La senda de nuestras vidas, está dada por nuestras propias decisiones. Para otros ya está escrito como parte de un destino inamovible. Lo que si es cierto es que nosotros tendremos que saber si el camino que recorremos; es el correcto. Una duda existencial que estaba en la mente de una joven pelipurpura mirando el radiante amanecer a través de su ventana.

- Nozomi! -escuchó una voz femenina en el primer piso- Baja a desayunar.

- Ya voy, madre – respondió

A paso lento, bajo al comedor, aún medio pensativa.

-Buenos días, mi niña -dijo su padre.

-P-Papá! -estaba algo avergonzada mientras se sentaba en la mesa- Ya entraré a preparatoria, ya no soy una niña

-Para mí lo seguirás siendo- dijo riendo

- Y bien Nozomi? -entró su madre a la conversación- Ya mañana empiezan tus clases. ¿Ya tienes en mente tus futuras metas?

-Sí con metas te refieres a seguir sacando excelentes calificaciones, cuenta conmigo -dijo de manera positiva, aunque en su interior sabía a lo que su madre se refería.

-Jajaja no precisamente, hija. Sabes bien que te trasladamos a Otonokizaka para darte un empujoncito. No deseamos que vuelvas a pasar por lo mismo como en tu secundaria.

-Lo sé Mamá, pero es realmente necesario? Ya intenté una vez hacer amistades y no resultó muy bien.

-Nozomi, hija -su padre entró a la charla- Sabemos que eso fue un total infortunio, no pensamos que tu estadía allí no sería de las mejores. Pero desde que entraste a primaria ya teníamos pensado hacer que entres a Otonokizaka. El ambiente amigable y tranquilo de esa preparatoria es lo que realmente necesitas.

-Exacto, ahí llegué a hacer un montón de amigas, y sobre todo ahí es donde tu padre y yo nos conocimos. Lo recuerdo como si fuera ayer… -repentinamente sus padres empezaron a ponerse muy melosos y esto incomodaba a la pelipurpura y empezó a estornudar fingidamente.

-Ejem, ejem, ¡EJEM! – Y de inmediato se separaron- Dios! Ya ustedes ni se controlan enfrente de su propia hija.

-Jejeje perdón -dijo su madre- Bueno Nozomi, prométeme que al menos tratarás de darte una segunda oportunidad.

Nozomi miró como sus padres la miraban de manera comprensiva, estando seguros de que lo que decían era cierto; ella solo atinó a dar un suspiro.

- De acuerdo, lo intentaré.

- Esa es mi pequeña – dijo su padre. Ambos se acercaron a ella dando un confortante abrazo familiar.

El desayuno pasó tranquilo con charlas amenas entre familia, al terminar Nozomi decidió romper el hielo.

- Y qué hay de ustedes? Creo que sus vacaciones también terminaron. ¿Cuándo empiezan?

-Bueno a partir de este martes -respondió su madre- Tranquila estaremos el primer día esperándote a la salida. Espero que cuides de la casa como siempre.

- ¡Sí, mi capitana! -dijo enérgicamente Nozomi. Desde primaria ella sabía que sus padres eran empresarios con un trabajo arduo los cuales viajaban constantemente. Naturalmente la recompensaban yendo a parques de diversiones o paseando en familia, pero aun así siempre tuvo esa soledad constante en su vida. Nozomi al principio se sintió muy triste por la ausencia constante de sus padres, pero sabía perfectamente que lo hacían por ella y aprendió a vivir con eso, eso la ayudó a madurar muy rápido y poder llevar las cosas por sí misma de forma independiente.

El resto del día se la pasó alistando sus cosas para su primer día de clases y esperando que lo que dijeron sus padres llegara a ser cierto. Lo que no sabía ella hasta entonces, es que su vida cambiaría drásticamente por la llegada de un extranjero…

Semanas antes, en otra parte del mundo

-QUEEE, ES UNA BROMA?! -un grito resonó en toda la casa. Una noticia totalmente inesperada para nuestro joven protagonista.

-No lo es -su madre dijo de manera tranquila- Iremos a Japón por una larga temporada. Una excelente oportunidad se nos ha presentado a mí y a tu padre. Aun estaremos cerrando algunos tratos aquí en Rusia, es por eso que tú y Arisa irán primero. Aparte que las escuelas en Japón te vendrán mucho mejor, Eli.

-¿También tendré que asistir a esas escuelas? -el joven de cabello rubio no se lo podía creer, ya daba por sentado que su vida "tranquila" terminaría muy pronto- Si es por como pasé secundaria, he llegado a obtener el primer puesto sin dificultades. El único problema fue aquellos que me tocaron por compañeros, lo único que hicieron es hacer mi estadía más insufrible.

-Ves, ahí está el problema -el semblante de su madre pasó a uno serio- Tú actitud de huraño solo los espantó. Sé que se debió mayormente por aquel incidente…

-P-Por favor no me lo recuerdes -dijo Eli algo dolido- No me puedo dar el lujo de hacer migas con alguien, sabiendo que al final tendrá el mismo resultado.

-Eso no es cierto, hijo -ella se acercó abrazándolo- Lamento mucho que hayas pasado por eso, es por eso que estar allá te ayudará bastante y a disfrutar mejor tu vida.

- DISFRUTAR MI VIDA?! -Eli gritó al recordar su terrible destino- Si se te olvidó, estoy obligado a comprometerme en un par de años con la hija de algún empresario a la cual no voy a ni conocer bien, solo para asegurar su negocio familiar. Odio esta tradición, tú y papa tuvieron la suerte de que realmente llegaran a amarse desde el primer momento en que se vieron.

Eli se sentía muy frustrado, desde pequeño su difunto abuelo, el cual era muy arraigado a las costumbres, le anunció que ese sería su destino al llegar a cierta edad. Esto naturalmente le afectó a Eli al punto de llegar a odiarlo. No quería imaginarse como su padre pudo haber crecido bajo el mismo techo que aquel hombre que solo anhelaba mantener la clase alta en la familia Ayase.

-Hijo, no digas eso -su madre lo miró a los ojos de manera comprensiva- Soy consciente de eso, y hasta el día de hoy le sigo agradeciendo a la vida por eso, pero tu padre no es como tu abuelo. Estoy segura que con el tiempo podrás convencerlo a terminar con esta absurda tradición. Hasta entonces me preocupo primero por tu propio bienestar, Eli

Es entonces donde su madre saca un folleto de su bolsillo.

-Mira, esta es Otonokisaka, la preparatoria a la cual te inscribí, a comparación de otras en la región, Otonokisaka se caracteriza por su tranquilo ambiente y en general amables estudiantes. Eli, este es el lugar perfecto para que le des una segunda oportunidad a la vida.

Eli miró como su madre estaba tan esperanzada que no tenía el valor para negarse.

-E-Esta bien Mamá, daré lo mejor de mí -dijo después de soltar un suspiro-

-Ese es mi muchacho -se acercó a él dandole un beso en la frente- Bueno ya debo irme, tengo una reunión a la que asistir. Tu padre ya debe estar esperándome. Nos vemos en la cena.

-No te preocupes, mamá. Ve con cuidado -fue lo último que dijo al verla salir por la puerta.

-Lo siento madre, pero dudo que pueda cumplir eso. Quiero convencer a papá de cualquier forma posible a terminar con esta ridícula tradición y mi desempeño en la preparatoria sería una buena base. No quiero pasar por tal destino… ni tampoco que le pase lo mismo a Arisa.

Días antes del inicio de clases

-Bueno mis niños, hasta aquí podemos acompañarlos. -dijo su padre.

-Cuídense mucho, ni bien aterricen, toman un taxi hacia la nueva casa -dijo su madre un tanto preocupada.

-Si mamá, ya nos los repetiste por milésima vez -repitieron ambos jóvenes.

-Y yo que me preocupo demás por ustedes -dijo haciendo un mohín.

-Será mejor que suban de una vez que el avión los deja, cuídense mucho que en unos días también estaremos allí -Su padre también se sentía preocupado, el vio como ambos se alejaban a tomar su avión.

-Los estaremos esperando! -gritó Arisa antes de verlos desaparecer en la multitud.

El viaje no fue tan ajetreado, y pudieron llegar sin problemas a su nuevo hogar. No había muchas cosas allí, eso se debía a que el resto lo traerían sus padres cuando llegasen.

-Ya llegué -anunció Arisa trayendo comida suficiente hasta la llegada de sus padres.

-Bien Arisa, ya hiciste tu parte del trato, así que la cena déjamelo a mí -dijo Eli con un toque un tanto arrogante.

-Sí! No veo la hora para poder probarlo -Arisa sabía bien que su hermano era muy bueno en la cocina, aunque ella no se quedaba atrás.

-Pero mañana harás los almuerzos -riendo se alejó hacia su cuarto.

-Eso no es justooo! -reclamó, pero ya era demasiado tarde.

Eli aún estaba pensativo, una nueva vida empezaría al siguiente día y se cuestionaba si lo que dijo su madre podría ser verdad. Lo que no sabía tampoco Eli es que su vida daría un giro de 180° por cierta joven tarotista.