Los personajes reconocidos no me pertenecen. Solo la historia es mía.

Damon Salvatore fue el hombre que estuvo en mi cabeza durante al menos tres años. La relación con él fue difícil al principio, luego buena, luego terminamos, conocimos a otras personas - por lo menos yo lo hice - luego volvimos a trabajar juntos, volvimos y esa segunda parte funcionó muchísimo mejor que la primera. Hasta ahora.

- ¿Qué es lo que no funcionó esta vez?

- Nos íbamos a casar. - dije con emoción, la idea de la boda era reciente y aún me producía emoción. - No iba a ser algo grande, solo una reunión con amigos y familia...

Estábamos... es decir, yo estaba haciendo los preparativos, me había hecho un hueco en mi agenda para poder hacerlo yo misma. Iba y venía de un lugar para otro, y pensé que tal vez, porque no había desayunado nada, ese mediodía me sentí un poco mareada. ¿Que es lo había ido a ver? ¡Ah si! Había ido a ver pasteles. En Beverly Hills hay una pastelería grandiosa... no es que a mi me importe de donde sea, si es por mi pondría en la mesa uno hecho por mi, pero era más que nada por lo invitados... quería un pastel bonito. Aproveche que estaba ahí y compre algo algo para desayunar y lo comí en el coche. Aproveche que estaba por allí y fui a buscar un vestido. No el típico vestido gigante, sino uno corto, de día; si la idea de nuestra boda iba a ser sorpresa para todos...

Comencé a hipar porque el hilo de mis pensamientos, el punto de lo que estaba relatando me hacía llorar.

- Lo siento.

- Tranquila Bonnie, tomate tu tiempo.

- Es que... que... las chicas de LV me preguntaron para qué ocasión era el vestido - y rompí en llanto - Siempre me lo preguntan pero pienso en ello ahora y... no pu... pu...

La doctora me paso un pañuelo descartable con el cual me seque las imparables lágrimas que rodaban por mi rostro. Me instó a sentarme en el sillón, yo había estado relatando todo dando vueltas por su consultorio.

Ella me indicaba que respire, que inhale, exhale, inhala, exhala.

- De acuerdo. Fuiste a buscar el vestido, ¿lo conseguiste?

- Si.

Estaba conduciendo a casa, cuando un mareo muy fuerte...

- Espera, ¿acaso no estabas mareada desde antes?

- Si, pero era muy leve, casi nada.

- ¿Y saliste a conducir igual?

- Si, fui irresponsable. Lo siento - me disculpe -.

La doctora intentó disimular su disgusto. Continué con mi relato.

Tuve un mareo muy fuerte. Estacione el coche donde pude - creo que por el boulevard y cuando pensé que se me había pasado, tuve que bajar corriendo al Starbucks por las náuseas. Lo vomité todo. Una chica me oyó y se preocupó. Fue tan amable de quedarse conmigo hasta que me sintiera mejor. Pero la verdad es que en vez de mejorar me sentí peor, y no paraban de darme náuseas, incluso sin tener que más devolver. La chica se ofreció a acompañarme al hospital, y tuve que aceptar porque ni mi hermana ni Damon contestaron mis llamados y los mensajes.

Nos tomamos un taxi hasta la clínica donde suelo atenderme, Jenny - la chica tan amable - me acompaño hasta la guardia y se fue cuando me atendieron. Que amor de persona.

- Buenas tarde señorita - el enfermero miro la pantalla de la computadora - McCollough, Bonnie. - su tono indiferente cambio al levantar la mirada y cerciorarse que yo coincidiera con mi nombre, al reconocerme se mostró más interesado - ¿que es lo que anda pasando?

- No paro de vomitar - me dije mientras miraba con asco el bote que tenía entre brazos, me lo habían dado cuando me registre en la entrada -, me siento mareada por momentos y me empezó a doler el estómago.

- ¿Comió algo que pudiera caerle mal?

- Un bollo y un café. Eso es todo. Y no recuerdo haber comido nada extraño ayer.

El enfermero anotó todo eso en la computadora. Luego de levanto y se acercó a mi.

- De acuerdo. Bueno, recuéstese en la camilla por favor y quítese la blusa. Procederé a hacerle un electrocardiograma.

Hice lo que me pidió. Sabía que debía estar tranquila para que el resultado fuera lo más fiel posible. Por suerte no me dieron arcadas en los minutos que tardo el procedimiento. Al mismo tiempo que me tomo la presión arterial también evaluó mi temperatura.

- Bueno señorita, enseguida vendrá el médico a evaluarla. Hasta luego.

- Hasta luego.

- Ah, déjeme decirle que admiro su trabajo.

- Muchas gracias.

Me quede sola en el consultorio, sentada sobre la camilla, abrazando el bote y luchando contra los escalofríos. Mientras esperaba que viniera el médico, mi celular sonó en mi pequeño bolso. Era Mary, mi hermana mayor, mi única hermana.

- ¿Bonnie? ¿Estás bien? Escuche tu mensaje. Estaba en una reunión, disculpa.

- Estoy en el hospital Mary. No me siento muy... - la arcada fue muy inesperada, vomité un poco de saliva y bilis - Lo siento.

- ¿Donde estas? ¿En el Flinnigan?

- Aja.

- Voy en camino. Avísame cualquier cosa. Te quiero.

- Y yo.

Corté y seguí luchando contra las náuseas.

Diez eternos minutos después entró una médica.

- Oh, pobre criatura, mira como estás - se compadeció de mi - Soy la doctora Sara Wood. Tu eres Bonnie. De acuerdo señorita, cuénteme qué es lo que pasa.

Volví a enumerar los dolores. Ella tecleó sin dejar de echarme unas miradas de reojo. Cuando finalice le pedí:

- ¿Podría darme algo para el vomito por favor? No aguanto más.

- Si claro, en un momento. ¿Fecha de tu última menstruación?

- ¿Eh? - la pregunta me tomo por sorpresa pero no era mi primera vez en una guardia de hospital y te lo preguntan hasta por un simple dolor de cabeza - Espere que me fijo. - lo tenía anotado en una aplicación especial para eso, me fije en mi teléfono y se lo dije - Veintitrés de septiembre.

Ella ingresó la fecha en su sistema.

- Eso fue hace hace más de un mes. De hecho -miro el pequeño calendario de plástico del escritorio - hoy estamos de veinticuatro. De noviembre.

- Soy muy irregular. He llegado a estar tres meses sin periodo o todo lo contrario, me ha venido con dos semanas de diferencia.

- ¿Y no tomas pastillas anticonceptivas? Te ayudan a regular.

- No tomo.

La doctora, que estuvo de perfil hacía mi todo este tiempo por estar frente a la computadora, giro su silla hacía mi y me miró directo a los ojos.

- ¿Qué posibilidades hay de que estés embarazada?

¿Embarazada? La idea me sonó risible. Hasta que me empezó a doler la boca del estomago, y no por las armadas. Nervios.

- Tengo novio. Estable. Nos cuidamos. Bueno, él se cuida.

- ¿Todas las veces?

Asentí automáticamente. Siempre se cuidaba. Siempre.

Excepto cuando volviste de Islandia, tonta. Ese reencuentro. El no se cuidó. No acabo adentro tampoco pero... ¿o acaso si lo hizo? Lo hicieron muchas veces y...

- Yo... - me temblaba la voz - No lo sé - dije en un suspiro. Pero la médica pudo oírme.

- De acuerdo, esto lo que vamos a hacer - ella empezó a escribir en un papel - Toma esto, es una orden para un examen de orina, y también esto - sacó de un cajón un pequeño frasco de plástico. - Te mostraré donde esta el baño y donde debes dejar la muestra.

Salí del consultorio con ella detrás mío. Abracé fuertemente mi bote de vomito. Estábamos en un pasillo lleno de puertas con números. El nuestro era el cuarto. Al final del corredor, donde estaba la puerta número uno, se entrecruzaba otro pasillo.

- A la izquierda está el baño y si sigues derecho por allí, encontrarás una ventanilla que dice "laboratorio". Le entregas la orden y el frasco y esperas en esa sala, ¿si?

- Si, claro.

Comencé a andar, miré hacia atrás, la doctora seguía en la puerta, mirándome desde allí. Me dedico una sonrisa alentadora, que yo devolví como pude. Di un paso más, y la vista se me empezó a nublar. Lo último que recuerdo es la voz de la doctora gritando ml nombre. Nada más.

Cuando desperté, me encontré acostada en una cama, en una habitación en la que no había estado nunca, y sin recordar como había llegado allí. Tampoco recordé que me sentía mal y que había acudido al hospital. Nada de nada. Mi mente estaba en blanco y luchaba para poder despertar y recobrar mis sentidos. Lo primero que noté fue la cabellera rubia de Mary.

- Tranquila Bonnie, despacio.

- ¿Mary? ¿Que paso? ¿Que hacemos aquí?

- Te sentías mal, ¿recuerdas? Me diste un buen susto, llegue aquí y te estaban trayendo a esta habitación. Te desmayaste.

- ¿Ah si? - No lo recordaba y no hacía el intento, me sentía adormilada.

Un pinchazo me despertó. Mire la cara interior de mi brazo y vi algodón y cinta. ¿Me habían pinchado? ¿Porque?

Entonces la doctora entró al cuarto y recordé todo. La palabra con E.

La reina de las arcadas vino a mi y por suerte mi bote de plástico estaba en el suelo al lado de mi cama. No vomité nada porque mi estomago estaba vacío, solo saliva.

- Bueno, veo que las náuseas persisten.

- Doctora, ¿ya saben que tiene mi hermana? - le preguntó Mary con expresión preocupada.

- No, en un rato estarán los exámenes. Espero no molestarla, ¿podría darme unos minutos a solas con Bonnie?

- Si, claro. - a mi hermana le extrañó eso, pero no objetó y salió de la habitación.

La médica cerró la puerta.

- Como veras, no hizo falta la muestra de orina. Aprovechamos cuando estabas desmayada y te extrajimos un poco de sangre. Los análisis ya están. Le mentí a tu hermana para que tuvieras tu momento para pensar y decidir. - ella sacó una hoja doblada de su delantal blanco - Estás embarazada, Bonnie.

En ese momento, los oídos se me cerraron, y comencé a ver borroso, no me desmayé, simplemente mi mente se fue a otro lado, o a ninguno. Quedo en blanco. No pude pensar en nada. Y de repente solo pude pensar en eso. En un embarazoso. Y con ese pensamiento vinieron los demás, un bebé, Damon, mi hermana que estaba afuera y no sabía nada.

- Por favor no le diga nada a mi hermana. Yo le diré luego. Tengo que hablar con mi novio.

- Por supuesto, Bonnie.

- ¿Puedo irme a casa?

- Aún no, estas aproximadamente de siete semanas, según el análisis de sangre, pero sería ideal que te hicieras una ecografía. Y que hagamos una cita con el obstetra.

Yo asentí, un poco lejos de toda la situación. Estaba incrédula.

Gracias al cielo que la doctora se hizo cargo de la situación, yo no tenía energías para mentir.

- A Bonnie todavía le duele el abdomen, le haremos una radiografía para descartar alguna lesión. Puedes esperar aquí en la habitación.

- De acuerdo. - asintió Mary y entró. Ella no notó nada extraño.

La doctora me llevo a otro consultorio, toco una puerta y atendió un chico.

- El es James, es el técnico. Te hará la ecografía, Bonnie.

- ¿Usted estará aquí conmigo?

- Por supuesto.

Me hicieron recostarme en la camilla, sacarme la blusa y bajarme un poco los pantalones. Me pusieron un gel con olor a nada, y pasearon esa cosa por mi vientre. En la pantalla, se veía todo medio naranja.

- Creí que se vería negro, con el cuadrito por ahí...

- Este es un ecografo 4d. - aclaró el tecnico.

- Ah.

Se empezó a oir ruido como de líquido. Entonces la doctora me indicó que aquella forma con pequeñas extremidades era el embrion, que efectivamente estaba de siete semanas.

- ¿Ese es mi bebé?

- Asi es. Todo está bien.

- Guau.

- No podía parar mirar la pantalla y de verlo. Era como hipnotizante.

Mientras el joven imprimia la ecografía para que me llevara las imágenes, la doctora me indicaba lo que podía hacer o no de manera muy breve.

- Igual todo esto lo hablaras con tu médica de cabecera. Te programaré un turno con una que es muy buena.

- ¿Usted solo es clínica?

- De hecho soy obstetra.

- ¿Y porque no me atiende usted?

- Porque solo estoy en la guardia de obstetricia.

- ¿Y que hacía aquí? En la guardia general quiero decir.

- Vine a relevar un descanso.

- Quiero que me atienda usted. No otro médico.

- Bonnie, los médicos de aquí son excelentes...

- Pero solo confío en usted. Me demostró que es discreta.

Ella iba a discutirme, pero me observó y lo pensó mejor.

- De acuerdo, pero tendras que mandarle una carta al director del hospital pidiéndo por mi. En tu carácter de persona reconocida yo creo que no habrá problema alguno. Dame un teléfono de contacto por favor.

Se lo di, me dio un par de indicaciones más y me dijo que me podía ir a casa. Cuando el director diera el visto bueno ella me avisaría y podria empezar a hacer el seguimiento con ella.

- Gracias Sara, por todo.

- Es mi trabajo, no me lo agradezcas.

Pase por la habitación donde había estado desmayada, le avisé a mi hermana que ya me podía retirar. Tome mi bolso y nos fuimos.

- ¿que te dijo? ¿Al final que es?

- Solo un virus estomacal. - menti.

- ¿Enserio? No sabía que un virus estomacal podía ser tan nocivo, te desmayaste y todo.

- Oh, eso fue porque tenía la presión baja. Ya estoy bien. Estaré bien. ¿En que viniste?

- En auto.

- Ah - dije decepcionada.

- ¿Porque?

- No, solo pensé que si habías venido en taxi, podríamos ir a buscar mi coche. Lo deje en el boulevard. - recordé que allí tenía el vestido, que debía ser una sorpresa, y ya no quería mentirle a Mary - Pero no pasa nada, luego iré a buscarlo. Solo quiero ir a casa y descansar.

Mary me dejo en la puerta de mi edificio. Tuve que obligarla a que no bajara conmigo. Le juré que me sentía mejor y que la llamaría si necesitaba algo, quiso quedarse a pasar la noche conmigo para cuidarme pero yo quería estar sola.

Al entrar a hogar, deje mi bolso y la llaves tirados por ahí, y fui directamente a mi habitación. Saque de los bolsillos de mi jean los papeles doblados: el análisis que confirmada que estaba embarazada, y las cuatro impresiones de la ecografía. Agarre mi celular para llamar a Damon. No le iba a decir por llamada, claro, pero debía hablar con él para vernos. Recordé que nunca me contesto las llamadas ni los mensajes. Ni siquiera los había recibido. Qué raro. ¿Se habría ido de la ciudad? No lo creía posible, me hubiera avisado.

No le di importancia y dormí como un bebé esa noche.

A la mañana siguiente, lo primero que hice después de correr hacia el inodoro, fue ducharme. Había decidido ir a la casa de Damon a darle la noticia en persona.

Me ponía nerviosa pensar en cómo reaccionaría, si se pondría contento, si se disgustaría. Secretamente deseaba que se pusiera contento, la idea de formar una familia con el me calentaba el corazón de una manera que no podía describir. Y mi intuición me decía que él aceptaría toda esta nueva aventura.

Mire por las ventanas, el cielo estaba despejado como casi siempre en Los Ángeles, y por lo que pude distinguir, hacia bastante calor. Lo confirme mientras me vestía con el televisor sintonizando las noticias.

Me puse un vestido negro, con pequeñas flores, que tenía un escote en forma de triangulo debajo de los pechos que de baja entrever un poco del abdomen. Abdomen de embarazada. Increíble.

No fui directo a su casa, primero pase por mi auto, y ya que estaba pase por el Starbucks y compre para desayunar y un poco demás. Era muy temprano, él debía de estar dormido. Conduje hasta allá.

El barrio donde él vivía tenía seguridad al entrar. Bob ya me conocía. Baje la ventanilla y nos saludamos.

- Buen día señorita Bonnie.

- Buen día Bob. - le pase dos café y dos sándwiches para él y para el compañero que tenía ahí dentro del puesto de seguridad.

- Siempre tan amable usted, señorita.

- ¿De casualidad sabe si Damon está?

- Por lo que tengo entendido si. No lo he visto salir, al menos en mi turno.

- De acuerdo.

Levantaron la barrera y avancé.

Para cuando llegue a la entrada de su casa, no hizo falta tocar timbre al interlocutor eléctrico que estaba afuera, los de seguridad de la casa, a través de las cámaras me vieron y abrieron la casa, lo cual significaba que el dueño si se encontraba.

Baje del coche con cafés en mano. La puerta no estaba cerrada con llave, entre y me dirigí a la cocina. Apoyé las bebidas sobre el desayunador.

- ¿Quien eres?

Me sobresalté.

- Por Dios... - me di la vuelta y en el sillón estaba arrodillado un chico, más joven que yo, un adolescente de cabello castaño casi rubio y mirada traviesa - Me asustaste. Yo soy Bonnie.

- ¡Oye yo te conozco! ¡De la serie! ¡Guau! Eres Bonnie McCollough. ¿Puedo sacarme una foto contigo? Mis amigos no van a creerme.

- Claro claro... - dije desconcertada, el chico hablaba muy rápido y yo seguía sin saber quién era y que hacía ahí. - ¿como te llamas?

- ¡Klaus! - se oyó una voz femenina llamar desde el piso de arriba.

El chico es cuestión se levanto del sofá y se paro a mi lado, esperando que esta persona que lo había llamado apareciese.

- Soy Klaus - me estrechó la mano -, soy el cuñado de Damon.

¿El cuñado de...? ¿Qué?

No pude preguntárselo en voz alta porque justo escuché pasos por la escalera. Era una de largo cabello rubio, casi platinado, de largas piernas bronceadas... llevaba puesto un pijama que consistía en un short muy pequeño y un top. Tenía rasgos afilados, pero era hermosa.

- Oh, hola. Ya veo con quien hablaba mi hermano.

- Es Bonnie McCollough - me presento el chico.

- Ah si. ¿Como estás? Soy Katherine, si buscas a mi esposo iré a despertarlo.

- ¿Tu esposo? - dije con la poca voz que había recuperado.

- Si, creo que ahí viene.

En efecto, se escuchaban pasos desde arriba. De la coma de las escaleras apareció Damon, con un short deportivo y sin camiseta, medio dormido, cuando me vio sus ojos se abrieron de par en par y despertó como si lo hubieran electrocutado.

- Damon, llegaste justo. - le dijo ella con una sonrisa. El no la miro. Me miro a mi.

- Vamos a la biblioteca a hablar, Bonnie. - No fue una petición si no una orden. No quería hablar en ninguna biblioteca o lo que fuese, quería huir.

- Creo que vine en mal momento, mejor me voy.

- Bonnie vamos a hablar.

- Vamos a desayunar Klaus. - le dijo ella totalmente indiferente a la actitud de Damon hacia ella.

Los dos hermanos se metieron a la cocina.

- No quiero hablar.

- Bonnie, escúchame por favor. - el cerró la puerta de su estudio con llave, la cual dejó metida en el cerrojo. Se paro frente a mi - Estás pálida. ¿No vas a decirme nada? - puso su mano en mi mejilla, se acercó para besarme, yo corri mi rostro, él se vio terriblemente dolido por ese gesto.

Él trató de pasar las yemas de sus dedos por mis mejillas, pero yo solo levante el mentón tratando de safarme. Contemple el techo por lo que me pareció una eternidad. El dio un paso hacia atrás, dándome espacio.

Fui a sentarme en un de los sillones, cuando lo hice, cuando baje la mirada, las lágrimas comenzaron a salir disparatadas de mis ojos.

- ¿Como es que tienes una esposa?

- Es una larga historia.

- Tuviste tres años para contármela.

- No hubiera cambiado todo lo que vivimos juntos.

- ¡Nos íbamos a casar! ¿Te estás burlando mi?

- Y vamos a hacerlo. Bonnie esto no cambia nada...

- ¡Lo cambia todo! - le interrumpí abruptamente.

Él se arrodilló frente a mi, quedando a mi altura.

- Mírame, por favor Bonnie, mírame - No lo hice, cerré los ojos. Se lo que se venía, y no quería demostrarle nada con mi mirada. Si era posible no diría nada. - ¿Me amas?

Tenía un nudo en la garganta tan grande que no hubiera podido decir ninguna palabra, y mi mirada estaba hacia el suelo. Aún si mi cuerpo termino traicionándome, y termine asintiendo levemente.

- Entonces lo esencial no ha cambiado. - todo ha cambiado dije en voz baja pero el no pareció oírme - Katherine es un error del pasado; un error con el que todavía estoy lidiando. Todo este tiempo he tratado de librarme de ella pero es complicado. Solo quédate conmigo Bonnie - se abrazo a mi, yo quería sacármelo de encima - quédate por favor.

Quería creerle, de verdad que quería pero solo tenía una imagen en mi mente. Esa mujer bajando las escaleras en pijama. Y el bajando tras ella.

- ¿Te acostaste con ella?

No obtuve respuesta. Solo me abrazo más fuerte. Me levante de un salto. El siguió sostenido a mi.

- Te la cogiste.

- Bonnie solo escúchame...

Tome sus brazos con mis manos y los empuje hasta hacer que me soltaran. En dos pasos estuve frente a la puerta, gire la llave y abrí con fuerza. Corri hacía la puerta principal y más rápido aún hacía mi coche. Desde el momento que encendí el auto, empecé a tocar bocina para que abrieran las rejas. Quería largarme de allí lo antes posible.

Conducí de manera autómata. Supuse me dirigía a casa, no lo sé. La vista se me nublaba por las lágrimas, me costaba mantener ambas manos en el volante, me dolía mucho el pecho. De reojo pude ver que mI bolsito estaba en el asiento del copiloto. Allí dentro estaban las pruebas de mI embarazo.

Embarazo.

Embarazo.

Embarazo.

Estaba embarazada.

De un hombre casado que me había engañado durante tres años.

Allí fue cuando el ataque de pánico comenzó.

Sentí que me faltaba el aire, que me ahogaba. Perdí el el control.

Lo último que recuerdo es un fuerte ruido y un punzante dolor de cabeza. Nada más.

Desperté. Estaba en movimiento. Estaba acostada y veía el techo moverse. Una luz alumbró mis ojos. Era un médico con su linterna. Corrijo, un paramédico.

Recordé todo. Y mi corazón comenzó a latir tan fuerte que podía sentirlo en mi garganta, era demasiado fuerte, iba a estallar en cualquier momento y moriría...

- Tiene taquicardia, ciento veinte por minuto. - oí que decía uno - señorita, respire por favor, respire...

Intente hacerlo pero el aire comenzó a faltarme.

- Me ahogo, no puedo.

Comencé a luchar contra ello pero cuánto más intentaba respirar, menos podía.

- Es un ataque de pánico. Administren dosis mínima de clonazepam.

- ¡No! - le dijo una voz femenina, me resultó conocida - Esta paciente cursa séptima semana de gestación. Administren oxígeno para estabilizar respiración. Cuando se estabilice, dosis mínima de somnífero, apto para embarazo.

Me pusieron una mascarilla que tenía una especie de globo, una enfermera apretaba ese globo el cual me enviaba más aire por la mascarilla. Me calmé. Vi a una enfermera entrar con una jeringa.

Por favor, no quiero medicamentos. Sin medicamentos.

Me explicaron que tuve un accidente. Mi coche chocó contra un árbol. Podría haber sido algo que lamentar pero por suerte usaba el cinturón de seguridad. Para la investigación policial, me iban a hacer un análisis descartando alcohol y drogas. La doctora Sara - que había oído los cuchicheos sobre mi presencia aquí por un accidente - les había explicado a los policías que yo estaba embarazada y que sufría de los síntomas. Aún así ellos vendrían a hablar conmigo.

- Señorita McCollough, soy el oficial Moore y me acompaña mi compañero, Jones. Solo queríamos corroborar un par de cosas de su lamentable accidente.

- De acuerdo.

- Los médicos nos dijeron que usted está embarazada y que los síntomas, esos síntomas tan molestos pudieron hacer que usted perdiera el control de su vehículo y chocara contra ese árbol.

- Puede ser. De hecho, en mi bolso, si sería tan amable de alcanzarmelo - el policía lo hizo -; aquí tengo las prescripciones médicas y papeles que muestran que estoy embarazada. Son de ayer, ayer estuve aquí por los síntomas.

- Esta bien señorita, no dudamos de usted, solo queremos saber como se originó el accidente. ¿Recuerda algo? ¿Pérdida del conocimiento?

- Si, es posible que me haya agarrado un mareo o algo parecido. No recuerdo mucho, la verdad.

- Esta bien señorita, es suficiente con esto. Fue una desgracia con suerte, nadie salió herido. Aj, quisiera hacerle saber que la prensa está presionando. Le diremos la verdad, respetando su privacidad por supuesto.

- Gracias oficial, le agradecería que así fuera, ya saben lo qué dicen, hasta los tres meses no... - se me cerró la garganta de golpe. Pero el no pareció notarlo. Me sonrió y se despidió.

- Que se mejore, señorita.

La siguiente persona a la vi fue a Mary, que llegó con el teléfono en el oído y soltó un largo suspiro. Se abalanzó sobre mi.

- ¿Como estás? Estaba tan preocupada, me imaginé lo peor... - ella decía revisándome con sus manos.

- Las dejare para que hablen - Dijo mi doctora.

- No, quédese - le pedí.

- Bonnie ¿que sucede? Estás llorando - me dijo mi hermana mientras me limpiaba las lágrimas. -.

No pude responderle en ese momento. La abrace por un largo rato.

Cuando pude recomponerme le conté todo lo que había sucedido el día anterior y este.

- Ese hijo de perra. - fue lo único que dijo Mary.

- Y la razón por la que estoy aquí, doctora, es porque no se como seguir. La doctora Sara me dijo que tengo unas semanas para decidir si continuar...


- ¿estás aquí para que te ayude a decidir si tener a tu bebé o no?

- En realidad yo no quería venir. Mi obstetra dijo que mi estado emocional es muy frágil, y que sea cual sea mi decisión, debía pasar por un terapeuta. Yo creo no es necesario.

Ella me miro fijamente pero no dijo nada por un momento.

- ¿Que tan seguido tienes ataques de pánico?

- No los tengo. Empecé a tener a los quince, cuando murieron mis padres. Hice terapia y siempre pude superarlo. Hace años que no tenía uno.

La psicóloga anotó todo aquello en su libreta.

- Bueno Bonnie. Creo que no te haría ningún mal venir al menos una vez por semana. Estás pasando por un periodo de cambios muy drásticos, la vuelta de tus ataques de pánico indicaría que hay cosas que no estás manejando de la manera más conveniente para tu salud emocional. Ten en cuenta que tienes problemas normales como cualquier persona, pero a eso hay que sumarle que eres una persona expuesta debido a tu trabajo. No eres la misma Bonnie que cuando tenias quince.

- Lo pensaré.


Hola! Tenia esta idea desde hacia años y tomo forma mas rápido ahora que tengo tiempo ya que por la cuarentena no estudio no trabajo.

Disculpen desde ya las faltas de ortografía, no lo pude revisar porque quiero subirla ya.

También disculpen que aparezcan puntos en vez de guiones en los diálogos, al copiar y pegar apareció así y no se como modificarlo.

En realidad esto iba a ser una introducción pero se alargó bastante. Háganme saber que piensan, si les gusto o que mejorarían en un review.

Besos,

Eva