Disclaimer: Inuyasha y sus personajes no son míos. La historia si :)

Tenías que ser tú

By

LadyLoveU7


—Hay cámaras de seguridad.

—Eso es lo de menos. Puedo mandar que las apaguen ¿no lo crees?

—¿Estás sugiriendo que salgamos de la oficina sin permiso? —susodicho asintió con emoción, y no pudo más que mirarlo con reprensión— No.

—¡Keh!

—¡Dije que no, Inuyasha!

—No tienes opción —cogió su abrigo y se lo aventó en la cara, el otro lo miró iracundo. — vamos, tenemos el tiempo encima.

—Lo notará.

—Por supuesto que no —contradijo exasperado— solo se la pasa tras su laptop como el imbécil que es. Deja de temer a Sesshomaru por una vez en tu vida, Miroku. Anda abrígate que afuera está refrescando y no quiero que bebas de más para calentarte. Te dejaré tirado en la fiesta si lo haces.

—¡No es miedo! se le llama sentido común ¿tú lo conoces? —dijo con ironía marcada en su ronca voz varonil— ¿de verdad lo crees tan idiota como para que no note que nos hemos ido sin su permiso?

—¿Cómo va enterarse si las cámaras estarán apagadas?

—Él maneja hasta nuestras vidas.

—No la mía —empezó a colocarse la costosa gabardina bordó de cuero.

—No hagas esto. Tú relación con tu hermano es de por si tensa. Si se entera de esto un despido será la menor de nuestras preocupaciones.

—No quiero llegar tarde a la fiesta —dijo abriendo la puerta trasera que esa oficina tenía. Al ser Inuyasha parte dueño tenía una oficina— ¿vienes?

—Sabes que no.

Inuyasha sonrió.

—Eres un marica, Miroku.

—¡Tozudo cabeza hueca! —escupió con rabia, como odiaba que lo llamara marica— Si quieres ir vete, pero tendrás que hacerlo solo. No voy a infligir ninguna regla.

...

La fiesta estaba con la música en su máximo volumen martillandoles el cerebro. Había muchas personas que no conocía. Ni siquiera de vista. Y había muchos ebrios.

—¿Por esto arriesgamos nuestros cuellos?

—¿Tú qué crees?

Inuyasha siempre se salía con la suya, había consentido después de todo que lo arrastrara a la dichosa fiesta. Ya podía imaginarse la cara de pocos amigos de su hermano mayor.

Tragó en seco.

—Tu hermano va a matarnos.

Inuyasha resopló fastidiado y se fue de ahí, pero Miroku lo alcanzó tomando por el brazo e impidiéndole que lo dejara solo.

—¿A donde crees que vas? —bramó furioso— ¿vas a dejarme solo?

Vio como un chica muy guapa se acercaba a su amigo. Este asintió con una sonrisa y desapareció del lugar. El peliplata siempre era un imán con el género femenino, pero no tanto como él. Aunque claro, a Inuyasha le seguían las mujeres de bien, no las zorras como a Miroku Tsujitani.

—¿Quieres relajarte? es una fiesta ¡Vamos a divertirnos!

Lo miró con odio mientras se alejaba, resopló. Necesitaba urgentemente un trago, pero una voz conocida le hizo frenar en su lugar.

—Kagome —dijo saludándola— ¿qué haces aquí? ¿te cansaste de ser la niña buena de papá?

—Já, já. ¿Vienes solo? —Miroku negó —Mi hermana y mis primos están de visita, y quería pasar tiempo con ellos. Solo Sango quiso acompañarme a la fiesta.

—¿Sango?

—Mi prima.

—No la ubico.

—Claro que no tonto, llegó ayer de Okinawa —dijo buscando a la joven con su mirada —y es muy bonita así que más te vale comportarte, Miroku.

Miroku hizo una cara falsa como si sus palabras le hubieran ofendido.

—Mi querida Kagome, te equivocas.

—¡Aquí estás! Sango él es Miroku —dijo cuando una muchacha de largo cabello castaño se acercó a ellos con una sonrisa— Miroku ella es Sango, mi prima. ¿Ves que es bonita?

—Si —contestó con chulería, la joven comenzó a ponerse nerviosa e inmediatamente clavó la mirada en la peliazulina de su prima.

—F-fui a.. a.. —la jovencita tartamudeaba— a la barra. U-un placer —dijo dándose la vuelta.

Miroku asintió, se había quedado atónito al verla. Era bonita, alta y esa cortita falda azul se le pegaba a las esbeltas piernas.

—Bueno —dijo al ver que Kagome seguía ahí parada interrumpiendo su privacidad— creo que Kagome me dijo que debía hacer algo. Sola.

La chica se extrañó y miró a su prima.

—¿Ah si?

Kagome comprendió la indirecta y asintió fulminándolo con la mirada. Miroku sonrió triunfal porque hace tiempo que le debía una grande y ahora se la cobraba. Forzó una sonrisa y se retiró dejándolos solos.

—Iré al baño.

Sintiéndose deliberadamente echada caminó sin ganas hasta la barra de bebidas. Le pidió al barman un mojito de fresa doble.

—¿No es temprano para beber eso? —se giró para mirar al dueño de esa voz con una sonrisa.

—¡Bankotsu!

—¿No crees que la música está fuerte?

—Si, algo.

—Lo arreglo —dijo mirando al joven tras la cabina de sonido e iluminación haciendole una breve seña. La música empezó a bajar, y Kagome sonrió al joven de larga trenza y ojos azules con una amplia sonrisa.

—Ahora podemos hablar mejor.

—¿Cómo has estado? —preguntó sentandose al lado de ella en el taburete— te vi entrando con una chica ¿es la tal Rin de la que me hablaste ayer?

Kagome negó.

—Ella es Sango, mi prima.

—Ah.

—Te ves cansado —comentó— ¿estás trabajando horas extras? —Bankotsu asintió.

—Si.

—Sigue exigiéndote más de la cuenta —dijo sintiendo pena por él.

—Así es.

—Deberías hablar con él, Bank —dijo con empatía, Bankotsu sonrió de lado y le tocó el cabello suavemente con sus dedos enredándolos en sus hebras oscuras. Kagome sintió un escalofrío en su espina dorsal e intentó apartarse del contacto. No se fiaba de Bankotsu, aunque podían seguir siendo amigos sabía que él continuaba sus mañas.

—¿Te preocupo?

—Claro que si, somos amigos ¿no? —se encogió de hombros y rió.

—Si, claro. Solo amigos.

Bankotsu sintió como la furia le bullía por el interior. ¿Amigos? ¡casi se habían acostado! Eso no lo hacían los simples amigos. Carraspeó, compuso su mejor sonrisa enloquecedora y le acarició suavemente el rostro.

—Te ves muy hermosa hoy, Kag —Kagome retrocedió y enarcó una ceja.

—No lo arruines.

—¿Qué?

—Cuéntame, Bank ¿cómo le va a Jakotsu? Apuesto que en la Universidad de Princeton se ha perfeccionado mucho más que en la Stanford —Bankotsu resopló molesto por su rechazo.

—Le va bien —dijo molesto, muy muy molesto. No le gustaba que ninguna mujer lo rechazara, y menos la que tenía ahora a su lado tan hermosa y atractiva— Jakotsu siempre tuvo talento, de pequeño cosía sus propias prendas y las exhibía en la escuela como si fueran creaciones de Givenchy. No dudamos de que llegará muy lejos con sus diseños. Y que prestigiosas firmas van a quererlo.

—Es un gran tipo —dijo sonriendo.

—¿Kagome? —murmuró volviendo a su tono ténue— ¿porque te empeñas en rechazarme todo el tiempo? ¿olvidaste lo que sucedió hace tres meses?

—No es eso, Bank —dijo dudando, no quería herir sus sentimientos, pero debía explicarle ahí mismo que ya no lo quería— mis sentimientos han cambiado, ¿entiendes? Hay alguien más —lo miró a los ojos azules, debía hacerlo si quería confesarle aquello— discúlpame.

—¿Cuándo pasó?

—Hace tres meses.

—¿Cuando te fuiste corriendo de mi casa? —Kagome asintió— ¿quién es? ¿lo conozco? —Kagome enérgicamente. No podía decirle que si lo conocía. No quería más problemas de los que tenía.

—Claro que no lo conoces, es un viejo conocido de la Uni.

—Kagome —dijo tomándole el rostro y haciendo que le mirara a los ojos profundos y azules como el mar— me encantas, mucho. No puedo seguir ignorando esa verdad.

—Bank, ya —dijo riendo— estás exagerando.

—No, me gustas. ¿es que no puedes aceptar que no dejo de pensarte ni un segundo? pareciera como si te me hubieras metido bajo la piel. Es muy fuerte.

—No se trata de atracción física. No quiero ser una más de tus conquistas y... mira, olvídalo ¿sí? nunca vamos a entendernos —dijo levantadose del taburete, empezó a caminar rumbo al baño, debía salir de ahí ahora mismo.

Llegó al sanitario, se mojó la cara y se retocó un poco el maquillaje corrido reprendiéndose por no haber utilizado el que Rin le había recomendado a prueba de agua, se miró en el espejo. Los rockeros a la esquina de su casa no le hubieran envidiado nada su maquillaje, se dijo divertida. Guardó su labial color rojo en el bolsillo de su jean azul marino y salió. Pero no vio que alguien venía caminando con prisa hacia su dirección, se chocó con el sujeto sin siquiera saber quién era.

—¡Oye qué..!

Se quedó paralizada al notar que aquel sujeto, el cuál conocía demasiado bien, ahora la miraba receloso —él si la había reconocido a penas la chocó— y con ganas de saltarle encima enojado, en su mirada brotaba el odio, del más puro y crudo. Kagome tragó en seco.

—Tú —dijo tartamudeando— h-hola...

—¿Qué carajos haces tú aquí? —escupió enojado, la miró de arriba abajo con desdén— ¿acaso estás siguiéndome?

—No —dijo con obviedad, se obligó a sonreír con mucho esfuerzo —¿Y tú-u, cómo has estado?

—Que te importa —dijo pasando por su lado y chocando con algo de fuerza su brazo izquierdo, provocando que se tambaleara sutilmente— procura mantenerte alejada de mi ¿oíste? —Kagome dejó que se marchara, así, sin responder de ninguna forma a su agresión.

Sus ojos empezaron a aguarse todavía más por aquellas crueles palabras, pero procuró no quebrarse frente a las personas que estaban por ahí visualizando su desprecio público. Caminó enojada de nuevo hasta el bar, al llegar el moreno ya no estaba, se sintió más sola que nunca y pidió otro mojito.

Comenzó a beberlo suavemente hasta que no quedó nada de él. Sonrió con tristeza. Tres meses atrás lo tenía todo, ahora sin embargo, no tenía nada. Ni siquiera sentía como si pudiera tener un amigo de verdad. Los únicos que todavía darían su vida por ella eran Miroku, su hermana Rin y ahora su prima Sango, a quién veía una vez cada seis meses. Apestaba.

Se tomó el rostro con las manos y se perdió un rato entre sus propios sentimientos. Se hubiera marchado hace dos horas de no ser porque Sango estaba quién sabía donde ligándose a Miroku. No podía dejarla sola y simplemente marcharse como tanto quería. Pidió otro trago, y sonrió al ver que era un mojito. Los mojitos le encantaban, siempre le habían gustado. Y más los de fresa con moras azules. Tal como le gustaban también a su hermana. Pidió otro, y otro, y otro hasta que su alocado cerebro le dijo que ya había sido demasiado alcohol, pero como estaba en estado depresivo, decidió pedir uno más al seductor Barman que tenía en frente.

No quería arruinar la noche más de lo que ya lo había hecho ella para otros. Así que continuó bebiendo hasta que sintió que ya no tenía motivos para sentirse triste.

o.o.o

Caminaba por todos lados buscando a Miroku, pero sin éxito. ¿Dónde se había metido?

—¡Carajo! —dijo cuando otra vez le saltó la contestadora—. Maldito, Miroku ¿donde estás?

Se dirigió con furia hasta la barra de bebidas y se pidió un trago, miró por todos lados si el pervertido de su amigo aparecía. Sin embargo, no había rastros de él por ninguna parte. Parecía que se hubiera esfumado, pero sabía que nunca se iría sin él.

A menos de que hubiera encontrado a una suripanta de quién sabe donde y lo dejara esperándolo como un tonto. Y sospechaba que eso era lo que había pasado.

El cachondo del morocho no podía mantener su polla quieta por mucho tiempo. Incluso, en su fiesta de cumpleaños número veintiséis, le había dejado claro hasta donde era capaz de llegar follándose a una de las sirvientas que tenía en la mansión de sus padres, la chica se había enamorado perdidamente de él sin importar que él no deseaba algo serio con ella. La muchacha le gritó y le abofeteó delante de todos, y no le importó nada.

Nunca olvidaría su cara de consternación. Y desde ese suceso no había vuelto a pisar la casa de sus padres. No sabía porqué, sabía que la vergüenza no formaba parte de su libidinosa existencia. Así que debía ser porque la muchacha seguía aún trabajando en la mansión y no quería continuar con aquél conflicto. Tal vez sería por eso, se dijo distraído. Tomó otro sorbo de su bebida y se la acabó de un tragó, se limpió la comisura con su muñeca, y en el proceso, la vio.

—¿Kagome?

—Bebió de más —dijo el barman dándole un papel en la mano, Inuyasha lo miró y se dio cuenta que tenía apuntado un número, miró de nuevo al barman y después a la chica como preguntándoles que debía hacer— me dijo que llamara a ese número si quedaba inconsciente —le informó, e Inuyasha empezó a sacar su celular para empezar a marcarlo.

—¿Porque te lo dio?

Se encogió de hombros.

—Estaba aquí.

Inuyasha marcó el número, pero no oprimió la tecla verde de llamada, más bien tomó a Kagome en brazos y la llevó a un lugar menos bullicioso y más oscuro donde podría sentarse con ella. No daba señales de recuperar pronto la conciencia, además olía a alcohol puro.

Las mujeres que lo veían pasar con ella en brazos se alejaban maldiciendo entre dientes, de seguro debían pensar que se trataba de su novia, y que pretendía cuidarla tras su borrachera. Que alejadas estaban de la realidad, se dijo examinándola con paciencia. Se veía hermosa dormida.

Kagome era una chica muy hermosa, además de sexy y traicionera, se dijo colocandola en uno de los sillones largos que habían en las esquinas para parejas. Las personas que estaban ahí parecía que no conocían —o les daba igual— la intimidad, porque se estaban besando como si nunca más besarían a un ser humano.

Frunció el ceño y se concentró en la chica durmiente, se veía realmente bonita con su cabello alborotado y su rostro apacible. ¿Hace cuanto que no dormiría?

Kagome trabajaba en una clínica medica en Tokio, era una muy buena recepcionista y su presencia elegante le había hecho hacerse dueña del puesto. Pero últimamente, sus horarios le habían resultado apretados, y continuamente le comentaba a Miroku —el amigo que compartían— que ya no tenía casi tiempo ni de dormir.

Miroku solía hacerlo enfadar comentando cosas privadas de la vida de Kagome que él no le preguntaba. Cuando solían ser amigos no le molestaba saberlas y ayudarle, pero en el momento en que su amistad pasó a la historia Inuyasha le dejó bien claro —incluyendo a la misma Kagome— que ya no quería saber más nada relacionado a su vida, ni tampoco de ella.

Kagome Higurashi había muerto desde el preciso momento en que decidió cambiar su amistad por irse a encamar con Bankotsu Shichinintai, rompiéndole el corazón en mil pedacitos; Inuyasha se la pasó diciéndose todo el tiempo que eso iba a suceder.

Kagome estaba enamorada de ese imbécil y le importó un bledo aquella vez que lo besó en su propia graduación.

La había invitado porque —además de Miroku y su familia— ella era la que más le importaba que asistiera. Y lo hizo, rompiendo en mil pedazos sus tontas ilusiones de amor por ella.

—Mmm...

Kagome se movió de un lado a otro cerca de sus piernas, e Inuyasha se tensó, lo mejor sería llamar a ese mentado número y sacarsela de encima. Volvió a moverse e Inuyasha pensó que esos movimientos lo volverían loco.

—Mm..

Esta vez ella sola se colocó entre sus piernas, con medio cuerpo entre ellas. Se giró para observarlo, pero Inuyasha sabía que no lo estaba mirando. Su borrachera era muy fuerte como para reconocerlo. Aún así Kagome se veía apacible, y hasta sonreía de lado.

—¿I-inu-yashaaaaaaaa...?

Se quiso morir.

acaso... ¿acaso ella lo había reconocido?

Le acarició el cabello con ternura y ella casi sintió que flotaba en una nube de idilio, o eso era lo que le transmitía en sus bellas y suaves facciones deprimidas. Ahora recién se daba cuenta de que había llorado porque su maquillaje estaba corrido. Sin embargo, al verla más de cerca notó que no solo había estado llorando sino que también se había retocado el maquillaje, específicamente el labial. La máscara de pestañas y el delineador la hacían ver como una bruja, y sin embargo, a Inuyasha se le antojó sexy y hermosa.

¿Que coño estaba pensando?

—Mm..

—¿Kag? —susurró cerca de su oreja— ¿me oyes?

Asintió muy suavemente y le sonrió de lado.

—Siii.

Ese si había sonado muy sugerente; Inuyasha se tensó y prefirió no seguir indagandole, más bien dejó que volviera a relajarse. Para su desgracia Kagome no hizo eso sino que siguió moviéndose hasta colocarse enteramente entre sus piernas.

Vale, al principio eso no le había molestado. Hasta él lo tenía en mente para hacerlo, pero las cosas estaban un poco complicadas. Y no se refería al hecho de que ya no fueran amigos sino a que ella aún le seguía gustando. Como el primer día, y eso le cabreaba profundamente.

—¡Despierta! —murmuró— ¡por favor!

Lo único que recibió en respuesta fue una sonrisa débil y un ronquido apenas ella cerró sus ojos. «Maldición». ¿Qué iba hacer con esa mujer?

Suspiró cansinamente. A veces deseaba con todas sus fuerzas tener la facilidad y la rapidez con las que Miroku se deshacía de las mujeres, pero no podía. Él era un sujeto decente, no un libidinoso como el morocho. Suspiró por enésima vez en esa noche de «fiesta». Que más que fiesta era un grano en el trasero. Porque todo se había ido por el caño. Desde que se encontró con Kagome en ese lugar todo había salido a tomar por culo.

Pero de pronto, volvió a acordarse de aquel número apuntado en aquel papel.

Lo tenía aún en su bolsillo, ¿y entonces porqué no llamaba? ¿porque simplemente no se deshacía de ella llamando a quién sea que fuera el dueño de ese número? Inuyasha sacó presuroso su teléfono celular y comenzó a marcarlo, para llevarse la sorpresa, de que el número seguía ahí marcado, solo que él jamás oprimió la tecla verde de llamada.

«Solo debes oprimir "llamar", y tu problema desaparecerá», pensó.

Pero tan rápido como pensó aquello su subconsciente le volvió a reprender recordandole que Kagome se sentía a gusto con él. Que ella aún quería ser su amiga a pesar de lo idiota que había se había portado en el pasado. Eso lo tenía en claro, se había dado cuenta cuando le habló con rudeza y ella casi se quebró en el baño.

Había sido un imbécil.

Y durante todo el rato se había estado reprendiendo por haberle hablado así, pero no estaba seguro de meterla nuevamente en su vida. Había sufrido mucho por su culpa. Tal vez si la dejaba ir con el imbécil de Bankotsu... todo se arreglaría.

¿Todo se arreglaría? ¿Eso era lo que quería?

¿que corriera a los brazos de otro?

«No».

Se sorprendió con la rapidez que su subconsciente le restregaba sus verdaderos sentimientos. No podía seguir engañándose, y por más rudo que se portara con ella, la quería. Jamás podría odiarla, ella era tan hermosa y buena.

Le había explicado desde un principio que quería ser únicamente su amiga. Que no necesita ser su novio para ser importante en su vida, porque Inuyasha ya lo era. Era sumamente importante en la vida de Kagome Higurashi, y ella en la de él, aunque había sido un cabezota insensible.

Ese día que le confesó estar enamorado de ella y lo rechazó, se alejó con el corazón hecho trizas. Ella no había sido cruel con él, pero Inuyasha lo sintió como si le hubieran propinado una paliza en el corazón.

Sin embargo, su subconsciente aún seguía machacándolo haber roto la amistad que tenían de años. Porque creyó que ella lo había traicionado, creía que ella estaba mal. Que ella no estaba en sus cabales por no corresponderle, que la que se había equivocado era ella. No él. Que error.

—Siempre te querré —susurró.

Le dio un sutil beso en la mejilla, la cargó entre sus brazos saliendo con cautela por la puerta trasera de aquel antro. Lo mejor era que nadie los observara marcharse o podrían pensar cosas fuera de lugar.

Miroku podía irse al demonio, Inuyasha se iría con Kagome.

La cargó en asiento del copiloto y empezó a conducir por las húmedas calles de Tokio, ese día parecía que llovería, pero no estaba seguro. Al llegar a su apartamento guardó su lujoso BMW y cargó a la chica de nuevo entre sus brazos. La recostó un momento en el sofá.

Empezó a desnudarse subiendo por las enormes escaleras, necesitaba urgentemente una ducha. Kagome comenzó a abrir los ojos mirando medio borroso como ese perfecto y bronceado torso subía el último escalón de aquella lujosa escalera de esa casa, y sonrió de lado.

Cuando salió del baño Kagome ya no estaba acostada en el sillón sino sentada en él. Parecía tener la mirada perdida en algún punto de la casa.

Cuando se acercó a donde estaba cautelosamente, ella clavó sus ojos chocolate en él y le sonrió débilmente. Carraspeó un poco antes de hablar.

—Esto.. ¿qué hago aquí? —no se dio cuenta por estar un poco mareada que él estaba envuelto solo con una toalla a la cintura, se sonrojó y apartó la mirada de las gotitas de agua que se perdían entre los cuadritos profundos y bien marcados de su torso— ¿Porque m-me trajiste aquí? —Inuyasha se cruzó de brazos, enarcó una ceja al notar su sonrojo y sonrió de lado sardónicamente.

—Te emborrachaste —dijo a modo de reprimenda— estabas dormida encima de la barra ¿en que estabas pensando?

—En.. —se calló, no tenía sentido explicárselo, tampoco le creería—... nada.

Inuyasha negó de manera reprobatoria.

—Lo que hiciste fue estúpido —se sentó a su lado y notó como ella se tensionaba, pero lo disimulaba con una pequeña sonrisita— no deberías beber así.

—Lo sé —murmuró— no volverá a suceder —Inuyasha asintió y empezó a levantarse del lugar que había tomado a su lado con un bostezo.

—Iré a dormir. Estoy muerto.

—¿Puedo..? —dudó, no sabía como preguntarle sin recibir una negativa— ¿puedo.. dormir a-aquí, Inuyasha? —Inuyasha asintió.

—Si.

—Okay.

—Buenas noches —dijo despidiendose, Kagome asintió con una sonrisa.

—Gracias por todo. Buenas noches.

Inuyasha se dio la vuelta, pero inmediatamente se volvió a ella.

—¿De quién es ese número que le dejaste al barman?

—Oh, de Rin, mi hermanita.

—¿Tienes más hermanos aparte de Sota? —preguntó interesado. Kagome asintió.

—Si, bueno, Rin en realidad es adoptada. No nos la querían entregar hasta que cumplió los quince, pero decidió vivir en Okinawa un tiempo con nuestros primos para matricularse diseño gráfico. No muchos saben de su existencia, Rin es una joven frágil y dulce que ha sido golpeada por la desgracia —Inuyasha enarcó una ceja.

—¿Ah si?

—Si —asintió— nadie lo sabe, y ella no le gusta hablar de eso, pero te lo cuento sabiendo que no dirás a nadie. ¿Verdad?

—Sabes que no —Kagome sonrió e Inuyasha sintió como el pulso se le disparaba. Trató de recomponerse y prestar atención a su relato.

—La familia de Rin fue atacada por bandidos cuando ella tenía cinco años, vio como esos infelices mataban a su familia frente a sus propios ojos —le narró— y cayó en peor orfanato de Tokio.

»Cuando ingresó a la secundaria sus profesores estaban algo preocupados por que no hablaba en absoluto. Y decidieron ponerle un psiquiatra para que pudiera expresar mejor su sufrimiento.

»Desde ahí empezó a desenvolverse mejor y sus calificaciones también mejoraron, mamá la conoció en el orfanato cuando tenía quince, y de inmediato quiso traérsela para que viviera con nosotros. Sin embargo, había muchas complicaciones legales y ya estaba bastante mayor para adoptar, o esas eran las tontas excusas que esas monjas de quinta nos decían. La realidad era que quería que se quedara para hacerla trabajar como asno, la hacía trabajar demasiado para ganarse el sustento y no fue hasta que consiguió una beca e ingresó en la Universidad que al fin pudo largarse de esa mierda y venirse a vivir con nosotros.

»Todavía recuerdo su cara de agradecimiento. Estaba tan feliz que hasta se puso a llorar, y nosotros también, por supuesto. Pero la alegría nos duró poco cuando nos dijo que iría a la Universidad de Okinawa. Acababa de entrar en nuestras vidas y ya se iba, nos parecía tan injusto que.. ¡Ash!

Inuyasha casi sonrió al ver el mohín que había hecho, le hacía ver tan tierna. Incluso cuando rezongaba se veía bonita. Sacudió la cabeza de pronto para alejar esos tontos pensamientos y se concentró en su relato otra vez.

—¿Qué paso después? ¿Sigue en Okinawa?

—Ahora está de vacaciones con nosotros. Pero ella vive con mis primos Kohaku y San...—se quedó muda al recordarlo— ¡Oh Dios mío! ¡Sango, la dejé en la fiesta sola! ¡Tengo que volver! —Inuyasha se levantó cuando ella lo hizo tratando de tranquilizarla—. ¡No me pidas que me tranquilice, Inuyasha!

—Calma —dijo poniendo un brazo en su hombro— Llámala primero y asegúrate a donde tenemos que ir a recogerla. Iré a cambiarme por mientras.

—Está bien —dijo preocupada, haciendo caso omiso al hecho de que el peliplata estaba muy cerca de ella y casi desnudo, sonrió de lado intentando alejar esas tonterías de su mente— la última vez que nos vimos estaba con Miroku —dijo intentando cambiar de tema bruscamente— ¡eso es! ¡Está con Miroku! ¡estoy casi segura que se quedó con él!

—¿Cómo dices? ¿con Miroku? ¿porqué?

—Se la presenté, y ambos se quedaron a gusto el uno con el otro. Yo me retiré para darles espacio y me fui a... —se calló de pronto, casi había mencionado un nombre que no le hubiera agradado nada escuchar a Inuyasha. Menos mal que se contuvo a tiempo— a la barra. Y ahí empecé a beber como una cosaca.

—¿Estás segura de eso?

—¿De qué?

—¿De qué de ese tiempo estás bebiendo? Kagome, Miroku y tu prima llevan perdidos desde hace horas —le dijo enojado— ¿me estás diciendo que todo ese tiempo te la pasaste bebiendo mojitos y cervezas?

—¿Y eso qué?

—¿Como qué "y eso qué"? —negó y tomó el celular que había dejado cargando en el buro y empezó a marcar el número que se conocía de memoria—. Eres una tonta, Hola ¿Miroku? ¿Eres tú?

—¿Quién más sino mi hermano? —su voz sonaba perezosa, y llena de placer. Inuyasha ya podía imaginarse lo que había sucedido.

—Te llamé —fue al grano— varias veces.

Miroku rió del otro lado.

—Lo sé, vi tus once llamadas perdidas, mi hermano.

—¿Y no pudiste devolverme ni una? —dijo enojado— a veces no sé porque no me largo y te dejo disfrutar tu vida en paz —quisó colgar, pero de pronto recordó que debía preguntarle lo de la prima de Kagome—. Escúchame, tonto. ¿Estás la prima de Kagome contigo? Sango creo que se llama.

—Sango sip —dijo lánguidamente y volvió a soltar una risita ronca— claro que estoy con ella. Y como estoy...

—Ya —cerró los ojos con frustración, el idiota de Miroku jamás asentaría cabeza, era hora de que lo fuera asumiendo de una vez por todas— ¿donde están? Iremos a buscarlos. Kagome está preocupada por ella.

—Si le hizo algo...

—Que Kagome me perdone, mi estimado amigo. Pero Sango se quedará conmigo en este lugar hasta mañana —soltó un pequeño hípido, y ahí no más dedujo que ambos habían bebido casi tanto como Kagome, o incluso más—. Hasta entonces les pido que no nos llamen —y colgó, Inuyasha quiso estrangular el celular con sus propias manos, se calmó para enfrentar a Kagome.

—Están juntos.

—Voy a matar a Miroku —dijo decidida— voy a.. —soltó un pequeño hipo que la hizo desestabilizarse por completo, y recordó que aún estaba un poco borracha— perdón, creo que aún tengo efectos de los mojitos.

—¿Tú crees? —dijo irónicamente—. Si yo no hubiera aparecido ¿quién crees que hubiera hecho algo para ayudarte?

—¡Ya lo sé!

—Lo sabes, pero aún así te emborrachaste.

—Todos cometemos errores, no eres perfecto al igual que yo.

—¿Estoy diciendo que soy perfecto?

—Estás regañandome. Mucho.

—¡¿Y qué pretendes que haga?! —bramó— si Miroku hubiera respondido a alguna de esas llamadas y nos hubiéramos largado de esa puta fiesta. ¿Quién crees que te hubiera ayudado? ¿el barman?

—Tal vez si —repuso ella enojada— y tal vez él hubiera llamado a Rin para venir a buscarme.

—Seguro que lo hubiera hecho —dijo dejándose caer en el sillón— de seguro te hubiera follado como un necrófilo y solo cuando se cansara de ti hubiera llamado a tu hermana. Eso si no te hubiera drogado demasiado y matado por sobredosis. En ese caso se hubiera deshecho del cuerpo en el río ¿Acaso tienes mierda en tu cerebro Kagome? ¿no mides las consecuencias de tus actos?

Kagome escondió el rostro como una niña pequeña pillada en una travesura.

—No fue a propósito. Estaba triste porque me desairaste de tal forma en el baño que...—se dejó caer en el sillón también— quería olvidarme de todo lo que me daña, como el hecho de que ya no somos amigos ¿es eso tan malo?

Inuyasha se le quedó mirando atónito al escucharla.

—¿Estás diciéndome que bebiste solo por que te desairé?

—No fue un simple desaire.

—¿Qué?

—Tu mirada derrochaba desprecio, Inuyasha —murmuró— me hiciste sentir como la peor mujer del mundo. Y eso ya es mucho decir —suspiró— creo que quizá sea mejor que me lleves a mi casa. Puedo decirle a mi mamá que me quedaré aquí, pero después de esto, en verdad quiero irme.

—No sabía que mi actitud te había afectado tanto —dijo débilmente— te pido disculpas, Kagome.

Kagome sonrió de lado.

—Disculpado.

Inuyasha la miró e imitó su sonrisa de lado.

Kagome lo observó y sintió como sus mejillas empezaban a totalizarse de un leve y bonito tono carmín. Inuyasha le provocaba cosas, cosas importantes. El albino se relamió los labios mirando los de Kagome quién se los mordió con el intenso deseo de que la besara, pero sabía que debía ir despacio.

—Quédate.

—¿Qué?—dijo suavemente.

—Quiero que te quedes.

—Eh, yo —dudó.

—No me hagas que te lo ruegue ¿si? —Kagome sonrió de lado con altivez.

—¿Inuyasha Taisho rogando? Pff, primero lloverían perros y gatos.

Inuyasha soltó una carcajada, y ella lo imitó. Hacía tanto que no compartían ni una risita inocente, un intercambio de miradas o una salida entre amigos. Cuando Inuyasha rompió su amistad se dio cuenta que le importaba bastante. Por eso su decisión le había dolido tanto, pero ahora estando sentada ahí con él a su lado todo a su alrededor cobraba vida. Y es que para empezar, jamás pensó que volvería a compartir algún tipo de espacio físico con él.

Kagome sonrió de lado y agachó la cabeza mirando la gran mano masculina descansar sobre la toalla que colgaba de sus estrechas caderas. La tomó entre sus manos para juguetear con sus dedos. Sorprendentemente, él no se la quitó.

—No pensé que volvería a entrar a tu departamento.

—¿Por?

—Me dejaste muy en claro que no querías saber nada de mi.

—Eso fue porque estaba enojado.

—Furioso —corrigió.

—Ok. Furioso.

—Jamás te había visto de esa manera —dijo asombrada y jugueteando con sus dedos— Dios santo, era como si.. me odiaras.

—Yo nunca podría odiarte —negó— y créeme que lo intenté. No tengo esa capacidad simplemente.

—Que bueno es saberlo —sonrió agachando la cabeza— Le avisaré a mi mamá que hoy dormiré aquí —sacó su móvil del bolsillo de su jean y empezó a marcarle a su mamá. Luego de un rato de charla colgó la llamada. Inuyasha la miró sin dejar de pensar en el doble sentido que tenía eso último que ella acababa de decir. Negó.

—Te prepararé la habitación de invitados.

—Gracias —sonrió con cariño de nuevo e Inuyasha pensó que pronto sus hormonas saldrían disparadas a todas partes de la casa. Sobre todo por la habitación donde dormiría ella.

Kagome empezó a caminar, se había acostumbrado a caminar por aquellos pasillos las veces que había estado ahí. Como los conocía no se le dificultó encontrar la habitación de invitados y entró como si fuera su casa. Al saberse sola comenzó a desnudarse, deseaba desesperadamente una ducha caliente. Así que abrió una de las llaves de agua de aquel baño particular y se metió.

Inuyasha entró luego de golpear dos veces la puerta de la habitación de invitados, y con mucho cuidado colocó las sábanas a los pies de la cama de Kagome, se fijó en la ropa que la muchacha había dejado en un cesto y la examinó. Su sostén era de puro encaje rojo con una braguitas diminutas. Tragó en seco. De pronto, viró la cabeza y como Kagome salía envuelta en una bata de toalla, y se sorprendió de verlo husmeando su ropa interior.

—¿Qué haces?

—Nada —dijo dejando las cosas en su lugar— e-el agua estuvo ¿bien? —Kagome asintió acercándose a su ropa interior.

—¿Estuviste husmeando en mis bragas?

—¿Eh? no, no no —sonrió de lado nervioso. Kagome vio como ya no estaba semi desnudo con una toalla enredada a su cadera, sonrió de lado como él— será m-mejor que me v-vaya.

Tartamudeó un par de cosas antes de salir de ahí, pero apenas dio dos pasos que Kagome decidió que jugaría un rato con su actitud curiosa. Y ambos lo disfrutarían. Sonrió más ampliamente y agarró las bragas enseñándoselas con la mano.

—Si querías verla solo me lo hubieras dicho —dijo lanzandoselas al torso, Inuyasha las atrapó consternado— ten.

—¿Porque me las estás dando?

—No te las doy tonto —puso sus brazos en jarra y lo desafió con la mirada— solo te las presto para que las veas a placer. Y sin culpas.

—No las quiero —dijo lanzandoselas otra vez, Kagome volvió a lanzarselas, pero esta vez en su cabello plateado— ¿qué pretendes?

—¿Con qué?

—Con esto —los señaló a ambos— creí que solo querías mi amistad.

—Y la quiero, Inu, pero —dijo acercándose a él con paso lento, cosa que se le pareció muy sensual— te quiero también a ti. ¿Qué tiene eso de malo?

Inuyasha negó.

—No te creo —dijo cuando ella llegó enfrente de él, muy muy cerca de él— y aunque bebiste seis mojitos y tres cervezas porque te ninguneé, no te voy a creer que te gusto.

Kagome se mordió el labio apenada y sonrió con cariño.

—Me gustas, Inu. Mucho.

—Basta —dijo con suavidad.

Kagome se acercó y se abrazó a su torso enfundado en una playera negra de algodón. Dios le quedaba muy bien, y contorneaba perfectamente los músculos que poseía. Era un dios griego caído del Olimpo. ¿Cómo podría resistirse? Tendría que ser lesbiana para rechazar a semejante bombón. Carraspeó suavemente antes de soltarlo.

—Mira, sé a lo que te refieres —Inuyasha comenzó a salir por la puerta, pero ella lo detuvo suavemente tomándolo por el brazo— ¡no te vayas! ¡por favor!

—Sólo no quiero oírte ¿no lo entiendes? —se soltó de su agarre para mirarla a los ojos— no soy Bankotsu. Jamás lo seré.

—No quiero que lo seas.

—Mientes —negó— sólo me mientes por lástima. Y eso me lastima mucho.

Kagome lo tomó del rostro y le besó en la comisura de la boca muy suavemente. Inuyasha abrió los ojos como platos. ¿Ella le había casi besado?

—No necesito que seas nadie más que Inuyasha Taisho —luego sus brazos pasaron al rededor de su nuca y se pegó a él. Inuyasha había empezado a contener la respiración y le pasó los brazos por su menudo cuerpo también— Oh, Inu.

—No sé que pretendes —dijo sobre su aliento, y sonrió—, pero empieza a gustarme.

Kagome sonrió sintiéndose sonrojada como un tomate.

—A mi también —lo besó, Inuyasha atrapó sus labios en un candente beso y luego la soltó para verla a los ojos.

—¿Estás segura de esto? —ella asintió.

—Demasiado.

—¿Porqué ahora? —quiso saber, arriengandose a romper la romántica atmósfera creada a su alrededor— ¿Y porqué yo?

Kagome se encogió de hombros.

—¿Porqué no tú? —le hizo una breve caricia en la nariz con la suya— nadie jamás hubiera hecho por mi lo que tú has hecho. Y sin pedir sexo a cambio. —«cómo hubiera hecho Bankotsu», pensó para su fuero interno. Claro que no se lo diría a él— tal vez te dije que no, te rechacé; pero no he dejado de mirarte el cuerpo desde que desperté aquí —se mordió el labio— y ya ni siquiera tienes el torso desnudo. Realmente te deseo, Inuyasha.

—Tú quieres... —susurró cauteloso— ... eso?

—Lo quiero.

—¿Conmigo?

—Ajá.

—¿Ahora?

—¿No crees que me haces demasiadas preguntas? —rió, pero Inuyasha no se prendió en su risa— ¿qué pasa?

Inuyasha negó.

—No quiero sufrir.

—No vas a sufrir, tonto —dijo riendo, pero Inuyasha tampoco se rió con ella.

—¿Cómo lo sabes? —quiso saber— ¿cómo sabes que no vas a levantarte mañana con ganas de huir y arrepentida de lo que sucedió? ¿cómo sé qué tú quieres hacer esto conmigo? Con el idiota que es sólo tú amigo.

—Ya no te veo así —dijo simplemente aún estando en sus brazos.

—¿Estás en abstinencia?

—Claro —dijo irónica— porqué mejor no te callas y comienzas a besarme como un loco —su voz sonaba mucho más suave y tierna— donde se te ocurra. Y donde tú quieras.

Inuyasha sonrió de lado y comenzó a besarle el cuello suavemente, como pequeñas lamidas de un cachorrito, y Kagome se sintió muy dichosa y querida, sentía que él era muy suave y atento. Sin haber comenzado con el sexo aún. Lo abrazó más profundamente atrayendolo con toda su fuerza hasta su pequeño cuerpo. Necesitaba sentir cada parte de ese dura musculatura sobre ella. Con cariño y aprecio.

—Inu —suspiró ella.

—Nena —dijo mordiendo el lóbulo de su oreja y dirigiéndola suavemente hasta la enorme cama con pasos torpes— te voy hacer el amor en mi cama hasta que grites por piedad.

Kagome asintió con cariño.

—¡Oh!

La recostó sobre el colchón y subió con su lengua por todo su torso. La llenaba de pequeños y húmedos besos, y ella se sentía más que querida en sus brazos al sentir el cuidado y meticulosidad de su caricias ardientes. Debía admitir que era afortunada porque Inuyasha le hubiera dado otra oportunidad. Y más fortuna era descubrir que a ella también le gustaba. Sobre todo el día en que le rechazó. El día que Inuyasha había roto su amistad de casi cinco años, y la había dejado hecha un mar de lágrimas.

—¿Qué sucede? —había preguntado preocupado el moreno de larga trenza al verla llorar y con el cabello un poco revuelto— ¿qué sucede Kag?

—Inuyasha —murmuró dolida— rompió nuestra amistad hoy. Me acaba de confesar que está enamorado de mi, y yo le dije que le amaba, pero como amigo. No lo tomó demasiado bien, y me ha dicho que no quiere volver a verme —rompió a llorar sin más, y el joven se acercó para sobarle la espalda con suavidad.

—Ya —dijo guiándola a la mesa que había reservado para ella— No le hagas caso.

—¿Qué no le haga caso? —dijo soltándose bruscamente de su abrazo— lo lastimé, tonto¿cómo pretendes que ignore eso?

—No he dicho que lo ignores. Sólo que esperes a que la rabia y el dolor se le pasen, tranquilízate ¿si? —le dio un beso en la mejilla— quizá hasta te llama para disculparse por comportarse como un exagerado.

—No es exagerado, Bankotsu —lo defendió, y Bankotsu sólo rodó sus hermosos y profundos ojos azules con algo de cansancio— es una persona con sentimientos. Sentimientos que yo herí.

—No fue a propósito.

—No, pero.

—Kagome —dijo sobándose la sien con el dedo— tú no tienes la culpa de querer a otra persona que no sea él. En este caso soy yo esa persona. No te mortifiques si no puedes mandar a quién amas. Punto. Ahora por favor, solo quiero que cenemos —Kagome bajó la mirada a la mesa, luego la posó en la de él, y terminó negando sin más.

—Creo que lo mejor será que me vaya, Bank —murmuró abatida— discúlpame. Te llamo cuando llegue a casa.

—Ah no, siéntate.

La sentó con sus poderosas manos ejerciendo un poco de presión en sus delgados y femeninos hombros que estaban escondidos bajo la tela azul de su blusa.

—Vinimos a nuestra cita, Kagome. —se sentó llamando al mesero con un movimiento de mano— quiero sushi, y una botella de Cabernet de 1850 —cerró el menú y la observó— ¿que vas a querer tú nena?

Kagome cerró sus ojos y se encogió de hombros.

—Me da igual.

—Entonces lo mismo —dijo al mesero, este tomó ambas cartas y se retiró con una inclinación dejándolos nuevamente solos.

—¿Sabes Bankotsu? A veces te comportas como todo un imbécil.

—Gracias.

—No fue un cumplido.

—Lo sé —dijo sonriendo—, pero viniendo de ti cualquier cosa me agrada.

Esa había sido su última conversación. Después de la cena lo que estaba empezando entre ellos se acabó. Y Kagome no dejó de pensar en su ex amigo por más que lo intentara, ni cuando Bankotsu empezaba a desnudarla.

—¡Para! —dijo ofuscada.

—¿Qué es lo que te sucede? —dijo enojado.

Kagome tragó en seco y negó.

—No puedo continuar con esto —balbuceó halando su ropa y vistiéndose lo más rápido que sus temblorosas manos se lo permitían. Al vestirse completamente salió de la habitación de Bankotsu sin importarle ni un poco sus regaños del moreno.

Era un completo imbécil, por nada del mundo le permitiría que le pusiera el dedo encima otra vez.

Salió corriendo de su mansión y un taxy en una estación cerca de aquel lujoso barrio privado, y le indicó al conductor donde quería que la llevara; miró por la ventanilla, y observó que la casa de Bankotsu desaparecía cada vez más y más proporcionándole el alivio que necesitaba en ese momento de tensión. Se sentía aliviada de ya no tener que compartir más nada con mujeriego como él. Y a la vez se sentía como una idiota al haber rechazado lo que tanto sentía por Inuyasha. Y que al principio no quiso aceptar. Había sido una completa imbécil y ahora se arrepentía miserablemente.

—¡Qué idiota! —se dijo regañándose y halándose el cabello con impotencia— rechazaste a un maravilloso hombre y te quedaste con Bankotsu Shichinintai.

¡No te lo voy a perdonar, Kagome Higurashi! ¿me oyes? Nunca.

—¿En piensas?

—¿Eh? en tonterías —sonrió— no me hagas caso.

Inuyasha se quedó viéndola un tanto desconfiado, pero sonrió.

—Vale. ¿Qué tal si dejamos todo atrás de nuevo con otra ronda? —Kagome frunció el ceño y terminó aceptando con una sonrisa— esto recién empieza.

—Y espero que no termine nunca.


Hola! ¿Cómo están por ahí? Espero que muy bien con todo lo que está pasando. Espero, sinceramente que les haya gustado como espero que todos cumplan al pie de la letra esta cuarentena.

Besitos y nos leemos en el próximo :D

PD: Esto es SesshRin, aunque no lo parezca jajajaja

Muaac!