Disclaimer: El universo le pertenece a JK Rowling. La historia es mía.

No obtengo ningún tipo de beneficio al escribir este fic.


Nota: Esta serie de fics los publiqué en otro sitio y hasta ahora no los he publicado aquí. Espero que o os gusten


"Este oneshot está participando en el fictober del grupo Wizarding Shippers"


Palabra de hoy: Celos.


El poder de la amistad.


Cuenta la leyenda que hubo dos amigas, muy buenas amigas. Ellas se conocieron en el colegio de Hogwarts y se hicieron inseparables.

Se contaban todos los secretos y no había personas más unidas que ellas. Eran hermanas de otra sangre.


En el sexto año de ambas, a finales, a las dos les gustaba el mismo chico. Pero la una no sabía del gusto de la otra pues aunque se contaban todo, no habían hablado de este estudiante.

El verano pasó y las chicas se escribían cartas y en una de ellas, Elinor le confesó a su amiga, Ethel quien era el chico misterioso que le gustaba.

Y Ethel comenzó a sentir algo que nunca había sentido. Celos. Unos celos profundos que le corroían las entrañas.

Pero no dijo nada. Ella siguió mandando cartas a su amiga Elinor y en el colegio, se comportó como siempre.

Sin embargo ella estaba furiosa. Muy furiosa. Pues Elinor y William, el chico que a ella también le gustaba, habían comenzado una tentativa relación.

Ethel trató de ser comprensiva y de apartar de su corazón los celos que sentía. Pero no lo logró. Ella quería a William y no le parecía justo que Elinor lo tuviera.

No le importaron los años de amistad ni todo lo que habían compartido.

El amor podía destruir, decían.


-William me ha dicho que para Halloween me dará una sorpresa. Ya sabes el miedo que me dan las festividades esas, pero confío en él. Es tan atento, Ethel, tan considerado conmigo...

-Oh, querida. Él es un chico de los que ya no quedan. Me alegra que te haga tan feliz.

Pero la muchacha rubia no podía tolerar más lo feliz que su amiga morena estaba.

¿Por qué no podía alegrarse de verdad por ella? ¿Por qué tenía estos sentimientos tan espantosos?

-¿Te ocurre algo, Ethel?

-Es el tema de Mitsy. Sé que ha pasado un tiempo...

-Oye, amiga. Cada uno tiene derecho a estar en duelo por la muerte de sus seres queridos todo el tiempo que necesite. Aunque ese ser querido fuera una gata, tu la querías y eso es suficiente.

Las palabras de Elinor la hicieron sentir peor de lo que se sentía. Hacía meses que había superado la muerte de Mitsi pero eso le servía como excusa para cuando se sentía hervir de furia cuando Elinor le hablaba de William.


Y se le ocurrió un plan perfecto.

Comenzó a gestarse en su cabeza durante una clase de pociones muy interesante.

Buscó todo lo necesario en los armarios de la profesora, pidió otros ingredientes vía lechuza y también le pidió a su madre aquel libro de magia oscura para cambiar la apariencia.

Emma, la madre, se lo dio sin preguntar durante una salida a Hogsmeade.

Tomó los apuntes que necesitaba y se lo devolvió.

Ethel se marchó al castillo y empezó a trabajar.

A Elinor le decía que estaba viéndose con un chico y que pronto sabría su nombre.


Eligió la noche de Halloween para llevar a cabo su plan. Si Elinor Flin quería una sorpresa, Ethel Avery se la daría.


El día de Halloween llegó y con él el banquete de la noche.

Los alumnos estaban emocionados y Elinor estaba de los nervios.

-¿Y qué pasa si no me gusta? ¿Y si es algo que me da miedo? ¿Y...?

-Calma, Ellie. Si te asusta ese tipo, por muy caballero que sea, le hechizaré hasta que no recuerde ni su nombre. ¿De acuerdo?

-Oh, Ethel, eres la mejor.

Las amigas se abrazaron.

-Oye Ethel... ¿Tienes uno de esas pociones relajantes que siempre preparas? Estoy tan nerviosa que creo que estallaré.

Avery sonrió. Su plan estaba yendo como ella quería.

-Claro que sí, amiga.

Se alejó y rebuscó en su baúl.

-Aquí tienes.

Elinor le dedicó una brillante sonrisa y se bebió el contenido del frasco de golpe.

-Sabe distinta.

-Porque es una nueva que estoy preparando. Te relaja, pero sin adormecerte.

Flin creyó a su amiga del alma. Porque... ¿Por qué desconfiaría? No tenía motivos.


Las chicas fueron a la cena cogidas del brazo y se sentaron en la mesa azul y bronce.

William miraba con adoración a Elinor desde la mesa de Gryffindor y a Ethel se le revolvió el estómago.

-Hola Ethel. ¿Puedo hablar contigo? Alexander, el mejor amigo de William preguntó.

A ella se le quedó la mente en blanco. ¿Cuándo había vuelto Alexander? Se suponía que él se había ido a estudiar en casa porque su padre había sufrido una lesión grave en el trabajo y...

-Oh, Alex, claro que quiere hablar contigo. -Elinor dijo alegremente. -Ve, tonta. -Flin la animó.

Avery carraspeó y se levantó.

Alexander y ella se alejaron de las cuatro mesas repletas de estudiantes y el chico comenzó.

-Te diré esto antes de perder el valor y correr. -Se rió nerviosamente.

A Ethel le pareció entrañable.

-¿Recuerdas que a principios del sexto año iba a decirte algo?

-Sí. Y luego aseguraste que no era nada.

-Pues mentí. Iba a pedirte... Iba a pedirte una cita. Pero como me iría a casa y no sabía si volvería pronto...

Ethel lo miraba con los ojos bien abiertos.

Llevaba gustándole ese chico tanto tiempo como podía recordar. Alexander Lestrange era todas las cosas que Avery buscaba en un chico.

-¿Qué dices? -Él preguntó.

-¿Perdona?

-Eso que... Que bueno... Querría saber si aceptarías tener esa cita conmigo.

-M me encantaría. -Dijo en voz baja.

Lestrange se acercó a ella y besó la comisura de sus labios antes de salir corriendo a su mesa.

Ethel se quedó allí, pasmada. ¿Qué había pasado?

Y se dio cuenta de algo horrible.

No había tenido celos de Elinor por mantener una relación con William. Sentía envidia porque ella tenía al chico que le gustaba y Ethel no.

Y había hecho algo terrible que no podía deshacer.

Corrió a su mesa para impedir que Elinor comiera, pues la poción no haría efecto hasta que Flin comiera.

Si en 48 horas no ingería alimentos, entonces la poción no haría efecto.

Pero cuando llegó, era demasiado tarde. Su amiga estaba masticando su última porción de carne y la tragó al cabo de unos segundos.

-¿Qué ocurre? ¡Ethel, estás pálida!

-Oh, por Merlín. -Avery dijo.

Se quedó allí mirando cuando la piel de su mejor amiga comenzó a ponerse verdosa y correosa. Vio como su cara se derretía para tomar una forma oblonga y de aspecto gelatinoso.

Su cuerpo comenzó a crecer a lo ancho. Sus piernas se acortaron, sus brazos se alargaron y su pelo antes liso y brillante, se cayó y de su cabeza comenzaron a salirle pústulas amarillentas.

Sus palabras de auxilio se transformaron en rugidos y sus gritos en aullidos cascados.

La gente miraba a Elinor con espanto y fascinación morbosa por partes iguales.

-¿Ellie? ¿Mi amor? ¿Qué está pasando?

William Potter corrió hacia ella y Ethel trató de detenerlo.

-¿Qué haces? ¿Por qué solo estás allí mirando? -Él la increpó.

-Yo... Yo... Yo...

-¿Tú, qué? -William comenzaba a perder la paciencia. Tenía que ayudar a su novia.

-Yo hice esto. -Confesó Ethel entre lágrimas.

-¡Pues reviértelo! ¿Es que eres tonta?

-No puedo hacerlo. Usé su sangre para la poción y el hechizo.

El comedor había quedado en silencio. Solo se escuchaban los rugidos desesperados de Elinor.

William sacó su varita para maldecirla, pero no llegó a tiempo. La profesora Longbottom le quitó la varita con un Espellarmus.

Potter dejó allí sola a Avery y se acercó a su novia.

Ella tomó aire por lo que suponían que era la nariz y se lanzó hacia su novio desgarrándole la cara y el cuerpo con sus largas uñas.

Los hechizos que los profesores lanzaban no daban resultado y Potter gritaba de agonía.

El monstruo que ahora era Elinor lo estaba despedazando.

Los alumnos gritaban y corrían en todas direcciones. Los más pequeños se aferraban a los mayores y los prefectos, aterrorizados también, trataban de mantenerlos calmados.

Cuando lograron apartar a Elinor de William, ya era demasiado tarde.

El joven había muerto.

Ethel vio todo esto y se sintió enferma.

¿Qué había hecho?