Problemas de densidad

Sólo había pasado poco más de un año desde que la Segunda Guerra Mágica de Gran Bretaña había llegado a su fin cuando Kingsley Shacklebolt recibió el primer informe sobre la disminución de la densidad de población en el mundo mágico. El ministro suspiró agobiado. Recién había logrado restablecer el control completo del Ministerio y hecho justicia con los responsables de los crímenes cometidos, solo para que Devin Everill, un inefable de baja estatura y el encargado de traer noticias desde el Departamento de Misterios, llegara con un informe detallado sobre cómo la comunidad mágica se perdería en tan solo cuatrocientos años si no se hacía algo al respecto.

Tiberius Ogden que después de la guerra volvió al Wizengamont como Jefe Supremo, se reunió con Kingsley luego de que el ministro mandara una copia del informe a cada miembro de la junta.

- Mira - dijo Tiberius mostrando una carta con el sello de Hogwarts - Minerva no puede entregar los nombres, pero me envió el número de magos y brujas recién nacidas este último año. Habrá una generación de tan solo nueve niños en Hogwarts y ni siquiera es el año crítico, los cálculos aritméticos de los inefables indican que con la realidad actual, en veinte años más habrán generaciones de entre tres y cinco alumnos, tenemos que hacer algo al respecto.

- ¿Crees que no lo sé? - saltó Kingsley indignado - no es como si pudiera obligar a la gente a tener hijos.

El silencio de Tiberius Ogden hizo que Kingsley Shacklebolt se estremeciera. El viejo mago sacó su varita e hizo aparecer un extenso pergamino frente a Kingsley, diciéndole las sugerencias que los miembros del Wizengamot habían propuesto, sus razones y fundamentos legales.

- ¿Ley de Matrimonio? Obligar a brujas con mayoría de edad a casarse, dos años para dar a luz a un hijo o hija, tres años más para el segundo - repitió Kingsley sin poder creer lo que estaba leyendo - No esperarás que me tome en serio esto, Tiberius. Ni siquiera lo digo por lo mal que quedaría como ministro y como este tipo de medidas arruinarían cualquier reforma que realicemos. Lo digo porque acabamos de salir de una guerra, luchamos para que podamos vivir en libertad, no para ser obligados a reproducirnos. ¡Ni siquiera debe ser legal!

- Esto no es ninguna novedad, hijo - comentó Tiberius como si estuviera hablándole a su tataranieto sobre las historias del pasado - creo que Nott agregó un anexo sobre las leyes pasadas que respaldan casi todas estas ideas absurdas, los antecedentes están ahí.

- Tú también las encuentras absurdas - murmuró el ministro.

- ¡Por Merlín, obviamente que las encuentro absurdas! Si algo aprendí de Albus Dumbledore es que debemos defender el amor, Kingsley, estas leyes y cláusulas van en contra de todo lo que creo - le aseguró Tiberius - la mayoría de esas sugerencias fueron hechas por algún miembro de una familia de los sagrados veintiocho, ¡Incorregibles! Creen que pueden crear leyes a diestra y siniestra, sin considerar ninguna consecuencia, como si no supieran que este tipo de decretos son protegidos por magia, lo que los hace imposible de cambiar una vez firmadas. Algunos solo están pensando en salvar sus líneas familiares, obligando a sus propios hijos a casarse y producir herederos.

- Si no estás de acuerdo, ¿por qué me muestras estas sugerencias?

- Porque nos guste o no, hay que hacer algo al respecto - respondió el Tiberius calmadamente - y ya te lo dije, algunos creen que se deben crear decretos sin considerar sus consecuencias, tú por otro lado, nunca has sido alguien caprichoso, eres un estratega.

Kingsley vio cómo el hombre se levantaba del asiento frente a él y lo dejaba solo en su despacho, como si su respuesta hubiera sido perfectamente clara. Su abuelo siempre le dijo que pasadas las trece décadas los magos empezaban a hablar de forma misteriosa porque les entretenía ver cómo los jóvenes se las arreglaban con sus palabras. Tiberius tenía casi ciento cuarenta años y lo había dejado completamente confundido, casi tanto como lo hacía Albus Dumbledore en su tiempo.

No sería difícil hacer oídos sordos al informe de los inefables, pasar por alto que la comunidad estaba en riesgo y hacer de su término como Ministro un éxito. No sería difícil silenciar algunos inefables y probablemente si no presionaba al Wizengamont, ellos tampoco harían mucho, pero ¿Sería capaz de vivir tranquilo sabiendo que la sociedad mágica desaparecería por su falta de acción?

No, no podía. Kingsley Shacklebolt no era así.

Kingsley siguió leyendo la lista de propuestas. Machbanks aseguraba que existía un antiguo hechizo que actuaba como casamentero para formar parejas compatibles y que los inefables debían investigarlo con urgencia; Crickerly proponía experimentar con los hechizos que aseguraban mellizos y trillizos: Tuft escribió un ensayo sobre cómo algunas plantas del sudeste asiático generaban excitación y que varios alimentos debían ser alterados para que la gente fuera propensa a la procreación.

Por suerte él era la única persona que tenía acceso a estas ridículas propuestas o el poco control que habían retomado después de la guerra se vería destruido por la ineptitud del Wizengamot. ¿Por qué no todos los magos y brujas eran como los Weasley?, pensó el ministro, si todas las parejas tuvieran siete hijos este problema no existiría. Pero, claro, el resto de las familias mágicas tenía generalmente un hijo o dos cuanto mucho. ¿Por qué?.

Familias mágicas... ¿Era algo solo de las familias mágicas?, ¿Los muggles no tenían este problema?

- ¿Hermione? - llamó el ministro.

En solo unos segundos Hermione Granger abría la puerta de su despacho con su túnica institucional impecable, una libreta en la mano y una pluma lista para escribir cualquier petición del ministro. Solo llevaba cuatro días en el cargo, como reemplazo de su asistente junior que estaba de vacaciones, pero la bruja ya destacaba organizando todo el papeleo que un gobierno altamente burocrático almacenaba. Solo le tomó un día entender lo que a otros les costaba una semana y desarrolló un sistema de organización que le ayudaba a priorizar mensajería.

No era que le sorprendiera, todos sabían que el primer trabajo de Hermione lo realizaría a la perfección, no por nada era la bruja más brillante de su generación.

Kingsley no solo la consideraba competente, sino que le tenía confianza y a pesar de que la bruja estaba determinada a esperar un cargo en el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas, el Ministro estaba planeando darle una posición permanente dentro de su oficina.

Necesitaba gente de confianza a su lado.

- ¿Si, Ministro? - sonrió la bruja con formalidad.

- Por favor, siéntate, necesito hablar contigo - le informó el mago moviendo la varita para asegurarse nuevamente de que nadie estuviera escuchando fuera del despacho - es un tema delicado y confío que no se lo dirás a nadie.

Hermione frunció el ceño mientras se sentaba en la silla frente al ministro. Kingsley dudó en lo que le iba a revelar a Hermione, alguien que no era miembro de ninguna comisión, ni era un inefable, ni tenía autoridad de saber lo que le iba a decir. Pero necesitaba a Hermione, era la única hija de muggles que conocía que podía tener los conocimientos que necesitaba.

Sin decir ninguna palabra le entregó los pergaminos sobre el dilema. Hermione empezó a leer el informe de los inefables en silencio, ladeando la cabeza cada cierto tiempo y pasando las páginas de pergamino con agilidad. El silencio llegó a su fin cuando llegó a las propuestas del Wizengamot.

- ¿Estás consciente que cualquiera de estas ordenes también te afectarían? - fue la primera pregunta de la chica al levantar la vista de la lista, olvidando toda formalidad que tenía con su jefe - ¿O acaso estas propuestas son para todos lo que no tienen un cargo de...?

- Hermione - le detuvo el ministro intentando no pensar en que la chica tenía razón, él era un soltero, sin hijos - fueron propuestas planteadas, a mi parecer absurdas y que solo te las he mostrado porque te necesito para que no se hagan realidad.

- ¿Yo? - preguntó la bruja.

- Necesito saber si en el mundo muggle ha pasado por tiempos como estos - le explicó - y qué medidas han tomado.

- Bueno, ¡claro que ha ocurrido! - saltó Hermione, aun ofendida por las propuestas que acababa de leer - pero nunca al punto de la extinción completa, si de algunos grupos específicos, pero… necesitaría investigar un poco más, pero… - Hermione bajo la mirada y siguió leyendo - ¿quieren prohibir la poción anticonceptiva?.

- Debo decir que esa no es la propuesta que más me preocupa.

- Claro, pero está mal planteado - concluyó la chica, luego de volver a revisar los últimos párrafos - estas propuestas no solo son absurdas, si es que alguien llega a leerlas, podrían ser el fin de tu carrera y de la confianza que el Ministerio se ha ganado en estos últimos meses. Prohibir la poción es una acción que haría daño al ministerio, si en verdad quieren bajar el uso de la poción, deberían subir gradualmente los impuestos de los ingredientes especiales de la poción anticonceptiva, así el precio subiría y la gente optaría por usar solo el hechizo, que no es cien por ciento confiable.

Kingsley levantó sus cejas.

No sabía por qué estaba sorprendido, si a pesar de no haber pasado demasiado tiempo con la bruja, había aprendido mucho sobre Hermione Jean Granger antes de contratarla. Él no la había considerado para el puesto en un principio, pero cuando comento que necesitaba a alguien Minerva McGonagall le insinuó que Hermione aun estaba indecisa sobre dónde trabajar y junto con su carta de recomendación, la bruja mandó no solo las calificaciones de la bruja, sino que también información clasificada de Hogwarts.

Poción multijugos en su segundo, tutorías a alumnos, descubrir que la criatura que atacaba alumnos era un basilisco. Uso de un giratiempo, representación legal de un hipogrifo en un caso que involucraba a un Malfoy, creación del Ejército de Dumbledore y maldiciones de una hoja de inscripción. La lista de logros no paraba.

No debería estar sorprendido.

- Lo sé - se defendió Hermione inmediatamente malinterpretando el asombro del Ministro - también creo que es una medida que atenta con el bienestar de la gente, que me afecta directamente a mi.

- No te estoy juzgando, Hermione - le aseguró el mago - pero transformaste en menos de cinco minutos una propuesta absurda, a una medida que en verdad podemos realizar, el Wizengamot ha trabajado en ese documento por dos semanas.

- No quiero ser insolente, pero si estás son las propuestas que lograron hacer en dos semanas, vamos directo a una crisis social. Todos hablan de cambios inmediatos, cuando deberían hablar de gradualidad y efectos a largo plazo. Nadie habló con expertos, quizá hay algunos datos de inefables, pero no hay estadísticas que comparen a otras sociedades mágicas o muggles y lo peor de todo es que cada idea es inmediata y absoluta, no hay ningún plan que contemple múltiples medidas a largo plazo.

- No sabes cuanto necesitaba escuchar esto - comentó Kingsley - Hermione, de verdad me encantaría que siguieras siendo mi asistente personal, pero te necesito en este proyecto, creo que deberías ser quien coordine las propuestas.

- Ministro…

- Kingsley, llámame Kingsley, esto va más allá de la dormalidad.

- Kingsley, no quiero parecer mal agradecida, pero coordinar un proyecto de esta magnitud es un cargo que no debería tomar un asistente que está a prueba, sólo llevo cuatro días aquí.

- No me has dicho que no puedes.

Hermione apretó sus labios, contemplando la propuesta. Sabía perfectamente que el ex Auror estaba usando su orgullo para que aceptara el trabajo.

- Si este proyecto es exitoso, podrías pasar directamente a legislar para el Departamento de Regulación y Control de Criaturas Mágicas - argumentó el mago - no tendrías que esperar años para revisar las leyes.

- Si este proyecto es mal visto por la comunidad, arruinaría mi carrera en el Ministerio antes de que empezara - comentó Hermione - ni siquiera mi imagen de héroe de guerra me salvaría.

- Quizá, pero Hermione - dijo Kingsley mirándola directamente a los ojos - seas tú u otra persona la que lo organice, va a haber un proyecto y ya viste lo que el Wizengamot está dispuesto a aprobar, ¿Quieres estar obligada a casarte con un hombre de setenta años y obligada a quedarte en casa cuidando cinco hijos? o peor... - el mago tomó el pergamino y apuntó a uno de los párrafos - ...ser parte de un matrimonio polígamo.

- Kinsley…

- No quiero nada de esto, igual que tú - le recordó Kingsley - pero si no lo haces por tí, piensa en los demás, ¿te imaginas a alumnas de séptimo año obligadas a abandonar su educación porque la ley las obliga a casarse apenas cumplen la mayoría de edad?

- Nadie aceptaría eso.

- Nott apuntó referentes, las leyes existen y pueden ser activadas. Y no creas que no estoy asustado de la propuesta basada en el informe de cómo los hijos de muggles tienden a tener más hijos.

- Pueden obligar a casarse dependiendo el tipo de estatus de sangre - dedujo Hermione, entendiendo lo que insinuaba Kingsley.

- Tu puedes evitarlo.

- Puedo ayudar, pero ¿No tienes a nadie más? - empezó a desistir Hermione - alguien debe ser competente y tener una mayor trayectoria en el Ministerio que una simple asistente de cuatro días.

- Si, tengo otros nombres en mi mente, pero cada uno de ellos son las personas de confianza que tengo trabajando en otros proyectos igual de importantes, no puedo dejar de lado la reconstrucción del mundo mágico, ni los seguimientos a Mortifagos en fuga, menos a la encargada de los lazos con el primer ministro muggle. Esta situación llegó a mi oficina de sorpresa, pero no puede ser ignorada.

- Necesitaré presupuesto para expertos y estudios, gente dispuesta a trabajar en secreto.

- ¿Estás aceptando el trabajo?

- Cómo si me dejaras otra opción, no me gusta sentirme acorralada.

- Estoy seguro que encontrarás la forma de hacer que en el proyecto el Ministro de Magia sea el más afectado, lo aceptaría como castigo por presionarte.

Hermione sonrió y movió su varita con elegancia, un archivador apareció al frente de ella y todos los pergaminos referentes a la baja densidad de población en el mundo mágico empezaron a ordenarse solos.

- Sabés que jamás haría algo así, pero si quieres puedes pregúntale a Rita Skeeter qué pasó cuando me sentí acorralada por sus reportaje en El Profeta en 1995.

- No quiero tener que arrestar a la encargada del proyecto, Hermione - rió el mago levantándose para abrir la puerta de la oficina a la bruja - solo quiero un proyecto listo en seis meses y avances todas las semanas.

- Esto es más de lo que esperaba en mi primera semana de trabajo - comentó la bruja - pero tendré un plan de acción y los detalles necesarios para empezar dentro de una semana.

Kingsley colocó una mano sobre el hombro de la bruja.

- Tienes todo mi apoyo, si las propuestas fallan y la gente se revela, tomaré la responsabilidad completa del proyecto.

- Esperemos que no sea necesario.

Kingsley abrió la puerta y se despidió de la bruja, quien le sonrió formalmente.

El hombre se quedó observándola en su escritorio, cómo a penas se sentó, empezó a escribir ferozmente en su libreta y simultáneamente movía su varita haciendo que varios documentos volaran hacia ella, probablemente referentes para sus futuras propuestas.

Por primera vez desde que le llegó el informe sobre densidad poblacional, Kingsley Shacklebolt sintió que había algo esperanza, todo gracias a Hermione Granger.


Este capítulo es una burla a lo ridículo que son algunas historia de leyes de matrimonio que he leído en algunas historia. Y espero no me mal interpreten, porque aunque muchas situaciones escritas son bastante risibles y mal planeadas, he disfrutado de muchos fanfiction con leyes de matrimonio, pero no podemos obviar que aunque escribimos ficción, debemos ser coherentes y no generar situaciones tan irreales. Así que espero se queden a leer el segundo capítulo donde creo una ley de matrimonio un poco más factible y le doy a Hermione un golpe muy duro a su vida.

Esta historia esta planeada hace años pero jamás me había dado el tiempo de escribirla, no actualizare tan rápido, pero como esta planeada, no quedará abandonada por ningún motivo, espero disfruten y comenten que les pareció, qué esperan que pase o simplementen me escriban un hola.

Si alguien quiere ser beta reader, por favor escribame en los comentarios, me encantaría tener a alguien que revisara la historia antes de publicarla.

Con mascarilla de pandemia,
Simona Polle