Disclaimer: Sword Art Online pertenece a Reki Kawahara.


"Existen cuatro Templos Sagrados en Alfheim: el Templo Rúnda ubicado en la Isla Flotante Kunnshap, el Templo Cumhacht en la Isla Flotante Draíocht, el Templo Anam en la Isla Flotante Spiorad; y el más importante de todos, el Templo Livstid en el corazón de Yggdrasil. Cada uno de los templos posee información que, en manos equivocadas, podría provocar que una nueva guerra comience."

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Capítulo 11. La curiosidad mató al gato

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'Estoy muerto', pensó con resignación.

No sabía si era posible, pero se prometió mentalmente que si lograba salir vivo de esa situación, aclararía todas sus dudas con Klein.

—Nya, Príncipe Kirito, estoy tan feliz de que estés aquí — escuchó una suave voz ronronear muy cerca de su oído.

Los vellos de su nuca se erizaron y un escalofrío recorrió su columna.

No sabía si esa respuesta física se debía a la Cait Sith que actualmente había secuestrado su brazo izquierdo, aplastándolo contra su torso en un fuerte abrazo – haciéndolo hiperconsciente de ciertas partes de su anatomía –, o si se debía a la intensa mirada que podía sentir perforando su cabeza, tal vez esperando que, si miraba lo suficientemente fuerte, haría que se quemara espontáneamente.

'Definitivamente tengo que preguntarle a Klein si eso es posible para un Salamander'.

—Alicia… — dijo con cansancio —, ¿tienes que hacer esto cada vez que nos reunimos?

—No sería divertido si no lo hiciera — respondió con un tono coqueto.

Levantó su mano derecha para cubrir con la palma de su mano su rostro, sintiéndose mitad irritado y mitad avergonzado. ¿Por qué Alicia no podía ser una Lord más reservada como Philia?

A diferencia de los demás Lores – quienes asistían regularmente a las reuniones en el palacio real –, Alicia prefería enviar a Argo o a uno de los consejeros Cait Sith como su representante para dar el informe sobre su territorio, algo que hacía enojar a los consejeros reales porque lo consideraban "inadecuado" para una Lord. Debido a su clara ausencia en las reuniones, había pensado que nunca lograría conocerla en persona hasta que fuera coronado como Rey.

Se había equivocado.

Hace aproximadamente dos años, Argo le había enviado un inquietante mensaje: Sakuya está en peligro. No lo sabía en aquel entonces, pero ahora sabía que Argo poseía un informante dentro de los Salamander y ese informante le había advertido que el General Eugene junto con un batallón completo de su ejército, atacarían la reunión que su tía Sakuya y Alicia tendrían en la frontera de sus territorios, cerca del Valle de las Mariposas.

Ese día estaba supervisando de incognito las condiciones de la región oeste de la capital central Arun, a solo unos kilómetros de distancia del inicio del Valle de las Mariposas, cuando le había llegado ese mensaje.

Lo que pasó durante el tiempo en el que terminó de leer el mensaje y su posterior victoria contra los Salamanders sigue siendo un misterio para él. A veces, durante una pelea, pierde tanto el control sobre sí mismo que no puede recordar las cosas con claridad, pero recuerda perfectamente lo que ocurrió cuando conoció a Alicia oficialmente. En pocas palabras, estaban en la misma posición en la que se encontraban actualmente, con la única diferencia de que en aquel entonces Alicia se había frotado, literalmente, contra su brazo.

Casi muere de vergüenza ese día.

Negando con la cabeza – la palma de su mano todavía contra su rostro –, alejó esos pensamientos de su mente y dio un paso al frente, tensando los músculos de su brazo izquierdo para poder liberado del abrazo de Alicia. Ella hizo un puchero, pero finalmente liberó su brazo.

—¿Podemos empezar esta reunión de una maldita vez? — dijo con exasperación.

—Te ves tenso, Ki-bou — dijo Argo con un falso tono de preocupación —. ¿Tal vez debería pedirle a una de nuestras lindas ayudantes que te de un masaje?

Entrecerró los ojos con irritación al ver cómo Argo se forzaba para no sonreír con picardía cuando la intensa aura asesina proveniente de Asuna se intensificó.

—No, gracias — respondió entre dientes.

—¿Puedo irme? Ni siquiera sé por qué estoy aquí — dijo Asuna con evidente molestia en su tono de voz —. Esto parece más una reunión privada entre Lord y realeza.

La forma en la que dijo esa última palabra le envió un escalofrío por todo el cuerpo. No estaba molesta, estaba furiosa.

—En realidad, A-chan — dijo Argo con seriedad mientras caminaba hacia una mesa rectangular en el centro de la habitación —, tú eres la clave para resolver algunos rompecabezas.

La ira en los ojos avellana de Asuna fue remplazada por confusión y él tuvo que reprimir el impulso de interponerse entre ella y la mirada analítica de Argo. Estaba seguro de que la Cait Sith ya poseía información sobre Asuna, después de todo, era la mejor agente de información de todo el reino. No había nada que pudiera escaparse de su conocimiento.

—Tomen asiento, por favor — dijo Alicia señalando los tres asientos vacíos de la mesa.

—¿Es este un interrogatorio? — preguntó Asuna con una ceja enarcada con sospecha.

No podía culparla por haber llegado a esa conclusión. No ahora que podía examinar con detalle la habitación en la que se encontraban. Ciertamente parecía una sala de interrogatorios.

No había ni un solo mueble o adorno además del candelabro tipo araña que colgaba en el centro de la sala y la mesa de madera junto con sus sillas a juego. La mesa frente a ellos debía medir metro y medio de ancho y dos de largo, pero la madera de la mesa era demasiado sencilla para ser parte del mobiliario del palacio de un Lord, incluso las sillas en las que estaban sentados carecían de la superficie acolchada del asiento y el respaldo. al igual de los finos diseños de las patas. Y, por si fuera poco, Argo y Alicia se habían sentado juntas, frente a ellos, con expresiones serias en sus rostros.

Sintió a Asuna sobresaltarse en su asiento cuando las puertas detrás de ellos se cerraron con firmeza, dejándolos solos en el interior.

—Para responder a tu pregunta, Asuna — comenzó a decir Alicia —; si, es un interrogatorio.

Miró a Asuna de reojo, su ceño se había fruncido y tenía una expresión dura en su rostro. También notó como cerraba con fuerza sus puños sobre su regazo y, sin poder evitarlo, extendió su mano derecha y cubrió con su palma su puño izquierdo, esperando transmitirle con ese simple gesto un poco de tranquilidad y confianza.

—Pero antes de comenzar con las preguntas — dijo Argo, con una sonrisa de complicidad en sus labios cuando volteó a verlo —, ¿tal vez quieras saber cuál es la situación con los Imp?

Enarcó una ceja ante la pregunta. Era obvio que el motivo de esa reunión era obtener información sobre Asuna o de Asuna, entonces ¿por qué quería abordar el tema de los Imp primero? A menos que…

—Están relacionados — susurró, pero debido a la falta de muebles y el silencio de la habitación, sonó como si lo hubiese gritado.

Argo tarareó una respuesta afirmativa.

—¿Qué es lo que sabes? — preguntó, ignorando las miradas inquisitivas de Asuna y Leafa sobre él.

—Me temó que solo son noticias malas, Ki-bou — dijo Argo después de un suspiro cansado —. Los Imp tienen un nuevo Lord, y es completamente leal a Mortimer.

—No solo eso — continuó Alicia con una expresión sombría en el rostro —. El nuevo Lord, para asegurarse de que no intenten sustituirlo con un golpe de estado, él… él…

—Mandó a matar a todos — intervino Argo cuando parecía que Alicia no era capaz de terminar su oración —. Cada Imp que compartía sangre con los anteriores Lores… todos fueron asesinados.

Leafa se cubrió el rostro con ambas manos, sus sollozos apenas amortiguados por sus manos llenaron el silencio mortal que había caído en la habitación cuando Argo terminó de hablar.

—Ese maldito — siseo entre dientes, su mandíbula estaba fuertemente cerrada al igual que sus puños, un vano intento por intentar controlar la furia asesina que corría por sus venas como un mar de magma.

Sabía que los Imp eran hadas realmente confiadas y que su fuerza militar era increíblemente débil en comparación con las otras razas, pero nunca hubiese imaginado que fueran capaces de matar a su familia solo para salvarse a sí mismos, salvar el poder que habían adquirido…

—Argo, ¿sabes quiénes fueron los asesinos?

Volteó a ver a Asuna con ligero desconcierto – la ira era la emoción que más estaba sintiendo en esos momentos —, ¿acaso no había estado prestando atención? Pero antes de que pudiera señalar lo obvio, ella volteó a verlo con una mirada fulminante en su rostro, haciéndolo callar de inmediato.

—¿Sabes si fueron Imp o Salamanders los que cometieron los asesinatos? — modificó su anterior pregunta.

—¿Eso importa? — preguntó, disgustado con ella.

—Lo hace — respondió con tono tranquilo, sin verse afectada por su tono de voz —. Por lo que me han dicho Leafa y tú, los Salamders intentaron convencer a los otros Lores para unirse a su causa, pero ninguno aceptó — con un fuerte tirón de su brazo, logró soltarse del férreo agarre que él todavía mantenía sobre su mano izquierda —. Estando completamente solos, no importa la fuerza y habilidades de su ejército, siguen teniendo una desventaja numérica increíblemente grande.

—¿Cuál es tu punto? — preguntó Alicia con cautela y un ligero toque de molestia en su voz.

Antes de responder, Asuna colocó sus codos sobre la superficie de la mesa y entrelazó sus dedos, su cuerpo se inclinó hacia adelante hasta que sus labios estaban a solo unos centímetros de distancia de sus manos.

—¿Por qué el anterior Lord Imp murió casi al mismo tiempo en el que secuestraron a Kirito… y tan sospechosamente? — sin esperar a que alguien respondiera, continuó —: Los Salamanders necesitan incrementar sus números para poder hacerle frente a las demás razas. Secuestrar a Kirito desestabilizaría al reino entero, provocando que su atención se concentrara en encontrar a su príncipe…

—Dándoles la oportunidad de invadir y someter a otra raza — interrumpió Argo, comprendiendo cuál era la línea de pensamiento de Asuna.

Sin embargo, ella negó suavemente con la cabeza. Sus ojos se entrecerraron ligeramente y su mirada cambió a una más analítica.

—Someter a una raza por la fuerza no solo crearía una guerra interna dentro del territorio de esa raza, también provocaría que el resto del reino luchara para liberarlos, ¿verdad? — preguntó mientras miraba a Alicia.

—Si — confirmó la Lord —. Aunque, con el Príncipe Kirito desaparecido, nuestra fuerza no sería suficiente, la mayor parte seguiría tratando de encontrarlo.

—Pero seguiría siendo una molestia — comentó Asuna.

La cola de Argo comenzó a agitarse inquietamente detrás de ella cuando una expresión de comprensión empezó a formarse en su rostro.

—Al principio de nuestra conversación, ustedes dijeron que el nuevo Lord Imp era leal a Mortimer, ¿pero es eso realmente cierto? — Asuna se inclinó aún más sobre la mesa, sus labios rozando sus manos —. Existe la posibilidad de que, al igual que con los Sylph, los Salamanders hayan infiltrado a alguien dentro de Everdak, alguien que ha estado manipulando la situación interna con los Imp — las cejas de Asuna se fruncieron con disgusto — Solo véanlo de esta forma; si los Salamander controlan a los Imp desde las sombras, haciéndole creer a las otras razas que se aliaron voluntariamente a ellos...

—Todo el reino los consideraría traidores, y no tratarían de averiguar qué es lo que realmente ocurre en Everdak — dijo Argo, sus ojos ligeramente abiertos cuando todas las piezas cayeron en su lugar.

Volteó a ver a Asuna completamente atónito, todo rastro de ira desapareció de su sistema ante su análisis completo de la situación, incluso Leafa había dejado de sollozar para voltear a verla con una mezcla de desconcierto y admiración en los ojos.

—Pero, para que ese plan funcione y no crear una guerra interna si los Imp en Everdak se dan cuenta, deben de estar manipulando un número muy limitado de personas… probamente solo al Lord y sus consejeros.

En esta ocasión Asuna habló más para sí misma, completamente ajena a lo que había provocado en los demás. Su mirada avellana era distante, tan concentrada en sus pensamientos que se sobresaltó cuando Alicia dijo en un tono acusatorio:

—¿Cómo lo sabes, Salamander? — esa última palabra la dijo como si fuera algo completamente asqueroso o la peor ofensa del mundo.

Asuna se tensó a su lado, retrocediendo como si le hubieran dado un puñetazo en el rostro hasta que su espalda tocó de nuevo el respaldo de la silla.

—Alicia — dijo en un tono bajo y peligroso —, Asuna está bajo mi protección. No importa si eres una Lord, las consecuencias son las mismas para todos.

Las orejas rubias de Alicia se aplastaron contra su cabeza cuando entendió su mensaje entre líneas, pero antes que pudiera decir otra cosa, una mano cálida y pequeña se posó sobre su puño fuertemente apretado.

—Está bien, Kirito — dijo Asuna con un tono suave, una pequeña sonrisa tranquilizadora se formó en sus labios cuando volteó a verla —. No me lastimó lo que dijo, solo me sorprendió. Entiendo que sospechen de mi por parecer una Salamander y después de todo lo que esa raza ha hecho, es normal que me traten con un poco de hostilidad — retiró su mano de encima de su puño.

—¿Qué? — exclamó completamente confundido por las palabras que utilizó.

Y a juzgar por las expresiones de Leafa y Argo, ellas también pensaban lo mismo.

No soy una Salamander — declaró con convicción, confundiéndolos aún más —. Físicamente lo soy, puedo aceptar eso. Pero como individuo no soy como ellos. Nunca podría hacer algo que esté remotamente cerca de lo que ellos son capaces de hacer, y en dado caso de que pudiera hacerlo, la culpa y remordimiento serían lo suficientemente grandes como para morir por eso — sentándose de una manera más firme en su asiento, miró directamente a Alicia a los ojos —. Desde que descubrimos lo que estaba pasando en Everdak cuando estábamos en el campamento Sylph empecé a sospechar, fue su información lo que me llevó a la conclusión que expresé hace unos momentos, no porque sabía algo al respecto.

La ferocidad en la mirada de Asuna habría hecho temblar al soldado más valiente, pero Alicia no retrocedió ante ella, en cambio, sus ojos de color miel adquirieron un brillo desafiante.

—Tu comportamiento es demasiado tranquilo, no te viste afectada por las noticias — reclamó la Cait Sith.

—No es que se los esté reprochando — volteó a ver de reojo a Leafa y a él —, pero dejaron que sus emociones se apoderarán de ellos — volviendo a ver a Alicia a los ojos, añadió —: alguien tenía que mantener la cabeza fría para pensar lógicamente.

La Lord de los Cait Sith no parecía muy convencida al respecto, pero Argo intervino antes de que empezara una pelea verbal entre ellas.

—Vamos, ¿de qué te sorprendes? Yo soy así todo el tiempo — Argo agitó su mano derecha despreocupadamente —. Ya que el tema de los Imp quedó resuelto, vayamos a la parte del interrogatorio.

La pequeña gratitud que pudo haber sentido Asuna por ella desapareció con esa frase.

—¿Qué quieres saber, Argo? — preguntó, sabiendo que no podía cambiar o postergar el tema.

Ignorando a las demás hadas en esa pequeña habitación vacía, la agente de información se inclinó hacia adelante sobre la mesa, manteniendo su vista fija en Asuna, sus grandes y triangulares orejas marrones en su dirección, atenta a cualquier cosa que pudiera salir de los labios de la pelicastaña.

—¿Sabes por qué los Salamanders están tan interesados en capturarte? — preguntó Argo.

—Realmente no lo sé — respondió Asuna sin parecer nerviosa —. En caso de que no lo sepan, debo decirles que no recuerdo quien soy o de dónde vengo — esa información definitivamente había llamado la atención de Alicia y de Argo —. En un principio no recordaba absolutamente nada, y aunque he recordado unas cosas conforme han pasado los días, sigo sin saber esos detalles tan importantes sobre mi vida.

Hizo todo lo posible para evitar que en sus ojos o expresión se notara la inquietud que estaba empezando a sentir cada vez que Asuna mentía sobre sus origenes. Si no fuera porque ella le había confesado que ya sabía quién era, habría creido su historia sin pensarlo dos veces.

Argo no mostró ninguna emoción en su rostro mientras continuaba haciendo sus preguntas. En realidad, estaba sorprendido de que solo hiciera cinco en total. Debió de haber analizado a Asuna en su previa conversación.

—¿Qué es lo que sabes, Argo? — preguntó con un toque de impaciencia en su voz.

—Nada concreto en realidad — respondió la Cait Sith mientras se recargaba en el respaldo de la silla y se cruzaba de brazos —. Mi agente en Gattan me envió un mensaje diciendo que Jiitakusu y Kagemune están planeando algo por orden de Mortimer.

—¿Algo? — preguntó Asuna con curiosidad.

—Al parecer es confidencial, nadie sabe exactamente que están haciendo, pero parece ser una especie de investigación mágica.

—¿Tal vez solo están tratando de crear un nuevo hechizo? — sugirió Leafa con timidez, era la primera vez que hablaba desde que cerraron la puerta.

—Es lo primero que pensé, pero luego mi agente en Parasel me comunicó que han tenido algunos percances con grupos Imp que intentan entrar a su territorio.

—¿Crees que intenten hacer lo mismo que en Everdak? — preguntó con un nudo en el estómago.

—No lo creo — negó Argo —. Esos grupos solo se han visto cerca del Valle del Arcoíris.

—¿Por qué estarían cerca del valle? Está demasiado cerca de la frontera con Arun, y muy lejos de la capital Undine.

Asuna tenía un punto ahí, ¿por qué se arriesgarían a acercarse a la capital sabiendo que ahora serían tratados como enemigos?

—Porque esa es la posición en la que actualmente se encuentra la Isla Flotante Draíocht — respondió Alicia en lugar de Argo.

Sintió como la sangre desaparecía de su rostro. Ellos no intentarían hacer lo mismo que hace siete años, ¿verdad?

—El Lord Undine no permitirá que algo como lo que pasó en el Templo Rúnda vuelva a ocurrir — declaró Argo en un intento por tranquilizarlo.

Lamentablemente, sus palabras no tuvieron el efecto deseado. Le tomó toda su fuerza de voluntad alejar los recuerdos de ese fatídico día de su mente. Sin embargo, olvidó que había una persona en esa habitación que no sabía sobre ese día y no tendría miedo de abordar el tema tabú del reino.

—¿Qué pasó en el Templo Rúnda? — preguntó Asuna con inocente curiosidad.

Un alfiler cayendo sobre el suelo podría haberse escuchado como una explosión ante el silencio que se instaló en la habitación.

Notando lo tenso e incómodo que se había puesto el ambiente, Asuna entreabrió los labios, tal vez para anular su pregunta, pero él la interrumpió con un leve suspiro de resignación. Su reciente experiencia en el Bosque de Niebla había abierto una herida que jamás iba a cicatrizar, pero tampoco iba a dejar de sangrar a menos que lo enfrentara.

Inhalando profundamente, giró su torso para poder ver directamente a Asuna a los ojos. Sus ojos de avellana tenían un brillo de preocupación, tal vez presintiendo que era un tema que no debía de haber abordado.

—Cuando tenía diez años, Mortimer y Eugene atacaron el Templo Rúnda — hizo una inhalación temblorosa, preparándose mentalmente para decir sus siguientes palabras —. Mataron a todas las hadas que se encontraban en el templo y en la isla para después quemar el lugar desde sus cimientos. Todo lo que había en el interior del templo se quemó hasta las cenizas.

—¿Por qué harían algo así? — inquirió Asuna con cautela.

—El Templo Rúnda contenía toda la historia del reino — respondió Argo con voz cansada —. Desde antes de que el Primer Rey gobernara hasta el nacimiento de Kirito. Todos los hechos relevantes en la historia de Alfheim fueron escritos y guardados en ese lugar.

—Y todo se perdió de igual manera — resopló.

—¿Y qué hay exactamente en el templo de la isla... Daioch?

Draíocht — corrigió Argo la pronunciación de Asuna —. El Templo Cumhacht que se encuentra ahí es el mayor almacén de conocimiento mágico, también es el lugar donde se guardan pergaminos y objetos para hacer rituales mágicos.

—¿Tal vez los Salamander necesitan algo que se encuentra en el templo para completar la investigación mágica que están haciendo Jiitakusu y Kagemune? —comentó Asuna mientras inclinaba ligeramente su cabeza hacía la izquierda.

—A-chan, tienes una mente muy rápida, ¿lo sabías? — dijo Argo con una sonrisa felina en el rostro, provocando un tierno sonrojo en la pelicastaña —. A diferencia de otros.

Aunque la Cait Sith no había señalado a nadie en particular, sintió que ese comentario era dirigido a él.

—¡Oye! — se quejó indignado.

La sonrisa de Argo solo se ensanchó. Y aunque estaba ofendido por su comentario, agradeció internamente que hubiese roto el tenso ambiente de la habitación.

—No entiendo que tiene que ver eso con Asuna — comentó Leafa.

—Por lo que ha logrado descubrir mi informante, parece que Asuna es una de las piezas clave para completar lo que sea que estén investigando los Salamanders.

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Prácticamente había salido corriendo cuando Argo le informó que ya no era necesaria su participación en la reunión y que podía retirarse. Soltó un pequeño suspiro de alivio cuando cerró las enormes puertas de madera detrás de ella. Podía sentir sus nervios completamente deshechos debido a la intensa mirada sospechosa que la Lord Alicia había mantenido sobre ella en casi toda la reunión, y a la mirada analítica de Argo cada vez que expresaba su opinión sobre algún tema. Sentía que estaba siendo paranoica, pero cada vez que la informante Cait Sith la miraba sentía que podía ver a través de su mentira. Debería ser algo imposible, Kirito era el único a quien le había dicho parte de la verdad y esperaba sinceramente que él no le hubiese dicho absolutamente nada a Argo en el corto periodo de tiempo en el que estuvieron separados.

Tanto estrés no era bueno para la salud.

—¿Estas bien?

Apenas fue capaz de contener un chillido agudo. Colocó una mano sobre su pecho, justo encima de donde su corazón estaba latiendo erráticamente.

—Lo siento, no era mi intensión asustarte — dijo la misma voz de antes.

Inhalando profundamente por la nariz para tranquilizar su corazón, volteó a ver a la persona que casi le había provocado un infarto cardiaco.

Era la misma Cait Sith que había derribado a Kirito con un fuerte abrazo, Silica, si no le fallaba la memoria. Su cabello, orejas y cola eran de color castaño claro. Su cabello estaba recogido en dos coletas altas atadas con una cinta roja por detrás de sus orejas. Sus ojos eran grandes, redondos y muy expresivos, pero lo que más le llamó la atención fue el color rojo escarlata de su iris. Llevaba puesta una chaqueta azul oscuro con capucha y detalles dorados, un peto gris azulado sobre su pecho, una minifalda negra, medias largas del mismo color que le llegaban a mitad del muslo, botas cortas del mismo color que la chaqueta y guantes negros sin dedos. Sin embargo, lo que más la sorprendió además de su corta edad, fue el pequeño dragón azul hielo que estaba cómodamente acostado sobre su cabeza.

—No te preocupes — le dijo con una pequeña sonrisa en el rostro —, no estaba prestando atención a mis alrededores.

—Si tú lo dices — dijo Silica no muy convencida —. La reunión con la Lord y Argo va a tardar demasiado, ¿quieres algo de comer?, ¿tal vez ir a dar un paseo?, ¿tomar un poco de aire fresco?

No pudo evitar sonreír ante lo tierna que se veía tratando de ser una buena anfitriona. Sin embargo, se preguntó si se le tenía permitido explorar libremente el palacio de la Lord o incluso salir de él.

—¿Puedo hacer eso? — preguntó.

—¡Por supuesto! — ella le sonrió con alegría —. Eres una invitada de nuestra Lord y la protegida de Kirito, básicamente no hay nada que se te pueda negar.

—Un paseo para tomar un poco de aire fresco suena maravilloso, gracias — lo dijo con suma cortesía, pero en el fondo no podía evitar inquietarse por el trasfondo de esas palabras.

La Cait Sith sonrió ante su tono de voz, pero no dijo nada, se dio la vuelta y empezó a caminar por el largo y solitario pasillo frente a ellas.

—No podemos ir a la ciudad hasta que la reunión termine, pero podemos ir a los establos de dragones, al jardín colgante o incluso al campo de entrenamiento — volteó a verla con un brillo de alegría y travesura en sus ojos rojos —. Sugiero los establos de dragones.

Contagiándose con su alegría infantil, no pudo reprimir una leve risa.

—Bueno, vayamos a ver a los dragones — dijo con una sonrisa.

Silica prácticamente saltó de alegría antes de sujetar su muñeca derecha con su mano izquierda y empezar a correr por el pasillo. Ella jadeó con sorpresa no solo por el fuerte – pero suave – agarre sobre su muñeca, también por la velocidad con la que podía correr. Vagamente recordó que los Cait Sith eran hadas muy rápidas, no tanto como los Sylph, pero si mucho más veloces que otras razas.

Tuvo que usar toda la fuerza de sus piernas poder igualar la velocidad de Silica y así evitar estrellarse contra las paredes o columnas cada vez que giraba en una esquina para tomar otro pasillo.

Después de unos buenos cinco minutos de una carrera a máxima velocidad, pudo distinguir a lo lejos las siluetas de los árboles y una enorme sombra en movimiento que se proyectaba en el suelo desde el cielo.

—¡Llegamos justo a tiempo! — dijo Silica con alegría.

Disminuyó la velocidad conforme se acercaban a la puerta abierta que debía de conectar el castillo con los establos.

—¿A tiempo para qué? — preguntó entre jadeos, sus pulmones estaban ardiendo por la falta de oxígeno necesario para funcionar adecuadamente.

—Para ver como entrenan a los dragones — explicó Silica con la emoción casi irradiando de su cuerpo.

Antes de que ella pudiera recuperarse por completo, la joven Cait Sith volvió a arrastrarla en un ligero trote hasta que llegaron a una especie de torre de observación de madera. Si, una especie porque en realidad debía de medir unos tres metros de alto como máximo.

—¿Realmente se me permite estar aquí? — preguntó insegura.

Podía ver por el rabillo del ojo a varios Cait Sith de diferentes tamaños y colores de pelo acercarse a la zona donde se encontraban, pero a ninguno pareció importarle su presencia.

—Ya te lo dije, eres una invitada de nuestra Lord — contestó Silica con una gran sonrisa entusiasta en el rostro —. Además, estos entrenamientos son públicos, cualquiera puede venir a verlos.

Todavía estaba insegura sobre eso, pero Silica se veía tan emocionada que no tuvo el valor de continuar cuestionándola. Con un suspiro de resignación empezó a subir la escalera de madera, rogando con todas sus fuerzas que ningún pervertido se atreviera a acercarse a la torre mientras Silica y ella subían los escalones.

—Si vamos a ver como entrenan dragones, ¿no sería más seguro mirar lejos de una estructura hecha con un material altamente inflamable? — preguntó una vez que llegaron a la cima.

—No te preocupes — dijo la Cait Sith cuando conteniendo una risa —. Los Leprechaun que hicieron estas torres les pusieron un hechizo para que fueran resistentes al fuego. De lo único que tenemos que preocuparnos es de tener buenos reflejos.

Eso no la hizo sentir más segura.

Siguiendo a Silica al otro extremo de la torre, su mandíbula casi cae al suelo por la increíble vista que tenía enfrente. Había un enorme cráter a unos dos metros de distancia de la torre, debía ser tan profundo como el alto del Empire State en Nueva York y ni siquiera podía imaginar cuanto media de largo o ancho, las torres que bordeaban el cráter en el otro extremo se veían como si tuvieran quince centímetros de altura.

—Para ser algo público, no veo a tantos espectadores — comentó.

—Bueno — dijo Silica con una sonrisa nerviosa —, eso es porque este entrenamiento es una simulación.

—¿Simulación? — preguntó con una ceja enarcada, luego comprendió a qué se refería — ¿Por qué estarías interesada en ver algo así?

—Porque voy a ser una entrenadora de dragones — respondió con una mezcla de entusiasmo y orgullo —, y Pina me va a ayudar a hacerlo, ¿verdad?

El pequeño dragón azul, quien estaba revoloteando sobre sus cabezas, hizo un sonido parecido a 'guru guru', como si tratara de afirmar las palabras de la Cait Sith.

Las dos guardaron silencio cuando un fuerte sonido metálico salió del interior del cráter. Voltearon a ver simultáneamente el interior de orificio para descubrir que al menos una docena de dragones del tamaño de un avión y con escamas gris metálico se encontraban volando de un lado a otro dentro del agujero sin salir de él.

—¿Pina va a crecer así de grande? — preguntó con curiosidad.

—Pina sufrió un accidente cuando aún estaba en su huevo, no puede crecer como los otros dragones de agua o de escarcha — respondió Silica mientras acariciaba la cabeza del dragón.

—Creí que solo había dragones de fuego — sus mejillas se sonrojaron por la vergüenza, debía de parecer alguien bastante ignorante.

—Los Salamanders se encargaron de eso — una mirada triste se posó en los ojos escarlata de Silica —. Casi provocaron la extinción de los dragones de agua y escarcha. Nosotros, los Cait Sith, nos encargamos de proteger y perpetuar su especie para que el equilibrio no se rompa.

Meditó sus palabras mientras veía a los dragones de abajo alinearse en dos filas, una frente a la otra a varios metros de distancia. Ahora que los dragones estaban quietos y relativamente cerca, pudo notar que sus jinetes estaban sentados sobre sus cuellos, vistiendo una armadura ligera metálica, pero lo que llamó su atención fue que sus montaduras eran de diferentes colores; un equipo era rojo y el otro azul.

'¿Fuego y agua?', meditó.

Su respuesta llegó unos segundos después cuando los dos equipos se abalanzaron hacia adelante para empezar a pelear.

—¿Agua hirviendo? — preguntó con incredulidad cuando notó el vapor que salía del chorro de agua de uno de los dragones.

—Los dragones de agua adultos pueden alterar la temperatura de sus ataques — respondió Silica, mirando atentamente a los dragones con montura azul —. A veces puede ser agua fría, temperatura ambiente o hirviendo.

Como para demostrar su punto, dos dragones lanzaron sus ataques al mismo tiempo, chocando entre sí a mitad del camino. Uno de ellos era una llamarada de fuego mientras que el otro era un chorro de agua. El choque entre ellos provocó que una nube de vapor se alzara entre ellos, ocultándolos de la vista.

'Debe de ser agua fría', analizó mientras veía los cuerpos de los dragones salir de la nube y lanzarse pequeños ataques agua-fuego mientras volaban en un círculo. 'Si fuese agua hirviendo, la cercanía con el fuego terminaría por evaporar el agua antes de que los ataques chocaran entre sí.'

En ese momento entendió a qué se refería Silica con "el equilibrio". Mientras el agua puede apagar el fuego, el fuego puede derretir el hielo y el hielo congelar el agua. Pero, de igual manera, el hielo podía sofocar el fuego, el fuego evaporar el agua y el agua disolver el hielo. Era un perfecto equilibrio natural.

¿Por qué los Salamander querrían romperlo?

—Para demostrar su superioridad — dijo Silica.

Por un momento la miró confundida, luego se dio cuenta de que debía de haberlo dicho en voz alta y ella solo estaba respondiendo su pregunta.

No quería tener otra conversación relacionada a posibles planes ocultos de los Salamanders ni el peligro que representaban y mucho menos tratar de darle sentido a todo lo que sabía que habían hecho hasta el momento. Su mente pronto sería abrumada por una fuerte migraña si no se detenía.

Un suave ruido proveniente del pequeño dragón azul en los brazos de Silica le dio el tema perfecto para distraer su mente.

—¿Cómo conociste a Pina? No creo que sea parte de una iniciación para convertirte en entrenadora de dragones.

Volteándola a ver de reojo, notó que una mirada nostálgica se instalaba en sus ojos escarlatas.

—Fue el mismo día en el que conocí a Kirito, hace tres años — esa oración hizo que toda su atención se centrara en ella —. Mi padre es un entrenador de dragones, uno de los principales. Un día nuestra Lord recibió una carta del Lord Undine diciendo que tenían algunos problemas con los dragones en su santuario y necesitaban ayuda.

"Convencí a mi padre de que me llevara con él y los dos fuimos a territorio Undine — una mueca de disgusto se formó en los labios de la joven Cait Sith —. No tenemos ni idea de cómo lo lograron, los Salamanders tienen una debilidad natural por el agua, pero varios de ellos lograron infiltrarse en el santuario submarino y los estaban atacando. Mi padre me entregó el huevo que estaba sosteniendo y me dijo que corriera.

Dos Salamanders me atraparon a mitad del camino y me quitaron el huevo, estaban a punto de matarme cuando fueron derribados por un borrón negro — casi se estremece por lo ligera que sonaba su voz al contar como estuvo a nada de ser asesinada —. Logré atrapar el huevo antes de que se estrellara contra el suelo, pero ya era muy tarde. Los huevos de dragones de agua deben incubarse a cierta temperatura, un ligero cambio es suficiente para que se produzcan grandes consecuencias en el desarrollo de los dragones. "

—¿Ese huevo era el de Pina? — preguntó, recordando lo que había dicho anteriormente. Ella asintió en respuesta —. Y por borrón negro te refieres a Kirito, ¿verdad?

—Él siempre se ha vestido de negro — sonrió Silica con diversión —. En ese momento no sabía quién era, estaba demasiado afectada por saber que mi padre había muerto.

Un jadeo de sorpresa se escapó de sus labios, no solo por lo que había dicho, también porque una llamarada de fuego se había estrellado contra un costado de la torre haciendo que se sacudiera.

Silica le sonrió, cómo si tratara de decirle que estaba bien, que hablar sobre su padre no le dolía.

—Kirito me cuidó mientras estaba en Parasel y cuando Argo llegó para saber lo que había ocurrido, él le dijo que estaba bajo su protección y que esperaba que la Lord me cuidara como era debido.

—¿Qué significa eso, estar bajo su protección? — preguntó con el ceño fruncido, recordando las reacciones de Leafa y Alicia cuando Kirito les dijo que estaba bajo su protección.

—En mi caso, estar bajo la protección de Kirito significa que soy como su hermana menor. Cuando voy al palacio real o algún otro lugar, recibo las mismas atenciones que un miembro de la familia real. También recibo la misma educación y entrenamiento que un familiar de la Lord Alicia — encogiéndose ligeramente de hombros terminó de decir —: a menos hasta que cumpla diecisiete años. Después de eso, todos los privilegios que tenía dejarán de existir.

—¿Por qué haría algo así? — preguntó con una ceja enarcada — ¿Y a qué te refieres con "en mi caso"?

—Kirito me dijo una vez que se sentía responsable por no haber llegado a tiempo para salvar a mi padre, y que lo menos que podía hacer era asegurar mi bienestar en memoria de mi padre — la suave sonrisa en su rostro cambió inesperadamente a una más felina, una que se parecía sospechosamente a la de Argo.

Un escalofrío le recorrió la espalda, tenía un mal presentimiento sobre lo que iba a decir.

—Y dije "en mi caso" porque para ti significa algo completamente diferente estar bajo su protección — la sonrisa se extendió más por su rostro.

—¿D-de qué hablas? — dijo con un sonrojo extendiéndose por sus mejillas.

No sabía la razón de su sonrojo ni por qué su corazón había decidido empezar un maratón en su pecho. Pero si sabía que Silica había pasado demasiado tiempo conviviendo con Argo.

—Sabes — empezó a decir la Cait Sith con un brillo travieso en los ojos —, Kirito no permite que nadie lo toque, se aleja de ellos como si tuvieran alguna enfermedad contagiosa y mortal.

Su sonrojo se profundizó al recordar todas las veces que había invadido su espacio personal, todas las veces que lo había tocado, ya sea porque lo estaba molestando, tranquilizando, porque estaban en una situación peligrosa o por simple casualidad. En ninguno de esos momentos notó que Kirito se sintiera incomodo o que quisiera rechazar el contacto.

Bueno, existe uno, cuando tuvieron que dormir en ese hoyo el primer día que se conocieron. Su cuerpo se había puesto increíblemente rígido cuando se recargó contra él, pero no se alejó ni le pidió que se moviera.

—Y tampoco inicia el contacto con ninguna otra persona — continuó hablando Silica, haciendo que se sintiera más avergonzada si era posible.

Otra serie de imágenes se precipitó al frente de su mente, todas siendo recuerdos de las veces que el spriggan le había tomado la mano, cargado entre sus brazos o colocado una de sus manos sobre su cintura.

—¿Qué tiene que ver eso con estar bajo su protección? — preguntó, tratando desesperadamente de no pensar en las implicaciones que estaba insinuando y al mismo tiempo reprimiendo su sonrojo.

—Una vez, la Reina me dijo que si Kirito ponía bajo su protección a una mujer cuando tuviera más de diecisiete años, eso significaba que esa persona se convertiría en su futura esposa.

El rugido de los dragones al festejar el final de su entrenamiento fue lo suficientemente fuerte para ocultar el grito agudo que salió desde el fondo de su alma.

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Abandonó la sala de interrogatorios conteniendo un suspiro de cansancio. Esperaba que Silica hubiese hecho el pedido que había solicitado y que Alicia pudiera entretenerlos el tiempo suficiente para que ella pudiera hacer su trabajo, probablemente esta era su única oportunidad para conseguir respuestas a todas las preguntas que estaban carcomiendo su cerebro desde el momento en el que no pudo encontrar absolutamente nada relacionado con ella. No importaba a cuantos de sus contactos había recurrido ni todos los documentos que había leído, no había encontrado ninguna información referente a ella.

Siendo el mejor agente de información que había nacido en el reino, no iba permitir que sucediera eso. Ella iba a descubrir quién era exactamente Asuna.

Caminando cuidadosamente por los pasillos del palacio para evitar que alguien la escuchara, se dirigió al ala donde se encontraban los dormitorios para los invitados de la Lord. Silica debería de haber llevado a Asuna a su habitación designada mientras esperaba a que la reunión de Kirito y Leafa con Alicia terminara.

Como una agente de información ella debía de ser capaz de analizar a las personas, buscar en sus gestos, postura y mirada cualquier signo de información. Podía jactarse con gran orgullo de poder leer a las personas como si se trataran de un libro abierto escrito en letras mayúsculas, nada podía escapar de sus ojos u oídos. O eso creía. Asuna era la persona más difícil de descifrar que había conocido, incluso más que Kirito.

No iba a admitirlo en voz alta, pero esa chica simplemente le ponía los pelos de punta.

Había algo en ella que estaba mal. No era un mal relacionado a alguien que tiene intenciones ocultas y que puede apuñalarte por la espalda. Era algo más relacionado en el sentido de que algo no encajaba con ella.

Como había dicho en la reunión, Asuna tenía una mente increíblemente rápida y analítica. Podía comprender lo complicado o fácil de una situación con solo algunos detalles, establecer escenarios que pudieran explicar lo que estaba sucediendo y predecir cuál sería el siguiente movimiento. Era como si hubiese sido entrenada en el arte de la guerra durante toda su vida. Pero ese rasgo creaba un gran contraste con su personalidad tímida, alegre, voluble y de curiosidad infantil.

Su cola se agitó fuertemente con frustración detrás de ella. Su instinto le decía que había una pieza del rompecabezas que era Asuna que le faltaba, una pieza muy importante, y estaba completamente segura de que esa pieza estaba relacionada con lo que sea que los Salamanders estuvieran planeando. Fue leve, si sus ojos no estuvieran tan bien entrenados en detectar esos detalles fácilmente pudo habérselo perdido, pera ella lo notó, el leve brillo de miedo cuando mencionó que ella era una de las piezas claves en la investigación de Jiitakusu y Kagemune. Esa reacción indicaba que ella sabía o sospechaba de qué se trataba.

Dobló una esquina, apenas siendo capaz de detectar algunos de los mechones castaño-anaranjados de Asuna cuando se adentró a su habitación y cerró la puerta detrás de ella. Silica – que muy probablemente la había escuchado – salió corriendo en dirección opuesta a ella con Pina volando a su lado derecho, tomando otro camino para regresar a la sala de interrogatorios y reunirse con Sinon.

Si ella no había terminado de hablar con Asuna cuando la reunión terminara, ellas se encargarían de distraer a Kirito y Leafa hasta que hubiese terminado.

Asegurándose de que estuviera sola en el pasillo, susurró:

Lyd velding ard ande sted limistéar bacainn fuaime.

Una delgada película de color verde olivo cubrió la puerta y parte de la pared antes de desaparecer como si nada hubiese pasado. Satisfecha con el resultado, volvió a asegurarse de que no había nadie cerca y entró en la habitación sin pedir permiso.

Asuna estaba acostada en la cama frente a la puerta, por lo que notó de inmediato cuando entró. No pasó desapercibido para ella como su cuerpo se puso rígido ni el brillo de precaución en sus grandes ojos de avellana. Prácticamente podía sentir como si hubiese lanzado un hechizo de barrera para protegerse de ella.

Una pequeña sonrisa se extendió en sus labios ante el pensamiento.

—¿Necesitas algo, Argo? — preguntó Asuna.

Y a pesar de su postura rígida y cautelosa, su voz todavía sonaba estable.

—En realidad, quería hablar contigo a solas, A-chan — dijo mientras caminaba a una silla cercana y se sentaba en ella.

—¿Solas? — inquirió la pelicastaña con una ceja enarcada, el brillo de sospecha en sus ojos se hizo más grande.

Ella tarareó como respuesta, analizándola más detenidamente que cuando estaban en la sala de interrogatorios.

—Kirito parece demasiado sobreprotector contigo — las mejillas de Asuna se cubrieron de un leve sonrojo —. Sospecho que no me dejaría hacerte ciertas preguntas si él estuviera presente.

Asuna entrecerró sus ojos en su dirección. Prácticamente podía sentir su mirada arrastrándose por cada centímetro de su rostro. Estaba haciendo lo mismo que ella, analizándola, buscando algún indicio de lo que quería saber.

—¿Y cuáles son esas preguntas que no podías hacer frente a Kirito, Argo?

'Prefieres ser directa, ¿eh? Eso me facilitará las cosas', pensó con una sonrisa felina en el rostro.

—Tu historia no encaja en ciertos puntos — empezó a decir mientras se inclinaba hacia adelante —. Dices no saber lo que los Salamanders quieren contigo, pero claramente temes que te encuentren.

Vi lo que le hicieron a Kirito, sería tonto de mi parte no temerles — dijo como si fuera algo lógico.

—Sigues hablando de ellos como si no pertenecieras a su raza.

—Ya les dije que no me considero una Salamander — se cruzó de brazos. Por la forma y aura que tenía podía considerarse como un desafío, pero para ella parecía más un gesto de protección.

—Pero sigues siendo uno.

Asuna arrugó la nariz como si hubiese olido algo desagradable. Se veía realmente ofendida por seguir llamándola Salamander. Ese gesto fue interesante, incluso los Salamander que habían sido desterrados o que habían huido de su ciudad natal seguían mostrando cierto orgullo por su raza, ya sea por sus habilidades físicas de combate o su resistencia increíblemente alta al fuego. Pero Asuna… era como si no tuviese ningún tipo de vínculo con su raza.

—Investigué sobre ti desde el momento en el que supe que alguien estaba viajando junto a Kirito y Leafa — los hombros de Asuna se pusieron más tensos si era posible.

—¿Crees que los Salamander divulgarían información sobre los miembros de su raza? — cuestionó la pelicastaña sin ningún tipo de emoción en la voz.

—¿Olvidas qué tengo un informante en Gattan? — preguntó en su lugar —. Puede proporcionarme esa información si se lo pido.

—Pero claramente no la obtuvo, por algo estas aquí.

Sus orejas se crisparon con frustración. Estaba esperando obtener algún tipo de desliz mientras hacía sus preguntas o una pequeña pausa antes de responder, pero Asuna estaba respondiendo con total naturalidad sin perder el ritmo de la conversación. También estaba usando un tono monótono para encubrir cualquier tipo de emoción que pudiese reflejarse en su voz.

'No vas a ganar este juego, A-chan. Obtendré lo que quiero.'

—Sigues ocultando cosas. Incluso si eres la protegida de Kirito, nada podrá salvarte si guardas información que pudiese atentar contra la familia real.

La mirada de Asuna se endureció.

—Escúchame bien, Argo: nunca voy a hacer algo que pueda lastimar a Kirito — la fuerte convicción con la que lo dijo le erizó los vellos de la nuca —. Él me ha cuidado y protegido desde el momento en el que nos conocimos. Sin él probablemente estaría perdida en este reino. Voy a hacer todo lo que este en mi alcance para devolverle el favor.

Por un breve momento admiró la increíble determinación que parecía irradiar de Asuna cuando afirmó indirectamente que iba cuidar y proteger a Kirito. Por ese leve segundo se sintió feliz de que existiera una persona que se preocupara por su viejo amigo no porque él fuese el príncipe, sino porque él… era él. Un chico que, aunque era increíblemente asocial, también era alguien leal, confiable, protector e incluso cariñoso con aquellas personas que le importaban. Asuna lo veía como persona, no como un título.

Sin embargo, esa información no le trajo la paz que había estado esperando. La forma en la que dijo "…estaría perdida en este reino…" fue extraña, casi como si se estuviera refiriendo a Alfheim como un lugar ajeno a ella.

Como si no perteneciera aquí.

Tuvo que usar todo su autocontrol para no abrir los ojos descomunalmente por la sorpresa que la atravesó, eso explicaba por qué no había encontrado nada referente a ella. Miles de preguntas se formaron en su aturdida mente, pero hubo uno que destacó entre todos: si no pertenece a Alfheim, ¿de dónde es?

Recordaba vagamente las historias contadas del consejo Cait Sith sobre cómo había otros reinos más allá de sus tierras, reinos donde vivían criaturas sumamente poderosas y peligrosas. Era demasiado joven como para recordar todo, pero estaba completamente segura de que el Primer Rey de Alfheim no había sido un hada. Lamentablemente, la información sobre qué había gobernado a las hadas durante tantos años se había perdido con el tiempo y con aquel incendio provocado por Mortimer.

Su cola se congeló detrás de su espalda. ¿Y si esa era la razón por la que incendiaron el Templo Rúnda, para borrar cualquier registro que se tuviera sobre los otros reinos y sus habitantes? ¿Por qué harían eso? Toda la información que pudiesen obtener ahora sobre eso se obtendría a través de las leyendas, mitos y viejas canciones de Alfheim, fuentes para nada confiables según su propia opinión.

—¿Argo?

Los vellos de su nuca se erizaron. Se había sumergido tanto en sus pensamientos que no se dio cuenta del largo silencio instalado entre ellas después de la declaración de Asuna. Sacudió la cabeza, esperando que con el movimiento su cerebro comenzara a funcionar de nuevo. El interés que tenían los Salamanders con Asuna era definitivamente malo, y era un problema mucho más grande de lo que había imaginado en un principio, pero era solo una pequeña parte de lo que sea que estuviesen tramando en realidad y ella tenía que descubrir cual era su plan final.

Tal vez no había obtenido la información que ella estaba buscando en un principio: averiguar quién era Asuna, pero no se quejaba, tarde o temprano terminaría averiguando. Asuna y los planes de Mortimer estaban estrechamente relacionados.

Se levantó de la silla sin decir una palabra, obviando la mirada confundida de la pelicastaña y se dirigió a la puerta. Tenía que investigar, cavar profundamente en la historia de Alfheim para obtener respuestas lo más rápido posible. Pero antes…

—Permanece cerca de Kirito en todo momento, él hará hasta lo imposible para protegerte — volteó a verla sobre el hombro derecho para mirarla directamente a los ojos —. No permitas que te capturen.

Y con esas palabras salió de la habitación. Tenía mucho trabajo que hacer.

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Continuará…

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Nota de autor (30/06/2020):

No puedo creer que ha pasado un mes desde que actualicé por última vez, pero aquí estoy de nuevo, entregando el capítulo más largo que he escrito de Alfheim. ¿Recompensa un poco mi tardanza en actualizar?

Sinceramente, después de hacer mi examinar final, no tenía la motivación suficiente para escribir de nuevo y me tomé dos semanas de vacaciones donde básicamente lo único que hice fue comer, dormir y leer fanfiction (no necesariamente en ese orden). Ese pequeño descanso recargó mi energía escritora y ahora vengo más inspirada para continuar con escribiendo esta historia que con cada capítulo se está volviendo más complicada e intrigante de lo que había planeado en un principio.

Poco a poco las piezas de este rompecabezas están cayendo en su lugar. Sería interesante leer cuáles son sus sospechas sobre lo que está pasando con los Salamanders y por qué quieren a Asuna, con mucho gusto les diré que tan cerca o lejos están de la verdad, claro, evitando dar algún spoiler :p

Próximo capítulo: "Arquera"

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Esquina de revisión:

SinglePenguin: Espero que hayas aprobado todas tus asignaturas y como me dijo uno de mis profesores en algún momento "todos tienen un ritmo diferente, no te presiones" cuando sientas que es el momento de ir a la Universidad entonces hazlo :D En este capítulo escribí como se conocieron Silica y Kirito, ¿espero que haya sido interesante?

L' Fleur Noir: Me sentí como una fan cuyo artista le respondió algún comentario en Twitter cuando vi tu review xD Me alegra mucho que te guste Alfheim y espero que este capítulo recompense lo corto que fue el capítulo anterior. Argo es realmente un gran personaje y los pequeños momentos que sale en Progressive me dan ganas de más T.T

Dly dragon: Definitivamente no los dejará en paz, y ahora tiene una pequeña compañera del crimen para seguir molestándolos cuando ella no ande cerca. Poco a poco se va a ir revelando que es lo que quieren los Salamanders con Asuna.