¡Por fin capítulo nuevo! No tengo mucho qué decir al respecto, sólo que espero haber capturado bien la tensión. Es un capítulo corto, pero es que quiero apegarme a este formato para no tener que escribir cosas muy largas, así que me limito a escribir directamente, sin darle muchas vueltas.

Gracias por el apoyo

Y sobre todo gracias a May Rodríguez que hizo hermosos dibujos del capítulo anterior. May, en serio, eres maravillosa y te mereces todo el amor del mundo. Este capítulo, y me parece necesario aclarar, todo mi fic, está dedicado a ella. Puedes ver sus dibujos en mi página de facebook, Abel Ciffer :)


Capítulo Cuatro

Misma sonrisa


"Si algo no avanza, suéltalo. Y avanza tú".

—Desconocido.


Cuando Vaggie decidió volver al Hotel Hazbin, había entendido que sería imposible evadir a Alastor todo el tiempo. Tras leer el informe de Penuria sobre el aspecto actual del hotel, Vaggie no se hizo ilusiones al respecto. Al parecer, Charlie y Alastor habían estrechado su amistad, y si antes Charlie no alejó a Alastor por lo que hizo, menos ahora cuando era el único que seguía apoyando el proyecto.

Más que dolerle esa situación, Vaggie lo tomó como una circunstancia más de la que tendría que cuidarse si quería lograr sus objetivos. Si Charlie la había hecho a un lado por proteger sus sueños, ella haría lo mismo.

Aun así todavía recordaba todos los sentimientos que había tenido hacia Charlie luego de su "ruptura". El amor, el desasosiego, la resignación y la resolución, todo eso sirvió para endurecer su corazón. Ahora estaba lista para proteger la pequeña familia que había formado.

Desde luego, Seviathian la había apoyado. Su inesperado esposo no había dudado en brindar su ayuda, así como su consejo y lo que pensaba que podrían hacer. Fue un trabajo en equipo, ya que ambos sabían que sería algo inevitable dejar que Tabris saliera, con la mala suerte siempre acechando llegaría el momento en que ciertas cosas se sabrían.

Además, Charlie había demostrado un lado que Vaggie no conocía. Si volvía a traicionarla y contarle a Alastor de las consecuencias de esa semana, sucederían cosas que Vaggie prefería evitar.

Vaggie no deseaba que Tabris supiera cómo había sido concebido ni quien era su padre biológico.

Por eso se había preparado para el inminente reencuentro, tanto como pudiera. En su cuerpo y su alma, los estragos de la locura de Alastor permanecían actualmente. Las pesadillas que perturbaban sus noches siempre eran la misma; la sonrisa del monstruo brillando en la oscuridad y el sonido de sus colmillos desgarrando su carne, el aliento agitado del demonio cuando abusó de su intimidad.

El mismo demonio que estaba frente a ella justo ahora.

Ah, no había cambiado en nada. Desde el traje antiguo escarlata hasta los mismo accesorios. Pero no fue eso lo que congeló a Vaggie, sino su sonrisa y sus ojos… los recuerdos de esa semana la golpearon duramente y tuvo que luchar para no desmoronarse.

La mano gentil de Seviathian en su cintura la trajo a la realidad. Vaggie miró hacia su lado encontrándose con ojos de esclerótica roja, pero pupilas verdes, que no la observaban con nada sino un sentimiento alentador. El gesto no necesitó palabras. Fue un claro "Tranquila, estoy contigo", que Vaggie no sabía que había necesitado.

Vaggie respiró hondamente y recuperó la serenidad. Se había preparado para esto y no permitiría que flaqueara su determinación. Alastor había tomado mucho de ella, así que no dejaría que se llevara algo más.

Alastor, observador como era, estuvo atento al intercambio. La sutileza no ocultó para nada la intimidad del gesto (era increíble ver que Vaggie había llegado a congeniar con un imbécil como Seviathian, considerando lo difícil que había sido para él y ella llegar a un tipo de acuerdo cuando aún no pasaba nada).

Pero si hubo algo más raro, incluso más que esto, fue el nudo ardiente que se formó en su interior al verla otra vez. No se mentiría a sí mismo, todavía reaccionaba a ello. Después de todo, había estado existiendo soportando lo que los recuerdos de esa semana provocaban en él.

Alastor prefirió dirigir su atención hacia el niño. El cabello blanco con ese patrón colorido en las puntas y la forma de los ojos reflejaron perfectamente con quien compartía parentesco. Era poco común (aunque actualmente no tanto) que los pecadores pudieran tener hijos, que Vagatha fuera una de ellos simplemente lo sorprendió. Charlie le había contado sobre eso, pero verlo… fue otro nivel. ¿Charlie lo habría sabido en ese entonces? Alastor lo dudaba.

¡Con razón su querida socia había estado tan preocupada por hacer que se comportara! Con un niño en medio del asunto, un asunto que podía tornarse oscuro, ciertas medidas debían ser tomadas. No que se necesitaran. Alastor nunca lastimaría un niño, pero sí había lastimado a Vaggie de una manera impropia con sus principios, así que por esta vez, Alastor permitiría este insulto.

Además, los hijos de pecadores no le interesaban tanto. Tras el fiasco que había salido de la combinación de Husk y Angel, Alastor no había sentido curiosidad por el tema. Rosella fue una decepción y, en cierta parte, eso había hecho que el Demonio Radio no hiciera cumplir el trato a su viejo amigo.

—Las casualidades de la vida —dijo Alastor—-. Quise salir para distraerme un poco y terminé encontrando a nuestros esperados invitados.

Caminó hasta quedar frente a Seviathian y Vagatha, notando al demonio canario detrás de ellos. Purga llevaba su uniforme de sirvienta impecablemente pulcro, y como buen caballero que era, Alastor inclinó su cabeza hacia ella como gesto de cortesía, para luego concentrarse en ellos.

—Hola de nuevo, querida Vaggie, es un placer tenerte de vuelta en el hotel —dijo con cortesía. En otras circunstancias la habría tomado de la mano, y quizás besado para provocarla, pero ahora… no estaba seguro de lo que haría si volvía a tocarla.

—No puedo decir lo mismo, Alastor —espetó con frialdad. Sus ojos le miraron con la misma dureza que la primera vez que se conocieron, y un escalofrío de extraño placer recorrió la espalda de Alastor al descubrir cuánto había echado de menos eso—. Tabris, ven.

El niño obedeció al instante. Cuando ambos estuvieron juntos, Alastor los miró totalmente intrigado. Qué hilarante escena. La pequeña familia feliz. Un sueño de estúpidos, claro, pero uno que nunca pensó que Vaggie viviría.

¿Quién diría que tendría un hijo con el idiota cretino de Seviathian Von Eldrich? Alastor nunca habría apostado sobre ello, pero quizás ahora podría abrirse a las posibilidades. Ya comprendía el aroma que detectó hace tiempo, esa mezcla tan rara… se había tratado del hijo de Vagatha todo este tiempo.

—Parece que no desean postergarlo con protocolos innecesarios —tampoco él, lo cual era raro, siempre había tiempo para un intercambio sano de cortesías—. Así que vayamos directo con la princesa. Lo que sea que tenga que decir, lo escucharemos con atención.

Vaggie notó enseguida varias cosas. Alastor sólo le decía princesa a Charlie cuando estaba molesto con ella, pero aún mantenía el plural en sus oraciones, lo que significaba que pese a todo, ellos seguían trabajando juntos.

—Qué impaciente, Demonio Radio —dijo Seviathian cuando Alastor se hizo a un lado para dejarlos pasar—, ¿será que tu vida se ha vuelto tan aburrida como para estar tan dispuesto a escuchar sobre nuestro proyecto?

—Los personajes de reparto siempre ofrecen giros entretenidos, cuando saben actuar e interpretar—respondió Alastor ateniéndose a su analogía teatral—. Veamos que tanto ofrece su actuación, Von Eldrich.

Tabris observó el intercambio. Había sido distinto a lo que había sido con la familia de Rosella. Sus padres le habían enseñado a ser educado y amable, pero no habían aplicado lo mismo con esta persona, ni siquiera los habían presentado formalmente. Se preguntó por qué.

Caminaron en silencio. Vaggie había tomado su mano y miraba al frente. Jamás había visto a su madre tan callada.

Charlie apareció a los pocos minutos, justo cuando iban a tomar el ascensor.

—¡Bienvenidos al Hotel Hazbin otra vez! —exclamó con una sonrisa radiante—. Hola de nuevo, Tabris, es bueno saber que estás bien.

Tabris se llevó una mano al gorro que llevaba puesto. Su padre había informado a Charlie que habían tenido que postergar la reunión para después por unos contratiempos con su salud, pero para Tabris fue obvio que no le habían dicho todo, lo que estaba bien para él.

—Hola, Charlie —respondió con poco ánimo.

Afortunadamente Charlie estaba habituada a su actitud taciturna, así no dijo nada al respecto y les pidió a Razzle y Dazzle que acompañaran al niño a jugar mientras se llevaba a cabo la reunión.

—No nos tardaremos, cariño —dijo Vaggie hincándose frente a su hijo y dándole un beso en la frente. La escena causó sentimientos dolorosos y confusos en Charlie y Alastor (sobre todo en Charlie, quien había visto como Seviathian actuaba tan cercano con su ex novia)—. No pierdas de vista a tu mascota y no dejes que moleste mucho a Purga, al paso que va perderá todas sus plumas por el coraje.

—Lo prometo, madre.

Con un último beso y un apretón sobre su hombro de parte de Seviathian, Tabris se fue junto a Razzle, Dazzle y Purga hacia el jardín.

Tabris tuvo un momento para pensar en lo que había pasado. Muy probablemente sus padres hablarían de temas que no querían que él escuchara, incluso si se trataba de un proyecto. Era algo que había aprendido recientemente. Los secretos que sus padres podían ocultarle, la información que no compartirían por protegerlo. Eso se había convertido en algo doloroso para él.

¿Por qué lo hacían? ¿Creían que sería incapaz de soportar la verdad? Si era honesto Tabris no se sentía capaz de hacerlo. Después de todo, aunque había pasado una semana desde que despertó sus poderes, no podía lidiar con todo lo que había sucedido. Sus padres habían tratado de hacerlo bien, y aunque no fuera culpa de ellos, todo había salido mal. Le había costado identificar lo que sentía hacía ellos ahora. Rosella le había ayudado en ese sentido, ella le había dado nombre a cada cosa que se agitaba dentro de él.

Tabris se sentía traicionado.

De los errores se aprendía, ¿pero qué podía aprender él de esta desazón? ¿De la furia que ardía como magma? ¿De la impotencia? ¿Qué podía sacar de toda la confusión en su mente y su corazón?

El jardín era maravilloso. Había nuevos arbustos de flores y algunos otros con bayas y frutos. Tenía caminos hechos con piedras lisas y pulidas, que llevaban a juegos de bancas o islas de pasto color morado.

Purga se acomodó en una de las bancas y sacó un libro de su bolsa. Ella compartía muchas cosas con Tabris, pero no jugaba con él (ése era el trabajo de Plaga, uno que no había estado haciendo desde lo que ocurrió ese día).

—Bien, Mero —dijo Tabris colocando a su cerdita en el suelo. El animalito se sentó, todavía mordisqueando su correa. Había pasado una semana desde que Tabris la adoptó, pero Meropé, o Mero como Penuria solía decirle, no era fácil de entrenar. Tabris había intentado de todo, pero Mero lo ignoraba y sólo le hacía caso cuando quería jugar—. Muéstrales a Razzle y Dazzle lo que sabes hacer.

Fue como pedirle peras a un olmo. Mero se echó a correr por todo el lugar. Razzle y Dazzle creyeron que eso era lo que Tabris quería mostrarles, así que se pusieron a correr detrás de ella. Tabris intentó mantener la calma, pero fue inevitable unirse. Pronto los cuatro estaban jugando, ocasionando mucho ruido que trajo la atención de los inquilinos en el hotel que se asomaron por las ventanas y balcones para ver la inusual escena.

Purga suspiró. Sabía que sería complicado que Tabris entrenara a esa cerda, considerando lo suave que era con ella. Sin embargo, sonrió animadamente al escuchar la risa de su señorito.

Purga había presenciado algunos despertares de niños del infierno (Hellsa, la hermana de Seviathian, seguía siendo uno de los más impresionantes), pero con Tabris nada había sido normal. Ese maldito buitre se había atrevido a dañar a su señorito, y lo que habría sido producto del instinto de supervivencia, nació de la ira. Purga desconocía qué efectos tendría a largo plazo. Y no sólo en él, sino en toda la familia, las sirvientas incluidas. Penuria pretendía actuar normal, pero sus movimientos eran más sigilosos, como si esperara un ataque sorpresa. Plaga… Plaga lidiaba con la culpa, algo que jamás había sentido y que podía consumirla si no hacía algo al respecto. Ella misma se había vuelto más protectora, al punto de vigilar al niño a pesar de estar en entrenamiento con sus padres.

El entrenamiento… Seviathian lo había comenzado tan pronto como Tabris se recuperó (pero su cuerno seguía sin crecer). No por ser desconsiderado, sino porque era habitual empezar ahora que los poderes estaban "frescos", listos para pulirse. Purga podía darse cuenta que para Seviathian era también una dura experiencia, una por la que hasta el mismo Lucifer tuvo que pasar. Purga había presenciado un caso en que un niño perdió el control de sus poderes por la debilidad de los padres al entrenarlo. La destrucción fue de tal magnitud que Lucifer y Lilith tuvieron que intervenir para detenerlo.

Y como hijo de Seviathian, Tabris tendría que demostrar su poder. Ésa era la única forma de obtener estatus en el infierno.

Pero Tabris se estaba guardando todo. Nunca había sido callado y siempre era honesto con sus palabras. Ahora eso había cambiado. Rosella era la única que conseguía hacerlo hablar en las llamadas telefónicas que Purga espiaba.

Sólo esperaba que todo se resolviera, sin importar cuán difícil fuera. Sabía que su señorito podría salir del problema cuando entendiera que sus padres se sentían culpables por lo que sucedió y lo mucho que se preocupaban por él.

Tabris iba detrás de Mero, pero sus pensamientos iban en otra dirección. El entrenamiento del día anterior había sido agotador, pero importante. Su padre había intentado mostrarle cómo manejar su energía demoniaca, pero sin importar cuanto tratara de hacerlo Tabris era incapaz de manifestar sus poderes. No sabía el motivo, sólo que no sucedía nada. Ante esto, el entrenamiento se enfocó en practicar con la lanza con su madre.

Seviathian le había asegurado que no era nada para preocuparse y le preguntaría al abuelo sobre eso. Se suponía que concentrarse en los sentimientos del despertar ayudaba, pero cuando Tabris lo hacía simplemente se bloqueaba.

Mero se metió debajo de unos arbustos, muy seguramente a comerse las bayas. Tabris la alimentaba estrictamente con la dieta que Tessa le dio, así que tenía que detenerla antes de que se diera un festín.

—La buscaré, pero si ella sale esperen aquí para atraparla —pidió a Razzle y Dazzle para luego meterse debajo del arbusto, gateando para no quedar atrapado entre las ramas y hojas. Plaga le había enseñado a agacharse y moverse de tal manera, como las cucarachas, para que pudiera pasar por donde quisiera.

Tabris continuó hasta que salió del otro lado. No había encontrado a Mero, así que supuso debía volver para buscarla otra vez. O quizás, ya que le gustaba tanto correr, se había salido por la verja de metal que limitaba al hotel.

Tabris se acercó y tomó los barrotes negros de frío acero. Sus entrañas se contrajeron al pensar en los peligros que merodeaban afuera. Demonios dispuestos a matar a Mero —y a él— sólo por el placer de hacerlo. Apretó sus manos fuertemente, sintiendo el burbujeo en su pecho.

—Órale, chamaco, aguanta —dijo una voz femenina conocida para él. Tabris abrió los ojos desaforadamente, al haber sido tomado con la guardia baja. Miró hacia atrás para ver a Tlexóchitl, una demonio leona, de piel bronceada y cuerpo musculoso. Era muy alta, y su cabello rubio caía largo sobre su espalda—. ¡Ésa sí que es una energía impresionante!

Tabris no se había dado cuenta de que su apariencia había cambiado. Sus cuernos habían crecido y el rastro de unas alas había aparecido en su espalda.

Era apenas una probada de su verdadera forma y en cuanto lo notó, desapareció volviendo a la normalidad. Tabris se sintió agotado.

—Eso pasa cuando tus emociones dominan tu energía. Tu mente es quien debería encargarse de eso, sabes —indicó Tlex que había visto innumerables veces como el poco control de las emociones, solía indicar un pobre manejo de poderes en los demonios—. Estás disperso, mijo.

—¿Disperso? —preguntó Tabris colocándose su gorro. La cabeza le punzó.

—El equilibrio es importante —explicó Tlex sacando su cuchillo de obsidiana de quien sabe dónde y apuntándolo hacia Tabris—. Muchos creen que es un balance perfecto, una forma de evadir los problemas, pero están equivocados. El equilibrio no significa evitar conflictos, implica la fuerza para tolerar emociones dolorosas y poder manejarlas. Me ha tocado entrenar a un par de escuincles en este lugar, así que me doy una idea por lo que estás pasando, chaparrito. Se nota que acabas de despertar tus poderes y algo te impide usarlos apropiadamente.

Tabris trató de suprimir su sorpresa, pero ante el ojo experto de Tlex, una guerrera glorificada experta en peleas, fue imposible no verlo. Ella no insistió, por mucho que quería ayudar. Tabris era un niño y como tal lo mejor era no presionarlo, él encontraría una salida o aguantaría hasta explotar, como fuera tendrían pronto un resultado. Además había identificado de que estaba plagada la energía del niño: ira. Una sensación fuerte y devoradora de la serenidad, y es que aunque Tlex no supiera la causa, sí que podía entender las consecuencias.

Después de todo, ella había llegado al infierno cuando, cegada por la furia y la venganza, cometió atrocidades en nombre de la justicia personal.

Tabris estaba enojado, pero no sabía cómo expresarlo y era miserable y se culpaba por sentirse así.

"¿Ah, llegará el día en que no nos sentiremos avergonzados por lo que sentimos?", meditó Tlex sabiendo la respuesta de antemano. Si ese fuera el caso, sería tan fácil enfrentar sus propios sentimientos y sentir una verdadera redención.

—Tómalo con calma, chamaco —dijo dándole un golpecito con el mango de su espada en la frente, que por la fuerza adquirida luego de tantos años de entrenamiento le dolió mucho a Tabris—. Tienes tiempo para arreglarlo. Presionarte a que funcione cuando estás así, sólo hará que te lastimes.

—Estoy bien —enfatizó Tabris que no quería hablar con una no-total-desconocida de sus problemas.

—Es lo que todos decimos aquí abajo —se encogió de hombros—. Como sea, ¿qué andas haciendo aquí?

—Estaba buscando a…

Mero salió disparada del arbusto dándole a Tabris justo en el estómago. El niño quedó tendido en el suelo, con la horrible sensación de querer devolver todo lo que tenía adentro.

—Buena tacleada —alabó Tlex. Meropé se veía muy triunfal encima del pobre niño—. Ay, cosita bella, adoro a estos animalitos. Son muy buena compañía y saben muy delicioso acompañados de salsa.

En cuanto la escuchó, Tabris se levantó y abrazó a Mero para alejarse tanto como pudiera de Tlex.

—Oye, no le decía en serio, chamaco baboso —dijo Tlex, bien ofendida—. De quien debes cuidarte es de Alastor o Niffty, esos dos estuvieron a punto de convertir al cerdito de Angel en unas buenas rebanas de tocino.

—Vigilaré que Mero no se cruce en el camino de esos dos —aseguró Tabris.

—Descuida, puedes confiar en mí para mantener a salvo a Pero —dijo Tlex con una gran sonrisa—. Cuando los animales son mascotas, no me los como.

Eso no tranquilizó a Tabris. Los demonios mentían, ¿no lo habían hecho sus padres? ¿En quién podía confiar si era así?

Tabris no quería pensar en eso.

Apretó más a Meropé. Sólo quería que las cosas volvieran a la normalidad.

Cuando él y Tlex volvieron con Razzle y Dazzle, Tabris sintió que su mundo se desmoronaba cuando se dio cuenta de que no podía confiar en nadie en el infierno.


Durante la reunión, Alastor prestó atención tanto a la exposición del proyecto de Von Eldrich como a Vaggie. Fue inevitable hacerlo porque, si bien le importaba lo que el insufrible imbécil tenía que exponer, también estaba intrigado por esta nueva Vagatha. Tan controlada, tan centrada como su esposo en exponer lo que creían era una buena forma de lograr el primer éxito del Hotel Hazbin.

Y por lo que estaba escuchando, la idea era risible, pero planteaba divertidas posibilidades.

Cuando el hotel abrió se iniciaron fuertes rumores de intervención divina cuando comenzaron a ganar clientes y fama, pero en eso había quedado todo, simples rumores. Conforme los años pasaron y quedó constatado que el objetivo del hotel nunca se cumpliría, pasaron a ser una noticia más del boletín diario.

El objetivo de Seviathian y Vaggie eran atraer la atención, pero no de los pecadores esta vez, sino del mismo Paraíso. Hacerles ver que los pecadores en el hotel estaban listos para vivir un segundo juicio.

—No podemos juzgar, eso está hasta en los propios mandamientos de Dios —explicó Seviathian—, por lo que, sin importar cuanto tratemos, si no conseguimos su ayuda no lograremos nada.

—Nosotros no brindamos el perdón, pero podemos conseguir que los pecadores puedan ser juzgados otra vez. Algo nunca visto, si consideramos la historia del infierno —agregó Vaggie. Ah, qué postura tan firme. Nada dejaba pasar. Alastor estaba ligeramente maravillado; siempre había conocido sobre el temperamento y valentía (estupidez) de Vaggie, después de todo había sido la primera pecadora en amenazarlo abiertamente si se atrevía a dañar a alguien, pero ahora que se había refinado a algo más elegante… era más interesante para él.

— ¿En qué se basan para arrojar esa premisa?

—En tu propio padre, Charlie —respondió Seviathian—, pues él me explicó que su padre podría perdonarlo. Al menos eso es lo que nos aseguró que sucedería si en verdad quisiera volver. Si la premisa puede aplicarse a los pecadores también…

—No puedes comparar al favorito de Dios con unas tristes almas desgraciadas, Von Eldrich —comentó Alastor ganándose una mirada exasperada de Charlie.

—Eso no lo sabremos si no lo intentamos —respondió Vaggie, el fuego de su alma impregnado en sus palabras. Su determinación era firme y Alastor no pudo sino sonreír más ante su ingenuidad, ¿qué ella misma no era un ejemplo de que a Dios le importaba bien poco lo que les pasaba a quienes iban al infierno?—. Y la mejor forma de averiguarlo…

—Es logrando que un cliente del Hotel Hazbin sea apto para un segundo juicio —completó Charlie—, pero si fuera así, mis clientes han…

—No, Charlie —dijo Vaggie—, no han hecho progreso alguno más que engañarse a sí mismo que han logrado algo. Cuando los clientes vienen al hotel, por el simple hecho de venir, creen que ya han hecho lo más que pudieron, pero no es tan fácil. La absolución de los pecados tiene que ver más con lo espiritual, con el alma, que con una simple rutina de "buenas" acciones.

Ni Charlie podría discutir eso. Luego de haber ignorado tantas veces la realidad, era momento de enfrentar las cosas como eran.

—Perderemos clientes si accedemos a hacer este… sinsentido —susurró Alastor a Charlie—, ¿estás dispuesta a hacer eso, sólo por un buscar un imposible?

—Si me asustaran los imposibles, nunca habría abierto este hotel —respondió Charlie llena de confianza.

Alastor tuvo ganas de reírse. Bien, la idea le parecía entretenida, y con suerte, haría de la obra algo más entrañable, pero la mejor parte llegaba en el momento en que Charlie se vería obligada a sacrificar algo para "mantener" su sueño a flote. Pasó antes, pasaría después.

—Creo que podemos lograr nuestro objetivo con su ayuda —dijo Charlie hacia los Von Eldrich—. Es momento de que los clientes en el Hotel Hazbin lleven su proceso al siguiente nivel.

—Gracias, Charlie —dijo Vaggie sonriendo levemente, sin preocuparle la opinión de Alastor pues, aunque era socio de Charlie, era ella quien tenía la última palabra. Tampoco era que Alastor fuera a negarse a disfrutar de las consecuencias que una idea tan alocada traería. Ciertamente, le interesaba saber cómo manejarían aquello y cómo reaccionarían los clientes del hotel, tan aferrados a imagen de pecadores "buenos", que sería hilarante ver que lo que habían construido se derrumbaba nuevamente.

—Hablemos de detalles ahora —dijo Seviathian sacando de su abrigo un montón de papeles con la descripción exacta de su plan.

Alastor no admitiría jamás que ese bribón estúpido había hecho algo medianamente inteligente, aunque era posible que lo lograra gracias a la ayuda de Vaggie. Era lista y astuta cuando no dejaba que su enojo le ganara, pero a Alastor le había costado descubrirlo. Sus primeras interacciones siempre fueron molestas y terminaban en acalorados enfrentamientos que Vaggie solía perder. Vaggie no era como las mujeres que solía tratar. Siempre hacía las cosas a su manera, porque no requería que alguien más la ayudara. Ella era capaz de hacer muchas cosas… y su tenacidad era algo que había llevado a Alastor a tratar de acercarse a ella para no tener que pasarse discutiendo todo el tiempo (aunque se había divertido tanto sacándola de quicio en esas ocasiones).

Alastor sintió un hormigueo extraño, pero lo ignoró.

No quería darle demasiada importancia a sensaciones pequeñas.

No quería que algo diminuto se convirtiera en algo grande ahora, cuando su estabilidad pendía de un precipicio.

Vaggie había vuelto. Vaggie había regresado luego de lo que le había hecho.

Por primera vez, Alastor no sabía qué hacer con eso.


Tabris había jugado durante más de cuatro horas. Se dio cuenta porque el cielo rojizo del infierno se había oscurecido un poco más, indicando que la tarde se acercaba. Sus padres debieron tomarse su tiempo con la princesa y eso sólo señaló la importancia de su proyecto. Tabris deseó que Charlie les diera la oportunidad, significaría mucho para sus padres.

—Señorito —llamó Purga tras cerrar su libro y mirar el pequeño celular que se había comprado recientemente—. Al parecer, la junta ha terminado. Lord y Lady Von Eldrich me han avisado que volvamos.

—De acuerdo, Purga —dijo Tabris sacudiéndose sus ropas. Tlex se había ido hace una hora, pero había insistido en enseñarle algunos movimientos de lucha y Tabris terminó el doble de agotado y muy adolorido—. ¿Comeremos aquí o de vuelta en casa?

—Su señora madre me ha solicitado que ayude a la cocinera del hotel a preparar una comida rápida —respondió Purga limpiando la carita de Tabris con un pañuelo de tela—, así que parece que nos quedaremos más tiempo.

Entraron al hotel, Tabris dejó que Razzle y Dazzle entretuvieran a Mero —la cerdita todavía tenía energía—, mientras él se distraía observando las fotografías. Su madre le había contado más cosas acerca de sus aventuras con los inquilinos del hotel, pero en ciertas fotografías, notaba lo cercanas que ella y la princesa habían sido. A Tabris le extrañó eso, pues su madre hablaba de Charlie como de una vieja amiga.

"Le preguntaré a Rosella sobre eso", se dijo a sí mismo.

De repente, cuando volvió la mirada al corredor, un enorme ojo obstruyó su camino. Tabris casi se va hacia atrás, pero afortunadamente reunió la compostura suficiente para notar que no era un ojo solamente, sino una pequeña demonio de corto cabello rojo que vestía un trajecito de sirvienta francesa.

—B-Buen día, señorita —dijo Tabris, cohibido ante la extraña sonrisa de la desconocida.

—Te pareces a él —su voz era aguda, pero no irritante. Tabris parpadeó con confusión, ¿de quién estaba hablando?

Una delgada mano de dedos largos y puntiagudos le tomo de la cara. La demonio acercó más su cara a la suya, estudiándolo.

La intervención de Purga puso fin a eso. La canaria apartó bruscamente a la desconocida y puso a Tabris detrás de ella. La ciclope no pareció intimidada por la diferencia de alturas y se quedó viendo a Tabris sin dejar de sonreír.

—Tus ojos se parecen mucho a los de él —dijo la pequeña pelirroja.

—Eso ha sido inapropiado —señaló Purga logrando que le prestara atención—. No te atrevas a tocar al hijo de Lord Von Eldrich con facilidad, pequeña escoria.

—¿Von Eldrich? ¿O sea que eres el hijo de los exs de Charlie, del que ella me habló? ¡Oh, pero qué desconsiderada he sido! No te reconocí al principio, pero ahora que lo veo te pareces también a ella. Mi nombre es Niffty y soy la encargada de la limpieza y la cocina del Hotel Hazbin. ¡Mucho gusto conocerlos!

¿Así que ella era Niffty? Menos mal, Vaggie le había hablado de ella. Tabris le pidió a Purga que se tranquilizara.

—Mucho gusto, señorita Niffty. Yo soy Tabris Von Eldrich.

—Aww, eres adorable —chilló Niffty—. ¡Por Lucifer, los niños de los pecadores son tan bonitos! Rosella era tan linda como tú cuando era pequeña y ahora es una preciosa jovencita que adora leer mis fanfics. Es mi lectora más fiel.

Tabris no sabía bien lo que era un fanfic, le preguntaría a Rosella después. Justo en ese momento Razzle y Dazzle aparecieron, al parecer habían estado persiguiendo a Mero hasta que se dieron cuenta que los dejaron atrás, por lo que volvieron. La cerdita saltó a los brazos de Tabris, y en unos segundos se quedó dormida, al parecer su batería interna se había agotado al fin.

—Oh, así que el olor a cerdo pertenecía a ella. Creí que la cena se había fugado otra vez —Niffty soltó una risita—, menos mal no la encontré antes que a ti. No me gustaría comerme otra vez a la mascota de alguien más.

—Qué bueno —comentó Tabris con irritación. Ya empezaba a cansarse de que quisieran comerse a Meropé sólo porque era una cerdita.

—Si eres la encargada de la cocina, supongo que tendré que trabajar contigo —dijo Purga mirando con menosprecio a Niffty.

—Sí, Charlie me avisó sobre ti —asintió Niffty. Se dio la vuelta y se alejó dando saltitos. Purga se sintió indignada de la falta de modales de los empleados del hotel.

—Si me disculpa, señorito, debo ir a atender mis deberes. Aunque puede acompañarme si lo desea.

—No te preocupes por mí, Purga —dijo Tabris—, en este hotel estoy a salvo. Además Razzle y Dazzle están conmigo. No me pasará nada.

—Como guste, mi señorito —pronuncio haciendo una reverencia. Prefería mantenerse cerca del niño, pero sabía que hacerlo iría en contra de lo que le ordenaron. Purga tenía un contrato que cumplir.

—Iré con mis padres si eso te hace sentir mejor, Purga —comentó Tabris.

—Por favor —murmuró, avergonzándose de que el niño fuera tan comprensivo con ella. Una sirvienta nunca debía imponer su voluntad sobre los deseos de sus amos.

Tabris se retiró, yendo hacia donde sus padres lo estaban esperando dejándola sola.

—Se parece mucho al señor Alastor —señaló Niffty cuando Purga la alcanzó en el camino a la cocina.

—Mi señorito no se parece a nadie más que a sus padres —espetó Purga, muy molesta por el tono en el que Niffty lo dijo—. Su cabello y su tono de piel los heredó de Lady Von Eldrich y sus ojos de Lord Von Eldrich.

—Cierto, cierto, había olvidado que el ex de Charlie tenía las escleróticas rojas —sonrió Niffty quitada de la pena—. La cocina está por aquí. Sabes, desde que Angel y Vaggie se fueron del hotel, cocinar ya no ha sido tan divertido. Ellos me hacían compañía. Vaggie sabe cocinar bien, pero la sazón de Angel definitivamente es el mejor, casi tan bueno como el de Alastor. Como sea, es bueno tener a otra chica acompañándome. Seguramente sabrás hacer algo bien.

Purga ignoró el insulto para no iniciar un conflicto que afectaría a sus patrones, así que prefirió pensar en lo que había dicho sobre Tabris. Qué idea tan tonta, creer que Tabris se parecía a otro hombre que no fuera Seviathian. Purga había llegado a trabajar bajo sus órdenes cuando Tabris tenía tres años, como parte de un regalo hecho por Frederick Von Eldrich hacia su nieto.

Un nieto que había nacido de una pecadora. Todo un suceso en el Infierno. Nadie lo había esperado. Seviathian y Vaggie sólo habían tenido sexo casual cuando se descubrió que ella era capaz de embarazarse, por lo que Seviathian quiso llevarlo a lo formal. Una historia simple y se aseguraría de que Niffty supiera de que no había manera de que el Demonio Radio fuera el padre de Tabris Von Eldrich.


Tabris paseó por los largos corredores. Había mentido a Purga, y aunque se dirigía con sus padres, optó por la ruta larga. Razzle y Dazzle lo seguían de cerca, bastante acostumbrados a tener que vigilar a un niño demonio. Al estar completamente solo por fin, pudo tomarse un respiro de su aparente calma.

Nunca había creído que necesitaba desembarazarse de su familia, pero así era. No quería estar con ellos y la culpa por sentirse así era grande. Su alejamiento sólo había empeorado los sueños que tenía, convirtiéndolos en pesadillas que hacían que se despertara agitado y con el corazón latiendo fuertemente.

Pesadillas repletas de plumas negras, cadenas que le laceraban la piel y risas burlonas. Y sangre, demasiada sangre. Para rematar, sus padres aparecían no para salvarlo sino para mirarlo con burla y desprecio.

Tabris sabía que sólo eran sueños, pero algo de eso se quedaba cuando despertaba haciéndolo sentir peor. No sabía que le estaba pasando, pero quería que se detuviera. Simplemente deseaba no sentirse así, tan…

Tabris chocó contra alguien por haber estado tan ido en sus pensamientos. Meropé chilló molesta por su siesta interrumpida. El niño demonio se sobó la frente, había sido como chocar contra una pared.

Miró hacia arriba encontrándose con un par de pupilas carmesí que reconoció al instante.

—Disculpe mi torpeza, señor —dijo Tabris poniéndose a un lado para dejarlo pasar como había sucedido hace algunas horas. Si él estaba aquí significaba que sus padres ya estarían esperándolo, impacientes porque no había llegado aún.

—Eres el hijo de Vagatha —comentó Alastor sin ninguna intención de moverse de donde estaba. Parecía entretenido de haber encontrado a Tabris en su camino a los jardines (no había querido quedarse con Charlie, Seviathian y Vaggie más tiempo del necesario)—. No nos presentaron adecuadamente antes.

—Sé que los negocios son algo primordial, señor, y usted dijo que los protocolos pueden dejarse de lado si es el caso —señaló Tabris.

—Qué niño más atento —dijo Alastor extendiendo su mano para tratar de darle una palmadita en su cabeza.

Meropé saltó de los brazos del niño para darle una mordida a esa mano huesuda que se acercaba a Tabris.

—¡Mero, no, no hagas eso! —exclamó tomando a la puerquita de vuelta y regañándola.

Por supuesto, la mordida no fue más que una ligera molestia para Alastor, pero no pudo menos que sentir lástima por el desgraciado animal que pronto formaría parte de su cena. No es que el niño tuviera que saberlo en ese momento.

—Perdón, señor —dijo Tabris sosteniendo bien a Mero que se veía con ganas de darle otra mordida—. Meropé ataca a quien se me acerque. Ayer mordió a Purga cuando quiso cepillarme el cabello.

—No hay problema, querido niño, las mascotas son… protectoras con sus dueños. Es entendible. Seré cuidadoso para no molestarla de nuevo —pero la mirada que le dirigió a la cerdita fue la que le daría a un plato especialmente apetitoso—. Me presento formalmente. Soy Alastor, el Demonio Radio, un apodo creado por los residentes del infierno que adopté felizmente, ya que ha eso me dedicaba cuando estaba vivo.

—Yo soy Tabris Von Eldrich —dijo el niño—, y ese nombre me lo puso mi tía Hellsa, aunque ella también puede considerarse un residente del infierno. Mucho gusto, señor Alastor.

Alastor se inclinó hacia él. Al igual que Niffty, también parecía estudiarlo atentamente. Tabris pudo darse cuenta de más detalles de su cara, como la forma de su peinado, su monóculo y sus dientes amarillos y puntiagudos. Además del olor apestoso que emanaba de su boca.

—Te pareces a ella —dijo Alastor tras un minuto de análisis. Su dedo señaló a los ojos del niño, procurando mantener la distancia necesaria para que Mero no lo mordiera—. Tus ojos no, pero lo demás… lo demás sí.

—¿Te refieres a mi madre? Mi señor padre, mis abuelos, Purga, Penuria y Plaga dicen que me parezco a ella.

—Y tienen razón, mi niño. Sabes, Vagatha y yo no nos llevamos bien al inicio, pero llegamos a congeniar en algunas cosas. Ella nunca confió en mí y eso siempre me ha parecido lo más inteligente que hizo desde que llegué al hotel.

¿Vaggie también había desconfiado de los demás? Eso Tabris no lo había sabido hasta ahora. ¿Cómo podía enfrentar su madre al mundo sintiéndose así?

—Tus padres están esperándote para contarte las buenas nuevas —dijo Alastor. Este niño era el hijo de Seviathian también, pero no por eso sería descortés con él.

—¿Buenas nuevas? ¿El proyecto se aprobó? —ante la noticia, Tabris no pudo evitar emocionarse. Sus padres le habían dicho que eso serviría para ayudar al hotel, y eso sólo podía significar conseguir que una alma pecadora consiguiera entrar al Cielo.

Tabris sonrió mostrando sus afilados colmillos blancos.

Alastor se quedó quieto.

Conocía esa sonrisa. La que ella mostraba a aquellos en los que confiaba, con la dulzura que Vagatha ocultaba tras capa tras capa de rudeza cuando dejaba atrás sus temores y su desconfianza. Vaggie sólo le había sonreído a Alastor así una sola vez, y considerando la historia que tenían, Alastor lo consideraba una victoria porque había sido cuando él y Vaggie consiguieron llegar a un punto medio en el que podían coexistir sin querer matarse.

—Tienes su sonrisa —Alastor apuntó a los labios de Tabris. La sonrisa de Vagatha no tenía hoyuelos adorables, ni estaba cargada de alegría, era pequeña, pero sincera. Espontánea y especial.

El hormigueo en su pecho se intensificó. A Alastor le costó suprimirlo. Las preguntas se aglomeraban en su cabeza, pero no quería mostrar nada frente a nadie, ni siquiera ante un niño que apenas conocía.

—Anda, ve con tus padres y finge sorpresa por la noticia —dijo Alastor guiñándole el ojo. Tabris desconocía por qué lo había hecho, pero imitó el gesto y pasó al lado del Demonio Radio, con los dragones-cabritas de Charlie detrás de él.

—Hasta pronto, señor Alastor —se despidió antes de alejarse por el corredor.

La sombra de Alastor apareció a su derecha, sintiendo las emociones de su dueño. Extrañado de eso, pues Alastor había sido experto en controlarlas desde hace mucho tiempo.

Alastor no dejó de observar el punto por el que Tabris se había marchado. El hijo de Vagatha. Charlie se lo había mencionado, pero verlo fue… inesperado. Nunca hubiera pensado que Vaggie tendría un hijo con Seviathian. Se suponía que estaba bajo la custodia de los Von Eldrich para evitar que Alastor terminara matándola (cuando Charlie los había encontrado tuvo que pelear contra él para que dejara a Vaggie. La droga y los afrodisiacos habían nublado el juicio de Alastor a tal grado de aferrarse a conservar a su presa).

Alastor dio la vuelta y siguió su camino. La sombra tardó en seguirlo mientras trataba de entender las fluctuaciones en las emociones de Alastor, emociones nuevas y recientes que nacieron en él como un anhelo.

Un anhelo que había ignorado durante siete años.


Creo firmemente que Alastor y Vaggie desarrollaran una relación de mutuo respeto y cordialidad, una vez que entiendan sus diferencias. Hubo revuelo cuando se descubrió que Alastor era un "protector de las damas en peligro", y bueno, muchos aseguraron que Vaggie se merecía el trato que le dio (lo curioso es que, por definición, un caballero lo es hasta en el peor de los casos, lo que claramente Alastor no es, pero bueno, si nos dan algo, los fans podemos usarlo como nos plazca). Si es así, quiero pensar que eso nos permitirá adentrarnos a esa "desconfianza" que Vaggie parece tener hacía los hombres (yo me voy por un padre alcohólico, pero creo que debería leerme algunos artículos sobre las condiciones de vida de El Salvador durante la época en la que Vaggie vivió para saber más).

En cuanto a Alastor y Tabris, quiero creer que Al es incapaz de pensar en sí mismo como padre, es decir, encargarse de un niño si fuera el caso no indica que la persona se vea a sí mismo como tal. Por eso, en verdad le sorprendió saber que Vaggie había tenido un hijo luego de todo lo que pasó y que ese niño se pareciera físicamente a ella, pero no en su personalidad, confirió un toque nuevo a su posible relación. Porque en la historia de May sobre Rosella aclara que Alastor cree que es una malcriada, así que quise que Tabris fuera cortés; un niño tranquilo con el que Al se sentiría a gusto de hablar.