Primero pidió ayuda a sus padres.

Después pidió ayuda a su hermano

Después pidió, rogó y gritó ayuda a Ciel…

Después le suplicó a Dios, para finalmente reclamarle.

Nadie llegó.


Miró el techo mugriento, tratando de Ignorar, de fingir que algo de esto estaba sucediendo, pero las embestidas, oh las embestidas, simplemente le impedían dirigirse a su Nirvana, a su ansiado Edén.

Y el breve placer, oh como odio al breve placer. Le hizo sentir tan sucia, tan indigna, tan rota.

Le dolía la garganta ante aquella virilidad que hacía en su garganta, ultrajado todo dentro de esta, esa virilidad y otras más que se insertaban en su cuerpo, invadiendolo y desgarran dolo, haciéndolo sangrar tanto.

Se preguntó cuánto tiempo duraría en morir.

Pero estos bastardos ni siquiera le dejaban ese privilegio, rogó por estar al fin en los brazos de la muerte pero ellos simplemente rieron y la siguieron violando.. A veces no sólo hacían eso, otras veces le cortaban la piel, una vez le quemaron los pies, todavía le ardía la frase escrita en su espalda.

"La noble puta".

Así la solían llamar. Tenía otros nombres, tales como : sacrificio, ramera, puta, zorra, y otros apodos denigrantes. Su madre les cortaría la cabeza si los escuchara.

Pero mamá no estaba, mamá nunca llegó.

Le daban la comida suficiente para sobrevivir, aunque ella no quería la obligaban a tragarselo y si la vomitaba la hacían regresará a su estómago de nuevo. Día tras día vivió el infierno en este lugar, en su propio cuerpo. No sabía hace cuánto estaba aquí, sólo creía haber dejado de rogar y contar a la quinta semana. Miró sus brazos y piernas esposados, hace algún tiempo que se habían ido, pero volverían pronto.

Miró el cuerpo inerte ante ella, era otra niña, tal vez llevaba unas tres horas muertas.

Y cómo la envidio, si no fuera por las malditas esposas en sus manos y pies hace mucho hubiese tomado la vida en sus propias manos, pero los malditos bastardos eran unos sádicos astutos.

Miró la luna tras la rejilla, era llena, era la doseava que contaba. Hoy era un buen día, la luna que se encontraba imponente en el cielo era una luna escarlata.

Tomó la sangre de la chica, su nombre era Nora, silenciosamente le agradeció, ella fue la que le enseñó lo que estaba a punto de hacer. Si funcionaba ella estaría dispuesta a pagar el sacrificio.

– Veni huc, huc veni. Bene, ut hic jacet in anima. Veni huc, qui cadit, et reliquit, quia Deus, qui reprobatus Quod si te deserit Deus, et non erit. Si deus Abando me, et mecum eris. Veni huc, huc veni: ut anima vestra sum. Dem semper. Quod autem pactum sanguine. Veni huc –

Canto esto repetidas veces, mientras dibujaba el círculo de transmutación.

Un alma a cambio de otra. Un intercambio de equivalente valor.

Antes de que se diera cuenta, su vista se convirtió en un intenso color carmín.

Había funcionado.

– Quién...— observó la figura amorfa – ¿Quién fue el tonto, que le dio la espalda a Dios?

Y con las siguientes palabras selló su su futuro.

– Fui yo.. Yo te invoque… Velkorck –

Y el gran ojo que intentaba formarse la miro y ella vio su igual, alguien que se odiaba a sí mismo.


Primera parte de una serie de Drabbles. Si les gustó por favor dejen sus comentarios.