Disclaimer: Hazbin Hotel no me pertenece, es propiedad intelectual de Vivziepop.

Advertencia: Violación. Privación de libertad. Tortura (supongo que todo aquello que se puede contrar en el infierno).

¡Hola a todos! Este es mi primer fanfic en este fandom. Debo admitir que me siento un poco nerviosa.

Hago algunas aclaraciones respecto al contenido.

Uno, Rosella es creación de May Rodríguez en el grupo de los chupapitos en Facebook. Ella hizo me hizo el favor de prestármela, así como algunos detalles de los cómics que hace para mi historia. Si deseas ver su trabajo sugiero lo busques en el grupo. Ella no publica más que ahí y en Wattpad con el seudónimo Shnmctsh.

Dos, soy multishiper y me encantan las ships bien raras, así que sí, encontrarán parejas muy extrañas.

Tres, hice varios dibujos sobre este fic. Tengo cuentas en Facebook, Twitter e Instagram con el mismo seudónimo, Abel Ciffer.


Capítulo Uno.

Nadie tiene la culpa


"Se puede ignorar la realidad, pero no se pueden ignorar las consecuencias de ignorar la realidad".

—Ayn Rand.


Cuando abrió los ojos las sombras se habían esfumado. Tomó un par de segundos diferenciar la penumbra de su habitación de la de su sueño, pero cuando lo logró se sentó en la cama. Dio un largo bostezo, oyendo el ding-dong de la campanilla del reloj en su mesa.

Algo sucedería.

Siempre que soñaba era por eso y si se despertaba antes de que sonara la alarma significaba que sería importante. No era presunción. Ya lo había comprobado en muchas ocasiones, como cuando su tía Hellsa intentó asesinar a su madre o cuando el rey vino a visitarlos inesperadamente cuando él cumplió cinco años

—Buenos días, señorito —saludó Purga al entrar. Purga era una demonia canario de largas patas y alas como brazos, las plumas de su cola sólo se comparaban con las de su cabeza pues eran grandes y de un hermoso color dorado. Tenía un pico y ojos negros con frondosas pestañas rojas. Era una de sus tres sirvientas, un "regalo" de su abuelo cuando cumplió tres años—. Elija lo que se pondrá para hoy mientras preparo su baño. Su señora madre me ha pedido que le recuerde que su ropa no sea "del todo formal". Después de todo será una pequeña salida.

Purga había muerto durante la Edad Media. Había sido la hija bastarda de un señor menor y para evitar un escándalo la regalaron a otra familia acaudalada. Trabajó durante toda su vida como sirvienta de las hijas de su nueva familia y murió cuando, tras años de abusos y humillaciones, envenenó no sólo a sus abusadores sino a todo el pueblo cuando sustituyó hojas de laurel por hojas de adelfa en los suministros. El tribunal la encontró culpable al ser la única sobreviviente y la colgaron en un patíbulo.

—¿Dónde está Plaga?

—Ella está ayudando a su madre a arreglarse —respondió Purga quitándole el cobertor de encima para apurarlo. Él entendió por lo que bajó de prisa para abrir el inmenso armario al lado izquierdo de la cama—. Me alegra servir a un señorito tan educado como usted. Llenaré de burbujas la tina para que disfrute su baño.

—¿Puedo canjearlo por un sándwich de gelatina para la cena? —preguntó tomando una camisa de mangas largas de color azul oscuro y unos pantalones cortos. Él habría escogido algo formal como lo que usaba su padre, pero no quería contrariar a su señora madre—. ¿Sabes si madre me permitirá ponerme el sombrero de padre?

—Respondiendo a sus preguntas, sí puede canjearlo por un sándwich de gelatina sólo le pido que procure no dejar migajas. Y sí, su señor padre dejó su sombrero para que pudiera usarlo con la condición de que obedeciera a Lady Von Eldrich en todo momento.

Él tenía una expresión reservada, poco podía apreciarse si estaba feliz por las respuestas. Sus sonrisas eran esporádicas, un gesto que rara vez tenía, pero no era porque estuviera triste sino por su habitual carácter tranquilo.

—Genial —dijo.

Cuando Purga terminó de preparar la tina, él entró al cuarto de baño. Era una habitación tan grande como su alcoba con azulejos en tonos verdes y rosas. La tina estaba cerca de un gran ventanal, y aunque había canjeado las burbujas por un sándwich, Purga las había añadido de todas maneras. Él se quitó la ropa de dormir y entró en la espaciosa bañera, demasiado grande para un niño de 7 años.

—¿Sabes algo sobre el lugar al que iremos, Purga? —preguntó a la vez que se tallaba los brazos. Purga se encargaba de su cabeza, ya que era el lugar más difícil de lavar por sus cuernos—. Madre sólo me ha dicho que saldremos, pero no a dónde.

—Me parece que Lady Von Eldrich quiere mantenerlo en secreto —dijo Purga acariciando con delicadeza los pequeños cuernos del niño. Eran especialmente sensibles y a veces era fácil lastimarlo si los tocabas con mucha fuerza—. Por lo que sé es por una ocasión especial. Lord Von Eldrich estuvo de acuerdo cuando ella le informó de esta salida y ayudó a prepararlo todo.

—No es que me queje, pero es extraño, ¿sabes? Madre prefiere quedarse en casa y no le interesa el mundo exterior salvo lo poco que padre comparte con ella cuando cenamos —mencionó cerrando los ojos cuando Purga le echó agua para enjuagarlo.

—Bueno, ella tiene sus razones, mi señorito, y no soy nadie para cuestionarla. Ahora, hay que terminar. Su señora madre quiere aprovechar el día.

Purga lo cubrió con una toalla larga y lo colocó sobre un banquillo para que él se secara. El espejo frente a él le mostró su apariencia, nada inusual en un niño que había nacido en el Infierno como él. Tenía la piel de un tono cenizo que hacia contraste con su cabello blanco con dos franjas rojas en las puntas, en la parte superior sobresalían dos pequeños cuernos. Sus ojos tenían sus pupilas claras y la esclerótica roja. Su rostro era redondito, típico de los niños pequeños, y su sonrisa todavía no mostraba todos los colmillos que tendría en su adultez.

—Le colocaré la loción para sus cuernos. No se mueva, por favor.

Tabris Von Eldrich se aferró a las esquinas de su toalla a esperar que el tormento iniciara. La loción mantenía sus cuernos humectados y reducía la comezón, por lo que aguantaría su incómoda aplicación por los beneficios. Purga era gentil con sus manos, pero hasta el mínimo toque era algo que podía sentir en todo el cuerpo.

Cuando finalizó, Purga lo volvió a cargar para ponerlo sobre la cama. Tabris empezó a vestirse con el conjunto que había elegido mientras ella regresaba a limpiar el baño. Ninguno tardó demasiado. Su rutina nunca tomaba mucho tiempo y Tabris sabía que Purga nunca se atrevería a importunar a su madre con algo tan horrible como la impuntualidad. Así que en menos de media hora estuvieron listos para dirigirse al comedor.

—¿Qué crees que suceda? —preguntó Tabris caminando al lado de Purga en el largo y desierto pasillo de la mansión Von Eldrich.

—¿Qué soñó esta vez, señorito? —preguntó sabiendo de la habilidad de Tabris para predecir eventos importantes.

—En mi sueño no había nada más que sombras. Se movían alrededor sin tocarme, algunas fueron familiares, otras muy aterradoras. El día en que tía Hellsa intentó asesinar a mi madre soñé con ojos furiosos que trataban de fulminar a una polilla. Entonces ¿qué significarán las sombras?

—Su señor padre no permitirá que nada malo le pase a usted o a su madre. Lady Hellsa lo aprendió por las malas. No puedo saber qué significan las sombras, pero sea lo que sea, no hay que tener miedo.

—Gracias, Purga.

—Vivo para servirle, mi señorito Tabris.

El comedor era un espacio considerablemente pequeño en comparación con las otras habitaciones. Había una gran mesa rectangular cubierta con un mantel verde. Sentada en una de las puntas, una mujer se entretenía revisando el periódico de ese día. Su piel era más oscura que la de Tabris y su cabello blanco no tenía franjas rojas sino rosas y le llegaba a los hombros. Su flequillo cubría la mitad izquierda de su rostro donde le faltaba un ojo. El ojo que le quedaba tenía la esclerótica en rosa y la pupila blanca. Su delgado cuerpo revelaba curvas delicadas con el vestido negro con hombros descubiertos que había elegido para ese día; las medias oscuras añadían elegancia a su atuendo.

—Madre —dijo Tabris caminando rápidamente hacia ella. Ella levantó la vista para recibirlo con una sonrisa y acariciarle la cabeza con gentileza cuando estuvo a su alcance—. Te ves guapa.

—Gracias, tú también te ves muy bien —pronunció acomodando el flequillo de Tabris con suavidad—. Espero que mi hijo se haya comportado cuando le pusiste la loción, Purga.

—El señorito fue cordial como siempre, mi señora —respondió Purga con orgullo.

—Bien —sonrió levemente—. Plaga está en la cocina ahora, ¿podrías checarla? Sigue sin comprender que salvadoreña no es lo mismo que mexicana y no quiero que le ponga picante a la comida.

—Me encargaré —hizo una corta reverencia y se marchó.

Tabris tomó el lugar al lado de su madre y le preguntó qué nuevas noticias había. Purga no tardó en regresar con un carrito lleno de comida. Detrás de ella venía Plaga, una demonio cucaracha a la que no le quedaba bien el uniforme de sirvienta. Tenía seis patas y ningún brazo, sus largas antenas servían para compensar este "defecto" y sus dos grandes ojos negros ocupaban casi todo el espacio de su cabeza. A diferencia de Purga, Plaga era una sirvienta que no tenía reparos en olvidar los protocolos de servidumbre. Nadie conocía el origen de Plaga sólo que sus habilidades eran temibles, pero Tabris nunca la había visto pelear.

—¡Buenos días, mi lindo muchachito! —exclamó Plaga corriendo hacia él para detenerse justo a tiempo, antes de tocar sus cuernos—. ¡Oh, lo siento, casi lo olvidó! Juro que ayer creí que tus astas habían crecido finalmente. Recuerdo que los niños crecían muy rápido cuando estaba viva, a lo mejor sólo era mi impresión… como sea, no olvides llevar comida, mucha comida. Preparé dos paquetes para que estés a salvo.

—Muchas gracias, Plaga —asintió el niño seriamente—. Cuando me dijiste que me comerían a besos en cuanto me vieran, pensé que estaba perdido.

Tabris solía tomarse las cosas literalmente. Por lo que Plaga solía confundir al pequeño con simples expresiones. Purga miró a su señora, pero ella sólo negó con la cabeza. Tabris era un niño, y aunque estaban en el infierno, todavía había espacio para un poco de ingenuidad.

—Las pondré en el auto, seguro que Penuria no me dirá que no cuando le diga para qué son —informó Plaga sacando dos paquetes detrás de la coraza en su espalda donde mantenía ocultas a sus alas—. Si alguien amenaza con comerte a besos, le tiras uno de estos a la cara y te echas a correr, ¿entendido?

—Así lo haré.

Purga evitó suspirar y se limitó a ver a Plaga salir.

—A veces me preguntó por qué la mantiene a su servicio, mi señora, Plaga no es más que una molestia.

—Ella es leal a nuestra familia y no pagaré su lealtad echándola de aquí.

Purga sintió una profunda devoción por Lady Von Eldrich. La mayoría de las familias de la nobleza demoniaca poco tenían de nobleza. Ninguna dudaría en degollar o deshacerse de la servidumbre que no le pareciera útil. Por eso se sentía afortunada de servir a los Von Eldrich, especialmente a ella y a su hijo.

—Ya es hora —informó Lady Von Eldrich cuando acabó su desayuno—. Tabris, hay que irnos.

—Sí, madre —se limpió las comisuras de los labios y le agradeció a Purga por la comida.

Purga se atrevió a romper el protocolo, acariciando la mejilla de Tabris con sumo cariño.

—Tenga un buen viaje, señorito, y no olvide no quitarse el sombrero de Lord Von Eldrich.

—Jamás —prometió Tabris con una pequeñísima sonrisa.


El armonioso sonido del piano de Chopin no consiguió reducir su nerviosismo. Miró por quinceava vez el reloj para verificar que no estuviera averiado; uno de sus huéspedes tenía por costumbre romper cada reloj porque le recordaban su estresante rutina de cuando estaba vivo.

Aún no era la hora.

Tenía tiempo para dar otra checada al hotel para asegurar que estuviera perfecto para ese día. Salió de su oficina para rondar los pasillos y confirmar que los huéspedes permanecerían casi todo el día en su habitación o saldrían a la ciudad para pasear. La depuración anual había sido el día anterior, y aunque el Hotel Hazbin contaba con la protección de varios demonios poderosos ahora, los sentimientos aprensivos habituales no habían podido evitarse. Charlie había optado por permitir que sus huéspedes escogieran su manera de quitarse el estrés mientras no rompieran las reglas principales de buena conducta.

El Hotel Hazbin llevaba abierto casi catorce años. Del lado positivo había conseguido prevalecer frente a situaciones complicadas. Del lado negativo todavía no tenían éxito. Los clientes habían demostrado una mejoría, pero hasta el momento ninguno había recibido el honor de la absolución. En este punto, Charlie, como creadora del proyecto, no sabía qué más hacer. Sus padres no habían querido ayudarla a dar ese paso, arguyendo que aún no comprendía del todo las bases del perdón divino y cómo ganarlo; Charlie había estado segura que un buen comportamiento era suficiente, pero tras años de incertidumbre ya no sentía tanta confianza.

Se detuvo a mirarse en un espejo cerca del vestíbulo. Había cambiado desde sus primeros días como la dueña del hotel. La jovialidad había sido sustituida por madurez, incluso había cambiado su peinado por uno más reservado y su ropa por algo más clásico, aunque los colores seguían siendo los mismos.

"¿Seguiré gustándole con esta apariencia?", se acomodó un mechón rubio detrás de la oreja, sintiendo esas cosquillas en su estómago al recordar las ocasiones en que ella mencionó lo mucho que le gustaba cuando lo hacía. Tan pronto como lo pensó, se sintió miserable. "Deja de ser egoísta. Lo que le hiciste fue imperdonable, tendrías suerte de que no te odie".

Bajó al vestíbulo donde encontró a dos clientes finalizando una discusión de a dónde irían ese día. Al parecer la zona norte había ganado popularidad por los bares que recientemente abrieron. Charlie les deseó que la pasaran bien y no fue necesario que les recordara que no se metieran en problemas, esos dos eran de sus huéspedes más prometedores.

Cuando se quedó sola se contentó con sentarse un momento en la que había sido la antigua barra de Husk. Charlie sonrió con nostalgia, recordando los años felices en los que el demonio gato había servido tragos a los pecadores que llegaban creyendo que él escucharía sus problemas. En la actualidad Husk tenía su propio negocio, y aunque a veces visitaba el hotel, prefería mantenerse alejado debido a… ciertas circunstancias.

Charlie soltó un gran suspiro.

"Tal vez sea tiempo de que yo también siga adelante", pensó mirando el pequeño calendario en forma de cerdito pegado en la parte trasera. Cuando vio la fecha hizo cálculos y no pudo sino sorprenderse. "Han pasado casi ocho años desde ese día… para bien o para mal, lo nuestro terminó. Quizás debería dejar que Angel me presente unos amigos…".

Charlie nunca podría olvidar lo que pasó en esa depuración. La imagen se le aparecía en sueños, a veces era tan espontaneo que salía cuando menos lo esperaba aun estando despierta. Charlie conocía bien los horrores que se practicaban en el Infierno, pero lo que pasó ese día conseguía erizarle la piel siempre.

"Y aun así lo perdoné y dejé que siguiera trabajando conmigo", había estado tan desesperada de perder al único ser con suficiente poder para defender el hotel (aunque fuera sólo para divertirse) que no tuvo más remedio que acceder a lo que pareció la mejor opción en el momento.

A menudo Charlie se cuestionaba si lo mejor había sido lo correcto.

Había una fotografía colocada cerca de los licores más extraños que Husk había dejado como un regalo. En la imagen estaba el equipo principal, aquellos con los que abrió el hotel. Angel se recargaba en los hombros de un gruñón Husk, mientras Niffty parecía brincar alrededor de Alastor, y Charlie tenía a Vaggie sostenida por la cintura. Todos se veían felices, justo como en la actualidad…

Y eso cambiaría una vez más.

No quería repetir la misma tragedia, pero Vaggie tenía el derecho de querer aclarar la situación, especialmente con la forma tan apresurada en la que Charlie decidió resolverlo todo en ese entonces. Charlie sabía que tendría que enfrentar las consecuencias de su miedo e inmadurez, pero no había imaginado que sería la misma Vaggie quien daría ese paso.

Había sido una llamada inesperada. Escuchar la voz de Vaggie luego de ocho años de incomunicación fue impactante y lo fue aún más su propuesta. El acuerdo había estipulado que no volvieran a verse jamás, pero ella le había asegurado que Lucifer lo había permitido con la condición de que no intentara romper el trato inicial. Charlie no sabía cómo Vaggie había logrado convencer a su padre aunque intuía que Seviathian había tenido algo que ver.

No había esperado que él estuviera de acuerdo con Vaggie, considerando el inicio brusco que había tenido su matrimonio, ¿eso habría cambiado en estos años? Charlie no estaba segura de querer obtener una respuesta.

Como fuera, Vaggie había decidido visitar el Hotel Hazbin una vez más. Charlie había tenido que informar a Angel y a Husk sobre esto aunque no quisiera. Husk no había dudado en negarse, quizás porque sabía un poco de lo que había ocurrido, quizás porque no le interesaba ahora que tenía una familia y negocio propios que atender, pero Angel era un asunto aparte. Él y Vaggie habían formado una extraña amistad y él había resentido mucho que ella se fuera sin ninguna explicación y en circunstancias tan extrañas.

Charlie sintió que se formaba un nudo apretado en su pecho.

Cuando Angel se enterara de lo que pasó tenía la certeza que no querría estar cerca de ella. Iba a ser difícil, a lo mejor por eso Vaggie había resuelto volver luego de tantos años, aún tenía pendientes que resolver. Habría sido fácil continuar como si nada hubiera pasado, como si lo que le pasó a Vaggie sólo fuera parte de una horrible pesadilla… pero no era correcto. Por años Charlie se había salvado de la peor parte y ya era hora que pagara el precio de sus decisiones.

—Hola, mejillas suaves, ¿flagelándote desde temprano?

—¡Angel! —saltó del susto, sintiendo que su corazón se aceleraba. Volteó hacia atrás donde su amigo, Angel Dust, un demonio araña y ex actor porno, mantenía uno de sus pares de brazos en su cadera y el otro cruzado sobre su mullido pecho—. ¿D-Desde cuando estás aquí?

—No llegaría tarde a esto, nena —señaló Angel tomando asiento a su lado—. Quiero ser el primero en decirle a Vaggie que es jodidamente maleducado irse sin despedirse del mejor amigo que puede tener en este lugar y que casarse con el ex de su novia no es de buenos amigos.

—Eh… recuerda que… —carraspeó—. Recuerda que ella viene a aclarar eso. Créeme que no es un asunto simple, Angel.

—Eso lo decidiré yo —espetó Angel—. ¿Sabes lo difícil que fue para Rosella aceptar que no volvería a ver a su tía favorita de nuevo? Estuvo inconsolable por semanas, incluso meses.

—Lamento eso —dijo Charlie sintiendo mucho pesar. Recordaba bien la carita llorosa de Rosella cuando le dijo que Vaggie había tenido que irse porque iba a casarse y ya no volvería a trabajar en el hotel—. ¿Ella vino contigo hoy? ¿A dónde está? Creí que Husk ya no quería que viniera.

—Bueno, no hay muchas cosas que Husk pueda negarle a su hija —dijo Angel despreocupadamente—. Rosella sigue queriendo mucho a Vaggie y nada podría detenerla de verla de nuevo. Ella está en el tocador, arreglándose. Quiere que se sorprenda cuando la vea. A todo esto, no me dijiste mucho sobre esta reunión…

La miró acusadoramente. Charlie no tuvo más remedio que adelantarle algunas cosas.

—Vaggie quiere hablar, eso ya lo sabes, pero lo que no sabes es que tiene relación con lo que pasó hace ocho años, Angel.

—¿Lo que pasó con Sonrisas? ¿Qué tendría que ver eso con Vags?

El nudo en su pecho se movió a su garganta. Charlie se sintió el doble de ansiosa que al principio.

"Y ni siquiera ella está aquí", pensó.

—Hablaremos cuando Vaggie esté presente —respondió—. No la juzgues, ella no tuvo opción.

"No tuvo opción porque yo se la quité".

—Así que te pido que la escuches. Lo sabrás todo. El por qué se fue, por qué se casó…

—Y cómo es que tuvo un hijo —completó Angel—. No es que sea del todo extraño con los cambios que hemos tenido los pecadores recientemente, sólo que no creí que ella fuera uno de nosotros. Eso sí fue sorprendente, es decir, es Vaggie… no creí que escogiera ese camino considerando sus preferencias. Pero está bien, no presionaré. Entiendo eso de tener la mierda hasta el cuello.

—Vaggie tiene suerte de tenerte como amigo —es lo único que pudo decir.

Las mejillas blancas de Angel se ruborizaron, aun le costaba aceptar esa clase de cumplidos; aceptar que pese a toda la mierda que había sufrido tenía un buen corazón.

—Lo que sea, espero que Vaggie llegue pronto. Sólo dios sabe lo aburrido que se puso el hotel sin sus gritos. ¿Estás emocionada de verla otra vez?

—Sí —respondió Charlie, pero no dijo en voz alta lo aterrada que estaba de enfrentarla. Por ahora fingió que todo estaba bien y cambió de tema preguntándole sobre Rosella. Hablar de la única hija del ex actor siempre funcionaba porque para Angel era su más preciado tesoro además de Husk.


Las calles de Ciudad Pentagrama bullían de ruido y movimiento tras la depuración. Tabris miró con fascinación todo aquello conforme Penuria conducía la limosina y se adentraban en ese lugar del que había escuchado o leído en el periódico, pero nunca había tenido la ocasión de explorar. Tabris había querido bajar la ventana ante la vista de los primeros habitantes, pero Penuria le había dicho que no porque su señora madre lo ordenó. Tabris no necesitó discutir. Nunca se atrevería a desobedecer a Vaggia, sobre todo porque no quería que se preocupara.

Pese a eso estaba entusiasmado.

Nunca había salido de la Jaula antes (Plaga y Penuria habían nombrado así a su casa) porque nunca le había interesado el mundo exterior, no al menos como ahora. Tenía todo lo que necesitaba en casa. Purga era su profesora particular y Plaga y Penuria eran compañeras de juego muy divertidas. Seviathian Von Eldrich, su padre, pasaba largos ratos leyendo con él, enseñándole la historia del infierno o jugando al escondite, claro, cuando tenía tiempo libre de su trabajo. Tabris amaba mucho a su padre, quien siempre le daba regalos interesantes o le permitía usar su sombrero de copa, el objeto favorito de Tabris en todo el mundo.

También amaba a su madre. Vagatha Von Eldrich no sólo era hermosa, trabajaba desde casa ya fuera administrando la mansión o revisando informes muy importantes del territorio que su padre custodiaba. Su padre y madre se llevaban bien, no discutían a menos que fuera por un asunto muy complicado y solían arreglar sus problemas hablando. Vaggie no le daba tantas cosas como su padre, pero le contaba historias de cuando trabajaba en el famoso Hotel Hazbin. En esas ocasiones la melancolía que siempre parecía rodearla disminuía y su sonrisa era un poco más sincera y alegre.

Tabris no entendía por qué su madre se veía tan triste y hacía lo que podía para hacerla feliz. Tabris no deseaba que ninguno de sus padres sufriera,

—Te quedarás sin nariz como sigas pegándote así al cristal y terminarás pareciéndote a Plaga—dijo Penuria desde el asiento del conductor.

Penuria era una demonio medusa. Su cabeza era exactamente igual a una medusa clavel con largos tentáculos que tocaban el suelo, aunque se debía a que ella era muy pequeña (habían tenido que adaptar el auto para que ella pudiera conducirlo). Penuria había sido la guardiana de varios demonios poderosos y debido a un mal negocio había terminado sirviéndoles. Ella era como Plaga, trataba a Tabris como si no fuera el único hijo de uno de los demonios más poderosos del Infierno.

—¿Qué haremos en este viaje, madre? —preguntó Tabris sentándose otra vez. Miró a su madre que parecía ida viendo por la ventana.

—Esto es más una salida breve —aclaró con gentileza—. ¿Recuerdas lo que te conté sobre lo que hacía antes de casarme con tu padre?

Tabris asintió.

—Iremos al Hotel Hazbin a visitar a mis amigos. Hay… un asunto que tengo que aclarar, cosas de adulto que debo resolver. Seviathian se ha interesado en el proyecto de Charlie y quiere aportar lo que pueda.

—¿Padre quiere hacer eso? Creí que le disgustaba ese hotel.

—Las personas pueden cambiar de opinión, cariño. Tu padre no solía importarle la gente, pero eso cambió en los últimos meses. Así que decidí apoyarlo y retomar mis viejas relaciones con el personal del hotel. Además ya tienes edad suficiente para conocer a más gente. Te conté sobre Angel y Husk, que formaron una familia y tienen una hija que es mayor que tú. Ella se llama Rosella y te caerá muy bien.

—Angel es un chico y Husk también, ¿verdad? —preguntó Tabris aunque no para que lo confirmara. Su madre le había contado muchas veces cómo fue que dos hombres lograron engendrar a un nuevo ser. Aparentemente había sucedido un cambio inesperado en las almas de los pecadores, haciendo que algunos pudieran tener hijos fueran hombres o mujeres. Angel Dust era uno de ellos y aunque todo su proceso de embarazo estuvo bajo mucha presión, había dado a luz a una niña sana—. Ellos son pecadores, así como tú.

—Así es, yo no nací en el infierno. Llegué aquí del mundo humano, pero ésa es una historia para después, ¿de acuerdo?

Tabris lo aceptó sin peros.

—¿Entonces yo soy como Rosella? —dijo Tabris cuando comprendió esa implicación.

—Sí, por eso deben llevarse bien, ¿entendido?

—¿Cómo es ella? —preguntó con curiosidad.

—Es similar a Angel, tiene su pelaje blanco con algunas manchas rosas. La última vez que la vi tenía el cabello algo corto… no sé cómo se vea ahora.

—Me alegro, madre —dijo Tabris. Vaggie lo miró con confusión—. Sé que debe ser duro para ti haber estado lejos de tus amigos durante tanto tiempo. Me alegro que puedas volver a hablar con ellos otra vez.

Vaggie pareció que se había quedado sin nada qué decir, pero se compuso rápidamente para acariciar la cabeza de su hijo.

—En verdad eres el niño más bueno de todos —dijo con calidez.

Tras unos minutos más, Penuria informó que habían llegado. Tabris no esperó a que le abriera la puerta. Salió tan a prisa que casi se cae. No solía tener estos momentos impulsivos, pero había escuchado mucho sobre el Hotel Hazbin como para esperar. Había visto en los periódicos una imagen, pero no le hacía justicia viéndolo en persona. Era un edificio monstruoso e impresionante que se alzaba con orgullo.

Tabris no se dio cuenta que su madre había bajado del auto y sonreía al ver la emoción en la carita del niño.

—¡Es asombroso! —exclamó Tabris en arameo. Cuando se emocionaba mucho, lo que no sucedía seguido, hablaba en todos los idiomas que dominaba—. ¡Nunca pensé que fuera tan grande!

—Adentro es aún más espectacular —dijo Vaggie dándole su mano para que él la tomara. El niño estaba tan perdido que sólo hasta Penuria le informó a Vaggie que estacionaría en otro lugar, se dio cuenta que ella no vendría.

—Yo quiero que vengas —dijo Tabris.

—Ahorita no, joven —respondió Penuria aventándole uno de los paquetes que Plaga le había preparado—. Es un momento íntimo y no quiero hacer mal tercio.

—Pero tú eres mi familia, Penuria —comentó Tabris toda naturalidad.

—Ah, Plaga tuvo razón al decir que te comerían a besos, bebé —dijo Penuria.

—Yo ya no soy un bebé, Penuria —dijo Tabris señalándose—. Ya tengo siete.

—En serio eres adorable. Pero mi deber es vigilar la limosina. Habrá más momentos que podremos compartir, pero no hoy, ¿de acuerdo? Diviértete y nunca te quites el sombrero de Lord Von Eldrich.

—Jamás —respondió Tabris tocando su sombrero, como para confirmar.

Tabris siguió a su madre hasta una puerta con cristales rojos, amarillos y anaranjados, cortados para tener un lindo diseño. Creyó que su madre tocaría, pero Vaggie no sentía ninguna incomodidad de entrar sin avisar. Simplemente giró el pomo de la puerta y entró. Su madre había tenido razón. El interior era magnífico. Había fotografías y retratos en las paredes con mucha gente que no conocía haciendo distintas cosas, de lo poco que reconoció fue el retrato familiar de los Magne y en algunas fotografías vio a su madre.

Vaggie no se detuvo a contemplar nada como a él le hubiera gustado, pero supuso que estaba ansiosa por hablar con sus amigos otra vez.

—¿Vaggie? —el murmullo de una voz femenina los detuvo. Tanto Vaggie como Tabris miraron hacia atrás para encontrarse con una chica que venía hacia ellos—. ¡No puedo creerlo! ¡En verdad eres tú! Cuando papá dijo que vendrías no lo creí, pero aquí estás.

Ella era alta y estilizada. Su cuerpo estaba cubierto por corto pelaje blanco. Tenía el cabello largo y blanco con un mechón rosa que se escapaba a la altura de las sienes. Su rostro redondo y simétrico mostraba un par de ojos muy expresivo con sus pupilas rosas y la esclerótica negra, adornados por frondosas pestañas rosadas. Tenía peculiares lunares en forma de corazón arriba y debajo de cada ojo y una sonrisa encantadora. Estaba vestida con un payaso negro de mangas largas y un tutu rosa casi transparente.

Tabris jamás había visto a alguien tan hermosa en su vida.

Algo que no supo identificar nació en él en ese momento. Por eso mismo fue incapaz de nombrarlo o siquiera darse cuenta de lo que le estaba pasando, se quedó ahí con la mirada fija en esa chica.

—¿Rosella? —dijo Vaggie con los ojos bien abiertos. Avanzó hacia la recién llegada, sonriendo amenamente—. ¡Cuánto has crecido! La última vez que te vi le llegabas a la cintura a Husk y ahora eres más alta que él.

—Para él siempre seré su niñita pequeña.

—Típico de un padre consentidor como él —dijo Vaggie—. Te has vuelto una chica muy hermosa. ¡Te ves muy bien!

—Muchas gracias, Vaggie —pronunció ruborizándose un poco. Su esfuerzo había valido la pena. Miró hacia abajo, hacia Tabris, cuando se dio cuenta que estaba ahí—. Papá me dijo que traerías a tu hijo. Así que este pequeño es el heredero de los Von Eldrich.

Tabris no dijo una palabra, estaba paralizado al punto en que dejó de parpadear. Vaggie le puso una mano sobre los hombros para instarlo a presentarse.

—Cariño, ella es Rosella, la hija de Angel y Husk, de quien te hablé.

—Se parece mucho a ti, Vaggie —comentó Rosella— sobre todo la cara. Aunque no he conocido a su padre personalmente por lo que no puedo decir mucho al respecto —ella le ofreció su mano a Tabris. Él notó que tenía los dedos largos con largas afiladas y rosadas—. ¡Es un gusto conocerte, Tabris! Soy Rosella. Espero que nos volvamos buenos amigos.

—Tabris, es de mala educación dejar a las personas con las manos extendidas. Purga no estará contenta por eso.

Eso hizo reaccionar al niño que torpemente se ajustó el sombrero con una mano y estrechó con la otra, la mano de Rosella. Sus manos eran muy suaves y cálidas, y sintió la tentación de no soltarla jamás.

—Soy Tabris —optó por imitarla—, y quiero que seamos amigos.

—Aww, es adorable, Vaggie —chilló Rosella atreviéndose a pellizcar una de sus mejillas—. ¡Dan ganas de comérmelo a besos!

Tabris sintió pavor. Rosella no entendió por qué el niño repentinamente sacó un paquete y se lo entregó.

—Por favor, no me comas —pidió.

Rosella quedó totalmente desconcertada. Vaggie se rió muy fuerte.

—Sólo acéptalo, Rosella, luego te explico por qué lo hizo.

Rosella asintió abriendo el paquete para encontrarse galletas de fresa. Cuando Rosella se comió una, Tabris respiró con alivio.


El recuentro con Vaggie no fue como Charlie había imaginado. No hubo abrazos llenos de anhelo, ni lágrimas, mucho menos intentos por recuperar lo que se había perdido hace ya tanto tiempo. Cuando Rosella llegó con Vaggie y su hijo, Charlie sintió más que nunca la carga de sus decisiones y por fin aceptó que no había actuado correctamente hace ocho años.

Pero antes de que pudieran hablar, Angel se paró frente a Vaggie. Fiel a su palabra, no le reprochó nada, sólo cruzó sus cuatro brazos a esperar una explicación.

—¿Él es tu amigo Angel, madre? —preguntó Tabris mirando hacia al alto demonio. En verdad Rosella se parecía mucho a él.

La presencia de Tabris alivió un poco el ambiente e hizo que Angel se enfocara en él. Una duda se reflejó en la cara de Dust cuando analizó las facciones del niño. Había algo en él que le recordaba a alguien…

—Rosella —dijo Vaggie de pronto—. ¿Le darías un tour a Tabris por el hotel? No quiero que se aburra escuchando tediosas charlas de adulto. Te prometo que haré tiempo para hablar contigo.

—Más te vale, Vaggie —pronunció Rosella tomando la mano de Tabris (el pobre niño sintió cosquillas en el estómago), le dedicó un guiño a su papá y se retiró de allí. Había comprendido que querían hablar a solas por ahora—. Bien, Tabris, te enseñaré el bar en el que trabajó mi padre, pero también iremos a los lugares divertidos a jugar. ¿Cuál es tu juego preferido?

—Escondite —susurró. Fue extraño para él sentirse tan torpe al conversar.

Cuando se fueron, Vaggie se giró hacia Angel y Charlie. Había cambiado mucho porque la antigua Vaggie no había tenido esa presencia, sino que habría pasado desapercibida al lado de otros. Esta Vaggie ya no era aquella que explotaba ante la menor provocación, aun podía percibirse esa fuerza en ella, pero se había transformado en algo que le había servido para enfrentar todos esos duros años tras lo que le pasó.

—Bien, bien, bien —dijo Angel Dust—. Escuchen, sé que algo muy jodido ocurrió y que soy el último en enterarme. Eso apesta, así que vayamos al grano —volteó hacia Vaggie—. ¿Por qué te fuiste? Creí que estarías con nosotros para siempre, pero luego de la depuración de hace ocho años lo único que supe de ti es que te casaste con el ex de Charlie y tuviste un hijo con él. No lo entiendo, Vags, creí que ustedes se querían.

—Sigues siendo el mismo cabrón sin tacto, Angel —dijo Vaggie, aunque no había verdadera malicia en su voz. Miró a Charlie que se veía miserable… pero Vaggie no se retractaría. Había venido para seguir adelante, para no permitir que ese horrible suceso la detuviera más—. Es mejor que te sientes. Lo que voy a contarte no… no es algo… que sea fácil para mí de recordar.

Angel pocas veces había hecho caso a una de sus solicitudes, pero él había vivido durante décadas ocultando su sufrimiento, tratando de apaciguarlo con drogas y sexo, por eso pudo detectar cuanto le estaba costando a ella siquiera estar ahí.

—Hace ocho años durante la depuración anual, después de enfrentar a ese overlord que había tratado de cerrar el hotel asesinando a los huéspedes —comenzó—, cuando explotó su guarida y nos desperdigamos, las trompetas sonaron marcando el inicio.

—Lo recuerdo —dijo Angel—. Husk y yo tuvimos que quedarnos bajo los escombros hasta que los exterminadores se fueron. Charlie se quedó con Niffty para protegerla, y tú…

—Y yo me quedé con Alastor —completó—. Ambos fuimos heridos por el enemigo, por lo que tuvimos que ocultarnos en una parte del bosque que rodeaba la zona. En una cueva para ser precisos. Creí que estaríamos a salvo… que era cuestión de esperar, pero ninguno de los dos sabía que el último ataque que él recibió llevaba un as bajo la manga.

—¿Qué quieres decir? No creo que Sonrisas haya permitido que una herida lo detuviera.

—No fue una herida, Angel —dijo Vaggie. Charlie bajó la mirada—. Nuestro enemigo sabía que no podría vencer a Alastor, así que planeó una manera de asegurarse que… Alastor le diera razones a alguien más poderoso para atacarlo y deshacerse de él.

—¡Es una locura! Quienes pueden vencerlo son… —espetó echando una mirada a Charlie—, pero ella no lo haría. Charlie nunca lastimaría a nadie.

—Lo sé, Angel, y por eso su plan falló… pero eso no es lo que quiero contar. El plan para asesinarlo era que él y Charlie se enfrentaran tras incitar a Alastor a dañar algo que ella protegiera. Supongo que pensaban en el hotel, pero… sus cálculos fallaron. Usaron una droga especial que disminuye la claridad en la mente de los demonios, limitándolos a sus más bajos instintos, una mezcla tal que ni siquiera los pecadores más fuertes pudieran resistirse al efecto. La droga te convierte en una bestia.

—Bueno, Alastor ya es una máquina de matar, bebé.

—Pero no una que haga las cosas sin pensar o fuera de su voluntad… ese maldito combinó la droga con afrodisiacos para exacerbar a Alastor… para obligarlo a borrar cualquier límite que pudiera existir —la voz de Vaggie se quebró. Angel quedó impactado cuando la escena se formó en su cabeza, fue inverosímil para él pensar que alguien como Alastor pudiera hacer daño de esa manera a alguien. Por supuesto, era un maldito, pero había tenido clase y estilo—… lo que me hizo sigo sintiéndolo en mi cuerpo aquí parada en este mismo instante… sin importar cuántos años han pasado.

—Vagatha… —musitó Angel tan conmovido que sólo pudo superar su impresión cuando miró a Charlie—. ¿Cómo… cómo pudiste aceptar a Alastor de nuevo? ¿No eras la pareja de Vaggie? ¿Por qué ese cabrón se quedó y ella tuvo que irse?

—No supe qué hacer —confesó la princesa, tomándose el cabello con desesperación—. Estaban pasando tantas cosas a la vez que me sentí sobrepasada. No sabía que le harían eso a Alastor para incitarme a matarlo, tampoco que la combinación de sustancias fuera demasiado para él y que descargara todo en Vaggie…

—Eso es una reverenda mierda —exclamó Angel con indignación—. Ese imbécil violó a tu novia y tú consideraste adecuado perdonarlo y actuar como si nada.

—¡No es así! —estalló Charlie con algunas lágrimas en los bordes de sus ojos—. ¡Amaba a Vaggie, aún lo hago!, pero no podía… no podía…

—Si te atreves a decir que vale más un hotel que la integridad de la persona que amas, mi imagen de ti se irá al carajo.

—Charlie no podía perder el hotel, Angel —dijo Vaggie para el asombro de ambos—. En ese momento había personas que confiaban en que era un lugar seguro para ellos, un lugar donde podían encontrar paz… además, fue lo mejor.

—Vaggie —pronunció Charlie, conmocionada—, no digas eso. Te quité la oportunidad de decidir lo que querías hacer. Dejé que mi padre arreglara algo que yo debía solucionar y por eso tú…

—Basta ya de secretos —intervino Angel que no había imaginado nunca que esa reunión empezara con tantas revelaciones horribles—, ¿qué tiene que ver el padre de Charlie aquí? ¿Qué te obligó a hacer, Vags?

—Los pecadores que pueden tener hijos son pocos, y los niños que tienen no poseen grandes habilidades —dijo Vaggie confundiendo a Angel por su respuesta—. Es por eso que la mayoría de los pecadores que son fértiles no tienen hijos, ya que no pueden usarlos ni sacar beneficios de ellos. Yo… ignoraba que era fértil, Angel, y que mi cuerpo se transformó luego de lo que Alastor hizo. El estado de mi cuerpo era crítico. Lucifer y Lilith tuvieron que usar su poder para curarme, pero estaban sorprendidos de que todavía estuviera viva. Todo un milagro, según sus palabras.

—Por eso no volviste al hotel. Estabas recuperándote.

—Cuando me curé noté enseguida que algo no estaba bien. Me sentía cansada, mareada y tenía síntomas… la reina se dio cuenta de lo que me sucedía y cuando tocó mi vientre me miró con rareza. Fue a buscar a su marido y cuando él comprobó lo que ella había percibido, me dijeron que no habían esperado que un demonio como yo pudiera ser capaz de dar a luz a un ser tan fuerte como un demonio originario del Infierno. Cuando supe que estaba embarazada, sentí tanto asco. Quería morirme en ese instante,. No quería que nada de él se gestara en mi cuerpo…

—Lo lograste, supongo —comentó Angel, inseguro—. Digo, Tabris es hijo del tal Von Eldrich, ¿o no? Aunque sigo sin entender varias cosas.

—Deja que termine de explicarlo y quizás lo entiendas —ah, eso era mejor, pensó Angel. La tristeza no parecía natural en alguien tan dura como Vaggie—. Lilith me explicó que los embarazos en el infierno son más complicados. Por su naturaleza, los bebés demonios se aferran al vientre de su madre como una especie de instinto, pero no es una cosa bonita como cualquier pro-vida creería. Literalmente se aseguran que su madre sea lo suficientemente fuerte poniéndola en un estado crítico. Una demonio embarazada puede morir si su bebé cree que no tiene la fuerza suficiente para engendrarlo.

—Pero yo no quería que murieras —añadió Charlie acercándose a Vaggie para tomarla del rostro—. Supliqué a mis padres que me ayudarán a encontrar una manera de mantenerte con vida… Les dije que me haría pasar por la madre del bebé, que podríamos hacerles creer a todos que yo había conseguido embarazarte. Pero soy una Magne. Mi sangre es territorial y aunque hubiera querido, habría terminado matando a Vaggie y al niño porque no eran míos…

—¿Me estás diciendo que la obligaste a continuar el embarazo a pesar de que no quería?

—¿Qué habrías hecho tú, Angel? ¿Tengo que recordarte las condiciones en las que nació Rosella?

—Al menos yo sí deseaba tenerla. Husk no me obligó.

Ambos se miraron intensamente, hasta que Vaggie decidió interceder para terminar de hablar.

—Entonces, ¿qué tiene que ver el ex de Charlie en todo esto?

—A pesar de ser un demonio nacido en el infierno, Seviathian es estéril —declaró Vaggie para asombro de Angel—. Él era el heredero de los Von Eldrich, y con lo que pasó con Hellsa luego de que peleara con Charlie y la hija de Stolas, sólo lo tenían a él para continuar con la familia. Frederick, el padre de Hellsa, aceptó la propuesta de Lucifer de casarme con Seviathian.

—Entonces tu hijo… tu hijo es de…

—Es el hijo de Alastor —respondió—. Los Von Eldrich aceptaron criarlo con la condición de que no se supiera sobre la esterilidad de Seviathian. Es un asunto político, Angel, los demonios en el infierno siempre desean más poder. Charlie no quería que muriera. Lucifer no quería que alguien pensara que estaba siendo blando sólo por el hotel de su hija. Frederick quería asegurar su posición, además de ser amigo del rey. Además, si se descubría que soy capaz de engendrar demonios poderosos, sería cuestión de tiempo que alguien intentara averiguar si era cierto y eso habría desencadenado guerras más devastadoras que las peleas por territorios.

Angel no supo qué decir. Ahora comprendía por qué todo había sido tan repentino, porque había tenido que ser de esa manera (aunque una parte de él exigiera otra solución, una que no hubiera costado tanto). Si los overlords u otros demonios en desacuerdo con Lucifer sabían sobre Vaggie se desataría el caos.

—¿Y qué pasa con Tabris? —preguntó Dust—. ¿Él lo sabe?

—Aún no —respondió Vaggie—. No sé si debo decírselo, Angel. Para él Seviathian es su padre y lo adora, y Seviathian aprendió a querer a mi hijo como si fuera suyo.

—Por eso aceptó que vinieras al hotel —dedujo Charlie—. Ser padre de Tabris lo hizo cambiar.

—Así es.

—Bien, entiendo eso, pero sólo queda una pregunta, ¿Alastor sabe sobre él?

—No y nunca lo sabrá —respondió Vaggie con determinación—. Ese monstruo no se acercará a mi hijo o a mí. Lo mataré si es necesario. Ahora que Seviathian apoyará el hotel, no necesitamos a Alastor.

—Vaggie, eso no…

—Me sorprendes, Vags, primero me cuentas que no querías al niño y ahora no dudas en defenderlo —sonrió Angel.

—Han pasado ocho años, Angel, y si bien nunca lo desee, sé lo que es vivir con padres que no desearon hijos, pero los tuvieron. Me costó mucho. No fue cosa de un día para otro, y aun hoy en día es difícil.

—Suenas como toda una pro-vida.

—Una pro-vida no tiene consciencia, para ellos sólo importa que nazca y ya. No les interesa la calidad de vida que puedan tener los niños —espetó Vaggie—. Ellos creen que la maternidad es un instinto, pero olvidan que hay mujeres que han asesinado a sus propios hijos. Las mujeres deben ser libres de decidir sobre su cuerpo y nadie debe obligarlas a nada. Es por eso…

Vaggie se dirigió hacia Charlie.

—Te quise —declaró haciendo énfasis en el tiempo pasado— y aún te guardo en alta estima, pero lo que hiciste… lo que me obligaste a pasar luego de que me violaron… Charlie, te perdono, pero no voy a volver contigo. Amar es proteger al otro de nuestra propia capacidad de destruirlo. No querías verme morir, pero al final mataste una parte de mí que no volverá y no voy a permitir que pase de nuevo.

Finalmente Charlie había obtenido la respuesta a una pregunta que no había formulado, pero sí considerado. Por eso Vaggie había regresado, no sólo para superar su trauma, sino para dejar en claro que no podrían regresar, para darle a Charlie el incentivo que necesitaba para avanzar. Actuar era arrancarle a la angustia su certeza. Vaggie lo había hecho.

Vaggie había sido una persona importante en su vida, pero todo apuntaba a que ninguna de las dos había hecho algo por su relación. Charlie por estar asustada. Vaggie porque al final aceptó lo que decidieron por ella. Si las cosas no hubieran sido tan inesperadas seguirían juntas, pero no era así y no había más que aceptarlo.

Charlie comprendió que lo que había hecho no había sido proteger a Vaggie, sino a sí misma. No quería perder, pero tampoco quería arriesgarse. No quería quedarse sola y había arrastrado a la persona que quería a una situación intolerable. Vaggie debería odiarla, pero no lo hacía.

Charlie sonrió lo más sinceramente que pudo aunque por dentro su corazón estuviera destrozado.

—Gracias, Vaggie —la abrazó por última vez, sintiendo que lágrimas se derramaban por su rostro—, y perdón.


Respecto a Charlie y lo que pasó con Vaggie, quería ponerla en una situación muy complicada, una en la que podría o no tomar una decisión que más que beneficios, trajo toda una serie de complicaciones. Charlie es un personaje muy interesante, pero muy ingenuo si cree que redimirse sólo es portarse bien.

Obviamente esto no ha acabado. Aún hay cosas por escribir, pero me parece una introducción adecuada. Cualquiera comentario, crítica o cosa es bienvenida.