LUTO

Un resplandor extraño y silencioso entrando por su ventana la había despertado, la conmoción de pasos correspondientes al personal que atendía el castillo durante las noches la obligó a vestirse con premura para ir a ver que estaba pasando, entre los chismes del pasillo y del patio más cercano, había alcanzado a escuchar que era ya el segundo resplandor que se veía en dirección al campo de batalla.

-¿Alguna idea de qué fue eso? -Decía una de las mujeres ahí congregadas.

-¡Podría ser un arma de algún aliado! -Había exclamado uno de los pocos guardias que quedaban en palacio con optimismo.

-También podría ser obra del enemigo -Respondió otro de ellos.

Eries miraba a todos lados, completamente asustada y consternada, un brillo más en el horizonte y algo llamó la atención a espaldas de todos. Ella volteó, igual que los demás, una columna de luz se había levantado del palacio, desapareciendo súbitamente entre las nubes.

El corazón se le contrajo, volteó de nuevo al otro lado, no faltaba mucho para el amanecer.

-¿Qué fue eso? -Preguntó alguien.

-¡Salió del castillo! ¿acaso estamos bajo ataque?

-¿BAJO ATAQUE? ¿ESTAMOS BAJO ATAQUE?

Todo estaba a punto de descontrolarse, las pocas personas en el patio podrían meter pánico en el resto si no se apresuraba.

-¡BASTA! ¡NADIE NOS ESTÁ ATACANDO!

Todos guardaron silencio repentinamente, un sonido como de tormenta amortiguado los alcanzó. Todos la miraban, los pocos soldados, criados y cocheros que seguían despiertos la miraban como buscando alguna explicación. Lanzó una última mirada atrás, ya no había más luz saliendo de su casa, no había más resplandores entre las nubes sobre ellos, y la noche no tardaría en terminar.

-¡NADIE NOS ESTÁ ATACANDO! ¡MIREN BIEN A SU ALREDEDOR!

-¿ENTONCES QUÉ FUE ESA COLUMNA DE LUZ? -Gritó alguien, podía detectar a la perfección el pánico comenzando a adueñarse del que había gritado.

-¡LORD FOLKEN HA ESTADO TRABAJANDO SIN DESCANSO EN UNA MÁQUINA QUE NOS AYUDE A GANAR ESTA GUERRA LO ANTES POSIBLE! ¡HAY LA POSIBILIDAD DE QUE LO QUE ACABAMOS DE VER, SEA LA MÁQUINA AYUDANDO A NUESTROS EJÉRCITOS!

Pudo escuchar murmullos y cuchicheos, quería salir corriendo de ahí, quería correr directamente a la habitación de Folken a pedirle algunas respuestas, necesitaba verlo de nuevo, necesitaba ver sus ojos una vez más, escucharlo una vez más, sin embargo, si salía corriendo justo ahora…

Los primeros rayos del sol comenzaron a bañar la ciudad, ella hizo todo lo que estuvo en su poder para calmarlos a todos, por convencerlos de que todo estaba bien, de que lo que habían visto, era una buena señal, todavía estaba convenciéndolos, cuando un misterioso resplandor verde cruzó el cielo desde la dirección en que se localizaba el Imperio de Zaibach, interrumpiéndola, llamando la atención de todos.

Lo que fuera que había sido eso, todos comenzaron a sonreír, uno por uno, los rostros antes llenos de preocupación comenzaron a relajarse.

-¡Es cierto, es cierto! ¡Lord Folken vino a entregarnos el poder de Zaibach!

-¡Su máquina nos ayudará a ganar esta guerra!

-¡Y nuestros soldados estaban bien preparados!

-¡No hay manera de que nos estén atacando en este momento!

Eries sonrió, más tranquila al notar aquello, relajándose ella también, creyendo fervientemente lo que había dicho.

-¡ASÍ ES! ¡TODOS USTEDES TIENEN RAZÓN! ¡LORD FOLKEN Y TODOS NUESTROS SOLDADOS GANARÁN ESTA GUERRA! ¡ESTAMOS A SALVO!

La gente siguió murmurando, esta vez convencidos de que todo iría bien, conversando amenamente conforme iban alejándose del patio, desalojando la zona por completo.

Estaba feliz, esperó pacientemente a que todos se fueran, necesitaba ver a Folken, necesitaba contarle lo que acababa de pasar.

Sin perder más tiempo, caminó tan rápido como le era posible sin levantar sospechas, topándose cada tanto con alguien del personal del servicio o de los soldados, ya fuera que hubieran estado presentes en el patio momentos atrás o que estuvieran llegando recién para las actividades del día, todos se veían optimistas, todos se portaban amables con ella, todos hablaban bien de los aportes que Lord Folken había hecho para bien de Asturia.

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Cuando al fin logró llegar al pasillo donde se encontraba la habitación de Folken, dejó de sentir aquel bienestar que había experimentado… ¿por qué había estado tan feliz? ¿en verdad Folken había activado la máquina? ¿Hitomi había cooperado con él? ¿las cosas habían salido bien con la manipulación del destino?

Estaba frente a su puerta, estaba hecha un verdadero manojo de nervios, sus manos sudaban, su corazón latía con angustia en su pecho, ese "Te Amo" que le dedicara él la noche anterior resonaba en su cabeza junto con ese "Hasta Mañana" que habían intercambiado.

Sacudió su cabeza con fuerza, mirando a ambos lados del pasillo desierto justo antes de tocar a la puerta que, por un segundo, había supuesto que estaría abarrotada de gente, agradecida y que había deseado fervientemente que no lo estuviera.

Llamó una vez.

Llamó una segunda.

Llamó una tercera vez a la puerta.

No hubo respuesta.

-¡Folken! ¡Soy Eries! ¡Voy a pasar!

Había algo raro en el ambiente, apenas abrió la puerta, notó el pesado silencio en el interior. Las luces estaban encendidas. La máquina permanecía tan quieta y apagada como la había visto en cada ocasión.

Eries entró entonces, mirando a todos lados y sintiendo que se le formaba un nudo en el estómago.

-¿Folken?

Dio algunos pasos, estaba a punto de bajar la escalera al dormitorio cuando algo llamó su atención.

Plumas.

Había plumas negras regadas por el suelo, cerca del escritorio que Folken había colocado frente a la extraña máquina foránea algunos días atrás.

Eries caminó despacio, levantó una del suelo, mirando alrededor y dándose cuenta de que Folken había sacado sus alas por alguna razón y no se había detenido a deshacerse de la evidencia como hacían cada vez que…

Había una hoja escrita sobre el escritorio, su nombre estaba en la parte más alta.

Quería llorar. Se sentía completamente desdichada y temerosa conforme se acercaba para tomar aquella hoja de papel con su nombre firmado en la parte de hasta arriba.

Tomo aire. Bajó la hoja un momento.

-¡FOLKEN! -Intentó llamarlo una última vez sin obtener respuesta.

Se cubrió la boca con la mano que sostenía la pluma, no podía dejar de llorar.

Despacio, más despacio que nunca, se dirigió a la puerta y comenzó a bajar los escalones, sentándose en la cama que había compartido con el creador de la extraña máquina los últimos días. Lanzó una mirada a la hoja en su mano. Su nombre seguía ahí, en lo más alto, como burlándose de ella, al final del mensaje, escrito con una caligrafía demasiado descuidada y aún así, tan de él, estaba escrito el nombre de su amante.

No tenía que leer aquella única hoja para saber lo que decía.

Dejó la carta a un lado, sobre la mesa en que todavía quedaban algunos planos recientemente terminados, abrazó la pluma negra contra su pecho y se dejó caer en la cama, ahogando su llanto en la almohada.

No le importaba si habían ganado.

No le importaba si habían perdido.

Él ya no estaría ahí para ver un día más, jamás volverían a discutir sobre libros, teorías, comercio, política o simples cotilleos de la corte; nunca más lo escucharía silbando aquella canción de cuna faneliana que guardaba la memoria de un padre largamente fallecido; no volvería a descansar entre sus brazos o a probar sus labios ni su piel, jamás volvería a sentirlo moverse en su interior, o a escuchar su voz, y esa visión maravillosa del hombre que amaba haciéndole el amor con sus alas extendidas, era algo que estaba segura, nunca más volvería a contemplar, ni ella, ni nadie en toda Gaea.

Estaba completamente segura, esta vez Folken Lacour Fanel había muerto de verdad.

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"Ha pasado una luna desde tu partida. Sé que esta vez no volverás.

Debo agradecerte, luego de todo lo que pasamos juntos, no he vuelto a tener pesadillas viéndote morir, mis sueños están cargados de amor y afecto incondicional, de una vida que no pudimos tener, en un mundo que no existe.

Aún así, te seguiré escribiendo hasta que deje de doler al despertar, justo al darme cuenta de que no estás ahí, ni a mi lado, ni en otra habitación del palacio.

Anoche recibimos una carta de Dryden, está terminando de cerrar algunos tratados comerciales al otro lado de las Grandes Aguas, volverá para reclamar su derecho a estar con mi hermana. Me siento feliz por ellos, Millerna finalmente decidió sacar de sus aposentos la cama donde dormía Dryden para dejar una sola, lo suficientemente grande para albergarlos a ambos… que vacía debe parecerle por las noches, tan vacía como me parece mi propia cama cada vez que me acuesto sabiendo que ya no estás.

Si acaso te había preocupado que siguieran poniéndome motes, debes saber que Millerna le reclamó anoche a uno de los guardias, yo no alcancé a escuchar el comentario, pero ella sí, los reprendió a gritos, los obligó a disculparse conmigo y luego me acompañó a uno de los jardines, hablamos por mucho tiempo antes de poder retirarnos a dormir, creo que ambas estamos teniendo problemas durmiendo solas, al menos ella no tendrá ese problema de nuevo dentro de poco.

Mi amado, lamento tanto que no llegaras a arreglar las cosas con tu hermano, es una verdadera pena que no les dijeras la verdad, apenas ahora puedo admitir que la treta que le hiciste a Hitomi fue horrible, decirle a esa pobre muchacha que tus alas habían oscurecido por tu gran poder, cuando en realidad significaban que no tardarías mucho en morir… quería llorar e ir hasta Fanelia a reclamarle por ser tan imbécil de creerte cuando el heraldo con su nota de agradecimiento llegó a nosotras, por Jichia, ¿cómo pudiste decirle semejante mentira?

Espero que al menos hayas podido irte sin remordimientos, si no volvieron a Palas, fue por la insistencia del rey de Fanelia de transportar tu cuerpo hasta tu hogar para hacerte un funeral adecuado y enterrarte en los bosques, ¡fue todo tan rápido! De repente la niña gato que perseguía a tu hermano a todas partes ya no estaba encerrada y completamente deprimida en la habitación que ella y Hitomi compartían, Allen nos avisó que había enviado a su tripulación a dejarla, el mismo día que volvió junto con su hermana, a la cual no deja de vigilar en ningún momento, Millerna tuvo que darle un permiso especial para abandonar su puesto por un tiempo para asegurarse de que su hermana estaría bien.

Hay tantas cosas que quisiera contarte, tanto que me gustaría decirte… tantas cosas que desearía que pudieras responderme, pero sé que es completamente imposible.

Perdóname, pues aún soy incapaz de mencionar o escribir tu nombre sin sentir dolor, descansa en paz, donde quiera que estés y espérame, sé que algún día podré verlos a ti, a mis padres y a Marlene una vez más.

Tuya por siempre.

Eries."

Con cuidado colocó polvo de talco sobre las hojas recién escritas, las dobló y ensobretó, puso laca y su sello personal para asegurarse de que nadie intentaría abrir aquella carta y la metió dentro del cofre donde estaban almacenadas cientos de cartas que había escrito a lo largo de los últimos diez años y las cartas que el destinatario le había escrito también y que le había entregado antes de morir.

Miró todo. Sentía ganas de llorar, por fortuna, era más fácil dominarse luego de tantos días, si nadie había sospechado nada sobre su estado emocional, se debía principalmente a que su padre, el rey Grava había fallecido justo al día siguiente de que todo terminara, minutos después de recibir la misiva que anunciaba la caída del Imperio de Zaibach y de que Millerna le prometiera velar por su pueblo a lado de Dryden.

Estaba de luto, ambas lo habían estado por casi una luna. Millerna le había dicho la noche anterior que dejaría de utilizar ropas negras, en definitiva, la muerte de su padre le dolía bastante, pero saber que Dryden volvería con ella, parecía hacerla sentir que no necesitaba llevar por más tiempo aquel deprimente color.

Suspiró, incorporándose y caminando hacia su closet, encontrándose por un lado un par de vestidos negros, su gorro con el largo velo negro y las orejeras de su madre, por el otro lado, estaba el vestido con que Folken la había visto más seguido, ese que le había quitado con presteza cuando llegaba a presentarse con él todavía encima.

Sonrió con tristeza, no importaba el color de su ropa, estaba segura de que el luto lo llevaba en otro lado, uno que nadie más podría ver nunca. Cerró los ojos, abrazándose, completamente segura de que sería una viuda por el resto de sus días sin que nadie pudiera saberlo. Cuando volvió a abrir los ojos, tomó el vestido verde para colocárselo, guardando en el ropero tanto el sombrero como el largo velo que lo acompañaba.

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-¿Qué es eso? -Preguntó Eries, desviando su atención de la charla y la bandeja con té y pastas para observar atentamente el pilar de luz que podía distinguir en la dirección en que Fanelia estaba situada.

Su hermana se puso en pie, sonriendo completamente y caminando hacia el balcón, la escuchó murmurar algo, el nombre de Hitomi estaba en la oración que había elevado, la alcanzó entonces, mirando también como la columna desaparecía en el cielo, tan parecida a la que había visto aquella fatídica noche y sintiendo una punzada en su corazón.

-¿Cuándo vuelve Dryden entonces?

-¿Por qué? -Preguntó Millerna sin que la enorme y radiante sonrisa abandonara su rostro.

-Me gustaría ir a Fanelia en cuanto él llegue para ofrecer nuestros respetos, ahora que esa chica se ha ido, y el Rey de Fanelia se ha quedado solo…

-En ese caso, tal vez deberías ir mañana mismo, hermana.

-Millerna, ¿estás segura?

No podía creérselo, ¿en verdad podría…?

-¿Recuerdas cuando Marlene se encerró en su habitación por casi tres años? Creo que fue por aquella época que tú comenzaste a encerrarte el día entero en la biblioteca, no estoy segura, no puedo recordarlo muy bien.

-Lo recuerdo, pero…

-Escuché que tú y Folken se habían hecho buenos amigos, incluso que estuvieron inmersos en una aburridísima conversación sobre literatura… ¿cómo era él? ¿crees que habría sido un buen esposo para Marlene?

Dejó de mirar hacia Fanelia, mirando a su hermana completamente sorprendida y no muy segura de qué contestar.

-Creo -Se detuvo un momento, tal vez esta sería la oportunidad perfecta para sacar un poco del dolor que sentía, si era sincera, había pensado que nunca podría hablar con nadie de él precisamente, entonces sonrió- creo que habría sido un gran esposo y el mejor hermano del mundo.

Millerna sonrió también, acercándose un poco para recargar su cabeza contra el hombro de Eries.

-Casi no pude hablar con él -Murmuró Millerna-, pero yo también creo que habría sido un magnífico hermano mayor, es una pena que no formara parte de nuestra familia.

Podía sentir una lágrima traicionera rodando por su mejilla, se apresuró a limpiarla, disimulando como si estuviera retirándose un cabello rebelde del rostro, pensando que, al menos esta vez, podría ir a despedirse como había deseado tanto tiempo atrás.

-Si, una verdadera pena que ya no esté.

Su mano no pudo evitar tocarse momentáneamente el vientre, y una sonrisa triste cruzó su rostro.

Era una verdadera pena que jamás podrían llegar a conocerse.

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Notas de la Autora:

Técnicamente hemos llegado al final de nuestra travesía... digo técnicamente, porque queda un capítulo, el Epílogo, que estoy a punto de reescribir porque, si soy sincera, no me convence lo que ya había escrito... en fin, en unos días veremos que tal quedó.

Muchísimas gracias a las personas que se han tomado el tiempo de entrar a leer esta historia, me hace feliz pensar que alguien más, a parte de mí, se ha interesado en esta historia. Por favor, incluso cuando esté terminada, no dejen de enviar algún comentario, crítica o incluso su propio punto de vista respecto a esta singular pareja, prometo que si son usuarios de la página, les responderé apenas me de cuenta, así sea solo para agradecerles.

SARABA