" Pero ella nunca llega... "


Era en tiempo nocturno

La primera vez que lo vio, hacía mucho frío y todas las tiendas estaban cerradas, excepto aquella, la floristería.

La primera vez que le habló, tenía los ojos taciturnos pero sonreía a los largos tallos que cortaba uno por uno mientras tarareaba una melodía muy familiar.

La primera vez que lo amó, le había regalado unas flores amarillas mientras la adoraba con la mirada y sonreía como si ella fuese aquello que le otorgaba la felicidad real, infinita.

La primera vez que le lloró, fue cuando le negó todo aquello, todo lo anterior.

Y es que al principio, al entrar en aquella floristería a las ocho de la noche, con una sonrisa tímida y un saludo muy particular, Miku conoció a Len.

La campanilla de la entrada sonó, levantando la vista del chico de cabellos rubios y mirada azul. Miku se excusó con querer comprar unas flores para decorar su mesa, disfrutando la calefacción de agradable lugar. El montón de flores enamora su vista, la fragancia deleita sus fosas nasales y la calefacción hace su trabajo.

Pero el chico la sigue mirando, sin decir nada, con la sonrisa amable.

-Flores..., mesa... -es todo lo que repite, y se levanta hacia las estanterías, rebuscando entre claveles rojos y lirios malva.

Miku entiende que le está armando un ramo.

- No estoy apurada. -afirma mientras toma asiento. Está cansada, pero eso él no lo sabe. Es una extraña, después de todo.

El resultado final es tan bello que Miku no se arrepiente de haber entrado.

-¡Es impresionante! ¿Cómo te llamas?

Recuerda que aquella vez, no le interesó el precio, sino su nombre. Sonríe de forma amigable al verlo sorprenderse. Es un chico lindo, no hay duda.

-Len. Son quince. -respondió quedito, sin dejar de sonreírle.

-Len es un bonito nombre. Yo me llamo Micaela, pero puedes decirme Miku. Gracias, has hecho un trabajo fantástico.

Es hora de salir pero le regala un último adiós a su florista. Este se ríe, correspondiéndoles, colocando por fin el letrero de "cerrado".

La segunda vez que regresó, su departamento no tenía calefacción y el chico de la floristería la recibe como si la conociera de toda la vida.

Pero

Él no habla.

Casi no lo hace.

Aún así...

Len le agrada.

(Aunque no hable mucho)

La tercera vez que intentó conocerlo, Len asentía sin dejar de cortar tallos, limpiando sus manos en su delantal blanco. La escucha, eso le gusta.

Hay una conexión como automática en ambos, y Miku siente quererlo.

Mirar a Len es como sentir las manos tibias en medio del invierno. Su sonrisa sencilla y manos manchadas de verde; Miku siente en los huesos el impulso de decirle todo aquello, de rozarle los dedos rasposos, de besarle la comisura de los labios.

Pero

(Él no me habla mucho)

La cuarta vez que lo acompanó, Len se ríe al verla juguetear con las gardenias y campanillas, luce hermosa cuando adorna su cabeza con una rosa roja.

Miku es una muchacha radiante, como el firmamento, no esconde sus propias ideas sobre él y crece más grande entre sus pulmones, pero esconde bajo sus labios lo que siente para que Len no lo note. Aún no.

No nota las miradas de Len sobre su espalda.

Y Len piensa...

(Es que Miku es tan bonita, con su cuerpo de muñeca y los ojos llenos de brillo de estrellas. Su sonrisa de media luna me gusta y me regala siempre de ellas; hay algo así como una canción en su hablar. Pero-).

No puede decírselo.

No puede.

Pero Miku no lo sabe y lo malinterpreta. Se lo pregunta, si ella le incomoda de alguna forma, pero Len niega y vuelve a soñar con él.

(Y eso está bien)

Durante las tardes ella habla eufórica mil alegrías y declara que Len es de su agrado, que es su amigo y le gusta verlo rodeado de flores. Len ha encontrado un amor ingenuo en verla reírse siempre mientras acaricia las acacias y sopla los dientes de león.

La quinta vez, le regala flores amarillas con un "Para ti", trémulo, y sus mejillas, la de ambos, se colorean de rosa, balbucea un ramo de palabras tímidas casi incomprensibles para ella, y lo adora.

(es que ella es tan bonita)

(es que él es tan tímido)

Pero la sexta vez, Len enreda sus miradas, y cuando Miku logra tomarle la mano, se miran como si quisieran acercar sus rostros lentamente. No sucede, la campanilla de la puerta suena y él la deja para atender a su cliente.

Y vuelve a pasar, siempre pasa.

Y es en esas interrupciones que Miku comprende que Len es algo inseguro pero es un muchacho radiante y no sabe que Len ha comenzado a amarla desde la cuarta vez.

Está decidida, va a confesarle lo que siente por él.

Una mañana fría, oscura y sin casi nadie alrededor, sostienen sus miradas por más tiempo de lo deseado, y la muchacha que parece irradiar música comienza a hablar. A Len le encanta de sobremanera lo extrovertida que es, sus mejillas poniéndose rojas de tanto hablar, sus manos moviéndose inquietas acompañando su relato, su pelo turquesa contrarrestando sobre sus ojos azules pareciendo destilar felicidad por sólo hablarle.

No sabe, que le está diciendo que le ama.

-Me dieron una beca para estudiar en el extranjero. -explica- Pero si sientes lo mismo que yo, entonces me quedaré aquí.

...beca...

...estudiar...

...yo...

...quedar...

... aquí...

Len no entiende lo que ella dice.

No entiende, y niega con la cabeza para hacérselo saber. En ese momento, Miku siente que algo en ella se ha roto en mil pedazos y las lágrimas inundan sus ojos de estrella. Su voz se vuelve rasposa, como una telaraña a punto de romperse, pero le sonríe como siempre y se despide de él, de las tardes en la floristería, del sueño donde ambos están juntos, queriéndose.

Len la espera al día siguiente, y el siguiente, y el siguiente. Ha ensayado bien lo que va a decirle, aunque no pudiese hablar con normalidad, aunque tuviera que usar el lenguaje de señas para hacerse entender. Pero ella nunca llega.

Luego de eso, nunca más se vuelven a ver. Las tardes y las noches pasan lentas y tortuosas y Len no sabe porqué Miku no vuelve. Miku se ha desvanecido como un fantasma, y Len no la olvida, como no se olvidan los momentos que alguna vez te hicieron feliz, o las personas importantes para ti.

Nunca más vuelve a verla, nunca olvida su rostro, o su casi primer beso o las noches en las floristería. No ha borrado su figura completamente, solo se queda esperándola, entre los brotes nuevos de dientes de león, entre el silencio y compañía de la campanilla, como si acaso hubiera estado en la floristería solo toda su vida.


Hi! Incursionado en el mundo de Vocaloid con un Lenku. Originalmente, esto viene del fandom de pokemon, pero sentí que le encajaba tan bien a la pareja que decidí adaptarlo.

Por si se lo preguntan, Len tiene Afasia, por ello su dificultad para entender y hablar.

En fin, si alguien entra, espero que le guste. Gracias por leer n.n