hadas encontrándose con Kirito, me pareció interesante y quise desarrollarla añadiendo mis propias ideas.

Los capítulos 1, 2, 3 y 5 de esta historia son una reescritura, modificación y desarrollo de los capítulos escritos por SoExtra, el contenido del resto de los capítulos es 100% mío

Próximo capítulo: "Una vida no deseada".