Aviso: Ooc, ambiente del libro. Esto seria luego del final.

La Mecánica Del Corazón es pertenece de Mathias Malzieu, solo la historia es propiedad de LagrimasSolitarias.

"SI TUVIERA QUE ELEGIR"

Tantas cosas que quiso decirle, cuantas palabras ahogadas en su garganta, cuantos recuerdos que se burlaban por ser del ayer tan lejano, cuanto vacío sentía ese corazón que desde hace mucho dejo el tic-tac, no por falta de aquel reloj que lo acompaño toda su niñez sino por falta de esa esencia tan sublime que fue ella.

Desde hace años que dejo de estar vivo con la ultima triste mirada que la dama le dio, siendo el despertar y continuar como fantasma un piloto automático que realiza cada día con total simpleza. Ese algo que la vida se pinta de su color se esfumó con ella, esa chispa que vuelve un día cotidiano en un suspiro de magia no se encontraba en ningún lugar, ya que la magia en su existir únicamente ella la hizo nacer.

Miss Acacia había sido un antes y un después en su vida.

Quien le dio la luz de vida al conocerla quitando lo gris en esta, esos recuerdos de rechazo en su niñez perdieron total peso al sentir sus manos, ese sinsabor de no sentirse completo con un corazón defectuoso se esfumo al esa pequeña cantante completarlo con su amor, sus ojos deseosos de su silueta se saciaron tanto al verla, en esos días que habría dado lo que fuese por detener el tiempo.

Quedarse atrapado en los amaneceres que sabía la vería, viajar a las noches donde sobraban las palabras y caricias en el alma, sentir otra vez ese primer abrazo donde sintió esperar años repasándola en su mente una y otra vez valió la pena.

Ese calor tan puro y suave que descongeló las sobras del hielo en su corazón, su tic-tac se volvió tan loco en ese instante que su ser pareció volverse uno con el suyo, como dos partes pérdidas que al encontrarse se conectan en la perfecta sincronía contraria e irónica por lo mismo.

Su pecho dolía tanto a falta de todo el encantador caos que ella traía con solo su presencia, sus ojos vivían en la neblina de la melancolía por no ver los brillantes suyos, sus brazos como su cuerpo se congelaba al ya no apresarla.

Que abría dado por apresarla en un abrazo eterno, uno donde ella pudiera leer sus sentimientos en cada segundo que pasase, uno donde él la protegiera hasta de la más liviana brisa por tal de mantener cuidado lo que más se ama, un contacto tan sublime que solo podría dar paz.

Extrañaba tanto esa paz.

La paz de tener lo más soñado cerca de tus pasos, la paz de crear más bellos recuerdos que se van atesorando, la paz de ver sonreír a quien te hace sonreír, la paz de saltar entre nubes que te hacen volar.

Miss Acacia era su paz, era lo más bello que pudo en su corta vida mirar, así como lo más precioso que llego a escuchar con su refinado canto, lo más tierno que tendría en su memoria con cada expresión que su rostro le regalaba.

Se encontraba tan perdido extrañando el sin numero de cosas dulces que ella con facilidad provocaba, si hasta extraña las escenas grandes y pequeñas que vivían de celos por seres imaginarios como mujeres inexistentes y fanáticos de ella, si llego hasta al punto de extrañar las peleas como no extrañaría todo lo que es lindo entre ellos.

Como no sentir que todo se volvía plano y seco sin ella, que sus pies en lugar de estar entre suaves nubes caían en un abismo tan profundo y negro que solo absorbía en la agonía del tiempo sin detenerse y a su vez estancado en la lentitud.

Hermosa muñeca de porcelana con la perfección en ella, la hermosura de su rostro que envidia un ángel, la gracia en cada centímetro de su andar, el sueño que es vuelto real, la mezcla de un ave frágil y una flor que recién abre sus pétalos mostrando la mas bella de las sonrisas.

Que importarían algunas garras y espinas si hasta ellas amo con devoción su alma.

El humor de quietud y tempestad como cada nota alta y baja de Acacia fue envolviéndolo y más bien aprisionándolo dentro de su corazón. Y que feliz fue al ser prisionero de semejante castillo donde poder soñar.

Pero ahora todo se veía tan lejano. La añoranza de sentirla cerca, de saber algo directamente de ella, de deleitarse con cada detalle que la adorna, de poder vibrar las tuercas de su oxidado corazón con total libertad, de sentirse feliz.

La pequeña cantante que conquisto sus sueños y anhelos, es la total representación de su felicidad.

Como envidiaba a su yo del ayer, ese que pudo tenerla entre más que sólo palabras en las noches que se encontraban en ese sitio tan suyo, tan de ellos, su lugar tan especial, donde le mostró su corazón y ella río.

Incluso hasta envidiaba al pequeño soñador que se encontraba solo al ser un niño, porque aún no teniéndola al menos podía fantasear en un día poder verla, observándola en sus sueños como lo más inalcanzable y bello.

Ser el insignificante soñador que peca de la peor locura al querer alcanzar la luna y cortejarla, extender los brazos en el suelo tan alejado del cielo y aún así atraerla, sonreírle como cómplice y susurrarle todas las cosas hermosas que le hace sentir su brillo, aceptar cada estrella que ella le obsequie y él darle su eterno amor ilusamente, como si fuese un gran regalo para alguien tan imponente.

Miss Acacia era más que solo una ilusión pasajera que su familia de corazón creía, ella es hasta esta fecha quien le dio realmente vida con su amor aún antes de conocerlo, siempre estuvo brillando con encanto carmesí de rosa muchos pasos antes en su camino, quien creó los más dulcísimos latidos y fantasías conectando su mente y corazón que dibujaron escenarios hermosos con ella.

Jack eres un completo tonto, eres el rey de ellos y calificativos más haya que eso… Se decía.

Jamás podría perdonarse a si mismo que entre todos los errores de su vida haya cometido el mayor pecado de lastimar a quien tanto le dio.

El saber que ella derramo lágrimas por su causa no podría ser más doloroso que la peor tortura, igualada solo con no verla.

Daría todo a su alcance y hasta fuera de él por evitar hubiesen nacido esas lágrimas solitarias que queman como ácido traspasando el reloj que un día tuvo en el pecho y llegando al corazón, golpeando con ganas su cara y arrastrando con desprecio su alma por las frías calles.

El hecho que su Miss Acacia llorase, su pequeña cantante, la que lo volvió en el tonto más feliz con un abrazo y le hizo abrir las alas al país de la felicidad.

Solo podía ser lo más terrible y devastador… Empeorando la condena que fue él ese causante de tan vil pecado. Doliéndole tanto el pecho, sintiéndose terrible consigo mismo, más bien odiándose por ello, diciéndole su corazón que se supone ya es sano sin el reloj justo ahora que más dañado y defectuoso lo sentía que podría perdonar total bajeza a cualquiera pero que jamás podría perdonarse así mismo él que la lastimo, no odiando a nadie más que no fuese a él por tal abominación.

Si pudiera evitar el verse y estar consigo mismo lo haría, porque no podría detestarse más por lastimar a quien más ama en el universo.

Universo de mil colores que sin ella más que gris como en el pasado ahora se encontraba negro en tinieblas.

Siempre ella pudo hacer y deshacer, volver el día con el color que ella eligiese, hacer nacer sensaciones lindas en sus panoramas, mover cuantas montañas imposibles con uno solo de sus tiernos gestos.

La falta de eso sólo dejaba vacío creciendo en el interior de Jack, vacío que ahora entendía es su culpa y parte de esta actual condena donde no podía verla y menos sentirla cerca, donde cada día despertaría y viviría en automático, donde se volvería más fantasma que deambula con torpes pasos sin un rumbo fijo, donde se abrazaría con sus propios brazos cerrando tan fuerte los ojos que ilusamente intentaría soñar ella lo abraza.

Pero es imposible.

No sé podría remplazar un abrazo por uno de su dama elegante, ni dándolo él mismo oh recibiéndolo de alguien más, nadie daría esa calidez soñada a su alma oh provocaría la mínima vibración en su corazón, porque nadie llego jamás tan dentro como Miss Acacia, tan profundo en el limbo de su mente y acaricio los engranajes con curiosidad y encanto.

Olvidarla es prácticamente imposible, si desde el primer canto que compartieron en su primer encuentro de la niñez no pudo hacerlo, y tampoco quiso hacerlo si es su recuerdo más amado, la primer conversación que compartieron con canto, luego de eso todo en su mundo se volvió la muñeca de porcelana que endulzó todo lo que sus finos dedos tocaron en los renglones del libro de su vida.

El anhelo de estar con ella dándole la vuelta al mundo por meterse en el suyo y halarla con anhelos dentro del propio creando el de ambos.

Como la extraña.

Su corazón llora por no latir al aproximarse quedando solo el consuelo de latir por un recuerdo codiciado, sus manos se vuelven cada vez más ásperas por no entrelazarse con las suyas, sus ojos no podrían estar más secos por cuantas lágrimas que derrama a diario sin ella, sus sueños se apagan como las estrellas muriendo y cayendo del cielo que fueron los días con ella, su corazón no puede estar más desesperado y su cuerpo más tembloroso por la falta de toda la luz hermosa que es su aún amada.

—¡BASTA YA!.

Se dijo un cansado Jack fuera de la colina en la que creció, hace unos meses fue cuando vagando como el cuerpo sin alma que se volvió en los últimos capítulos de su vida supo la noticia de su madre adoptiva y se reunió con su antigua familia de corazón que le aclararon los porque de la mentira de este.

Ni un solo día dejo de pensar en Miss Acacia, estando ella en todo lo que lo rodeo en la arena del tiempo cayendo sin ella, los colores, las canciones, las frases que alguien mencionase, las fechas entrañables y en si todo lo torturaba para extrañarla y anhelar tanto un trozo del ayer volviese.

¿Por que no la siguió?.

Si todo lo que pasaron antes de ese día fue tan difícil ¿Por qué no seguirla?, ¿Por qué no gritarle que la ama?, ¿Por qué no rogarle le permita estar a sus pies? Ese sitio tan precioso para un ser que siente devoción por su corazón.

Pero más importante ¿Por qué no hacerlo ahora?.

La más triste mirada que ella le dio dolió, tal vez hasta lo paralizó pero ahora con tanto tiempo pasando, con tanto amor que aun vive dentro de si, con tanto dolor de saber le causo eso a quien ama y él también lo vivió por sus errores, luego de todo el suficio de no estar con quien amas por un periodo tan largo, de intentar en vano evitar esa arena deje de caer en el padre tiempo, de solo ser este fantasma sin vida y anhelos, de lograr con esfuerzos sonrisas y alegrías pasajeras que jamás podrían llegar al nivel de todo lo que la dueña de la llave que obsequio de su corazón daba solo con una palabra dirigida hacia a él.

Ya estaba cansado oh demasiado desquiciado por no ver lo más bello creado en esta locura llamada vida. Su Miss Acacia, su pequeña cantante, su luz carmesí de rosa perfumada cantando y bailando a su alrededor, el conjunto de sus sueños de niñez y adustez, por quien rechazo las supuestas reglas que necesitaba para seguir latiendo su corazón, aunque hubiesen sido ciertas se arriesgaría para volver a vivir toda esa magia que vivió con quien le inyecto vida.

Así como se arriesgaría en este instante que la buscaría, es tanto que quiere decirle y mucho más que necesita demostrarle.

El tiempo es curioso, sea en unas agujas perfectas de reloj, oh en segundos que escapan bandoleros de este.

Ya que a veces el tiempo es lento en momentos bellos que puedes saborear y moldear a tu antojó, y también así de rápido en momentos que quisieras congelar por añoró, pero a su vez es lento en momentos duros como el hielo.

Ya que Jack sintió los meses en localizar a Miss Acacia y llegar donde ella demasiado lentos, un precio pequeño a pagar por ser él precisamente eso al tardar tanto en decidir esto y solo dejarse llevar como tanto su corazón rogaba.

—Parece que la seguridad aquí se volvió pésima.

Esa voz, esa sublime voz que derretiría el corazón más congelado, esa voz que acaricia aún sin la intención de hacerlo, esa voz que lo volvió en el esclavo más feliz de sus mandatos.

—Te extrañe.

Logro responder ese mismo soñador que ubicó el teatro actual donde se presentaba su único amor en Francia así como la ciudad y horario exacto, no fue nada difícil evitar esos guardias y así como de joven escabullirse en su camerino con tanto descaro y travesura.

Si esa dama vuelta más mujer e incluso mucho más divina que en sus melancólicos recuerdos supiera como tembló con obtener una respuesta al cruzarse sus miradas por el espejo del camerino, dejándole ver su espalda por el escote de su atuendo y sus suaves cabellos recogidos con adornos de plumas de nuevo carmesí en ellos, sus ojos manteniéndose como toda su figura firme solo podía hacerlo temblar sin saber lograba no se notase, debía darse valor así mismo oh todo este esfuerzo sería en vano, si hoy lograba darle más que solo la llave de su corazón y se lo entregaba completo a Miss Acacia podría existir la posibilidad lo aceptase oh al menos supiera esta dispuesto a ver como lo rompe con sus pequeñas manos finas siendo como ganancia que cual sea el caso ella tendría que tocarlo y disfrutaría ese segundo leve de su mano tocando al menos para romper algo suyo.

—Veo que aún te gusta el estilo de paciente de manicomio escapando con aire de vagabundo.

Dijo la cantante con aparente indiferencia asiendo mención a la apariencia de Jack, el cual realmente no se había ocupado mucho en arreglar lo de fantasma sin alma en estos meses de viaje, sólo retocado un poco aún con cabellos despeinados y ni una pequeña sombra de aquel adolescente refinado que la estrella presente conocía, lo único que conservaba de él fue un pequeño brillo en los ojos que noto creció al segundo de cruzar sus miradas e incremento al escucharla hablar.

—Sino fuera porque repetiste tu truco de meterte en camerinos ajenos con un patético obsequio, créeme que te compro eres alguien más.

Y si Miss Acacia mostraba precisamente sus filosas garras de ave y espinas de bella rosa carmesí. Esas que le gritaban a Jack que no se dejaría abrazar oh se las clavaría…

Pero quería abrazarla tanto, quería saber si su corazón aun late bailando con el suyo, y ahora podría abrazarlo mejor sin reloj estorbando entre ambos…

Pero esos ojos de joyas perfectamente colocadas solo le informaban no tenía el mínimo de permiso en hacer un movimiento y por lo tanto los anhelos de abrazarla debían con dolor detenerse.

—Comprendo ahora que un "ramo de gafas rotas" es un obsequio patético… Georges me lo dijo en su momento.

El soñador sonrió con ese recuerdo del reencuentro que tuvo con la dama de rojo luego de los años de niños de la primera vez que sus caminos se cruzaron volviéndose uno y luego reencontrándose.

—Oh si tu amigo.

Miss Acacia se desmaquillaba sentada retirándose a su vez los pesados e incómodos adornos de su atuendo del show dado, su semblante tan frío podría deshacer el más grueso hielo, pero Jack había soñado tanto esto que no podía evitar ilusionarse con cada palabra suya dirigida hacia él, ignorando por tal emoción el fugas brillo que se posaba en los ojos de la dama cada vez que el mostraba la más leve expresión de emoción.

—¿Qué fue de él?.

—Busco a su pareja que lloraba extrañándola y se casaron, actualmente supe tienen hijos.

Apretó el regalo entre sus manos, el anhelo se poso en su rostro por añorar lo que su fiel amigo logro pero con su amada aquí presente a pocos metros.

—Pasaron años pero arreglaron sus cosas al hablar y expresarse sus sentimientos… No era tarde para su amor.

—Bien por ellos.

Su pequeña cantante le daba respuestas tan rápidas y directas que Jack sentía como si estuvo preparándose para esto por mucho tiempo, por ello su semblante era tan sereno y el suyo estaba a dos segundos de colapsar por el mar de emociones que se estaban acumulando en su ser, en serio necesitaba tanto abrazarla fuerte, tan fuerte que ella vería todos esos sentimientos buenos y malos acumulados en el tiempo y depositados en su corazón rogando los lea y acepte en el suyo.

—Ten.

Pero como no podía, en su lugar le daría lo que si estaba a su alcance.

—¿Vino?.

Pregunto la dama al ver que el causante de sus bellos recuerdos y tristes desenvolvía el regalo entre sus brazos y mostraba una botella de aparente vino.

—No.

Negó con la cabeza.

—Estas son mis lágrimas.

Un movimiento de cejas en el espejo lo interrogo.

—Mi madre adoptiva Madeleine hacía esto.

La tristeza beso a la melancolía en sus palabras y la muñeca de porcelana lo noto.

—Recolectaba sus lágrimas de esta forma, el día que tuve que irme de la casa donde crecí me tome casi todas sus lágrimas.

Se animo a sonreír con una mirada tan rota que se sentía similar para Miss Acacia como si su espejo estuviese roto.

—Quiero darte esto Acacia, una mezcla de mis primeras lágrimas el día que nos separamos y otras que fui recolectando en algunos momentos como hoy antes de entrar al camerino.

La mencionada supo sin necesidad de palabras y solo la mirada que esa famosa Madeleine ya no estaba en este mundo, no sabía si preguntar desde cuando, solo algo le decía hace mucho sucedió y Jack estaba muy concentrado exponiendo el regalo de sus lágrimas como para detenerse en ello, oh no quería que el ambiente que intentaba suavizar con sus ojos sumisos ante ella se volviese pesado, oh quizás simplemente decía lo primero que pensaba tomando un agarre para volar antes de dejar de respirar, algo así lo sentía la cantante que reprimió una risa.

—Son tuyas y puedes beberlas, guardarlas oh hasta tirarlas y esta bien porque te pertenecen a ti como aún mi corazón.

Miss Acacia abrió sus hermosos ojos que desmaquillaba un instante que se apresuro a disimular, su pecho le comunicaba que no resistiría mucho más el evitar llorar, espero por tanto escuchar algo así del único que volvió su corazón en un remolino nacido por él y su aura de misterio con tonterías.

—De seguro no existen los números para contar a cuantas les has dicho eso mismo.

Intento la indiferencia se mantuviese, y Jack sintió el golpe así como también la pequeña esperanza de descifrar celos en esas palabras, eso oh su desespero por la muñeca de porcelana se lo hizo sentir así.

—Desde el día de haberte conocido Acacia jamás le diría oh sentiría nada similar por nadie más, bien lo sabes si mi reloj solo enloquecía en los tic-tac al tenerte cerca.

La mencionada dejo caer cansada su cabeza entre sus manos, un profundo suspiro de enojo contenido con otras emociones mezcladas se hizo presente.

—No sería la primera vez que me mientes.

Y eso había dolido más que si todo el teatro le cayese encima.

Oh no de nuevo estaba asiendo sentir mal a quien ama, justo lo ultimo que intentaba hacer, no y no quería provocarle dolor alguno, solo quería acunarla en su amor y así lograr sanar poco a poco el dolor que el mismo de idiota causó.

—¡Miss Acacia!.

Y se había puesto de pie y dado un par de pasos.

—Escúchame yo hice mal en no decirte era yo al vernos 3 años después de nuestra pelea.

Noto como ella se tensaba más.

—Incluso fui mayor tonto en no decirte una operación me hizo entrar esos 3 años en coma.

Ella levanto la cabeza alejando sus manos para observar con profundidad al caballero despeinado que en su ayer le entrego todas las sonrisas existentes y de esa forma se las llevó, esos años que lo lloro viendo una tumba falsa, esos otros años que creyó jugo con ella solo desapareciendo y fingiendo ser alguien más que la cortejaba, ese tonto que se debatía por hacerle dos cosas en este momento.

—Pero eso que teníamos de reenamorarnos era tan bello como si se hiciese otro inicio de la misma historia con los dos escribiendo cada hoja.

La sonrisa volvió a posarse en su rostro y Miss Acacia no supo como disimular que se sorprendió con lo rápido que Jack se acerco esta vez.

—Ese día que intente darte mi corazón viejo, el reloj que cargo años mi pecho en una caja iba a decírtelo, darte no la llave sino todo el corazón para tus manos, siempre ese fue su lugar.

Y ahora Miss Acacia dio un pequeño salto en su puesto debido que Jack no le basto estar parado a su lado sino que hasta se puso de rodillas ganando su mirada directa, sus corazones eran un caos mutuo pero uno muy lindo en cualquier sentido.

—Toda mi vida Madeleine me dijo que debía respectar 3 reglas al necesitar un corazón con reloj para funcionar.

El había dejado la botella de lágrimas a un lado y movía sus manos al hablar con rapidez sin dejar su mirada que lo volvía una pila de nervios y a la vez le daban tanto valor para continuar, disfrutando en este capítulo de la vida ella callaba prestándole total atención, ya sea porque logro captarla oh porque ella estaba intentando manejar esto de tenerlo tan cerca luego de tanto.

—La primera no tocar las agujas del reloj.

Y la dama recordó cuando acaricio ese reloj con completo permiso de su propietario.

—La segunda dominar mi ira, no enojarme evitándolo lo más posible.

Y esos recuerdos de la ultima pelea que tuvieron vinieron en cascada en la cabeza de Miss Acacia, ese día Jack había sido todo menos obediente con esa regla.

—Oh el mecanismo se arruinaría…

Trago grueso para lo siguiente que sería lo primero que debió haber dicho en su ayer.

—Pero sobretodo no debía enamorarme jamás porque no lo soportaría el corazón y lo arriesgue todo por ti, por nuestro amor.

Jack vio su amada pequeña cantante estaba apuntó de alegar algo y se apresuro a continuar.

—Cierto, todo era mentira… Pero yo no lo sabía, Madeleine me lo dijo desde mi niñez y no lo supe hasta despertar del coma, me dijeron donde crecí que ella no quería yo sufriera si me enamoraba.

Bajo la mirada tan frustrado que Miss Acacia lo percibió.

—De haberlo sabido antes todo abría sido más fácil. Pero tengo algo más importante que decirte Acacia.

Ella se confundió porque ¿Qué abría más importante que esto?.

—Lo siento… El haberte lastimado, el lastimar a lo que más amo, el haberte hecho llorar, los malos entendidos que sin querer provoque pero no justifica los cometí… Si pudiera borrarlo para que estuvieses bien y solo pintarle sonrisas a quien me a dado los momentos más hermosos en mi vida, lo siento tanto y quisiera saber la forma más hermosa de lograr pudieras sentir el como lo siento, el como te extraño, el como te amo, lo arrepentido que estoy y lo feliz que me sentí cuando comenzaste a dirigirme la palabra, lo mucho que iluminas todo en mi con tu sola presencia y…

Jack no pudo continuar debido que una fuerte bofetada lo interrumpió y le levantó la mirada, topándose con joyas que lloraban y labios que temblaban, sintiendo una mezcla de dolor y ternura con esa imagen de ángel caído.

Para luego sólo halarlo a ella y besarlo, un beso pequeño y cálido que acaricio su herida alma y dio paz a la contraria que le comunico en esta forma también lo extraña.

¿Esto era real?.

Su corazón que de ser aún con un reloj se habría vuelto loco explotando todos los engranajes por semejante ajetreo azucarado que vivía, le decía es real. Miss Acacia, su Miss Acacia se había decidido por ambas opciones que se debatió, una era golpearlo y la otra besarlo y al final eligió ambas.

Sus pequeñas manos delgadas acariciaron su rostro también la mejilla dañada que no podría estar más feliz con ese suave tacto, así como todo el conjunto delicado que es su pequeña cantante abrazándolo con cuidado invitándolo abrazarla con la misma devoción de tiempo atrás, no tardando nada en hacerlo ahogando suspiros.

En este instante el tiempo fue el cómplice perfecto que al fin se detenía en este momento soñado que solo decía sería el primero de muchos mas donde se escribiría una historia con más cosas aclaradas y capítulos bellos que recompensaran los amargos del ayer al esta vez si terminar y permanecer juntos.

(Fin)

...

En el pasado lo obsequie pero ahora se lo dedico a quien aun vive con ilusiones de soñar con un final feliz.