Un mundo donde el mal prevalece dos almas heridas se revelan… el fin de una vida… el comienzo de una nueva existencia.

Pareja: Harry Potter y Hermione Granger

Disclamer: Los personajes pertenecen a JK Rowling…

En esta etapa nuestros héroes aun no existen propiamente, este es el momento donde se sientan los precedentes de una nueva historia.

CAPITULO IV EL INICIO DEL FUTURO

John Granger, de solo 13 años, no entendía esos extraños sueños que tenía desde hacía un par de semanas. Esa extraña voz que lo enloquecía. Esa niña en sus brazos y la tristeza de su corazón. Solo sabía que necesitaba protegerla para siempre. Sus pensamientos comenzaron a impulsarlo a buscar respuestas. Siempre había sido un chico tímido, refugiado en sus libros y su música. Pero algo dentro de él le gritaba que necesitaba cambiar. Había practicado un par de deportes, en especial el kung fu, cuestión que por su timidez había abandonado, pero sabía que debía fortalecer no solo su mente sino su cuerpo. Era un protector, y aunque le costara mucho esfuerzo sería muy fuerte para el futuro que vendría….

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Lucius Malfoy se preguntaba que eran esas imágenes en sus sueños, solo tenía 12 años, había comenzado su educación en Hogwarts hacia un par de meses, veía a un hombre adulto parecido a él, tratando de proteger a un niño, y una mujer, su instinto le decía que ellos eran su familia, la angustia de su corazón le hacía estar triste. No sabía qué hacer para protegerlos de todo eso que quería hacerles daño… tal vez en la biblioteca de Hogwarts hubiere algún libro que le ayude a dilucidar el porqué de esos sueños; que advertencia estaba tratando de llegar a su vida

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Severus Snape maldecía una y otra vez su suerte, no solo le había tocado lidiar con un padre inepto, sino que ahora tenía estos sueños estúpidos que le atormentaban, ¡solo tenía 12 años!.. Y para colmo su única amiga resultaba una sangre sucia, habían tocado en casas distintas y no podían hablar. Se distanciaron y el extrañaba sus largas conversaciones. Lilly Evans no era como otras niñas hablando de cosas insulsas, era muy inteligente y cariñosa sin ser empalagosa. Cuanto deseaba poder estar a su lado… pero la vida parecía odiarlo…

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Aunque su vida había cambiado mucho ese último año Lilly Evans se interpelaba en algo, ¿qué rayos eran esos sueños que no le dejaban de atormentar?, ese niño de ojos verdes que le miraba sin cesar de llorar, su instinto le decía que ese sería su hijo, pero no podía entender el gran pesar que había en su alma a partir de esos sueños. Algún libro mágico tendría la respuesta… ellos eran sus únicos amigos, porque su amigo Severus se había alejado de ella desde que entraron a esa escuela, por eso de las casas y las estúpidas rivalidades… necesitaba solucionar eso antes que enloqueciera.

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Remus Lupin, miraba hacia el lago ese atardecer, estaba aún más taciturno que de costumbre, extraños sueños le perturbaban, una guerra, un niño de cabellos rosas le sonreía, su hijo en un futuro, solo era aún un adolescente, pero siempre había vivido entre libros por lo que su carácter distaba del clásico adolescente idiota. Poseía una gran inteligencia y había detectado que tras esos sueños había mucho más de lo que parecía. Necesitaba atar cabos. Los libros mágicos debían tener la respuesta.

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A pesar de su forma tan alegre de ser Sirius Black, se encontraba extrañamente ensimismando, un par de semanas soñaba con su hermano muerto, y el mismo, con un niño desvalido, con una niña de cabellos alborotados que le decía algo que no podía entender. Sabía que había demasiado detrás de esos sueños; pero aún más le dolía era ver a su hermano tirado en medio de la nada… haría lo imposible para entender que sucedía… tal vez ese extraño niño Remus pudiera ayudarle…

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Para James Potter la vida siempre había sido jugar bromas y reír de todos, siempre teniendo alrededor quien le rindiera pleitesía, pero un par de semanas habían comenzado unas pesadillas que no podía entender, se devanaba la mente buscando el porqué de esos sueños, veía una mujer de cabellos rojos y un niño muertos, su corazón le decía que esa sería su familia, pero solo veía muerte. Cada día el mismo sueño. Ya no podía dormir, temía soñar nuevamente eso que tanto le entristecía.

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Cada pesadilla se convertía en una fuente de dolor para Jane Daniels, sentía que desde esas dos semanas pasadas su destino había cambiado, esa niña que veía una y otra vez siendo torturada, su corazón sabía que esa sería su hija. Pero no había manera en que pudiese protegerla de ese mal… tenía 14 años. Era una extraordinaria gimnasta y la mejor alumna de su generación, sabia que debía calmarse y descubrir que había tras esos sueños… por algo era tan inteligente, nunca había creído en lo oculto; pero sabía que hacia lo desconocido estarían las respuestas a su interrogante…

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Regulus Black, sentado en la biblioteca de su familia había estado leyendo un par de libros de hechizos prohibidos, siempre había tenido una fascinación por ese tipo de magia, solo tenía 10 años, pero también había sido el más inteligente de los hermanos Black.

Quería a Sirius demasiado, era su hermano, aquel que le había enseñado a caminar, a leer, a jugar, aquel que lo protegía de sus padres, aquel que desde hacía dos semanas veía morir como un animal en medio de la nada. Se veía a si mismo sin vida, traicionado por quienes se decían sus amigos, por sus propios padres. A través de varios sueños una extraña mujer de cabello rizado le había mostrado el futuro… su muerte y el gran caos que sería todo. Le pedía perdón por arruinar su infancia, pero sabía que solo en él podía confiar para hacerle saber la verdad, le conto como a través de sus cartas y su diario había conocido a ese hombre que no había podido vivir plenamente. Aquel que sin que más nadie supiera se había convertido en su mentor. Porque ella había podido apreciar todos aquellos conocimientos que el plasmo en un par de libros que de su puño y letra escribió sobre magia y pociones. En fin, para ella había sido una gran persona, le conto sobre su descubrimiento en el tratado de Salazar Slytherin y todo el maldito plan maestro que habían desarrollado esas bestias. Que necesitaba de él que se hiciera cargo de todo.

Le había transmitido muchos de sus conocimientos, Regulus apenas podía creer que alguien como ella existiera alguna vez, que pese al tiempo y las circunstancias le daba la esperanza de sobrevivir a ese tétrico futuro.

Actualmente era presionado por sus padres para que restaurara el honor familiar que su estúpido hermano había enlodado al quedar en la casa de Griffindor, dentro de un par de meses cumpliría los 11 años y en unos 6 meses más comenzaría su educación en Hogwarts. Debía cumplir con sus deberes para con su familia y sus valores sangre pura… lo que no se esperaban sus padres era el gran cambio que estaba ocurriendo dentro de él. Aunque aparentemente hacia lo que se esperaba de él, grandes serían las sorpresas en un cercano futuro.

Hermione se aseguró de darle a este joven todas las herramientas para sobrevivir unidos a ese mundo de bestias. Lo principal era poner en marcha las protecciones que evitaran a esos idiotas acabar con ellos.

Algo que pocos sabían era que el depender de una varita era una de las más grandes limitantes para una persona mágica. Cuando un niño mágico nace, una antigua ley se activa colocando sobre él siete sellos para que solo a través de una varita pueda realizar la mayoría de los hechizos. Ello como un control para evitar que puedan realizar la magia libremente. Ella había logrado vencer esas barreras a los 15 años. Pero nunca lo había utilizado hasta el final de su vida. Pensaba muchas veces que era una especie de aberración. Cuando en realidad era un gran prodigio.

Dio esa herramienta a Regulus, según todo lo que le explico primordialmente debía activar los hechizos de protección de los padres de Hermione y cuando llegara a Hogwarts lo haría con el resto de los seleccionados. Debía ser pronto, porque a pesar de todo, había enemigos poderosos y aun eran vulnerables…

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Así pasó algún tiempo, donde los sueños seguían en la mente de todos. Y Regulus fue perfeccionándose logrando vencer los sellos mágicos en un par de meses… por lo que decidió que era tiempo de ir por los padres de la niña… duro un par de días, pero logro localizarlos. Cuando estaban dormidos lanzo un par de conjuros que activo aquel hechizo que su hija había creado para ellos.

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La vida de dos adolescentes cambio radicalmente, para John Granger, por fin después de tantos meses de agonía las cosas cobraban sentido. Podía ver cosas ocultas a los simples mortales sin magia, porque supo entonces la verdad, la magia era real. Encubierta al mundo tras una cortina de ilusiones, iba no solo a descubrir todo lo que se ocultaba de ese mundo, sino que era aquello que le amenazaba.

Jane Daniels esa mañana despertó con una apabullante seguridad de que vivía en un mundo de mentiras, que no solo la magia era real, sino que ella había nacido para ser un protector de la vida. Que no descansaría hasta encontrar su lugar en esa nueva vida. No sabía cómo, solo sabía que esa no era la primera vez que había encarnado en esa persona, sentía todo un dejavu, su instinto le decía que nunca debía darse por vencida, porque ahora era su tiempo de vivir y triunfar…

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Pasaron los meses, y llegaron por fin las vacaciones de verano, Regulus finalmente se reuniría con su hermano, por primera vez desde que había pasado ese año separado de él lo había extrañado como nunca. Necesitaba decirle tantas cosas, ella le había dicho que confiara plenamente en su hermano. Juntos trazarían los planes de ese nuevo futuro, sabía que no le defraudaría.

Un par de horas después de su llegada a Grimmauld Place, ambos hermanos se excusaron para ir a sus habitaciones. Por primera vez en su vida Sirius escucho los reclamos de sus padres sin siquiera refutar. Solo deseaba estar a solas con su hermano, no quería perder su tiempo en estupideces. Más adelante se encargaría de sus padres, porque aunque fuesen diferentes a él, aunque no creyera en esas estupideces de la superioridad de la sangre ellos le habían dado la vida.

Una vez lograron entrar a la habitación de Regulus ambos hermanos se dieron un abrazo cargado de sentimientos, de miedos, de tristeza. Habían sufrido no solo la lejanía impuesta por sus padres, sino todo ese pesar que había en sus corazones por esos sueños que les atormentaban.

Los hermanos se abrazaron en silencio, por ahora solo les importaba estar así juntos. Como siempre habían sido realmente, Regulus pudo detectar la magia de su madre e hizo señas a su hermano, no era el momento de hablar de ciertos asuntos. Simplemente comenzaron a hablar de sus estudios, de Hogwarts, de quiddich. De las nuevas habilidades que adquirirían.

Después de ello, Regulus activo un par de hechizos y pudo silenciar todo. Esa tarde hablo con su hermano, tanto de los sueños como de tantas cosas que sabía, le hablo de Hermione, de ese maldito futuro que les esperaría si no hacían nada. Él no estaba dispuesto a morir nuevamente por nadie, quería su vida en sus términos y aunque esa mujer le había dado tal responsabilidad le agradecía con todo su corazón esta nueva oportunidad de vivir.

Sirius escucho cada palabra atentamente, tratando de procesar todo… sus pensamientos estaban protegidos por la magia que Hermione había creado al enviar los recuerdos desde el futuro, por lo que ni el mejor legeremante podía leerlos.

Nuevamente bajaron a cenar con sus padres, ambos permanecían ensimismados, apenas pronunciaron palabras. Solo para desear buenas noches. Decidieron dejar la conversación que continuarían los siguientes días.

Regulus era el encargado de comandar ese plan que necesitaban trazar para poder sobrevivir a la matanza del futuro. Con solo 11 años, a pesar de su inteligencia, sentía que era demasiado para él solo, el haberlo compartido con su hermano lo hacía más llevadero.

El día siguiente traería nuevas sorpresas para el par de hermanos. Algo que había esperado Hermione para que fuese develado era el hecho de que solo cuando ambos hermanos estuvieron en la biblioteca de Grimmauld Place, el tratado de Salazar Slytherin reveló su forma astral con los últimos pensamientos que había guardado para ellos. A fin de motivarles para que creyeran en ellos y que a pesar de todo lograrían salir adelante.

Era cada vez más sorprendente esa mujer, ansiaban conocerla. Aunque aún no nacía se había convertido en la fuerza que los impulsaba.

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