Disclaimer: Los personajes que reconozcáis y el universo le pertenece Rowling.

No soy ella, así que sigo siendo pobre.


"Este oneshot está participando en el fictober del grupo Wizarding Shippers"


Palabra de hoy: Delirio.


Realidad distorsionada.


Pintaba ser un buen partido. Uno de esos en los que el sol estaba en su mejor momento y por tanto había buena visibilidad. Jason Ballace zigzagueaba por todo el campo evitando que le quitaran la quaffle. Los cazadores de Gryffindor estaban siendo especialmente agresivos. Y él lo entendía. Si perdían este partido, se quedarían fuera de la competición por la copa.

Su buscador había estado enfermo y su reemplazo era por decirlo amablemente, un desastre.

Jason no sabía qué pruebas le habían hecho, o si el hecho de ser amigo del capitán le había conseguido el puesto, pero ni aunque tuviera la snitch delante de las narices la atraparía.

Y de verdad que no exageraba. Eso se lo dejaba a Licaios. Para ser un Slytherin, parecía a veces una Hufflepuff histérica.

Lanzó la quaffle cuando estuvo seguro de que encestaría y sí. Marcó.

No pudo disfrutarlo mucho tiempo sin embargo; Porque una bludger le dio en la cabeza y lo último que vio antes de que todo se oscureciera, fue la cara espantada de Licaios.


-¡Vamos! ¡Fuera! ¡Fuera! ¿No veis que mi paciente necesita descansar? Será posible... Estos jóvenes de hoy en día ni respeto tienen por el descanso de los enfermos.

La voz de la enfermera se escuchaba distorsionada. Como una radio con la que están jugando y suben y bajan el volumen todo el tiempo.

Un rato después, la oscuridad volvió a reclamar a Jay Ballace.


-Hey, amigo. ¿Cómo estás?

-¿Se puede saber qué haces aquí? Seguro que vienes a sabotearme para que no pueda jugar. Gryffindor rastrero...

-Jay... Soy Licaios.

-Tonterías. Li nunca se pondría vestimenta de Gryffindor ni una extraña cabeza de pato.

-Creo que definitivamente necesitas descansar porque estás diciendo muchas bobadas, tío.

-¡Baja la música! ¿Quieres? Se escucha muy alta.


Esa no fue la primera vez que Jason tuvo problemas para distinguir la realidad.

A su jefa de casa la percibía con garras negras y al director parecía flotarle una cabeza extra.

No parecía mejorar así que lo derivaron a San Mungo.

Sus amigos estaban preocupados pero sabían que era lo mejor.


A la golpeadora de Gryffindor la habían sancionado por atentar contra la vida de un estudiante indirectamente.


-Ellie, hermanita. ¿Cómo está Li? Ya viene la luna llena. Será un lobo con grandes dientes como los de esa señora...

-Soy mamá, cariño. Y eso no es una señora. Es tu padre.

-No, profesor Binns. No he hecho las tareas. Las letras bailan Claqué, ¿sabe?


No parecía que Jay fuera a mejorar. Había cosas que ni los hechizos podían curar.

Y aunque a algunas personas las alucinaciones delirantes del chico le parecían hilarantes y divertidas, no lo eran.

A veces gritaba de miedo sin razón aparente. Solo por lo que había en su cabeza.


Licaios habló con su tía Belarmina Bulstrode que tenía tanto dinero que no gastaba que parecía que fuese a sacar telarañas. Y con ese dinero combinaron una medicación muggle con una poción y los delirios de Jason se detuvieron.

Pero el joven tendría que tomar cada mañana la medicina.


-¡Li! ¡Li! ¡Creo que la medicina no funciona! ¡Oh, por Merlín!

No fue Nott quien se acercó, si no Oberin Greyback.

-¿Qué son esos gritos, cachorro?

-¿Eres Oberin, no?

-¿Quién iba a ser si no?

-Yo... Estoy viendo cosas de nuevo. -Señaló sus cortinas.

-Ahí parece haber calaveras y dementores. Los veo.

Greyback apretó los dientes con furia. Anthony Rosier no era alguien con el que le gustara estar habitualmente, pero era un jodido loco y el perfecto junto con él para esta tarea.

Ballace no era de su grupo, pero nadie se metía con un Slytherin. Y ya sabía quienes habían gastado la bromita.

-También lo veo, Cachorro. Han sido unos graciosos que lo han dibujado en tu cama.


Jason no sabía que creer. Temía que su propio cerebro estuviera distorsionando la realidad.