HERMANO LECTOR

Los días habían pasado durante su estadía en Fanelia y la rutina a la que estaba acostumbrada no había tardado mucho en volver.

Cada mañana podía leer un libro diferente, después del desayuno atendía a sus clases particulares junto con Millerna y Van, mientras una niña gato bastante pequeña no paraba de asomarse a la puerta cada tanto.

Después de la comida podía escaparse a los jardines a seguir leyendo, algunos días en completa soledad y paz, leyendo hasta que la luz del sol era lo suficientemente escaza para convencerla de volver adentro, aún si esto significaba contestar a las preguntas molestas que la Nana o la hermana Beatriz solían soltarle por sus constantes desapariciones, la mayoría de los días, Folken la encontraba y se sentaba a leer junto con ella por espacio de una o dos horas, tenía que admitir que era divertido, el mayor de los príncipes era un excelente narrador, además, sabía tantas cosas y estaba tan dispuesto a contestar cualquiera de sus dudas, que la niña no podía evitar hacer preguntas cuando no comprendía alguna palabra o alguna de las acciones de los personajes en turno. Esos días eran los mejores, nadie le llamaba la atención cuando volvía a entrar al castillo, nadie parecía notar que había desaparecido por horas entre las páginas de algún libro interesante que, tal vez, no habría encontrado de no ser por la intervención de su prestamista particular.

Para cuando fue hora de volver a Palas, la segunda princesa de Asturia albergaba una extraña tristeza en su interior.

Marlene parecía contenta, como siempre, con su delicada sonrisa y sus ojos violeta de mirada cristalina y pura, agradeciendo a la reina y despidiéndose cordialmente de ambos príncipes, tardando un poco más con Folken, Eries no podía decidir si esto era a causa del protocolo o por la buena impresión que el príncipe había causado en su hermana.

Millerna había reído y saltado antes de poder calmarse para despedirse de todos, especialmente del pequeño Van, el cual parecía bastante complacido con la partida de las tres princesas asturianas, Eries estaba segura de que su hermanita había sido todo, menos una visita placentera para el pobre pequeño.

En cuanto a ella, una reverencia y un par de palabras amables habrían sido suficientes si Folken no se hubiera arrodillado ante ella, en un intento por quedar a la misma altura.

-Voy a echar de menos nuestras sesiones de lectura en el jardín, princesa Eries.

-También yo – Admitió ella con una sonrisa tímida – gracias por los libros, todos fueron magníficos de leer.

-Respecto a eso – Comenzó a decir el príncipe mientras le entregaba un pequeño paquete envuelto cuidadosamente en un cuero de color azul oscuro pero brillante – es posible que disfrute también de estas otras historias, son un poco más complicadas que los otros libros, casi no tiene imágenes, pero, creo que una mente tan aguda como la suya podría encontrarlo completamente interesante.

Eries aceptó el regalo, sintiéndose entre cohibida y avergonzada por el repentino e inesperado obsequio, observando extasiada el envoltorio antes de fijar su vista en los ojos de grana mirándola, con algo parecido a la complacencia en su interior.

-Gracias

Había apretado el envoltorio contra su pecho como si se tratara de un tesoro excepcionalmente valioso y sonriendo ampliamente, miró al príncipe levantarse.

En un impulso, había tomado la ropa de Folken para llamar su atención, mientras los otros dos miembros de la familia real de Fanelia seguían despidiéndose de sus hermanas, o dando indicaciones para un buen regreso.

-¿Si princesa?

-¿Puedo escribirte de vez en cuando?

Folken pareció estudiarla por un segundo o dos, antes de sonreírle gentilmente y asentir, parecía complacido con la idea.

-¡Por supuesto!

-Y, hem, ¿puedo venir a visitarlos de nuevo?

El joven volvió a sonreír, llevando su mano derecha hasta topar con la cabeza de la pequeña, acariciando fraternalmente los cabellos lacios en la coronilla frente a él.

-Me sentiría muy honrado de tenerte cerca, estoy seguro de que tu hermana también apreciaría mucho que vinieras de visita de vez en cuando.

Eries sonrió, en verdad le agradaba aquel joven, estaba realmente ansiosa porque la próxima luna concluyera para volver a visitarlo, cuando se hicieran los arreglos para el traslado de su hermana, estaba ansiosa porque anunciaran formalmente la unión de Marlene con este joven en particular, más que nada, se sentía feliz de saber que pronto podría llamarlo "hermano" y saber que tendría alguien en la familia que pudiera comprender su afición por la lectura, en verdad, estaba segura de que el futuro sería casi tan bueno como cuando su madre aún vivía.

-Su Majestad Varie, príncipe Folken, príncipe Van – Comenzó Marlene con el protocolo, obligándola a pararse erguida y mantener el recién adquirido libro en una mano, mientras tomaba un extremo de su falda con la otra – ha sido un placer visitarlos, esperamos volver pronto a Fanelia.

-Por supuesto, la próxima luna esperamos tener noticias de ustedes.

-Así será – Respondió Marlene antes de mirar a Folken – mucha suerte con la tradición, príncipe Folken.

-Gracias princesa Marlene – Repuso el quinceañero antes alegre, con una ligera nota de pesar en la voz y haciendo una reverencia frente a su interlocutora.

Un poco más de protocolo y finalmente, todas debieron subir al crucero que las llevaría a casa, cada cual con algún obsequio entre las manos, Eries no tenía idea que le habían dado a sus hermanas, pero sentir el peso de aquel libro y su forma la hacían sentir cómoda y a gusto.

Eries no pudo evitar correr hasta algún lugar desde el cual pudiera divisar a sus anfitriones, localizando de inmediato a su futuro hermano, moviendo la mano tan fuerte como le era posible en un intento por llamar la atención al menos de él, lo vio sonreírle mientras devolvía aquel saludo con amabilidad, la reina no tardó mucho en mirarla también, inclinando la cabeza respetuosamente, en cuanto al príncipe Van, este había volteado primero hacia Folken y luego hacia la reina, haciendo toda clase de aspavientos antes de voltear y cruzar su mirada con la de ella, sonriendo también y saltando un poco, moviendo ambas manos en señal de despedida, justo antes de ser tacleado por la niña gato que lo seguía por todo el castillo y soltarse riendo. En ese momento la despedida se cortó, Folken había regresado su atención a su pequeño hermano, ayudándolo a levantarse y sacudiéndole el polvo antes de voltear una última vez arriba, segundos después, fue completamente imposible divisar a nadie abajo, en el reino que ahora abandonaban por aire, definitivamente, era hora de volver a casa.

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Eries había mantenido su promesa, había escrito algunas cartas al príncipe y recibido otras tantas a cambio, su corazón se aceleraba infinitamente cada vez que una de las sirvientas o los mayordomos llegaba a buscarla con una bandeja entre las manos y una carta en su interior.

Las cartas de Folken tendían a ser siempre interesantes, no había mucho que el príncipe le contara sobre su día a día, en cambio, sus cartas estaban llenas de todo tipo de leyendas que no podían encontrarse en los libros, o bien, alguna anécdota que hubiera considerado lo suficientemente interesante, y con lo cual Eries no podía evitar estar de acuerdo.

En su última carta, Folken había agregado algunos dibujos y flores secas de su tierra natal, flores que Eries jamás había visto en su vida, junto con algunos datos que a la pequeña le habían parecido curiosos por completo.

Aquel día en particular había quedado extasiada, era como si el príncipe le estuviera proponiendo un juego.

Sin perder mucho tiempo, Eries había buscado a la hermana Aranza para pedirle que le consiguieran algunas conchas y corales pequeños, ella no era tan buena dibujando como había demostrado su futuro hermano, aún así, quería corresponder al gesto con algo que, estaba segura, los dos hermanos Fanel no habían tenido la oportunidad de ver.

Pronto, Eries estuvo sentada en una de las terrazas, observando el mar con todos sus sentidos, preparándose antes de tomar asiento en su escritorio, sacar pluma, tintero y papel.

Luego de anotar el correspondiente saludo, comenzó a informar acerca de lo maravillosa que le había parecido la última carta, para luego describir el mar de la mejor forma que podía, su aroma, su sonido, la sensación de la brisa contra su rostro durante aquel día, para rematar con un intento de dibujar los objetos que una de las mucamas le había dejado segundos atrás por encargo.

La pequeña sonrió al imaginar la cara de sorpresa que pondría el príncipe de tierras lejanas y luego la amable sonrisa que, sin duda, adornaría su rostro, lo imaginó compartiendo aquellos obsequios con el pequeño Van y no pudo evitar sentirse orgullosa.

Eries se puso nerviosa entonces, se levantó de su lugar, buscando y rebuscando entre sus libros hasta encontrar uno que, estaba segura, tenía historias cortas relacionadas con el mar. Abrió las tapas, buscó y rebuscó hasta dar con su historia favorita, colocando el libro cuidadosamente sobre el escritorio, haciendo lo imposible para que no se cerrara, entonces, con suma delicadeza, tomó una hoja nueva y comenzó a copiar aquella historia. Estaba segura de que Folken disfrutaría mucho tener una nueva historia para leer, si le gustaba lo suficiente, estaba segura de que la compartiría con el pequeño Van antes de acostarlo a dormir, podría incluso utilizar los regalos salidos de la costa para ilustrar mejor la narrativa.

Luego suspiró.

-Ojalá Millerna fuera tan fácil de tratar como el príncipe Van, sería más fácil convivir con ella si se quedara quieta cuando intento contarle alguna historia – Murmuró la niña para si misma justo antes de poner algunos polvos sobre las hojas con la tinta fresca y soplar – también preferiría que Marlene leyera conmigo de vez en cuando.

-¡Princesa Eries! la cena está por servirse, su padre desea que las tres estén listas y esperando en unos minutos, tienen invitados importantes.

Eries suspiró antes de agradecer, lanzando una mirada furtiva a su carta recién terminada. No había prisa, podía ensobretarla y enviarla al día siguiente.

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La carta que con tanto cuidado había escrito, había regresado junto con una terrible noticia durante una noche de tormenta.

-¡El príncipe Folken Lacour Fanel ha muerto, su Majestad!

Informó el enviado desde Fanelia justo después de devolver a Eries el sobre con la carta que tanto empeño había puesto en escribir. El sonido de varias personas perdiendo el aire había sido completamente abrumador.

-¿Está seguro? – Había preguntado el rey Grava levantándose de su trono, la hermana Beatriz corría a abrazar a Marlene y la Nana se apresuraba a sacar a Millerna de la sala de audiencias en que estaban.

Varios pares de ojos los observaban tanto a ella como a su familia y al enviado, había murmullos repentinos por todos lados, mismos que se habían detenido en cuanto el enviado tomó aire para contestar.

-Cuando el príncipe Folken no volvió, hace unas cuantas noches atrás, supusimos lo peor, la reina envió una partida de búsqueda apenas amaneciera, lo único que pudimos encontrar fue su brazo derecho, su espada y un charco de sangre.

Más murmullos, sus ojos, por otro lado, habían comenzado a llenarse de lágrimas, sentía su estómago retorcerse con dolor, a la par que apretaba aquella carta contra su pecho, tal y como había hecho con el libro de leyendas que el difunto príncipe le hubiera obsequiado hacía más de una luna.

-Pensamos – Continuó el enviado – que el dragón devoró el cuerpo del príncipe Folken, por más que buscamos, no pudimos encontrar nada más.

Marlene se había cubierto el rostro mientras la hermana Beatriz la abrazaba, en un intento por consolarla, el Rey había caído sentado en su trono, con los ojos muy abiertos y una notoria confusión, por unos segundos, el rey Grava había parecido sinceramente acongojado a ojos de su hija, justo antes de que el monarca cubriera sus ojos, apretando los dientes y respirando, Eries supuso que su padre estaba más molesto que dolido y no lograba entender la razón.

-¡Preparen una habitación para este hombre! ¡qué coma bien y descanse! Mañana deberá partir a su patria con nuestras condolencias para la reina de Fanelia.

El enviado colocó su mano derecha sobre su pecho antes de hacer una reverencia y salir de la habitación, guiado por un mayordomo.

Ante una mirada, el resto de las personas ahí reunidas se habían marchado, salvo por Marlene, el rey Grava, la hermana Beatriz y la misma Eries.

Todo se había vuelto confusión, el rey golpeando la mesa más cercana con furia, Marlene dejando caer algunas lágrimas de congoja, Eries no entendía como su hermana podía tener tanto autocontrol, ella quería gritar y arrancarse los cabellos, quería salir y tomar el primer crucero a Fanelia para constatar que su futuro hermano había muerto, el dolor era casi insoportable y no lo comprendía, ¿cómo un joven tan amable y bueno había terminado muerto por un dragón? ¿porqué había sido devorado por un dragón en primer lugar?

-Lo sabía, ¡LO SABÍA! – Escupió el rey completamente fuera de sí, levantándose de su lugar y caminando en círculos – nunca hagas tratos con los estúpidos fanelianos, nunca ofrezcas a tus hijas antes de que hayan pasado por su estúpido Rito de Coronación.

Eries se limpió las mejillas en ese momento, observando a su padre completamente consternada, Marlene limpiaba su rostro con un pañuelo antes de observar a su padre, ella lucía sumamente triste, pero no consternada.

-Mañana enviaremos nuestras condolencias… y revisaremos de nuevo hasta encontrarte un candidato ideal para casarte Marlene, ¿me has oído?

¿Un candidato? ¿tan pronto?

-Padre, por favor, le ruego que espere un poco antes de volver a buscarme un marido adecuado – Había soltado Marlene repentinamente – sería mal visto por los demás países, a decir verdad.

El rey pareció considerarlo un momento, Eries por su parte no podía creer lo que había escuchado, ¿cómo podía su hermana aceptar que le buscaran otro pretendiente tan fácilmente? ¿cómo podía luego de haber conocido a Folken?

-Tienes razón, hija mía – Un suspiro, y el rey se acercó a su primogénita, apretando su hombro un momento, antes de volver a hablar – ve a descansar, mañana decidiremos si es necesario que vayas tú también para dar nuestros respetos o no.

-Si padre.

Marlene se levantó en ese momento, saliendo de la sala, el Rey había caminado a la puerta oculta detrás de su silla personal, y ella, la pequeña Eries, habría corrido a ocultarse en los jardines o en algún lugar oscuro de la biblioteca si la hermana Beatriz no la hubiera visto en ese momento, tomándola de la mano, jalándola para limpiarle el rostro con un pañuelo y guiándola detrás de su hermana Marlene.

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-¡QUIERO IR TAMBIÉN!

Tanto el rey como Marlene la habían visto con algo parecido a la incredulidad aquella mañana. Acababan de decidir que, lo más adecuado, sería que Marlene pudiera ir a dar su adiós y los últimos respetos al príncipe en persona apenas terminar el desayuno, una mucama estaba por ir a preparar el equipaje cuando la segunda princesa se había levantado en su lugar, completamente decidida.

-¿Disculpa Eries? ¿qué acabas de decir? – Preguntó el rey, completamente incrédulo.

-¡QUIERO IR TAMBIÉN! ¡QUIERO DESPEDIRME DE FOLKEN TAMBIÉN!

-¡El PRÍNCIPE FOLKEN está muerto! – Repuso su progenitor, remarcando el título que ella, obviamente, había olvidado mencionar – ¡un funeral no es un lugar adecuado para una niña!

-¡PERO MARLENE VA A IR! ¿PORQUÉ?, ¿SOLO PORQUE IBAN A CASARSE? ¡ÉL IBA A SER MI HERMANO!, ¡IBA A SER EL MEJOR HERMANO DE TODOS Y YO…

-¡ERIES!

La niña guardó silencio completamente asustada, nunca había escuchado a su hermana mayor alzando la voz.

El rey, los sirvientes, incluso Millerna, habían guardado silencio ante la súbita llamada de atención de la mayor de las Aston.

-Nuestro padre ha dicho que no puedes ir, eres muy joven.

-Yo también quiero despedirme – Intentó Eries de nuevo, sintiendo sus ojos llenarse de lágrimas, moviendo su brazo de forma automática para limpiarse antes de que el rostro se le ensuciara con ellas – ¡yo también lo quería mucho!, ¡él iba a ser mi hermano mayor!

Estaba llorando, su hermana la veía con la misma tristeza que ella estaba sintiendo, hasta ese momento, Eries había podido notar que tan lastimada había terminado su hermana luego de recibir la noticia.

Ya no volvió a intentar limpiarse las lágrimas, no pudo, alguien se había encargado de limpiarle el rostro y conducirla fuera del comedor.

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Las lágrimas no paraban, seguían y seguían brotando a la par que ella caminaba hasta su habitación como si hubiera sido castigada por sentir tanto pesar.

Más lágrimas habían salido de sus ojos conforme los pasos apurados de la servidumbre hacían eco frente a su habitación.

El crucero había partido y ella no había podido verlo bien a causa de las lágrimas, sentía los ojos arderle asomada en su balcón, observando como su hermana mayor se iba con una delegación a dar sus respetos y un último adiós. Se sentía herida, su futuro hermano había muerto, la única persona que había sabido tratarla y comprenderla desde la muerte de su madre, la única persona que había encontrado su afición por los libros como un interés en común, y ella no podía ir a despedirse, no podía dar sus respetos tampoco.

Con manos temblorosas, afianzó más el libro que él le había regalado y que había intentado leer. Se sentó en el suelo, encogiendo sus piernas y abrazando sus rodillas con el libro aún en su regazo, lágrimas y gemidos salían de sus entrañas, no entendía como Marlene había podido discutir la situación aquella mañana sin derramar una sola lágrima con todo el pesar que debía haber estado sintiendo, no entendía porqué no le permitían ir a despedirse a ella también, no entendía cómo un joven tan gentil y amable había muerto entre las fauces de un dragón.

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NOTAS DE LA AUTORA:

Bueno, pues tengo que admitirlo, en verano de 2019, por alguna extraña razón, estuve leyendo bastantes fanfics sobre una pareja de lo más inusual para mi... Eries y Folken. Luego de tanto me pregunté "Bueno, ¿y porqué no?" y he aqui lo que salió, en ese momento escribí 5 capítulos, volví a ver algunos fragmentos de la serie, poniendo especial atención en nuestra protagonista y buscando algunos datos, y es que en algunas historias ponían que ambos son de la misma edad y que, por lo tanto, habían estado comprometidos antes de que Folken "muriera" durante el rito del dragón, en realidad es Marlene quien tenía la misma edad y, si lo piensan, tiene bastante sentido que la joven estuviera encerrándose en su habitación por tres años, antes de conocer a Allen, en cierto modo, creo que Marlene estaba guardando luto y tal vez, tenía miedo de que su próximo pretendiente muriera, a lo mejor se había enamorado de Folken y temía que no volvería a sentir lo mismo, pero, ¿dónde queda Eries en todo esto?

Yo no tengo hermanas mayores, lo más cercano o parecido que tuve es una de las hermanas de mi madre que todavía asistía a la escuela cuando yo nací, imagino que la forma en que la veía es similar a como habría visto a una hermana mayor, tuvo un novio antes de irse de casa y por alguna razón, quería gustarle, no tanto porque me gustara, sino porque yo la admiraba a ella, imagino que con Eries pudiera pasar algo similar, en especial cuando parece que ella y Folken tienen bastante en común, ahora bien, Millerna menciona en el capítulo donde la presentan, que ella y sus hermanas habían visitado Fanelia muchos años atrás, que habían estado ahí de visita, así que imaginé que era por tradición faneliana y un posible compromiso, el momento perfecto para que una joven demasiado tímida y entrando a la pubertad pudiera poner sus ojos en alguien mayor, con los mismo intereses y que no la miraba como a un bicho raro.

No sé, alucino un poco, supongo, en todo caso, espero que la historia esté siendo del agrado de todos, trataré de verme la serie de nuevo para poder pasar del capítulo 5 pronto, por mientras, pueden esperar un capítulo nuevo la otra semana.

SARABA