A veces creo que Ash y Serena no podrían tener un final feliz. Ambos son muy diferentes. Pero así son las piezas de rompecabezas, tan diferentes que se complementan, y al estar juntas un paisaje se dibuja, y sabes que deben estar unidas. Entonces supe que sí, uno era lo que necesitaba el otro.

Pero Ash no pensaba lo mismo que yo.

Y nunca lo pensó, aun a sus veintitrés años no lo hacía, por eso no tocaba el tema, por eso decidió olvidar un poco a Serena. Olvidarla para que ella se olvide de él y no tenga que sufrir por un corazón rechazado. Serena nunca reclamó, derramó pocas lágrimas y continuó sonriendo. Porque una chica bonita no llora, le resta belleza, y ella no podía contaminar su belleza con hábitos tan negativos como llorar. Por eso, y miles de razones, lo perdonó. Y lo único que le pidió, después de meses de haber terminado en una situación algo incómoda, salir unas horas con él antes de irse.

Recuerdo la última vez que se vieron.

Ash pasaba el peso de su cuerpo de una pierna a otra. Se aferró a su bufanda negra y arregló su jersey azul. Hacía frío, el otoño estaba casi por terminar y Serena no llegaba. Su amigo amarillo no estaba, en esa ocasión decidió dejarlo con el profesor, después de todo, su amigo necesitaba descansar también.

- Por culpa de la farándula mi pobre Serena tiene que ocultarse cada vez que sale. Eso de perseguir a alguien...si tanto tiempo libre tienen que me lo den a mi que me falta.

Pensó divertido mientras esperaba a Serena. Llegaba quince minutos tarde, seguro la estarían acosando por ahí. Pero no le molestaba, la entendía a la perfección, sobre todo porque ella se iba Jhoto y no tener a su mina de oro los estresaba y dejaba sin noticias interesantes.

¿Por qué habrá querido irse tan lejos? Ash no entendía, pero bien por ella. Si eso la ayudaba a crecer, que lo haga. Él era igual.

Veinte minutos. Tal vez mejor la buscaba.

O mejor la esperaba. Si algo pasaba ella le llamaría y cancelaría su reunión. Pero él sabía que Serena nunca lo haría, Serena era capaz dejarlo todo por estar con él.

Ese pensamiento lo turbó.

Se peinó el cabello azabache con los dedos, mejor no pensaba en eso, le daba mucha pena saber que Serena estuvo enamorada de él y la rechazó. Decidió dejar sus pensamientos a un lado y seguir esperándola.

Y ella no llegaba, ya era media hora y no llegaba. Y Ash no se molestaba. Serena ya no era una artista, pero seguía siendo como una estrella que todos querían ver, iluminando a todos con su sonrisa. Y ella aparecería, como una estrella en la noche, delante de él.

- ¡Ash!

Y lo hizo, corriendo asustada y mirando su reloj de muñeca con desesperación. Ash sonrió, verla tan asustada era gracioso. Dejó la pared en donde había recostado la espalda y caminó a su encuentro. Tenía razón, apareció, como una estrella en la noche, delante de él.

- Perdón, me retuvieron en la entrada al set.

- No importa. Son las seis, seguro tienes hambre. Vamos a la recepción a comer algo.

Serena aceptó con felicidad por escuchar "comida", y por ir con él, por supuesto. Ash empezó a caminar delante de ella con lentitud, como si pensara. Serena se unió a su paso, caminando junto a él, teniendo una sensación de felicidad inmensa, sus últimas horas en Kalos con la persona que amaba.

Ella aún lo amaba, y mucho más que antes. Pero había aprendido que amar no era retener, era dar libertad, por eso se iba, para olvidar, para ser feliz porque Ash era feliz sin ella. Y ella lo amaba, tanto como para irse y dejar que él sea feliz.

— La calle está vacía. Los jueves nunca viene nadie. -Ash finalmente rompió el agradable silencio. La miró por el rabillo del ojo y dibujó una sonrisa delicada.

- Por eso pensé que debía irme un jueves -Serena respondió sin mirarlo, sin dejar de sonreír.

- O tal vez porque hace frío.

- Tal vez. Pienso que el otoño es una bonita estación para pasear por todos lados.

Serena empezó a correr para perseguir varias hojas otoñales que eran arrastradas por el viento, haciendo resonar sus tacones rosa y bailar su falda negra.

Ash miró divertido su juego. Su espalda estaba adornada por una blusa rosa pálido y con su cabello cayendo como cascada. Ella podía llegar a ser algo infantil a veces, como ahora.

Llegaron al restaurante favorito de Serena. Un lugar que no era ni muy fino ni muy sencillo. Pidieron una mesa después de asegurarse que no hubiera mucha gente y Ash movió la silla para que ella se sentara, luciendo la caballerosidad que había adquirido con los años. Serena agradeció el gesto con una sonrisa, Ash se la devolvió y se sentó frente a ella.

- Siempre pido lo mismo, esta vez déjame probar algo distinto.- Serena se aferró al menú con entusiasmo.

- Pide lo que quieras, es tu último día en Kalos y debes pasarla bien.

No pudo percibir la repentina melancolía en sus ojos.

-Este...este se ve bien, lo probaré.

- Tampoco lo probé, vamos a pedir dos.

El mozo se retiró y los dejó solos otra vez. Ash se inclinó un poco y comenzó a jugar con el salero, gesto que hacía cuando estaba algo nervioso.

Aun así, el silencio con ella seguía siendo agradable.

Levantó por una fugacidad su vista y se encontró con su mirada. Serena ladeó la cabeza y se acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja.

Aún recordaban esa noche.

Esa noche

- Me gustas.

Serena se lo había confesado, lo miraba con ojos cristalinos y una sonrisa temblorosa. Con los brazos pegados al cuerpo por el nerviosismo.

- Cuando te besé lo dije, sin necesidad de palabras. Te quiero de una forma especial, y ahora puedo estar segura que te amo...

- Lo siento. No puedo aceptarte.

Hizo una mueca al recordar. Serena se lo había tomado muy bien. No gritó, no lloró, ni lo odió. Solo sonrió después de unos segundos de silencio y asintió. Su relación era especial y profunda, sin necesidad de estar enamorados. Con eso se consoló. A partir de ese día, Ash sintió incómoda su relación, pero no podía evitar sentir que aún la esencia estaba. Y que no quería perderla. Cortar la comunicación le fue difícil, tener que aguantarse las ganas de verla fue difícil. Siempre se preguntó por qué.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

- ¡Sabe muy bien! Fue la mejor elección, las cosas nueva a veces dan miedo, ahora no me arrepiento.

- ¡Muy bien!, por el nombre no lo elegía, sonaba muy saludable.

Serena dejó su tenedor para ocultar con su mano una risa encantadora.

Era bonita. Ahora con sus veintitrés años ella era una mujer atractiva. Ash pensó que, si fuera un imbécil, hubiera aceptado sus sentimientos sólo por su belleza, pero él no era así.

- ¿Pedimos postre? Hace mucho que no como pastel.

- Antes eras muy fan de lo dulce, Ash.

Una risa silenciosa lo dominó -La edad, creo.

- Sí, estas un poco viejo.

- Claro, Serena la recién nacida.

Las risas joviales llenaron la mesa. La cena fue agradable, de pronto se vieron conversando hasta de temas sin importancia. Pero así era su relación. Juntos hasta las cosas sin valor cobraban uno. Y eso era algo que Ash disfrutaba.

- Muchas gracias por la comida.-Serena juntó sus manos con satisfacción.

- Vamos al estanque, los Swanna deben estar durmiendo y te gusta mucho verlos.

- Vamos.

Fue al salir del lugar cuando otra vez se quedaron en silencio. Sin saber qué decir. Hasta que un suspiro de Serena por ver el paisaje del estanque en la lejanía lo sacó de su mutismo.

- Ash, te dije que el otoño es una bonita estación...

En esos segundos, sin querer, como si fuera una broma, como burlándose de ella, sus manos rozaron levemente. Ambos se miraron con sorpresa, sin saber qué decir. Serena se sonrojó y bajó la mirada con vergüenza.

- L-Lo siento...

Y se adelantó unos pasos para no verlo.

Ash pudo ver cómo Serena empezó a acariciar con la yema de sus dedos aquella zona que habían rozado hace unos segundos.

¿Seguirá enamorada de mí?

Cierta parte de su orgullo rogaba que sí, pero su consciencia rogaba que no. No quería confundirla, no quería verla triste por él. Después de todo, ella aún era su amiga, una chica especial, que siempre consideró fuerte y que podría olvidar eso.

Pero, aún siendo actriz, no podía fingir no sentir nada cuando estaba con él.

Se sentaron en una de las bancas solitarias delante del estanque. La calle vacía, el ambiente frío, el cielo gria, los árboles con hojas otoñales, todo parecía querer decirle algo a ambos. Parecían querer gritar lo indecible. Ash sacó dos sobres de comida para esos seres emplumados y le dio uno a Serena para empezar a alimentarlos. Las luces de los faroles empezaron a encenderse, indicando que eran las siete. Uno de los faroles alumbró el cabello de Serena, dándole un brillo especial. Ash la miraba, deseando que esa sonrisa que ahora lucía siempre se quedara en su rostro. Por un momento sintió su corazón latir con mucha fuerza, asustándolo.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

Serena pudo sentir la miraba profunda que Ash le daba, y sin verlo, habló con suavidad.

- ¿Por qué me miras tanto? ¿Tengo una mancha? ¡No me mires!

Con rapidez le dio la espalda y sacó un espejo para verse el rostro. Tocándose por todos lados con vergüenza.

Ash no pudo hacer más que reír.

- No tienes nada, solo pensaba.

- ¿En qué? -preguntó con tranquilidad mientras guardaba el espejo y arrojaba otra bolita de comida al estanque.

- En tí.

Por un segundo su respiración se cortó, por un segundo su corazón se desbocó, por un segundo fue feliz, por un segundo se permitió imaginarse a su lado.

- ¿Por qué en mí? -Serena no quería ilusionarse, pero era difícil no pensar en cosas bonitas cuando estaba con él.

- Sólo pensaba...-Por un segundo, Ash siente los nervios apoderándose de él- ...que quiero que seas muy feliz en Jhoto.

Él evita mirarla, por alguna razón, siente la necesidad de que sus manos rozen otra vez.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

- Gracias, Ash.

La suave voz de Serena le provocó sensaciones extrañas en el cuerpo. Aún no quería mirarla. Sólo la escucha hablar de las cosas que haría en la nueva región, las películas donde actuaría, los actores que conocería. Y él sonreía, disfrutando de la emoción que ella irradia al contar sobre lo que le gusta.

- Por eso sé que seré feliz -terminó su relato con satisfacción -ya no hay nada que me ate a Kalos.

Ash dobló los dedos sobre su regazo. ¿Nada? ¿Nadie?

Serena sonrió con ternura.

El corazón se le desbocaba, ¿qué sentía? ¿Por qué?

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

¿Pero fue por eso?

Ash amaba lo desconocido, amaba descubrir. Pero había cosas que tenían que tomar su tiempo. Sabía que Serena lo amaba, pero él no podía decir lo mismo, y no quería ser injusto con ella, prefirió no meterse en el tema, más por el bien de Serena que por su propio bien.

Y la comida se acabó, y la conversación terminó, tenían que regresar. Ash esperó a que Serena esté unos pasos lejos para incorporarse y seguirla. Eran las siete y media y hacía frío. Serena miró su reloj de muñeca y una mueca de decepción y tristeza decoró su rostro. Ash sabía que ya debía irse, suspiró resignado, las despedidas no eran lo suyo, por más natural que las tomara.

Serena detuvo sus pasos después de unos minutos -Ash...gracias por darme este momento. Si hubiera salido más temprano hubiéramos hecho más cosas, pero fueron mis últimas horas más bonitas. Espero que algún día nos volvamos a ver.

La escuchaba, su corazón le latía muy fuerte, y dolía. No supo qué pensar cuando ella giró para verlo y quedar frente a él.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

Sin decir nada, sin pensarlo mucho, Serena se acercó sin detenerse y aprovechó que el chico era solo unos centímetros más alto para pararse de puntitas y darle un beso en la mejilla.

Un beso suave que terminó por desbordar su corazón.

De pronto nada existía, ni el frío se sentía. Era Serena frente a él y nada más. Se quedó ahí, con su suave aroma, con sus labios en su rostro, sonriendo, respirando suavemente. No pudo estar de puntas mucho tiempo, posó su mano en su pecho para estabilizarse, y por la inercia Ash tensó su cuerpo y cubrió su mano con la suya.

- Eres muy especial para mí, que no se te olvide. Por favor, eres muy especial.

Susurró con delicadeza, con una voz tan suave como dulce. Después de ese delicado contacto, Serena se separó para míralo a los ojos. Por unos segundos, Ash sufrió de confusión al sentir la necesidad de nunca terminar ese momento.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

Sin avisar, Serena se separó por completo y se fue corriendo todo lo que sus tacones le permitían, respirando con dificultad por la emoción del momento y el dolor que le suponía dejarlo todo y empezar de cero.

Ash sólo la miraba sin que el cuerpo le respondiera. Entonces ella giró por completo y extendió sus brazos con profunda felicidad para gritar lo que se quedaría para siempre en su memoria.

- ¡Te amo!

Ella aún lo amaba, y mucho más que antes. Pero había aprendido que amar no era retener, era dar libertad, por eso se iba, para olvidar, para ser feliz porque Ash era feliz sin ella. Y ella lo amaba, tanto como para irse y dejar que él sea feliz.

Ash sintió algo en el pecho, en el lugar que ella había tocado.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

No era amor, no te puedes enamorar en unos minutos de una persona con la estuviste muchos años.

Y siempre se lo repetía, cuando ella regresaba a su memoria, cuando esos fantasmas lo atormentaba diciendo que la había perdido para siempre.

Las primeras semanas sintió su ausencia. Después se halló buscando un hogar en Kalos. Un años se encontró un día limpiando la ventana, mirando a través del vidrio ¿qué esperaba ver? No estaba seguro, pero limpiar la ventana todos los días a las cinco de la tarde se volvió un ritual.

Esperaba verla aparecer, como una estrella en la noche, verla aparecer.

No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé.

Limpiaba la ventana con el trapo negro, viendo el cielo negro, con los sentimientos completamente negros, en ese invierno negro.

Mientras ella es feliz, feliz porque piensa que él es feliz.

Y aunque ahora ese hombre juraba amarla, Serena no podía dejar de pensar si alguien había conseguido enamorar a Ash en ese tiempo.

- Eres muy valiente por confesarme tus sentimientos. Pero...lo siento, hay un hombre que no puedo olvidar.

- Eso no me importa. Permite que te enamore, déjame intentarlo. Quiero enamorarte, Serena. Por favor.

Serena sonrió. Aquella persona quería amarla. ¿Qué le diría Ash?

Entonces apareció su rostro sonriente que hacía su corazón latir, sus ojos mirándola con cariño, su mano tomando la suya con fuerza.

Se feliz, Serena, se muy feliz. Me gusta verte feliz.

Sí, seguro le diría eso.

-Está bien...


¡No puede ser amor, no la amo, por eso la rechazé!

Ash gritó con fuerza, estrujando su cabeza con ambas manos. Dejó caer su cuerpo sobre la pared, dejando resbalar su espalda por ella hasta quedar sentado en el suelo. Serena parecía haber dejado de amarlo si aparecía con un hombre en aquella revista que acaba de destrozar

Feliz, se veía muy feliz.

Y él no era él.

Ya se olvidó de él.

Ash estaba confundido. ¿No era eso bueno? ¿Acaso no quería que Serena se olvidará de él?

Pero eso no era la verdad. Desde el dia que la rechazó tuvo miedo de eso. Y ahora se daba cuenta que no quería que ella lo olvidara. Su pequeño amigo lo miró con tristeza y se fue, entendiendo su necesidad de soledad.

Dejó que los ojos le ardieran mil infiernos por las lágrimas acumuladas, no iba a pestañear para no derramarlas, se aclaró la garganta oxidada y apretó los labios con fuerza, levantando el rostro.

No era justo para ninguno de los dos.

Porque él la amaba, y después de tiempo lo comprendía. Pero había aprendido que amar no era retener, era dar libertad. Por eso olvidaría, para ser feliz porque Serena era feliz con otra persona. Y él la amaba, tanto como para dejar que ella sea feliz.

Y Ash no supo que aquel hombre nunca logró enamorarla. Ella sabía que eso pasaría, por eso rehusaba salir en esa revista, y quedar como "buenos amigos" es lo que pasó. Nunca hubo besos, nunca hubo palabras de amor porque ella nunca permitió que ocurriera.

- No es amor, yo te dije que no puedo olvidarlo. Lo siento...lo siento tanto...

- No te preocupes. Espero que seas feliz. Yo...yo quería hacerte feliz.

Y nuevamente se quedó sola, en medio de una calle silenciosa, con sus lágrimas empapando su rostro. Igual al día que Ash la rechazó. Serena no pudo enamorarse, su corazón, cargado de emociones, lo había dejado en Kalos. Entonces agradeció su soledad para llorar libremente. Caminó ocultando su rostro con sus manos, llorando todo lo que no lloró desde su rechazo. Lo extrañaba, necesitaba verlo como nunca antes. Ash no la amaba, era consciente, pero era imposible olvidarse de él. ¿Esperar a que cambie sus sentimientos hacia ella estaría bien? Posiblemente no, pero hasta no ver a Ash con alguien más no se rendiría. Entonces lloró más, deseando que nada de eso ocurriese. Ella iba a esperar.

Dios dijo una vez cómo es el amor verdadero: el amor espera, no tiene prisa, es calmado. El amor entiende...y por eso espera.

Y por eso Ash esperaba, esperaba a que Serena volviera a Kalos y le confesara que nunca pudo dejar de amarlo. Esperaba verla y decirle que la había extraño y que tambien la amaba. Esperaba tomar sus manos y pedirle que se quedara con él para siempre. Entonces agradeció su soledad para recostarse en el piso y pensar en ella mientras dejaba que el sueño le ganara.

Porque ellos aún se amaban, y como nunca antes. Pero habían aprendido que amar no era retener, era dar libertad, por eso esperaban, y eran felices porque pensaban que el otro era feliz. Y ambos se amaban, tanto como para esperar muchos años para volver a verse.

Y Serena estaba segura que Ash no la extrañaba, pero esperaría a verlo aparecer delante de ella con una sonrisa.

Y Ash estaba seguro que ella aparecería, como una estrella en la noche, delante de él.

Aunque Dios, quien tiene el poder sobre tiempo y espacio, sabía que ese día no llegaría.

A veces creía que Ash y Serena no podrían tener un final feliz, y recordé que uno era lo que necesitaba el otro.

Y en estos momentos ambos se necesitan, hasta el punto de creer que el otro era feliz y por eso no debían hacer nada más que esperar.

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[Fragmento del longfic "Horas Grises". El cual eliminé]