La única ruta que conectaba la sala de impresiones a la sala de profesores era un largo pasillo siempre iluminado gracias a sus seis ventanales que daban al patio de la escuela. Nanoha, entremedio de la pila de papeles que cargaba con dificultades, pudo divisar desde su posición cómo Hayate caminaba rápidamente junto a Verossa y le abría la puerta de Dirección para hacerlo pasar, allá al otro extremo del pasillo.

La puerta se cerró y el corredor volvió a quedar en el silencio típico de una escuela a mitad de la tarde, sin niños alrededor. Ahora los tacos de Nanoha hacían eco en las cerámicas del pasillo y aquello era lo único que rompía con la mudez del apacible viernes. Cuando pasó junto a la puerta de Dirección no pudo evitar echarle un fugaz vistazo desde el rabillo del ojo antes de seguir con su camino.


Colega

#1


—¿Estás de broma que revisarás todo eso ahora? —Le preguntó Arisa apenas la vio atravesar por la puerta de la sala de profesores.

La castaña sonrió soltando un suspiro.

—Ese era mi plan. Pero veo que lo pasaré bien este fin de semana corrigiendo pruebas.

La pila de hojas produjo un sonido grueso al caer sobre la mesa. Arisa vio a Nanoha sentarse frente a ella y no pudo hacer más que ofrecerle unos restos de galleta que le quedaban.

—Si quieres te puedo ayudar. Ya terminé todos mis estúpidos papeleos. —Aclaró, cerrando su laptop. —Notas listas, asistencia actualizada, reporte diario escrito, citaciones enviadas.

Nanoha negó con la cabeza. —Gracias, pero no pretendo hacer horas extras hoy, incluso, planeo irme a la hora—dijo, estirándose todo lo que pudo. Los ojos se le humedecieron tras el bostezo que se escapo de entre sus labios. Se los restregó para poder enfocar la vista en el reloj colgado en la pared frente a ella. Eran las cuatro en punto—. Terminaré esto el sábado.

—Anda ya, que envidiable sábado el tuyo.

Ante el comentario cargado en sarcasmo de Arisa, le devolvió su mejor mirada asesina, esa que usaba a veces cuando uno que otro estudiante parecía no querer hacer caso y que llevaba perfeccionando desde hace cinco años.

—Sheesh— espetó, —agradezco al cielo no ser uno de tus alumnos, —soltó. Tras eso, Arisa recogió los libros que estaban desparramados y se dirigió a guardarlos en su casillero personal.

La sala de profesores contaba con un gran estante dividido en más de 20 casilleros, uno para cada profesor. Cuando instalaron el mueble hace cuatro años, estaban todos aliviados; al fin podrían tener un lugar para guardar sus chucherías y que a la vez estuviera cerca para sacarlas cuando fuese necesario. Nanoha creía ser la más aliviada; su escritorio siempre estaba inundado de papeles importantes y otros no tan importantes. Ahora toda esa "basura" se había movido a su cubículo salvador.

—Hey, pero ¿estás segura de que quieres pasar el sábado trabajando? Digo... ¿no preferirías disfrutar de tu fin de semana con Vice?

—No—Suspiro. —Vice estará fuera todo el día de mañana, así que tendré el sábado para mí.

Claro, y para el trabajo, al menos durante la tarde. Quizás en la noche podría terminar el libro que tanto le había gustado y que nunca pudo finalizar.

Arisa cerró la puerta de su casillero y se quedó mirando desde su posición a Nanoha. Esta última, ladeó la cabeza ante la mirada cabreada de su amiga.

—¿En serio, otra vez? ¿Y ahora por cuánto se va?

—Es solo por el sábado.

—Pues ya era hora. Ese Vice parece más estrella de rock que cualquier cosa con tantos conciertos que tiene. ¿Cuántos días se fue la última vez? ¿Cuatro?

—Tres.

Arisa bufó. —Cuatro, tres, es lo mismo al fin y al cabo.

Nanoha suspiró. —Así es el trabajo de Vice.

Arisa volvió a su asiento y ambas se quedaron mirando en silencio. La rubia soltó un suspiro cabreado y negó con la cabeza. —Ya lo sé. Lo que me enoja es que también sé cómo te sientes.

—Y es por esa razón que hoy me voy a la hora. Quedamos en aprovechar esta tarde para pasar tiempo junt-

En ese momento, Verossa atravesó la puerta del despacho como un haz de luz causando que ambas mujeres dieran un brinco en su lugar. El chico se dirigió lo más rápido que pudo a su escritorio, tomó su maletín y su saco y se largó de la habitación con la misma rapidez que llegó. No hubo saludos ni despedidas.

Ninguna de las dos había podido evitar quedarle mirando y seguir sus movimientos hasta verlo desaparecer de la sala de profesores.

—Pero... qué... —Soltó Nanoha una vez el chico se fue.

—Casi me mata del susto. Entró como animal, ¿te has dado cuenta?

—Hmhm —asintió la castaña, aún mirando el lugar por donde el peliverde se había alejado a grandes zancadas. —Me extraña algo así por parte de Verossa.

Si bien le extrañaba, no era como que ella y el chico se conociesen en realidad, o fuesen grandes amigos. Eran solo compañeros de trabajo que más de una vez habían intercambiado conversaciones. Verossa había llegado desde hacía un año a la escuela como el reemplazo permanente del último profesor de música que había pasado por el establecimiento. Desde un principio le pareció un chico tranquilo; era callado y trabajador, y con un semblante siempre sereno. Usualmente se lo encontraba en la estación de metro los viernes, ya que ambos -junto con Arisa- eran los únicos docentes de la planta que debían quedarse hasta las cuatro trabajando.

Depronto, recordó la escena con la que se encontró minutos antes en el pasillo.

—Ahhh—suspiró Arisa— quién soy para opinar, últimamente estamos todos estresados, ¿la fiebre de mitad de semestre, quizás?

—Hmm... quizás se metió en problemas — soltó genuinamente, Nanoha, mientras guardaba sus cosas en su bolsa.

—¿A qué te refieres?

—Ah... a nada en realidad...es solo que hace un rato lo he visto entrar a Dirección junto con Hayate. —Explicó, soltando una risilla incómoda. —Ya sabes como es Hayate, a veces da miedo. Quizás le ha llamado para regañarle por algo.—No le gustaba la idea de estar hablando a las espaldas de Verossa, que hasta ahora había sido siempre amable con ella, y aquel simple comentario le hizo sentir culpable.

Arisa se quedó congelada en su posición, y, ante una mirada curiosa de Nanoha, se colocó una mano en la barbilla con semblante pensativo.

—¿Será que es verdad el rumor, entonces? Quizás ya llegó a oídos de Hayate y por eso le han llamado.

Nanoha levantó una ceja. —¿Rumor?

—Anda ya... ¿en serio no sabes? –Murmuró Arisa, desconcertada.

—¿Saber qué? —inquirió Nanoha, aún más perdida de lo que ya estaba.

Arisa miró hacia ambos lados, cerciorándose de que estuviesen solas, y luego se inclinó hacia la castaña con un semblante serio. Nanoha, por su parte, hizo lo mismo, sin entender muy bien a qué iba todo eso.

—Dicen que han acusado a Verossa con la Directora.

—¿Qué? —Susurró, mirando hacia un lado, casi como intentando procesar lo que le decía Arisa. —¿Y por qué?

Arisa volvió a ojear su alrededor y se inclinó un poco más hacia la chica frente suyo.

Por acoso sexual.

Nanoha se enderezó en su asiento y abrió los ojos de par en par.

—¡Shh! No digas nada— le indicó la rubia, colocándose un dedo en los labios. —El rumor se ha corrido de boca en boca como loco desde ayer, realmente me sorprende que no lo supieras.

—Pues eres de la primera que lo escucho.

—Vale, también pasa que tu nunca te enteras de nada. Eso porque a veces te saltas incluso los almuerzos para seguir trabajando.

La castaña suspiró y se apoyó en el respaldo de su silla.

—Verossa... ¿acosando sexualmente? —algo pareció hacer click en su cabeza. —¿A una estudiante?

—Según escuche, a una de las profesoras.

—¿Una de nuestra planta?

—Ni idea.

Silencio. Nanoha bajó la mirada, pensativa.

—Bueno, hasta ahora es solo un rumor ¿no?, no podemos ponernos a sacar conclusiones rápidas. —Se levantó con calma y se acomodó el bolso en el hombro. Arisa por su parte, le imitó en el gesto, mirando de paso la hora en su móvil. —Los rumores suelen ser peligrosos. Confiemos en que para el lunes el asunto esté más claro.

—Esperemos que sea así. ¿Vamos ya?

—Sí, no puedo esperar la hora para estar en mi sofá.

—En tu sofá corrigiendo exámenes. —Agregó la rubia, mientras ambas mujeres salían del despacho y proseguían a caminar en dirección a la salida.

Nanoha bufó. —Gracias Arisa, casi lo olvido.


16:10

Se había excedido en 10 minutos de su hora de salida.

Durante la última hora no recordaba haber hecho algo más que caminar de un lado a otro, discutir con gente idiota, caminar, caminar, caminar, seguir discutiendo, buscar a Hayate, llamar a Hayate, ser ignorada por Hayate, odiar a Hayate. Lo peor de todo es que aún tenía setenta fichas vacías que llenar, muchísimas calificaciones que pasar en limpio y un gimnasio que ordenar.

Oh, y eso era lo que más le encolerizaba. Si había una regla de oro en su clase era que nadie podía irse a su casa sin dejar lo que usó en su lugar. Primero porque no quería que sus estudiantes se convirtieran en unos buenos para nada, y segundo porque era ridículo pensar que ella ordenaría cada clase el arsenal de pelotas, colchonetas, cuerdas, que ocupaba siempre. Pero ahora había sido interrumpida veinte minutos antes de lograr cerrar su clase, y ella sabía, en el fondo de su alma, el regocijo que habían sentido sus alumnos cuando la vieron irse. Y, ¿a quién habían dejado ocupando su lugar para cuidar de los chicos?

—¡A la enfermera! —escupió.

Por supuesto que Shamal jamás podría dar una orden tan difícil como era decirle a toda una clase a que ordenasen antes de irse. A penas tenía el carácter para hacer que uno se siente en su maldita camilla.

Y todo por un estúpido problema.

Un problema con nombre y apellido.

Las zancadas que daba iban con tanta fuerza que sus trenzas pelirrojas se balanceaban de un lado para otro. Tenía los puños cerrados e iba murmurando cosas ininteligibles mientras avanzaba con la mirada fija en la puerta del despacho de Dirección. Agarró el pomo y abrió sin ninguna clase de cuidados.

Porque sí. Si había algo que no le gustaba a Vita era que la molestasen, y era peor si la molestaban durante sus clases, y aún peor si la molestaban durante su última clase del día viernes.

—¡Donde está ese bruto de Verossa!

La respiración de Vita estaba entrecortada. Con movimientos rápidos sus ojos azules se desplazaron por la habitación, estudiando rápidamente la escena. Para su asombro y desconcierto, no encontró lo que esperaba. Todo lo que vio fue un despacho vacío, con unos rayos de sol filtrándose por entre la persiana de la única ventana que tenía, y a Hayate, apoyada en su escritorio con la vista pegada en su celular. En ese momento, los ojos azules de la castaña se despegaron del aparato y se encontraron con los azules de la más pequeña. Vita vaciló por un momento. La mirada consternada de Hayate no le permitió hablar de nuevo.

—Vita. —Dijo con voz calmada, bloqueando su celular. —Acabo de ver tus mensajes, me imaginaba que llegarías en cualquier momento. Perdón por no responderte antes, no te imaginas lo ocupada que he estado.

La pelirroja frunció el ceño.

—¿Dónde está? ¿Dónde está Verossa?

Hayate se separó de la mesa y se acercó a Vita. —Se fue.

—¡Qué! ¿Cómo que se fue? ¿Me estas jodiendo?

Las palabras de Vita ya más que palabras parecían ladridos. Se había vuelto a enojar. Vio a Hayate acercarse a ella mientras la invitaba a sentarse. Dudó por un instante, pero terminó por hacer lo que la castaña le había pedido. Escucho la puerta del despacho cerrarse a sus espaldas.

—¿Y? ¿Al menos has podido hablar con él? ¿Te dijo algo sobre las acusaciones? —preguntó mientras seguía con la mirada a la castaña que ahora se acomodaba en la silla al otro lado del escritorio. —Dime que al menos te ha dicho algo, con todo el alboroto que han armado... ¡hasta me han sacado de clases! ¡todo porque soy la estúpida representante de los profesores!

Hayate, que estuvo todo ese tiempo escuchando pacientemente a la pelirroja, espero a que terminara de hablar y se tomó dos segundos antes de tomar la palabra.

—Verossa renunció.

Vita abrió la boca para decir algo pero nada salió. La cerró con la misma rapidez y pestañeó confundida.

—Lo traje acá para conversar sobre lo del acoso a penas lo supe por Carim. Le explique todo acerca del rumor y le pedí que me diera su versión de los hechos... pero reaccionó muy mal, la verdad no me lo esperaba. Se abstuvo a dar cualquier tipo de comentarios y negó todo hasta el final. —Agregó, apoyando los codos en la mesa y juntando las manos.

Vita sacudió la cabeza confundida. —Me estas confundiendo, ¿cómo que negó todo? ¿me puedes decir exactamente qué pasó? Que no me entero de nada. —Dijo y se cruzó de brazos. —Aclarame la historia primero.

Hayate suspiró y se preparó para hablar.

—Ha sido Arnage, ayer pidió hablar urgentemente con Carim y a penas estuvo con ella lo soltó todo. Dijo que Verossa le había estado acosando sexualmente desde hace meses... dijo que la llamaba, le enviaba mensajes o la esperaba fuera de la escuela, incluso contó que una vez intentó abusar de ella en uno de los salones.

Vita levantó las cejas. —¿Arnage, la pelirroja de primaria? ¿No es la profesora a cargo de la clase 2-1?

Hayate asintió con la cabeza.

—Ella misma. Pidió que por favor la ayudasen y que encararan a Verossa, y que de ser posible, lo desvincularan. Si no... tomaría acciones legales por sus propias manos.

—No me lo creo. —Soltó. Bajo la mirada hacia el suelo, pensativa, pero al instante volvió a buscar los ojos azules de Hayate. —¡Pero al final el tipo se ha marchado solo!—agregó.

—Así es. Renunció hace solo un rato, minutos antes de que llegaras.

—No entiendo. Si realmente es tan inocente como aclama, ¿para que renunciar? ¿no debería pelear por su inocencia en vez de correr?

—Lo mismo le dije —asintió Hayate—, pero lo único que me dijo fue que no valía la pena intentar algo tan inútil. Nadie le creería. Además me dijo que jamás le ganaría a Arnage, que estaba cansado y que se arrepentía profundamente de haberse acercado a una mujer como ella.

—¿Ganarle a Arnage?

—Lo sé, lo sé. —Hayate se masajeó las sienes, sentía que la cabeza le explotaría en cualquier momento. —Estoy igual que tú. No entiendo nada.

—Bueno, a decir verdad jamás me lo hubiese esperado de Verossa, se veía demasiado inofensivo y reactivo. Pero, vale, ¿ya está, no? El tipo renunció. ¿No es eso bueno?

—No es tan simple, Vita —Sus ojos azules brillaban con preocupación y cansancio. Quizás más lo segundo que lo primero. —Quién sabe ya cuánto se ha esparcido el rumor, estará en boca de todos para el lunes de la próxima semana. Además, si ocurrió ya una vez, ¿quién me dice que no podría pasar de nuevo? Si en verdad Verossa acoso a Arnage por tanto tiempo y nadie nunca supo, ¿quién me dice que no hay más así dentro de la escuela? ¿Quién me dice que no hay más personas sufriendo en silencio? Ya sea profesores o alumnos... Debo tomar cartas en el asunto. No puede ser que estas cosas sucedan en frente de nuestras narices y no nos enteremos.

—¿Qué harás?

—Primero, charlas. Gestionaré lo que sea necesario para traer gente a que hable con los estudiantes, es necesario tocar estos temas con los más jóvenes, ellos son los más vulnerables de acá. En cuanto a nosotros, en la próxima reunión de personal abordaremos el tema como equipo coordinador, pediremos opiniones, aconsejaremos y daremos soluciones ante posibles casos de acoso. ¿Te parece?

—No me preguntes a mí, tu eres la jefa. Yo haré lo que me pidas.

Hayate sonrió de medio lado ante la respuesta tan simple de su amiga. Conocía muy bien a Vita. Podía parecer aterradora -a pesar de ser tan pequeña- e incluso uno podría llegar a pensar de que está molesta por tu mismísima presencia. Pero dentro de toda aquella coraza dura como hierro, se hallaba una buena amiga y persona, siempre dispuesta a ayudar y seguirte. Y por sobre todo, fiel.

—Eso es lo que haremos por ahora, al menos mientras intento desenmarañar un poco más el tema entre Arnage y Verossa, me ha quedado un mal sabor en la boca.

—Vale... tú solo dime qué quieres que haga y me prepararé lo antes posible.

—Gracias —agradeció con sinceridad—, por ahora me gustaría que arreglases una presentación para dejar en claro cuál es el conducto regular de nuestra escuela en caso de acoso u otros problemas parecidos. Se lo mostraremos a todo el personal.

—¿Por computadora?

—Sí, sería idea. —Agregó.

La castaña se dejó caer en el respaldo de la silla y giró la cabeza para mirar por la ventana. Su mente se puso a divagar por entre la multitud de cosas que navegaban en su interior, casi como intentando digerirlo todo para poder estar en paz nuevamente.

—También debo decirle a Arnage lo que ha pasado. No sé como se lo tome, quizás no quede satisfecha.

—¿Y que siga exigiendo más, dices tú?

—Sheesh, joder, creo que necesito un café, uno extra cargado. O mejor que sean dos, dos extra cargados. —Masculló Hayate, cerrando los ojos. También necesitaba una ducha y la suavidad de su cama. —¡Ah!

Una idea había atravesado tan rápido como una flecha por su tormenta de pensamientos, provocando que abriese los ojos de par en par.

Vita se percató de la reacción de Yagami y la observó, expectante. Sus ojos azules se encontraron.

—Nos quedamos sin profesor de música.


Nanoha cerró los ojos.

La taza de café, caliente y humeante, emanaba una exquisita neblina con olor a cafeína que le hacía escocer los ojos. El café sabía más rico; el sofá que yacía bajo su cuerpo se sentía incluso más cómodo que otros días. ¿Será que ese día realmente el café estaba más delicioso y el sofá acomodado de otra manera?

No, no era eso. Era la magia de sobrevivir a toda una semana de trabajo duro y por fin darse un respiro un viernes por la tarde. Estaba segura que se podría quedar dormida allí mismo sin cuidado de no ser por la música de Vice, que la mantenía despierta.

Abrió los ojos de par en par. Al otro lado de la sala estaba el castaño sentado en la silla que siempre usaba cuando practicaba, con la vista pegada en el atril frente a él. Entre sus manos sostenía un violoncello que se apoyaba gentilmente en su pecho. Nanoha siguió el movimiento de sus dedos que viajaban a través del mástil del instrumento.

Ese día Vice llevaba solo unos shorts y una remera holgada, una que tenía un estampado de un león, la favorita de él. Nanoha sonrió, le gustaba verlo practicar, siempre lo disfrutaba...

De improvisto, un sabor amargo subió por su pecho y se posó por detrás de su lengua.

"¿En serio, otra vez? ¿Y ahora por cuánto se va?"

Vice amaba la música, y ella amaba que él lo hiciera. Siempre había sido comprensiva con el tiempo que le dedicaba el chico a sus estudios, incluso, desde que empezaron su relación ella había aceptado que muchas veces tendrían que estar separados por temas de conciertos y viajes, o a veces, estudio. Y los martes, los martes que no lo veía en todo el día, solo ya muy por la noche cuando él volvía del ensayo con su orquesta.

Aún así...

—Creo que ya estoy listo.

La música por fin había llegado a su fin. Vice soltó un suspiro, cansado.

—Buen trabajo.

—Necesitaba practicar una última vez antes de mañana. —Dijo, mientras guardaba cautelosamente el violoncello en su funda y dejó en una esquina de la sala el atril con sus partituras, así las tendría a mano al día siguiente.

—Te sale muy bien, has practicado duro.

Nanoha lo vio moverse con lentitud hacia el sofá. Vice se desplomó junto a ella y cerró los ojos.

—Gracias, necesitaba escuchar eso.

Nanoha rió por lo bajo. —¿Quieres un poco de café? Creo que aún queda ag...

—No tranquila, si tomo café ahora no me levanto ni a palos mañana.

—Ah, te vas temprano. ¿Te tendré acá para la cena?

Vice abrió los ojos y se quedó mirando el techo.

—Creo que no te lo dije.

—¿El qué?

El chico se acomodó para mirarla a los ojos. —Tendré una función después de las doce y otra ya de tarde. No llegaré temprano, lo siento. El bus se demora dos horas entre aquí y allá.

Nanoha se mantuvo el silencio por un instante.

—Ah... está bien, no te preocupes, tampoco iba a tener mucho tiempo, tengo demasiadas cosas que revisar.

—Hm...

Vice agarró el control remoto y la luz del televisor remarcó la silueta de ambos cuando se prendió. El canal que había quedado puesto era el de deportes. Al parecer estaban en medio de un partido de rugby. El castaño pareció dudar por un segundo, pero terminó dejando el control a un lado y se acomodó en su posición para perderse en la pantalla frente a él.

Nanoha por su parte había terminado el café y la taza reposaba vacía en la mesa de centro. Miró de reojo a Vice.

Observó su silueta y la barba que ya le había comenzado a aparecer.

Se percató que por un instante había dudado en acercarse o no a besar a su novio. Aquello la hizo enojar. ¿Desde cuándo ella se comportaba así? ¿En qué momento empezó a preocuparle si le molestaría o no a Vice que lo besase?

Nanoha meneó suavemente la cabeza, intentando escapar de sus propios pensamientos que la asechaban. Decidida a ignorarlos, se removió por el sillón hasta quedar junto a él, que ahora le miraba expectante.

—Ven —susurró. Su mirada viajó desde los ojos grises del chico hasta su boca, en la que depositó un suave beso. Cuando sintió que le correspondían, pasó un brazo por su cuello y se esmeró en profundizarlo.

Vice se acomodó encima de Nanoha sin romper el contacto de sus labios y acarició el estómago de la chica mientras exploraba su boca con la lengua. Sus manos grandes y dedos largos viajaron por el vientre pálido dibujando círculos. Subió poco a poco hasta posar una mano en los pechos de su novia.

Nanoha no pudo evitar soltar un gemido. Desde hace una semana que no había podido tener sexo con su novio con lo ocupados que estaban, a veces ella, a veces él, y ya estaba necesitando seriamente sentir placer a manos de él. Sus pezones duros sobresalían por el vestido delgado que estaba usando, casi pidiendo a gritos ser acariciados.

El calor ya le había subido hasta la cabeza y una electricidad viajó desde sus pezones, que estaban siendo succionados por encima de la tela, hasta su pelvis, y más abajo.

El partido de rugby ya había acabado para cuando ambos estaban desnudos, uno sobre otro. Las ropas yacían olvidadas lejos del sillón, y la respiración de ambos entrecortaba el propio aire mientras Vice se acercaba cada vez más al orgasmo tras cada embestida que daba.

Una gota de sudor cayó desde el mentón del chico, que soltaba gemidos roncos satisfechos y su miembro daba espasmos en el interior de Nanoha. Cuando por fin terminó su orgasmo se dejó caer encima de la chica y la besó. Nanoha le afirmó por el cuello, consciente de que Vice acababa de llegar al clímax, pero aún muy excitada como para detenerse. Ella aún no llegaba.

Poco a poco los besos fueron cesando y la respiración del castaño, calmándose. Tras un último beso, dejó caer su cabeza en el hueco entre el hombro y el mentón de Nanoha.

—Lo siento, estoy agotado.

Nanoha se quedó mirando el techo, atónita. Comprendía perfectamente lo que acababa de escuchar, pero su cuerpo estaba pidiendo a gritos otra cosa. No pudo evitar enfadarse dentro de toda esa calentura que le mareaba y pedía complacencia.

El cuerpo desnudo de Vice pronto comenzó a sentirse cada vez más pesado. En ese momento Nanoha comprendió que la noche había terminado y que no le quedaba más que conformarse con lo que había ocurrido:

El chico se había quedado dormido... nuevamente.


"...se espera llegar a los dos grados a media noche. Para mañana lunes nos espera un día nublado con fuertes vientos del..."

—Tienes que estar de broma.

Hayate dejó caer su taza con pesadez sobre la mesilla. Odiaba los días fríos, más si era un día lunes y debía levantarse temprano por la mañana.

Le dio otra bocanada a su pastelillo y, apoyando el mentón sobre el dorso de su mano, comenzó a revisar su celular sin muchos ánimos. Se quedó pegada en un video de dos gatos jugando juntos cuando una notificación le sacó de su letargo.

"Me llegaron dos currículum al e-mail, uno de ellos dice que vio el aviso en las redes. ¿Te lo reenvío?"

"Ok, envíamelos, justo ahora me iba a poner a trabajar. Lo reviso al instante."

—Y...enviado.

Bostezó, se estiró cuan larga era, y se dirigió a su habitación donde le esperaba aún prendida su computadora. Aprovechó de cerrar las ventanas y bajar las persianas, puesto que había empezado a oscurecer y no quería mosquitos dentro molestándola.

Cuando se dejó caer en la cama notó el aviso que le indicaba que tenía un mensaje nuevo. Lo abrió y comprobó que era uno de los currículum.

—Vita es muy rápida —habló con voz suave a la vez que le hacía doble click al archivo. —Veamos qué tenemos aquí...—sus ojos viajaron por el documento, se detuvieron en la foto en la que aparecía una chica rubia como de su edad y siguieron leyendo más abajo. —Fate... Testarossa ¿lo estaré pronunciando bien?, 28 años, 5 años de experiencia laboral, vale, ha trabajo con estudiantes de primaria, secundaria, prep...

El sonido de notificación indicándole que llegaba otro mensaje le hizo desconcentrarse.

Era el otro currículum. Ya iban dos candidatos.

—Creo que esperaré un par de días más a ver si nos llegan más e-mails.

Sacó su celular y se dirigió al calendario. No pudo evitar soltar una mueca cuando la pantalla se lleno de reuniones, recordatorios y tareas. Se dirigió al día viernes más cercano y creó un nuevo recordatorio:

"Entrevista de trabajo para profesor de música".

"Hora: 16:15"

"Recordatorio: sí"