Originalmente quise hacer esto como una precuela larga, pero aprovechando esta idea que se me acaba de ocurrir, tomaré el título para hacer más bien una secuela de mis anteriores dos títulos. Si no han leído o no saben dónde está la segunda parte, les aviso que la tengo como un crossover con Vivid Strike, que sinceramente no sé por qué la tuvieron que separar (igual que pasa con Love Live, YuGiOh! y Dragon Ball, si otros casos más separados como Digimon, Pokemon y GTA sí están unificados. Cosas extrañas que pasan).

Con amor, por amor, para el amor, contra el amor III

Miura y Zafira estaban esperando frente a los vestidores. Sabían que iba a salir pronto, pues no era de esas personas que se toma más tiempo del que necesita para cambiarse adecuadamente.

Efectivamente, Agito sale de allí, ya completamente preparada para el primer juicio del día. Contrariamente a lo que Miura y Zafira acostumbraban ver, Agito estaba bastante animada y contenta. Casi daba la impresión de que empezaría a flotar.

─ ¿Sensei? ¿Sucede algo? ─ dice Miura.

─ Es que esta mañana ocurrió todo lo bueno que puede pasarle de una sola vez a una persona ─ dice Agito, soltando un suspiro de felicidad ─. Esta mañana Rein y yo cocinamos juntos y no eché nada a perder, luego de eso nos visitó mi maestro Zest y nos obsequió unas cuantas cosas para la bebé, y justo cuando estábamos a mitad de la visita, la bebé me llamó papá ¿Se imaginan eso? Justo enfrente de mi persona más amada y también de mi modelo laboral a seguir recibo la dicha de que la primera palabra que pronuncia mi hermosa Rein Drei es papá.

─ ¿Papá? ─ se extraña Miura.

─ Técnicamente sí es el padre. Fue Reinforce Zwei quien dio a luz a la niña ─ aclara Zafira.

─ Ah, ya veo.

─ La dicha que siento en este momento es indescriptible. Es el momento más feliz de mi vida desde que me casé con Rein. Por un momento pensé en la posibilidad de quedarme en casa con la bebé y saborear ese sonido que sale de ella llamándome así todo el día. Es que no sé si sea capaz de mantener la compostura en los juicios del día de hoy, pues siento que la alegría y la dicha me desbordan.

─ No se preocupe, sensei, que estoy segura que las personas que estarán en el juicio la van a hacer enojar como siempre y le harán insultar a uno o ambos implicados ─ asegura Miura.

─ ¿Tú crees? No veo cómo alguien podría ser tan estúpido para lograr algo así en mi condición actual.


Juicio

Agito y Miura ya habían tomado asiento en sus respectivos sitios, a la espera de que se presenten los implicados en el caso que estaban por tratar. Agito estaba tan en las nubes que ni había leído cuál era el caso, pero en ese momento no le importaba. Se hacen presentes en la sala los abogados de las partes acusadora y acusada, y también aparece una mujer que se aparece en la mitad demandante. Miura y Agito se sorprenden al reconocer a los abogados.

─ ¿Yuuno Scrya, Nove Nakajima?

─ Ha pasado un tiempo ─ saluda la instructora pelirroja ─. Sé que le prometimos dejar este trabajo a los profesionales, pero es que esta oportunidad es tan sencilla y buena que no pudimos evitar la tentación.

─ Eso es extraño, pero ahora mismo no importa ─ Agito se acomoda en su asiento ─ ¿Y cuándo va a llegar el demandado? Miren que ya es hora de que comencemos.

─ El acusado no va a venir. Está... muy lejos como para llegar a tiempo ─ responde Yuuno ─. En todo caso estoy aquí para representarle, su señoría.

─ Pues ya empezamos mal, pero no veo entonces razón para posponer el caso ─ Agito mira entonces a la demandante ─ ¿Usted es... Quattro Scaglietti? ─ la nombrada asiente ─ Aquí dice que usted piensa llevar a cabo una demanda por estafa y perjuicios personales ¿A quién tiene pensado demandar?

─ Al planeta Urano, su señoría ─ responde Quattro sin cortarse ni un pelo.

La sala entera de pronto cae en un silencio envolvente y denso, tanto como para cortarlo con un cuchillo. Agito, Miura y Zafira estaban fríos cuales estatuas.

─ ¿Qué... dijiste? ─ dice Agito finalmente.

─ Lo que usted oyó ─ responde Quattro con una seriedad tal que no parecía real ─. Quiero demandar al planeta Urano porque por su culpa mi novia terminó conmigo en nuestra cita.

─ Miura, llama ahora mismo a la fábrica de pendejos, que parece que se les escapó su obra maestra ─ dice Agito en voz baja, y sus manos estaban temblorosas.

Al ver cómo estaba su jefa e instructora, Miura empieza a sentir miedo, sabiendo que ahora sí a su jefa y mentora se le estaba echando a perder su buen estado de humor. Zafira también estaba notando ese cambio tan drástico y temible de parte de su amiga, pero de alguna manera se mantiene estoico, como todo buen policía debe estar en momentos así.

─ Vamos a ver si entendí bien: Acabas de sufrir una ruptura en tu relación, y lo mejor que se pudo ocurrir es presentar una demanda, pero no contra una persona, sino contra un planeta del Sistema Solar Externo, y de los cuatro planetas que pudiste haber elegido, tenías que señalar precisamente al más frío, más muerto, más ligero, más pasivo y menos interesante de todos ellos, un planeta cuyos únicos tres temas medianamente importantes son sus anillos, su luna zombi Miranda, y el hecho de que gira en su viaje por su plano orbital rodando como una pelota en ver de rotar como una peonza como cualquier planeta normal. Y de paso, Urano no cuenta para la astrología original porque no es sino hasta finales del siglo XVIII que fue identificado correctamente como planeta, lo que hace que no tenga ninguna referencia en el zodiaco de Denderah, ni en los calendarios maya, fenicio, asirio ni de ninguna otra de las antiguas civilizaciones, que ellos sí sabían de aquello ¿Acaso me dejé algún detalle?

─ Es que en mi horóscopo aparecía que Urano estaba en una posición favorable para el amor, y también vi varios otros programas de astrología para cerciorarme, y en todos aparecía que Urano estaba en la conjunción ideal para la vida amorosa en mi signo.

─ Que no se te ocurra volver a llamar astrología a esa payasada que acabas de mencionar, o voy y te vuelo la cabeza del bofetón que te doy ─ amenaza Agito con una voz que dejó helado a todo el mundo ─. La astrología es un arte hermosísimo, uno de los pilares más importantes para la creación de las primeras civilizaciones y para que el ser humano intentase comprender el mundo en que se encontraba, junto con el papel que tiene dentro del mismo. En las estrellas y en las fases de cada uno de los planetas y la luna hay escritas infinitas historias que nos hablan del principio de todo y del nacimiento de la humanidad, nos dicen mucho sobre la periodicidad de los grandes eventos históricos, los ciclos naturales y los sucesos globales más resaltantes; y no conforme con eso, también tienen escrito el futuro de la humanidad toda, el camino que tenemos trazado y el destino final de nosotros como especie. Gracias a la astrología es que fue posible que la agricultura y la ganadería prosperaran en el principio de nuestros tiempos, cuando no existía el internet, el lenguaje escrito ni los calendarios de bolsillo, y los momentos más maravillosos y épicos de todas las antiguas culturas y religiones van de la mano con el mensaje que guardan las estrellas para la humanidad y para los que verdaderamente saben descifrar su mensaje, no para pendejos particulares ¿Cómo es posible que exista alguien tan estúpido como para darle a los planetas un papel tan banal como decirle a cada persona qué color de zapatos debe llevar? No quiero volver a oír que le echas la culpa a ningún cuerpo extraterrenal de tu ineptitud para conservar a tu pareja.

Quattro estaba muda. Casi no había alcanzado a entender nada de lo que había dicho Agito... De hecho, no muchos en la sala lo habían logrado. El razonamiento de Agito había resultado demasiado profundo para ellos. Igual Agito daba la impresión de que saltaría de su puesto para golpear a la demandante, por lo que su asistente y el policía estaban en posición para frenarla si realmente lo llegaba a intentar. Nove y Yuuno por su parte se mantienen en sus lugares, sabiendo de antemano que el caso estaba cerrado por razones más que obvias.

─ Agito-sensei, mejor sigamos con el juicio ─ ruega Miura.

─ Ningún juicio. Declaro la nulidad del juicio ─ dice Agito con dureza ─. Quattro Scaglietti, vas a tener que pagar doble... no, triple de honorarios Nakajima y Scrya por las molestias ocasionadas, y también pasarás 48 horas de prisión por pendeja ¡Se cierra la sesión! ─ culmina con el tradicional golpe de mazo.

─ Ni tiempo dio para leer la introducción del juicio ─ dice Zafira cruzado de brazos.

─ ¿Lo ves? Te dije que valdría la pena intentarlo ─ le dice Nove a Yuuno en cuanto se juntan.

─ Eso ya lo sabía. Lo que temía era que la jueza se desquitara con nosotros si nos volvíamos a presentar, luego del desastre de juicio que fue aquel intento de divorcio de Vivio y Einhart ─ le dice Yuuno.

Agito, indiferente a lo que estaba ocurriendo en el resto de la sala, recoge sus cosas y se va de allí para no seguir viendo la cara de Quattro. Realmente se sentía furiosa, y Miura se va junto con ella.


Algunas horas después

Ambas compañeras estaban en una cafetería cercana a los juzgados, y Agito estaba más pendiente de los clasificados que en terminarse la taza de café que tenía en la mano. Miura por su parte ya había terminado de comerse todos los postres que había pedido, y en ese momento mira algo extrañada a su mentora.

─ ¿Ocurre algo, sensei?

─ Da la casualidad que sí, Miura ─ Agito baja por un momento el periódico ─. Estoy buscando un sitio nuevo para poder instalarme junto a Rein y la bebé, porque la casita tan sencilla en que vivimos se nos quedó pequeña. Siempre supe que algún día tendríamos que irnos de allí, y parece que el día ha llegado.

─ ¿De verdad se va a mudar? ¿Tiene sitios a los cuales pueda revisar?

─ Un par de ellos, aunque tendré que verlos. Así como ponen las casas en los anuncios, creo que, incluso si me decanto por alguna de estas opciones, lo mejor es seguir conservando la propiedad de nuestra casa.

─ ¿Y si contrata a algún arquitecto para que le haga una expansión a la casa? ─ la sugerencia de Miura hace que Agito levante su mirada del periódico ─ Suena bastante bien. No hace falta que usted ni su esposa tengan que vivir más lejos de sus trabajos, y aparte no tienen que lidiar con vecinos nuevos que no sabrán si tienen una actitud decente o si son unos patanes.

─ Miura, ahora más que nunca te digo que estoy orgullosa de haberte recibido como mi alumna y futura colega. Ese pensamiento lógico de verdad me encanta ─ Agito dobla el periódico y se termina su café ─. En un principio compramos aquella casa sencilla de un solo piso porque pensábamos que a nosotras nos valía simplemente quedarnos juntas. Pero ahora tenemos que hacer algo más... Tal vez contrate arquitectos para instalar un segundo piso. Sí, suena bastante bien, que así también me sirve de ejercicio para subir a la nueva habitación que tengamos Rein y yo.

─ Exacto, sensei.

─ ¿Hay espacio? ─ aparece Zafira con las manos en los bolsillos.

─ Claro. Estábamos sobre darle un cambio a mi casa ─ Rein termina de guardar el periódico ─. Zafira, espero que estés listo. Posiblemente en unos meses estés custodiando a Miura mientras lleva sus propios casos. Va creciendo bastante rápido.

─ G-gracias, sensei ─ Miura se sonroja.

─ Hablando de cambio, Reinforce acaba de mandar un aviso ─ el anuncio de Zafira llama la atención de Agito y Miura ─. Parece que hay problemas entre Caro y Erio. No me dio mayores detalles, pero me pidieron que te avisara.

─ Por esa razón es que no puedo dejar mi teléfono un solo segundo en mi locker. Siempre me surge algo cuando lo dejo allí para trabajar ─ Agito se levanta y empieza a irse ─. Miura, ten aquí el dinero para pagar mi orden. Nos vemos mañana temprano.

─ Entendido, sensei.


Casa de Agito y Reinforce

El regreso a casa fue bastante apresurado. Agito, pese a su actitud de fastidio ante las eventualidades que frecuentemente pasaban, en realidad nunca las veía como vanalidades. Lejos de ello, siempre procuraba ver cualquier asunto serio con su esposa y sus vecinos con la mayor responsabilidad posible. Rein estaba en la puerta, hablando con Caro y Erio, y Lutecia también se acercaba con algunas galletas.

─ ¿Para qué me llamaron? ¿Es algo grave?

─ Agito, menos mal que llegas ─ Rein se acerca a su esposa y la saluda con un beso ─. Verás, resulta que Caro y Erio tienen problemas para tramitar la solicitud de cambio de tuberías, y por eso querían llamarte para que les brindes asesoría.

─ Claro ─ Agito se acerca a la pareja y luego ve a Lutecia, y antes de empezar a hablar toma una galleta ─. Gracias. Escuché que tienen problemas con las tuberías, ¿verdad?

─ Exactamente ─ responde Erio.

─ ¿Tienen de casualidad acceso a los planos de la casa que posee el ayuntamiento? ─ la pareja se queda callada ─ Antes de hacer algo tan arriesgado, les recomiendo que consulten con un perito que se encargará de evaluar al completo la casa a partir de dichos planos. Ellos tienen en su poder todas las especificaciones y garantías que ofrecen las instalaciones y servicios, por lo que no les recomiendo que hagan todavía esa solicitud para así cambiar la estructura integral de las tuberías de su casa.

─ Pero es que las tuberías se han reventado, y tenemos botes de agua formándose constantemente en la cocina.

─ Entonces llamen a un plomero y que se encargue. Pensé que simplemente querían hacer un cambio profundo en la propiedad ─ Agito mira de reojo su casa ─. Casualmente yo misma tengo que ponerme a realizar trámites. Decidí que en vez de mudarme voy a añadirle un nuevo piso a la casa, y a ver qué otra extensión le pongo.

─ ¿Y eso no saldría muy costoso? ─ cuestiona Lutecia.

─ Muchísimo, pero Rein y yo hemos ahorrado lo suficiente. Confío en que la reestructuración y ampliación de nuestra casa no nos tenga viendo estrellas con los precios ─ Agito se queda mirando un rato a sus tres vecinos ─. Y últimamente veo que Erio pasa más tiempo con Caro que con Lulu ¿Acaso ese trío raro que se montaron ya no funciona o qué?

─ Es otro asunto bastante diferente ─ le responde Erio cruzándose de brazos ─. Es verdad que Caro y yo llegamos a establecernos en una casa aparte de la de Lutecia, pero no es que la queramos entre nosotros, sino porque ahora mismo estamos en proceso de hacer los preparativos para el matrimonio.

─ Eso suena bastante interesante, pero sigo sin ver la relación.

─ Las familas de Erio y Caro vienen próximamente ─ es Rein quien responde ─. Pasa que ellos dos ya estaban comprometidos, aunque fue hace unas cuantas semanas que se dieron cuenta. Como obviamente se quieren no se negaron, pero ahora sus familias van a venir para preparar todo y que así se casen. Luego se irán y todo podría volver a la normalidad, aunque Erio y Caro deberán mantener su casa y Lutecia debe hacer lo propio.

─ Esta clase de presión es un verdadero fastidio. Con esto quedo amenazada de quedar por fuera ─ dice Lutecia haciendo un puchero ─. Pero espero que podamos recuperar más o menos la normalidad después que sus padres se hayan ido. El matrimonio es simplemente una formalidad, pero todo este tema me hace sentir un poco excluida.

─ No digas esas cosas, Lu-chan ─ Caro toma ambas manos de Lutecia ─. Es exactamente como dijiste, el matrimonio que nos van a montar es básicamente una formalidad. Después que se vayan vamos a estar todas las semanas alternando casas para pasar nuestros ratos entre los tres.

─ Hagan el favor de no darme detalles, que podría tratar de clonar a mi Rein ─ interviene Agito, y su esposa alza una ceja ─. El caso es que no hace falta hacer gran cosa para tratar una tubería rota que esté bajo la propiedad. Simplemente llamen a un plomero y le dicen qué tienen para que proceda a solucionar su problema, y si por alguna razón el problema tiene su origen en la tubería de la calle, pues eso sí que es problema de las autoridades. Y una cosa más ─ Agito mira fijamente a Erio y Caro ─. Déjense ya de discreciones con sus familias y digan que se andan montando tríos a cada rato con Lulu. Estoy completamente segura de que al momento no les va a gustar nada, pero con un poquito de perseverancia y cariño sincero, ellos llegarán a comprender la relación que tienen. Díganles la verdad y no pierdan el tiempo con parapetos y sonrisitas falsas.

─ B-bueno, supondo que deberíamos intentarlo, ¿no? ─ dice Caro, y Agito se cruza de brazos con orgullo ─ Tiene sentido, pues se supone que estamos los tres juntos porque así somos más felices. Tienes razón.

─ Claro que lo tengo. Por eso mismo es que soy jueza. Deshonraría mi puesto si emitiese juicios sin ningún valor.

Rein se ríe divertida y se lleva a su esposa, mientras que Erio, Lutecia y Caro se van a la casa de la segunda, aunque todavía tenían entre ceja y ceja la necesidad de llamar a un plomero.


Cocina

─ ¿Y qué tal el trabajo? ─ pregunta Rein mientras le da pecho a la bebé, y Agito estaba cocinando.

─ Si yo te contara. La mañana más feliz de toda mi vida se convirtió de pronto en un suplicio emocional.

─ Así son todos los juicios que abordas ─ le interrumpe Rein.

─ Pero esta vez a la demandante se le fue larguísima la mano. Vino para demandar por estafa porque unas cuantas predicciones pseudoastrológicas le dijeron que Urano estaba a favor de ella en el tema del amor y resultó no ser así, pero a la tarada, en vez de demandar a los charlatanes, optó por la maravilla de demandar al planeta. Primera vez que sé de alguien que se le ocurre demandar a un cuerpo que está a más de 2600 millones de kilómetros en su máximo acercamiento a la Tierra.

─ Es que locos nunca faltan ¿No te acuerdas de la historia que vimos sobre el juicio cadavérico?

─ ¿El papa que tuvo la genial idea de denunciar en juicio a su antecesor muerto y que profanó su tumba para así hacerlo presentarse? Eso jamás lo voy a olvidar. Y parece que todavía hay imbéciles que están dispuestos a demandar a los muertos, como si a ellos les fuera a significar algún castigo un tiempo en prisión o una amonestación monetaria. Los muertos ya no tienen nada que hacer aquí, y sus cadáveres sólo son cascarones vacíos. De nada sirve hacerles algo bueno o malo, porque igual no lo sentirán, ni lo agradecerán, ni lo padecerán. Gestos así sólo sirven para el consuelo de los dolientes, nada más.

Agito sirve la comida a su esposa y a sí misma, y ambas aprovechan para comer, puesto que la bebé se había quedado dormida.

─ Y una cosa ─ dice Rein casi en un susurro ─. Zest-san dijo que la niña iba a ser una auténtica prodigio. No solo dijo papá cuando estabas, sino que después que te fuiste también dijo mamá. Nuestra pequeña de verdad va avanzando a pasos agigantados, y eso que todavía no tiene ni siquiera un año y medio.

─ De pronto lamento haberme ido tan temprano ─ Agito lleva su mano libre hasta el cabello de su hija, echándolo hacia atrás ─. Me habría gustado verla llamarte también, y siempre supe que mi maestro quedaría impresionado con la cosita que hemos hecho tú y yo. Después de todo, está más que claro que sacó lo mejor de ambas.

─ Pero todavía queda por verse si heredó nuestro mal genio, que esa es la peor parte de ambas.

Ambas se echan a reír quedamente, procurando no despertar a la niña por el escándalo. En eso escuchan un auto estacionarse bastante cerca, y también oyen la voz de Erio dándole la bienvenida a alguien.

─ ¿Será acaso el plomero?

─ No lo creo. Se oye la voz de una mujer madura ─ responde Agito ─.Y encima es una mujer refinada. Mujeres así ni muertas se acercarían a una tubería que no sea la sobresaliente de la regadera del baño, y eso estrictamente para lavarse. Deberíamos ir a ver cómo les va a Erio y Caro, que creo que deben ser sus padres.

Rein piensa que su esposa tenía razón en ese detalle, así se apresura a acostar a la bebé en el sofá, y luego ambas van juntas a ver lo que estaba pasando.


Casa de Erio y Caro

─ Bienvenidos, mamá, papá, suegros ─ recibe Caro ─. Es una alegría recibirlos en casa.

─ También nos alegra mucho volverlos a ver. Estás bastante preciosa ─ dice la madre de Erio.

Los dos anfitriones estaban un poco nerviosos. La verdad es que se habían planteado seriamente hacer lo que Agito les había indicado, aunque no esperaban la llegada de los progenitores tan pronto, y eso los hacía sentirse nerviosos.

─ Muchas gracias por alojarnos en su casa. Es bastante bonita, aunque veo un charco de agua surgiendo de la cocina ─ dice el padre de Caro.

─ Ya llamamos al plomero. En la mañana debe llegar ─ responde Caro con algo de apuro.

─ Pues eso espero. Esos botes de agua pueden resultar catastróficos para toda la casa si no se atienden con la celeridad necesaria, que se los digo yo, que vi cómo mis padres perdieron su casa al no encargarse oportunamente de un grifo roto en el baño ─ dice el padre de Erio.

─ Pero mientras esperamos a que llegue, creo que sería mejor que hablemos de los detalles del matrimonio ─ la madre de Erio se sienta cómodamente y mira a su hijo y a su nuera ─. Me imagino que ya empezarían a buscar un lugar precioso para así casarse con todas las de la ley, ¿verdad?

─ B-bueno, hablando de eso... ─ Erio tenía cierta dificultad para continuar.


Jardín

Lutecia estaba viendo la reunión de ambas familias desde la ventana. Se sentía muy ilusionada con que Erio y Caro la presenten y revelen la relación que tienen los tres, pero a la vez tenía miedo de lo que los padres de Erio y Caro pudieran hacer en tal situación. La verdad es que temblaba de pies a cabeza, aunque perfectamente podía disimularlo con el frío que hacía al ser de noche. Toda su atención estaba puesta en aquella reunión...

─ ¿Qué estás haciendo, tonta? ─ la voz de Agito asusta a Lutecia.

─ A-Agito, Caro ¿Qué están haciendo las dos aquí?

─ También nos interesamos y vinimos a ver cómo les iba ─ responde Rein ─. Y ahora repito yo la pregunta de Agito ¿Qué haces allí, como si fueses pordiosera contemplando un festín de reyes?

─ Lo groseras no se les quita por nada ─ Lutecia suspira mientras Rein y Agito sonríen orgullosas ─. Es que ya llegaron los padres de Erio y Caro, y entonces...

─ Y entonces vas a entrar y dar la cara ─ dice Agito frunciendo el ceño ─. No te caigas ahora y preséntate ¿Dónde quedó la charla motivacional que les di hace rato?

─ P-pues...

─ Llevémosla ahora, Agito ─ sugiere Rein.

─ No parece que tengamos de otra.

Agito y Rein agarran las manos de Lutecia y la arrastran hasta la puerta, ignorando con descaro sus quejas y objeciones. Eso lo hacían por el bien de sus amigos. No querían que estuviese todo el tiempo sufriendo en silencio y de forma pasiva. Es Rein quien toca a la puerta, siendo recibidos bastante pronto por Erio.

─ ¿Chicas?

─ No, somos tres machotes que vienen para ti ─ responde Agito divertida ─. Anda, déjanos entrar, bobo. Nosotras también queremos saber de qué va la cosa.

─ ¿De quién se trata, Erio? ─ se asoma su madre ─ Oh, ¿acaso son vecinas?

─ En efecto ─ Agito saluda cordialmente a la madre de Erio ─. Agito de Yagami, jueza especializada en el área de matrimonios y repartición de patrimonios, aunque atiendo prácticamente cualquier tipo de casos a diario, que igual en cualquiera de ellos me amargo con facilidad.

─ Reinforce Zwei Yagami, gerente de la superintendencia de domicilios laborales y registros mercantiles, y soy igual de irritable que mi enemiga y pareja.

─ L-Lutecia Alphine, y soy repostera.

─ Oh, es un grandioso gusto conocerlas ─ la madre del joven estrecha la mano de las tres ─. Erio, querido, déjalas pasar. Nunca sabes cuándo puedes necesitar del apoyo de personas tan bien posicionadas.

─ Esta señora ya empieza a caerme bien ─ Agito se ríe orgullosa.


Sala

─ Y en lo que íbamos, estamos en proceso de darle los detalles iniciales a la boda ─ dice el padre de Caro mientras le enseña a los demás unos esquemas ─. Mi esposa y yo estábamos pensando que podríamos probar a realizar la distribución de las flores con patrones simétricos, obviamente dependiendo de la forma y las dimensiones del salón de baile, y también tenemos el contacto de una chef que es una amiga personal que nos asistiría en el banquete.

─ Claro, y nosotros hemos trabajado bastante en la elaboración de las tarjetas de invitación y la elección de los manteles, aunque por lo pronto sólo hemos decidido por los colores y los bordados más posibles, pues todavía tenemos que hacer una revisión minuciosa de las mesas que debemos emplear para la ceremonia.

─ ¿Y qué menú es el que han pensado ordenar para la fiesta? ─ interviene Lutecia ─ Todavía no he escuchado de parte de ustedes el número estimado de invitados a la boda, por lo que, aunque les ofrezca ayuda con la elaboración de los postres y bocadillos, sería complicado calcular las cantidades necesarias. Y también podríamos poner una fuente de chocolate. Jamás pasa de moda.

Rein y Agito se limitaban a asentir, entendiendo poco y nada de todo lo que los demás estaban hablando. Ni siquiera recordaban cómo fue que ellas habían logrado organizar su boda, y la verdad es que les preocupaba más que Erio y Caro dijesen la verdad de una vez para que así ellas regresen tranquilas a casa para acostar a Drei. Pero no terminaban de dar ese paso tan importante, y Erio y Caro llegaron a ver la cara más amenazantes que estaban poniendo. Se asustan al saber que la cara que Agito y Rein ponían no era bromeando.

─ Ehh, papá, mamá ─ dice Erio aclarándose la garganta ─, hay algo muy importante que debemos decirles, Caro y yo. No sé cómo se lo van a tomar, pero es algo un poco... sorprendente.

─ ¿De qué estás hablando? ─ dice su madre ─ No nos vengas con que Caro está embarazada antes de la boda.

─ N-no, no es eso ─ Erio se sonroja bastante, y vuelve a aclararse la garganta ─. Lo que queremos decirles es que en realidad... bueno... La verdad es que Caro y yo no somos una pareja.

Los padres de ambos se quedan boquiabiertos, pensando por un momento que estaban negándose al matrimonio. Agito y Rein se aguantaban las ganas de palmearse fuertemente la frente, decepcionadas por aquella excusa tan pobre.

─ Vaya manera más idiota de arreglar este asunto ─ dice Rein entre dientes.

─ ¿Qué quieres decir? ¿Dices que no quieren casarse? ─ el padre de Caro estaba que se levantaba de su asiento, y apretaba los puños.

─ N-no es eso... Lo que Erio-kun dice es que no somos nosotros dos nada más ─ Caro traga grueso antes de continuar ─. Lu-chan también está con nosotros.

El silencio se volvía todavía más incómodo, aunque esta vez Agito y Rein asienten conformes. Lutecia se acerca a Erio y Caro, y a fin de demostrar que no estaban bromeando, Erio y Lutecia se besan, luego Erio y Caro, y finalmente Lutecia y Caro.

─ Ahora sí van como se debe ─ dice Rein cruzándose de brazos ─. Estoy segura que Verossa-kun estaría enloqueciendo de emoción si viese esto.

─ ¿Ustedes... tres? ─ la madre de Caro señalaba al trío con el dedo.

─ Entonces eso debe significar que... ─ el padre de Erio se queda callado un momento, y de pronto mira también a Agito y Rein ─ ¿Ustedes también?

─ ¿Nosotras también qué? ─ Agito alza una ceja.

─ No se hagan las tontas. También ustedes andan con Erio, pero no se atreven a admitirlo.

─ Error. Nosotras sólo somos amigas ─ responde Rein ─. Nosotras estamos casadas entre nosotras. Incluso tenemos nuestros anillos, y también tenemos una hija pequeña que nos espera en casa.

─ Digan la verdad. Esto ya no lo pueden ocultar ─ dice el padre de Caro cruzándose de brazos.

─ ¿Y para esto es que nos vinimos aquí de fisgonas? ─ Agito se sostiene las sienes.

─ Erio, supongo que nos debes una explicación ─ su padre lo mira con tono severo, intimidando al joven ─. Eres un héroe, muchacho loco ¿Cómo le hiciste para conquistar a tantas? ─ su esposa le golpea la nuca.

─ ¡No lo felicites por esas cosas!

─ Creo que mejor nosotras nos retiramos...

─ Ustedes se quedan aquí ─ el padre de Caro mira a Agito y Rein con seriedad ─. Queremos que sepas que esto no nos lo esperábamos. Erio, no sabes cuánto me decepciona que no nos dijeras esto antes ¡Muchacho, tienes mi más absoluta admiración! ─ su esposa le tira de la oreja.

─ ¿Qué? ─ Lutecia no se lo podía creer.

─ ¿En qué se está convirtiendo todo esto? ─ dice Agito.

─ Hijo, nos has decepcionado bastante ─ la madre de Erio pellizca a su marido para que la apoyara asintiendo ─. Una cosa es que nos dijeras que te negabas a casarte con Caro, que te fijabas más bien en otra, pero que andas con cuatro a la vez...

─ Señora, que nosotras estamos por nuestro lado.

─ No me interrumpas cuando hablo. No sabes cuán decepcionados estamos tu padre y yo. Esto realmente nos agarró a todos por sorpresa.

─ Y nosotros decimos lo mismo ─ secunda la madre de Caro ─. Siempre supe que Caro se tramaba algo, y que Lutecia estaba involucrada, pero hacer que tengan esa relación tan extraña, incluyendo a una jueza y una gerente...

─ ¡Que nosotras tenemos nada que ver con esa relación! ─ reacciona Rein.

─ Déjalos, Rein. Esta gente es bastante rara. Que se crean si quieren que Erio tiene un harén ─ ya Agito no le daba gran importancia al tema ─. En lugar de eso, tenemos que encontrar la manera de escaparnos de aquí.

Rein asiente. Ya sabía cuál sería la táctica que aplicarían para irse juntas, así que toma de forma disimulada su teléfono y marca el número de Agito para así llamarla. La jueza toma entonces su aparato y rechaza la llamada, pero lo hace fingiendo que iba a responder, todo delante de los padres de Erio y Caro.

─ ¿Mamá? Sí, estoy en casa de unos amigos... ¿Cómo? ¿La tía se torció el tobillo? De acuerdo, vamos allá ─ se guarda el teléfono mientras finge que cuelga la llamada ─. Rein, mi tía se acaba de caer por las escaleras y se ha lastimado. Mejor vamos allá.

─ De acuerdo.

─ ¿La familia de ustedes también saben de la relación que tienen con Erio? ─ se interesa el padre de Erio.

─ Nosotras no tenemos nada con su hijo. Estamos casadas, señor.

─ No les hagas caso, Rein. Vámonos ya.

─ Se vienen al rato, que tenemos que hablar de la relación que todas ustedes tienen con mi hijo.

─ Claaaaaro. Esperen ahí sentados, que al rato llegamos para disfrutar de esos sermones que no nos corresponden ─ ironiza Agito ─. Moviendo el trasero, Rein, que esta es nuestra oportunidad.

Se notaba que las madres de Erio y Caro iban a decir algo más, pero Agito y Rein se van de allí casi a la carrera. Preferían que el tema se resolviera entre Caro, Erio y Lutecia. Estaba claro que ellas no debieron haberse metido.


Dos días después

Agito se presenta en los juzgados, y en esta ocasión estaba junto a su bebé. Miura, que estaba completando unos informes, se emociona al ver a la pequeña Rein Drei y se acerca para verla.

─ ¿Cómo estás, chiquitina? Sensei, ¿puedo cargarla un rato?

─ Espérate a que me ponga mi toga. No seas tan impaciente, Miura. Y a todo esto, ¿dónde está Zafira? No lo he visto al llegar.

─ Está atendiendo unas cosas sobre la chica que estaba demandando un planeta. Resulta que ya cumplió con el tiempo que usted dictó de prisión para ella.

─ Ahora que lo pienso, debí dictar 48 años de prisión y no 48 horas, pero no se puede hacer nada a esta altura ─ Agito le cede a Miura el cuidado de la pequeña ─. Sólo queda seguir adelante, aunque si se vuelve a presentar, me aseguraré que nunca vuelva a ver la luz del día.

─ Aquí está ─ casualmente es precisamente Quattro quien aparece en ese momento ─ ¿Cómo es eso que mi demanda no procede? ¿Qué clase de lógica es esa?

─ Agito-sensei, mejor hagamos que no oímos nada. Respiremos un momento ─ Miura intentaba, pero era inútil, pues la propia Quattro se acerca más al dúo.

─ ¿Y bien? ¿Por qué tuvo que tratarme con tanta grosería y se negó a tomar mi denuncia? ─ Quattro hablaba tan cerca de la cara de Agito que le salpicaba saliva ─ ¿Ah? ¡Hable, jueza de pacotilla!

Miura temblaba de miedo, viendo que Agito estaba enrojeciendo de ira por las provocaciones de Quattro. La pelirroja incluso estaba apretando los puños de un modo bastante aterrador, cuando en ese momento se presenta otra mujer, y ésta tenía un gesto bastante serio.

─ ¿Qué estás haciendo, Quattro? ¿Por qué peleas con una jueza?

─ U-U-Une ─ Quattro voltea a mirar a la nombrada y se pone bastante roja, llamando la atención de Agito y Miura ─. N-no sabía que pasarías por aquí.

─ Trabajo aquí. Creí que te lo había dicho antes.

─ ¿Ustedes se conocen? ─ interviene Miura.

─ ¿Conocernos? Une es la que cortó conmigo ─ señala Quattro.

─ Ah, eres tú la que llevó a esta tarada a demandar un planeta que no sabe nada de ella por no beneficiarla a pesar del horóscopo del periódico ─ señala Agito, todavía conteniendo la rabia ─. Quiero que sepas que la babosa de tu ex está bastante disociada. No me extraña que la cortaras, aunque no te conozca bien por trabajar en otra área.

─ No sé de qué estás hablando, pero esa no fue la razón para que terminamos nuestra relación ─ dice Une impasible ─. La verdadera razón es que nuestro padre venía y no podíamos dejarle saber.

─ ¿Nuestro? ¿No quiso decir "nuestros"? ─ trata de corregir Miura.

─ No hay error. Nosotras somos hermanas ─ le responde Quattro.

Agito y Miura se quedan de piedra, sorprendidas ante el bombazo que les habían soltado. Eso no se lo esperaban de ninguna manera, y menos tomando en cuenta que una de las implicadas era una empleada de los juzgadas.

─ ¿Ustedes... practican incesto? ─ dice Agito sin poder disimular su desconcierto.

─ ¿Y qué tiene que sí lo hagamos ─ salta Quattro con altanería.

─ Controla tus palabras o te mando de vuelta al calabozo.

─ Es la primera vez que veo algo así ¿Realmente es posible? ─ Miura se lleva las manos a la cabeza.

─ De poder ser puede, pero tiene algunos inconvenientes bastante importantes para que tal relación progrese. Argumentos en contra abundan, entre los religiosos, sociales, familiares y biológicos, cada cual con un buen nivel de acierto, aunque los mismos argumentos se tornan difusos cuando hablan de relaciones entre tíos y sobrinos o entre primos. Es algo complicado de explicar, más que nada por ser una historia bastante larga ─ le responde Agito cruzándose de brazos ─. Une o como te llames, no me importa que tengas la relación que tengas con esta idiota, pero te pido que la tengas controlada. No sé ni me importa lo que tengas que hacer, pero detenla tú o tendré que detenerla yo, y te aseguro que le convendrá mucho más que lo hagas tú.

─ Quattro, ven aquí un momento ─ Une le hace una seña a su hermana, y ésta se le acerca rápidamente ─. No sé si te has dado cuenta... creo que no, así te diré esto: La razón por la que corté contigo es porque se supone que nuestro padre no debe darse cuenta de lo nuestro, pero tú eres demasiado indiscreta y no podía confiar en que te quedes tranquila mientras él esté en casa.

─ ¿Por qué dices eso? Yo sí soy lo bastante discreta y no le habría dicho nada a mi padre sobre que nos amamos y hacemos nuestras cositas casi todos los días.

─ ¿Que ustedes qué? ─ aparece un hombre algo mayor, y Une y Quattro se asustan ─ ¿Ustedes están en una relación? ¿Qué demonios pasa con ustedes?

─ Agito-sensei, ese hombre se me hace conocido ─ Miura se acerca para susurrarle a la pelirroja.

─ Es más que obvio que te sonaría ese careto. Es Jail Scaglietti, y bastante hemos oído de él porque siempre tiene problemas con la superintendencia en que trabaja Rein, además que por lo menos una vez al mes aparece en el periódico, protagonizando un numerito por morosidad en el pago de impuestos, o por retraso en la actualización o adquisición de licencias, o por multas por sobreprecios. Creo que en el trabajo de Rein ese hombre es más famoso que el presidente de la superintendencia.

─ Pues vaya manera de ser famoso.

Scaglietti seguía regañando a Une y Quattro, diciéndoles que lo que ellas hacían era algo bastante horrendo e inmoral, y las dos regañadas no veían cómo desaparecerse para escapar del bochorno que estaban sintiendo. Agito suspira con fastidio y decide acercarse a la familia. No debería, sabía que aquello no le concernía para nada, pero no podía evitar entrometerse.

─ Jail Scaglietti, ¿quieres dejar ya de regañar a tus hijas porque se lo monten entre ellas? Tú eres el menos apto para estar condenándolas por nada, que eres un bufón ante las autoridades mercantiles.

─ ¿Quieres hacer el favor de hacerte a un lado, enana? ─ suelta Jail, y Miura da un par de pasos atrás.

─ Ese sujeto ya se condenó.

─ ¿Enana? ¿Me acabas de llamar enana? ─ dice Agito con voz lenta y amenazante ─ ¿Sabes lo que te espera por llamarme así?

─ No sé ni me importa. He estado tantas veces en prisión que los guardias me han dado las llaves de mi celda, así que no me puedes asustar.

─ Tranquilo, que te enviaré a tu celda favorita muy pronto, pero antes de eso...

Une, Quattro y Miura retroceden horrorizadas cuando Agito salta sobre Jail y se pone a repartir golpes como posesa. Miura ya había visto venir aquello, y sabía que no quería ver lo que iba pasando, así que regresa a la oficina de Agito, a la espera de que su mentora termine. Además, Miura tenía todavía a la hija de Agito en brazos, y no quería que viese aquello.


Media hora después

─ ¿Qué? ¿Quieren que las case? ─ Miura no cabía en sí por la sorpresa mientras le daba el biberón a Drei.

─ Pues sí. No veo nada de malo en que nos cases ─ le responde Une, y Quattro asiente a un lado de ella.

─ Les informo que todavía estoy en proceso de especialización. Sólo estoy trabajando formalmente como fiscal y como jurado, así que no es de mi competencia asumir los actos civiles de matrimonio. Mejor esperen a que Agito-sensei venga para que les dé una respuesta y una posible fecha para la unión.

─ Pero para eso todavía falta bastante. La señora jueza sigue apaleando a nuestro padre ¿Es que ella no se cansa nunca?

─ Si ustedes supieran la historia que tiene con quien ahora es su esposa, créanme que esa sospecha se convertiría en una certeza. Ellas tienen una historia de enemistad digna de documentales, y yo cuento con información privilegiada de cómo se agredían y se hacían daño. Con el mal genio que tienen ambas, me extraña muchísimo que la hija de ambas saliese tan adorable ¿Verdad que sí, pequeñita?

Une y Quattro no saben qué decir al respecto. No se imaginaban que pudiera haber una actitud más agresiva y salvaje que la que Agito había mostrado todo el rato al atacar a su padre. El solo intentar pensarlo les aterraba. Lo que habían visto ya daba la impresión de que Agito hubiese sido poseída por algún tipo de demonio, y en eso precisamente la aludida aparece, asustando a las hermanas. Agito respiraba agitada, y una macabra sonrisa se dibujaba en sus labios.

─ Tenía bastante tiempo que no disfrutaba tanto descargar mi ira. Qué bien se sintió eso, aunque al final tuvo que llegar Zafira y llevárselo. Una lástima ─ Agito abría y cerraba los puños, y Une y Quattro se asustan todavía más ─ ¿Y qué hacen ustedes dos aquí? Esta es mi oficina, por si nadie les ha dicho.

─ Es que nos habíamos planteado hacer una petición para que nos case ─ dice Une sin tapujos, sacando provecho a su arrebato de valor ─. Hablamos con su alumna de eso, y ella nos dijo que usted nos casaría.

─ Ah, eso. Está bien, las caso el día primero del próximo mes, porque por ahora estoy hasta el cuello de juicios, y en casi ninguno consigo mantener la compostura. Nunca falta el idiota que pide el divorcio porque dice que su pareja envejece.

─ Ah, bueno.

─ Y una cosa, me extraña que no estén preocupados de que su padre ahora vaya preso ¿No piensan hacer o decir nada?

─ A nuestro padre nunca le ha importado estar preso ¿Por qué cree que él tiene las llaves de su celda? ─ responde Une, y Agito alza una ceja ─ Él va a estar bien. Nosotros lo hemos visto como cinco veces allí, y los demás presidiarios lo conocen tan bien que hasta le tienen cariño. Realmente no estamos preocupadas.

─ De todas maneras en cuanto salga nos va a regañar y nos dirá que no deberíamos hacer eso, y no nos dejará tranquila ni para dejar bañarnos ─ completa Quattro.

─ Los problemas que tengan con su padre no son de mi incumbencia. Sólo díganle que la próxima vez que me ofenda o que llame la atención a mi esposa con sus irregularidades de registro y licencia no seré tan gentil con él.

─ ¿Usted fue gentil con ese hombre, sensei? ─ Miura no se creía ni una palabra de Agito.

Une y Quattro asienten y se retiran de allí, aunque se separan en la puerta debido a que Une tenía que ir a su área de trabajo. Pero Agito no presta atención a nada de ello y se sientan en su sillón, justo al lado de Miura, la cual había tomado una de las otras sillas para sentarse en el lugar de su mentora y tener atendida a la bebé.

─ ¿Se encuentra bien, sensei?

─ Lo estoy. Sólo dame unos cuantos minutos para descansar, y entonces vamos a atender nuestro primer caso del día. Miura, tráeme una taza de café.

─ A la orden, Agito-sensei. Tenga su hija, que ya voy.


Varias horas después

Agito y Miura regresaban juntas a la casa de la primera. Ambas se agasajaban comiendo taiyakis que la jueza había comprado, en vista de que la jornada que tuvieron fue tan intensa que ni siquiera contaron con el tiempo necesario para almorzar. También aprovechaban para charlar sobre los términos técnicos que tenía que dominar Miura para ser una verdadera jueza.

─ A mí me sigue costando un poco el reglamento ese sobre la documentación de los extranjeros ¿Eso no debería correr a cuenta de sus respectivas embajadas y consulados?

─ Pero igual siguen en nuestro territorio, y son las autoridades que nos incluyen quienes deben estar al pendiente de que no anden por allí cometiendo irregularidades, y menos teniendo documentación vencida o no teniéndola en primer lugar. Miura, este trabajo siempre es complicado para ejercerlo correctamente, y a cada rato van cambiando las leyes o retocando algún que otro artículo. Te recomiendo que estén en alerta permanente, o te verás en serios problemas.

Miura se había llenado la boca con el taiyaki que había tomado de la bolsa de Agito, así que se limita a asentir a las palabras de su mentora. Ya estaban frente a la casa de Agito, y se extrañan al ver nuevamente a Erio, Caro y Lutecia hablando con Rein. Agito estaba curiosa de ver cómo iba el asunto de la relación que tenían sus tres vecinos. Deja su cangurera a Miura, y también le confía los taiyakis.

─ Erio, Lulu, Caro, ¿cómo les fue con su reunión familiar? ¿Las señoras aquellas terminaron por aceptar la relación de ustedes tres?

─ No sé ni cómo lo logramos, pero conseguimos una tregua, y también logramos convencerles de que hagamos una boda entre los tres ─ responde Lutecia.

─ ¿Una boda entre los tres? ¿Has enloquecido? ─ salta Agito ─ No hay ninguna ley que haga posible dicha unión, y tampoco hay ningún proyecto de reforma para que eso se dé ¿Cómo pretenden casarse entre los tres sin que se vea como un fraude?

─ Pues será algo que improvisemos en el ámbito familiar. Nuestras madres insisten en que habrá boda porque habrá boda ─ le responde Erio, disipando las dudas de Agito.

─ ¿Una boda improvisada y clandestina entre tres personas? ¿Nos dejan asistir a la boda? ─ dice Miura bastante entusiasmada.

─ No iremos, Miura. Esta ceremonia va a ser sólo de tres ─ le responde Agito con seriedad.

─ ¿Eh? ¿Y por qué no, sensei?

─ Porque los padres de Erio-kun y Caro-chan están un poco locos, y si vamos creerán que también nosotras queremos casarnos con Erio-kun ─ le responde Rein, y Miura se queda con los ojos bien abiertos.

─ Creo que me perdí de una historia bastante interesante.

─ Todo empezó con una petición de ayuda por una tubería rota. Te recomiendo que te conformes con eso ─ le dice Agito antes de tomar de vuelta a la bebé.

─ Eso sólo le genera más dudas sin ninguna respuesta a cambio, sensei.

─ Miura-chan, mejor hazle caso a Agito, que no te gustará estar en medio de aquella ceremonia ─ advierte Rein.

─ Y una cosa, Erio, ¿ya arreglaron la tubería? Díganme que sí lo hicieron.

─ Eso ya está hecho. Fue un trabajo rápido de parte del plomero ─ le responde Caro ─ ¿Y las reformas que dijiste que harías en tu casa?

─ Ya pude contactar con un arquitecto para que acceda a los planos y le pase mi solicitud. Pronto empezará la reestructuración de la casa ─ Agito recupera también los taiyakis y le pasa el cuidado de la bebé a su esposa ─. Estimaron que el trabajo de reconstrucción de la casa tomará un par de semanas como mucho, aunque primero debo dar mayores especificaciones. Ya me encargaré de hablar de eso con Rein para que podamos dar nuestra respuesta el día de mañana de ser posible.

─ Lo único que tenemos decidido es que queremos añadirle un segundo piso a la casa, y las obras obviamente tendrán el lugar cabeza abajo ─ Rein acaricia la cabeza de su hija mientras iba diciendo aquello ─. Necesitaremos entonces un sitio para establecernos de manera temporal. No queremos que nuestra bebé esté expuesta a ruidos de taladros ni a los escombros que surjan a mitad de las obras.

─ Pueden estar en mi casa. Yo vivo en un sitio bastante amplio, así que no tendrán ningún problema ─ ofrece Miura.

─ Muy bien, entonces está decidido. Rein, nos vamos con Miura...

─ Erio, Lu-chan, Caro-chan ─ aparece la madre del chico, y Agito y Rein ponen mala cara ─. Oh, y también están ustedes.

─ Mierda, ya va a empezar nuevamente con que nosotras estamos ligadas con Erio ─ Rein se mostraba alarmada.

─ Tú tranquila, Rein. Ya me hago cargo de esto ─ Agito da un paso al frente y se acerca a la madre de Erio ─. Eh, señora, tenemos que decirle que Rein y yo hemos decidido que terminamos con su hijo. Descubrimos que estamos muchísimo más enamoradas entre nosotras que de él.

─ ¿Y esa excusa a qué viene? ─ Miura estaba bastante confundida.

─ Agito... ─ Rein no estaba para nada convencida de que aquello fuera a funcionar.

─ Lo sentimos mucho. Erio y las chicas estuvieron hablando muy seriamente con nosotros y nos dijeron que ustedes sólo son amigas, que no tienen ningún interés amoroso en nadie que no sea entre ustedes mismas ─ Agito y Rein asienten conformes ─. Pero nos hubieran dicho eso y lo hubiéramos entendido ¿Por qué no intentaron aclarar ese malentendido?

─ ¿Qué? ¿Lo dice en serio? ─ Agito no se lo podía creer.

─ ¡Pero si eso fue lo primero que estábamos aclarando cuando surgió el tema! ─ protesta Rein con enojo.

─ De verdad me he perdido de una historia divertida ─ suspira Miura ─. Como sea, supongo que entonces sí podría ver esa boda tan llamativa, ¿no?

─ Pues me parece que sí podrán venir ─ le responde Lutecia ─. Va a ser una ceremonia sui generis por donde se le vea, pero me parece que lo pasaremos bastante bien.

Agito y Rein deciden no discutir más y se meten en casa con la bebé. Ahora lo que querían era descansar un poco y pensar en algunas cosas para trasladar a casa de Miura, y ésta también entra para darles la ayuda que pudiesen necesitar. Había sido un día raro, pero a Miura se le había hecho un tanto divertido. Ya quería ver qué tal quedaban aquellas dos bodas tan llamativas.

Fin


Pretendo dejarlo hasta aquí. Es curioso que haga historias que estén vinculadas a nivel de historia, pero que estén separadas en cuanto a títulos. No es la primera vez que lo hago. Ya lo he hecho aquí y en Sono Hanabira, por poner ejemplos. Bueh, les deseo lo mejor en este tiempo tan oscuro, y deseo de todo corazón que la alegría y la esperanza no desaparezcan. Ánimo hasta el último suspiro.

Hasta otra