El día después de que fue dada de alta del hospital, Maya se sentó en la sala de estar, meciendo a su recién nacido en sus brazos. Habían pasado una agradable mañana juntos, su bebe se la pasó amamantando y durmiendo. El bebé parecía adaptarse bien a su nuevo entorno. Había tenido un colapso en el camino a casa desde el hospital, en primer lugar por el movimiento del auto y por su parte Maya no había dormido bien la noche anterior y fue una gran ayuda que su esposo y suegra estuvieran ahí para ayudar si se despertaba su bebe, pero la mañana había sido tranquila.

Maya acarició la parte superior de la cabeza de su hijo, inhalando ese maravilloso olor a bebé, y lo miró con adoración. "¿Puedes creer que nuestro bebe ya tiene casi una semana?" le preguntó a su esposo.

"Y el todavía no tiene nombre". Su suegra, que venía desde el otro extremo de la cuidad para ayudar con el bebé, entró en la habitación.

"Concuerdo con ella, al menos deberías de preocuparte un poco más por eso" Su madre recién había llegado esa mañana y junto con Manon no dejaban de sugerir nombres para él bebe.

Maya suspiro. "Mamá, por favor. No esto de nuevo".

"¡Bueno, piénsalo! El pobre niño no puede pasar la vida sin nombre".

"Solo tiene seis días, mamá".

Su madre olisqueó. "¿Solo 6? Manon y yo hemos hecho una lista de posibles nombres de niños y niñas con meses de anticipación. Cuando naciste, había reducido la lista de 'chicas' al día siguiente".

Maya abrió la boca para decir algo, pero fue interrumpida por Kentin. "Sabes, ellas tienen un punto. No podemos llamarlo 'bebé' para siempre".

"Tú tampoco", gruñó Maya.

"Oye, solo estoy ofreciendo mi opinión".

"Miren, lo estoy intentando. También hice una pequeña lista. En mis tiempos libres en la oficina me la pasaba pensando nombres lindos, pero solo obtuve 2. Simplemente no estoy... inspirada".

"¿Por qué no damos un paseo?" Kentin sugirió. "El aire libre siempre nos ha inspirado".

Diez minutos después, caminaban lado a lado por la playa. El ruido de las olas siempre relajaba a Maya, fue una de las razones por las que habían comprado una casa cercana al mar.

"En días como estos doy gracias que no compramos esa casa de la capital" jadeó, quitándose un mechón de la frente sudorosa. Sintió a su hijo retorcerse en sus brazos, y levantó las esquinas de la manta receptora para exponer la piel del bebé al aire. "Mira, incluso él está incómodo".

"No lo sé. Me gusto esa casa", dijo Kentin.

"¡Estás loco!" Maya se rio.

De repente, el estado de ánimo se volvió serio. "Mi madre tiene razón. No me parece real que hayamos tenido este bebé. No sin un nombre. Simplemente no sé cómo deberíamos llamarlo. Él se quedará con ese nombre por toda su vida, así que quiero que hagamos una buena elección. ¡Siento que ya he fallado como madre! "

Kentin puso una mano fuerte sobre el hombro de su esposa. Incluso en el calor sofocante, su cálido toque envió un hormigueo por su columna vertebral. "Escúchame. No has fracasado como madre. Estas cosas llevan tiempo. Recuerda que también nos casamos precipitadamente aun cuando nos decían que esperáramos un poco más. Ahora somos padres primerizos y creo que nadie nace con una guía para criar hijos. Además, si hay una lo que sé de ti es que somos un equipo y que hasta ahora hemos encontrado una solución a todo problema al que nos hemos enfrentado. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Te perseguía a todos lados, aunque eras amable conmigo yo sabía que había algo especial en ti. Cuando te propuse matrimonio, teníamos miedo e inseguridad porque apenas habías cumplido los 19, pero lo superamos y mira la gran vida que tenemos ahora. Eres una mujer fuerte, Maya. Sé que serás una madre fantástica para este niño. Realmente ya lo eres".

"Gracias." La voz de Maya tembló, y se limpió una lágrima de su ojo. "Perdón por ponerme tan emocional".

"Está bien. Esa es una de las cosas que más me gustan de ti, que siempre has mostrados ser una mujer delicada y de buenos sentimientos", dijo Kentin con una sonrisa.

Se acercaban a una parte de la playa donde el agua era más tranquila. No habían visitado esa parte de la playa pero cuando se comprometieron ese había sido su refugio para pasaron buen rato antes de que Kentin se inscribiera en la escuela militar.

Recordó ese verano hace trece años, cuando había venido a la ciudad por primera vez. En el parque, conoció a Kentin, el futuro amor de su vida.

Qué diferente era en aquel entonces, pensó Maya. Ambos eran unos niños que simplemente fueron amigos pero que ahora caminaban por la playa, casados y con un hijo recién llegado. Al principio tenía miedo de casarse, miedo de comprometerse con Kentin porque significaba un gran paso para ambos, miedo de crecer. Maya sonrió para sí misma mientras pensaba en cómo había cambiado su vida.

Tenía 21 años ahora, con un esposo maravilloso y un pequeño milagro de niño. Aunque ambos aún seguían con sus estudios, se apoyaban mutuamente.

Las olas ahí eran mucho más pequeñas. "¡Mira bebé!" lo destapo un poco, acariciando el castaño cabello de su hijo. "¿Te gusta el mar?" Maya se arrodilló y le mostró la arena a su bebe.

Mientras el pequeño enfocaba sus ojos, una mirada de asombro pasó por sus diminutos rasgos. Los verdes ojos de su bebe se estaban aún adaptando a la luz pero hizo una pequeña señal para que lo destaparan un poco más. "¡Eeeeeeh!" chilló su hijo, saliendo de su ensueño y moviendo más la piernitas

"¿Viste eso, cariño?" Maya le preguntó a su esposo.

"Lo vi", respondió. "Si el piensa que es impresionante, ¡espera hasta esta primavera, cuando vea flores del parque!"

Ambos se detuvieron para contemplar el mar. Entonces, de repente, la realidad golpeó a Maya como un rayo. Era como si todo su embarazo, todas las horas estudiando libros, todos los meses hurgando en su cerebro en busca de buenos nombres, la hubieran llevado a este momento.

"Adam", susurró tan suavemente que ni siquiera estaba segura de sí el viento podía oírla.

"¿Qué dijiste?" dijo Kentin.

"Adam. Ese nombre me gustaría para el bebe".

Su esposo levantó una ceja. "¿Estas segura?"

"Cariño, lo digo en serio. Viste la forma en que miraba el mar. Y la razón por la que nos conocimos es porque vine por el mar... por favor, tienes que confiar en mí en esto, me gusta la forma en la que miramos todo por primera vez. Siento que está destinado a este nombre." La voz de Maya estaba temblando de nuevo. "Nunca he estado tan seguro de nada en toda mi vida".

"Está bien, está bien, confío en ti". Kentin pensó por un momento. "Adam O´Connor" dijo, probando el nombre. "Sabes, tiene un lindo sonido. Me gusta".

"¿De Verdad?" Maya exclamó.

"Vamos mañana y registremos al bebe"dijo Kentin.

"¡Perfecto!"

"Bueno, entonces parece que ya estamos listos".

"Entonces, ¿esto es todo? ¿Finalmente hemos decidido un nombre?" La sonrisa de Maya se extendió de oreja a oreja.

"Seguro que sí". Kentin tomó al bebé de su esposa y besó su regordeta mejilla. "Bienvenido al mundo, Adam".

Nota del autor: Como sabemos, los apellidos de los chicos no están confirmados, me estoy guiando por apellidos comunes en Francia, aunque también pensé en Francoise ( fransua) aunque me gusto mas el primero.